LIBRO de la generacin de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.
Abraham engendr  Isaac:  Isaac engendr  Jacob: y Jacob engendr  Judas y  sus hermanos:
Y Judas engendr de Thamar  Phares y  Zara: y Phares engendr  Esrom: y Esrom engendr  Aram:
Y Aram engendr  Aminadab: y Aminadab engendr  Naassn: y Naassn engendr  Salmn:
Y Salmn engendr de Rachb  Booz, y Booz engendr de Ruth  Obed y Obed engendr  Jess:
Y Jess engendr al rey David: y el rey David engendr  Salomn de la que fu mujer de Uras:
Y Salomn engendr  Roboam: y Roboam engendr  Aba: y Aba engendr  Asa:
Y Asa engendr  Josaphat: y Josaphat engendr  Joram: y Joram engendr  Ozas:
Y Ozas engendr  Joatam: y Joatam engendr  Achz: y Achz engendr  Ezechas:
Y Ezechas engendr  Manass: y Manass engendr  Amn: y Amn engendr  Josas:
Y Josas engendr  Jechnas y  sus hermanos, en la transmigracin de Babilonia.
Y despus de la transmigracin de Babilonia, Jechnas engendr  Salathiel: y Salathiel engendr  Zorobabel:
Y Zorobabel engendr  Abiud: y Abiud engendr  Eliachm: y Eliachm engendr  Azor:
Y Azor engendr  Sadoc: y Sadoc engendr  Achm: y Achm engendr  Eliud:
Y Eliud engendr  Eleazar: y Eleazar engendr  Mathn: y Mathn engendr  Jacob:
Y Jacob engendr  Jos, marido de Mara, de la cual naci Jess, el cual es llamado el Cristo.
De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce generaciones: y desde David hasta la transmigracin de Babilonia, catorce generaciones: y desde la transmigracin de Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.<CM>
Y el nacimiento de Jesucristo fu as: Que siendo Mara su madre desposada con Jos, antes que se juntasen, se hall haber concebido del Espritu Santo.
Y Jos su marido, como era justo, y no quisiese infamarla, quiso dejarla secretamente.
Y pensando l en esto, he aqu el ngel del Seor le aparece en sueos, diciendo: Jos, hijo de David, no temas de recibir  Mara tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espritu Santo es.
Y parir un hijo, y llamars su nombre JESUS, porque l salvar  su pueblo de sus pecados.
Todo esto aconteci para que se cumpliese lo que fu dicho por el Seor, por el profeta que dijo:
He aqu la virgen concebir y parir un hijo, Y llamars su nombre Emmanuel, que declarado, es: Con nosotros Dios.
Y despertando Jos del sueo, hizo como el ngel del Seor le haba mandado, y recibi  su mujer.
Y no la conoci hasta que pari  su hijo primognito: y llam su nombre JESUS.<CM>
Y COMO fu nacido Jess en Bethlehem de Judea en das del rey Herodes, he aqu unos magos vinieron del oriente  Jerusalem,
Diciendo: Dnde est el Rey de los Judos, que ha nacido? porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos  adorarle.
Y oyendo esto el rey Herodes, se turb, y toda Jerusalem con l.
Y convocados todos los prncipes de los sacerdotes, y los escribas del pueblo, les pregunt dnde haba de nacer el Cristo.
Y ellos le dijeron: En Bethlehem de Judea; porque as est escrito por el profeta:
Y t, Bethlehem, de tierra de Jud, No eres muy pequea entre los prncipes de Jud; Porque de ti saldr un guiador, Que apacentar  mi pueblo Israel.
Entonces Herodes, llamando en secreto  los magos, entendi de ellos diligentemente el tiempo del aparecimiento de la estrella;
Y envindolos  Bethlehem, dijo: Andad all, y preguntad con diligencia por el nio; y despus que le hallareis, hacdmelo saber, para que yo tambin vaya y le adore.<CM>
Y ellos, habiendo odo al rey, se fueron: y he aqu la estrella que haban visto en el oriente, iba delante de ellos, hasta que llegando, se puso sobre donde estaba el nio.
Y vista la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.
Y entrando en la casa, vieron al nio con su madre Mara, y postrndose, le adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron dones, oro,  incienso y mirra.
Y siendo avisados por revelacin en sueos que no volviesen  Herodes, se volvieron  su tierra por otro camino.<CM>
Y partidos ellos, he aqu el ngel del Seor aparece en sueos  Jos, diciendo: Levntate, y toma al nio y  su madre, y huye  Egipto, y estte all hasta que yo te lo diga; porque ha de acontecer, que Herodes buscar al nio para matarlo.
Y l despertando, tom al nio y  su madre de noche, y se fu  Egipto;
Y estuvo all hasta la muerte de Herodes: para que se cumpliese lo que fu dicho por el Seor, por el profeta que dijo: De Egipto llam  mi Hijo.<CM>
Herodes entonces, como se vi burlado de los magos, se enoj mucho, y envi, y mat  todos los nios que haba en Bethlehem y en todos sus trminos, de edad de dos aos abajo, conforme al tiempo que haba entendido de los magos.
Entonces fu cumplido lo que se haba dicho por el profeta Jeremas, que dijo:
Voz fu oda en Ram, Grande lamentacin, lloro y gemido: Rachl que llora sus hijos, Y no quiso ser consolada, porque perecieron.<CM>
Mas muerto Herodes, he aqu el ngel del Seor aparece en sueos  Jos en Egipto,
Diciendo: Levntate, y toma al nio y  su madre, y vete  tierra de Israel; que muertos son los que procuraban la muerte del nio.
Entonces l se levant, y tom al nio y  su madre, y se vino  tierra de Israel.
Y oyendo que Archelao reinaba en Judea en lugar de Herodes su padre, temi ir all: mas amonestado por revelacin en sueos, se fu  las partes de Galilea.
Y vino, y habit en la ciudad que se llama Nazaret: para que se cumpliese lo que fu dicho por los profetas, que haba de ser llamado Nazareno.<CM>
Y EN aquellos das vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea,
Y diciendo: Arrepentos, que el reino de los cielos se ha acercado.
Porque ste es aquel del cual fu dicho por el profeta Isaas, que dijo: Voz de uno que clama en el desierto: Aparejad el camino del Seor, Enderezad sus veredas.
Y tena Juan su vestido de pelos de camellos, y una cinta de cuero alrededor de sus lomos; y su comida era langostas y miel silvestre.
Entonces sala  l Jerusalem, y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordn;
Y eran bautizados de l en el Jordn, confesando sus pecados.<CM>
Y viendo l muchos de los Fariseos y de los Saduceos, que venan  su bautismo, decales: Generacin de vboras, quin os ha enseado  huir de la ira que vendr?
Haced pues frutos dignos de arrepentimiento,
Y no pensis decir dentro de vosotros:  Abraham tenemos por padre: porque yo os digo, que puede Dios despertar hijos  Abraham aun de estas piedras.
Ahora, ya tambin la segur est puesta  la raz de los rboles; y todo rbol que no hace buen fruto, es cortado y echado en el fuego.
Yo  la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; mas el que viene tras m, ms poderoso es que yo; los zapatos del cual yo no soy digno de llevar; l os bautizar en Espritu Santo y en fuego
Su aventador en su mano est, y aventar su era: y allegar su trigo en el alfol, y quemar la paja en fuego que nunca se apagar.<CM>
Entonces Jess vino de Galilea  Juan al Jordn, para ser bautizado de l.
Mas Juan lo resista mucho, diciendo: Yo he menester ser bautizado de ti, y t vienes  m?
Empero respondiendo Jess le dijo: Deja ahora; porque as nos conviene cumplir toda justicia. Entonces le dej.
Y Jess, despus que fu bautizado, subi luego del agua; y he aqu los cielos le fueron abiertos, y vi al Espritu de Dios que descenda como paloma, y vena sobre l.
Y he aqu una voz de los cielos que deca: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento.<CM>
ENTONCES Jess fu llevado del Espritu al desierto, para ser tentado del diablo.
Y habiendo ayunado cuarenta das y cuarenta noches, despus tuvo hambre.
Y llegndose  l el tentador, dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se hagan pan.
Mas l respondiendo, dijo: Escrito est: No con solo el pan vivir el hombre, mas con toda palabra que sale de la boca de Dios.
Entonces el diablo le pasa  la santa ciudad, y le pone sobre las almenas del templo,
Y le dice: Si eres Hijo de Dios, chate abajo; que escrito est: A sus ngeles mandar por ti, Y te alzarn en las manos, Para que nunca tropieces con tu pie en piedra.
Jess le dijo: Escrito est adems: No tentars al Seor tu Dios.
Otra vez le pasa el diablo  un monte muy alto, y le muestra todos los reinos del mundo, y su gloria,
Y dcele: Todo esto te dar, si postrado me adorares.
Entonces Jess le dice: Vete, Satans, que escrito est: Al Seor tu Dios adorars y  l solo servirs.
El diablo entonces le dej: y he aqu los ngeles llegaron y le servan.<CM>
Mas oyendo Jess que Juan era preso, se volvi  Galilea;
Y dejando  Nazaret, vino y habit en Capernaum, ciudad martima, en los confines de Zabuln y de Nephtalim:
Para que se cumpliese lo que fu dicho por el profeta Isaas, que dijo:
La tierra de Zabuln, y la tierra de Nephtalim, Camino de la mar, de la otra parte del Jordn, Galilea de los Gentiles;
El pueblo asentado en tinieblas, Vi gran luz; Y  los sentados en regin y sombra de muerte, Luz les esclareci.
Desde entonces comenz Jess  predicar, y  decir: Arrepentos, que el reino de los cielos se ha acercado.<CM>
Y andando Jess junto  la mar de Galilea, vi  dos hermanos, Simn, que es llamado Pedro, y Andrs su hermano, que echaban la red en la mar; porque eran pescadores.
Y dceles: Venid en pos de m, y os har pescadores de hombres.
Ellos entonces, dejando luego las redes, le siguieron.
Y pasando de all vi otros dos hermanos, Jacobo, hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, en el barco con Zebedeo, su padre, que remendaban sus redes; y los llam.
Y ellos, dejando luego el barco y  su padre, le siguieron.<CM>
Y rode Jess toda Galilea, enseando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
Y corra su fama por toda la Siria; y le trajeron todos los que tenan mal: los tomados de diversas enfermedades y tormentos, y los endemoniados, y lunticos, y paralticos, y los san.
Y le siguieron muchas gentes de Galilea y de Decpolis y de Jerusalem y de Judea y de la otra parte del Jordn.<CM>
Y VIENDO las gentes, subi al monte; y sentndose, se llegaron  l sus discpulos.
Y abriendo su boca, les enseaba, diciendo:<CM>
Bienaventurados los pobres en espritu: porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los que lloran: porque ellos recibirn consolacin.
Bienaventurados los mansos: porque ellos recibirn la tierra por heredad.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos sern hartos.
Bienaventurados los misericordiosos: porque ellos alcanzarn misericordia.
Bienaventurados los de limpio corazn: porque ellos vern  Dios.
Bienaventurados los pacificadores: porque ellos sern llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los que padecen persecucin por causa de la justicia: porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados sois cuando os vituperaren y os persiguieren, y dijeren de vosotros todo mal por mi causa, mintiendo.
Gozaos y alegraos; porque vuestra merced es grande en los cielos: que as persiguieron  los profetas que fueron antes de vosotros.<CM>
Vosotros sois la sal de la tierra: y si la sal se desvaneciere con qu ser salada? no vale ms para nada, sino para ser echada fuera y hollada de los hombres.
Vosotros sois la luz del mundo: una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.
Ni se enciende una lmpara y se pone debajo de un almud, mas sobre el candelero, y alumbra  todos los que estn en casa.
As alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen  vuestro Padre que est en los cielos.<CM>
No pensis que he venido para abrogar la ley  los profetas: no he venido para abrogar, sino  cumplir.
Porque de cierto os digo, que hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota ni un tilde perecer de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas.
De manera que cualquiera que infringiere uno de estos mandamientos muy pequeos, y as enseare  los hombres, muy pequeo ser llamado en el reino de los cielos: mas cualquiera que hiciere y enseare, ste ser llamado grande en el reino de los cielos.
Porque os digo, que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y de los Fariseos, no entraris en el reino de los cielos.<CM>
Osteis que fu dicho  los antiguos: No matars; mas cualquiera que matare, ser culpado del juicio.
Mas yo os digo, que cualquiera que se enojare locamente con su hermano, ser culpado del juicio; y cualquiera que dijere  su hermano, Raca, ser culpado del concejo; y cualquiera que dijere, Fatuo, ser culpado del infierno del fuego.
Por tanto, si trajeres tu presente al altar, y all te acordares de que tu hermano tiene algo contra ti,
Deja all tu presente delante del altar, y vete, vuelve primero en amistad con tu hermano, y entonces ven y ofrece tu presente.
Concliate con tu adversario presto, entre tanto que ests con l en el camino; porque no acontezca que el adversario te entregue al juez, y el juez te entregue al alguacil, y seas echado en prisin.
De cierto te digo, que no saldrs de all, hasta que pagues el ltimo cuadrante.<CM>
Osteis que fu dicho: No adulterars:
Mas yo os digo, que cualquiera que mira  una mujer para codiciarla, ya adulter con ella en su corazn.
Por tanto, si tu ojo derecho te fuere ocasin de caer, scalo, y chalo de ti: que mejor te es que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.
Y si tu mano derecha te fuere ocasin de caer, crtala, y chala de ti: que mejor te es que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.
Tambin fu dicho: Cualquiera que repudiare  su mujer, dle carta de divorcio:
Mas yo os digo, que el que repudiare  su mujer, fuera de causa de fornicacin, hace que ella adultere; y el que se casare con la repudiada, comete adulterio.<CM>
Adems habis odo que fu dicho  los antiguos: No te perjurars; mas pagars al Seor tus juramentos.
Mas yo os digo: No juris en ninguna manera: ni por el cielo, porque es el trono de Dios;
Ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalem, porque es la ciudad del gran Rey.
Ni por tu cabeza jurars, porque no puedes hacer un cabello blanco  negro.
Mas sea vuestro hablar: S, s; No, no; porque lo que es ms de esto, de mal procede.<CM>
Osteis que fu dicho  los antiguos: Ojo por ojo, y diente por diente.
Mas yo os digo: No resistis al mal; antes  cualquiera que te hiriere en tu mejilla diestra, vulvele tambin la otra;
Y al que quisiere ponerte  pleito y tomarte tu ropa, djale tambin la capa;
Y  cualquiera que te cargare por una milla, ve con l dos.
Al que te pidiere, dale; y al que quisiere tomar de ti prestado, no se lo rehuses.<CM>
Osteis que fu dicho: Amars  tu prjimo, y aborrecers  tu enemigo.
Mas yo os digo: Amad  vuestros enemigos, bendecid  los que os maldicen, haced bien  los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;
Para que seis hijos de vuestro Padre que est en los cielos: que hace que su sol salga sobre malos y buenos, y llueve sobre justos  injustos.
Porque si amareis  los que os aman, qu recompensa tendris? no hacen tambin lo mismo los publicanos?
Y si abrazareis  vuestros hermanos solamente, qu hacis de ms? no hacen tambin as los Gentiles?
Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que est en los cielos es perfecto.<CM>
MIRAD que no hagis vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos: de otra manera no tendris merced de vuestro Padre que est en los cielos.
Cuando pues haces limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipcritas en las sinagogas y en las plazas, para ser estimados de los hombres: de cierto os digo, que ya tienen su recompensa.
Mas cuando t haces limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha;
Para que sea tu limosna en secreto: y tu Padre que ve en secreto, l te recompensar en pblico.<CM>
Y cuando oras, no seas como los hipcritas; porque ellos aman el orar en las sinagogas, y en los cantones de las calles en pie, para ser vistos de los hombres: de cierto os digo, que ya tienen su pago.
Mas t, cuando oras, ntrate en tu cmara, y cerrada tu puerta, ora  tu Padre que est en secreto; y tu Padre que ve en secreto, te recompensar en pblico.
Y orando, no seis prolijos, como los Gentiles; que piensan que por su parlera sern odos.
No os hagis, pues, semejantes  ellos; porque vuestro Padre sabe de qu cosas tenis necesidad, antes que vosotros le pidis.<CM>
Vosotros pues, oraris as: Padre nuestro que ests en los cielos, santificado sea tu nombre.
Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, as tambin en la tierra.
Danos hoy nuestro pan cotidiano.
Y perdnanos nuestras deudas, como tambin nosotros perdonamos  nuestros deudores.
Y no nos metas en tentacin, mas lbranos del mal: porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amn.
Porque si perdonareis  los hombres sus ofensas, os perdonar tambin  vosotros vuestro Padre celestial.
Mas si no perdonareis  los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonar vuestras ofensas.<CM>
Y cuando ayunis, no seis como los hipcritas, austeros; porque ellos demudan sus rostros para parecer  los hombres que ayunan: de cierto os digo, que ya tienen su pago.
Mas t, cuando ayunas, unge tu cabeza y lava tu rostro;
Para no parecer  los hombres que ayunas, sino  tu Padre que est en secreto: y tu Padre que ve en secreto, te recompensar en pblico.<CM>
No os hagis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orn corrompe, y donde ladronas minan y hurtan;
Mas haceos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orn corrompe, y donde ladrones no minan ni hurtan:
Porque donde estuviere vuestro tesoro, all estar vuestro corazn.
La lmpara del cuerpo es el ojo: as que, si tu ojo fuere sincero, todo tu cuerpo ser luminoso:
Mas si tu ojo fuere malo, todo tu cuerpo ser tenebroso. As que, si la lumbre que en ti hay son tinieblas, cuntas sern las mismas tinieblas?
Ninguno puede servir  dos seores; porque  aborrecer al uno y amar al otro,  se llegar al uno y menospreciar al otro: no podis servir  Dios y  Mammn.<CM>
Por tanto os digo: No os congojis por vuestra vida, qu habis de comer,  que habis de beber; ni por vuestro cuerpo, qu habis de vestir: no es la vida ms que el alimento, y el cuerpo que el vestido?
Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni allegan en alfoles; y vuestro Padre celestial las alimenta. No sois vosotros mucho mejores que ellas?.
Mas quin de vosotros podr, congojndose, aadir  su estatura un codo?
Y por el vestido por qu os congojis? Reparad los lirios del campo, cmo crecen; no trabajan ni hilan;
Mas os digo, que ni aun Salomn con toda su gloria fu vestido as como uno de ellos.
Y si la hierba del campo que hoy es, y maana es echada en el horno, Dios la viste as, no har mucho ms  vosotros, hombres de poca fe?
No os congojis pues, diciendo: Qu comeremos,  qu beberemos,  con qu nos cubriremos?
Porque los Gentiles buscan todas estas cosas: que vuestro Padre celestial sabe que de todas estas cosas habis menester.
Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os sern aadidas.
As que, no os congojis por el da de maana; que el da de maana traer su fatiga: basta al da su afn.<CM>
NO juzguis, para que no seis juzgados.
Porque con el juicio con que juzgis, seris juzgados; y con la medida con que meds, os volvern  medir.
Y por qu miras la mota que est en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que est en tu ojo?
O cmo dirs  tu hermano: Espera, echar de tu ojo la mota, y he aqu la viga en tu ojo?
Hipcrita! echa primero la viga de tu ojo, y entonces mirars en echar la mota del ojo de tu hermano.
No deis lo santo  los perros, ni echis vuestras perlas delante de los puercos; porque no las rehuellen con sus pies, y vuelvan y os despedacen.<CM>
Pedid, y se os dar; buscad, y hallaris; llamad, y se os abrir.
Porque cualquiera que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se abrir.
Qu hombre hay de vosotros,  quien si su hijo pidiere pan, le dar una piedra?
Y si le pidiere un pez, le dar una serpiente?
Pues si vosotros, siendo malos, sabis dar buenas ddivas  vuestros hijos, cunto ms vuestro Padre que est en los cielos, dar buenas cosas  los que le piden?<CM>
As que, todas las cosas que quisierais que los hombres hiciesen con vosotros, as tambin haced vosotros con ellos; porque esta es la ley y los profetas.
Entrad por la puerta estrecha: porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva  perdicin, y muchos son los que entran por ella.
Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva  la vida, y pocos son los que la hallan.<CM>
Y guardaos de los falsos profetas, que vienen  vosotros con vestidos de ovejas, mas de dentro son lobos rapaces.
Por sus frutos los conoceris. Cgense uvas de los espinos,  higos de los abrojos?
As, todo buen rbol lleva buenos frutos; mas el rbol maleado lleva malos frutos.
No puede el buen rbol llevar malos frutos, ni el rbol maleado llevar frutos buenos.
Todo rbol que no lleva buen fruto, crtase y chase en el fuego.
As que, por sus frutos los conoceris.<CM>
No todo el que me dice: Seor, Seor, entrar en el reino de los cielos: mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que est en los cielos.
Muchos me dirn en aquel da: Seor, Seor, no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos mucho milagros?
Y entonces les protestar: Nunca os conoc; apartaos de m, obradores de maldad.
Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le comparar  un hombre prudente, que edific su casa sobre la pea;
Y descendi lluvia, y vinieron ros, y soplaron vientos, y combatieron aquella casa; y no cay: porque estaba fundada sobre la pea.
Y cualquiera que me oye estas palabras, y no las hace, le comparar  un hombre insensato, que edific su casa sobre la arena;
Y descendi lluvia, y vinieron ros, y soplaron vientos,  hicieron mpetu en aquella casa; y cay, y fu grande su ruina.
Y fu que, como Jess acab estas palabras, las gentes se admiraban de su doctrina;
Porque les enseaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.<CM>
Y COMO descendi del monte, le seguan muchas gentes.
Y he aqu un leproso vino, y le adoraba, diciendo: Seor, si quisieres, puedes limpiarme.
Y extendiendo Jess su mano, le toc, diciendo: Quiero; s limpio. Y luego su lepra fu limpiada.
Entonces Jess le dijo: Mira, no lo digas  nadie; mas ve, mustrate al sacerdote, y ofrece el presente que mand Moiss, para testimonio  ellos.<CM>
Y entrando Jess en Capernaum, vino  l un centurin, rogndole,
Y diciendo: Seor, mi mozo yace en casa paraltico, gravemente atormentado.
Y Jess le dijo: Yo ir y le sanar.
Y respondi el centurin, y dijo: Seor, no soy digno de que entres debajo de mi techado; mas solamente di la palabra, y mi mozo sanar.
Porque tambin yo soy hombre bajo de potestad, y tengo bajo de m soldados: y digo  ste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y  mi siervo: Haz esto, y lo hace.
Y oyendo Jess, se maravill, y dijo  los que le seguan: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado fe tanta.
Y os digo que vendrn muchos del oriente y del occidente, y se sentarn con Abraham,  Isaac, y Jacob, en el reino de los cielos:
Mas los hijos del reino sern echados  las tinieblas de afuera: all ser el lloro y el crujir de dientes.
Entonces Jess dijo al centurin: Ve, y como creiste te sea hecho. Y su mozo fu sano en el mismo momento.<CM>
Y vino Jess  casa de Pedro, y vi  su suegra echada en cama, y con fiebre.
Y toc su mano, y la fiebre la dej: y ella se levant, y les serva.
Y como fu ya tarde, trajeron  l muchos endemoniados: y ech los demonios con la palabra, y san  todos los enfermos;
Para que se cumpliese lo que fu dicho por el profeta Isaas, que dijo: El mismo tom nuestras enfermedades, y llev nuestras dolencias.<CM>
Y viendo Jess muchas gentes alrededor de s, mand pasar  la otra parte del lago.
Y llegndose un escriba, le dijo: Maestro, te seguir  donde quiera que fueres.
Y Jess le dijo: Las zorras tienen cavernas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recueste su cabeza.
Y otro de sus discpulos le dijo: Seor, dame licencia para que vaya primero, y entierre  mi padre.
Y Jess le dijo: Sgueme; deja que los muertos entierren  sus muertos.<CM>
Y entrando l en el barco, sus discpulos le siguieron.
Y he aqu, fu hecho en la mar un gran movimiento, que el barco se cubra de las ondas; mas l dorma.
Y llegndose sus discpulos, le despertaron, diciendo: Seor, slvanos, que perecemos.
Y l les dice: Por qu temis, hombres de poca fe? Entonces, levantndose, reprendi  los vientos y  la mar; y fu grande bonanza.
Y los hombres se maravillaron, diciendo: Qu hombre es ste, que aun los vientos y la mar le obedecen?<CM>
Y como l hubo llegado en la otra ribera al pas de los Gergesenos, le vinieron al encuentro dos endemoniados que salan de los sepulcros, fieros en gran manera, que nadie poda pasar por aquel camino.
Y he aqu clamaron, diciendo: Qu tenemos contigo, Jess, Hijo de Dios? has venido ac  molestarnos antes de tiempo?
Y estaba lejos de ellos un hato de muchos puercos paciendo.
Y los demonios le rogaron, diciendo: Si nos echas, permtenos ir  aquel hato de puercos.
Y les dijo: Id. Y ellos salieron, y se fueron  aquel hato de puercos: y he aqu, todo el hato de los puercos se precipit de un despeadero en la mar, y murieron en las aguas.
Y los porqueros huyeron, y viniendo  la ciudad, contaron todas las cosas, y lo que haba pasado con los endemoniados.
Y he aqu, toda la ciudad sali  encontrar  Jess: Y cuando le vieron, le rogaban que saliese de sus trminos.<CM>
ENTONCES entrando en el barco, pas  la otra parte, y vino  su ciudad.
Y he aqu le trajeron un paraltico, echado en una cama: y viendo Jess la fe de ellos, dijo al paraltico: Confa, hijo; tus pecados te son perdonados.
Y he aqu, algunos de los escribas decan dentro de s: Este blasfema.
Y viendo Jess sus pensamientos, dijo: Por qu pensis mal en vuestros corazones?
Porque, qu es ms fcil, decir: Los pecados te son perdonados;  decir: Levntate, y anda?
Pues para que sepis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados, (dice entonces al paraltico): Levntate, toma tu cama, y vete  tu casa.
Entonces l se levant y se fu  su casa.
Y las gentes, vindolo, se maravillaron, y glorificaron  Dios, que haba dado tal potestad  los hombres.<CM>
Y pasando Jess de all, vi  un hombre que estaba sentado al banco de los pblicos tributos, el cual se llamaba Mateo; y dcele: Sgueme. Y se levant, y le sigui.
Y aconteci que estando l sentado  la mesa en casa, he aqu que muchos publicanos y pecadores, que haban venido, se sentaron juntamente  la mesa con Jess y sus discpulos.
Y viendo esto los Fariseos, dijeron  sus discpulos: Por qu come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?
Y oyndolo Jess, le dijo: Los que estn sanos no tienen necesidad de mdico, sino los enfermos.
Andad pues, y aprended qu cosa es: Misericordia quiero, y no sacrificio: porque no he venido  llamar justos, sino pecadores  arrepentimiento.<CM>
Entonces los discpulos de Juan vienen  l, diciendo: Por qu nosotros y los Fariseos ayunamos muchas veces, y tus discpulos no ayunan?
Y Jess les dijo: Pueden los que son de bodas tener luto entre tanto que el esposo est con ellos? mas vendrn das cuando el esposo ser quitado de ellos, y entonces ayunarn.
Y nadie echa remiendo de pao recio en vestido viejo; porque el tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura.
Ni echan vino nuevo en cueros viejos: de otra manera los cueros se rompen, y el vino se derrama, y se pierden los cueros; mas echan el vino nuevo en cueros nuevos, y lo uno y lo otro se conserva juntamente.<CM>
Hablando l estas cosas  ellos, he aqu vino un principal, y le adoraba, diciendo: Mi hija es muerta poco ha: mas ven y pon tu mano sobre ella, y vivir.
Y se levant Jess, y le sigui, y sus discpulos.
Y he aqu una mujer enferma de flujo de sangre doce aos haba, llegndose por detrs, toc la franja de su vestido:
Porque deca entre s: Si tocare solamente su vestido, ser salva.
Mas Jess volvindose, y mirndola, dijo: Confa, hija, tu fe te ha salvado. Y la mujer fu salva desde aquella hora.
Y llegado Jess  casa del principal, viendo los taedores de flautas, y la gente que haca bullicio,
Dceles: Apartaos, que la muchacha no es muerta, mas duerme. Y se burlaban de l.
Y como la gente fu echada fuera, entr, y tomla de la mano, y se levant la muchacha.
Y sali esta fama por toda aquella tierra.<CM>
Y pasando Jess de all, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: Ten misericordia de nosotros, Hijo de David.
Y llegado  la casa, vinieron  l los ciegos; y Jess les dice: Creis que puedo hacer esto? Ellos dicen: S, Seor.
Entonces toc los ojos de ellos, diciendo: Conforme  vuestra fe os sea hecho.
Y los ojos de ellos fueron abiertos. Y Jess les encarg rigurosamente, diciendo: Mirad que nadie lo sepa.
Mas ellos salidos, divulgaron su fama por toda aquella tierra.
Y saliendo ellos, he aqu, le trajeron un hombre mudo, endemoniado.
Y echado fuera el demonio, el mudo habl; y las gentes se maravillaron, diciendo: Nunca ha sido vista cosa semejante en Israel.
Mas los Fariseos decan: Por el prncipe de los demonios echa fuera los demonios.<CM>
Y rodeaba Jess por todas las ciudades y aldeas, enseando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y todo achaque en el pueblo.
Y viendo las gentes, tuvo compasin de ellas; porque estaban derramadas y esparcidas como ovejas que no tienen pastor.
Entonces dice  sus discpulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos.
Rogad, pues, al Seor de la mies, que enve obreros  su mies.<CM>
ENTONCES llamando  sus doce discpulos, les di potestad contra los espritus inmundos, para que los echasen fuera, y sanasen toda enfermedad y toda dolencia.
Y los nombres de los doce apstoles son estos: el primero, Simn, que es dicho Pedro, y Andrs su hermano; Jacobo, hijo de Zebedeo, y Juan su hermano;
Felipe, y Bartolom; Toms, y Mateo el publicano; Jacobo hijo de Alfeo, y Lebeo, por sobrenombre Tadeo;
Simn el Cananita y Judas Iscariote, que tambin le entreg.<CM>
 estos doce envi Jess,  los cuales di mandamiento, diciendo: Por el camino de los Gentiles no iris, y en ciudad de Samaritanos no entris;
Mas id antes  las ovejas perdidas de la casa de Israel.
Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado.
Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios: de gracia recibisteis, dad de gracia.
No aprestis oro, ni plata, ni cobre en vuestras bolsas;
Ni alforja para el camino, ni dos ropas de vestir, ni zapatos, ni bordn; porque el obrero digno es de su alimento.
Mas en cualquier ciudad,  aldea donde entrareis, investigad quin sea en ella digno, y reposad all hasta que salgis.
Y entrando en la casa, saludadla.
Y si la casa fuere digna, vuestra paz vendr sobre ella; mas si no fuere digna, vuestra paz se volver  vosotros.
Y cualquiera que no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa  ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies.
De cierto os digo, que el castigo ser ms tolerable  la tierra de los de Sodoma y de los de Gomorra en el da del juicio, que  aquella ciudad.<CM>
He aqu, yo os envo como  ovejas en medio de lobos: sed pues prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.
Y guardaos de los hombres: porque os entregarn en concilios, y en sus sinagogas os azotarn;
Y aun  prncipes y  reyes seris llevados por causa de m, por testimonio  ellos y  los Gentiles.
Mas cuando os entregaren, no os apuris por cmo  qu hablaris; porque en aquella hora os ser dado qu habis de hablar.
Porque no sois vosotros los que hablis, sino el Espritu de vuestro Padre que habla en vosotros.
Y el hermano entregar al hermano  la muerte, y el padre al hijo; y los hijos se levantarn contra los padres, y los harn morir.
Y seris aborrecidos de todos por mi nombre; mas el que soportare hasta el fin, ste ser salvo.
Mas cuando os persiguieren en esta ciudad, huid  la otra: porque de cierto os digo, que no acabaris de andar todas las ciudades de Israel, que no venga el Hijo del hombre.
El discpulo no es ms que su maestro, ni el siervo ms que su seor.
Bstale al discpulo ser como su maestro, y al siervo como su seor. Si al padre de la familia llamaron Beelzebub, cunto ms  los de su casa?
As que, no los temis; porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse.
Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que os al odo predicadlo desde los terrados.
Y no temis  los que matan el cuerpo, mas al alma no pueden matar: temed antes  aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.
No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae  tierra sin vuestro Padre.
Pues aun vuestros cabellos estn todos contados.
As que, no temis: ms valis vosotros que muchos pajarillos.
Cualquiera pues que me confesare delante de los hombres, le confesar yo tambin delante de mi Padre que est en los cielos.
Y cualquiera que me negare delante de los hombres, le negar yo tambin delante de mi Padre que est en los cielos.
No pensis que he venido para meter paz en la tierra: no he venido para meter paz, sino espada.
Porque he venido para hacer disensin del hombre contra su padre, y de la hija contra su madre, y de la nuera contra su suegra.
Y los enemigos del hombre sern los de su casa.
El que ama padre  madre ms que  m, no es digno de m; y el que ama hijo  hija ms que  m, no es digno de m.
Y el que no toma su cruz, y sigue en pos de m, no es digno de m.
El que hallare su vida, la perder; y el que perdiere su vida por causa de m, la hallar.
El que os recibe  vosotros,  m recibe; y el que  m recibe, recibe al que me envi.
El que recibe profeta en nombre de profeta, merced de profeta recibir; y el que recibe justo en nombre de justo, merced de justo recibir.
Y cualquiera que diere  uno de estos pequeitos un vaso de agua fra solamente, en nombre de discpulo, de cierto os digo, que no perder su recompensa.<CM>
Y FU, que acabando Jess de dar mandamientos  sus doce discpulos, se fu de all  ensear y  predicar en las ciudades de ellos.
Y oyendo Juan en la prisin los hechos de Cristo, le envi dos de sus discpulos,
Diciendo: Eres t aqul que haba de venir,  esperaremos  otro?
Y respondiendo Jess, les dijo: Id, y haced saber  Juan las cosas que os y veis:
Los ciegos ven, y los cojos andan; los leprosos son limpiados, y los sordos oyen; los muertos son resucitados, y  los pobres es anunciado el evangelio.
Y bienaventurado es el que no fuere escandalizado en m.<CM>
E idos ellos, comenz Jess  decir de Juan  las gentes: Qu salisteis  ver al desierto? una caa que es meneada del viento?
Mas qu salisteis  ver? un hombre cubierto de delicados vestidos? He aqu, los que traen vestidos delicados, en las casas de los reyes estn.
Mas qu salisteis  ver? un profeta? Tambin os digo, y ms que profeta.
Porque ste es de quien est escrito: He aqu, yo envo mi mensajero delante de tu faz, Que aparejar tu camino delante de ti.
De cierto os digo, que no se levant entre los que nacen de mujeres otro mayor que Juan el Bautista; mas el que es muy ms pequeo en el reino de los cielos, mayor es que l.
Desde los das de Juan el Bautista hasta ahora, al reino de los cielos se hace fuerza, y los valientes lo arrebatan.
Porque todos los profetas y la ley hasta Juan profetizaron.
Y si queris recibir, l es aquel Elas que haba de venir.
El que tiene odos para oir, oiga.<CM>
Mas  quin comparar esta generacin? Es semejante  los muchachos que se sientan en las plazas, y dan voces  sus compaeros,
Y dicen: Os taimos flauta, y no bailasteis; os endechamos, y no lamentasteis.
Porque vino Juan, que ni coma ni beba, y dicen: Demonio tiene.
Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: He aqu un hombre comiln, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. Mas la sabidura es justificada por sus hijos.
Entonces comenz  reconvenir  las ciudades en las cuales haban sido hechas muy muchas de sus maravillas, porque no se haban arrepentido, diciendo:
Ay de ti, Corazn! Ay de ti, Bethsaida! porque si en Tiro y en Sidn fueran hechas las maravillas que han sido hechas en vosotras, en otro tiempo se hubieran arrepentido en saco y en ceniza.
Por tanto os digo, que  Tiro y  Sidn ser ms tolerable el castigo en el da del juicio, que  vosotras.
Y t, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta los infiernos sers abajada; porque si en los de Sodoma fueran hechas las maravillas que han sido hechas en ti, hubieran quedado hasta el da de hoy.
Por tanto os digo, que  la tierra de los de Sodoma ser ms tolerable el castigo en el da del juicio, que  ti.<CM>
En aquel tiempo, respondiendo Jess, dijo: Te alabo, Padre, Seor del cielo y de la tierra, que hayas escondido estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las hayas revelado  los nios.
As, Padre, pues que as agrad en tus ojos.
Todas las cosas me son entregadas de mi Padre: y nadie conoci al Hijo, sino el Padre; ni al Padre conoci alguno, sino el Hijo, y aquel  quien el Hijo lo quisiere revelar.
Venid  m todos los que estis trabajados y cargados, que yo os har descansar.
Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de m, que soy manso y humilde de corazn; y hallaris descanso para vuestras almas.
Porque mi yugo es fcil, y ligera mi carga.<CM>
EN aquel tiempo iba Jess por los sembrados en sbado; y sus discpulos tenan hambre, y comenzaron  coger espigas, y  comer.
Y vindolo los Fariseos, le dijeron: He aqu tus discpulos hacen lo que no es lcito hacer es sbado.
Y l les dijo: No habis ledo qu hizo David, teniendo l hambre y los que con l estaban:
Cmo entr en la casa de Dios, y comi los panes de la proposicin, que no le era lcito comer, ni  los que estaban con l, sino  solos los sacerdotes
O no habis ledo en la ley, que los sbados en el templo los sacerdotes profanan el sbado, y son sin culpa?
Pues os digo que uno mayor que el templo est aqu.
Mas si supieseis qu es: Misericordia quiero y no sacrificio, no condenaras  los inocentes:
Porque Seor es del sbado el Hijo del hombre.
Y partindose de all, vino  la sinagoga de ellos.
Y he aqu haba all uno que tena una mano seca: y le preguntaron, diciendo: Es lcito curar en sbado? por acusarle.
Y l les dijo: Qu hombre habr de vosotros, que tenga una oveja, y si cayere sta en una fosa en sbado, no le eche mano, y la levante?
Pues cunto ms vale un hombre que una oveja? As que, lcito es en los sbados hacer bien.
Entonces dijo  aquel hombre: Extiende tu mano. Y l la extendi, y fu restituda sana como la otra.<CM>
Y salidos los Fariseos, consultaron contra l para destruirle.
Mas sabiendo lo Jess, se apart de all: y le siguieron muchas gentes, y sanaba  todos.
Y l les encargaba eficazmente que no le descubriesen:
Para que se cumpliese lo que estaba dicho por el profeta Isaas, que dijo:
He aqu mi siervo, al cual he escogido; Mi Amado, en el cual se agrada mi alma: Pondr mi Espritu sobre l Y  los Gentiles anunciar juicio.
No contender, ni vocear: Ni nadie oir en las calles su voz.
La caa cascada no quebrar, Y el pbilo que humea no apagar, Hasta que saque  victoria el juicio.
Y en su nombre esperarn los Gentiles.<CM>
Entonces fu trado  l un endemoniado, ciego y mudo, y le san; de tal manera, que el ciego y mudo hablaba y vea.
Y todas las gentes estaban atnitas, y decan: Ser ste aquel Hijo de David?
Mas los Fariseos, oyndolo, decan: Este no echa fuera los demonios, sino por Beelzebub, prncipe de los demonios.
Y Jess, como saba los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra s mismo, es desolado; y toda ciudad  casa dividida contra s misma, no permanecer.
Y si Satans echa fuera  Satans, contra s mismo est dividido; cmo, pues, permanecer su reino?
Y si yo por Beelzebub echo fuera los demonios, vuestros hijos por quin los echan? Por tanto, ellos sern vuestros jueces.
Y si por espritu de Dios yo echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado  vosotros el reino de Dios.
Porque, cmo puede alguno entrar en la casa del valiente, y saquear sus alhajas, si primero no prendiere al valiente? y entonces saquear su casa.
El que no es conmigo, contra m es; y el que conmigo no recoge, derrama.
Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia ser perdonado  los hombres: mas la blasfemia contra el Espritu no ser perdonada  los hombres.
Y cualquiera que hablare contra el Hijo del hombre, le ser perdonado: mas cualquiera que hablare contra el Espritu Santo, no le ser perdonado, ni en este siglo, ni en el venidero.
O haced el rbol bueno, y su fruto bueno,  haced el rbol corrompido, y su fruto daado; porque por el fruto es conocido el rbol.
Generacin de vboras, cmo podis hablar bien, siendo malos? porque de la abundancia del corazn habla la boca.
El hombre bueno del buen tesoro del corazn saca buenas cosas: y el hombre malo del mal tesoro saca malas cosas.
Mas yo os digo, que toda palabra ociosa que hablaren los hombres, de ella darn cuenta en el da del juicio;
Porque por tus palabras sers justificado, y por tus palabras sers condenado.<CM>
Entonces respondiendo algunos de los escribas y de los Fariseos, diciendo: Maestro, deseamos ver de ti seal.
Y l respondi, y les dijo: La generacin mala y adulterina demanda seal; mas seal no le ser dada, sino la seal de Jons profeta.
Porque como estuvo Jons en el vientre de la ballena tres das y tres noches, as estar el Hijo del hombre en el corazn de la tierra tres das y tres noches.
Los hombres de Nnive se levantarn en el juicio con esta generacin, y la condenarn; porque ellos se arrepintieron  la predicacin de Jons; y he aqu ms que Jons en este lugar.
La reina del Austro se levantar en el juicio con esta generacin, y la condenar; porque vino de los fines de la tierra para oir la sabidura de Salomn: y he aqu ms que Salomn en este lugar.
Cuando el espritu inmundo ha salido del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla.
Entonces dice: Me volvere  mi casa de donde sal: y cuando viene, la halla desocupada, barrida y adornada.
Entonces va, y toma consigo otros siete espritus peores que l, y entrados, moran all; y son peores las cosas; ltimas del tal hombre que las primeras: as tambin acontecer  esta generacin mala.<CM>
Y estando l an hablando  las gentes, he aqu su madre y sus hermanos estaban fuera, que le queran hablar.
Y le dijo uno: He aqu tu madre y tus hermanos estn fuera, que te quieren hablar.
Y respondiendo l al que le deca esto, dijo: Quin es mi madre y quines son mis hermanos?
Y extendiendo su mano hacia sus discpulos, dijo: He aqu mi madre y mis hermanos.
Porque todo aquel que hiciere la voluntad de mi Padre que est en los cielos, ese es mi hermano, y hermana, y madre.<CM>
Y AQUEL da, saliendo Jess de casa, se sent junto  la mar.
Y se allegaron  l muchas gentes; y entrndose l en el barco, se sent, y toda la gente estaba  la ribera.
Y les habl muchas cosas por parbolas, diciendo: He aqu el que sembraba sali  sembrar.
Y sembrando, parte de la simiente cay junto al camino; y vinieron las aves, y la comieron.
Y parte cay en pedregales, donde no tena mucha tierra; y naci luego, porque no tena profundidad de tierra:
Mas en saliendo el sol, se quem; y secse, porque no tena raz.
Y parte cay en espinas; y las espinas crecieron, y la ahogaron.
Y parte cay en buena tierra, y di fruto, cul a ciento, cul  sesenta, y cul  treinta.
Quien tiene odos para oir, oiga.
Entonces, llegndose los discpulos, le dijeron: Por qu les hablas por parbolas?
Y l respondiendo, les dijo: Por que  vosotros es concedido saber los misterios del reino de los cielos; mas  ellos no es concedido.
Porque  cualquiera que tiene, se le dar, y tendr ms; pero al que no tiene, aun lo que tiene le ser quitado.
Por eso les hablo por parbolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.
De manera que se cumple en ellos la profeca de Isaas, que dice: De odo oiris, y no entenderis; Y viendo veris, y no miraris.
Porque el corazn de este pueblo est engrosado, Y de los odos oyen pesadamente, Y de sus ojos guian: Para que no vean de los ojos, Y oigan de los odos, Y del corazn entiendan, Y se conviertan, Y yo los sane.
Mas bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros odos, porque oyen.
Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron: y oir lo que os, y no lo oyeron.
Oid, pues, vosotros la parbola del que siembra:
Oyendo cualquiera la palabra del reino, y no entendindola, viene el malo, y arrebata lo que fu sembrado en su corazn: ste es el que fu sembrado junto al camino.
Y el que fu sembrado en pedregales, ste es el que oye la palabra, y luego la recibe con gozo.
Mas no tiene raz en s, antes es temporal que venida la afliccin  la persecucin por la palabra, luego se ofende.
Y el que fu sembrado en espinas, ste es el que oye la palabra; pero el afn de este siglo y el engao de las riquezas, ahogan la palabra, y hcese infructuosa.
Mas el que fu sembrado en buena tierra, ste es el que oye y entiende la palabra, y el que lleva fruto: y lleva uno  ciento, y otro  sesenta, y otro  treinta.<CM>
Otra parbola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante al hombre que siembra buena simiente en su campo:
Mas durmiendo los hombres, vino su enemigo, y sembr cizaa entre el trigo, y se fu.
Y como la hierba sali  hizo fruto, entonces apareci tambin la cizaa.
Y llegndose los siervos del padre de la familia, le dijeron: Seor, no sembraste buena simiente en tu campo? de dnde, pues, tiene cizaa?
Y l les dijo: Un hombre enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: Quieres, pues, que vayamos y la cojamos?
Y l dijo: No; porque cogiendo la cizaa, no arranquis tambin con ella el trigo.
Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo dir  los segadores: Coged primero la cizaa, y atadla en manojos para quemarla; mas recoged el trigo en mi alfol.
Otra parbola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que tomndolo alguno lo sembr en su campo:
El cual  la verdad es la ms pequea de todas las simientes; mas cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace rbol, que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas.
Otra parbola les dijo: El reino de los cielos es semejante  la levadura que tom una mujer, y escondi en tres medidas de harina, hasta que todo qued leudo.
Todo esto habl Jess por parbolas  las gentes, y sin parbolas no les hablaba:
Para que se cumpliese lo que fu dicho por el profeta, que dijo: Abrir en parbolas mi boca; Rebosar cosas escondidas desde la fundacin del mundo.
Entonces, despedidas las gentes, Jess se vino  casa; y llegndose  l sus discpulos, le dijeron: Declranos la parbola de la cizaa del campo.
Y respondiendo l, les dijo: El que siembra la buena simiente es el Hijo del hombre;
Y el campo es el mundo; y la buena simiente son los hijos del reino, y la cizaa son los hijos del malo;
Y el enemigo que la sembr, es el diablo; y la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ngeles.
De manera que como es cogida la cizaa, y quemada al fuego, as ser en el fin de este siglo.
Enviar el Hijo del hombre sus ngeles, y cogern de su reino todos los escndalos, y los que hacen iniquidad,
Y los echarn en el horno de fuego: all ser el lloro y el crujir de dientes.
Entonces los justos resplandecern como el sol en el reino de su Padre: el que tiene odos para oir, oiga.<CM>
Adems, el reino de los cielos es semejante al tesoro escondido en el campo; el cual hallado, el hombre lo encubre, y de gozo de ello va, y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.
Tambin el reino de los cielos es semejante al hombre tratante, que busca buenas perlas;
Que hallando una preciosa perla, fu y vendi todo lo que tena, y la compr.
Asimismo el reino de los cielos es semejante  la red, que echada en la mar, coge de todas suertes de peces:
La cual estando llena, la sacaron  la orilla; y sentados, cogieron lo bueno en vasos, y lo malo echaron fuera.
As ser al fin del siglo: saldrn los ngeles, y apartarn  los malos de entre los justos,
Y los echarn en el horno del fuego: all ser el lloro y el crujir de dientes.
Dceles Jess: Habis entendido todas estas cosas? Ellos responden: S, Seor.
Y l les dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos, es semejante  un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.<CM>
Y aconteci que acabando Jess estas parbolas, pas de all.
Y venido  su tierra, les enseaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que ellos estaban atnitos, y decan: De dnde tiene ste esta sabidura, y estas maravillas?
No es ste el hijo del carpintero? no se llama su madre Mara, y sus hermanos Jacobo y Jos, y Simn, y Judas?
Y no estn todas sus hermanas con nosotros? De dnde, pues, tiene ste todas estas cosas?
Y se escandalizaban en l. Mas Jess les dijo: No hay profeta sin honra sino en su tierra y en su casa.
Y no hizo all muchas maravillas,  causa de la incredulidad de ellos.<CM>
EN aquel tiempo Herodes el tetrarca oy la fama de Jess,
Y dijo  sus criados: Este es Juan el Bautista: l ha resucitado de los muertos, y por eso virtudes obran en l.
Porque Herodes haba prendido  Juan, y le haba aprisionado y puesto en la crcel, por causa de Herodas, mujer de Felipe su hermano;
Porque Juan le deca: No te es lcito tenerla.
Y quera matarle, mas tema al pueblo; porque le tenan como  profeta.
Mas celebrndose el da del nacimiento de Herodes, la hija de Herodas danz en medio, y agrad  Herodes.
Y prometi l con juramento de darle todo lo que pidiese.
Y ella, instruda primero de su madre, dijo: Dame aqu en un plato la cabeza de Juan el Bautista.
Entonces el rey se entristeci; mas por el juramento, y por los que estaban juntamente  la mesa, mand que se le diese.
Y enviando, degoll  Juan en la crcel.
Y fu trada su cabeza en un plato y dada  la muchacha; y ella la present  su madre.
Entonces llegaron sus discpulos, y tomaron el cuerpo, y lo enterraron; y fueron, y dieron las nuevas  Jess.<CM>
Y oyndo lo Jess, se apart de all en un barco  un lugar descierto, apartado: y cuando las gentes lo oyeron, le siguieron  pie de las ciudades.
Y saliendo Jess, vi un gran gento, y tuvo compasin de ellos, y san  los que de ellos haba enfermos.
Y cuando fu la tarde del da, se llegaron  l sus discpulos, diciendo: El lugar es desierto, y el tiempo es ya pasado: despide las gentes, para que se vayan por las aldeas, y compren para s de comer.
Y Jess les dijo: No tienen necesidad de irse: dadles vosotros de comer.
Y ellos dijeron: No tenemos aqu sino cinco panes y dos peces.
Y l les dijo: Tradmelos ac.
Y mandando  las gentes recostarse sobre la hierba, tomando los cinco panes y los dos peces, alzando los ojos al cielo, bendijo, y parti y di los panes  los discpulos, y los discpulos  las gentes.
Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que sobr de los pedazos, doce cestas llenas.
Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin las mujeres y los nios.<CM>
Y luego Jess hizo  sus discpulos entrar en el barco,  ir delante de l  la otra parte del lago, entre tanto que l despeda  las gentes.
Y despedidas las gentes, subi al monte, apartado,  orar: y como fu la tarde del da, estaba all solo.
Y ya el barco estaba en medio de la mar, atormentado de las ondas; porque el viento era contrario.
Mas  la cuarta vela de la noche, Jess fu  ellos andando sobre la mar.
Y los discpulos, vindole andar sobre la mar, se turbaron, diciendo: Fantasma es. Y dieron voces de miedo.
Mas luego Jess les habl, diciendo: Confiad, yo soy; no tengis miedo.
Entonces le respondi Pedro, y dijo: Seor, si t eres, manda que yo vaya  ti sobre las aguas.
Y l dijo: Ven. Y descendiendo Pedro del barco, andaba sobre las aguas para ir  Jess.
Mas viendo el viento fuerte, tuvo miedo; y comenzndose  hundir, di voces, diciendo: Seor, slvame.
Y luego Jess, extendiendo la mano, trab de l, y le dice: Oh hombre de poca fe, por qu dudaste?
Y como ellos entraron en el barco, sosegse el viento.
Entonces los que estaban en el barco, vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios.<CM>
Y llegando  la otra parte, vinieron  la tierra de Genezaret.
Y como le conocieron los hombres de aquel lugar, enviaron por toda aquella tierra alrededor, y trajeron  l todos los enfermos;
Y le rogaban que solamente tocasen el borde de su manto; y todos los que tocaron, quedaron sanos.<CM>
ENTONCES llegaron  Jess ciertos escribas y Fariseos de Jerusalem, diciendo:
Por qu tus discpulos traspasan la tradicin de los ancianos? porque no se lavan las manos cuando comen pan.
Y l respondiendo, les dijo: Por qu tambin vosotros traspasis el mandamiento de Dios por vuestra tradicin?
Porque Dios mand, diciendo: Honra al padre y  la madre, y, El que maldijere al padre   la madre, muera de muerte.
Mas vosotros decs: Cualquiera que dijere al padre   la madre: Es ya ofrenda ma  Dios todo aquello con que pudiera valerte;
No deber honrar  su padre   su madre con socorro. As habis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradicin.
Hipcritas, bien profetiz de vosotros Isaas, diciendo:
Este pueblo de labios me honra; Mas su corazn lejos est de m.
Mas en vano me honran, Enseando doctrinas y mandamientos de hombres.<CM>
Y llamando  s las gentes, les dijo: Oid, y entended:
No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre.
Entonces llegndose sus discpulos, le dijeron: Sabes que los Fariseos oyendo esta palabra se ofendieron?
Mas respondiendo l, dijo: Toda planta que no plant mi Padre celestial, ser desarraigada.
Dejadlos: son ciegos guas de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caern en el hoyo.
Y respondiendo Pedro, le dijo: Declranos esta parbola.
Y Jess dijo: Aun tambin vosotros sois sin entendimiento?
No entendis an, que todo lo que entra en la boca, va al vientre, y es echado en la letrina?
Mas lo que sale de la boca, del corazn sale; y esto contamina al hombre.
Porque del corazn salen los malos pensamientos, muertes, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias.
Estas cosas son las que contaminan al hombre: que comer con las manos por lavar no contamina al hombre.<CM>
Y saliendo Jess de all, se fu  las partes de Tiro y de Sidn.
Y he aqu una mujer Cananea, que haba salido de aquellos trminos, clamaba, dicindole: Seor, Hijo de David, ten misericordia de m; mi hija es malamente atormentada del demonio.
Mas l no le respondi palabra. Entonces llegndose sus discpulos, le rogaron, diciendo: Despchala, pues da voces tras nosotros.
Y l respondiendo, dijo: No soy enviado sino  las ovejas perdidas de la casa de Israel.
Entonces ella vino, y le ador, diciendo: Seor socrreme.
Y respondiendo l, dijo: No es bien tomar el pan de los hijos, y echarlo  los perrillos.
Y ella dijo: S, Seor; mas los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus seores.
Entonces respondiendo Jess, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; sea hecho contigo como quieres. Y fu sana su hija desde aquella hora.<CM>
Y partido Jess de all, vino junto al mar de Galilea: y subiendo al monte, se sent all.
Y llegaron  l muchas gentes, que tenan consigo cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos enfermos: y los echaron  los pies de Jess, y los san:
De manera que se maravillaban las gentes, viendo hablar los mudos, los mancos sanos, andar los cojos, y ver los ciegos: y glorificaron al Dios de Israel.
Y Jess llamando  sus discpulos, dijo: Tengo lstima de la gente, que ya hace tres das que perseveran conmigo, y no tienen qu comer; y enviarlos ayunos no quiero, porque no desmayen en el camino.
Entonces sus discpulos le dicen: Dnde tenemos nosotros tantos panes en el desierto, que hartemos  tan gran compaa?
Y Jess les dice: Cuntos panes tenis? Y ellos dijeron: Siete, y unos pocos pececillos.
Y mand  las gentes que se recostasen sobre la tierra.
Y tomando los siete panes y los peces, haciendo gracias, parti y di  sus discpulos; y los discpulos  la gente.
Y comieron todos, y se hartaron: y alzaron lo que sobr de los pedazos, siete espuertas llenas.
Y eran los que haban comido, cuatro mil hombres, sin las mujeres y los nios.
Entonces, despedidas las gentes, subi en el barco: y vino  los trminos de Magdal.<CM>
Y LLEGANDOSE los Fariseos y los Saduceos para tentarle, le pedan que les mostrase seal del cielo.
Mas l respondiendo, les dijo: Cuando es la tarde del da, decs: Sereno; porque el cielo tiene arreboles.
Y  la maana: Hoy tempestad; porque tiene arreboles el cielo triste. Hipcritas, que sabis hacer diferencia en la faz del cielo; y en las seales de los tiempos no podis?
La generacin mala y adulterina demanda seal; mas seal no le ser dada, sino la seal de Jons profeta. Y dejndolos, se fu.<CM>
Y viniendo sus discpulos de la otra parte del lago, se haban olvidado de tomar pan.
Y Jess les dijo: Mirad, y guardaos de la levadura de los Fariseos y de los Saduceos.
Y ellos pensaban dentro de s, diciendo: Esto dice porque no tomamos pan.
Y entendindolo Jess, les dijo: Por qu pensis dentro de vosotros, hombres de poca fe, que no tomasteis pan?
No entendis an, ni os acordis de los cinco panes entre cinco mil hombres, y cuntos cestos alzasteis?
Ni de los siete panes entre cuatro mil, y cuntas espuertas tomasteis?
Cmo es que no entendis que no por el pan os dije, que os guardaseis de la levadura de los Fariseos y de los Saduceos?
Entonces entendieron que no les haba dicho que se guardasen de la levadura de pan, sino de la doctrina de los Fariseos y de los Saduceos.<CM>
Y viniendo Jess  las partes de Cesarea de Filipo, pregunt  sus discpulos, diciendo: Quin dicen los hombres que es el Hijo del hombre?
Y ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; y otros, Elas; y otros; Jeremas,  alguno de los profetas.
El les dice: Y vosotros, quin decs que soy?
Y respondiendo Simn Pedro, dijo: T eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
Entonces, respondiendo Jess, le dijo: Bienaventurado eres, Simn, hijo de Jons; porque no te lo revel carne ni sangre, mas mi Padre que est en los cielos.
Mas yo tambin te digo, que t eres Pedro, y sobre esta piedra edificar mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecern contra ella.
Y  ti dar las llaves del reino de los cielos; y todo lo que ligares en la tierra ser ligado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra ser desatado en los cielos.
Entonces mand  sus discpulos que  nadie dijesen que l era Jess el Cristo.<CM>
Desde aquel tiempo comenz Jess  declarar  sus discpulos que le convena ir  Jerusalem, y padecer mucho de los ancianos, y de los prncipes de los sacerdotes, y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer da.
Y Pedro, tomndolo aparte, comenz  reprenderle, diciendo: Seor, ten compasin de ti: en ninguna manera esto te acontezca.
Entonces l, volvindose, dijo  Pedro: Qutate de delante de m, Satans; me eres escndalo; porque no entiendes lo que es de Dios sino lo que es de los hombres.<CM>
Entonces Jess dijo  sus discpulos: Si alguno quiere venir en pos de m, niguese  s mismo, y tome su cruz, y sgame.
Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perder, y cualquiera que perdiere su vida por causa de m, la hallar.
Porque de qu aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y perdiere su alma? O qu recompensa dar el hombre por su alma?
Porque el Hijo del hombre vendr en la gloria de su Padre con sus ngeles, y entonces pagar  cada uno conforme  sus obras.
De cierto os digo: hay algunos de los que estn aqu, que no gustarn la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del hombre viniendo en su reino.<CM>
Y DESPUS de seis das, Jess toma  Pedro, y  Jacobo, y  Juan su hermano, y los lleva aparte  un monte alto:
Y se transfigur delante de ellos; y resplandeci su rostro como el sol, y sus vestidos fueron blancos como la luz.
Y he aqu les aparecieron Moiss y Elas, hablando con l.
Y respondiendo Pedro, dijo  Jess: Seor, bien es que nos quedemos aqu: si quieres, hagamos aqu tres pabellones: para ti uno, y para Moiss otro, y otro para Elas.
Y estando an l hablando, he aqu una nube de luz que los cubri; y he aqu una voz de la nube, que dijo: Este es mi Hijo amado, en el cual tomo contentamiento:  l od.
Y oyendo esto los discpulos, cayeron sobre sus rostros, y temieron en gran manera.
Entonces Jess llegando, los toc, y dijo: Levantaos, y no temis.
Y alzando ellos sus ojos,  nadie vieron, sino  solo Jess.
Y como descendieron del monte, les mand Jess, diciendo: No digis  nadie la visin, hasta que el Hijo del hombre resucite de los muertos.
Entonces sus discpulos le preguntaron, diciendo: Por qu dicen pues los escribas que es menester que Elas venga primero?
Y respondiendo Jess, les dijo:  la verdad, Elas vendr primero, y restituir todas las cosas.
Mas os digo, que ya vino Elas, y no le conocieron; antes hicieron en l todo lo que quisieron: as tambin el Hijo del hombre padecer de ellos.
Los discpulos entonces entendieron, que les habl de Juan el Bautista.<CM>
Y como ellos llegaron al gento, vino  l un hombre hincndosele de rodillas,
Y diciendo: Seor, ten misericordia de mi hijo, que es luntico, y padece malamente; porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua.
Y le he presentado  tus discpulos, y no le han podido sanar.
Y respondiendo Jess, dijo: Oh generacin infiel y torcida! hasta cundo tengo de estar con vosotros? hasta cundo os tengo de sufrir? tradmele ac.
Y Jess le reprendi, y sali el demonio de l; y el mozo fu sano desde aquella hora.
Entonces, llegndose los discpulos  Jess, aparte, dijeron: Por qu nosotros no lo pudimos echar fuera?
Y Jess les dijo: Por vuestra incredulidad; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diris  este monte: Psate de aqu all: y se pasar: y nada os ser imposible.
Mas este linaje no sale sino por oracin y ayuno.<CM>
Y estando ellos en Galilea, Jess les dijo: El Hijo del hombre ser entregado en manos de hombres,
Y le matarn; mas al tercer da resucitar. Y ellos se entristecieron en gran manera.<CM>
Y como llegaron  Capernaum, vinieron  Pedro los que cobraban las dos dracmas, y dijeron: Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?
El dice: S. Y entrando l en casa, Jess le habl antes, diciendo: Qu te parece, Simn? Los reyes de la tierra, de quin cobran los tributos  el censo? de sus hijos  de los extraos?
Pedro le dice: De los extraos. Jess le dijo: Luego los hijos son francos.
Mas porque no los escandalicemos, ve  la mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que viniere, tmalo, y abierta su boca, hallars un estatero: tmalo, y dselo por m y por ti.<CM>
EN aquel tiempo se llegaron los discpulos  Jess, diciendo: Quin es el mayor en el reino de los cielos?
Y llamando Jess  un nio, le puso en medio de ellos,
Y dijo: De cierto os digo, que si no os volviereis, y fuereis como nios, no entraris en el reino de los cielos.
As que, cualquiera que se humillare como este nio, ste es el mayor en el reino de los cielos.
Y cualquiera que recibiere  un tal nio en mi nombre,  m recibe.
Y cualquiera que escandalizare  alguno de estos pequeos que creen en m, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le anegase en el profundo de la mar.<CM>
Ay del mundo por los escndalos! porque necesario es que vengan escndalos; mas ay de aquel hombre por el cual viene el escndalo!
Por tanto, si tu mano  tu pie te fuere ocasin de caer, crtalo y echal de ti: mejor te es entrar cojo  manco en la vida, que teniendo dos manos  dos pies ser echado en el fuego eterno.
Y si tu ojo te fuere ocasin de caer, scalo y chalo de ti: mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno del fuego.
Mirad no tengis en poco  alguno de estos pequeos; porque os digo que sus ngeles en los cielos ven siempre la faz de mi Padre que est en los cielos.
Porque el Hijo del hombre ha venido para salvar lo que se haba perdido.
Qu os parece? Si tuviese algn hombre cien ovejas, y se descarriase una de ellas, no ira por los montes, dejadas las noventa y nueve,  buscar la que se haba descarriado?
Y si aconteciese hallarla, de cierto os digo, que ms se goza de aqulla, que de las noventa y nueve que no se descarriaron.
As, no es la voluntad de vuestro Padre que est en los cielos, que se pierda uno de estos pequeos.<CM>
Por tanto, si tu hermano pecare contra ti, ve, y redargyele entre ti y l solo: si te oyere, has ganado  tu hermano.
Mas si no te oyere, toma an contigo uno  dos, para que en boca de dos  de tres testigos conste toda palabra.
Y si no oyere  ellos, dilo  la iglesia: y si no oyere  la iglesia, tenle por tnico y publicano.
De cierto os digo que todo lo que ligareis en la tierra, ser ligado en el cielo; y todo lo que desatareis en la tierra, ser desatado en el cielo.
Otra vez os digo, que si dos de vosotros se convinieren en la tierra, de toda cosa que pidieren, les ser hecho por mi Padre que est en los cielos.
Porque donde estn dos  tres congregados en mi nombre, all estoy en medio de ellos.<CM>
Entonces Pedro, llegndose  l, dijo: Seor, cuntas veces perdonar  mi hermano que pecare contra m? hasta siete?
Jess le dice: No te digo hasta siete, mas aun hasta setenta veces siete.
Por lo cual, el reino de los cielos es semejante  un hombre rey, que quiso hacer cuentas con sus siervos.
Y comenzando  hacer cuentas, le fu presentado uno que le deba diez mil talentos.
Mas  ste, no pudiendo pagar, mand su seor venderle, y  su mujer  hijos, con todo lo que tena, y que se le pagase.
Entonces aquel siervo, postrado, le adoraba, diciendo: Seor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagar todo.
El seor, movido  misericordia de aquel siervo, le solt y le perdon la deuda.
Y saliendo aquel siervo, hall  uno de sus consiervos, que le deba cien denarios; y trabando de l, le ahogaba, diciendo: Pgame lo que debes.
Entonces su consiervo, postrndose  sus pies, le rogaba, diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagar todo.
Mas l no quiso; sino fu, y le ech en la crcel hasta que pagase la deuda.
Y viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y viniendo, declararon  su seor todo lo que haba pasado.
Entonces llamndole su seor, le dice: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdon, porque me rogaste:
No te convena tambin  ti tener misericordia de tu consiervo, como tambin yo tuve misericordia de ti?
Entonces su seor, enojado, le entreg  los verdugos, hasta que pagase todo lo que le deba.
As tambin har con vosotros mi Padre celestial, si no perdonareis de vuestros corazones cada uno  su hermano sus ofensas.<CM>
Y ACONTECIO que acabando Jess estas palabras, se pas de Galilea, y vino  los trminos de Judea, pasado el Jordn.
Y le siguieron muchas gentes, y los san all.<CM>
Entonces se llegaron  l los Fariseos, tentndole, y dicindole: Es lcito al hombre repudiar  su mujer por cualquiera causa?
Y l respondiendo, les dijo: No habis ledo que el que los hizo al principio, macho y hembra los hizo,
Y dijo: Por tanto, el hombre dejar padre y madre, y se unir  su mujer, y sern dos en una carne?
As que, no son ya ms dos, sino una carne: por tanto, lo que Dios junt, no lo aparte el hombre.
Dcenle: Por qu, pues, Moiss mand dar carta de divorcio, y repudiarla?
Dceles: Por la dureza de vuestro corazn Moiss os permiti repudiar  vuestras mujeres: mas al principio no fu as.
Y yo os digo que cualquiera que repudiare  su mujer, si no fuere por causa de fornicacin, y se casare con otra, adultera: y el que se casare con la repudiada, adultera.
Dcenle sus discpulos: Si as es la condicin del hombre con su mujer, no conviene casarse.
Entonces l les dijo: No todos reciben esta palabra, sino aquellos  quienes es dado.
Porque hay eunucos que nacieron as del vientre de su madre; y hay eunucos, que son hechos eunucos por los hombres; y hay eunucos que se hicieron  s mismos eunucos por causa del reino de los cielos; el que pueda ser capaz de eso, salo.<CM>
Entonces le fueron presentados unos nios, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discpulos les rieron.
Y Jess dijo: Dejad  los nios, y no les impidis de venir  m; porque de los tales es el reino de los cielos.
Y habiendo puesto sobre ellos las manos se parti de all.<CM>
Y he aqu, uno llegndose le dijo: Maestro bueno, qu bien har para tener la vida eterna?
Y l le dijo: Por qu me llamas bueno? Ninguno es bueno sino uno, es  saber, Dios: y si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.
Dcele: Cules? Y Jess dijo: No mataras: No adulterars: No hurtars: No dirs falso testimonio:
Honra  tu padre y  tu madre: y, Amars  tu prjimo como  ti mismo.
Dcele el mancebo: Todo esto guard desde mi juventud: qu ms me falta?
Dcele Jess: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y da lo  los pobres, y tendrs tesoro en el cielo; y ven, sgueme.
Y oyendo el mancebo esta palabra, se fu triste, porque tena muchas posesiones.<CM>
Entonces Jess dijo  sus discpulos: De cierto os digo, que un rico difcilmente entrar en el reino de los cielos.
Mas os digo, que ms liviano trabajo es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.
Mas sus discpulos, oyendo estas cosas, se espantaron en gran manera, diciendo: Quin pues podr ser salvo?
Y mirndo los Jess, les dijo: Para con los hombres imposible es esto; mas para con Dios todo es posible.
Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aqu, nosotros hemos dejado todo, y te hemos seguido: qu pues tendremos?
Y Jess les dijo: De cierto os digo, que vosotros que me habis seguido, en la regeneracin, cuando se sentar el Hijo del hombre en el trono de su gloria, vosotros tambin os sentaris sobre doce tronos, para juzgar  las doce tribus de Israel.
Y cualquiera que dejare casas,  hermanos,  hermanas,  padre,  madre,  mujer,  hijos,  tierras, por mi nombre, recibir cien veces tanto, y heredar la vida eterna.
Mas muchos primeros sern postreros, y postreros primeros.<CM>
PORQUE el reino de los cielos es semejante  un hombre, padre de familia, que sali por la maana  ajustar obreros para su via.
Y habindose concertado con los obreros en un denario al da, los envi  su via.
Y saliendo cerca de la hora de las tres, vi otros que estaban en la plaza ociosos;
Y les dijo: Id tambin vosotros  mi via, y os dar lo que fuere justo. Y ellos fueron.
Sali otra vez cerca de las horas sexta y nona,  hizo lo mismo.
Y saliendo cerca de la hora undcima, hall otros que estaban ociosos; y dceles: Por qu estis aqu todo el da ociosos?
Dcenle: Porque nadie nos ha ajustado. Dceles: Id tambin vosotros  la via, y recibiris lo que fuere justo.
Y cuando fu la tarde del da, el seor de la via dijo  su mayordomo: Llama  los obreros y pgales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros.
Y viniendo los que haban ido cerca de la hora undcima, recibieron cada uno un denario.
Y viniendo tambin los primeros, pensaron que haban de recibir ms; pero tambin ellos recibieron cada uno un denario.
Y tomndolo, murmuraban contra el padre de la familia,
Diciendo: Estos postreros slo han trabajado una hora, y los has hecho iguales  nosotros, que hemos llevado la carga y el calor del da.
Y l respondiendo, dijo  uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; no te concertaste conmigo por un denario?
Toma lo que es tuyo, y vete; mas quiero dar  este postrero, como  ti.
No me es lcito  mi hacer lo que quiero con lo mo?  es malo tu ojo, porque yo soy bueno?
As los primeros sern postreros, y los postreros primeros: porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.<CM>
Y subiendo Jess  Jerusalem, tom sus doce discpulos aparte en el camino, y les dijo:
He aqu subimos  Jerusalem, y el Hijo del hombre ser entregado  los principes de los sacerdotes y  los escribas, y le condenarn  muerte;
Y le entregarn  los Gentiles para que le escarnezcan, y azoten, y crucifiquen; mas al tercer da resucitar.<CM>
Entonces se lleg  l la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, adorndo le, y pidindole algo.
Y l le dijo: Qu quieres? Ella le dijo: Di que se sienten estos dos hijos mos, el uno  tu mano derecha, y el otro  tu izquierda, en tu reino.
Entonces Jess respondiendo, dijo: No sabis lo que peds: podis beber el vaso que yo he de beber, y ser bautizados del bautismo de que yo soy bautizado? Y ellos le dicen: Podemos.
Y l les dice: A la verdad mi vaso beberis, y del bautismo de que yo soy bautizado, seris bautizados; mas el sentaros  mi mano derecha y  mi izquierda, no es mo dar lo, sino  aquellos para quienes est aparejado de mi Padre.
Y como los diez oyeron esto, se enojaron de los dos hermanos.
Entonces Jess llamndolos, dijo: Sabis que los prncipes de los Gentiles se enseorean sobre ellos, y los que son grandes ejercen sobre ellos potestad.
Mas entre vosotros no ser as; sino el que quisiere entre vosotros hacerse grande, ser vuestro servidor;
Y el que quisiere entre vosotros ser el primero, ser vuestro siervo:
Como el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.<CM>
Entonces saliendo ellos de Jeric, le segua gran compaa.
Y he aqu dos ciegos sentados junto al camino, como oyeron que Jess pasaba, clamaron, diciendo: Seor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros.
Y la gente les rea para que callasen; mas ellos clamaban ms, diciendo: Seor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros.
Y parndose Jess, los llam, y dijo: Qu queris que haga por vosotros?
Ellos le dicen: Seor, que sean abiertos nuestros ojos.
Entonces Jess, teniendo misericordia de ellos, les toc los ojos, y luego sus ojos recibieron la vista; y le siguieron.<CM>
Y COMO se acercaron  Jerusalem, y vinieron  Bethfag, al monte de las Olivas, entonces Jess envi dos discpulos,
Dicindoles: Id  la aldea que est delante de vosotros, y luego hallaris una asna atada, y un pollino con ella: desatad la, y tradme los.
Y si alguno os dijere algo, decid: El Seor los ha menester. Y luego los dejar.
Y todo esto fu hecho, para que se cumpliese lo que fu dicho por el profeta, que dijo:
Decid  la hija de Sin: He aqu, tu Rey viene  ti, Manso, y sentado sobre una asna, Y sobre un pollino, hijo de animal de yugo.
Y los discpulos fueron,  hicieron como Jess les mand;
Y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y se sent sobre ellos.
Y la compaa, que era muy numerosa, tenda sus mantos en el camino: y otros cortaban ramos de los rboles, y los tendan por el camino.
Y las gentes que iban delante, y las que iban detrs, aclamaban diciendo: Hosanna al Hijo de David! Bendito el que viene en el nombre del Seor! Hosanna en las alturas!
Y entrando l en Jerusalem, toda la ciudad se alborot, diciendo. Quin es ste?
Y las gentes decan: Este es Jess, el profeta, de Nazaret de Galilea.<CM>
Y entr Jess en el templo de Dios, y ech fuera todos los que vendan y compraban en el templo, y trastorn las mesas de los cambiadores, y las sillas de los que vendan palomas;
Y les dice: Escrito est: Mi casa, casa de oracin ser llamada; mas vosotros cueva de ladrones la habis hecho.
Entonces vinieron  l ciegos y cojos en el templo, y los san.
Mas los prncipes de los sacerdotes y los escribas, viendo las maravillas que haca, y  los muchachos aclamando en el templo y diciendo: Hosanna al Hijo de David! se indignaron,
Y le dijeron: Oyes lo que stos dicen? Y Jess les dice: S: nunca lesteis: De la boca de los nios y de los que maman perfeccionaste la alabanza?
Y dejndolos, se sali fuera de la ciudad,  Bethania; y pos all.<CM>
Y por la maana volviendo  la ciudad, tuvo hambre.
Y viendo una higuera cerca del camino, vino  ella, y no hall nada en ella, sino hojas solamente, y le dijo: Nunca ms para siempre nazca de ti fruto. Y luego se sec la higuera.
Y viendo esto los discpulos, maravillados decan: Cmo se sec luego la higuera?
Y respondiendo Jess les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no slo haris esto de la higuera: mas si  este monte dijereis: Qutate y chate en la mar, ser hecho.
Y todo lo que pidiereis en oracin, creyendo, lo recibiris.<CM>
Y como vino al templo, llegronse  l cuando estaba enseando, los prncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo, diciendo. Con qu autoridad haces esto? y quin te di esta autoridad?
Y respondiendo Jess, les dijo: Yo tambin os preguntar una palabra, la cual si me dijereis, tambin yo os dir con qu autoridad hago esto.
El bautismo de Juan, de dnde era? del cielo,  de los hombres? Ellos entonces pensaron entre s, diciendo: Si dijremos, del cielo, nos dir: Por qu pues no le cresteis?
Y si dijremos, de los hombres, tememos al pueblo; porque todos tienen  Juan por profeta.
Y respondiendo  Jess, dijeron: No sabemos. Y l tambin les dijo: Ni yo os digo con qu autoridad hago esto.<CM>
Mas, qu os parece? Un hombre tena dos hijos, y llegando al primero, le dijo: Hijo, ve hoy  trabajar en mi via.
Y respondiendo l, dijo: No quiero; mas despus, arrepentido, fu.
Y llegando al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo l, dijo: Yo, seor, voy. Y no fu.
Cul de los dos hizo la voluntad de su padre? Dicen ellos: El primero. Dceles Jess: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras os van delante al reino de Dios.
Porque vino  vosotros Juan en camino de justicia, y no le cresteis; y los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis despus para creerle.<CM>
Od otra parbola: Fu un hombre, padre de familia, el cual plant una via; y la cerc de vallado, y cav en ella un lagar, y edific una torre, y la di  renta  labradores, y se parti lejos.
Y cuando se acerc el tiempo de los frutos, envi sus siervos  los labradores, para que recibiesen sus frutos.
Mas los labradores, tomando  los siervos, al uno hirieron, y al otro mataron, y al otro apedrearon.
Envi de nuevo otros siervos, ms que los primeros;  hicieron con ellos de la misma manera.
Y  la postre les envi su hijo, diciendo: Tendrn respeto  mi hijo.
Mas los labradores, viendo al hijo, dijeron entre s: Este es el heredero; venid, matmosle, y tomemos su heredad.
Y tomado, le echaron fuera de la via, y le mataron.
Pues cuando viniere el seor de la via, qu har  aquellos labradores?
Dcenle:  los malos destruir miserablemente, y su via dar  renta  otros labradores, que le paguen el fruto  sus tiempos.
Dceles Jess: Nunca lesteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los que edificaban, Esta fu hecha por cabeza de esquina: Por el Seor es hecho esto, Y es cosa maravillosa en nuestros ojos?
Por tanto os digo, que el reino de Dios ser quitado de vosotros, y ser dado  gente que haga los frutos de l.
Y el que cayere sobre esta piedra, ser quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzar.
Y oyendo los prncipes de los sacerdotes y los Fariseos sus parbolas, entendieron que hablaba de ellos.
Y buscando cmo echarle mano, temieron al pueblo; porque le tenan por profeta.<CM>
Y RESPONDIENDO Jess, les volvi  hablar en parbolas, diciendo:
El reino de los cielos es semejante  un hombre rey, que hizo bodas  su hijo;
Y envi sus siervos para que llamasen los llamados  las bodas; mas no quisieron venir.
Volvi  enviar otros siervos, diciendo: Decid  los llamados: He aqu, mi comida he aparejado; mis toros y animales engordados son muertos, y todo est prevenido: venid  las bodas.
Mas ellos no se cuidaron, y se fueron, uno  su labranza, y otro  sus negocios;
Y otros, tomando  sus siervos, los afrentaron y los mataron.
Y el rey, oyendo esto, se enoj; y enviando sus ejrcitos, destruy  aquellos homicidas, y puso fuego  su ciudad.
Entonces dice  sus siervos: Las bodas  la verdad estn aparejadas; mas los que eran llamados no eran dignos.
Id pues  las salidas de los caminos, y llamad  las bodas  cuantos hallareis.
Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron  todos los que hallaron, juntamente malos y buenos: y las bodas fueron llenas de convidados.
Y entr el rey para ver los convidados, y vi all un hombre no vestido de boda.
Y le dijo: Amigo, cmo entraste aqu no teniendo vestido de boda? Mas l cerr la boca.
Entonces el rey dijo  los que servan: Atado de pies y de manos tomadle, y echadle en las tinieblas de afuera: all ser el lloro y el crujir de dientes.
Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.<CM>
Entonces, idos los Fariseos, consultaron cmo le tomaran en alguna palabra.
Y envan  l los discpulos de ellos, con los Herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres amador de la verdad, y que enseas con verdad el camino de Dios, y que no te curas de nadie, porque no tienes acepcin de persona de hombres.
Dinos pues, qu te parece? es lcito dar tributo  Csar,  no?
Mas Jess, entendida la malicia de ellos, les dice: Por qu me tentis, hipcritas?
Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario.
Entonces les dice: Cya es esta figura, y lo que est encima escrito?
Dcenle: De Csar. Y dceles: Pagad pues  Csar lo que es de Csar, y  Dios lo que es de Dios.
Y oyendo esto, se maravillaron, y dejndole se fueron.<CM>
Aquel da llegaron  l los Saduceos, que dicen no haber resurreccin, y le preguntaron,
Diciendo: Maestro, Moiss dijo: Si alguno muriere sin hijos, su hermano se casar con su mujer, y despertar simiente  su hermano.
Fueron pues, entre nosotros siete hermanos: y el primero tom mujer, y muri; y no teniendo generacin, dej su mujer  su hermano.
De la misma manera tambin el segundo, y el tercero, hasta los siete.
Y despus de todos muri tambin la mujer.
En la resurreccin pues, de cul de los siete ser ella mujer? porque todos la tuvieron.
Entonces respondiendo Jess, les dijo: Erris ignorando las Escrituras, y el poder de Dios.
Porque en la resurreccin, ni los hombres tomarn mujeres, ni las mujeres marido; mas son como los ngeles de Dios en el cielo.
Y de la resurreccin de los muertos, no habis ledo lo que os es dicho por Dios, que dice:
Yo soy el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos.
Y oyendo esto las gentes, estaban atnitas de su doctrina.<CM>
Entonces los Fariseos, oyendo que haba cerrado la boca  los Saduceos, se juntaron  una.
Y pregunt uno de ellos, intrprete de la ley, tentndole y diciendo:
Maestro, cul es el mandamiento grande en la ley?
Y Jess le dijo: Amars al Seor tu Dios de todo tu corazn, y de toda tu alma, y de toda tu mente.
Este es el primero y el grande mandamiento.
Y el segundo es semejante  ste: Amars  tu prjimo como  ti mismo.
De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.<CM>
Y estando juntos los Fariseos, Jess les pregunt,
Diciendo: Qu os parece del Cristo? de quin es Hijo? Dcenle: De David.
El les dice: Pues cmo David en Espritu le llama Seor, diciendo:
Dijo el Seor  mi Seor: Sintate  mi diestra, Entre tanto que pongo tus enemigos por estrado de tus pies?
Pues si David le llama Seor, cmo es su Hijo?
Y nadie le poda responder palabra; ni os alguno desde aquel da preguntarle ms.<CM>
ENTONCES habl Jess  las gentes y  sus discpulos,
Diciendo: Sobre la ctedra de Moiss se sentaron los escribas y los Fariseos:
As que, todo lo que os dijeren que guardis, guardad lo y haced lo; mas no hagis conforme  sus obras: porque dicen, y no hacen.
Porque atan cargas pesadas y difciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; mas ni aun con su dedo las quieren mover.
Antes, todas sus obras hacen para ser mirados de los hombres; porque ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos;
Y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas;
Y las salutaciones en las plazas, y ser llamados de los hombres Rabb, Rabb.
Mas vosotros, no queris ser llamados Rabb; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo; y todos vosotros sois hermanos.
Y vuestro padre no llamis  nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el cual est en los cielos.
Ni seis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo.
El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo.
Porque el que se ensalzare, ser humillado; y el que se humillare, ser ensalzado.<CM>
Mas ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipcritas! porque cerris el reino de los cielos delante de los hombres; que ni vosotros entris, ni  los que estn entrando dejis entrar.
Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipcritas! porque comis las casas de las viudas, y por pretexto hacis larga oracin: por esto llevaris mas grave juicio.
Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipcritas! porque rodeis la mar y la tierra por hacer un proslito; y cuando fuere hecho, le hacis hijo del infierno doble ms que vosotros.
Ay de vosotros, guas ciegos! que decs: Cualquiera que jurare por el templo es nada; mas cualquiera que jurare por el oro del templo, deudor es.
Insensatos y ciegos! porque cul es mayor, el oro,  el templo que santifica al oro?
Y: Cualquiera que jurare por el altar, es nada; mas cualquiera que jurare por el presente que est sobre l, deudor es.
Necios y ciegos! porque, cul es mayor, el presente,  el altar que santifica al presente?
Pues el que jurare por el altar, jura por l, y por todo lo que est sobre l;
Y el que jurare por el templo, jura por l, y por Aqul que habita en l;
Y el que jura por el cielo, jura por el trono de Dios, y por Aqul que est sentado sobre l.
Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipcritas! porque diezmis la menta y el eneldo y el comino, y dejasteis lo que es lo ms grave de la ley, es  saber, el juicio y la misericordia y la fe: esto era menester hacer, y no dejar lo otro.
Guas ciegos, que colis el mosquito, mas tragis el camello!
Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipcritas! porque limpiais lo que est de fuera del vaso y del plato; mas de dentro estn llenos de robo y de injusticia.
Fariseo ciego, limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que tambin lo de fuera se haga limpio!
Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipcritas! porque sois semejantes  sepulcros blanqueados, que de fuera,  la verdad, se muestran hermosos, mas de dentro estn llenos de huesos de muertos y de toda suciedad.
As tambin vosotros de fuera,  la verdad, os mostris justos  los hombres; mas de dentro, llenos estis de hipocresa  iniquidad.
Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipcritas! porque edificis los sepulcros de los profetas, y adornis los monumentos de los justos,
Y decs: Si furamos en los das de nuestros padres, no hubiramos sido sus compaeros en la sangre de los profetas.
As que, testimonio dais  vosotros mismos, que sois hijos de aquellos que mataron  los profetas.
Vosotros tambin henchid la medida de vuestros padres!
Serpientes, generacin de vboras! cmo evitaris el juicio del infierno?<CM>
Por tanto, he aqu, yo envo  vosotros profetas, y sabios, y escribas: y de ellos,  unos mataris y crucificaris, y  otros de ellos azotaris en vuestras sinagogas, y perseguiris de ciudad en ciudad:
Para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo, hasta la sangre de Zacaras, hijo de Barachas, al cual matasteis entre el templo y el altar.
De cierto os digo que todo esto vendr sobre esta generacin.
Jerusalem, Jerusalem, que matas  los profetas, y apedreas  los que son enviados  ti! cuntas veces quise juntar tus hijos, como la gallina junta sus pollos debajo de las alas, y no quisiste!
He aqu vuestra casa os es dejada desierta.
Porque os digo que desde ahora no me veris, hasta que digis: Bendito el que viene en el nombre del Seor.<CM>
Y SALIDO Jess, base del templo; y se llegaron sus discpulos, para mostrarle los edificios del templo.
Y respondiendo l, les dijo: Veis todo esto? de cierto os digo, que no ser dejada aqu piedra sobre piedra, que no sea destruda.
Y sentndose l en el monte de las Olivas, se llegaron  l los discpulos aparte, diciendo: Dinos, cundo sern estas cosas, y qu seal habr de tu venida, y del fin del mundo?<CM>
Y respondiendo Jess, les dijo: Mirad que nadie os engae.
Porque vendrn muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y  muchos engaarn.
Y oiris guerras, y rumores de guerras: mirad que no os turbis; porque es menester que todo esto acontezca; mas an no es el fin.
Porque se levantar nacin contra nacin, y reino contra reino; y habr pestilencias, y hambres, y terremotos por los lugares.
Y todas estas cosas, principio de dolores.
Entonces os entregarn para ser afligidos, y os matarn; y seris aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre.
Y muchos entonces sern escandalizados; y se entregarn unos  otros, y unos  otros se aborrecern.
Y muchos falsos profetas se levantarn y engaarn  muchos.
Y por haberse multiplicado la maldad, la caridad de muchos se resfriar.
Mas el que perseverare hasta el fin, ste ser salvo.
Y ser predicado este evangelio del reino en todo el mundo, por testimonio  todos los Gentiles; y entonces vendr el fin.
Por tanto, cuando viereis la abominacin del asolamiento, que fu dicha por Daniel profeta, que estar en el lugar santo, (el que lee, entienda),
Entonces los que estn en Judea, huyan  los montes;
Y el que sobre el terrado, no descienda  tomar algo de su casa;
Y el que en el campo, no vuelva atrs  tomar sus vestidos.
Mas ay de las preadas, y de las que cran en aquellos das!
Orad, pues, que vuestra huda no sea en invierno ni en sbado;
Porque habr entonces grande afliccin, cual no fu desde el principio del mundo hasta ahora, ni ser.
Y si aquellos das no fuesen acortados, ninguna carne sera salva; mas por causa de los escogidos, aquellos das sern acortados.
Entonces, si alguno os dijere: He aqu est el Cristo,  all, no creis.
Porque se levantarn falsos Cristos, y falsos profetas, y darn seales grandes y prodigios; de tal manera que engaarn, si es posible, aun  los escogidos.
He aqu os lo he dicho antes.
As que, si os dijeren: He aqu en el desierto est; no salgis: He aqu en las cmaras; no creis.
Porque como el relmpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, as ser tambin la venida del Hijo del hombre.
Porque donde quiera que estuviere el cuerpo muerto, all se juntarn las guilas.
Y luego despus de la afliccin de aquellos das, el sol se obscurecer, y la luna no dar su lumbre, y las estrellas caern del cielo, y las virtudes de los cielos sern conmovidas.
Y entonces se mostrar la seal del Hijo del hombre en el cielo; y entonces lamentarn todas las tribus de la tierra, y vern al Hijo del hombre que vendr sobre las nubes del cielo, con grande poder y gloria.
Y enviar sus ngeles con gran voz de trompeta, y juntarn sus escogidos de los cuatro vientos, de un cabo del cielo hasta el otro.<CM>
De la higuera aprended la parbola: Cuando ya su rama se enternece, y las hojas brotan, sabis que el verano est cerca.
As tambin vosotros, cuando viereis todas estas cosas, sabed que est cercano,  las puertas.
De cierto os digo, que no pasar esta generacin, que todas estas cosas no acontezcan.
El cielo y la tierra pasarn, mas mis palabras no pasarn.
Empero del da y hora nadie sabe, ni aun los ngeles de los cielos, sino mi Padre solo.
Mas como los das de No, as ser la venida del Hijo del hombre.
Porque como en los das antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casndose y dando en casamiento, hasta el da que No entr en el arca,
Y no conocieron hasta que vino el diluvio y llev  todos, as ser tambin la venida del Hijo del hombre.
Entonces estarn dos en el campo; el uno ser tomado, y el otro ser dejado:
Dos mujeres moliendo  un molinillo; la una ser tomada, y la otra ser dejada.
Velad pues, porque no sabis  qu hora ha de venir vuestro Seor.
Esto empero sabed, que si el padre de la familia supiese  cul vela el ladrn haba de venir, velara, y no dejara minar su casa.
Por tanto, tambin vosotros estad apercibidos; porque el Hijo del hombre ha de venir  la hora que no pensis.
Quin pues es el siervo fiel y prudente, al cual puso su seor sobre su familia para que les d alimento  tiempo?
Bienaventurado aquel siervo, al cual, cuando su seor viniere, le hallare haciendo as.
De cierto os digo, que sobre todos sus bienes le pondr.
Y si aquel siervo malo dijere en su corazn Mi seor se tarda en venir:
Y comenzare  herir  sus consiervos, y aun  comer y  beber con los borrachos;
Vendr el seor de aquel siervo en el da que no espera, y  la hora que no sabe,
Y le cortar por medio, y pondr su parte con los hipcritas: all ser el lloro y el crujir de dientes.<CM>
ENTONCES el reino de los cielos ser semejante  diez vrgenes, que tomando sus lmparas, salieron  recibir al esposo.
Y las cinco de ellas eran prudentes, y las cinco fatuas.
Las que eran fatuas, tomando sus lmparas, no tomaron consigo aceite;
Mas las prudentes tomaron aceite en sus vasos, juntamente con sus lmparas.
Y tardndose el esposo, cabecearon todas, y se durmieron.
Y  la media noche fu odo un clamor: He aqu, el esposo viene; salid  recibirle.
Entonces todas aquellas vrgenes se levantaron, y aderezaron sus lmparas.
Y las fatuas dijeron  las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lmparas se apagan.
Mas las prudentes respondieron, diciendo. Porque no nos falte  nosotras y  vosotras, id antes  los que venden, y comprad para vosotras.
Y mientras que ellas iban  comprar, vino el esposo; y las que estaban apercibidas, entraron con l  las bodas; y se cerr la puerta.
Y despus vinieron tambin las otras vrgenes, diciendo: Seor, Seor, brenos.
Mas respondiendo l, dijo: De cierto os digo, que no os conozco.
Velad, pues, porque no sabis el da ni la hora en que el Hijo del hombre ha de venir.<CM>
Porque el reino de los cielos es como un hombre que partindose lejos llam  sus siervos, y les entreg sus bienes.
Y  ste di cinco talentos, y al otro dos, y al otro uno:  cada uno conforme  su facultad; y luego se parti lejos.
Y el que haba recibido cinco talentos se fu, y granje con ellos,  hizo otros cinco talentos.
Asimismo el que haba recibido dos, gan tambin l otros dos.
Mas el que haba recibido uno, fu y cav en la tierra, y escondi el dinero de su seor.
Y despus de mucho tiempo, vino el seor de aquellos siervos,  hizo cuentas con ellos.
Y llegando el que haba recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Seor, cinco talentos me entregaste; he aqu otros cinco talentos he ganado sobre ellos.
Y su seor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondr: entra en el gozo de tu seor.
Y llegando tambin el que haba recibido dos talentos, dijo: Seor, dos talentos me entregaste; he aqu otros dos talentos he ganado sobre ellos.
Su seor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondr: entra en el gozo de tu seor.
Y llegando tambin el que haba recibido un talento, dijo: Seor, te conoca que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste, y recoges donde no esparciste;
Y tuve miedo, y fu, y escond tu talento en la tierra: he aqu tienes lo que es tuyo.
Y respondiendo su seor, le dijo: Malo y negligente siervo, sabas que siego donde no sembr y que recojo donde no esparc;
Por tanto te convena dar mi dinero  los banqueros, y viniendo yo, hubiera recibido lo que es mo con usura.
Quitadle pues el talento, y dadlo al que tiene diez talentos.
Porque  cualquiera que tuviere, le ser dado, y tendr ms; y al que no tuviere, aun lo que tiene le ser quitado.
Y al siervo intil echadle en las tinieblas de afuera: all ser el lloro y el crujir de dientes.<CM>
Y cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos ngeles con l, entonces se sentar sobre el trono de su gloria.
Y sern reunidas delante de l todas las gentes: y los apartar los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.
Y pondr las ovejas  su derecha, y los cabritos  la izquierda.
Entonces el Rey dir  los que estarn  su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundacin del mundo.
Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fu husped, y me recogisteis;
Desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la crcel, y vinisteis  m.
Entonces los justos le respondern, diciendo: Seor, cundo te vimos hambriento, y te sustentamos?  sediento, y te dimos de beber?
Y cundo te vimos husped, y te recogimos?  desnudo, y te cubrimos?
O cundo te vimos enfermo,  en la crcel, y vinimos  ti?
Y respondiendo el Rey, les dir: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis  uno de estos mis hermanos pequeitos,  m lo hicisteis.
Entonces dir tambin  los que estarn  la izquierda: Apartaos de m, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y para sus ngeles:
Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber;
Fu husped, y no me recogisteis; desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la crcel, y no me visitasteis.
Entonces tambin ellos le respondern, diciendo: Seor, cundo te vimos hambriento,  sediento,  husped,  desnudo,  enfermo,  en la crcel, y no te servimos?
Entonces les responder, diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis  uno de estos pequeitos, ni  m lo hicisteis.
E irn stos al tormento eterno, y los justos  la vida eterna.<CM>
Y ACONTECIO que, como hubo acabado Jess todas estas palabras, dijo  sus discpulos:
Sabis que dentro de dos das se hace la pascua, y el Hijo del hombre es entregado para ser crucificado.
Entonces los prncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los ancianos del pueblo se juntaron al patio del pontfice, el cual se llamaba Caifs;
Y tuvieron consejo para prender por engao  Jess, y matarle.
Y decan: No en el da de la fiesta, porque no se haga alboroto en el pueblo.<CM>
Y estando Jess en Bethania, en casa de Simn el leproso,
Vino  l una mujer, teniendo un vaso de alabastro de unguento de gran precio, y lo derram sobre la cabeza de l, estando sentado  la mesa.
Lo cual viendo sus discpulos, se enojaron, diciendo: Por qu se pierde esto?
Porque esto se poda vender por gran precio, y darse  los pobres.
Y entendindolo Jess, les dijo: Por qu dais pena  esta mujer? Pues ha hecho conmigo buena obra.
Porque siempre tendris pobres con vosotros, mas  m no siempre me tendris.
Porque echando este unguento sobre mi cuerpo, para sepultarme lo ha hecho.
De cierto os digo, que donde quiera que este evangelio fuere predicado en todo el mundo, tambin ser dicho para memoria de ella, lo que sta ha hecho.<CM>
Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fu  los prncipes de los sacerdotes,
Y les dijo: Qu me queris dar, y yo os lo entregar? Y ellos le sealaron treinta piezas de plata.
Y desde entonces buscaba oportunidad para entregarle.<CM>
Y el primer da de la fiesta de los panes sin levadura, vinieron los discpulos  Jess, dicindole: Dnde quieres que aderecemos para ti para comer la pascua?
Y l dijo: Id  la ciudad  cierto hombre, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo est cerca; en tu casa har la pascua con mis discpulos.
Y los discpulos hicieron como Jess les mand, y aderezaron la pascua.
Y como fu la tarde del da, se sent  la mesa con los doce.
Y comiendo ellos, dijo: De cierto os digo, que uno de vosotros me ha de entregar.
Y entristecidos ellos en gran manera, comenz cada uno de ellos  decirle: Soy yo, Seor?
Entonces l respondiendo, dijo: El que mete la mano conmigo en el plato, se me ha de entregar.
A la verdad el Hijo del hombre va, como est escrito de l, mas ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! bueno le fuera al tal hombre no haber nacido.
Entonces respondiendo Judas, que le entregaba, dijo. Soy yo, Maestro? Dcele: T lo has dicho.<CM>
Y comiendo ellos, tom Jess el pan, y bendijo, y lo parti, y di  sus discpulos, y dijo: Tomad, comed. esto es mi cuerpo.
Y tomando el vaso, y hechas gracias, les di, diciendo: Bebed de l todos;
Porque esto es mi sangre del nuevo pacto, la cual es derramada por muchos para remisin de los pecados.
Y os digo, que desde ahora no beber ms de este fruto de la vid, hasta aquel da, cuando lo tengo de beber nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.
Y habiendo cantado el himno, salieron al monte de las Olivas.<CM>
Entonces Jess les dice: Todos vosotros seris escandalizados en m esta noche; porque escrito est: Herir al Pastor, y las ovejas de la manada sern dispersas.
Mas despus que haya resucitado, ir delante de vosotros  Galilea.
Y respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos sean escandalizados en ti, yo nunca ser escandalizado.
Jess le dice: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negars tres veces.
Dcele Pedro. Aunque me sea menester morir contigo, no te negar. Y todos los discpulos dijeron lo mismo.<CM>
Entonces lleg Jess con ellos  la aldea que se llama Gethseman, y dice  sus discpulos: Sentaos aqu, hasta que vaya all y ore.
Y tomando  Pedro, y  los dos hijos de Zebedeo, comenz  entristecerse y  angustiarse en gran manera.
Entonces Jess les dice: Mi alma est muy triste hasta la muerte; quedaos aqu, y velad conmigo.
Y yndose un poco ms adelante, se postr sobre su rostro, orando, y diciendo: Padre mo, si es posible, pase de m este vaso; empero no como yo quiero, sino como t.
Y vino  sus discpulos, y los hall durmiendo, y dijo  Pedro: As no habis podido velar conmigo una hora?
Velad y orad, para que no entris en tentacin: el espritu  la verdad est presto, mas la carne enferma.
Otra vez fu, segunda vez, y or diciendo. Padre mo, si no puede este vaso pasar de m sin que yo lo beba, hgase tu voluntad.
Y vino, y los hall otra vez durmiendo; porque los ojos de ellos estaban agravados.
Y dejndolos fuse de nuevo, y or tercera vez, diciendo las mismas palabras.
Entonces vino  sus discpulos y dceles: Dormid ya, y descansad: he aqu ha llegado la hora, y el Hijo del hombre es entregado en manos de pecadores.
Levantaos, vamos: he aqu ha llegado el que me ha entregado.<CM>
Y hablando an l, he aqu Judas, uno de los doce, vino, y con l mucha gente con espadas y con palos, de parte de los prncipes de los sacerdotes, y de los ancianos del pueblo.
Y el que le entregaba les haba dado seal, diciendo: Al que yo besare, aqul es: prendedle.
Y luego que lleg  Jess, dijo: Salve, Maestro. Y le bes.
Y Jess le dijo: Amigo,  qu vienes? Entonces llegaron, y echaron mano  Jess, y le prendieron.
Y he aqu, uno de los que estaban con Jess, extendiendo la mano, sac su espada,  hiriendo  un siervo del pontfice, le quit la oreja.
Entonces Jess le dice: Vuelve tu espada  su lugar; porque todos los que tomaren espada,  espada perecern.
Acaso piensas que no puedo ahora orar  mi Padre, y l me dara ms de doce legiones de ngeles?
Cmo, pues, se cumpliran las Escrituras, que as conviene que sea hecho?
En aquella hora dijo Jess  las gentes: Como  ladrn habis salido con espadas y con palos  prenderme? Cada da me sentaba con vosotros enseando en el templo, y no me prendisteis.
Mas todo esto se hace, para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discpulos huyeron, dejndole.<CM>
Y ellos, prendido Jess, le llevaron  Caifs pontfice, donde los escribas y los ancianos estaban juntos.
Mas Pedro le segua de lejos hasta el patio del pontfice; y entrando dentro, estbase sentado con los criados, para ver el fin.
Y los prncipes de los sacerdotes, y los ancianos, y todo el consejo, buscaban falso testimonio contra Jess, para entregale  la muerte;
Y no lo hallaron, aunque muchos testigos falsos se llegaban; mas  la postre vinieron dos testigos falsos,
Que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres das reedificarlo.
Y levantndose el pontfice, le dijo: No respondes nada? qu testifican stos contra ti?
Mas Jess callaba. Respondiendo el pontfice, le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres t el Cristo, Hijo de Dios.
Jess le dijo: T lo has dicho: y aun os digo, que desde ahora habis de ver al Hijo de los hombres sentado  la diestra de la potencia de Dios, y que viene en las nubes del cielo.
Entonces el pontfice rasg sus vestidos, diciendo: Blasfemado ha: qu ms necesidad tenemos de testigos? He aqu, ahora habis odo su blasfemia.
Qu os parece? Y respondiendo ellos, dijeron: Culpado es de muerte.
Entonces le escupieron en el rostro, y le dieron de bofetadas; y otros le heran con mojicones,
Diciendo: Profetzanos t, Cristo, quin es el que te ha herido.<CM>
Y Pedro estaba sentado fuera en el patio: y se lleg  l una criada, diciendo: Y t con Jess el Galileo estabas.
Mas l neg delante de todos, diciendo: No s lo que dices.
Y saliendo l  la puerta, le vi otra, y dijo  los que estaban all: Tambin ste estaba con Jess Nazareno.
Y nego otra vez con juramento: No conozco al hombre.
Y un poco despus llegaron los que estaban por all, y dijeron  Pedro: Verdaderamente tambin t eres de ellos, porque aun tu habla te hace manifiesto.
Entonces comienz  hacer imprecaciones, y  jurar, diciendo: No conozco al hombre. Y el gallo cant luego.
Y se acord Pedro de las palabras de Jess, que le dijo: Antes que cante el gallo, me negars tres veces. Y salindose fuera, llor amargamente.<CM>
Y VENIDA la maana, entraron en consejo todos los prncipes de los sacerdotes, y los ancianos del pueblo, contra Jess, para entregarle  muerte.
Y le llevaron atado, y le entregaron  Poncio Pilato presidente.
Entonces Judas, el que le haba entregado, viendo que era condenado, volvi arrepentido las treinta piezas de plata  los prncipes de los sacerdotes y  los ancianos,
Diciendo: Yo he pecado entregando la sangre inocente. Mas ellos dijeron: Qu se nos da  nosotros? Viras lo t.
Y arrojando las piezas de plata en el templo, partise; y fu, y se ahorc.
Y los prncipes de los sacerdotes, tomando las piezas de plata, dijeron: No es lcito echarlas en el tesoro de los dones, porque es precio de sangre.
Mas habido consejo, compraron con ellas el campo del alfarero, por sepultura para los extranjeros.
Por lo cual fu llamado aquel campo, Campo de sangre, hasta el da de hoy.
Entonces se cumpli lo que fu dicho por el profeta Jeremas, que dijo: Y tomaron las treinta piezas de plata, precio del apreciado, que fu apreciado por los hijos de Israel;
Y las dieron para el campo del alfarero, como me orden el Seor.<CM>
Y Jess estuvo delante del presidente; y el presidente le pregunt, diciendo: Eres t el Rey de los judos? Y Jess le dijo: T lo dices.
Y siendo acusado por los prncipes de los sacerdotes, y por los ancianos, nada respondi.
Pilato entonces le dice: No oyes cuntas cosas testifican contra t?
Y no le respondi ni una palabra; de tal manera que el presidente se maravillaba mucho,
Y en el da de la fiesta acostumbraba el presidente soltar al pueblo un preso, cual quisiesen.
Y tenan entonces un preso famoso que se llamaba Barrabs.
Y juntos ellos, les dijo Pilato; Cul queris que os suelte?  Barrabs   Jess que se dice el Cristo?
Porque saba que por envidia le haban entregado.
Y estando l sentado en el tribunal, su mujer envi  l, diciendo: No tengas que ver con aquel justo; porque hoy he padecido muchas cosas en sueos por causa de l.
Mas los prncipes de los sacerdotes y los ancianos, persuadieron al pueblo que pidiese  Barrabs, y  Jess matase.
Y respondiendo el presidente les dijo: Cul de los dos queris que os suelte? Y ellos dijeron:  Barrabs.
Pilato les dijo: Qu pues har de Jess que se dice el Cristo? Dcenle todos: Sea crucificado.
Y el presidente les dijo: Pues qu mal ha hecho? Mas ellos gritaban ms, diciendo: Sea crucificado.
Y viendo Pilato que nada adelantaba, antes se haca ms alboroto, tomando agua se lav las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo veris lo vosotros.
Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos.<CM>
Entonces les solt  Barrabs: y habiendo azotado  Jess, le entreg para ser crucificado.
Entonces los soldados del presidente llevaron  Jess al pretorio, y juntaron  l toda la cuadrilla;
Y desnudndole, le echaron encima un manto de grana;
Y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caa en su mano derecha;  hincando la rodilla delante de l, le burlaban, diciendo: Salve, Rey de los Judos!
Y escupiendo en l, tomaron la caa, y le heran en la cabeza.
Y despus que le hubieron escarnecido, le desnudaron el manto, y le vistieron de sus vestidos, y le llevaron para crucificarle.
Y saliendo, hallaron  un Cireneo, que se llamaba Simn:  ste cargaron para que llevase su cruz.<CM>
Y como llegaron al lugar que se llamaba Glgotha, que es dicho, El lugar de la calavera,
Le dieron  beber vinagre mezclado con hiel: y gustando, no quiso beber lo
Y despus que le hubieron crucificado, repartieron sus vestidos, echando suertes: para que se cumpliese lo que fu dicho por el profeta: Se repartieron mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes.
Y sentados le guardaban all.
Y pusieron sobre su cabeza su causa escrita: ESTE ES JESUS EL REY DE LOS JUDIOS.
Entonces crucificaron con l dos ladrones, uno  la derecha, y otro  la izquierda.
Y los que pasaban, le decan injurias, meneando sus cabezas,
Y diciendo: T, el que derribas el templo, y en tres das lo reedificas, slvate  ti mismo: si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz.
De esta manera tambin los prncipes de los sacerdotes, escarneciendo con los escribas y los Fariseos y los ancianos, decan:
 otros salv,  s mismo no puede salvar: si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en l.
Confi en Dios: lbrele ahora si le quiere: porque ha dicho: Soy Hijo de Dios.
Lo mismo tambin le zaheran los ladrones que estaban crucificados con l.
Y desde la hora de sexta fueron tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona.
Y cerca de la hora de nona, Jess exclam con grande voz, diciendo: Eli, Eli, lama sabachtani? Esto es: Dios mo, Dios mo, por qu me has desamparado?
Y algunos de los que estaban all, oyndolo, decan: A Elas llama ste.
Y luego, corriendo uno de ellos, tom una esponja, y la hinchi de vinagre, y ponindola en una caa, dbale de beber.
Y los otros decan: Deja, veamos si viene Elas  librarle.<CM>
Mas Jess, habiendo otra vez exclamado con grande voz, di el espritu.
Y he aqu, el velo del templo se rompi en dos, de alto  bajo: y la tierra tembl, y las piedras se hendieron;
Y abrironse los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que haban dormido, se levantaron;
Y salidos de los sepulcros, despus de su resurreccin, vinieron  la santa ciudad, y aparecieron  muchos.
Y el centurin, y los que estaban con l guardando  Jess, visto el terremoto, y las cosas que haban sido hechas, temieron en gran manera, diciendo: Verdaderamente Hijo de Dios era ste.
Y estaban all muchas mujeres mirando de lejos, las cuales haban seguido de Galilea  Jess, sirvindole:
Entre las cuales estaban Mara Magdalena, y Mara la madre de Jacobo y de Jos, y la madre de los hijos de Zebedeo.<CM>
Y como fu la tarde del da, vino un hombre rico de Arimatea, llamado Jos, el cual tambin haba sido discpulo de Jess.
Este lleg  Pilato, y pidi el cuerpo de Jess: entonces Pilato mand que se le diese el cuerpo.
Y tomando Jos el cuerpo, lo envolvi en una sbana limpia,
Y lo puso en su sepulcro nuevo, que haba labrado en la pea: y revuelta una grande piedra  la puerta del sepulcro, se fu.
Y estaban all Mara Magdalena, y la otra Mara, sentadas delante del sepulcro.
Y el siguiente da, que es despus de la preparacin, se juntaron los prncipes de los sacerdotes y los Fariseos  Pilato,
Diciendo: Seor, nos acordamos que aquel engaador dijo, viviendo an: Despus de tres das resucitar.
Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el da tercero; porque no vengan sus discpulos de noche, y le hurten, y digan al pueblo: Resucit de los muertos. Y ser el postrer error peor que el primero.
Y Pilato les dijo: Tenis una guardia: id, aseguradlo como sabis.
Y yendo ellos, aseguraron el sepulcro, sellando la piedra, con la guardia.<CM>
Y LA vspera de sbado, que amanece para el primer da de la semana, vino Mara Magdalena, y la otra Mara,  ver el sepulcro.
Y he aqu, fu hecho un gran terremoto: porque el ngel del Seor, descendiendo del cielo y llegando, haba revuelto la piedra, y estaba sentado sobre ella.
Y su aspecto era como un relmpago, y su vestido blanco como la nieve.
Y de miedo de l los guardas se asombraron, y fueron vueltos como muertos.
Y respondiendo el ngel, dijo  las mujeres: No temis vosotras; porque yo s que buscis  Jess, que fu crucificado.
No est aqu; porque ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fu puesto el Seor.
E id presto, decid  sus discpulos que ha resucitado de los muertos: y he aqu va delante de vosotros  Galilea; all le veris; he aqu, os lo he dicho.
Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo  dar las nuevas  sus discpulos. Y mientras iban  dar las nuevas  sus discpulos,
He aqu, Jess les sale al encuentro, diciendo: Salve. Y ellas se llegaron y abrazaron sus pies, y le adoraron.
Entonces Jess les dice: No temis: id, dad las nuevas  mis hermanos, para que vayan  Galilea, y all me vern.<CM>
Y yendo ellas, he aqu unos de la guardia vinieron  la ciudad, y dieron aviso  los prncipes de los sacerdotes de todas las cosas que haban acontecido.
Y juntados con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho dinero  los soldados,
Diciendo: Decid: Sus discpulos vinieron de noche, y le hurtaron, durmiendo nosotros.
Y si esto fuere odo del presidente, nosotros le persuadiremos, y os haremos seguros.
Y ellos, tomando el dinero, hicieron como estaban instrudos: y este dicho fu divulgado entre los Judos hasta el da de hoy.<CM>
Mas los once discpulos se fueron  Galilea, al monte donde Jess les haba ordenado.
Y como le vieron, le adoraron: mas algunos dudaban.
Y llegando Jess, les habl, diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.
Por tanto, id, y doctrinad  todos los Gentiles, bautizndolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espritu Santo:
Ensendoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y he aqu, yo estoy con vosotros todos los das, hasta el fin del mundo. Amn.<CM>
PRINCIPIO del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.
Como est escrito en Isaas el profeta: He aqu yo envo  mi mensajero delante de tu faz, Que apareje tu camino delante de ti.
Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Seor; Enderezad sus veredas.
Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo del arrepentimiento para remisin de pecados.
Y sala  l toda la provincia de Judea, y los de Jerusalem; y eran todos, bautizados por l en el ro de Jordn, confesando sus pecados.
Y Juan andaba vestido de pelos de camello, y con un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y coma langostas y miel silvestre.
Y predicaba, diciendo: Viene tras m el que es ms poderoso que yo, al cual no soy digno de desatar encorvado la correa de sus zapatos.
Yo  la verdad os he bautizado con agua; mas l os bautizar con Espritu Santo.<CM>
Y aconteci en aquellos das, que Jess vino de Nazaret de Galilea, y fu bautizado por Juan en el Jordn.
Y luego, subiendo del agua, vi abrirse los cielos, y al Espritu como paloma, que descenda sobre l.
Y hubo una voz de los cielos que deca: T eres mi Hijo amado; en ti tomo contentamiento.
Y luego el Espritu le impele al desierto.
Y estuvo all en el desierto cuarenta das, y era tentado de Satans; y estaba con las fieras; y los ngeles le servan.<CM>
Mas despus que Juan fu encarcelado, Jess vino  Galilea predicando el evangelio del reino de Dios,
Y diciendo: El tiempo es cumplido, y el reino de Dios est cerca: arrepentos, y creed al evangelio.
Y pasando junto  la mar de Galilea, vi  Simn, y  Andrs su hermano, que echaban la red en la mar; porque eran pescadores.
Y les dijo Jess: Venid en pos de m, y har que seis pescadores de hombres.
Y luego, dejadas sus redes, le siguieron.
Y pasando de all un poco ms adelante, vi  Jacobo, hijo de Zebedeo, y  Juan su hermano, tambin ellos en el navo, que aderezaban las redes.
Y luego los llam: y dejando  su padre Zebedeo en el barco con los jornaleros, fueron en pos de l.
Y entraron en Capernaum; y luego los sbados, entrando en la sinagoga, enseaba.
Y se admiraban de su doctrina; porque les enseaba como quien tiene potestad, y no como los escribas.<CM>
Y haba en la sinagoga de ellos un hombre con espritu inmundo, el cual di voces,
Diciendo: Ah! qu tienes con nosotros, Jess Nazareno? Has venido  destruirnos? S quin eres, el Santo de Dios.
Y Jess le ri, diciendo: Enmudece, y sal de l.
Y el espritu inmundo, hacindole pedazos, y clamando  gran voz, sali de l.
Y todos se maravillaron, de tal manera que inquiran entre s, diciendo: Qu es esto? Qu nueva doctrina es sta, que con potestad aun  los espritus inmundos manda, y le obedecen?
Y vino luego su fama por toda la provincia alrededor de Galilea.<CM>
Y luego saliendo de la sinagoga, vinieron  casa de Simn y de Andrs, con Jacobo y Juan.
Y la suegra de Simn estaba acostada con calentura; y le hablaron luego de ella.
Entonces llegando l, la tom de su mano y la levant; y luego la dej la calentura, y les serva.
Y cuando fu la tarde, luego que el sol se puso, traan  l todos los que tenan mal, y endemoniados;
Y toda la ciudad se junt  la puerta.
Y san  muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y ech fuera muchos demonios; y no dejaba decir  los demonios que le conocan.
Y levantndose muy de maana, aun muy de noche, sali y se fu  un lugar desierto, y all oraba.
Y le sigui Simn, y los que estaban con l;
Y hallndole, le dicen: Todos te buscan.
Y les dice: Vamos  los lugares vecinos, para que predique tambin all; porque para esto he venido.
Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios.<CM>
Y un leproso vino  l, rogndole;  hincada la rodilla, le dice: Si quieres, puedes limpiarme.
Y Jess, teniendo misericordia de l, extendi su mano, y le toc, y le dice: Quiero, s limpio.
Y as que hubo l hablado, la lepra se fu luego de aqul, y fu limpio.
Entonces le apercibi, y despidile luego,
Y le dice: Mira, no digas  nadie nada; sino ve, mustrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza lo que Moiss mand, para testimonio  ellos.
Mas l salido, comenz  publicarlo mucho, y  divulgar el hecho, de manera que ya Jess no poda entrar manifiestamente en la ciudad, sino que estaba fuera en los lugares desiertos; y venan  l de todas partes.<CM>
Y ENTRO otra vez en Capernaum despus de algunos das, y se oy que estaba en casa.
Y luego se juntaron  l muchos, que ya no caban ni aun  la puerta; y les predicaba la palabra.
Entonces vinieron  l unos trayendo un paraltico, que era trado por cuatro.
Y como no podan llegar  l  causa del gento, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo abertura, bajaron el lecho en que yaca el paraltico.
Y viendo Jess la fe de ellos, dice al paraltico: Hijo, tus pecados te son perdonados.
Y estaban all sentados algunos de los escribas, los cuales pensando en sus corazones,
Decan: Por qu habla ste as? Blasfemias dice. Quin puede perdonar pecados, sino solo Dios?
Y conociendo luego Jess en su espritu que pensaban as dentro de s mismos, les dijo: Por qu pensis estas cosas en vuestros corazones?
Qu es ms fcil, decir al paraltico: Tus pecados te son perdonados,  decirle: Levntate, y toma tu lecho y anda?
Pues para que sepis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar los pecados, (dice al paraltico):
A ti te digo: Levntate, y toma tu lecho, y vete  tu casa.
Entonces l se levant luego, y tomando su lecho, se sali delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron  Dios, diciendo: Nunca tal hemos visto.<CM>
Y volvi  salir  la mar, y toda la gente vena  l, y los enseaba.
Y pasando, vi  Lev, hijo de Alfeo, sentado al banco de los pblicos tributos, y le dice: Sgueme. Y levantndose le sigui.
Y aconteci que estando Jess  la mesa en casa de l, muchos publicanos y pecadores estaban tambin  la mesa juntamente con Jess y con sus discpulos: porque haba muchos, y le haban seguido.
Y los escribas y los Fariseos, vindole comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron  sus discpulos: Qu es esto, que l come y bebe con los publicanos y con los pecadores?
Y oyndolo Jess, les dice: Los sanos no tienen necesidad de mdico, mas los que tienen mal. No he venido  llamar  los justos, sino  los pecadores.<CM>
Y los discpulos de Juan, y de los Fariseos ayunaban; y vienen, y le dicen: Por qu los discpulos de Juan y los de los Fariseos ayunan, y tus discpulos no ayunan?
Y Jess les dice: Pueden ayunar los que estn de bodas, cuando el esposo est con ellos? Entre tanto que tienen consigo al esposo no pueden ayunar.
Mas vendrn das, cuando el esposo les ser quitado, y entonces en aquellos das ayunarn.
Nadie echa remiendo de pao recio en vestido viejo; de otra manera el mismo remiendo nuevo tira del viejo, y la rotura se hace peor.
Ni nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y se derrama el vino, y los odres se pierden; mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar.
Y aconteci que pasando l por los sembrados en sbado, sus discpulos andando comenzaron  arrancar espigas.
Entonces los Fariseos le dijeron: He aqu, por qu hacen en sbado lo que no es lcito?
Y l les dijo: Nunca lesteis qu hizo David cuando tuvo necesidad, y tuvo hambre, l y los que con l estaban:
Cmo entr en la casa de Dios, siendo Abiathar sumo pontfice, y comi los panes de la proposicin, de los cuales no es lcito comer sino  los sacerdotes, y aun di  los que con l estaban?
Tambin les dijo: El sbado por causa del hombre es hecho; no el hombre por causa del sbado.
As que el Hijo del hombre es Seor aun del sbado.<CM>
Y OTRA vez entr en la sinagoga; y haba all un hombre que tena una mano seca.
Y le acechaban si en sbado le sanara, para acusarle.
Entonces dijo al hombre que tena la mano seca: Levntate en medio.
Y les dice: Es lcito hacer bien en sbado,  hacer mal? salvar la vida,  quitarla? Mas ellos callaban.
Y mirndolos alrededor con enojo, condolecindose de la ceguedad de su corazn, dice al hombre: Extiende tu mano. Y la extendi, y su mano fu restituda sana.
Entonces saliendo los Fariseos, tomaron consejo con los Herodianos contra l, para matarle.
Mas Jess se apart  la mar con sus discpulos: y le sigui gran multitud de Galilea, y de Judea.
Y de Jerusalem, y de Idumea, y de la otra parte del Jordn. Y los de alrededor de Tiro y de Sidn, grande multitud, oyendo cun grandes cosas haca, vinieron  l.
Y dijo  sus discpulos que le estuviese siempre apercibida la barquilla, por causa del gento, para que no le oprimiesen.
Porque haba sanado  muchos; de manera que caan sobre l cuantos tenan plagas, por tocarle.
Y los espritus inmundos, al verle, se postraban delante de l, y daban voces, diciendo: T eres el Hijo de Dios.
Mas l les rea mucho que no le manifestasen.<CM>
Y subi al monte, y llam  s  los que l quiso; y vinieron  l.
Y estableci doce, para que estuviesen con l, y para enviarlos  predicar.
Y que tuviesen potestad de sanar enfermedades, y de echar fuera demonios:
A Simn, al cual puso por nombre Pedro;
Y  Jacobo, hijo de Zebedeo, y  Juan hermano de Jacobo; y les apellid Boanerges, que es, Hijos del trueno;
Y  Andrs, y  Felipe, y  Bartolom, y  Mateo, y  Tomas, y  Jacobo hijo de Alfeo, y  Tadeo, y  Simn el Cananita,
Y  Judas Iscariote, el que le entreg. Y vinieron  casa.
Y agolpse de nuevo la gente, de modo que ellos ni aun podan comer pan.
Y como lo oyeron los suyos, vinieron para prenderle: porque decan: Est fuera de s.<CM>
Y los escribas que haban venido de Jerusalem, decan que tena  Beelzebub, y que por el prncipe de los demonios echaba fuera los demonios.
Y habindolos llamado, les deca en parbolas: Cmo puede Satans echar fuera  Satans?
Y si algn reino contra s mismo fuere dividido, no puede permanecer el tal reino.
Y si alguna casa fuere dividida contra s misma, no puede permanecer la tal casa.
Y si Satans se levantare contra s mismo, y fuere dividido, no puede permanecer; antes tiene fin.
Nadie puede saquear las alhajas del valiente entrando en su casa, si antes no atare al valiente y entonces saquear su casa.
De cierto os digo que todos los pecados sern perdonados  los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera con que blasfemaren;
Mas cualquiera que blasfemare contra el Espritu Santo, no tiene jams perdn, mas est expuesto  eterno juicio.
Porque decan: Tiene espritu inmundo.<CM>
Vienen despus sus hermanos y su madre, y estando fuera, enviaron  l llamndole.
Y la gente estaba sentada alrededor de l, y le dijeron: He aqu, tu madre y tus hermanos te buscan fuera.
Y l les respondi, diciendo: Quin es mi madre y mis hermanos?
Y mirando  los que estaban sentados alrededor de l, dijo: He aqu mi madre y hermanos.
Porque cualquiera que hiciere la voluntad de Dios, ste es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.<CM>
Y OTRA vez comenz  ensear junto  la mar, y se junt  l mucha gente; tanto, que entrndose l en un barco, se sent en la mar: y toda la gente estaba en tierra junto  la mar.
Y les enseaba por parbolas muchas cosas, y les deca en su doctrina:
Oid: He aqu, el sembrador sali  sembrar.
Y aconteci sembrando, que una parte cay junto al camino; y vinieron las aves del cielo, y la tragaron.
Y otra parte cay en pedregales, donde no tena mucha tierra; y luego sali, porque no tena la tierra profunda:
Mas salido el sol, se quem; y por cuanto no tena raz, se sec.
Y otra parte cay en espinas; y subieron las espinas, y la ahogaron, y no di fruto.
Y otra parte cay en buena tierra, y di fruto, que subi y creci: y llev uno  treinta, y otro  sesenta, y otro  ciento.
Entonces les dijo: El que tiene odos para oir, oiga.
Y cuando estuvo solo, le preguntaron los que estaban cerca de l con los doce, sobre la parbola.
Y les dijo: A vosotros es dado saber el misterio del reino de Dios; mas  los que estn fuera, por parbolas todas las cosas;
Para que viendo, vean y no echen de ver; y oyendo, oigan y no entiendan: porque no se conviertan, y les sean perdonados los pecados.
Y les dijo: No sabis esta parbola? Cmo, pues, entenderis todas las parbolas?
El que siembra es el que siembra la palabra.
Y stos son los de junto al camino: en los que la palabra es sembrada: mas despus que la oyeron, luego viene Satans, y quita la palabra que fu sembrada en sus corazones.
Y asimismo stos son los que son sembrados en pedregales: los que cuando han odo la palabra, luego la toman con gozo;
Mas no tienen raz en s, antes son temporales, que en levantndose la tribulacin  la persecucin por causa de la palabra, luego se escandalizan.
Y stos son los que son sembrados entre espinas: los que oyen la palabra;
Mas los cuidados de este siglo, y el engao de las riquezas, y las codicias que hay en las otras cosas, entrando, ahogan la palabra, y se hace infructuosa.
Y stos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra, y la reciben, y hacen fruto, uno  treinta, otro  sesenta, y otro  ciento.<CM>
Tambin les dijo: Trese la antorcha para ser puesta debajo del almud,  debajo de la cama? No es para ser puesta en el candelero?
Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado, ni secreto que no haya de descubrirse.
Si alguno tiene odos para oir, oiga.
Les dijo tambin: Mirad lo que os: con la medida que meds, os medirn otros, y ser aadido  vosotros los que os.
Porque al que tiene, le ser dado; y al que no tiene, aun lo que tiene le ser quitado.
Deca ms: As es el reino de Dios, como si un hombre echa simiente en la tierra;
Y duerme, y se levanta de noche y de da, y la simiente brota y crece como l no sabe.
Porque de suyo fructifica la tierra, primero hierba, luego espiga, despus grano lleno en la espiga;
Y cuando el fruto fuere producido, luego se mete la hoz, porque la siega es llegada.
Y deca: A qu haremos semejante el reino de Dios?  con qu parbola le compararemos?
Es como el grano de mostaza, que, cuando se siembra en tierra, es la ms pequea de todas las simientes que hay en la tierra;
Mas despus de sembrado, sube, y se hace la mayor de todas las legumbres, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo puedan morar bajo su sombra.
Y con muchas tales parbolas les hablaba la palabra, conforme  lo que podan oir.
Y sin parbola no les hablaba; mas  sus discpulos en particular declaraba todo.<CM>
Y les dijo aquel da cuando fu tarde: Pasemos de la otra parte.
Y despachando la multitud, le tomaron como estaba, en el barco; y haba tambin con l otros barquitos.
Y se levant una grande tempestad de viento, y echaba las olas en el barco, de tal manera que ya se hencha.
Y l estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal, y le despertaron, y le dicen: Maestro, no tienes cuidado que perecemos?
Y levantndose, increp al viento, y dijo  la mar: Calla, enmudece. Y ces el viento, y fu hecha grande bonanza.
Y  ellos dijo: Por qu estis as amedrentados? Cmo no tenis fe?
Y temieron con gran temor, y decan el uno al otro. Quin es ste, que aun el viento y la mar le obedecen?<CM>
Y VINIERON de la otra parte de la mar  la provincia de los Gadarenos.
Y salido l del barco, luego le sali al encuentro, de los sepulcros, un hombre con un espritu inmundo,
Que tena domicilio en los sepulcros, y ni aun con cadenas le poda alguien atar;
Porque muchas veces haba sido atado con grillos y cadenas, mas las cadenas haban sido hechas pedazos por l, y los grillos desmenuzados; y nadie le poda domar.
Y siempre, de da y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros,  hirindose con las piedras.
Y como vi  Jess de lejos, corri, y le ador.
Y clamando  gran voz, dijo: Qu tienes conmigo, Jess, Hijo del Dios Altsimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes.
Porque le deca: Sal de este hombre, espritu inmundo.
Y le pregunt: Cmo te llamas? Y respondi diciendo: Legin me llamo; porque somos muchos.
Y le rogaba mucho que no le enviase fuera de aquella provincia.
Y estaba all cerca del monte una grande manada de puercos paciendo.
Y le rogaron todos los demonios, diciendo: Envanos  los puercos para que entremos en ellos.
Y luego Jess se lo permiti. Y saliendo aquellos espritus inmundos, entraron en los puercos, y la manada cay por un despeadero en la mar; los cuales eran como dos mil; y en la mar se ahogaron.
Y los que apacentaban los puercos huyeron, y dieron aviso en la ciudad y en los campos. Y salieron para ver qu era aquello que haba acontecido.
Y vienen  Jess, y ven al que haba sido atormentado del demonio, y que haba tenido la legin, sentado y vestido, y en su juicio cabal; y tuvieron miedo.
Y les contaron los que lo haban visto, cmo haba acontecido al que haba tenido el demonio, y lo de los puercos.
Y comenzaron  rogarle que se fuese de los trminos de ellos.
Y entrando l en el barco, le rogaba el que haba sido fatigado del demonio, para estar con l.
Mas Jess no le permiti, sino le dijo: Vete  tu casa,  los tuyos, y cuntales cun grandes cosas el Seor ha hecho contigo, y cmo ha tenido misericordia de ti.
Y se fu, y comenz  publicar en Decpolis cuan grandes cosas Jess haba hecho con l: y todos se maravillaban.<CM>
Y pasando otra vez Jess en un barco  la otra parte, se junt  l gran compaa; y estaba junto  la mar.
Y vino uno de los prncipes de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vi, se postr  sus pies,
Y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija est  la muerte: ven y pondrs las manos sobre ella para que sea salva, y vivir.
Y fu con l, y le segua gran compaa, y le apretaban.
Y una mujer que estaba con flujo de sangre doce aos haca,
Y haba sufrido mucho de muchos mdicos, y haba gastado todo lo que tena, y nada haba aprovechado, antes le iba peor,
Como oy hablar de Jess, lleg por detrs entre la compaa, y toc su vestido.
Porque deca: Si tocare tan solamente su vestido, ser salva.
Y luego la fuente de su sangre se sec; y sinti en el cuerpo que estaba sana de aquel azote.
Y luego Jess, conociendo en s mismo la virtud que haba salido de l, volvindose  la compaa, dijo: Quin ha tocado mis vestidos?
Y le dijeron sus discpulos: Ves que la multitud te aprieta, y dices: Quin me ha tocado?
Y l miraba alrededor para ver  la que haba hecho esto.
Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en s haba sido hecho, vino y se postr delante de l, y le dijo toda la verdad.
Y l le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva: ve en paz, y queda sana de tu azote.<CM>
Hablando an l, vinieron de casa del prncipe de la sinagoga, diciendo: Tu hija es muerta; para qu fatigas ms al Maestro?
Mas luego Jess, oyendo esta razn que se deca, dijo al prncipe de la sinagoga: No temas, cree solamente.
Y no permiti que alguno viniese tras l sino Pedro, y Jacobo, y Juan hermano de Jacobo.
Y vino  casa del prncipe de la sinagoga, y vi el alboroto, los que lloraban y geman mucho.
Y entrando, les dice: Por qu alborotis y lloris? La muchacha no es muerta, mas duerme.
Y hacan burla de l: mas l, echados fuera todos, toma al padre y  la madre de la muchacha, y  los que estaban con l, y entra donde la muchacha estaba.
Y tomando la mano de la muchacha, le dice: Talitha cumi; que es, si lo interpretares: Muchacha,  ti digo, levntate.
Y luego la muchacha se levant, y andaba; porque tena doce aos. Y se espantaron de grande espanto.
Mas l les mand mucho que nadie lo supiese, y dijo que le diesen de comer.<CM>
Y SALIO de all, y vino  su tierra, y le siguieron sus discpulos.
Y llegado el sbado, comenz  ensear en la sinagoga; y muchos oyndole, estaban atnitos, diciendo: De dnde tiene ste estas cosas? Y qu sabidura es sta que le es dada, y tales maravillas que por sus manos son hechas?
No es ste el carpintero, hijo de Mara, hermano de Jacobo, y de Jos, y de Judas, y de Simn? No estn tambin aqu con nosotros, sus hermanas? Y se escandalizaban en l.
Mas Jess les deca: No hay profeta deshonrado sino en su tierra, y entre sus parientes, y en su casa.
Y no pudo hacer all alguna maravilla; solamente san unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos.
Y estaba maravillado de la incredulidad de ellos. Y rodeaba las aldeas de alrededor, enseando.<CM>
Y llam  los doce, y comenz  enviarlos de dos en dos: y les di potestad sobre los espritus inmundos.
Y les mand que no llevasen nada para el camino, sino solamente bculo; no alforja, ni pan, ni dinero en la bolsa;
Mas que calzasen sandalias, y no vistiesen dos tnicas.
Y les deca: Donde quiera que entris en una casa, posad en ella hasta que salgis de all.
Y todos aquellos que no os recibieren ni os oyeren, saliendo de all, sacudid el polvo que est debajo de vuestros pies, en testimonio  ellos. De cierto os digo que ms tolerable ser el castigo de los de Sodoma y Gomorra el da del juicio, que el de aquella ciudad.
Y saliendo, predicaban que los hombres se arrepintiesen.
Y echaban fuera muchos demonios, y ungan con aceite  muchos enfermos, y sanaban.<CM>
Y oy el rey Herodes la fama de Jess, porque su nombre se haba hecho notorio; y dijo: Juan el que bautizaba, ha resucitado de los muertos, y por tanto, virtudes obran en l.
Otros decan: Elas es. Y otros decan: Profeta es,  alguno de los profetas.
Y oyndo lo Herodes, dijo: Este es Juan el que yo degoll: l ha resucitado de los muertos.
Porque el mismo Herodes haba enviado, y prendido  Juan, y le haba aprisionado en la crcel  causa de Herodas, mujer de Felipe su hermano; pues la haba tomado por mujer.
Porque Juan deca  Herodes: No te es lcito tener la mujer de tu hermano.
Mas Herodas le acechaba, y deseaba matarle, y no poda:
Porque Herodes tema  Juan, sabiendo que era varn justo y santo, y le tena respeto: y oyndole, haca muchas cosas; y le oa de buena gana.
Y venido un da oportuno, en que Herodes, en la fiesta de su nacimiento, daba una cena  sus prncipes y tribunos, y  los principales de Galilea;
Y entrando la hija de Herodas, y danzando, y agradando  Herodes y  los que estaban con l  la mesa, el rey dijo  la muchacha: Pdeme lo que quisieres, que yo te lo dar.
Y le jur: Todo lo que me pidieres te dar, hasta la mitad de mi reino.
Y saliendo ella, dijo  su madre: Qu pedir? Y ella dijo: La cabeza de Juan Bautista.
Entonces ella entr prestamente al rey, y pidi, diciendo: Quiero que ahora mismo me des en un plato la cabeza de Juan Bautista.
Y el rey se entristeci mucho; mas  causa del juramento, y de los que estaban con l  la mesa, no quiso desecharla.
Y luego el rey, enviando uno de la guardia, mand que fuese trada su cabeza;
El cual fu, y le degoll en la crcel, y traj su cabeza en un plato, y la di  la muchacha, y la muchacha la di  su madre.
Y oyndo lo sus discpulos, vinieron y tomaron su cuerpo, y le pusieron en un sepulcro.<CM>
Y los apstoles se juntaron con Jess, y le contaron todo lo que haban hecho, y lo que haban enseado.
Y l les dijo: Venid vosotros aparte al lugar desierto, y reposad un poco. Porque eran muchos los que iban y venan, que ni aun tenan lugar de comer.
Y se fueron en un barco al lugar desierto aparte.
Y los vieron ir muchos, y le conocieron; y concurrieron all muchos  pie de las ciudades, y llegaron antes que ellos, y se juntaron  l.
Y saliendo Jess vi grande multitud, y tuvo compasin de ellos, porque eran como ovejas que no tenan pastor; y les comenz  ensear muchas cosas.
Y como ya fuese el da muy entrado, sus discpulos llegaron  l, diciendo: El lugar es desierto, y el da ya muy entrado;
Envalos para que vayan  los cortijos y aldeas de alrededor, y compren para s pan; porque no tienen qu comer.
Y respondiendo l, les dijo: Dadles de comer vosotros. Y le dijeron: Que vayamos y compremos pan por doscientos denarios, y les demos de comer?
Y l les dice: Cuntos panes tenis? Id, y vedlo. Y sabindolo, dijeron: Cinco, y dos peces.
Y les mand que hiciesen recostar  todos por partidas sobre la hierba verde.
Y se recostaron por partidas, de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta.
Y tomados los cinco panes y los dos peces, mirando al cielo, bendijo, y parti los panes, y di  sus discpulos para que los pusiesen delante: y reparti  todos los dos peces.
Y comieron todos, y se hartaron.
Y alzaron de los pedazos doce cofines llenos, y de los peces.
Y los que comieron eran cinco mil hombres.<CM>
Y luego di priesa  sus discpulos  subir en el barco,  ir delante de l  Bethsaida de la otra parte, entre tanto que l despeda la multitud.
Y despus que los hubo despedido, se fu al monte  orar.
Y como fu la tarde, el barco estaba en medio de la mar, y l solo en tierra.
Y los vi fatigados bogando, porque el viento les era contrario: y cerca de la cuarta vigilia de la noche, vino  ellos andando sobre la mar, y quera precederlos.
Y vindole ellos, que andaba sobre la mar, pensaron que era fantasma, y dieron voces;
Porque todos le vean, y se turbaron. Mas luego habl con ellos, y les dijo: Alentaos; yo soy, no temis.
Y subi  ellos en el barco, y calm el viento: y ellos en gran manera estaban fuera de s, y se maravillaban:
Porque aun no haban considerado lo de los panes, por cuanto estaban ofuscados sus corazones.
Y cuando estuvieron de la otra parte, vinieron  tierra de Genezaret, y tomaron puerto.
Y saliendo ellos del barco, luego le conocieron.
Y recorriendo toda la tierra de alrededor, comenzaron  traer de todas partes enfermos en lechos,  donde oan que estaba.
Y donde quiera que entraba, en aldeas,  ciudades,  heredades, ponan en las calles  los que estaban enfermos, y le rogaban que tocasen siquiera el borde de su vestido; y todos los que le tocaban quedaban sanos.<CM>
Y SE juntaron  l los Fariseos, y algunos de los escribas, que haban venido de Jerusalem;
Los cuales, viendo  algunos de sus discpulos comer pan con manos comunes, es  saber, no lavadas, los condenaban.
(Porque los Fariseos y todos los Judos, teniendo la tradicin de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen.
Y volviendo de la plaza, si no se lavaren, no comen. Y otras muchas cosas hay, que tomaron para guardar, como las lavaduras de los vasos de beber, y de los jarros, y de los vasos de metal, y de los lechos.)
Y le preguntaron los Fariseos y los escribas: Por qu tus discpulos no andan conforme  la tradicin de los ancianos, sino que comen pan con manos comunes?
Y respondiendo l, les dijo: Hipcritas, bien profetiz de vosotros Isaas, como est escrito: Este pueblo con los labios me honra, Mas su corazn lejos est de m.
Y en vano me honra, Enseando como doctrinas mandamientos de hombres.
Porque dejando el mandamiento de Dios, tenis la tradicin de los hombres; las lavaduras de los jarros y de los vasos de beber: y hacis otras muchas cosas semejantes.
Les deca tambin: Bien invalidis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradicin.
Porque Moiss dijo: Honra  tu padre y  tu madre, y: El que maldijera al padre   la madre, morir de muerte.
Y vosotros decs: Basta si dijere un hombre al padre   la madre: Es Corbn (quiere decir, don mo  Dios) todo aquello con que pudiera valerte;
Y no le dejis hacer ms por su padre  por su madre,
Invalidando la palabra de Dios con vuestra tradicin que disteis: y muchas cosas hacis semejantes  stas.
Y llamando  toda la multitud, les dijo: Oidme todos, y entended:
Nada hay fuera del hombre que entre en l, que le pueda contaminar: mas lo que sale de l, aquello es lo que contamina al hombre.
Si alguno tiene odos para oir, oiga.
Y apartado de la multitud, habiendo entrado en casa, le preguntaron sus discpulos sobra la parbola.
Y djoles: Tambin vosotros estis as sin entendimiento? No entendis que todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar;
Porque no entra en su corazn, sino en el vientre, y sale  la secreta? Esto deca, haciendo limpias todas las viandas.
Mas deca, que lo que del hombre sale, aquello contamina al hombre.
Porque de dentro, del corazn de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios,
Los hurtos, las avaricias, las maldades, el engao, las desvergenzas, el ojo maligno, las injurias, la soberbia, la insensatez.
Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.<CM>
Y levantndose de all, se fu  los trminos de Tiro y de Sidn; y entrando en casa, quiso que nadie lo supiese; mas no pudo esconderse.
Porque una mujer, cuya hija tena un espritu inmundo, luego que oy de l, vino y se ech  sus pies.
Y la mujer era Griega, Sirofenisa de nacin; y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio.
Ms Jess le dijo: Deja primero hartarse los hijos, porque no es bien tomar el pan de los hijos y echarlo  los perrillos.
Y respondi ella, y le dijo: S, Seor; pero aun los perrillos debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos.
Entonces le dice: Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija.
Y como fu  su casa, hall que el demonio haba salido, y  la hija echada sobre la cama.<CM>
Y volviendo  salir de los trminos de Tiro, vino por Sidn  la mar de Galilea, por mitad de los trminos de Decpolis.
Y le traen un sordo y tartamudo, y le ruegan que le ponga la mano encima.
Y tomndole aparte de la gente, meti sus dedos en las orejas de l, y escupiendo, toc su lengua;
Y mirando al cielo, gimi, y le dijo: Ephphatha: que es decir: S abierto.
Y luego fueron abiertos sus odos, y fu desatada la ligadura de su lengua, y hablaba bien.
Y les mand que no lo dijesen  nadie; pero cuanto ms les mandaba, tanto ms y ms lo divulgaban.
Y en gran manera se maravillaban, diciendo: Bien lo ha hecho todo: hace  los sordos oir, y  los mudos hablar.<CM>
EN aquellos das, como hubo gran gento, y no tenan qu comer, Jess llam  sus discpulos, y les dijo:
Tengo compasin de la multitud, porque ya hace tres das que estn conmigo, y no tienen qu comer:
Y si los enviare en ayunas  sus casas, desmayarn en el camino; porque algunos de ellos han venido de lejos.
Y sus discpulos le respondieron: De dnde podr alguien hartar  estos de pan aqu en el desierto?
Y les pregunto: Cuntos panes tenis? Y ellos dijeron: Siete.
Entonces mand  la multitud que se recostase en tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, parti, y di  sus discpulos que los pusiesen delante: y los pusieron delante  la multitud.
Tenan tambin unos pocos pececillos: y los bendijo, y mand que tambin los pusiesen delante.
Y comieron, y se hartaron: y levantaron de los pedazos que haban sobrado, siete espuertas.
Y eran los que comieron, como cuatro mil: y los despidi.<CM>
Y luego entrando en el barco con sus discpulos, vino  las partes de Dalmanutha.
Y vinieron los Fariseos, y comenzaron  altercar con l, pidindole seal del cielo, tentndole.
Y gimiendo en su espritu, dice: Por qu pide seal esta generacin? De cierto os digo que no se dar seal  esta generacin.
Y dejndolos, volvi  entrar en el barco, y se fu de la otra parte.
Y se haban olvidado de tomar pan, y no tenan sino un pan consigo en el barco.
Y les mand, diciendo: Mirad, guardaos de la levadura de los Fariseos, y de la levadura de Herodes.
Y altercaban los unos con los otros diciendo: Pan no tenemos.
Y como Jess lo entendi, les dice: Qu altercis, porque no tenis pan? no consideris ni entendis? aun tenis endurecido vuestro corazn?
Teniendo ojos no veis, y teniendo odos no os? y no os acordis?
Cuando part los cinco panes entre cinco mil, cuntas espuertas llenas de los pedazos alzasteis? Y ellos dijeron: Doce.
Y cuando los siete panes entre cuatro mil, cuntas espuertas llenas de los pedazos alzasteis? Y ellos dijeron: Siete.
Y les dijo: Cmo an no entendis?<CM>
Y vino  Bethsaida; y le traen un ciego, y le ruegan que le tocase.
Entonces, tomando la mano del ciego, le sac fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, y ponindole las manos encima, le pregunt si vea algo.
Y l mirando, dijo: Veo los hombres, pues veo que andan como rboles.
Luego le puso otra vez las manos sobre sus ojos, y le hizo que mirase; y fu restablecido, y vi de lejos y claramente  todos.
Y envile  su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas  nadie en la aldea.<CM>
Y sali Jess y sus discpulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino pregunt  sus discpulos, dicindoles: Quin dicen los hombres que soy yo?
Y ellos respondieron: Juan Bautista; y otros, Elas; y otros, Alguno de los profetas.
Entonces l les dice: Y vosotros, quin decs que soy yo? Y respondiendo Pedro, le dice: T eres el Cristo.
Y les apercibi que no hablasen de l  ninguno.
Y comenz  ensearles, que convena que el Hijo del hombre padeciese mucho, y ser reprobado de los ancianos, y de los prncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y ser muerto, y resucitar despus de tres das.
Y claramente deca esta palabra. Entonces Pedro le tom, y le comenz  reprender.
Y l, volvindose y mirando  sus discpulos, ri  Pedro, diciendo: Aprtate de m, Satans; porque no sabes las cosas que son de Dios, sino las que son de los hombres.
Y llamando  la gente con sus discpulos, les dijo: Cualquiera que quisiere venir en pos de m, niguese  s mismo, y tome su cruz, y sgame.
Porque el que quisiere salvar su vida, la perder; y el que perdiere su vida por causa de m y del evangelio, la salvar.
Porque qu aprovechar al hombre, si granjeare todo el mundo, y pierde su alma?
O qu recompensa dar el hombre por su alma?
Porque el que se avergonzare de m y de mis palabras en esta generacin adulterina y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzar tambin de l, cuando vendr en la gloria de su Padre con los santos ngeles.<CM>
TAMBIN les dijo: De cierto os digo que hay algunos de los que estn aqu, que no gustarn la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios que viene con potencia.
Y seis das despus tom Jess  Pedro, y  Jacobo, y  Juan, y los sac aparte solos  un monte alto; y fu transfigurado delante de ellos.
Y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve; tanto que ningn lavador en la tierra los puede hacer tan blancos.
Y les apareci Elas con Moiss, que hablaban con Jess.
Entonces respondiendo Pedro, dice  Jess: Maestro, bien ser que nos quedemos aqu, y hagamos tres pabellones: para ti uno, y para Moiss otro, y para Elas otro;
Porque no saba lo que hablaba; que estaban espantados.
Y vino una nube que les hizo sombra, y una voz de la nube, que deca: Este es mi Hijo amado:  l od.
Y luego, como miraron, no vieron ms  nadie consigo, sino  Jess solo.
Y descendiendo ellos del monte, les mand que  nadie dijesen lo que haban visto, sino cuando el Hijo del hombre hubiese resucitado de los muertos.
Y retuvieron la palabra en s, altercando qu sera aqullo: Resucitar de los muertos.
Y le preguntaron, diciendo: Qu es lo que los escribas dicen, que es necesario que Elas venga antes?
Y respondiendo l, les dijo: Elas  la verdad, viniendo antes, restituir todas las cosas: y como est escrito del Hijo del hombre, que padezca mucho y sea tenido en nada.
Empero os digo que Elas ya vino, y le hicieron todo lo que quisieron, como est escrito de l.<CM>
Y como vino  los discpulos, vi grande compaa alrededor de ellos, y escribas que disputaban con ellos.
Y luego toda la gente, vindole, se espant, y corriendo  l, le saludaron.
Y preguntles: Qu disputis con ellos?
Y respondiendo uno de la compaa, dijo: Maestro, traje  ti mi hijo, que tiene un espritu mudo,
El cual, donde quiera que le toma, le despedaza; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando: y dije  tus discpulos que le echasen fuera, y no pudieron.
Y respondiendo l, les dijo: Oh generacin infiel! hasta cundo estar con vosotros? hasta cundo os tengo de sufrir? Tradmele.
Y se le trajeron: y como le vi, luego el espritu le desgarraba; y cayendo en tierra, se revolcaba, echando espumarajos.
Y Jess pregunt  su padre: Cunto tiempo h que le aconteci esto? Y l dijo: Desde nio:
Y muchas veces le echa en el fuego y en aguas, para matarle; mas, si puedes algo, aydanos, teniendo misericordia de nosotros.
Y Jess le dijo: Si puedes creer, al que cree todo es posible.
Y luego el padre del muchacho dijo clamando: Creo, ayuda mi incredulidad.
Y como Jess vi que la multitud se agolpaba, reprendi al espritu inmundo, dicindole: Espritu mudo y sordo, yo te mando, sal de l, y no entres ms en l.
Entonces el espritu clamando y desgarrndole mucho, sali; y l qued como muerto, de modo que muchos decan: Est muerto.
Mas Jess tomndole de la mano, enderezle; y se levant.
Y como l entr en casa, sus discpulos le preguntaron aparte: Por qu nosotros no pudimos echarle fuera?
Y les dijo: Este gnero con nada puede salir, sino con oracin y ayuno.<CM>
Y habiendo salido de all, caminaron por Galilea; y no quera que nadie lo supiese.
Porque enseaba  sus discpulos, y les deca: El Hijo del hombre ser entregado en manos de hombres, y le matarn; mas muerto l, resucitar al tercer da.
Pero ellos no entendan esta palabra, y tenan miedo de preguntarle.
Y lleg  Capernaum; y as que estuvo en casa, les pregunt: Qu disputabais entre vosotros en el camino?
Mas ellos callaron; porque los unos con los otros haban disputado en el camino quin haba de ser el mayor.
Entonces sentndose, llam  los doce, y les dice: Si alguno quiere ser el primero, ser el postrero de todos, y el servidor de todos.
Y tomando un nio, psolo en medio de ellos; y tomndole en sus brazos, les dice:
El que recibiere en mi nombre uno de los tales nios,  m recibe; y el que  m recibe, no recibe  m, mas al que me envi.
Y respondile Juan, diciendo: Maestro, hemos visto  uno que en tu nombre echaba fuera los demonios, el cual no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos sigue.
Y Jess dijo: No se lo prohibis; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre que luego pueda decir mal de m.
Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.<CM>
Y cualquiera que os diere un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, de cierto os digo que no perder su recompensa.
Y cualquiera que escandalizare  uno de estos pequeitos que creen en m, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y fuera echado en la mar.
Y si tu mano te escandalizare, crtala: mejor te es entrar  la vida manco, que teniendo dos manos ir  la Gehenna, al fuego que no puede ser apagado;
Donde su gusano no muere, y el fuego nunca se apaga.
Y si tu pie te fuere ocasin de caer, crtalo: mejor te es entrar  la vida cojo, que teniendo dos pies ser echado en la Gehenna, al fuego que no puede ser apagado;
Donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.
Y si tu ojo te fuere ocasin de caer, scalo: mejor te es entrar al reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado  la Gehenna;
Donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.
Porque todos sern salados con fuego, y todo sacrificio ser salado con sal.
Buena es la sal; mas si la sal fuere desabrida, con qu la adobaris? Tened en vosotros mismos sal; y tened paz los unos con los otros.<CM>
Y PARTIENDOSE de all, vino  los trminos de Judea y tras el Jordn: y volvi el pueblo  juntarse  l; y de nuevo les enseaba como sola.
Y llegndose los Fariseos, le preguntaron, para tentarle, si era lcito al marido repudiar  su mujer.
Mas l respondiendo, les dijo: Qu os mand Moiss?
Y ellos dijeron: Moiss permiti escribir carta de divorcio, y repudiar.
Y respondiendo Jess, les dijo: Por la dureza de vuestro corazn os escribi este mandamiento;
Pero al principio de la creacin, varn y hembra los hizo Dios.
Por esto dejar el hombre  su padre y  su madre, y se juntar  su mujer.
Y los que eran dos, sern hechos una carne: as que no son ms dos, sino una carne.
Pues lo que Dios junt, no lo aparte el hombre.
Y en casa volvieron los discpulos  preguntarle de lo mismo.
Y les dice: Cualquiera que repudiare  su mujer, y se casare con otra, comete adulterio contra ella:
Y si la mujer repudiare  su marido y se casare con otro, comete adulterio.<CM>
Y le presentaban nios para que los tocase; y los discpulos rean  los que los presentaban.
Y vindolo Jess, se enoj, y les dijo: Dejad los nios venir, y no se lo estorbis; porque de los tales es el reino de Dios.
De cierto os digo, que el que no recibiere el reino de Dios como un nio, no entrar en l.
Y tomndolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendeca.<CM>
Y saliendo l para ir su camino, vino uno corriendo,  hincando la rodilla delante de l, le pregunt: Maestro bueno, qu har para poseer la vida eterna?
Y Jess le dijo: Por qu me dices bueno? Ninguno hay bueno, sino slo uno, Dios.
Los mandamientos sabes: No adulteres: No mates: No hurtes: No digas falso testimonio: No defraudes: Honra  tu padre y  tu madre.
El entonces respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto he guardado desde mi mocedad.
Entonces Jess mirndole, amle, y djole: Una cosa te falta: ve, vende todo lo que tienes, y da  los pobres, y tendrs tesoro en el cielo; y ven, sgueme, tomando tu cruz.
Mas l, entristecido por esta palabra, se fu triste, porque tena muchas posesiones.
Entonces Jess, mirando alrededor, dice  sus discpulos: Cun dificilmente entrarn en el reino de Dios los que tienen riquezas!
Y los discpulos se espantaron de sus palabras; mas Jess respondiendo, les volvi  decir: Hijos, cun dificil es entrar en el reino de Dios, los que confan en las riquezas!
Ms fcil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que el rico entrar en el reino de Dios.
Y ellos se espantaban ms, diciendo dentro de s: Y quin podr salvarse?
Entonces Jess mirndolos, dice: Para los hombres es imposible; mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios.
Entonces Pedro comenz  decirle: He aqu, nosotros hemos dejado todas las cosas, y te hemos seguido.
Y respondiendo Jess, dijo: De cierto os digo, que no hay ninguno que haya dejado casa,  hermanos,  hermanas,  padre,  madre,  mujer,  hijos,  heredades, por causa de m y del evangelio,
Que no reciba cien tantos ahora en este tiempo, casas, y hermanos, y hermanas, y madres,  hijos, y heredades, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna.
Empero muchos primeros sern postreros, y postreros primeros.<CM>
Y estaban en el camino subiendo  Jerusalem; y Jess iba delante de ellos, y se espantaban, y le seguan con miedo: entonces volviendo  tomar  los doce aparte, les comenz  decir las cosas que le haban de acontecer:
He aqu subimos  Jerusalem, y el Hijo del hombre ser entregado  los principes de los sacerdotes, y  los escribas, y le condenarn  muerte, y le entregarn  los Gentiles:
Y le escarnecern, y le azotarn, y escupirn en l, y le matarn; mas al tercer da resucitar.
Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se llegaron  l, diciendo: Maestro, querramos que nos hagas lo que pidiremos.
Y l les dijo: Qu queris que os haga?
Y ellos le dijeron: Danos que en tu gloria nos sentemos el uno  tu diestra, y el otro  tu siniestra.
Entonces Jess les dijo: No sabis lo que peds. Podis beber del vaso que yo bebo,  ser bautizados del bautismo de que yo soy bautizado?
Y ellos dijeron: Podemos. Y Jess les dijo: A la verdad, del vaso que yo bebo, beberis; y del bautismo de que soy bautizado, seris bautizados.
Mas que os sentis  mi diestra y  mi siniestra, no es mo darlo, sino  quienes est aparejado.
Y como lo oyeron los diez, comenzaron  enojarse de Jacobo y de Juan.
Mas Jess, llamndolos, les dice: Sabis que los que se ven ser prncipes entre las gentes, se enseorean de ellas, y los que entre ellas son grandes, tienen sobre ellas potestad.
Mas no ser as entre vosotros: antes cualquiera que quisiere hacerse grande entre vosotros, ser vuestro servidor;
Y cualquiera de vosotros que quisiere hacerse el primero, ser siervo de todos.
Porque el Hijo del hombre tampoco vino para ser servido, mas para servir, y dar su vida en rescate por muchos.<CM>
Entonces vienen  Jeric: y saliendo l de Jeric y sus discpulos y una gran compaa, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando.
Y oyendo que era Jess el Nazareno, comenz  dar voces y decir: Jess, Hijo de David, ten misericordia de m.
Y muchos le rean, que callase: mas l daba mayores voces: Hijo de David, ten misericordia de m.
Entonces Jess parndose, mand llamarle: y llaman al ciego, dicindole: Ten confianza: levntate, te llama.
El entonces, echando su capa, se levant, y vino  Jess.
Y respondiendo Jess, le dice: Qu quieres que te haga? Y el ciego le dice: Maestro, que cobre la vista.
Y Jess le dijo: Ve, tu fe te ha salvado. Y luego cobr la vista, y segua  Jess en el camino.<CM>
Y COMO fueron cerca de Jerusalem, de Bethphag, y de Bethania, al monte de las Olivas, enva dos de sus discpulos,
Y les dice: Id al lugar que est delante de vosotros, y luego entrados en l, hallaris un pollino atado, sobre el cual ningn hombre ha subido; desatadlo y traedlo.
Y si alguien os dijere: Por qu hacis eso? decid que el Seor lo ha menester: y luego lo enviar ac.
Y fueron, y hallaron el pollino atado  la puerta fuera, entre dos caminos; y le desataron.
Y unos de los que estaban all, les dijeron: Qu hacis desatando el pollino?
Ellos entonces les dijeron como Jess haba mandado: y los dejaron.
Y trajeron el pollino  Jess, y echaron sobre l sus vestidos, y se sent sobre l.
Y muchos tendan sus vestidos por el camino, y otros cortaban hojas de los rboles, y las tendan por el camino.
Y los que iban delante, y los que iban detrs, daban voces diciendo: Hosanna! Bendito el que viene en el nombre del Seor.
Bendito el reino de nuestro padre David que viene: Hosanna en las alturas!
Y entr Jess en Jerusalem, y en el templo: y habiendo mirado alrededor todas las cosas, y siendo ya tarde, salise  Bethania con los doce.<CM>
Y el da siguiente, como salieron de Bethania, tuvo hambre.
Y viendo de lejos una higuera que tena hojas, se acerc, si quiz hallara en ella algo: y como vino  ella, nada hall sino hojas; porque no era tiempo de higos.
Entonces Jess respondiendo, dijo  la higuera: Nunca ms coma nadie fruto de ti para siempre. Y lo oyeron sus discpulos.
Vienen, pues,  Jerusalem; y entrando Jess en el templo, comenz  echar fuera  los que vendan y compraban en el templo; y trastorn las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendan palomas;
Y no consenta que alguien llevase vaso por el templo.
Y les enseaba diciendo: No est escrito que mi casa, casa de oracin ser llamada por todas las gentes? Mas vosotros la habis hecho cueva de ladrones.
Y lo oyeron los escribas y los prncipes de los sacerdotes, y procuraban cmo le mataran; porque le tenan miedo, por cuanto todo el pueblo estaba maravillado de su doctrina.
Mas como fu tarde, Jess sali de la ciudad.
Y pasando por la maana, vieron que la higuera se haba secado desde las races.
Entonces Pedro acordndose, le dice: Maestro, he aqu la higuera que maldijiste, se ha secado.
Y respondiendo Jess, les dice: Tened fe en Dios.
Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere  este monte: Qutate, y chate en la mar, y no dudare en su corazn, mas creyere que ser hecho lo que dice, lo que dijere le ser hecho.
Por tanto, os digo que todo lo que orando pidiereis, creed que lo recibiris, y os vendr.
Y cuando estuviereis orando, perdonad, si tenis algo contra alguno, para que vuestro Padre que est en los cielos os perdone tambin  vosotros vuestras ofensas.
Porque si vosotros no perdonareis, tampoco vuestro Padre que est en los cielos os perdonar vuestras ofensas.<CM>
Y volvieron  Jerusalem; y andando l por el templo, vienen  l los prncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los ancianos;
Y le dicen: Con qu facultad haces estas cosas? y quin te ha dado esta facultad para hacer estas cosas?
Y Jess respondiendo entonces, les dice: Os preguntar tambin yo una palabra; y respondedme, y os dir con qu facultad hago estas cosas:
El bautismo de Juan, era del cielo,  de los hombres? Respondedme.
Entonces ellos pensaron dentro de s, diciendo: Si dijremos, del cielo, dir: Por qu, pues, no le cresteis?
Y si dijremos, de los hombres, tememos al pueblo: porque todos juzgaban de Juan, que verdaderamente era profeta.
Y respondiendo, dicen  Jess: No sabemos. Entonces respondiendo Jess, les dice: Tampoco yo os dir con qu facultad hago estas cosas.<CM>
Y COMENZO  hablarles por parbolas: Plant un hombre una via, y la cerc con seto, y cav un lagar, y edific una torre, y la arrend  labradores, y se parti lejos.
Y envi un siervo  los labradores, al tiempo, para que tomase de los labradores del fruto de la via.
Mas ellos, tomndole, le hirieron, y le enviaron vaco.
Y volvi  enviarles otro siervo; mas apedrendole, le hirieron en la cabeza, y volvieron  enviarle afrentado.
Y volvi  enviar otro, y  aqul mataron; y  otros muchos, hiriendo  unos y matando  otros.
Teniendo pues an un hijo suyo amado, envilo tambin  ellos el postrero, diciendo: Tendrn en reverencia  mi hijo.
Mas aquellos labradores dijeron entre s: Este es el heredero; venid, matmosle, y la heredad ser nuestra.
Y prendindole, le mataron, y echaron fuera de la via.
Qu, pues, har el seor de la via? Vendr, y destruir  estos labradores, y dar su via  otros.
Ni aun esta Escritura habis ledo: La piedra que desecharon los que edificaban, Esta es puesta por cabeza de esquina;
Por el Seor es hecho esto, Y es cosa maravillosa en nuestros ojos?
Y procuraban prenderle, porque entendan que deca  ellos aquella parbola; mas teman  la multitud; y dejndole, se fueron.<CM>
Y envan  l algunos de los Fariseos y de los Herodianos, para que le sorprendiesen en alguna palabra.
Y viniendo ellos, le dicen: Maestro, sabemos que eres hombre de verdad, y que no te cuidas de nadie; porque no miras  la apariencia de hombres, antes con verdad enseas el camino de Dios: Es lcito dar tributo  Csar,  no? Daremos,  no daremos?
Entonces l, como entenda la hipocresa de ellos, les dijo: Por qu me tentis? Traedme la moneda para que la vea.
Y ellos se la trajeron y les dice: Cya es esta imagen y esta inscripcin? Y ellos le dijeron: De Csar.
Y respondiendo Jess, les dijo: Dad lo que es de Csar  Csar; y lo que es de Dios,  Dios. Y se maravillaron de ello.<CM>
Entonces vienen  el los Saduceos, que dicen que no hay resurreccin, y le preguntaron, diciendo:
Maestro, Moiss nos escribi, que si el hermano de alguno muriese, y dejase mujer, y no dejase hijos, que su hermano tome su mujer, y levante linaje  su hermano.
Fueron siete hermanos: y el primero tom mujer, y muriendo, no dej simiente;
Y la tom el segundo, y muri, y ni aqul tampoco dej simiente; y el tercero, de la misma manera.
Y la tomaron los siete, y tampoco dejaron simiente:  la postre muri tambin la mujer.
En la resurreccin, pues, cuando resucitaren, de cul de ellos ser mujer? porque los siete la tuvieron por mujer.
Entonces respondiendo Jess, les dice: No erris por eso, porque no sabis las Escrituras, ni la potencia de Dios?
Porque cuando resucitarn de los muertos, ni se casarn, ni sern dados en casamiento, mas son como los ngeles que estn en los cielos.
Y de que los muertos hayan de resucitar, no habis ledo en el libro de Moiss cmo le habl Dios en la zarza, diciendo: Yo soy el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob?
No es Dios de muertos, mas Dios de vivos; as que vosotros mucho erris.<CM>
Y llegndose uno de los escribas, que los haba odo disputar, y saba que les haba respondido bien, le pregunt: Cul es el primer mandamiento de todos?
Y Jess le respondi: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel, el Seor nuestro Dios, el Seor uno es.
Amars pues al Seor tu Dios de todo tu corazn, y de toda tu alma, y de toda tu mente, y de todas tus fuerzas; este es el principal mandamiento.
Y el segundo es semejante  l: Amars  tu prjimo como  ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que stos.
Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de l;
Y que amarle de todo corazn, y de todo entendimiento, y de toda el alma, y de todas las fuerzas, y amar al prjimo como  s mismo, ms es que todos los holocaustos y sacrificios.
Jess entonces, viendo que haba respondido sabiamente, le dice: No ests lejos del reino de Dios. Y ya ninguno osaba preguntarle.<CM>
Y respondiendo Jess deca, enseando en el templo: Cmo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David?
Porque el mismo David dijo por el Espritu Santo: Dijo el Seor  mi Seor: Sintate  mi diestra, Hasta que ponga tus enemigos por estrado de tus pies.
Luego llamndole el mismo David Seor, de dnde, pues, es su hijo? Y los que eran del comn del pueblo le oan de buena gana.
Y les deca en su doctrina: Guardaos de los escribas, que quieren andar con ropas largas, y aman las salutaciones en las plazas,
Y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas;
Que devoran las casas de las viudas, y por pretexto hacen largas oraciones. Estos recibirn mayor juicio.<CM>
Y estando sentado Jess delante del arca de la ofrenda, miraba cmo el pueblo echaba dinero en el arca: y muchos ricos echaban mucho.
Y como vino una viuda pobre, ech dos blancas, que son un maraved.
Entonces llamando  sus discpulos, les dice: De cierto os digo que esta viuda pobre ech ms que todos los que han echado en el arca:
Porque todos han echado de lo que les sobra; mas sta, de su pobreza ech todo lo que tena, todo su alimento.<CM>
Y SALIENDO del templo, le dice uno de sus discpulos: Maestro, mira qu piedras, y qu edificios.
Y Jess respondiendo, le dijo: Ves estos grandes edificios? no quedar piedra sobre piedra que no sea derribada.
Y sentndose en el monte de las Olivas delante del templo, le preguntaron aparte Pedro y Jacobo y Juan y Andrs:
Dinos, cundo sern estas cosas? y qu seal habr cuando todas estas cosas han de cumplirse?<CM>
Y Jess respondindoles, comenz  decir: Mirad, que nadie os engae;
Porque vendrn muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y engaaran  muchos.
Mas cuando oyereis de guerras y de rumores de guerras no os turbis, porque conviene hacerse as; mas aun no ser el fin.
Porque se levantar nacin contra nacin, y reino contra reino; y habr terremotos en muchos lugares, y habr hambres y alborotos; principios de dolores sern estos.
Mas vosotros mirad por vosotros: porque os entregarn en los concilios, y en sinagogas seris azotados: y delante de presidentes y de reyes seris llamados por causa de m, en testimonio  ellos.
Y  todas las gentes conviene que el evangelio sea predicado antes.
Y cuando os trajeren para entregaros, no premeditis qu habis de decir, ni lo pensis: mas lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que hablis, sino el Espritu Santo.
Y entregar  la muerte el hermano al hermano, y el padre al hijo: y se levantarn los hijos contra los padres, y los matarn.
Y seris aborrecidos de todos por mi nombre: mas el que perseverare hasta el fin, ste ser salvo.<CM>
Empero cuando viereis la abominacin de asolamiento, que fu dicha por el profeta Daniel, que estar donde no debe (el que lee, entienda), entonces los que estn en Judea huyan  los montes;
Y el que est sobre el terrado, no descienda  la casa, ni entre para tomar algo de su casa;
Y el que estuviere en el campo, no vuelva atrs  tomar su capa.
Mas ay de las preadas, y de las que criaren en aquellos das!
Orad pues, que no acontezca vuestra huda en invierno.
Porque aquellos das sern de afliccin, cual nunca fu desde el principio de la creacin que cri Dios, hasta este tiempo, ni ser.
Y si el Seor no hubiese abreviado aquellos das, ninguna carne se salvara; mas por causa de los escogidos que l escogi, abrevi aquellos das.
Y entonces si alguno os dijere: He aqu, aqu est el Cristo; , He aqu, all est, no le creis.
Porque se levantarn falsos Cristos y falsos profetas, y darn seales y prodigios, para engaar, si se pudiese hacer, aun  los escogidos.
Mas vosotros mirad; os lo he dicho antes todo.<CM>
Empero en aquellos das, despus de aquella afliccin, el sol se obscurecer, y la luna no dar su resplandor;
Y las estrellas caern del cielo, y las virtudes que estn en los cielos sern conmovidas;
Y entonces vern al Hijo del hombre, que vendr en las nubes con mucha potestad y gloria.
Y entonces enviar sus ngeles, y juntar sus escogidos de los cuatro vientos, desde el cabo de la tierra hasta el cabo del cielo.<CM>
De la higuera aprended la semejanza: Cuando su rama ya se enternece, y brota hojas, conocis que el verano est cerca:
As tambin vosotros, cuando viereis hacerse estas cosas, conoced que est cerca,  las puertas.
De cierto os digo que no pasar esta generacin, que todas estas cosas no sean hechas.
El cielo y la tierra pasarn, mas mis palabras no pasarn.
Empero de aquel da y de la hora, nadie sabe; ni aun los ngeles que estn en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre.
Mirad, velad y orad: porque no sabis cundo ser el tiempo.
Como el hombre que partindose lejos, dej su casa, y di facultad  sus siervos, y  cada uno su obra, y al portero mand que velase:
Velad pues, porque no sabis cundo el seor de la casa vendr; si  la tarde,   la media noche,  al canto del gallo,   la maana;
Porque cuando viniere de repente, no os halle durmiendo.
Y las cosas que  vosotros digo,  todos las dijo: Velad.<CM>
Y DOS das despus era la Pascua y los das de los panes sin levadura: y procuraban los prncipes de los sacerdotes y los escribas cmo le prenderan por engao, y le mataran.
Y decan: No en el da de la fiesta, porque no se haga alboroto del pueblo.
Y estando l en Bethania en casa de Simn el leproso, y sentado  la mesa, vino una mujer teniendo un alabastro de ungento de nardo espique de mucho precio; y quebrando el alabastro, derramselo sobre su cabeza.
Y hubo algunos que se enojaron dentro de s, y dijeron: Para qu se ha hecho este desperdicio de ungento?
Porque poda esto ser vendido por ms de trescientos denarios, y darse  los pobres. Y murmuraban contra ella.
Mas Jess dijo: Dejadla; por qu la fatigis? Buena obra me ha hecho;
Que siempre tendris los pobres con vosotros, y cuando quisiereis les podris hacer bien; mas  m no siempre me tendris.
Esta ha hecho lo que poda; porque se ha anticipado  ungir mi cuerpo para la sepultura.
De cierto os digo que donde quiera que fuere predicado este evangelio en todo el mundo, tambin esto que ha hecho sta, ser dicho para memoria de ella.
Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, vino  los prncipes de los sacerdotes, para entregrsele.
Y ellos oyndolo se holgaron, y prometieron que le daran dineros. Y buscaba oportunidad cmo le entregara.<CM>
Y el primer da de los panes sin levadura, cuando sacrificaban la pascua, sus discpulos le dicen: Dnde quieres que vayamos  disponer para que comas la pascua?
Y enva dos de sus discpulos, y les dice: Id  la ciudad, y os encontrar un hombre que lleva un cntaro de agua; seguidle;
Y donde entrare, decid al seor de la casa: El Maestro dice: Dnde est el aposento donde he de comer la pascua con mis discpulos?
Y l os mostrar un gran cenculo ya preparado: aderezad para nosotros all.
Y fueron sus discpulos, y vinieron  la ciudad, y hallaron como les haba dicho; y aderezaron la pascua.
Y llegada la tarde, fu con los doce.
Y como se sentaron  la mesa y comiesen, dice Jess: De cierto os digo que uno de vosotros, que come conmigo, me ha de entregar.
Entonces ellos comenzaron  entristecerse, y  decirle cada uno por s: Ser yo? Y el otro: Ser yo?
Y l respondiendo les dijo: Es uno de los doce que moja conmigo en el plato.
A la verdad el Hijo del hombre va, como est de l escrito; mas ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! bueno le fuera  aquel hombre si nunca hubiera nacido.
Y estando ellos comiendo, tom Jess pan, y bendiciendo, parti y les di, y dijo: Tomad, esto es mi cuerpo.
Y tomando el vaso, habiendo hecho gracias, les di: y bebieron de l todos.
Y les dice: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada.
De cierto os digo que no beber ms del fruto de la vid, hasta aquel da cundo lo beber nuevo en el reino de Dios.
Y como hubieron cantado el himno, se salieron al monte de las Olivas.
Jess entonces les dice: Todos seris escandalizados en m esta noche; porque escrito est: Herir al pastor, y sern derramadas las ovejas.
Mas despus que haya resucitado, ir delante de vosotros  Galilea.
Entonces Pedro le dijo: Aunque todos sean escandalizados, mas no yo.
Y le dice Jess: De cierto te digo que t, hoy, en esta noche, antes que el gallo haya cantado dos veces, me negars tres veces.
Mas l con mayor porfa deca: Si me fuere menester morir contigo, no te negar. Tambin todos decan lo mismo.<CM>
Y vienen al lugar que se llama Gethseman, y dice  sus discpulos: Sentaos aqu, entre tanto que yo oro.
Y toma consigo  Pedro y  Jacobo y  Juan, y comenz  atemorizarse, y  angustiarse.
Y les dice: Est muy triste mi alma, hasta la muerte: esperad aqu y velad.
Y yndose un poco adelante, se postr en tierra, y oro que si fuese posible, pasase de l aquella hora,
Y deca: Abba, Padre, todas las cosas son  ti posibles: traspasa de m este vaso; empero no lo que yo quiero, sino lo que t.
Y vino y los hall durmiendo; y dice  Pedro: Simn, duermes? No has podido velar una hora?
Velad y orad, para que no entris en tentacin: el espritu  la verdad es presto, mas la carne enferma.
Y volvindose  ir, or, y dijo las mismas palabras.
Y vuelto, los hall otra vez durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados; y no saban qu responderle.
Y vino la tercera vez, y les dice: Dormid ya y descansad: basta, la hora es venida; he aqu, el Hijo del hombre es entregado en manos de los pecadores.
Levantaos, vamos: he aqu, el que me entrega est cerca.<CM>
Y luego, aun hablando l, vino Judas, que era uno de los doce, y con l una compaa con espadas y palos, de parte de los prncipes de los sacerdotes, y de los escribas y de los ancianos.
Y el que le entregaba les haba dado seal comn, diciendo: Al que yo besare, aqul es: prendedle, y llevadle con seguridad.
Y como vino, se acerc luego  l, y le dice: Maestro, Maestro. Y le bes.
Entonces ellos echaron en l sus manos, y le prendieron.
Y uno de los que estaban all, sacando la espada, hiri al siervo del sumo sacerdote, y le cort la oreja.
Y respondiendo Jess, les dijo: Como  ladrn habis salido con espadas y con palos  tomarme?
Cada da estaba con vosotros enseando en el templo, y no me tomasteis; pero es as, para que se cumplan las Escrituras.
Entonces dejndole todos sus discpulos, huyeron.
Empero un mancebillo le segua cubierto de una sbana sobre el cuerpo desnudo; y los mancebos le prendieron:
Mas l, dejando la sbana, se huy de ellos desnudo.<CM>
Y trajeron  Jess al sumo sacerdote; y se juntaron  l todos los prncipes de los sacerdotes y los ancianos y los escribas.
Empero Pedro le sigui de lejos hasta dentro del patio del sumo sacerdote; y estaba sentado con los servidores, y calentndose al fuego.
Y los prncipes de los sacerdotes y todo el concilio buscaban testimonio contra Jess, para entregarle  la muerte; mas no lo hallaban.
Porque muchos decan falso testimonio contra l; mas sus testimonios no concertaban.
Entonces levantandose unos, dieron falso testimonio contra l, diciendo:
Nosotros le hemos odo decir: Yo derribar este templo que es hecho de mano, y en tres das edificar otro echo sin mano.
Mas ni aun as se concertaba el testimonio de ellos.
Entonces el sumo sacerdote, levantndose en medio, pregunt  Jess, diciendo: No respondes algo? Qu atestiguan estos contra ti?
Mas l callaba, y nada responda. El sumo sacerdote le volvi  preguntar, y le dice: Eres t el Cristo, el Hijo del Bendito?
Y Jess le dijo: Yo soy; y veris al Hijo del hombre sentado  la diestra de la potencia de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.
Entonces el sumo sacerdote, rasgando sus vestidos, dijo: Qu ms tenemos necesidad de testigos?
Odo habis la blasfemia: qu os parece? Y ellos todos le condenaron ser culpado de muerte.
Y algunos comenzaron  escupir en l, y cubrir su rostro, y  darle bofetadas, y decirle: Profetiza. Y los servidores le heran de bofetadas.<CM>
Y estando Pedro abajo en el atrio, vino una de las criadas del sumo sacerdote;
Y como vi  Pedro que se calentaba, mirndole, dice: Y t con Jess el Nazareno estabas.
Mas l neg, diciendo: No conozco, ni s lo que dices. Y se sali fuera  la entrada; y cant el gallo.
Y la criada vindole otra vez, comenz  decir  los que estaban all: Este es de ellos.
Mas l neg otra vez. Y poco despus, los que estaban all dijeron otra vez  Pedro: Verdaderamente t eres de ellos; porque eres Galileo, y tu habla es semejante.
Y l comenz  maldecir y  jurar: No conozco  este hombre de quien hablis.
Y el gallo cant la segunda vez: y Pedro se acord de las palabras que Jess le haba dicho: Antes que el gallo cante dos veces, me negars tres veces. Y pensando en esto, lloraba.<CM>
Y LUEGO por la maana, habiendo tenido consejo los prncipes de los sacerdotes con los ancianos, y con los escribas, y con todo el concilio, llevaron  Jess atado, y le entregaron  Pilato.
Y Pilato le pregunt: Eres t el Rey de los Judos? Y respondiendo l, le dijo: T lo dices.
Y los prncipes de los sacerdotes le acusaban mucho.
Y le pregunt otra vez Pilato, diciendo: No respondes algo? Mira de cuntas cosas te acusan.
Mas Jess ni aun con eso respondi; de modo que Pilato se maravillaba.
Empero en el da de la fiesta les soltaba un preso, cualquiera que pidiesen.
Y haba uno, que se llamaba Barrabs, preso con sus compaeros de motn que haban hecho muerte en una revuelta.
Y viniendo la multitud, comenz  pedir hiciese como siempre les haba hecho.
Y Pilato les respondi, diciendo: Queris que os suelte al Rey de los Judos?
Porque conoca que por envidia le haban entregado los prncipes de los sacerdotes.
Mas los prncipes de los sacerdotes incitaron  la multitud, que les soltase antes  Barrabs.
Y respondiendo Pilato, les dice otra vez: Qu pues queris que haga del que llamis Rey de los Judos?
Y ellos volvieron  dar voces: Crucifcale.
Mas Pilato les deca: Pues qu mal ha hecho? Y ellos daban ms voces: Crucifcale.<CM>
Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les solt  Barrabs, y entreg  Jess, despus de azotarle, para que fuese crucificado.
Entonces los soldados le llevaron dentro de la sala, es  saber al Pretorio; y convocan toda la cohorte.
Y le visten de prpura; y ponindole una corona tejida de espinas,
Comenzaron luego  saludarle: Salve, Rey de los Judos!
Y le heran en la cabeza con una caa, y escupan en l, y le adoraban hincadas las rodillas.
Y cuando le hubieron escarnecido, le desnudaron la prpura, y le vistieron sus propios vestidos, y le sacaron para crucificarle.
Y cargaron  uno que pasaba, Simn Cireneo, padre de Alejandro y de Rufo, que vena del campo, para que llevase su cruz.<CM>
Y le llevan al lugar de Glgotha, que declarado quiere decir: Lugar de la Calavera.
Y le dieron  beber vino mezclado con mirra; mas l no lo tom.
Y cuando le hubieron crucificado, repartieron sus vestidos, echando suertes sobre ellos, qu llevara cada uno.
Y era la hora de las tres cuando le crucificaron.
Y el ttulo escrito de su causa era: EL REY DE LOS JUDIOS.
Y crucificaron con l dos ladrones, uno  su derecha, y el otro  su izquierda.
Y se cumpli la Escritura, que dice: Y con los inicuos fu contado.
Y los que pasaban le denostaban, meneando sus cabezas, y diciendo: Ah! t que derribas el templo de Dios, y en tres das lo edificas,
Slvate  ti mismo, y desciende de la cruz.
Y de esta manera tambin los prncipes de los sacerdotes escarneciendo, decan unos  otros, con los escribas: A otros salv,  s mismo no se puede salvar.
El Cristo, Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, para que veamos y creamos. Tambin los que estaban crucificados con l le denostaban.<CM>
Y cuando vino la hora de sexta, fueron hechas tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona.
Y  la hora de nona, exclam Jess  gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, lama sabachthani? que declarado, quiere decir: Dios mo, Dos mo, por qu me has desamparado?
Y oyndole unos de los que estaban all, decan: He aqu, llama  Elas.
Y corri uno, y empapando una esponja en vinagre, y ponindola en una caa, le di  beber, diciendo: Dejad, veamos si vendr Elas  quitarle.
Mas Jess, dando una grande voz, espir.
Entonces el velo del templo se rasg en dos, de alto  bajo.
Y el centurin que estaba delante de l, viendo que haba espirado as clamando, dijo: Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios.
Y tambin estaban algunas mujeres mirando de lejos; entre las cuales estaba Mara Magdalena, y Mara la madre de Jacobo el menor y de Jos, y Salom;
Las cuales, estando an l en Galilea, le haban seguido, y le servan; y otras muchas que juntamente con l haban subido  Jerusalem.<CM>
Y cuando fu la tarde, porque era la preparacin, es decir, la vspera del sbado,
Jos de Arimatea, senador noble, que tambin esperaba el reino de Dios, vino, y osadamente entr  Pilato, y pidi el cuerpo de Jess.
Y Pilato se maravill que ya fuese muerto; y haciendo venir al centurin, preguntle si era ya muerto.
Y enterado del centurin, di el cuerpo  Jos.
El cual compr una sbana, y quitndole, le envolvi en la sbana, y le puso en un sepulcro que estaba cavado en una pea, y revolvi una piedra  la puerta del sepulcro.
Y Mara Magdalena, y Mara madre de Jos, miraban donde era puesto.<CM>
Y COMO pas el sbado, Mara Magdalena, y Mara madre de Jacobo, y Salom, compraron drogas aromticas, para venir  ungirle.
Y muy de maana, el primer da de la semana, vienen al sepulcro, ya salido el sol.
Y decan entre s: Quin nos revolver la piedra de la puerta del sepulcro?
Y como miraron, ven la piedra revuelta; que era muy grande.
Y entradas en el sepulcro, vieron un mancebo sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron.
Ms l les dice: No os asustis: buscis  Jess Nazareno, el que fu crucificado; resucitado h, no est aqu; he aqu el lugar en donde le pusieron.
Mas id, decid  sus discpulos y  Pedro, que l va antes que vosotros  Galilea: all le veris, como os dijo.
Y ellas se fueron huyendo del sepulcro; porque las haba tomado temblor y espanto; ni decan nada  nadie, porque tenan miedo.<CM>
Mas como Jess resucit por la maana, el primer da de la semana, apareci primeramente  Mara Magdalena, de la cual haba echado siete demonios.
Yendo ella, lo hizo saber  los que haban estado con l, que estaban tristes y llorando.
Y ellos como oyeron que viva, y que haba sido visto de ella, no lo creyeron.
Mas despus apareci en otra forma  dos de ellos que iban caminando, yendo al campo.
Y ellos fueron, y lo hicieron saber  los otros; y ni aun  llos creyeron.<CM>
Finalmente se apareci  los once mismos, estando sentados  la mesa, y censurles su incredulidad y dureza de corazn, que no hubiesen credo  los que le haban visto resucitado.
Y les dijo: Id por todo el mundo; predicad el evangelio  toda criatura.
El que creyere y fuere bautizado, ser salvo; mas el que no creyere, ser condenado.
Y estas seales seguirn  los que creyeren: En mi nombre echarn fuera demonios; hablaran nuevas lenguas;
Quitarn serpientes, y si bebieren cosa mortfera, no les daar; sobre los enfermos pondrn sus manos, y sanarn.<CM>
Y el Seor, despus que les habl, fu recibido arriba en el cielo, y sentse  la diestra de Dios.
Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, obrando con ellos el Seor, y confirmando la palabra con las seales que se seguan. Amen.<CM>
HABIENDO muchos tentado  poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertsimas,
Como nos lo ensearon los que desde el principio lo vieron por sus ojos, y fueron ministros de la palabra;
Me ha parecido tambin  m, despus de haber entendido todas las cosas desde el principio con diligencia, escribrtelas por orden, oh muy buen Tefilo,
Para que conozcas la verdad de las cosas en las cuales has sido enseado.<CM>
HUBO en los das de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacaras, de la suerte de Abas; y su mujer, de las hijas de Aarn, llamada Elisabet.
Y eran ambos justos delante de Dios, andando sin reprensin en todos los mandamientos y estatutos del Seor.
Y no tenan hijo, porque Elisabet era estril, y ambos eran avanzados en das.
Y aconteci que ejerciendo Zacaras el sacerdocio delante de Dios por el orden de su vez,
Conforme  la costumbre del sacerdocio, sali en suerte  poner el incienso, entrando en el templo del Seor.
Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando  la hora del incienso.
Y se le apareci el ngel del Seor puesto en pie  la derecha del altar del incienso.
Y se turb Zacaras vindo le, y cay temor sobre l.
Mas el ngel le dijo: Zacaras, no temas; porque tu oracin ha sido oda, y tu mujer Elisabet te parir un hijo, y llamars su nombre Juan.
Y tendrs gozo y alegra, y muchos se gozarn de su nacimiento.
Porque ser grande delante de Dios, y no beber vino ni sidra; y ser lleno del Espritu Santo, aun desde el seno de su madre.
Y  muchos de los hijos de Israel convertir al Seor Dios de ellos.
Porque l ir delante de l con el espritu y virtud de Elas, para convertir los corazones de los padres  los hijos, y los rebeldes  la prudencia de los justos, para aparejar al Seor un pueblo apercibido.
Y dijo Zacaras al ngel: En qu conocer esto? porque yo soy viejo, y mi mujer avanzada en das.
Y respondiendo el ngel le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y soy enviado  hablarte, y  darte estas buenas nuevas.
Y he aqu estars mudo y no podrs hablar, hasta el da que esto sea hecho, por cuanto no creste  mis palabras, las cuales se cumplirn  su tiempo.
Y el pueblo estaba esperando  Zacaras, y se maravillaban de que l se detuviese en el templo.
Y saliendo, no les poda hablar: y entendieron que haba visto visin en el templo: y l les hablaba por seas, y qued mudo.
Y fu, que cumplidos los das de su oficio, se vino  su casa.
Y despus de aquellos das concibi su mujer Elisabet, y se encubri por cinco meses, diciendo:
Porque el Seor me ha hecho as en los das en que mir para quitar mi afrenta entre los hombres.<CM>
Y al sexto mes, el ngel Gabriel fu enviado de Dios  una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,
A una virgen desposada con un varn que se llamaba Jos, de la casa de David: y el nombre de la virgen era Mara.
Y entrando el ngel  donde estaba, dijo, Salve, muy favorecida! el Seor es contigo: bendita t entre las mujeres.
Mas ella, cuando le vi, se turb de sus palabras, y pensaba qu salutacin fuese sta.
Entonces el ngel le dijo: Mara, no temas, porque has hallado gracia cerca de Dios.
Y he aqu, concebirs en tu seno, y parirs un hijo, y llamars su nombre JESUS.
Este ser grande, y ser llamado Hijo del Altsimo: y le dar el Seor Dios el trono de David su padre:
Y reinar en la casa de Jacob por siempre; y de su reino no habr fin.
Entonces Mara dijo al ngel: Cmo ser esto? porque no conozco varn.
Y respondiendo el ngel le dijo: El Espritu Santo vendr sobre ti, y la virtud del Altsimo te har sombra; por lo cual tambin lo Santo que nacer, ser llamado Hijo de Dios.
Y he aqu, Elisabet tu parienta, tambin ella ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes  ella que es llamada la estril:
Porque ninguna cosa es imposible para Dios.
Entonces Mara dijo: He aqu la sierva del Seor; hgase  m conforme  tu palabra. Y el ngel parti de ella.<CM>
En aquellos das levantndose Mara, fu  la montaa con priesa,  una ciudad de Jud;
Y entr en casa de Zacaras, y salud  Elisabet.
Y aconteci, que como oy Elisabet la salutacin de Mara, la criatura salt en su vientre; y Elisabet fu llena del Espritu Santo,
Y exclam  gran voz, y dijo. Bendita t entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.
Y de dnde esto  m, que la madre de mi Seor venga  m?
Porque he aqu, como lleg la voz de tu salutacin  mis odos, la criatura salt de alegra en mi vientre.
Y bienaventurada la que crey, porque se cumplirn las cosas que le fueron dichas de parte del Seor.
Entonces Mara dijo: engrandece mi alma al Seor;
Y mi espritu se alegr en Dios mi Salvador,
Porque ha mirado  la bajeza de su criada; Porque he aqu, desde ahora me dirn bienaventurada todas las generaciones.
Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; Y santo es su nombre.
Y su misericordia de generacin  generacin A los que le temen.
Hizo valenta con su brazo: Esparci los soberbios del pensamiento de su corazn.
Quit los poderosos de los tronos, Y levant  los humildes.
A los hambrientos hinchi de bienes; Y  los ricos envi vacos.
Recibi  Israel su siervo, Acordandose de la misericordia.
Como habl  nuestros padres A Abraham y  su simiente para siempre.
Y se qued Mara con ella como tres meses: despus se volvi  su casa.<CM>
Y  Elisabet se le cumpli el tiempo de parir, y pari un hijo.
Y oyeron los vecinos y los parientes que Dios haba hecho con ella grande misericordia, y se alegraron con ella.
Y aconteci, que al octavo da vinieron para circuncidar al nio; y le llamaban del nombre de su padre, Zacaras.
Y respondiendo su madre, dijo: No; sino Juan ser llamado.
Y le dijeron: Por qu? nadie hay en tu parentela que se llame de este nombre.
Y hablaron por seas  su padre, cmo le quera llamar.
Y demandando la tablilla, escribi, diciendo: Juan es su nombre. Y todos se maravillaron.
Y luego fu abierta su boca y su lengua, y habl bendiciendo  Dios.
Y fu un temor sobre todos los vecinos de ellos; y en todas las montaas de Judea fueron divulgadas todas estas cosas.
Y todos los que las oan, las conservaban en su corazn, diciendo: Quin ser este nio? Y la mano del Seor estaba con l.<CM>
Y Zacaras su padre fu lleno de Espritu Santo, y profetiz, diciendo:
Bendito el Seor Dios de Israel, Que ha visitado y hecho redencin  su pueblo,
Y nos alz un cuerno de salvacin En la casa de David su siervo,
Como habl por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio:
Salvacin de nuestros enemigos, y de mano de todos los que nos aborrecieron;
Para hacer misericordia con nuestros padres, Y acordndose de su santo pacto;
Del juramento que jur  Abraham nuestro padre, Que nos haba de dar,
Que sin temor librados de nuestros enemigos, Le serviramos
En santidad y en justicia delante de l, todos los das nuestros.
Y t, nio, profeta del Altsimo sers llamado; Porque irs ante la faz del Seor, para aparejar sus caminos;
Dando conocimiento de salud  su pueblo, Para remisin de sus pecados,
Por las entraas de misericordia de nuestro Dios, Con que nos visit de lo alto el Oriente,
Para dar luz  los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; Para encaminar nuestros pies por camino de paz.
Y el nio creca, y se fortaleca en espritu: y estuvo en los desiertos hasta el da que se mostr  Israel.<CM>
Y ACONTECIO en aquellos das que sali edicto de parte de Augusto Csar, que toda la tierra fuese empadronada.
Este empadronamiento primero fu hecho siendo Cirenio gobernador de la Siria.
E iban todos para ser empadronados, cada uno  su ciudad.
Y subi Jos de Galilea, de la ciudad de Nazaret,  Judea,  la ciudad de David, que se llama Bethlehem, por cuanto era de la casa y familia de David;
Para ser empadronado con Mara su mujer, desposada con l, la cual estaba encinta.
Y aconteci que estando ellos all, se cumplieron los das en que ella haba de parir.
Y pari  su hijo primognito, y le envolvi en paales, y acostle en un pesebre, porque no haba lugar para ellos en el mesn.<CM>
Y haba pastores en la misma tierra, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su ganado.
Y he aqu el ngel del Seor vino sobre ellos, y la claridad de Dios los cerc de resplandor; y tuvieron gran temor.
Mas el ngel les dijo: No temis; porque he aqu os doy nuevas de gran gozo, que ser para todo el pueblo:
Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Seor.
Y esto os ser por seal: hallaris al nio envuelto en paales, echado en un pesebre.
Y repentinamente fu con el ngel una multitud de los ejrcitos celestiales, que alababan  Dios, y decan:
Gloria en las alturas  Dios, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres.
Y aconteci que como los ngeles se fueron de ellos al cielo, los pastores dijeron los unos  los otros: Pasemos pues hasta Bethlehem, y veamos esto que ha sucedido, que el Seor nos ha manifestado.
Y vinieron apriesa, y hallaron  Mara, y  Jos, y al nio acostado en el pesebre.
Y vindolo, hicieron notorio lo que les haba sido dicho del nio.
Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decan.
Mas Mara guardaba todas estas cosas, confirindolas en su corazn.
Y se volvieron los pastores glorificando y alabando  Dios de todas las cosas que haban odo y visto, como les haba sido dicho.<CM>
Y pasados los ocho das para circuncidar al nio, llamaron su nombre JESUS; el cual le fu puesto por el ngel antes que l fuese concebido en el vientre.
Y como se cumplieron los das de la purificacin de ella, conforme  la ley de Moiss, le trajeron  Jerusalem para presentarle al Seor,
(Como est escrito en la ley del Seor: Todo varn que abriere la matriz, ser llamado santo al Seor),
Y para dar la ofrenda, conforme  lo que est dicho en la ley del Seor: un par de trtolas,  dos palominos.<CM>
Y he aqu, haba un hombre en Jerusalem, llamado Simen, y este hombre, justo y po, esperaba la consolacin de Israel: y el Espritu Santo era sobre l.
Y haba recibido respuesta del Espritu Santo, que no vera la muerte antes que viese al Cristo del Seor.
Y vino por Espritu al templo. Y cuando metieron al nio Jess sus padres en el templo, para hacer por l conforme  la costumbre de la ley.
Entonces l le tom en sus brazos, y bendijo  Dios, y dijo:
Ahora despides, Seor,  tu siervo, Conforme  tu palabra, en paz;
Porque han visto mis ojos tu salvacin,
La cual has aparejado en presencia de todos los pueblos;
Luz para ser revelada  los Gentiles, Y la gloria de tu pueblo Israel.
Y Jos y su madre estaban maravillados de las cosas que se decan de l.
Y los bendijo Simen, y dijo  su madre Mara: He aqu, ste es puesto para cada y para levantamiento de muchos en Israel; y para seal  la que ser contradicho;
Y una espada traspasar tu alma de ti misma, para que sean manifestados los pensamientos de muchos corazones.
Estaba tambin all Ana, profetisa, hija de Phanuel, de la tribu de Aser; la cual haba venido en grande edad, y haba vivido con su marido siete aos desde su virginidad;
Y era viuda de hasta ochenta y cuatro aos, que no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de da con ayunos y oraciones.
Y sta, sobreviniendo en la misma hora, juntamente confesaba al Seor, y hablaba de l  todos los que esperaban la redencin en Jerusalem.
Mas como cumplieron todas las cosas segn la ley del Seor, se volvieron  Galilea,  su ciudad de Nazaret.
Y el nio creca, y fortalecase, y se hencha de sabidura; y la gracia de Dios era sobre l.<CM>
E iban sus padres todos los aos  Jerusalem en la fiesta de la Pascua.
Y cuando fu de doce aos, subieron ellos  Jerusalem conforme  la costumbre del da de la fiesta.
Y acabados los das, volviendo ellos, se qued el nio Jess en Jerusalem, sin saberlo Jos y su madre.
Y pensando que estaba en la compaa, anduvieron camino de un da; y le buscaban entre los parientes y entre los conocidos:
Mas como no le hallasen, volvieron  Jerusalem buscndole.
Y aconteci, que tres das despus le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores, oyndoles y preguntndoles.
Y todos los que le oan, se pasmaban de su entendimiento y de sus respuestas.
Y cuando le vieron, se maravillaron; y djole su madre: Hijo, por qu nos has hecho as? He aqu, tu padre y yo te hemos buscado con dolor.
Entonces l les dice: Qu hay? por qu me buscabais? No sabais que en los negocios de mi Padre me conviene estar?
Mas ellos no entendieron las palabras que les habl.
Y descendi con ellos, y vino  Nazaret, y estaba sujeto  ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazn.
Y Jess creca en sabidura, y en edad, y en gracia para con Dios y los hombres.<CM>
Y EN el ao quince del imperio de Tiberio Csar, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia,
Siendo sumos sacerdotes Ans y Caifs, vino palabra del Seor sobre Juan, hijo de Zacaras, en el desierto.
Y l vino por toda la tierra al rededor del Jordn predicando el bautismo del arrepentimiento para la remisin de pecados;
Como est escrito en el libro de las palabras del profeta Isaas que dice: Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Seor, Haced derechas sus sendas.
Todo valle se henchir, Y bajarse todo monte y collado; Y los caminos torcidos sern enderezados, Y los caminos speros allanados;
Y ver toda carne la salvacin de Dios.
Y deca  las gentes que salan para ser bautizadas de l: Oh generacin de vboras, quin os ense  huir de la ira que vendr?
Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencis  decir en vosotros mismos: Tenemos  Abraham por padre: porque os digo que puede Dios, aun de estas piedras, levantar hijos  Abraham.
Y ya tambin el hacha est puesta  la raz de los rboles: todo rbol pues que no hace buen fruto, es cortado, y echado en el fuego.
Y las gentes le preguntaban, diciendo: Pues qu haremos?
Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos tnicas, d al que no tiene; y el que tiene qu comer, haga lo mismo.
Y vinieron tambin publicanos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, qu haremos?
Y l les dijo: No exijis ms de lo que os est ordenado.
Y le preguntaron tambin los soldados, diciendo: Y nosotros, qu haremos? Y les dice: No hagis extorsin  nadie, ni calumniis; y contentaos con vuestras pagas.<CM>
Y estando el pueblo esperando, y pensando todos de Juan en sus corazones, si l fuese el Cristo,
Respondi Juan, diciendo  todos: Yo,  la verdad, os bautizo en agua; mas viene quien es ms poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de sus zapatos: l os bautizar en Espritu Santo y fuego;
Cuyo bieldo est en su mano, y limpiar su era, y juntar el trigo en su alfol, y la paja quemar en fuego que nunca se apagar.
Y amonestando, otras muchas cosas tambin anunciaba al pueblo.
Entonces Herodes el tetrarca, siendo reprendido por l  causa de Herodas, mujer de Felipe su hermano, y de todas las maldades que haba hecho Herodes,
Aadi tambin esto sobre todo, que encerr  Juan en la crcel.<CM>
Y aconteci que, como todo el pueblo se bautizaba, tambin Jess fu bautizado; y orando, el cielo se abri,
Y descendi el Espritu Santo sobre l en forma corporal, como paloma, y fu hecha una voz del cielo que deca: T eres mi Hijo amado, en ti me he complacido.
Y el mismo Jess comenzaba  ser como de treinta aos, hijo de Jos, como se crea; que fu hijo de El,
Que fu de Mathat, que fu de Lev, que fu Melch, que fu de Janna, que fu de Jos,
Que fu de Mattathas, que fu de Ams, que fu de Nahum, que fu de Esli,
Que fu de Naggai, que fu de Maat, que fu de Matthathas, que fu de Semei, que fu de Jos, que fu de Jud,
Que fu de Joanna, que fu de Rhesa, que fu de Zorobabel, que fu de Salathiel,
Que fu de Neri, que fu de Melch, que fu de Abdi, que fu de Cosam, que fu de Elmodam, que fu de Er,
Que fu de Josu, que fu de Eliezer, que fu de Joreim, que fu de Mathat,
Que fu de Lev, que fu de Simen, que fu de Jud, que fu de Jos, que fu de Jonn, que fu de Eliachm,
Que fu de Melea, que fu de Mainn, que fu de Mattatha, que fu de Nathn,
Que fu de David, que fu de Jess, que fu de Obed, que fu de Booz, que fu de Salmn, que fu de Naassn,
Que fu de Aminadab, que fu de Aram, que fu de Esrom, que fu de Phares,
Que fu de Jud, que fu de Jacob, que fu de Isaac, que fu de Abraham, que fu de Thara, que fu de Nachr,
Que fu de Saruch, que fu de Ragau, que fu de Phalec, que fu de Heber,
Que fu de Sala, que fu de Cainn, Arphaxad, que fu de Sem, que fu de No, que fu de Lamech,
Que fu de Mathusala, que fu de Enoch, que fu de Jared, que fu de Maleleel,
Que fu de Cainn, que fu de Ens, que fu de Seth, que fu de Adam, que fu de Dios.<CM>
Y JESUS, lleno del Espritu Santo, volvi del Jordn, y fu llevado por el Espritu al desierto
Por cuarenta das, y era tentado del diablo. Y no comi cosa en aquellos das: los cuales pasados, tuvo hambre.
Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di  esta piedra que se haga pan.
Y Jess respondindole, dijo: Escrito est: Que no con pan solo vivir el hombre, mas con toda palabra de Dios.
Y le llev el diablo  un alto monte, y le mostr en un momento de tiempo todos los reinos de la tierra.
Y le dijo el diablo: A ti te dar toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque  m es entregada, y  quien quiero la doy:
Pues si t adorares delante de m, sern todos tuyos.
Y respondiendo Jess, le dijo: Vete de m, Satans, porque escrito est: A tu Seor Dios adorars, y  l solo servirs.
Y le llev  Jerusalem, y psole sobre las almenas del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, chate de aqu abajo:
Porque escrito est: Que  sus ngeles mandar de ti, que te guarden;
Y En las manos te llevarn, Porque no daes tu pie en piedra.
Y respondiendo Jess, le dijo: Dicho est: No tentars al Seor tu Dios.
Y acabada toda tentacin, el diablo se fu de l por un tiempo.<CM>
Y Jess volvi en virtud del Espritu  Galilea, y sali la fama de l por toda la tierra de alrededor,
Y enseaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado de todos.
Y vino  Nazaret, donde haba sido criado; y entr, conforme  su costumbre, el da del sbado en la sinagoga, y se levant  leer.
Y fule dado el libro del profeta Isaas; y como abri el libro, hall el lugar donde estaba escrito:
El Espritu del Seor es sobre m, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas  los pobres: Me ha enviado para sanar  los quebrantados de corazn; Para pregonar  los cautivos libertad, Y  los ciegos vista; Para poner en libertad  los quebrantados:
Para predicar el ao agradable del Seor.
Y rollando el libro, lo di al ministro, y sentse: y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en l.
Y comenz  decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros odos.
Y todos le daban testimonio, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salan de su boca, y decan: No es ste el hijo de Jos?
Y les dijo: Sin duda me diris este refrn: Mdico, crate  ti mismo: de tantas cosas que hemos odo haber sido hechas en Capernaum, haz tambin aqu en tu tierra.
Y dijo: De cierto os digo, que ningn profeta es acepto en su tierra.
Mas en verdad os digo, que muchas viudas haba en Israel en los das de Elas, cuando el cielo fu cerrado por tres aos y seis meses, que hubo una grande hambre en toda la tierra;
Pero  ninguna de ellas fu enviado Elas, sino  Sarepta de Sidn,  una mujer viuda.
Y muchos leprosos haba en Israel en tiempo del profeta Eliseo; mas ninguno de ellos fu limpio, sino Naamn el Siro.
Entonces todos en la sinagoga fueron llenos de ira, oyendo estas cosas;
Y levantndose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual la ciudad de ellos estaba edificada, para despearle.
Mas l, pasando por medio de ellos, se fu.<CM>
Y descendi  Capernaum, ciudad de Galilea. Y los enseaba en los sbados.
Y se maravillaban de su doctrina, porque su palabra era con potestad.
Y estaba en la sinagoga un hombre que tena un espritu de un demonio inmundo, el cual exclam  gran voz,
Diciendo: Djanos, qu tenemos contigo Jess Nazareno? has venido  destruirnos? Yo te conozco quin eres, el Santo de Dios.
Y Jess le increp, diciendo: Enmudece, y sal de l. Entonces el demonio, derribndole en medio, sali de l, y no le hizo dao alguno.
Y hubo espanto en todos, y hablaban unos  otros, diciendo: Qu palabra es sta, que con autoridad y potencia manda  los espritus inmundos, y salen?
Y la fama de l se divulgaba de todas partes por todos los lugares de la comarca.
Y levantndose Jess de la sinagoga, entr en casa de Simn: y la suegra de Simn estaba con una grande fiebre; y le rogaron por ella.
E inclinndose hacia ella, ri  la fiebre; y la fiebre la dej; y ella levantndose luego, les serva.
Y ponindose el sol, todos los que tenan enfermos de diversas enfermedades, los traan  l; y l poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba.
Y salan tambin demonios de muchos, dando voces, y diciendo: T eres el Hijo de Dios. Mas rindolos no les dejaba hablar; porque saban que l era el Cristo.
Y siendo ya de da sali, y se fu  un lugar desierto: y las gentes le buscaban, y vinieron hasta l; y le detenan para que no se apartase de ellos.
Mas l les dijo: Que tambin  otras ciudades es necesario que anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto soy enviado.
Y predicaba en las sinagogas de Galilea.<CM>
Y ACONTECIO, que estando l junto al lago de Genezaret, las gentes se agolpaban sobre l para oir la palabra de Dios.
Y vi dos barcos que estaban cerca de la orilla del lago: y los pescadores, habiendo descendido de ellos, lavaban sus redes.
Y entrado en uno de estos barcos, el cual era de Simn, le rog que lo desviase de tierra un poco; y sentndose, enseaba desde el barco  las gentes.
Y como ces de hablar, dijo  Simn: Tira  alta mar, y echad vuestras redes para pescar.
Y respondiendo Simn, le dijo: Maestro, habiendo trabajado toda la noche, nada hemos tomado; mas en tu palabra echar la red.
Y habindolo hecho, encerraron gran multitud de pescado, que su red se rompa.
E hicieron seas  los compaeros que estaban en el otro barco, que viniesen  ayudarles; y vinieron, y llenaron ambos barcos, de tal manera que se anegaban.
Lo cual viendo Simn Pedro, se derrib de rodillas  Jess, diciendo: Aprtate de m, Seor, porque soy hombre pecador.
Porque temor le haba rodeado, y  todos los que estaban con l, de la presa de los peces que haban tomado;
Y asimismo  Jacobo y  Juan, hijos de Zebedeo, que eran compaeros de Simn. Y Jess dijo  Simn: No temas: desde ahora pescars hombres.
Y como llegaron  tierra los barcos, dejndolo todo, le siguieron.<CM>
Y aconteci que estando en una ciudad, he aqu un hombre lleno de lepra, el cual viendo  Jess, postrndose sobre el rostro, le rog, diciendo: Seor, si quieres, puedes limpiarme.
Entonces, extendiendo la mano, le toc diciendo: Quiero: s limpio. Y luego la lepra se fu de l.
Y l le mand que no lo dijese  nadie: Mas ve, djole, mustrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza, como mand Moiss, para testimonio  ellos.
Empero tanto ms se extenda su fama: y se juntaban muchas gentes  oir y ser sanadas de sus enfermedades.
Mas l se apartaba  los desiertos, y oraba.<CM>
Y aconteci un da, que l estaba enseando, y los Fariseos y doctores de la ley estaban sentados, los cuales haban venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalem: y la virtud del Seor estaba all para sanarlos.
Y he aqu unos hombres, que traan sobre un lecho un hombre que estaba paraltico; y buscaban meterle, y ponerle delante de l.
Y no hallando por donde meterle  causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron con el lecho en medio, delante de Jess;
El cual, viendo la fe de ellos, le dice: Hombre, tus pecados te son perdonados.
Entonces los escribas y los Fariseos comenzaron  pensar, diciendo: Quin es ste que habla blasfemias? Quin puede perdonar pecados sino slo Dios?
Jess entonces, conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les dijo: Qu pensis en vuestros corazones?
Qu es ms fcil, decir: Tus pecados te son perdonados,  decir: Levntate y anda?
Pues para que sepis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados, (dice al paraltico): A ti digo, levntate, toma tu lecho, y vete  tu casa.
Y luego, levantndose en presencia de ellos, y tomando aquel en que estaba echado, se fu  su casa, glorificando  Dios.
Y tom espanto  todos, y glorificaban  Dios; y fueron llenos del temor, diciendo: Hemos visto maravillas hoy.<CM>
Y despus de estas cosas sali, y vi  un publicano llamado Lev, sentado al banco de los pblicos tributos, y le dijo: Sgueme.
Y dejadas todas las cosas, levantndose, le sigui.
E hizo Lev gran banquete en su casa; y haba mucha compaa de publicanos y de otros, los cuales estaban  la mesa con ellos.
Y los escribas y los Fariseos murmuraban contra sus discpulos, diciendo: Por qu comis y bebis con los publicanos y pecadores?
Y respondiendo Jess, les dijo: Los que estn sanos no necesitan mdico, sino los que estn enfermos.
No he venido  llamar justos, sino pecadores  arrepentimiento.
Entonces ellos le dijeron: Por qu los discpulos de Juan ayunan muchas veces y hacen oraciones, y asimismo los de los Fariseos, y tus discpulos comen y beben?
Y l les dijo: Podis hacer que los que estn de bodas ayunen, entre tanto que el esposo est con ellos?
Empero vendrn das cuando el esposo les ser quitado: entonces ayunarn en aquellos das.
Y les deca tambin una parbola: Nadie mete remiendo de pao nuevo en vestido viejo; de otra manera el nuevo rompe, y al viejo no conviene remiendo nuevo.
Y nadie echa vino nuevo en cueros viejos; de otra manera el vino nuevo romper los cueros, y el vino se derramar, y los cueros se perdern.
Mas el vino nuevo en cueros nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se conserva.
Y ninguno que bebiere del aejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El aejo es mejor.<CM>
Y ACONTECIO que pasando l por los sembrados en un sbado segundo del primero, sus discpulos arrancaban espigas, y coman, restregndolas con las manos.
Y algunos de los Fariseos les dijeron: Por qu hacis lo que no es lcito hacer en los sbados?
Y respondiendo Jess les dijo: Ni aun esto habis ledo, qu hizo David cuando tuvo hambre, l, y los que con l estaban;
Cmo entr en la casa de Dios, y tom los panes de la proposicin, y comi, y di tambin  los que estaban con l, los cuales no era lcito comer, sino  solos los sacerdotes?
Y les deca. El Hijo del hombre es Seor aun del sbado.
Y aconteci tambin en otro sbado, que l entr en la sinagoga y enseaba; y estaba all un hombre que tena la mano derecha seca.
Y le acechaban los escribas y los Fariseos, si sanara en sbado, por hallar de qu le acusasen.
Mas l saba los pensamientos de ellos; y dijo al hombre que tena la mano seca: Levntate, y ponte en medio. Y l levantndose, se puso en pie.
Entonces Jess les dice: Os preguntar un cosa: Es lcito en sbados hacer bien,  hacer mal? salvar la vida,  quitarla?
Y mirndolos  todos alrededor, dice al hombre: Extiende tu mano. Y l lo hizo as, y su mano fu restaurada.
Y ellos se llenaron de rabia; y hablaban los unos  los otros qu haran  Jess.<CM>
Y aconteci en aquellos das, que fu al monte  orar, y pas la noche orando  Dios.
Y como fu de da, llam  sus discpulos, y escogi doce de ellos,  los cuales tambin llam apstoles:
A Simn, al cual tambin llam Pedro, y  Andrs su hermano, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolom,
Mateo y Toms, Jacobo hijo de Alfeo, y Simn el que se llama Celador,
Judas hermano de Jacobo, y Judas Iscariote, que tambin fu el traidor.
Y descendi con ellos, y se par en un lugar llano, y la compaa de sus discpulos, y una grande multitud de pueblo de toda Judea y de Jerusalem, y de la costa de Tiro y de Sidn, que haban venido  oirle, y para ser sanados de sus enfermedades;
Y los que haban sido atormentados de espritus inmundos: y estaban curados.
Y toda la gente procuraba tocarle; porque sala de l virtud, y sanaba  todos.<CM>
Y alzando l los ojos  sus discpulos, deca: Bienaventurados vosotros los pobres; porque vuestro es el reino de Dios.
Bienaventurados los que ahora tenis hambre; porque seris saciados. Bienaventurados los que ahora lloris, porque reiris.
Bienaventurados seris, cuando los hombres os aborrecieren, y cuando os apartaren de s, y os denostaren, y desecharen vuestro nombre como malo, por el Hijo del hombre.
Gozaos en aquel da, y alegraos; porque he aqu vuestro galardn es grande en los cielos; porque as hacan sus padres  los profetas.
Mas ay de vosotros, ricos! porque tenis vuestro consuelo.
Ay de vosotros, los que estis hartos! porque tendris hambre. Ay de vosotros, los que ahora res! porque lamentaris y lloraris.
Ay de vosotros, cuando todos los hombres dijeren bien de vosotros! porque as hacan sus padres  los falsos profetas.<CM>
Mas  vosotros los que os, digo: Amad  vuestros enemigos, haced bien  los que os aborrecen;
Bendecid  los que os maldicen, y orad por los que os calumnian.
Y al que te hiriere en la mejilla, dale tambin la otra; y al que te quitare la capa, ni aun el sayo le defiendas.
Y  cualquiera que te pidiere, da; y al que tomare lo que es tuyo, no vuelvas  pedir.
Y como queris que os hagan los hombres, as hacedles tambin vosotros:
Porque si amis  los que os aman, qu gracias tendris? porque tambin los pecadores aman  los que los aman.
Y si hiciereis bien  los que os hacen bien, qu gracias tendris? porque tambin los pecadores hacen lo mismo.
Y si prestareis  aquellos de quienes esperis recibir, qu gracias tendris? porque tambin los pecadores prestan  los pecadores, para recibir otro tanto.
Amad, pus,  vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y ser vuestro galardn grande, y seris hijos del Altsimo: porque l es benigno para con los ingratos y malos.
Sed pues misericordiosos, como tambin vuestro Padre es misericordioso.<CM>
No juzguis, y no seris juzgados: no condenis, y no seris condenados: perdonad, y seris perdonados.
Dad, y se os dar; medida buena, apretada, remecida, y rebosando darn en vuestro seno: porque con la misma medida que midiereis, os ser vuelto  medir.
Y les deca una parbola: Puede el ciego guiar al ciego? No caern ambos en el hoyo?
El discpulo no es sobre su maestro; mas cualquiera que fuere como el maestro, ser perfecto.
Por qu miras la paja que est en el ojo de tu hermano, y la viga que est en tu propio ojo no consideras?
O cmo puedes decir  tu hermano: Hermano, deja, echar fuera la paja que est en tu ojo, no mirando t la viga, que est en tu ojo? Hipcrita, echa primero fuera de tu ojo la viga, y entonces vers bien para sacar la paja que est en el ojo de tu hermano.
Porque no es buen rbol el que da malos frutos; ni rbol malo el que da buen fruto.
Porque cada rbol por su fruto es conocido: que no cogen higos de los espinos, ni vendimian uvas de las zarzas.
El buen hombre del buen tesoro de su corazn saca bien; y el mal hombre del mal tesoro de su corazn saca mal; porque de la abundancia del corazn habla su boca.
Por qu me llamis, Seor, Seor, y no hacis lo que digo?
Todo aquel que viene  m, y oye mis palabras, y las hace, os ensear  quin es semejante:
Semejante es al hombre que edifica una casa, el cual cav y ahond, y puso el fundamento sobre la pea; y cuando vino una avenida, el ro di con mpetu en aquella casa, mas no la pudo menear: porque estaba fundada sobre la pea.
Mas el que oy y no hizo, semejante es al hombre que edific su casa sobre tierra, sin fundamento; en la cual el ro di con mpetu, y luego cay; y fu grande la ruina de aquella casa.<CM>
Y COMO acab todas sus palabras oyndole el pueblo, entr en Capernaum.
Y el siervo de un centurin, al cual tena l en estima, estaba enfermo y  punto de morir.
Y como oy hablar de Jess, envi  l los ancianos de los Judos, rogndole que viniese y librase  su siervo.
Y viniendo ellos  Jess, rogronle con diligencia, dicindole: Porque es digno de concederle esto;
Que ama nuestra nacin, y l nos edific una sinagoga.
Y Jess fu con ellos. Mas como ya no estuviesen lejos de su casa, envi el centurin amigos  l, dicindole: Seor, no te incomodes, que no soy digno que entres debajo de mi tejado;
Por lo cual ni aun me tuve por digno de venir  ti; mas di la palabra, y mi siervo ser sano.
Porque tambin yo soy hombre puesto en potestad, que tengo debajo de m soldados; y digo  ste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y  mi siervo: Haz esto, y lo hace.
Lo cual oyendo Jess, se maravill de l, y vuelto, dijo  las gentes que le seguan: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe.
Y vueltos  casa los que haban sido enviados, hallaron sano al siervo que haba estado enfermo.<CM>
Y aconteci despus, que l iba  la ciudad que se llama Nan,  iban con l muchos de sus discpulos, y gran compaa.
Y como lleg cerca de la puerta de la ciudad, he aqu que sacaban fuera  un difunto, unignito de su madre, la cual tambin era viuda: y haba con ella grande compaa de la ciudad.
Y como el Seor la vi, compadecise de ella, y le dice: No llores.
Y acercndose, toc el fretro: y los que lo llevaban, pararon. Y dice: Mancebo,  ti digo, levntate.
Entonces se incorpor el que haba muerto, y comenz  hablar. Y dile  su madre.
Y todos tuvieron miedo, y glorificaban  Dios, diciendo: Que un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y que Dios ha visitado  su pueblo.
Y sali esta fama de l por toda Judea, y por toda la tierra de alrededor.
Y sus discpulos dieron  Juan las nuevas de todas estas cosas: y llam Juan  dos de sus discpulos,<CM>
Y envi  Jess, diciendo: Eres t aqul que haba de venir,  esperaremos  otro?
Y como los hombres vinieron  l, dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado  ti, diciendo: Eres t aqul que haba de venir,  esperaremos  otro?
Y en la misma hora san  muchos de enfermedades y plagas, y de espritus malos; y  muchos ciegos di la vista.
Y respondiendo Jess, les dijo: Id, dad las nuevas  Juan de lo que habis visto y odo: que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan,  los pobres es anunciado el evangelio:
Y bienaventurado es el que no fuere escandalizado en m.
Y como se fueron los mensajeros de Juan, comenz  hablar de Juan  las gentes: Qu salisteis  ver al desierto? una caa que es agitada por el viento?
Mas qu salisteis  ver? un hombre cubierto de vestidos delicados? He aqu, los que estn en vestido precioso, y viven en delicias, en los palacios de los reyes estn.
Mas qu salisteis  ver? un profeta? Tambin os digo, y aun ms que profeta.
Este es de quien est escrito: He aqu, envo mi mensajero delante de tu faz, El cual aparejar tu camino delante de ti.
Porque os digo que entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista: mas el ms pequeo en el reino de los cielos es mayor que l.
Y todo el pueblo oyndole, y los publicanos, justificaron  Dios, bautizndose con el bautismo de Juan.
Mas los Fariseos y los sabios de la ley, desecharon el consejo de Dios contra s mismos, no siendo bautizados de l.
Y dice el Seor: A quin, pues, comparar los hombres de esta generacin, y  qu son semejantes?
Semejantes son  los muchachos sentados en la plaza, y que dan voces los unos  los otros, y dicen: Os taimos con flautas, y no bailasteis: os endechamos, y no llorasteis.
Porque vino Juan el Bautista, que ni coma pan, ni beba vino, y decs: Demonio tiene.
Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y decs: He aqu un hombre comiln, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores.
Mas la sabidura es justificada de todos sus hijos.<CM>
Y le rog uno de los Fariseos, que comiese con l. Y entrado en casa del Fariseo, sentse  la mesa.
Y he aqu una mujer que haba sido pecadora en la ciudad, como entendi que estaba  la mesa en casa de aquel Fariseo, trajo un alabastro de ungento,
Y estando detrs  sus pies, comenz llorando  regar con lgrimas sus pies, y los limpiaba con los cabellos de su cabeza; y besaba sus pies, y los unga con el ungento.
Y como vi esto el Fariseo que le haba convidado, habl entre s, diciendo: Este, si fuera profeta, conocera quin y cul es la mujer que le toca, que es pecadora.
Entonces respondiendo Jess, le dijo: Simn, una cosa tengo que decirte. Y l dice: Di, Maestro.
Un acredor tena dos deudores: el uno le deba quinientos denarios, y el otro cincuenta;
Y no teniendo ellos de qu pagar, perdon  ambos. Di, pues, cul de stos le amar ms?
Y respondiendo Simn, dijo: Pienso que aqul al cual perdon ms. Y l le dijo: Rectamente has juzgado.
Y vuelto  la mujer, dijo  Simn: Ves esta mujer? Entr en tu casa, no diste agua para mis pies; mas sta ha regado mis pies con lgrimas, y los ha limpiado con los cabellos.
No me diste beso, mas sta, desde que entr, no ha cesado de besar mis pies.
No ungiste mi cabeza con leo; mas sta ha ungido con ungento mis pies.
Por lo cual te digo que sus muchos pecados son perdonados, porque am mucho; mas al que se perdona poco, poco ama.
Y  ella dijo: Los pecados te son perdonados.
Y los que estaban juntamente sentados  la mesa, comenzaron  decir entre s: Quin es ste, que tambin perdona pecados?
Y dijo  la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz.<CM>
Y ACONTECIO despus, que l caminaba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con l,
Y algunas mujeres que haban sido curadas de malos espritus y de enfermedades: Mara, que se llamaba Magdalena, de la cual haban salido siete demonios,
Y Juana, mujer de Chuza, procurador de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servan de sus haciendas.<CM>
Ycomo se junt una grande compaa, y los que estaban en cada ciudad vinieron  l, dijo por una parbola:
Uno que sembraba, sali  sembrar su simiente; y sembrando, una parte cay junto al camino, y fu hollada; y las aves del cielo la comieron.
Y otra parte cay sobre la piedra; y nacida, se sec, porque no tena humedad.
Y otra parte cay entre las espinas; y naciendo las espinas juntamente, la ahogaron.
Y otra parte cay en buena tierra, y cuando fu nacida, llev fruto  ciento por uno. Diciendo estas cosas clamaba: El que tiene odos para oir, oiga.
Y sus discpulos le preguntaron, diciendo, qu era est parbola.
Y l dijo: A vosotros es dado conocer los misterios del reino de Dios; mas  los otros por parbolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan.
Es pues sta la parbola: La simiente es la palabra de Dios.
Y los de junto al camino, stos son los que oyen; y luego viene el diablo, y quita la palabra de su corazn, porque no crean y se salven.
Y los de sobre la piedra, son los que habiendo odo, reciben la palabra con gozo; mas stos no tienen races; que  tiempo creen, y en el tiempo de la tentacin se apartan.
Y la que cay entre las espinas, stos son los que oyeron; mas yndose, son ahogados de los cuidados y de las riquezas y de los pasatiempos de la vida, y no llevan fruto.
Mas la que en buena tierra, stos son los que con corazn bueno y recto retienen la palabra oda, y llevan fruto en paciencia.
Ninguno que enciende la antorcha la cubre con vasija,  la pone debajo de la cama; mas la pone en un candelero, para que los que entran vean la luz.
Porque no hay cosa oculta, que no haya de ser manifestada; ni cosa escondida, que no haya de ser entendida, y de venir  luz.
Mirad pues cmo os; porque  cualquiera que tuviere, le ser dado; y  cualquiera que no tuviere, aun lo que parece tener le ser quitado.
Y vinieron  l su madre y hermanos; y no podan llegar  el por causa de la multitud.
Y le fu dado aviso, diciendo: Tu madre y tus hermanos estn fuera, que quieren verte.
El entonces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la ejecutan.<CM>
Y aconteci un da que l entr en un barco con sus discpulos, y les dijo: Pasemos  la otra parte del lago. Y partieron.
Pero mientras ellos navegaban, l se durmi. Y sobrevino una tempestad de viento en el lago; y henchan de agua, y peligraban.
Y llegndose  l, le despertaron, diciendo: Maestro, Maestro, que perecemos! Y despertado l increp al viento y  la tempestad del agua; y cesaron, y fu hecha bonanza.
Y les dijo: Qu es de vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, diciendo los unos  los otros: Quin es ste, que aun  los vientos y al agua manda, y le obedecen?
Y navegaron  la tierra de los Gadarenos, que est delante de Galilea.
Y saliendo l  tierra, le vino al encuentro de la ciudad un hombre que tena demonios ya de mucho tiempo; y no vesta vestido, ni estaba en casa, sino por los sepulcros.
El cual, como vi  Jess, exclam y se postr delante de l, y dijo  gran voz: Qu tengo yo contigo, Jess, Hijo del Dios Altsimo? Rugote que no me atormentes.
(Porque mandaba al espritu inmundo que saliese del hombre: porque ya de mucho tiempo le arrebataba; y le guardaban preso con cadenas y grillos; mas rompiendo las prisiones, era agitado del demonio por los desiertos.)
Y le pregunt Jess, diciendo: Qu nombre tienes? Y l dijo: Legin. Porque muchos demonios haban entrado en l.
Y le rogaban que no les mandase ir al abismo.
Y haba all un hato de muchos puercos que pacan en el monte; y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y los dej.
Y salidos los demonios del hombre, entraron en los puercos; y el hato se arroj de un despeadero en el lago, y ahogse.
Y los pastores, como vieron lo que haba acontecido, huyeron, y yendo dieron aviso en la ciudad y por las heredades.
Y salieron  ver lo que haba acontecido; y vinieron  Jess, y hallaron sentado al hombre de quien haban salido los demonios, vestido, y en su juicio,  los pies de Jess; y tuvieron miedo.
Y les contaron los que lo haban visto, cmo haba sido salvado aquel endemoniado.
Entonces toda la multitud de la tierra de los Gadarenos alrededor, le rogaron que se fuese de ellos; porque tenan gran temor. Y l, subiendo en el barco, volvise.
Y aquel hombre, de quien haban salido los demonios, le rog para estar con l; mas Jess le despidi, diciendo:
Vulvete  tu casa, y cuenta cun grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y l se fu, publicando por toda la ciudad cun grandes cosas habi hecho Jess con l.<CM>
Y aconteci que volviendo Jess, recibile la gente; porque todos le esperaban.
Y he aqu un varn, llamado Jairo, y que era prncipe de la sinagoga, vino, y cayendo  los pies de Jess, le rogaba que entrase en su casa;
Porque tena una hija nica, como de doce aos, y ella se estaba muriendo. Y yendo, le apretaba la compaa.
Y una mujer, que tena flujo de sangre haca ya doce aos, la cual haba gastado en mdicos toda su hacienda, y por ninguno haba podido ser curada,
Llegndose por las espaldas, toc el borde de su vestido; y luego se estanc el flujo de su sangre.
Entonces Jess dijo: Quin es el que me ha tocado? Y negando todos, dijo Pedro y los que estaban con l: Maestro, la compaa te aprieta y oprime, y dices: Quin es el que me ha tocado?
Y Jess dijo: Me ha tocado alguien; porque yo he conocido que ha salido virtud de m.
Entonces, como la mujer vi que no se haba ocultado, vino temblando, y postrndose delante de l declarle delante de todo el pueblo la causa por qu le haba tocado, y cmo luego haba sido sana.
Y l dijo: Hija, tu fe te ha salvado: ve en paz.
Estando an l hablando, vino uno del prncipe de la sinagoga  decirle: Tu hija es muerta, no des trabajo al Maestro.
Y oyndolo Jess, le respondi: No temas: cree solamente, y ser salva.
Y entrado en casa, no dej entrar  nadie consigo, sino  Pedro, y  Jacobo, y  Juan, y al padre y  la madre de la moza.
Y lloraban todos, y la plaan. Y l dijo: No lloris; no es muerta, sino que duerme.
Y hacan burla de l, sabiendo que estaba muerta.
Mas l, tomndola de la mano, clam, diciendo: Muchacha, levntate.
Entonces su espritu volvi, y se levant luego: y l mando que le diesen de comer.
Y sus padres estaban atnitos;  los cuales l mand, que  nadie dijesen lo que haba sido hecho.<CM>
Y JUNTANDO  sus doce discpulos, les di virtud y potestad sobre todos los demonios, y que sanasen enfermedades.
Y los envi  que predicasen el reino de Dios, y que sanasen  los enfermos.
Y les dice: No tomis nada para el camino, ni bculo, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni tengis dos vestidos cada uno.
Y en cualquiera casa en que entrareis, quedad all, y de all salid.
Y todos los que no os recibieren, salindoos de aquella ciudad, aun el polvo sacudid de vuestros pies en testimonio contra ellos.
Y saliendo, rodeaban por todas las aldeas, anunciando el evangelio, y sanando por todas partes.
Y oy Herodes el tetrarca todas las cosas que haca; y estaba en duda, porque decan algunos: Juan ha resucitado de los muertos;
Y otros: Elas ha aparecido; y otros: Algn profeta de los antiguos ha resucitado.
Y dijo Herodes: A Juan yo degoll: quin pues ser ste, de quien yo oigo tales cosas? Y procuraba verle.<CM>
Y vueltos los apstoles, le contaron todas las cosas que haban hecho. Y tomndolos, se retir aparte  un lugar desierto de la ciudad que se llama Bethsaida.
Y como lo entendieron las gentes, le siguieron; y l las recibi, y les hablaba del reino de Dios, y sanaba  los que tenan necesidad de cura.
Y el da haba comenzado  declinar; y llegndose los doce, le dijeron: Despide  las gentes, para que yendo  las aldeas y heredades de alrededor, procedan  alojarse y hallen viandas; porque aqu estamos en lugar desierto.
Y les dice: Dadles vosotros de comer. Y dijeron ellos: No tenemos ms que cinco panes y dos pescados, si no vamos nosotros  comprar viandas para toda esta compaa.
Y eran como cinco mil hombres. Entonces dijo  sus discpulos: Hacedlos sentar en ranchos, de cincuenta en cincuenta.
Y as lo hicieron, hacindolos sentar  todos.
Y tomando los cinco panes y los dos pescados, mirando al cielo los bendijo, y parti, y di  sus discpulos para que pusiesen delante de las gentes.
Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que les sobr, doce cestos de pedazos.<CM>
Y aconteci que estando l solo orando, estaban con l los discpulos; y les pregunt diciendo: Quin dicen las gentes que soy?
Y ellos respondieron, y dijeron: Juan el Bautista; y otros, Elas; y otros, que algn profeta de los antiguos ha resucitado.
Y les dijo: Y vosotros, quin decs que soy? Entonces respondiendo Simn Pedro, dijo: El Cristo de Dios.
Mas l, conminndolos, mand que  nadie dijesen esto;
Diciendo: Es necesario que el Hijo del hombre padezca muchas cosas, y sea desechado de los ancianos, y de los prncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer da.
Y deca  todos: Si alguno quiere venir en pos de m, niguese  s mismo, y tome su cruz cada da, y sgame.
Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perder; y cualquiera que perdiere su vida por causa de m, ste la salvar.
Porque qu aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y s pierda l  s mismo,  corra peligro de s?
Porque el que se avergonzare de m y de mis palabras, de este tal el Hijo del hombre se avergonzar cuando viniere en su gloria, y del Padre, y de los santos ngeles.
Y os digo en verdad, que hay algunos de los que estn aqu, que no gustarn la muerte, hasta que vean el reino de Dios.<CM>
Y aconteci como ocho das despus de estas palabras, que tom  Pedro y  Juan y  Jacobo, y subi al monte  orar.
Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente.
Y he aqu dos varones que hablaban con l, los cuales eran Moiss y Elas;
Que aparecieron en majestad, y hablaban de su salida, la cual haba de cumplir en Jerusalem.
Y Pedro y los que estaban con l, estaban cargados de sueo: y como despertaron, vieron su majestad, y  aquellos dos varones que estaban con l.
Y aconteci, que apartndose ellos de l, Pedro dice  Jess: Maestro, bien es que nos quedemos aqu: y hagamos tres pabellones, uno para ti, y uno para Moiss, y uno para Elas; no sabiendo lo que se deca.
Y estando l hablando esto, vino una nube que los cubri; y tuvieron temor entrando ellos en la nube.
Y vino una voz de la nube, que deca: Este es mi Hijo amado;  l oid.
Y pasada aquella voz, Jess fu hallado solo: y ellos callaron; y por aquellos das no dijeron nada  nadie de lo que haban visto.<CM>
Y aconteci al da siguiente, que apartndose ellos del monte, gran compaa les sali al encuentro.
Y he aqu, un hombre de la compaa clam, diciendo: Maestro, rugote que veas  mi hijo; que es el nico que tengo:
Y he aqu un espritu le toma, y de repente da voces; y le despedaza y hace echar espuma, y apenas se aparta de l quebrantndole.
Y rogu  tus discpulos que le echasen fuera, y no pudieron.
Y respondiendo Jess, dice: Oh generacin infiel y perversa! hasta cundo tengo de estar con vosotros, y os sufrir? Trae tu hijo ac.
Y como aun se acercaba, el demonio le derrib y despedaz: mas Jess increp al espritu inmundo, y san al muchacho, y se lo volvi  su padre.<CM>
Y todos estaban atnitos de la grandeza de Dios. Y maravillndose todos de todas las cosas que haca, dijo  sus discpulos:
Poned vosotros en vuestros odos estas palabras; porque ha de acontecer que el Hijo del hombre ser entregado en manos de hombres.
Mas ellos no entendan esta palabra, y les era encubierta para que no la entendiesen; y teman preguntarle de esta palabra.
Entonces entraron en disputa, cul de ellos sera el mayor.
Mas Jess, viendo los pensamientos del corazn de ellos, tom un nio, y psole junto  s,
Y les dice: Cualquiera que recibiere este nio en m nombre,  m recibe; y cualquiera que me recibiere  m, recibe al que me envi; porque el que fuere el menor entre todos vosotros, ste ser el grande.
Entonces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto  uno que echaba fuera demonios en tu nombre; y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros.
Jess le dijo: No se lo prohibis; porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.<CM>
Y aconteci que, como se cumpli el tiempo en que haba de ser recibido arriba, l afirm su rostro para ir  Jerusalem.
Y envi mensajeros delante de s, los cuales fueron y entraron en una ciudad de los Samaritanos, para prevenirle.
Mas no le recibieron, porque era su traza de ir  Jerusalem.
Y viendo esto sus discpulos Jacobo y Juan, dijeron: Seor, quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, y los consuma, como hizo Elas?
Entonces volvindose l, los reprendi, diciendo: Vosotros no sabis de qu espritu sois;
Porque el Hijo del hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron  otra aldea.<CM>
Y aconteci que yendo ellos, uno le dijo en el camino: Seor, te seguir donde quiera que fueres.
Y le dijo Jess: Las zorras tienen cuevas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recline la cabeza.
Y dijo  otro: Sgueme. Y l dijo: Seor, djame que primero vaya y entierre  mi padre.
Y Jess le dijo: Deja los muertos que entierren  sus muertos; y t, ve, y anuncia el reino de Dios.
Entonces tambin dijo otro: Te seguir, Seor; mas djame que me despida primero de los que estn en mi casa.
Y Jess le dijo: Ninguno que poniendo su mano al arado mira atrs, es apto para el reino de Dios.<CM>
Y DESPUS de estas cosas, design el Seor aun otros setenta, los cuales envi de dos en dos delante de s,  toda ciudad y lugar  donde l haba de venir.
Y les deca: La mies  la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto, rogad al Seor de la mies que enve obreros  su mies.
Andad, he aqu yo os envo como corderos en medio de lobos.
No llevis bolsa, ni alforja, ni calzado; y  nadie saludis en el camino.
En cualquiera casa donde entrareis, primeramente decid: Paz sea  esta casa.
Y si hubiere all algn hijo de paz, vuestra paz reposar sobre l; y si no, se volver  vosotros.
Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os dieren; porque el obrero digno es de su salario. No os pasis de casa en casa.
Y en cualquiera ciudad donde entrareis, y os recibieren, comed lo que os pusieren delante;
Y sanad los enfermos que en ella hubiere, y decidles: Se ha llegado  vosotros el reino de Dios.
Mas en cualquier ciudad donde entrareis, y no os recibieren, saliendo por sus calles, decid:
Aun el polvo que se nos ha pegado de vuestra ciudad  nuestros pies, sacudimos en vosotros: esto empero sabed, que el reino de los cielos se ha llegado  vosotros.
Y os digo que los de Sodoma tendrn ms remisin aquel da, que aquella ciudad.
Ay de ti, Corazn! Ay de ti, Bethsaida! que si en Tiro y en Sidn hubieran sido hechas las maravillas que se han hecho en vosotras, ya das ha que, sentados en cilicio y ceniza, se habran arrepentido.
Por tanto, Tiro y Sidn tendrn ms remisin que vosotras en el juicio.
Y t, Capernaum, que hasta los cielos ests levantada, hasta los infiernos sers abajada.
El que  vosotros oye,  m oye; y el que  vosotros desecha,  m desecha; y el que  m desecha, desecha al que me envi.<CM>
Y volvieron los setenta con gozo, diciendo: Seor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre.
Y les dijo: Yo vea  Satans, como un rayo, que caa del cielo.
He aqu os doy potestad de hollar sobre las serpientes y sobre los escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os daar.
Mas no os gocis de esto, que los espritus se os sujetan; antes gozaos de que vuestros nombres estn escritos en los cielos.
En aquella misma hora Jess se alegr en espritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Seor del cielo y de la tierra, que escondiste estas cosas  los sabios y entendidos, y las has revelado  los pequeos: as, Padre, porque as te agrad.
Todas las cosas me son entregadas de mi Padre: y nadie sabe quin sea el Hijo sino el Padre; ni quin sea el Padre, sino el Hijo, y  quien el Hijo lo quisiere revelar.
Y vuelto particularmente  los discpulos, dijo: Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis:
Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oir lo que os, y no lo oyeron.<CM>
Y he aqu, un doctor de la ley se levant, tentndole y diciendo: Maestro, haciendo qu cosa poseer la vida eterna?
Y l dijo: Qu est escrito de la ley? cmo lees?
Y l respondiendo, dijo: Amars al Seor tu Dios de todo tu corazn, y de toda tu alma, y de todas tus fuerzas, y de todo tu entendimiento; y  tu prjimo como  ti mismo.
Y djole: Bien has respondido: haz esto, y vivirs.
Mas l, querindose justificar  s mismo, dijo  Jess: Y quin es mi prjimo?
Y respondiendo Jess, dijo: Un hombre descenda de Jerusalem  Jeric, y cay en manos de ladrones, los cuales le despojaron;  hirindole, se fueron, dejndole medio muerto.
Y aconteci, que descendi un sacerdote por aquel camino, y vindole, se pas de un lado.
Y asimismo un Levita, llegando cerca de aquel lugar, y vindole, se pas de un lado.
Mas un Samaritano que transitaba, viniendo cerca de l, y vindole, fu movido  misericordia;
Y llegndose, vend sus heridas, echndo les aceite y vino; y ponindole sobre su cabalgadura, llevle al mesn, y cuid de l.
Y otro da al partir, sac dos denarios, y dilos al husped, y le dijo: Cudamele; y todo lo que de ms gastares, yo cuando vuelva te lo pagar.
Quin, pues, de estos tres te parece que fu el prjimo de aqul que cay en manos de los ladrnes?
Y l dijo: El que us con l de misericordia. Entonces Jess le dijo: Ve, y haz t lo mismo.<CM>
Y aconteci que yendo, entr l en una aldea: y una mujer llamada Marta, le recibi en su casa.
Y sta tena una hermana que se llamaba Mara, la cual sentndose  los pies de Jess, oa su palabra.
Empero Marta se distraa en muchos servicios; y sobreviniendo, dice: Seor, no tienes cuidado que mi hermana me deja servir sola? Dile pues, que me ayude.
Pero respondiendo Jess, le dijo: Marta, Marta, cuidadosa ests, y con las muchas cosas ests turbada:
Empero una cosa es necesaria; y Mara escogi la buena parte, la cual no le ser quitada.<CM>
Y ACONTECIO que estando l orando en un lugar, como acab, uno de sus discpulos le dijo: Seor, ensanos  orar, como tambin Juan ense  sus discpulos.
Y les dijo: Cuando orareis, decid: Padre nuestro que ests en los cielos; sea tu nombre santificado. Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, as tambin en la tierra.
El pan nuestro de cada da, dnos lo hoy.
Y perdnanos nuestros pecados, porque tambin nosotros perdonamos  todos los que nos deben. Y no nos metas en tentacin, mas lbranos del malo.
Djoles tambin: Quin de vosotros tendr un amigo,  ir  l  media noche, y le dir: Amigo, prstame tres panes,
Porque un amigo mo ha venido  m de camino, y no tengo que ponerle delante;
Y el de dentro respondiendo, dijere: No me seas molesto; la puerta est ya cerrada, y mis nios estn conmigo en cama; no puedo levantarme, y darte?
Os digo, que aunque no se levante  darle por ser su amigo, cierto por su importunidad se levantar, y le dar todo lo que habr menester.
Y yo os digo: Pedid, y se os dar; buscad, y hallaris; llamad, y os ser abierto.
Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se abre.
Y cul padre de vosotros, si su hijo le pidiere pan, le dar una piedra?, , si pescado, en lugar de pescado, le dar una serpiente?
O, si le pidiere un huevo, le dar un escorpin?
Pues si vosotros, siendo malos, sabis dar buenas ddivas  vuestros hijos, cunto ms vuestro Padre celestial dar el Espritu Santo  los que lo pidieren de l?<CM>
Y estaba l lanzando un demonio, el cual era mudo: y aconteci que salido fuera el demonio, el mudo habl y las gentes se maravillaron.
Mas algunos de ellos decan: En Beelzebub, prncipe de los demonios, echa fuera los demonios.
Y otros, tentando, pedan de l seal del cielo.
Mas l, conociendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra s mismo, es asolado; y una casa dividida contra s misma, cae.
Y si tambin Satans est dividido contra s mismo, cmo estar en pie su reino? porque decs que en Beelzebub echo yo fuera los demonios.
Pues si yo echo fuera los demonios en Beelzebub, vuestros hijos en quin los echan fuera? Por tanto, ellos sern vuestros jueces.
Mas si por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios, cierto el reino de Dios ha llegado  vosotros.
Cuando el fuerte armado guarda su atrio, en paz est lo que posee.
Mas si sobreviniendo otro ms fuerte que l, le venciere, le toma todas sus armas en que confiaba, y reparte sus despojos.
El que no es conmigo, contra m es; y el que conmigo no recoge, desparrama.
Cuando el espritu inmundo saliere del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallndolo, dice: Me volver  mi casa de donde sal.
Y viniendo, la halla barrida y adornada.
Entonces va, y toma otros siete espritus peores que l; y entrados, habitan all: y lo postrero del tal hombre es peor que lo primero.<CM>
Y aconteci que diciendo estas cosas, una mujer de la compaa, levantando la voz, le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y los pechos que mamaste.
Y l dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan.<CM>
Y juntndose las gentes  l, comenz  decir: Esta generacin mala es: seal busca, mas seal no le ser dada, sino la seal de Jons.
Porque como Jons fu seal  los Ninivitas, as tambin ser el Hijo del hombre  esta generacin.
La reina del Austro se levantar en juicio con los hombres de esta generacin, y los condenar; porque vino de los fines de la tierra  oir la sabidura de Salomn; y he aqu ms que Salomn en este lugar.
Los hombres de Nnive se levantarn en juicio con esta generacin, y la condenarn; porque  la predicacin de Jons se arrepintieron; y he aqu ms que Jons en este lugar.
Nadie pone en oculto la antorcha encendida, ni debajo del almud, sino en el candelero, para que los que entran vean la luz.
La antorcha del cuerpo es el ojo: pues si tu ojo fuere simple, tambin todo tu cuerpo ser resplandeciente; mas si fuere malo, tambin tu cuerpo ser tenebroso.
Mira pues, si la lumbre que en ti hay, es tinieblas.
As que, siendo todo tu cuerpo resplandeciente, no teniendo alguna parte de tinieblas, ser todo luminoso, como cuando una antorcha de resplandor te alumbra.<CM>
Y luego que hubo hablado, rogle un Fariseo que comiese con l: y entrado Jess, se sent  la mesa.
Y el Fariseo, como lo vi, maravillse de que no se lav antes de comer.
Y el Seor le dijo: Ahora vosotros los Fariseos lo de fuera del vaso y del plato limpiis; mas lo interior de vosotros est lleno de rapia y de maldad.
Necios, el que hizo lo de fuera, no hizo tambin lo de dentro?
Empero de lo que os resta, dad limosna; y he aqu todo os ser limpio.
Mas ay de vosotros, Fariseos! que diezmis la menta, y la ruda, y toda hortliza; mas el juicio y la caridad de Dios pasis de largo. Pues estas cosas era necesario hacer, y no dejar las otras.
Ay de vosotros, Fariseos! que amis las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas.
Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipcritas! que sois como sepulcros que no se ven, y los hombres que andan encima no lo saben.
Y respondiendo uno de los doctores de la ley, le dice: Maestro, cuando dices esto, tambin nos afrentas  nosotros.
Y l dijo: Ay de vosotros tambin, doctores de la ley! que cargis  los hombres con cargas que no pueden llevar; mas vosotros ni aun con un dedo tocis las cargas.
Ay de vosotros! que edificis los sepulcros de los profetas, y los mataron vuestros padres.
De cierto dais testimonio que consents en los hechos de vuestros padres; porque  la verdad ellos los mataron, mas vosotros edificis sus sepulcros.
Por tanto, la sabidura de Dios tambin dijo: Enviar  ellos profetas y apstoles; y de ellos  unos matarn y  otros perseguirn;
Para que de esta generacin sea demandada la sangre de todos los profetas, que ha sido derramada desde la fundacin del mundo;
Desde la sangre de Abel, hasta la sangre de Zacaras, que muri entre el altar y el templo: as os digo, ser demandada de esta generacin.
Ay de vosotros, doctores de la ley! que habis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y  los que entraban impedisteis.
Y dicindoles estas cosas, los escribas y los Fariseos comenzaron  apretar le en gran manera, y  provocarle  que hablase de muchas cosas;
Acechndole, y procurando cazar algo de su boca para acusarle.<CM>
EN esto, juntndose muchas gentes, tanto que unos  otros se hollaban, comenz  decir  sus discpulos, primeramente: Guardaos de la levadura de los Fariseos, que es hipocresa.
Porque nada hay encubierto, que no haya de ser descubierto; ni oculto, que no haya de ser sabido.
Por tanto, las cosas que dijisteis en tinieblas,  la luz sern odas; y lo que hablasteis al odo en las cmaras, ser pregonado en los terrados.
Mas os digo, amigos mos: No temis de los que matan el cuerpo, y despus no tienen ms que hacer.
Mas os ensear  quin temis: temed  aquel que despus de haber quitado la vida, tiene poder de echar en la Gehenna: as os digo:  ste temed.
No se venden cinco pajarillos por dos blancas? pues ni uno de ellos est olvidado delante de Dios.
Y aun los cabellos de vuestra cabeza estn todos contados. No temis pues: de ms estima sois que muchos pajarillos.
Y os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, tambin el Hijo del hombre le confesar delante de los ngeles de Dios;
Mas el que me negare delante de los hombres, ser negado delante de los ngeles de Dios.
Y todo aquel que dice palabra contra el Hijo del hombre, le ser perdonado; mas al que blasfemare contra el Espritu Santo, no le ser perdonado.
Y cuando os trajeren  las sinagogas, y  los magistrados y potestades, no estis solcitos cmo  qu hayis de responder,  qu hayis de decir;
Porque el Espritu Santo os ensear en la misma hora lo que ser necesario decir.<CM>
Y djole uno de la compaa: Maestro, di  mi hermano que parta conmigo la herencia.
Mas l le dijo: Hombre, quin me puso por juez  partidor sobre vosotros?
Y djoles: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.
Y refiriles una parbola, diciendo: La heredad de un hombre rico haba llevado mucho;
Y l pensaba dentro de s, diciendo: qu har, porque no tengo donde juntar mis frutos?
Y dijo: Esto har: derribar mis alfoles, y los edificar mayores, y all juntar todos mis frutos y mis bienes;
Y dir  mi alma: Alma, muchos bienes tienes almacenados para muchos aos; repsate, come, bebe, hulgate.
Y djole Dios: Necio, esta noche vuelven  pedir tu alma; y lo que has prevenido, de quin ser?
As es el que hace para s tesoro, y no es rico en Dios.<CM>
Y dijo  sus discpulos: Por tanto os digo: No estis afanosos de vuestra vida, qu comeris; ni del cuerpo, qu vestiris.
La vida ms es que la comida, y el cuerpo que el vestido.
Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen cillero, ni alfol; y Dios los alimenta. Cunto de ms estima sois vosotros que las aves?
Y quin de vosotros podr con afn aadir  su estatura un codo?
Pues si no podis aun lo que es menos, para qu estaris afanosos de lo dems?
Considerad los lirios, cmo crecen: no labran, ni hilan; y os digo, que ni Salomn con toda su gloria se visti como uno de ellos.
Y si as viste Dios  la hierba, que hoy est en el campo, y maana es echada en el horno; cunto ms  vosotros, hombres de poca fe?
Vosotros, pues, no procuris qu hayis de comer,  qu hayis de beber: ni estis en ansiosa perplejidad.
Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; que vuestro Padre sabe que necesitis estas cosas.
Mas procurad el reino de Dios, y todas estas cosas os sern aadidas.
No temis, manada pequea; porque al Padre ha placido daros el reino.
Vended lo que poseis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejecen, tesoro en los cielos que nunca falta; donde ladrn no llega, ni polilla corrompe.
Porque donde est vuestro tesoro, all tambin estar vuestro corazn.
Estn ceidos vuestros lomos, y vuestras antorchas encendidas;
Y vosotros semejantes  hombres que esperan cuando su seor ha de volver de las bodas; para que cuando viniere, y llamare, luego le abran.
Bienaventurados aquellos siervos,  los cuales cuando el Seor viniere, hallare velando: de cierto os digo, que se ceir, y har que se sienten  la mesa, y pasando les servir.
Y aunque venga  la segunda vigilia, y aunque venga  la tercera vigilia, y los hallare as, bienaventurados son los tales siervos.
Esto empero sabed, que si supiese el padre de familia  qu hora haba de venir el ladrn, velara ciertamente, y no dejara minar su casa.
Vosotros pues tambin, estad apercibidos; porque  la hora que no pensis, el Hijo del hombre vendr.<CM>
Entonces Pedro le dijo: Seor, dices esta parbola  nosotros,  tambin  todos?
Y dijo el Seor: Quin es el mayordomo fiel y prudente, al cual el seor pondr sobre su familia, para que  tiempo les d su racin?
Bienaventurado aquel siervo, al cual, cuando el seor viniere, hallare haciendo as.
En verdad os digo, que l le pondr sobre todos sus bienes.
Mas si el tal siervo dijere en su corazn: Mi seor tarda en venir: y comenzare  herir  los siervos y  las criadas, y  comer y  beber y  embriagarse;
Vendr el seor de aquel siervo el da que no espera, y  la hora que no sabe, y le apartar, y pondr su parte con los infieles.
Porque el siervo que entendi la voluntad de su seor, y no se apercibi, ni hizo conforme  su voluntad, ser azotado mucho.
Mas el que no entendi,  hizo cosas dignas de azotes, ser azotado poco: porque  cualquiera que fu dado mucho, mucho ser vuelto  demandar de l; y al que encomendaron mucho, ms le ser pedido.
Fuego vine  meter en la tierra: y qu quiero, si ya est encendido?
Empero de bautismo me es necesario ser bautizado: y cmo me angustio hasta que sea cumplido!
Pensis que he venido  la tierra  dar paz? No, os digo; mas disensin.
Porque estarn de aqu adelante cinco en una casa divididos; tres contra dos, y dos contra tres.
El padre estar dividido contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra.<CM>
Y deca tambin  las gentes: Cuando veis la nube que sale del poniente, luego decs: Agua viene; y es as.
Y cuando sopla el austro, decs: Habr calor; y lo hay.
Hipcritas! Sabis examinar la faz del cielo y de la tierra; y cmo no reconocis este tiempo?
Y por qu aun de vosotros mismos no juzgis lo que es justo?
Pues cuando vas al magistrado con tu adversario, procura en el camino librarte de l; porque no te arrastre al juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te meta en la crcel.
Te digo que no saldrs de all, hasta que hayas pagado hasta el ltimo maraved.<CM>
Y EN este mismo tiempo estaban all unos que le contaban acerca de los Galileos, cuya sangre Pilato haba mezclado con sus sacrificios.
Y respondiendo Jess, les dijo: Pensis que estos Galileos, porque han padecido tales cosas, hayan sido ms pecadores que todos los Galileos?
No, os digo; antes si no os arrepintiereis, todos pereceris igualmente.
O aquellos dieciocho, sobre los cuales cay la torre en Silo, y los mat, pensis que ellos fueron ms deudores que todos los hombres que habitan en Jerusalem?
No, os digo; antes si no os arrepintiereis, todos pereceris asimismo.<CM>
Y dijo esta parbola: Tena uno una higuera plantada en su via, y vino  buscar fruto en ella, y no lo hall.
Y dijo al viero: He aqu tres aos ha que vengo  buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; crtala, por qu ocupar an la tierra?
El entonces respondiendo, le dijo: Seor, djala an este ao, hasta que la excave, y estercole.
Y si hiciere fruto, bien; y si no, la cortars despus.<CM>
Y enseaba en una sinagoga en sbado.
Y he aqu una mujer que tena espritu de enfermedad dieciocho aos, y andaba agobiada, que en ninguna manera se poda enhestar.
Y como Jess la vi, llamla, y djole: Mujer, libre eres de tu enfermedad.
Y puso las manos sobre ella; y luego se enderez, y glorificaba  Dios.
Y respondiendo el prncipe de la sinagoga, enojado de que Jess hubiese curado en sbado, dijo  la compaa: Seis das hay en que es necesario obrar: en estos, pues, venid y sed curados, y no en das de sbado.
Entonces el Seor le respondi, y dijo: Hipcrita, cada uno de vosotros no desata en sbado su buey  su asno del pesebre, y lo lleva  beber?
Y  esta hija de Abraham, que he aqu Satans la haba ligado dieciocho aos, no convino desatar la de esta ligadura en da de sbado?
Y diciendo estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios: mas todo el pueblo se gozaba de todas las cosas gloriosas que eran por l hechas.<CM>
Y dijo: A qu es semejante el reino de Dios, y  qu le comparar?
Semejante es al grano de la mostaza, que tomndo lo un hombre lo meti en su huerto; y creci, y fu hecho rbol grande, y las aves del cielo hicieron nidos en sus ramas.
Y otra vez dijo: A qu comparar el reino de Dios?
Semejante es  la levadura, que tom una mujer, y la escondi en tres medidas de harina, hasta que todo hubo fermentado.
Y pasaba por todas las ciudades y aldeas, enseando, y caminando  Jerusalem.<CM>
Y djole uno: Seor, son pocos los que se salvan? Y l les dijo:
Porfiad  entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarn entrar, y no podrn.
Despus que el padre de familia se levantare, y cerrare la puerta, y comenzareis  estar fuera, y llamar  la puerta, diciendo: Seor, Seor, brenos; y respondiendo os dir: No os conozco de dnde seis.
Entonces comenzaris  decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseaste;
Y os dir: Dgoos que no os conozco de dnde seis; apartaos de m todos los obreros de iniquidad.
All ser el llanto y el crujir de dientes, cuando viereis  Abraham, y  Isaac, y  Jacob, y  todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros excludos.
Y vendrn del Oriente y del Occidente, del Norte y del Medioda, y se sentarn  la mesa en el reino de Dios.
Y he aqu, son postreros los que eran los primeros; y son primeros los que eran los postreros<CM>
Aquel mismo da llegaron unos de los Fariseos, dicindole: Sal, y vete de aqu, porque Herodes te quiere matar.
Y les dijo: Id, y decid  aquella zorra: He aqu, echo fuera demonios y acabo sanidades hoy y maana, y al tercer da soy consumado.
Empero es menester que hoy, y maana, y pasado maana camine; porque no es posible que profeta muera fuera de Jerusalem.
Jerusalem, Jerusalem! que matas  los profetas, y apedreas  los que son enviados  ti: cuntas veces quise juntar tus hijos, como la gallina sus pollos debajo de sus alas, y no quisiste!
He aqu, os es dejada vuestra casa desierta: y os digo que no me veris hasta que venga tiempo cuando digis: Bendito el que viene en nombre del Seor.<CM>
Y ACONTECIO que entrando en casa de un prncipe de los Fariseos un sbado  comer pan, ellos le acechaban.
Y he aqu un hombre hidrpico estaba delante de l.
Y respondiendo Jess, habl  los doctores de la ley y  los Fariseos, diciendo: Es lcito sanar en sbado?
Y ellos callaron. Entonces l tomndole, le san, y despidile.
Y respondiendo  ellos dijo: El asno  el buey de cul de vosotros caer en algn pozo, y no lo sacar luego en da de sbado?
Y no le podan replicar  estas cosas.<CM>
Y observando cmo escogan los primeros asientos  la mesa, propuso una parbola  los convidados, dicindoles:
Cuando fueres convidado de alguno  bodas, no te sientes en el primer lugar, no sea que otro ms honrado que t est por l convidado,
Y viniendo el que te llam  ti y  l, te diga: Da lugar  ste: y entonces comiences con vergenza  tener el lugar ltimo.
Mas cuando fueres convidado, ve, y sintate en el postrer lugar; porque cuando viniere el que te llam, te diga: Amigo, sube arriba: entonces tendrs gloria delante de los que juntamente se asientan  la mesa.
Porque cualquiera que se ensalza, ser humillado; y el que se humilla, ser ensalzado.
Y dijo tambin al que le haba convidado: Cuando haces comida  cena, no llames  tus amigos, ni  tus hermanos, ni  tus parientes, ni  vecinos ricos; porque tambin ellos no te vuelvan  convidar, y te sea hecha compensacin.
Mas cuando haces banquete, llama  los pobres, los mancos, los cojos, los ciegos;
Y sers bienaventurado; porque no te pueden retribuir; mas te ser recompensado en la resurreccin de los justos.<CM>
Y oyendo esto uno de los que juntamente estaban sentados  la mesa, le dijo: Bienaventurado el que comer pan en el reino de los cielos.
El entonces le dijo: Un hombre hizo una grande cena, y convido  muchos.
Y  la hora de la cena envi  su siervo  decir  los convidados: Venid, que ya est todo aparejado.
Y comenzaron todos  una  excusarse. El primero le dijo: He comprado una hacienda, y necesito salir y verla; te ruego que me des por excusado.
Y el otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy  probarlos; rugote que me des por excusado.
Y el otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir.
Y vuelto el siervo, hizo saber estas cosas  su seor. Entonces enojado el padre de la familia, dijo  su siervo: Ve presto por las plazas y por las calles de la ciudad, y mete ac los pobres, los mancos, y cojos, y ciegos.
Y dijo el siervo: Seor, hecho es como mandaste, y aun hay lugar.
Y dijo el seor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y furza los  entrar, para que se llene mi casa.
Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron llamados, gustar mi cena.<CM>
Y muchas gentes iban con l; y volvindose les dijo:
Si alguno viene  m, y no aborrece  su padre, y madre, y mujer,  hijos, y hermanos, y hermanas, y aun tambin su vida, no puede ser mi discpulo.
Y cualquiera que no trae su cruz, y viene en pos de m, no puede ser mi discpulo.
Porque cul de vosotros, queriendo edificar una torre, no cuenta primero sentado los gastos, si tiene lo que necesita para acabarla?
Porque despus que haya puesto el fundamento, y no pueda acabarla, todos los que lo vieren, no comiencen  hacer burla de l,
Diciendo: Este hombre comenz  edificar, y no pudo acabar.
O cul rey, habiendo de ir  hacer guerra contra otro rey, sentndose primero no consulta si puede salir al encuentro con diez mil al que viene contra l con veinte mil?
De otra manera, cuando aun el otro est lejos, le ruega por la paz, envindo le embajada.
As pues, cualquiera de vosotros que no renuncia  todas las cosas que posee, no puede ser mi discpulo.
Buena es la sal; mas si aun la sal fuere desvanecida, con qu se adobar?
Ni para la tierra, ni para el muladar es buena; fuera la arrojan. Quien tiene odos para oir, oiga.<CM>
Y SE llegaban  l todos los publicanos y pecadores  oirle.
Y murmuraban los Fariseos y los escribas, diciendo: Este  los pecadores recibe, y con ellos come.
Y l les propuso esta parbola, diciendo:
Qu hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si perdiere una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va  la que se perdi, hasta que la halle?
Y hallada, la pone sobre sus hombros gozoso;
Y viniendo  casa, junta  los amigos y  los vecinos, dicindoles: Dadme el parabin, porque he hallado mi oveja que se haba perdido.
Os digo, que as habr ms gozo en el cielo de un pecador que se arrepiente, que de noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentimiento.
O qu mujer que tiene diez dracmas, si perdiere una dracma, no enciende el candil, y barre la casa, y busca con diligencia hasta hallarla?
Y cuando la hubiere hallado, junta las amigas y las vecinas, diciendo: Dadme el parabin, porque he hallado la dracma que haba perdido.
As os digo que hay gozo delante de los ngeles de Dios por un pecador que se arrepiente.<CM>
Y dijo: Un hombre tena dos hijos;
Y el menor de ellos dijo  su padre: Padre, dame la parte de la hacienda que me pertenece: y les reparti la hacienda.
Y no muchos das despus, juntndolo todo el hijo menor, parti lejos  una provincia apartada; y all desperdici su hacienda viviendo perdidamente.
Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una grande hambre en aquella provincia, y comenzle  faltar.
Y fu y se lleg  uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envi  su hacienda para que apacentase los puercos.
Y deseaba henchir su vientre de las algarrobas que coman los puercos; mas nadie se las daba.
Y volviendo en s, dijo: Cuntos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aqu perezco de hambre!
Me levantar,  ir  mi padre, y le dir: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti;
Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como  uno de tus jornaleros.
Y levantndose, vino  su padre. Y como aun estuviese lejos, vilo su padre, y fu movido  misericordia, y corri, y echse sobre su cuello, y besle.
Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.
Mas el padre dijo  sus siervos: Sacad el principal vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y zapatos en sus pies.
Y traed el becerro grueso, y matadlo, y comamos, y hagamos fiesta:
Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; habase perdido, y es hallado. Y comenzaron  regocijarse.
Y su hijo el mayor estaba en el campo; el cual como vino, y lleg cerca de casa, oy la sinfona y las danzas;
Y llamando  uno de los criados, preguntle qu era aquello.
Y l le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha muerto el becerro grueso, por haberle recibido salvo.
Entonces se enoj, y no quera entrar. Sali por tanto su padre, y le rogaba que entrase.
Mas l respondiendo, dijo al padre: He aqu tantos aos te sirvo, no habiendo traspasado jams tu mandamiento, y nunca me has dado un cabrito para gozarme con mis amigos:
Mas cuando vino ste tu hijo, que ha consumido tu hacienda con rameras, has matado para l el becerro grueso.
El entonces le dijo: Hijo, t siempre ests conmigo, y todas mis cosas son tuyas.
Mas era menester hacer fiesta y holgar nos, porque este tu hermano muerto era, y ha revivido; habase perdido, y es hallado.<CM>
Y DIJO tambin  sus discpulos: Haba un hombre rico, el cual tena un mayordomo, y ste fu acusado delante de l como disipador de sus bienes.
Y le llam, y le dijo: Qu es esto que oigo de ti? Da cuenta de tu mayordoma, porque ya no podrs ms ser mayordomo.
Entonces el mayordomo dijo dentro de s: Qu har? que mi seor me quita la mayordoma. Cavar, no puedo; mendigar, tengo vergenza.
Yo s lo que har para que cuando fuere quitado de la mayordoma, me reciban en sus casas.
Y llamando  cada uno de los deudores de su seor, dijo al primero: Cunto debes  mi seor?
Y l dijo: Cien barriles de aceite. Y le dijo: Toma tu obligacin, y sintate presto, y escribe cincuenta.
Despus dijo  otro: Y t, cunto debes? Y l dijo: Cien coros de trigo. Y l le dijo: Toma tu obligacin, y escribe ochenta.
Y alab el seor al mayordomo malo por haber hecho discretamente; porque los hijos de este siglo son en su generacin ms sagaces que los hijos de luz.
Y yo os digo: Haceos amigos de las riquezas de maldad, para que cuando faltareis, os reciban en las moradas eternas.
El que es fiel en lo muy poco, tambin en lo ms es fiel: y el que en lo muy poco es injusto, tambin en lo ms es injusto.
Pues si en las malas riquezas no fusteis fieles. quin os confiar lo verdadero?
Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, quin os dar lo que es vuestro?
Ningn siervo puede servir  dos seores; porque  aborrecer al uno y amar al otro,  se allegar al uno y menospreciar al otro. No podis servir  Dios y  las riquezas.
Y oan tambin todas estas cosas los Fariseos, los cuales eran avaros, y se burlaban de l.
Y djoles: Vosotros sois los que os justificis  vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominacin.
La ley y los profetas hasta Juan: desde entonces el reino de Dios es anunciado, y quienquiera se esfuerza  entrar en l.
Empero ms fcil cosa es pasar el cielo y la tierra, que frustrarse un tilde de la ley.
Cualquiera que repudia  su mujer, y se casa con otra, adultera: y el que se casa con la repudiada del marido, adultera.<CM>
Haba un hombre rico, que se vesta de prpura y de lino fino, y haca cada da banquete con esplendidez.
Haba tambin un mendigo llamado Lzaro, el cual estaba echado  la puerta de l, lleno de llagas,
Y deseando hartarse de las migajas que caan de la mesa del rico; y aun los perros venan y le laman las llagas.
Y aconteci que muri el mendigo, y fu llevado por los ngeles al seno de Abraham: y muri tambin el rico, y fu sepultado.
Y en el infierno alz sus ojos, estando en los tormentos, y vi  Abraham de lejos, y  Lzaro en su seno.
Entonces l, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de m, y enva  Lzaro que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque soy atormentado en esta llama.
Y djole Abraham: Hijo, acurdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lzaro tambin males; mas ahora ste es consolado aqu, y t atormentado.
Y adems de todo esto, una grande sima est constituda entre nosotros y vosotros, que los que quisieren pasar de aqu  vosotros, no pueden, ni de all pasar ac.
Y dijo: Rugote pues, padre, que le enves  la casa de mi padre;
Porque tengo cinco hermanos; para que les testifique, porque no vengan ellos tambin  este lugar de tormento.
Y Abraham le dice: A Moiss y  los profetas tienen: iganlos.
El entonces dijo: No, padre Abraham: mas si alguno fuere  ellos de los muertos, se arrepentirn.
Mas Abraham le dijo: Si no oyen  Moiss y  los profetas, tampoco se persuadirn, si alguno se levantare de los muertos.<CM>
Y A SUS discpulos dice: Imposible es que no vengan escndalos; mas ay de aqul por quien vienen!
Mejor le fuera, si le pusiesen al cuello una piedra de molino, y le lanzasen en el mar, que escandalizar  uno de estos pequeitos.
Mirad por vosotros: si pecare contra ti tu hermano, reprndele; y si se arrepintiere, perdnale.
Y si siete veces al da pecare contra ti, y siete veces al da se volviere  ti, diciendo, psame, perdnale.
Y dijeron los apstoles al Seor: Aumntanos la fe.
Entonces el Seor dijo: Si tuvieseis fe como un grano de mostaza, diris  este sicmoro: Desarrigate, y plntate en el mar; y os obedecer.
Y quin de vosotros tiene un siervo que ara  apacienta, que vuelto del campo le diga luego: Pasa, sintate  la mesa?
No le dice antes: Adereza qu cene, y arremngate, y srveme hasta que haya comido y bebido; y despus de esto, come t y bebe?
Da gracias al siervo porque hizo lo que le haba sido mandado? Pienso que no.
As tambin vosotros, cuando hubiereis hecho todo lo que os es mandado, decid: Siervos intiles somos, porque lo que debamos hacer, hicimos.<CM>
Y aconteci que yendo l  Jerusalem, pasaba por medio de Samaria y de Galilea.
Y entrando en una aldea, vinironle al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos,
Y alzaron la voz, diciendo: Jess, Maestro, ten misericordia de nosotros.
Y como l los vi, les dijo: Id, mostraos  los sacerdotes. Y aconteci, que yendo ellos, fueron limpios.
Entonces uno de ellos, como se vi que estaba limpio, volvi, glorificando  Dios  gran voz;
Y derribse sobre el rostro  sus pies, dndole gracias: y ste era Samaritano.
Y respondiendo Jess, dijo: No son diez los que fueron limpios? Y los nueve dnde estn?
No hubo quien volviese y diese gloria  Dios sino este extranjero?
Y djole: Levntate, vete; tu fe te ha salvado.<CM>
Y preguntado por los Fariseos, cundo haba de venir el reino de Dios, les respondi y dijo: El reino de Dios no vendr con advertencia;
Ni dirn: Helo aqu,  helo all: porque he aqu el reino de Dios entre vosotros est.
Y dijo  sus discpulos: Tiempo vendr, cuando desearis ver uno de los das del Hijo del hombre, y no lo veris.
Y os dirn: Helo aqu,  helo all. No vayis, ni sigis.
Porque como el relmpago, relampagueando desde una parte de debajo del cielo, resplandece hasta la otra debajo del cielo, as tambin ser el Hijo del hombre en su da.
Mas primero es necesario que padezca mucho, y sea reprobado de esta generacin.
Y como fu en los das de No, as tambin ser en los das del Hijo del hombre.
Coman, beban, los hombres tomaban mujeres, y las mujeres maridos, hasta el da que entr No en el arca; y vino el diluvio, y destruy  todos.
Asimismo tambin como fu en los das de Lot; coman, beban, compraban, vendan, plantaban, edificaban;
Mas el da que Lot sali de Sodoma, llovi del cielo fuego y azufre, y destruy  todos:
Como esto ser el da en que el Hijo del hombre se manifestar.
En aquel da, el que estuviere en el terrado, y sus alhajas en casa, no descienda  tomarlas: y el que en el campo, asimismo no vuelva atrs.
Acordaos de la mujer de Lot.
Cualquiera que procurare salvar su vida, la perder; y cualquiera que la perdiere, la salvar.
Os digo que en aquella noche estarn dos en una cama; el uno ser tomado, y el otro ser dejado.
Dos mujeres estarn moliendo juntas: la una ser tomada, y la otra dejada.
Dos estarn en el campo; el uno ser tomado, y el otro dejado.
Y respondiendo, le dicen: Dnde, Seor? Y l les dijo: Donde estuviere el cuerpo, all se juntarn tambin las guilas.<CM>
Y PROPUSOLES tambin una parbola sobre que es necesario orar siempre, y no desmayar,
Diciendo: Haba un juez en una ciudad, el cual ni tema  Dios, ni respetaba  hombre.
Haba tambin en aquella ciudad una viuda, la cual vena  l diciendo: Hazme justicia de mi adversario.
Pero l no quiso por algn tiempo; mas despus de esto dijo dentro de s: Aunque ni temo  Dios, ni tengo respeto  hombre,
Todava, porque esta viuda me es molesta, le har justicia, porque al fin no venga y me muela.
Y dijo el Seor: Oid lo que dice el juez injusto.
Y Dios no har justicia  sus escogidos, que claman  l da y noche, aunque sea longnime acerca de ellos?
Os digo que los defender presto. Empero cuando el Hijo del hombre viniere, hallar fe en la tierra?<CM>
Y dijo tambin  unos que confiaban de s como justos, y menospreciaban  los otros, esta parbola:
Dos hombres subieron al templo  orar: el uno Fariseo, el otro publicano.
El Fariseo, en pie, oraba consigo de esta manera: Dios, te doy gracias, que no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adlteros, ni aun como este publicano;
Ayuno dos veces  la semana, doy diezmos de todo lo que poseo.
Mas el publicano estando lejos no quera ni aun alzar los ojos al cielo, sino que hera su pecho, diciendo: Dios, s propici  m pecador.
Os digo que ste descendi  su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se ensalza, ser humillado; y el que se humilla, ser ensalzado.<CM>
Y traan  l los nios para que los tocase; lo cual viendo los discpulos les rean.
Mas Jess llamndolos, dijo: Dejad los nios venir  m, y no los impidis; porque de tales es el reino de Dios.
De cierto os digo, que cualquiera que no recibiere el reino de Dios como un nio, no entrar en l.<CM>
Y preguntle un prncipe, diciendo: Maestro bueno, qu har para poseer la vida eterna?
Y Jess le dijo: Por qu me llamas bueno? ninguno hay bueno sino slo Dios.
Los mandamientos sabes: No matars: No adulterars: No hurtars: No dirs falso testimonio: Honra  tu padre y  tu madre.
Y l dijo: Todas estas cosas he guardado desde mi juventud.
Y Jess, odo esto, le dijo: Aun te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y da  los pobres, y tendrs tesoro en el cielo; y ven, sgueme.
Entonces l, odas estas cosas, se puso muy triste, porque era muy rico.
Y viendo Jess que se haba entristecido mucho, dijo: Cun dificultosamente entrarn en el reino de Dios los que tienen riquezas!
Porque ms fcil cosa es entrar un camello por el ojo de una aguja, que un rico entrar en el reino de Dios.
Y los que lo oan, dijeron: Y quin podr ser salvo?
Y l les dijo: Lo que es imposible para con los hombres, posible es para Dios.
Entonces Pedro dijo: He aqu, nosotros hemos dejado las posesiones nuestras, y te hemos seguido.
Y l les dijo: De cierto os digo, que nadie hay que haya dejado casa, padres,  hermanos,  mujer,  hijos, por el reino de Dios,
Que no haya de recibir mucho ms en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna.<CM>
Y Jess, tomando  los doce, les dijo: He aqu subimos  Jerusalem, y sern cumplidas todas las cosas que fueron escritas por los profetas, del Hijo del hombre.
Porque ser entregado  las gentes, y ser escarnecido,  injuriado, y escupido.
Y despus que le hubieren azotado, le matarn: mas al tercer da resucitar.
Pero ellos nada de estas cosas entendan, y esta palabra les era encubierta, y no entendan lo que se deca.<CM>
Y aconteci que acercndose l  Jeric, un ciego estaba sentado junto al camino mendigando;
El cual como oy la gente que pasaba, pregunt qu era aquello.
Y dijronle que pasaba Jess Nazareno.
Entonces di voces, diciendo: Jess, Hijo de David, ten misericordia de m.
Y los que iban delante, le rean que callase; mas l clamaba mucho ms: Hijo de David, ten misericordia de m.
Jess entonces parndose, mand traerle  s: y como l lleg, le pregunt,
Diciendo: Qu quieres que te haga? Y l dijo: Seor, que vea.
Y Jess le dijo: Ve, tu fe te ha hecho salvo.
Y luego vi, y le segua, glorificando  Dios: y todo el pueblo como lo vi, di  Dios alabanza.<CM>
Y HABIENDO entrado Jess, iba pasando por Jeric;
Y he aqu un varn llamado Zaqueo, el cual era el principal de los publicanos, y era rico;
Y procuraba ver  Jess quin fuese; mas no poda  causa de la multitud, porque era pequeo de estatura.
Y corriendo delante, subise  un rbol sicmoro para verle; porque haba de pasar por all.
Y como vino  aquel lugar Jess, mirando, le vi, y djole: Zaqueo, date priesa, desciende, porque hoy es necesario que pose en tu casa.
Entonces l descendi apriesa, y le recibi gozoso.
Y viendo esto, todos murmuraban, diciendo que haba entrado  posar con un hombre pecador.
Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Seor: He aqu, Seor, la mitad de mis bienes doy  los pobres; y si en algo he defraudado  alguno, lo vuelvo con el cuatro tanto.
Y Jess le dijo: Hoy ha venido la salvacin  esta casa; por cuanto l tambin es hijo de Abraham.
Porque el Hijo del hombre vino  buscar y  salvar lo que se haba perdido.<CM>
Y oyendo ellos estas cosas, prosigui Jess y dijo una parbola, por cuanto estaba cerca de Jerusalem, y porque pensaban que luego haba de ser manifestado el reino de Dios.
Dijo pues: Un hombre noble parti  una provincia lejos, para tomar para s un reino, y volver.
Mas llamados diez siervos suyos, les di diez minas, y djoles: Negociad entre tanto que vengo.
Empero sus ciudadanos le aborrecan, y enviaron tras de l una embajada, diciendo: No queremos que ste reine sobre nosotros.
Y aconteci, que vuelto l, habiendo tomado el reino, mand llamar  s  aquellos siervos  los cuales haba dado el dinero, para saber lo que haba negociado cada uno.
Y vino el primero, diciendo: Seor, tu mina ha ganado diez minas.
Y l le dice: Est bien, buen siervo; pues que en lo poco has sido fiel, tendrs potestad sobre diez ciudades.
Y vino otro, diciendo: Seor, tu mina ha hecho cinco minas.
Y tambin  ste dijo: T tambin s sobre cinco ciudades.
Y vino otro, diciendo: Seor, he aqu tu mina, la cual he tenido guardada en un paizuelo:
Porque tuve miedo de ti, que eres hombre recio; tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste.
Entonces l le dijo: Mal siervo, de tu boca te juzgo. Sabas que yo era hombre recio, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembr;
Por qu, no diste mi dinero al banco, y yo viniendo lo demandara con el logro?
Y dijo  los que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al que tiene las diez minas.
Y ellos le dijeron: Seor, tiene diez minas.
Pues yo os digo que  cualquiera que tuviere, le ser dado; mas al que no tuviere, aun lo que tiene le ser quitado.
Y tambin  aquellos mis enemigos que no queran que yo reinase sobre ellos, traedlos ac, y degolladlos delante de m.<CM>
Y dicho esto, iba delante subiendo  Jerusalem.
Y aconteci, que llegando cerca de Bethfag, y de Bethania, al monte que se llama de las Olivas, envi dos de sus discpulos,
Diciendo: Id  la aldea de enfrente; en la cual como entrareis, hallaris un pollino atado, en el que ningn hombre se ha sentado jams; desatadlo, y traedlo.
Y si alguien os preguntare, por qu lo desatis? le responderis as: Porque el Seor lo ha menester.
Y fueron los que haban sido enviados, y hallaron como les dijo.
Y desatando ellos el pollino, sus dueos les dijeron: Por qu desatis el pollino?
Y ellos dijeron: Porque el Seor lo ha menester.
Y trajronlo  Jess; y habindo echado sus vestidos sobre el pollino, pusieron  Jess encima.
Y yendo l tendan sus capas por el camino.
Y como llegasen ya cerca de la bajada del monte de las Olivas, toda la multitud de los discpulos, gozndose, comenzaron  alabar  Dios  gran voz por todas las maravillas que haban visto,
Diciendo: Bendito el rey que viene en el nombre del Seor: paz en el cielo, y gloria en lo altsimo!
Entonces algunos de los Fariseos de la compaa, le dijeron: Maestro, reprende  tus discpulos.
Y l respondiendo, les dijo: Os digo que si stos callaren, las piedras clamarn.<CM>
Y como lleg cerca viendo la ciudad, llor sobre ella,
Diciendo: Oh si tambin t conocieses,  lo menos en este tu da, lo que toca  tu paz! mas ahora est encubierto de tus ojos.
Porque vendrn das sobre ti, que tus enemigos te cercarn con baluarte, y te pondrn cerco, y de todas partes te pondrn en estrecho,
Y te derribarn  tierra, y  tus hijos dentro de ti; y no dejarn sobre ti piedra sobre piedra; por cuanto no conociste el tiempo de tu visitacin.
Y entrando en el templo, comenz  echar fuera  todos los que vendan y compraban en l.
Dicindoles: Escrito est: Mi casa, casa de oracin es; mas vosotros la habis hecho cueva de ladrones.
Y enseaba cada da en el templo; mas los prncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los principales del pueblo procuraban matarle.
Y no hallaban qu hacerle, porque todo el pueblo estaba suspenso oyndole.<CM>
Y ACONTECIO un da, que enseando l al pueblo en el templo, y anunciando el evangelio, llegronse los prncipes de los sacerdotes y los escribas, con los ancianos;
Y le hablaron, diciendo: Dinos: con qu potestad haces estas cosas?  quin es el que te ha dado esta potestad?
Respondiendo entonces Jess, les dijo: Os preguntar yo tambin una palabra; respondedme:
El bautismo de Juan, era del cielo,  de los hombres?
Mas ellos pensaban dentro de s, diciendo: Si dijremos, del cielo, dir: Por qu, pues, no le cresteis?
Y si dijremos, de los hombres, todo el pueblo nos apedrear: porque estn ciertos que Juan era profeta.
Y respondieron que no saban de dnde.
Entonces Jess les dijo: Ni yo os digo con qu potestad hago estas cosas.<CM>
Y comenz  decir al pueblo esta parbola: Un hombre plant una via, y arrendla  labradores, y se ausent por mucho tiempo.
Y al tiempo, envi un siervo  los labradores, para que le diesen del fruto de la via; mas los labradores le hirieron, y enviaron vaco.
Y volvi  enviar otro siervo; mas ellos  ste tambin, herido y afrentado, le enviaron vaco.
Y volvi  enviar al tercer siervo; mas ellos tambin  ste echaron herido.
Entonces el seor de la via dijo: Qu har? Enviar mi hijo amado: quizs cuando  ste vieren, tendrn respeto.
Mas los labradores, vindole, pensaron entre s, diciendo: Este es el heredero; venid, matmosle para que la heredad sea nuestra.
Y echronle fuera de la via, y le mataron. Qu pues, les har el seor de la via?
Vendr, y destruir  estos labradores, y dar su via  otros. Y como ellos lo oyeron, dijeron: Dios nos libre!
Mas l mirndolos, dice: Qu pues es lo que est escrito: La piedra que condenaron los edificadores, Esta fu por cabeza de esquina?
Cualquiera que cayere sobre aquella piedra, ser quebrantado; mas sobre el que la piedra cayere, le desmenuzar.
Y procuraban los prncipes de los sacerdotes y los escribas echarle mano en aquella hora, porque entendieron que contra ellos haba dicho esta parbola: mas temieron al pueblo.<CM>
Y acechndole enviaron espas que se simulasen justos, para sorprenderle en palabras, para que le entregasen al principado y  la potestad del presidente.
Los cuales le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que dices y enseas bien, y que no tienes respeto  persona; antes enseas el camino de Dios con verdad.
Nos es lcito dar tributo  Csar,  no?
Mas l, entendiendo la astucia de ellos, les dijo: Por qu me tentis?
Mostradme la moneda. De quin tiene la imagen y la inscripcin? Y respondiendo dijeron: De Csar.
Entonces les dijo: Pues dad  Csar lo que es de Csar; y lo que es de Dios,  Dios.
Y no pudieron reprender sus palabras delante del pueblo: antes maravillados de su respuesta, callaron.<CM>
Y llegndose unos de los Saduceos, los cuales niegan haber resurreccin, le preguntaron,
Diciendo: Maestro, Moiss nos escribi: Si el hermano de alguno muriere teniendo mujer, y muriere sin hijos, que su hermano tome la mujer, y levante simiente  su hermano.
Fueron, pues, siete hermanos: y el primero tom mujer, y muri sin hijos.
Y la tom el segundo, el cual tambin muri sin hijos.
Y la tom el tercero: asimismo tambin todos siete: y muerieron sin dejar prole.
Y  la postre de todos muri tambin la mujer.
En la resurreccin, pues, mujer de cul de ellos ser? porque los siete la tuvieron por mujer.
Entonces respondiendo Jess, les dijo: Los hijos de este siglo se casan, y son dados en casamiento:
Mas los que fueren tenidos por dignos de aquel siglo y de la resurreccin de los muertos, ni se casan, ni son dados en casamiento:
Porque no pueden ya ms morir: porque son iguales  los ngeles, y son hijos de Dios, cuando son hijos de la resurreccin.
Y que los muertos hayan de resucitar, aun Moiss lo ense en el pasaje de la zarza, cuando llama al Seor: Dios de Abraham, y Dios de Isaac, y Dios de Jacob.
Porque Dios no es Dios de muertos, mas de vivos: porque todos viven  l.<CM>
Y respondindole unos de los escribas, dijeron: Maestro, bien has dicho.
Y no osaron ms preguntarle algo.
Y l les dijo: Cmo dicen que el Cristo es hijo de David?
Y el mismo David dice en el libro de los Salmos: Dijo el Seor  mi Seor: Sintate  mi diestra,
Entre tanto que pongo tus enemigos por estrado de tus pies.
As que David le llama Seor: cmo pues es su hijo?
Y oyndole todo el pueblo, dijo  sus discpulos:
Guardaos de los escribas, que quieren andar con ropas largas, y aman las salutaciones en las plazas, y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas;
Que devoran las casas de las viudas, poniendo por pretexto la larga oracin: stos recibirn mayor condenacin.<CM>
Y MIRANDO, vi  los ricos que echaban sus ofrendas en el gazofilacio.
Y vi tambin una viuda pobrecilla, que echaba all dos blancas.
Y dijo: De verdad os digo, que esta pobre viuda ech ms que todos:
Porque todos estos, de lo que les sobra echaron para las ofrendas de Dios; mas sta de su pobreza ech todo el sustento que tena.<CM>
Y  unos que decan del templo, que estaba adornado de hermosas piedras y dones, dijo:
Estas cosas que veis, das vendrn que no quedar piedra sobre piedra que no sea destruda.
Y le preguntaron, diciendo: Maestro, cundo ser esto? y qu seal habr cuando estas cosas hayan de comenzar  ser hechas?
El entonces dijo: Mirad, no seis engaados; porque vendrn muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy; y, el tiempo est cerca: por tanto, no vayis en pos de ellos.
Empero cuando oyereis guerras y sediciones, no os espantis; porque es necesario que estas cosas acontezcan primero: mas no luego ser el fin.
Entonces les dijo: Se levantar gente contra gente, y reino contra reino;
Y habr grandes terremotos, y en varios lugares hambres y pestilencias: y habr espantos y grandes seales del cielo.
Mas antes de todas estas cosas os echarn mano, y perseguirn, entregndoos  las sinagogas y  las crceles, siendo llevados  los reyes y  los gobernadores por causa de mi nombre.
Y os ser para testimonio.
Poned pues en vuestros corazones no pensar antes cmo habis de responder:
Porque yo os dar boca y sabidura,  la cual no podrn resistir ni contradecir todos los que se os opondrn.
Mas seris entregados aun de vuestros padres, y hermanos, y parientes, y amigos; y matarn  algunos de vosotros.
Y seris aborrecidos de todos por causa de mi nombre.
Mas un pelo de vuestra cabeza no perecer.
En vuestra paciencia poseeris vuestras almas.<CM>
Y cuando viereis  Jerusalem cercada de ejrcitos, sabed entonces que su destruccin ha llegado.
Entonces los que estuvieren en Judea, huyan  los montes; y los que en medio de ella, vyanse; y los que estn en los campos, no entren en ella.
Porque estos son das de venganza: para que se cumplan todas las cosas que estn escritas.
Mas ay de las preadas, y de las que cran en aquellos das! porque habr apuro grande sobre la tierra  ira en este pueblo.
Y caern  filo de espada, y sern llevados cautivos  todas las naciones: y Jerusalem ser hollada de las gentes, hasta que los tiempos de las gentes sean cumplidos.
Entonces habr seales en el sol, y en la luna, y en las estrellas; y en la tierra angustia de gentes por la confusin del sonido de la mar y de las ondas:
Secndose los hombres  causa del temor y expectacin de las cosas que sobrevendrn  la redondez de la tierra: porque las virtudes de los cielos sern conmovidas.
Y entonces vern al Hijo del hombre, que vendr en una nube con potestad y majestad grande.
Y cuando estas cosas comenzaren  hacerse, mirad, y levantad vuestras cabezas, porque vuestra redencin est cerca.<CM>
Y djoles una parbola: Mirad la higuera y todos los rboles:
Cuando ya brotan, vindolo, de vosotros mismos entendis que el verano est ya cerca.
As tambin vosotros, cuando viereis hacerse estas cosas, entended que est cerca el reino de Dios.
De cierto os digo, que no pasar esta generacin hasta que todo sea hecho.
El cielo y la tierra pasarn; mas mis palabras no pasarn.
Y mirad por vosotros, que vuestros corazones no sean cargados de glotonera y embriaguez, y de los cuidados de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel da.
Porque como un lazo vendr sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra.
Velad pues, orando en todo tiempo, que seis tenidos por dignos de evitar todas estas cosas que han de venir, y de estar en pie delante del Hijo del hombre.
Y enseaba de da en el templo; y de noche saliendo, estbase en el monte que se llama de las Olivas.
Y todo el pueblo vena  l por la maana, para oirle en el templo.<CM>
Y ESTABA cerca el da de la fiesta de los zimos, que se llama la Pascua.
Y los prncipes de los sacerdotes y los escribas buscaban cmo le mataran; mas tenan miedo del pueblo.
Y entr Satans en Judas, por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del nmero de los doce;
Y fu, y habl con los prncipes de los sacerdotes, y con los magistrados, de cmo se lo entregara.
Los cuales se holgaron, y concertaron de darle dinero.
Y prometi, y buscaba oportunidad para entregarle  ellos sin bulla.<CM>
Y vino el da de los zimos, en el cual era necesario matar la pascua.
Y envi  Pedro y  Juan, diciendo: Id, aparejadnos la pascua para que comamos.
Y ellos le dijeron: Dnde quieres que aparejemos?
Y l les dijo: He aqu cuando entrareis en la ciudad, os encontrar un hombre que lleva un cntaro de agua: seguidle hasta la casa donde entrare,
Y decid al padre de la familia de la casa: El Maestro te dice: Dnde est el aposento donde tengo de comer la pascua con mis discpulos?
Entonces l os mostrar un gran cenculo aderezado; aparejad all.
Fueron pues, y hallaron como les haba dicho; y aparejaron la pascua.
Y como fu hora, sentse  la mesa, y con l los apstoles.
Y les dijo: En gran manera he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca;
Porque os digo que no comer ms de ella, hasta que se cumpla en el reino de Dios.
Y tomando el vaso, habiendo dado gracias, dijo: Tomad esto, y partidlo entre vosotros;
Porque os digo, que no beber ms del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga.
Y tomando el pan, habiendo dado gracias, parti, y les di, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado: haced esto en memoria de m.
Asimismo tambin el vaso, despus que hubo cenado, diciendo: Este vaso es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.<CM>
Con todo eso, he aqu la mano del que me entrega, conmigo en la mesa.
Y  la verdad el Hijo del hombre va, segn lo que est determinado; empero ay de aqul hombre por el cual es entregado!
Ellos entonces comenzaron  preguntar entre s, cul de ellos sera el que haba de hacer esto.
Y hubo entre ellos una contienda, quin de ellos pareca ser el mayor.
Entonces l les dijo: Los reyes de las gentes se enseorean de ellas; y los que sobre ellas tienen potestad, son llamados bienhechores:
Mas vosotros, no as: antes el que es mayor entre vosotros, sea como el ms mozo; y el que es prncipe, como el que sirve.
Porque, cul es mayor, el que se sienta  la mesa,  el que sirve? No es el que se sienta  la mesa? Y yo soy entre vosotros como el que sirve.
Empero vosotros sois los que habis permanecido conmigo en mis tentaciones:
Yo pues os ordeno un reino, como mi Padre me lo orden  m,
Para que comis y bebis en mi mesa en mi reino, y os sentis sobre tronos juzgando  las doce tribus de Israel.
Dijo tambin el Seor: Simn, Simn, he aqu Satans os ha pedido para zarandaros como  trigo;
Mas yo he rogado por ti que tu fe no falte: y t, una vez vuelto, confirma  tus hermanos.
Y l le dijo: Seor, pronto estoy  ir contigo aun  crcel y  muerte.
Y l dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantar hoy antes que t niegues tres veces que me conoces.
Y  ellos dijo: Cuando os envi sin bolsa, y sin alforja, y sin zapatos, os falt algo? Y ellos dijeron: Nada.
Y les dijo: Pues ahora, el que tiene bolsa, tmela, y tambin la alforja, y el que no tiene, venda su capa y compre espada.
Porque os digo, que es necesario que se cumpla todava en m aquello que est escrito: Y con los malos fu contado: porque lo que est escrito de m, cumplimiento tiene.
Entonces ellos dijeron: Seor, he aqu dos espadas. Y l les dijo: Basta.<CM>
Y saliendo, se fu, como sola, al monte de las Olivas; y sus discpulos tambin le siguieron.
Y como lleg  aquel lugar, les dijo: Orad que no entris en tentacin.
Y l se apart de ellos como un tiro de piedra; y puesto de rodillas or,
Diciendo: Padre, si quieres, pasa este vaso de m; empero no se haga mi voluntad, sino la tuya.
Y le apareci un ngel del cielo confortndole.
Y estando en agona, oraba ms intensamente: y fu su sudor como grandes gotas de sangre que caan hasta la tierra.
Y como se levant de la oracin, y vino  sus discpulos, halllos durmiendo de tristeza;
Y les dijo: Por qu dorms? Levantaos, y orad que no entris en tentacin.<CM>
Estando l an hablando, he aqu una turba; y el que se llamaba Judas, uno de los doce, iba delante de ellos; y llegse  Jess para besarlo.
Entonces Jess le dijo: Judas, con beso entregas al Hijo del hombre?
Y viendo los que estaban con l lo que haba de ser, le dijeron: Seor, heriremos  cuchillo?
Y uno de ellos hiri  un siervo del prncipe de los sacerdotes, y le quit la oreja derecha.
Entonces respondiendo Jess, dijo: Dejad hasta aqu. Y tocando su oreja, le san.
Y Jess dijo  los que haban venido  l, los prncipes de los sacerdotes, y los magistrados del templo, y los ancianos: Como  ladrn habis salido con espadas y con palos?
Habiendo estado con vosotros cada da en el templo, no extendisteis las manos contra m; mas sta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas.<CM>
Y prendindole trajronle, y metironle en casa del prncipe de los sacerdotes. Y Pedro le segua de lejos.
Y habiendo encendido fuego en medio de la sala, y sentndose todos alrededor, se sent tambin Pedro entre ellos.
Y como una criada le vi que estaba sentado al fuego, fijse en l, y dijo: Y ste con l estaba.
Entonces l lo neg, diciendo: Mujer, no le conozco.
Y un poco despus, vindole otro, dijo: Y t de ellos eras. Y Pedro dijo: Hombre, no soy.
Y como una hora pasada otro afirmaba, diciendo: Verdaderamente tambin ste estaba con l, porque es Galileo.
Y Pedro dijo: Hombre, no s qu dices. Y luego, estando l an hablando, el gallo cant.
Entonces, vuelto el Seor, mir  Pedro: y Pedro se acord de la palabra del Seor como le haba dicho: Antes que el gallo cante, me negars tres veces.
Y saliendo fuera Pedro, llor amargamente.<CM>
Y los hombres que tenan  Jess, se burlaban de l hirindole;
Y cubrindole, heran su rostro, y preguntbanle, diciendo: Profetiza quin es el que te hiri.
Y decan otras muchas cosas injurindole.
Y cuando fu de da, se juntaron los ancianos del pueblo, y los prncipes de los sacerdotes, y los escribas, y le trajeron  su concilio,
Diciendo: Eres t el Cristo? dnos lo. Y les dijo: Si os lo dijere, no creeris;
Y tambin si os preguntare, no me responderis, ni me soltaris:
Mas despus de ahora el Hijo del hombre se asentar  la diestra de la potencia de Dios.
Y dijeron todos: Luego t eres Hijo de Dios? Y l les dijo: Vosotros decs que yo soy.
Entonces ellos dijeron: Qu ms testimonio deseamos? porque nosotros lo hemos odo de su boca.<CM>
LEVANTANDOSE entonces toda la multitud de ellos, llevronle  Pilato.
Y comenzaron  acusarle, diciendo: A ste hemos hallado que pervierte la nacin, y que veda dar tributo  Csar, diciendo que l es el Cristo, el rey.
Entonces Pilato le pregunt, diciendo: Eres t el Rey de los Judos? Y respondindo l, dijo: T lo dices.
Y Pilato dijo  los prncipes de los sacerdotes, y  las gentes: Ninguna culpa hallo en este hombre.
Mas ellos porfiaban, diciendo: Alborota al pueblo, enseando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aqu.
Entonces Pilato, oyendo de Galilea, pregunt si el hombre era Galileo.
Y como entendi que era de la jurisdiccin de Herodes, le remiti  Herodes, el cual tambin estaba en Jerusalem en aquellos das.
Y Herodes, viendo  Jess, holgse mucho, porque haca mucho que deseaba verle; porque haba odo de l muchas cosas, y tena esperanza que le vera hacer alguna seal.
Y le preguntaba con muchas palabras; mas l nada le respondi:
Y estaban los prncipes de los sacerdotes y los escribas acusndole con gran porfa.
Mas Herodes con su corte le menospreci, y escarneci, vistindole de una ropa rica; y volvile  enviar  Pilato.
Y fueron hechos amigos entre s Pilato y Herodes en el mismo da; porque antes eran enemigos entre s.<CM>
Entonces Pilato, convocando los prncipes de los sacerdotes, y los magistrados, y el pueblo,
Les dijo: Me habis presentado  ste por hombre que desva al pueblo: y he aqu, preguntando yo delante de vosotros, no he hallado culpa alguna en este hombre de aqullas de que le acusis.
Y ni aun Herodes; porque os remit  l, y he aqu, ninguna cosa digna de muerte ha hecho.
Le soltar, pues, castigado.
Y tena necesidad de soltarles uno en cada fiesta.
Mas toda la multitud di voces  una, diciendo: Quita  ste, y sultanos  Barrabs:
(El cual haba sido echado en la crcel por una sedicin hecha en la ciudad, y una muerte.)
Y hablles otra vez Pilato, queriendo soltar  Jess.
Pero ellos volvieron  dar voces, diciendo: Crucifcale, crucifcale.
Y l les dijo la tercera vez: Pues qu mal ha hecho ste? Ninguna culpa de muerte he hallado en l: le castigar, pues, y le soltar.
Mas ellos instaban  grandes voces, pidiendo que fuese crucificado. Y las voces de ellos y de los prncipes de los sacerdotes crecan.
Entonces Pilato juzg que se hiciese lo que ellos pedan;
Y les solt  aqul que haba sido echado en la crcel por sedicin y una muerte, al cual haban pedido; y entreg  Jess  la voluntad de ellos.<CM>
Y llevndole, tomaron  un Simn Cireneo, que vena del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jess.
Y le segua una grande multitud de pueblo, y de mujeres, las cuales le lloraban y lamentaban.
Mas Jess, vuelto  ellas, les dice: Hijas de Jerusalem, no me lloris  m, mas llorad por vosotras mismas, y por vuestros hijos.
Porque he aqu vendrn das en que dirn: Bienaventuradas las estriles, y los vientres que no engendraron, y los pechos que no criaron.
Entonces comenzarn  decir  los montes: Caed sobre nosotros: y  los collados: Cubridnos.
Porque si en el rbol verde hacen estas cosas, en el seco, qu se har?<CM>
Y llevaban tambin con l otros dos, malhechores,  ser muertos.
Y como vinieron al lugar que se llama de la Calavera, le crucificaron all, y  los malhechores, uno  la derecha, y otro  la izquierda.
Y Jess deca: Padre, perdnalos, porque no saben lo que hacen. Y partiendo sus vestidos, echaron suertes.
Y el pueblo estaba mirando; y se burlaban de l los prncipes con ellos, diciendo: A otros hizo salvos: slvese  s, si ste es el Mesas, el escogido de Dios.
Escarnecan de l tambin los soldados, llegndose y presentndole vinagre,
Y diciendo: Si t eres el Rey de los Judos, slvate  ti mismo.
Y haba tambin sobre l un ttulo escrito con letras griegas, y latinas, y hebraicas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDIOS.
Y uno de los malhechores que estaban colgados, le injuriaba, diciendo: Si t eres el Cristo, slvate  ti mismo y  nosotros.
Y respondiendo el otro, reprendile, diciendo: Ni aun t temes  Dios, estando en la misma condenacin?
Y nosotros,  la verdad, justamente padecemos; porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos: mas ste ningn mal hizo.
Y dijo  Jess: Acurdate de m cuando vinieres  tu reino.
Entonces Jess le dijo: De cierto te digo, que hoy estars conmigo en el paraso.<CM>
Y cuando era como la hora de sexta, fueron hechas tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona.
Y el sol se obscureci: y el velo del templo se rompi por medio.
Entonces Jess, clamando  gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espritu. Y habiendo dicho esto, espir.
Y como el centurin vi lo que haba acontecido, di gloria  Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo.
Y toda la multitud de los que estaban presentes  este espectculo, viendo lo que haba acontecido, se volvan hiriendo sus pechos.
Mas todos sus conocidos, y las mujeres que le haban seguido desde Galilea, estaban lejos mirando estas cosas.<CM>
Y he aqu un varn llamado Jos, el cual era senador, varn bueno y justo,
(El cual no haba consentido en el consejo ni en los hechos de ellos), de Arimatea, ciudad de la Judea, el cual tambin esperaba el reino de Dios;
Este lleg  Pilato, y pidi el cuerpo de Jess.
Y quitado, lo envolvi en una sbana, y le puso en un sepulcro abierto en una pea, en el cual ninguno haba an sido puesto.
Y era da de la vspera de la Pascua; y estaba para rayar el sbado.
Y las mujeres que con l haban venido de Galilea, siguieron tambin y vieron el sepulcro, y cmo fu puesto su cuerpo.
Y vueltas, aparejaron drogas aromticas y ungentos; y reposaron el sbado, conforme al mandamiento.<CM>
Y EL primer da de la semana, muy de maana, vinieron al sepulcro, trayendo las drogas aromticas que haban aparejado, y algunas otras mujeres con ellas.
Y hallaron la piedra revuelta del sepulcro.
Y entrando, no hallaron el cuerpo del Seor Jess.
Y aconteci, que estando ellas espantadas de esto, he aqu se pararon junto  ellas dos varones con vestiduras resplandecientes;
Y como tuviesen ellas temor, y bajasen el rostro  tierra, les dijeron: Por qu buscis entre los muertos al que vive?
No est aqu, mas ha resucitado: acordaos de lo que os habl, cuando aun estaba en Galilea,
Diciendo: Es menester que el Hijo del hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer da.
Entonces ellas se acordaron de sus palabras,
Y volviendo del sepulcro, dieron nuevas de todas estas cosas  los once, y  todos los dems.
Y eran Mara Magdalena, y Juana, y Mara madre de Jacobo, y las dems con ellas, las que dijeron estas cosas  los apstoles.
Mas  ellos les parecan como locura las palabras de ellas, y no las creyeron.
Pero levantndose Pedro, corri al sepulcro: y como mir dentro, vi solos los lienzos echados; y se fu maravillndose de lo que haba sucedido.<CM>
Y he aqu, dos de ellos iban el mismo da  una aldea que estaba de Jerusalem sesenta estadios, llamada Emmas.
E iban hablando entre s de todas aquellas cosas que haban acaecido.
Y aconteci que yendo hablando entre s, y preguntndose el uno al otro, el mismo Jess se lleg,  iba con ellos juntamente.
Mas los ojos de ellos estaban embargados, para que no le conociesen.
Y djoles: Qu plticas son estas que tratis entre vosotros andando, y estis tristes?
Y respondiendo el uno, que se llamaba Cleofas, le dijo: T slo peregrino eres en Jerusalem, y no has sabido las cosas que en ella han acontecido estos das?
Entonces l les dijo: Qu cosas? Y ellos le dijeron: De Jess Nazareno, el cual fu varn profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo;
Y cmo le entregaron los prncipes de los sacerdotes y nuestros prncipes  condenacin de muerte, y le crucificaron.
Mas nosotros esperbamos que l era el que haba de redimir  Israel: y ahora sobre todo esto, hoy es el tercer da que esto ha acontecido.
Aunque tambin unas mujeres de los nuestros nos han espantado, las cuales antes del da fueron al sepulcro:
Y no hallando su cuerpo, vinieron diciendo que tambin haban visto visin de ngeles, los cuales dijeron que l vive.
Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron as como las mujeres haban dicho; ms  l no le vieron.
Entonces l les dijo: Oh insensatos, y tardos de corazn para creer todo lo que los profetas han dicho!
No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?
Y comenzando desde Moiss, y de todos los profetas, declarbales en todas las Escrituras lo que de l decan.
Y llegaron  la aldea  donde iban: y l hizo como que iba ms lejos.
Mas ellos le detuvieron por fuerza, diciendo: Qudate con nosotros, porque se hace tarde, y el da ya ha declinado. Entr pues  estarse con ellos.
Y aconteci, que estando sentado con ellos  la mesa, tomando el pan, bendijo, y parti, y diles.
Entonces fueron abiertos los ojos de ellos, y le conocieron; mas l se desapareci de los ojos de ellos.
Y decan el uno al otro: No arda nuestro corazn en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abra las Escrituras?
Y levantndose en la misma hora, tornronse  Jerusalem, y hallaron  los once reunidos, y  los que estaban con ellos.
Que decan: Ha resucitado el Seor verdaderamente, y ha aparecido  Simn.
Entonces ellos contaban las cosas que les haban acontecido en el camino, y cmo haba sido conocido de ellos al partir el pan.<CM>
Y entre tanto que ellos hablaban estas cosas, l se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz  vosotros.
Entonces ellos espantados y asombrados, pensaban que vean espritu.
Mas l les dice: Por qu estis turbados, y suben pensamientos  vuestros corazones?
Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy: palpad, y ved; que el espritu ni tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.
Y en diciendo esto, les mostr las manos y los pies.
Y no creyndolo an ellos de gozo, y maravillados, djoles: Tenis aqu algo de comer?
Entonces ellos le presentaron parte de un pez asado, y un panal de miel.
Y l tom, y comi delante de ellos.
Y l les dijo: Estas son las palabras que os habl, estando an con vosotros: que era necesario que se cumpliesen todas las cosas que estn escritas de m en la ley de Moiss, y en los profetas, y en los salmos.
Entonces les abri el sentido, para que entendiesen las Escrituras;
Y djoles: As est escrito, y as fu necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer da;
Y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y la remisin de pecados en todas las naciones, comenzando de Jerusalem.
Y vosotros sois testigos de estas cosas.
Y he aqu, yo enviar la promesa de mi Padre sobre vosotros: mas vosotros asentad en la ciudad de Jerusalem, hasta que seis investidos de potencia de lo alto.<CM>
Y saclos fuera hasta Bethania, y alzando sus manos, los bendijo.
Y aconteci que bendicindolos, se fu de ellos; y era llevado arriba al cielo.
Y ellos, despus de haberle adorado, se volvieron  Jerusalem con gran gozo;
Y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo  Dios. Amn.<CM>
EN el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.
Este era en el principio con Dios.
Todas las cosas por l fueron hechas; y sin l nada de lo que es hecho, fu hecho.
En l estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.<CM>
Y la luz en las tinieblas resplandece; mas las tinieblas no la comprendieron.
Fu un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.
Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, para que todos creyesen por l.
No era l la luz, sino para que diese testimonio de la luz.
Aquel era la luz verdadera, que alumbra  todo hombre que viene  este mundo.
En el mundo estaba, y el mundo fu hecho por l; y el mundo no le conoci.
A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.
Mas  todos los que le recibieron, diles potestad de ser hechos hijos de Dios,  los que creen en su nombre:
Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varn, mas de Dios.
Y aquel Verbo fu hecho carne, y habit entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unignito del Padre), lleno de gracia y de verdad.<CM>
Juan di testimonio de l, y clam diciendo: Este es del que yo deca: El que viene tras m, es antes de m: porque es primero que yo.
Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia por gracia.
Porque la ley por Moiss fu dada: mas la gracia y la verdad por Jesucristo fu hecha.
A Dios nadie le vi jams: el unignito Hijo, que est en el seno del Padre, l le declar.<CM>
Y ste es el testimonio de Juan, cuando los Judos enviaron de Jerusalem sacerdotes y Levitas, que le preguntasen: T, quin eres?
Y confes, y no neg; mas declar: No soy yo el Cristo.
Y le preguntaron: Qu pues? Eres t Elas? Dijo: No soy. Eres t el profeta? Y respondi: No.
Dijronle: Pues quin eres? para que demos respuesta  los que nos enviaron. Qu dices de ti mismo?
Dijo: Yo soy la voz del que clama en el desierto: Enderezad el camino del Seor, como dijo Isaas profeta.
Y los que haban sido enviados eran de los Fariseos.
Y preguntronle, y dijronle: Por qu pues bautizas, si t no eres el Cristo, ni Elas, ni el profeta?
Y Juan les respondi, diciendo: Yo bautizo con agua; mas en medio de vosotros ha estado  quien vosotros no conocis.
Este es el que ha de venir tras m, el cual es antes de m: del cual yo no soy digno de desatar la correa del zapato.
Estas cosas acontecieron en Betbara, de la otra parte del Jordn, donde Juan bautizaba.<CM>
El siguiente da ve Juan  Jess que vena  l, y dice: He aqu el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
Este es del que dije: Tras m viene un varn, el cual es antes de m: porque era primero que yo.
Y yo no le conoca; ms para que fuese manifestado  Israel, por eso vine yo bautizando con agua.
Y Juan di testimonio, diciendo: Vi al Espritu que descenda del cielo como paloma, y repos sobre l.
Y yo no le conoca; mas el que me envi  bautizar con agua, aqul me dijo: Sobre quien vieres descender el Espritu, y que reposa sobre l, ste es el que bautiza con Espritu Santo.
Y yo le vi, y he dado testimonio que ste es el Hijo de Dios.
El siguiente da otra vez estaba Juan, y dos de sus discpulos.
Y mirando  Jess que andaba por all, dijo: He aqu el Cordero de Dios.<CM>
Y oyronle los dos discpulos hablar, y siguieron  Jess.
Y volvindose Jess, y vindolos seguir le, dceles: Qu buscis? Y ellos le dijeron: Rabb (que declarado quiere decir Maestro) dnde moras?
Dceles: Venid y ved. Vinieron, y vieron donde moraba, y quedronse con l aquel da: porque era como la hora de las diez.
Era Andrs, hermano de Simn Pedro, uno de los dos que haban odo de Juan, y le haban seguido.
Este hall primero  su hermano Simn, y djole: Hemos hallado al Mesas (que declarado es, el Cristo).
Y le trajo  Jess. Y mirndole Jess, dijo: T eres Simn, hijo de Jons: t sers llamado Cephas (que quiere decir, Piedra).<CM>
El siguiente da quiso Jess ir  Galilea, y halla  Felipe, al cual dijo: Sgueme.
Y era Felipe de Bethsaida, la ciudad de Andrs y de Pedro.
Felipe hall  Natanael, y dcele: Hemos hallado  aquel de quien escribi Moiss en la ley, y los profetas:  Jess, el hijo de Jos, de Nazaret.
Y djole Natanael: De Nazaret puede haber algo de bueno? Dcele Felipe: Ven y ve.
Jess vi venir  s  Natanael, y dijo de l: He aqu un verdadero Israelita, en el cual no hay engao.
Dcele Natanael: De dnde me conoces? Respondi Jess, y djole: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera te vi.
Respondi Natanael, y djole: Rabb, t eres el Hijo de Dios; t eres el Rey de Israel.
Respondi Jess y djole: Porque te dije, te vi debajo de la higuera, crees? cosas mayores que stas vers.
Y dcele: De cierto, de cierto os digo: De aqu adelante veris el cielo abierto, y los ngeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del hombre.<CM>
Y AL tercer da hicironse unas bodas en Can de Galilea; y estaba all la madre de Jess.
Y fu tambin llamado Jess y sus discpulos  las bodas.
Y faltando el vino, la madre de Jess le dijo: Vino no tienen.
Y dcele Jess: Qu tengo yo contigo, mujer? aun no ha venido mi hora.
Su madre dice  los que servan: Haced todo lo que os dijere.
Y estaban all seis tinajuelas de piedra para agua, conforme  la purificacin de los Judos, que caban en cada una dos  tres cntaros.
Dceles Jess: Henchid estas tinajuelas de agua. E hinchironlas hasta arriba.
Y dceles: Sacad ahora, y presentad al maestresala. Y presentron le.
Y como el maestresala gust el agua hecha vino, que no saba de dnde era (mas lo saban los sirvientes que haban sacado el agua), el maestresala llama al esposo,
Y dcele: Todo hombre pone primero el buen vino, y cuando estn satisfechos, entonces lo que es peor; mas t has guardado el buen vino hasta ahora.
Este principio de seales hizo Jess en Can de Galilea, y manifest su gloria; y sus discpulos creyeron en l.<CM>
Despus de esto descendi  Capernaun, l, y su madre, y hermanos, y discpulos; y estuvieron all no muchos das.
Y estaba cerca la Pascua de los Judos; y subi Jess  Jerusalem.
Y hall en el templo  los que vendan bueyes, y ovejas, y palomas, y  los cambiadores sentados.
Y hecho un azote de cuerdas, echlos  todos del templo, y las ovejas, y los bueyes; y derram los dineros de los cambiadores, y trastorn las mesas;
Y  los que vendan las palomas, dijo: Quitad de aqu esto, y no hagis la casa de mi Padre casa de mercado.
Entonces se acordaron sus discpulos que est escrito: El celo de tu casa me comi.
Y los Judos respondieron, y dijronle: Qu seal nos muestras de que haces esto?
Respondi Jess, y djoles: Destruid este templo, y en tres das lo levantar.
Dijeron luego los Judos: En cuarenta y seis aos fue este templo edificado, y t en tres das lo levantars?
Mas l hablaba del templo de su cuerpo.
Por tanto, cuando resucit de los muertos, sus discpulos se acordaron que haba dicho esto; y creyeron  la Escritura, y  la palabra que Jess haba dicho.<CM>
Y estando en Jerusalem en la Pascua, en el da de la fiesta, muchos creyeron en su nombre, viendo las seales que haca.
Mas el mismo Jess no se confiaba  s mismo de ellos, porque l conoca  todos,
Y no tena necesidad que alguien le diese testimonio del hombre; porque l saba lo que haba en el hombre.<CM>
Y HABIA un hombre de los Fariseos que se llamaba Nicodemo, prncipe de los Judos.
Este vino  Jess de noche, y djole: Rabb, sabemos que has venido de Dios por maestro; porque nadie puede hacer estas seales que t haces, si no fuere Dios con l.
Respondi Jess, y djole: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios.
Dcele Nicodemo: Cmo puede el hombre nacer siendo viejo? puede entrar otra vez en el vientre de su madre, y nacer?
Respondi Jess: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espritu, no puede entrar en el reino de Dios.
Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espritu, espritu es.
No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer otra vez.
El viento de donde quiere sopla, y oyes su sonido; mas ni sabes de dnde viene, ni  dnde vaya: as es todo aquel que es nacido del Espritu.
Respondi Nicodemo, y djole: Cmo puede esto hacerse?
Respondi Jess, y djole: T eres el maestro de Israel, y no sabes esto?
De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibs nuestro testimonio.
Si os he dicho cosas terrenas, y no creis, cmo creeris si os dijere las celestiales?
Y nadie subi al cielo, sino el que descendi del cielo, el Hijo del hombre, que est en el cielo.
Y como Moiss levant la serpiente en el desierto, as es necesario que el Hijo del hombre sea levantado;
Para que todo aquel que en l creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna.
Porque de tal manera am Dios al mundo, que ha dado  su Hijo unignito, para que todo aquel que en l cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Porque no envi Dios  su Hijo al mundo, para que condene al mundo, mas para que el mundo sea salvo por l.
El que en l cree, no es condenado; mas el que no cree, ya es condenado, porque no crey en el nombre del unignito Hijo de Dios.
Y esta es la condenacin: porque la luz vino al mundo, y los hombres amaron ms las tinieblas que la luz; porque sus obras eran malas.
Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene  la luz, porque sus obras no sean redargidas.
Mas el que obra verdad, viene  la luz, para que sus obras sean manifestadas que son hechas en Dios.<CM>
Pasado esto, vino Jess con sus discpulos  la tierra de Judea; y estaba all con ellos, y bautizaba.
Y bautizaba tambin Juan en Enn junto  Salim, porque haba all muchas aguas; y venan, y eran bautizados.
Porque Juan, no haba sido an puesto en la carcel.
Y hubo cuestin entre los discpulos de Juan y los Judos acerca de la purificacin.
Y vinieron  Juan, y dijronle: Rabb, el que estaba contigo de la otra parte del Jordn, del cual t diste testimonio, he aqu bautiza, y todos vienen  l.
Respondi Juan, y dijo: No puede el hombre recibir algo, si no le fuere dado del cielo.
Vosotros mismos me sois testigos que dije: Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante de l.
El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que est en pie y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; as pues, este mi gozo es cumplido.
A l conviene crecer, mas  m menguar.
El que de arriba viene, sobre todos es: el que es de la tierra, terreno es, y cosas terrenas habla: el que viene del cielo, sobre todos es.
Y lo que vi y oy, esto testifica: y nadie recibe su testimonio.
El que recibe su testimonio, ste sign que Dios es verdadero.
Porque el que Dios envi, las palabras de Dios habla: porque no da Dios el Espritu por medida.
El Padre ama al Hijo, y todas las cosas di en su mano.
El que cree en el Hijo, tiene vida eterna; mas el que es incrdulo al Hijo, no ver la vida, sino que la ira de Dios est sobre l.<CM>
DE manera que como Jess entendi que los Fariseos haban odo que Jess haca y bautizaba ms discpulos que Juan,
(Aunque Jess no bautizaba, sino sus discpulos),
Dej  Judea, y fuse otra vez  Galilea.<CM>
Y era menester que pasase por Samaria.
Vino, pues,  una ciudad de Samaria que se llamaba Sichr, junto  la heredad que Jacob di  Jos su hijo.
Y estaba all la fuente de Jacob. Pues Jess, cansado del camino, as se sent  la fuente. Era como la hora de sexta.
Vino una mujer de Samaria  sacar agua: y Jess le dice: Dame de beber.
(Porque sus discpulos haban ido  la ciudad  comprar de comer.)
Y la mujer Samaritana le dice: Cmo t, siendo Judo, me pides  m de beber, que soy mujer Samaritana? porque los Judos no se tratan con los Samaritanos.
Respondi Jess y djole: Si conocieses el don de Dios, y quin es el que te dice: Dame de beber: t pediras de l, y l te dara agua viva.
La mujer le dice: Seor, no tienes con qu sacar la, y el pozo es hondo: de dnde, pues, tienes el agua viva?
Eres t mayor que nuestro padre Jacob, que nos di este pozo, del cual l bebi, y sus hijos, y sus ganados?
Respondi Jess y djole: Cualquiera que bebiere de esta agua, volver  tener sed;
Mas el que bebiere del agua que yo le dar, para siempre no tendr sed: mas el agua que yo le dar, ser en l una fuente de agua que salte para vida eterna.
La mujer le dice: Seor, dame esta agua, para que no tenga sed, ni venga ac  sacar la.
Jess le dice: Ve, llama  tu marido, y ven ac.
Respondi la mujer, y dijo: No tengo marido. Dcele Jess: Bien has dicho, No tengo marido;
Porque cinco maridos has tenido: y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.
Dcele la mujer: Seor, parceme que t eres profeta.
Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decs que en Jerusalem es el lugar donde es necesario adorar.
Dcele Jess: Mujer, creme, que la hora viene, cuando ni en este monte, ni en Jerusalem adoraris al Padre.
Vosotros adoris lo que no sabis; nosotros adoramos lo que sabemos: porque la salud viene de los Judos.
Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarn al Padre en espritu y en verdad; porque tambin el Padre tales adoradores busca que adoren.
Dios es Espritu; y los que le adoran, en espritu y en verdad es necesario que adoren.
Dcele la mujer: S que el Mesas ha de venir, el cual se dice el Cristo: cuando l viniere nos declarar todas las cosas.
Dcele Jess: Yo soy, que hablo contigo.<CM>
Y en esto vinieron sus discpulos, y maravillronse de que hablaba con mujer; mas ninguno dijo: Qu preguntas? , Qu hablas con ella?
Entonces la mujer dej su cntaro, y fu  la ciudad, y dijo  aquellos hombres:
Venid, ved un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: si quizs es ste el Cristo?
Entonces salieron de la ciudad, y vinieron  l.
Entre tanto los discpulos le rogaban, diciendo: Rabb, come.
Y l les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabis.
Entonces los discpulos decan el uno al otro: Si le habr trado alguien de comer?
Dceles Jess: Mi comida es que haga la voluntad del que me envi, y que acabe su obra.
No decs vosotros: Aun hay cuatro meses hasta que llegue la siega? He aqu os digo: Alzad vuestros ojos, y mirad las regiones, porque ya estn blancas para la siega.
Y el que siega, recibe salario, y allega fruto para vida eterna; para que el que siembra tambin goce, y el que siega.
Porque en esto es el dicho verdadero: Que uno es el que siembra, y otro es el que siega.
Yo os he enviado  segar lo que vosotros no labrasteis: otros labraron, y vosotros habis entrado en sus labores.
Y muchos de los Samaritanos de aquella ciudad creyeron en l por la palabra de la mujer, que daba testimonio, diciendo: Que me dijo todo lo que he hecho.
Viniendo pues los Samaritanos  l, rogronle que se quedase all: y se qued all dos das.
Y creyeron muchos ms por la palabra de l.
Y decan  la mujer: Ya no creemos por tu dicho; porque nosotros mismos hemos odo, y sabemos que verdaderamente ste es el Salvador del mundo, el Cristo.<CM>
Y dos das despus, sali de all, y fuse  Galilea.
Porque el mismo Jess di testimonio de que el profeta en su tierra no tiene honra.
Y como vino  Galilea, los Galileos le recibieron, vistas todas las cosas que haba hecho en Jerusalem en el da de la fiesta: porque tambin ellos haban ido  la fiesta.
Vino pues Jess otra vez  Can de Galilea, donde haba hecho el vino del agua. Y haba en Capernaum uno del rey, cuyo hijo estaba enfermo.
Este, como oy que Jess vena de Judea  Galilea, fu  l, y rogbale que descendiese, y sanase  su hijo, porque se comenzaba  morir.
Entonces Jess le dijo: Si no viereis seales y milagros no creeris.
El del rey le dijo: Seor, desciende antes que mi hijo muera.
Dcele Jess: Ve, tu hijo vive. Y el hombre crey  la palabra que Jess le dijo, y se fu.
Y cuando ya l descenda, los siervos le salieron  recibir, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive.
Entonces l les pregunt  qu hora comenz  estar mejor. Y dijronle: Ayer  las siete le dej la fiebre.
El padre entonces entendi, que aquella hora era cuando Jess le dijo: Tu hijo vive; y crey l y toda su casa.
Esta segunda seal volvi Jess  hacer, cuando vino de Judea  Galilea.<CM>
DESPUS de estas cosas, era un da de fiesta de los Judos, y subi Jess  Jerusalem.
Y hay en Jerusalem  la puerta del ganado un estanque, que en hebraico es llamado Bethesda, el cual tiene cinco portales.
En stos yaca multitud de enfermos, ciegos, cojos, secos, que estaban esperando el movimiento del agua.
Porque un ngel descenda  cierto tiempo al estanque, y revolva el agua; y el que primero descenda en el estanque despus del movimiento del agua, era sano de cualquier enfermedad que tuviese.
Y estaba all un hombre que haba treinta y ocho aos que estaba enfermo.
Como Jess vi  ste echado, y entendi que ya haba mucho tiempo, dcele: Quieres ser sano?
Seor, le respondi el enfermo, no tengo hombre que me meta en el estnque cuando el agua fuere revuelta; porque entre tanto que yo vengo, otro antes de m ha descendido.
Dcele Jess: Levntate, toma tu lecho, y anda.
Y luego aquel hombre fu sano, y tom su lecho,  base. Y era sbado aquel da.
Entonces los Judos decan  aquel que haba sido sanado: Sbado es: no te es lcito llevar tu lecho.
Respondiles: El que me san, l mismo me dijo: Toma tu lecho y anda.
Preguntronle entonces: Quin es el que te dijo: Toma tu lecho y anda?
Y el que haba sido sanado, no saba quin fuese; porque Jess se haba apartado de la gente que estaba en aquel lugar.
Despus le hall Jess en el templo, y djole: He aqu, has sido sanado; no peques ms, porque no te venga alguna cosa peor.
El se fu, y di aviso  los Judos, que Jess era el que le haba sanado.
Y por esta causa los Judos perseguan  Jess, y procuraban matarle, porque haca estas cosas en sbado.<CM>
Y Jess les respondi: Mi Padre hasta ahora obra, y yo obro.
Entonces, por tanto, ms procuraban los Judos matarle, porque no slo quebrantaba el sbado, sino que tambin  su Padre llamaba Dios, hacindose igual  Dios.
Respondi entonces Jess, y djoles: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada de s mismo, sino lo que viere hacer al Padre: porque todo lo que l hace, esto tambin hace el Hijo juntamente.
Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que l hace; y mayores obras que stas le mostrar, de suerte que vosotros os maravillis.
Porque como el Padre levanta los muertos, y les da vida, as tambin el Hijo  los que quiere da vida.
Porque el Padre  nadie juzga, mas todo el juicio di al Hijo;
Para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envi.
De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me ha enviado, tiene vida eterna; y no vendr  condenacin, mas pas de muerte  vida.
De cierto, de cierto os digo: Vendr hora, y ahora es, cuando los muertos oirn la voz del Hijo de Dios: y los que oyeren vivirn.
Porque como el Padre tiene vida en s mismo, as di tambin al Hijo que tuviese vida en s mismo:
Y tambin le di poder de hacer juicio, en cuanto es el Hijo del hombre.
No os maravillis de esto; porque vendr hora, cuando todos los que estn en los sepulcros oirn su voz;
Y los que hicieron bien, saldrn  resurreccin de vida; mas los que hicieron mal,  resurreccin de condenacin.
No puedo yo de m mismo hacer nada: como oigo, juzgo: y mi juicio es justo; porque no busco mi voluntad, mas la voluntad del que me envi, del Padre.<CM>
Si yo doy testimonio de m mismo, mi testimonio no es verdadero.
Otro es el que da testimonio de m; y s que el testimonio que da de m, es verdadero.
Vosotros enviasteis  Juan, y l di testimonio  la verdad.
Empero yo no tomo el testimonio de hombre; mas digo esto, para que vosotros seis salvos.
El era antorcha que arda y alumbraba: y vosotros quisisteis recrearos por un poco  su luz.
Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan: porque las obras que el Padre me di que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de m, que el Padre me haya enviado.
Y el que me envi, el Padre, l ha dado testimonio de m. Ni nunca habis odo su voz, ni habis visto su parecer.
Ni tenis su palabra permanente en vosotros; porque al que l envi,  ste vosotros no creis.
Escudriad las Escrituras, porque  vosotros os parece que en ellas tenis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de m.
Y no queris venir  m, para que tengis vida.
Gloria de los hombres no recibo.
Mas yo os conozco, que no tenis amor de Dios en vosotros.
Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibs: si otro viniere en su propio nombre,  aqul recibiris.
Cmo podis vosotros creer, pues tomis la gloria los unos de los otros, y no buscis la gloria que de slo Dios viene?
No pensis que yo os tengo de acusar delante del Padre; hay quien os acusa, Moiss, en quien vosotros esperis.
Porque si vosotros creyeseis  Moiss, creerais  m; porque de m escribi l.
Y si  sus escritos no creis, cmo creeris  mis palabras?<CM>
PASADAS estas cosas, fuse Jess de la otra parte de la mar de Galilea, que es de Tiberias.
Y seguale grande multitud, porque vean sus seales que haca en los enfermos.
Y subi Jess  un monte, y se sent all con sus discpulos.
Y estaba cerca la Pascua, la fiesta de los Judos.
Y como alz Jess los ojos, y vi que haba venido  l grande multitud, dice  Felipe: De dnde compraremos pan para que coman stos?
Mas esto deca para probarle; porque l saba lo que haba de hacer.
Respondile Felipe: Doscientos denarios de pan no les bastarn, para que cada uno de ellos tome un poco.
Dcele uno de sus discpulos, Andrs, hermano de Simn Pedro:
Un muchacho est aqu que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas qu es esto entre tantos?
Entonces Jess dijo: Haced recostar la gente. Y haba mucha hierba en aquel lugar: y recostronse como nmero de cinco mil varones.
Y tom Jess aquellos panes, y habiendo dado gracias, reparti  los discpulos, y los discpulos  los que estaban recostados: asimismo de los peces, cuanto queran.
Y como fueron saciados, dijo  sus discpulos: Recoged los pedazos que han quedado, porque no se pierda nada.
Cogieron pues,  hinchieron doce cestas de pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron  los que haban comido.
Aquellos hombres entonces, como vieron la seal que Jess haba hecho, decan: Este verdaderamente es el profeta que haba de venir al mundo.<CM>
Y entendiendo Jess que haban de venir para arrebatarle, y hacerle rey, volvi  retirarse al monte, l solo.
Y como se hizo tarde, descendieron sus discpulos  la mar;
Y entrando en un barco, venan de la otra parte de la mar hacia Capernaum. Y era ya oscuro, y Jess no haba venido  ellos.
Y levantbase la mar con un gran viento que soplaba.
Y como hubieron navegado como veinticinco  treinta estadios, ven  Jess que andaba sobre la mar, y se acercaba al barco: y tuvieron miedo.
Mas l les dijo: Yo soy; no tengis miedo.
Ellos entonces gustaron recibirle en el barco: y luego el barco lleg  la tierra donde iban.<CM>
El da siguiente, la gente que estaba de la otra parte de la mar, como vi que no haba all otra navecilla sino una, y que Jess no haba entrado con sus discpulos en ella, sino que sus discpulos se haban ido solos;
Y que otras navecillas haban arribado de Tiberias junto al lugar donde haban comido el pan despus de haber el Seor dado gracias;
Como vi pues la gente que Jess no estaba all, ni sus discpulos, entraron ellos en las navecillas, y vinieron  Capernaum buscando  Jess.
Y hallndole de la otra parte de la mar, dijronle: Rabb, cundo llegaste ac?
Respondiles Jess, y dijo; De cierto, de cierto os digo, que me buscis, no porque habis visto las seales, sino porque comisteis el pan y os hartasteis.
Trabajad no por la comida que perece, mas por la comida que  vida eterna permanece, la cual el Hijo del hombre os dar: porque  ste seal el Padre, que es Dios.<CM>
Y dijronle: Qu haremos para que obremos las obras de Dios?
Respondi Jess, y djoles: Esta es la obra de Dios, que creis en el que l ha enviado.
Dijronle entonces: Qu seal pues haces t, para que veamos, y te creamos? Qu obras?
Nuestros padres comieron el man en el desierto, como est escrito: Pan del cielo les di  comer.
Y Jess les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os di Moiss pan del cielo; mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo.
Porque el pan de Dios es aquel que descendi del cielo y da vida al mundo.
Y dijronle: Seor, danos siempre este pan.
Y Jess les dijo: Yo soy el pan de vida: el que  m viene, nunca tendr hambre; y el que en m cree, no tendr sed jams.
Mas os he dicho, que aunque me habis visto, no creis.
Todo lo que el Padre me da, vendr  m; y al que  m viene, no le hecho fuera.
Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, mas la voluntad del que me envi.
Y esta es la voluntad del que me envi, del Padre: Que todo lo que me diere, no pierda de ello, sino que lo resucite en el da postrero.
Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en l, tenga vida eterna: y yo le resucitar en el da postrero.
Murmuraban entonces de l los Judos, porque haba dicho: Yo soy el pan que descend del cielo.
Y decan: No es ste Jess, el hijo de Jos, cuyo padre y madre nosotros conocemos? cmo, pues, dice ste: Del cielo he descendido?
Y Jess respondi, y djoles: No murmuris entre vosotros.
Ninguno puede venir  m, si el Padre que me envi no le trajere; y yo le resucitar en el da postrero.
Escrito est en los profetas: Y sern todos enseados de Dios. As que, todo aquel que oy del Padre, y aprendi, viene  m.
No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios, ste ha visto al Padre.
De cierto, de cierto os digo: El que cree en m, tiene vida eterna.
Yo soy el pan de vida.
Vuestros padres comieron el man en el desierto, y son muertos.
Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de l comiere, no muera.
Yo soy el pan vivo que he descendido del cielo: si alguno comiere de este pan, vivir para siempre; y el pan que yo dar es mi carne, la cual yo dar por la vida del mundo.
Entonces los Judos contendan entre s, diciendo: Cmo puede ste darnos su carne  comer?
Y Jess les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendris vida en vosotros.
El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna: y yo le resucitar en el da postrero.
Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre, en m permanece, y yo en l.
Como me envi el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, l tambin vivir por m.
Este es el pan que descendi del cielo: no como vuestros padres comieron el man, y son muertos: el que come de este pan, vivir eternamente.
Estas cosas dijo en la sinagoga, enseando en Capernaum.<CM>
Y muchos de sus discpulos oyndo lo, dijeron: Dura es esta palabra: quin la puede oir?
Y sabiendo Jess en s mismo que sus discpulos murmuraban de esto, djoles: Esto os escandaliza?
Pues qu, si viereis al Hijo del hombre que sube donde estaba primero?
El espritu es el que da vida; la carne nada aprovecha: las palabras que yo os he hablado, son espritu y son vida.
Mas hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jess desde el principio saba quines eran los que no crean, y quin le haba de entregar.
Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir  m, si no le fuere dado del Padre.
Desde esto, muchos de sus discpulos volvieron atrs, y ya no andaban con l.
Dijo entonces Jess  los doce: Queris vosotros iros tambin?
Y respondile Simn Pedro: Seor,  quin iremos? t tienes palabras de vida eterna.
Y nosotros creemos y conocemos que t eres el Cristo, el Hijo de Dios viviente.
Jess le respondi: No he escogido yo  vosotros doce, y uno de vosotros es diablo?
Y hablaba de Judas Iscariote, hijo de Simn, porque ste era el que le haba de entregar, el cual era uno de los doce.<CM>
Y PASADAS estas cosas andaba Jess en Galilea: que no quera andar en Judea, porque los Judos procuraban matarle.
Y estaba cerca la fiesta de los Judos, la de los tabernculos.
Y dijronle sus hermanos: Psate de aqu, y vete  Judea, para que tambin tus discpulos vean las obras que haces.
Que ninguno que procura ser claro, hace algo en oculto. Si estas cosas haces, manifistate al mundo.
Porque ni aun sus hermanos crean en l.
Dceles entonces Jess: Mi tiempo aun no ha venido; mas vuestro tiempo siempre est presto.
No puede el mundo aborreceros  vosotros; mas  m me aborrece, porque yo doy testimonio de l, que sus obras son malas.
Vosotros subid  esta fiesta; yo no subo an  esta fiesta, porque mi tiempo aun no es cumplido.
Y habindoles dicho esto, quedse en Galilea.
Mas como sus hermanos hubieron subido, entonces l tambin subi  la fiesta, no manifiestamente, sino como en secreto.
Y buscbanle los Judos en la fiesta, y decan: Dnde est aqul?
Y haba grande murmullo de l entre la gente: porque unos decan: Bueno es; y otros decan: No, antes engaa  las gentes.
Mas ninguno hablaba abiertamente de l, por miedo de los Judos.<CM>
Y al medio de la fiesta subi Jess al templo, y enseaba.
y maravillbanse los Judos, diciendo: Cmo sabe ste letras, no habiendo aprendido?
Respondiles Jess, y dijo: Mi doctrina no es ma, sino de aqul que me envi.
El que quisiere hacer su voluntad, conocer de la doctrina si viene de Dios,  si yo hablo de m mismo.
El que habla de s mismo, su propia gloria busca; mas el que busca la gloria del que le envi, ste es verdadero, y no hay en l injusticia.
No os di Moiss la ley, y ninguno de vosotros hace la ley? Por qu me procuris matar?
Respondi la gente, y dijo: Demonio tienes: quin te procura matar?
Jess respondi, y djoles: Una obra hice, y todos os maravillis.
Cierto, Moiss os di la circuncisin (no porque sea de Moiss, mas de los padres); y en sbado circuncidis al hombre.
Si recibe el hombre la circuncisin en sbado, para que la ley de Moiss no sea quebrantada, os enojis conmigo porque en sbado hice sano todo un hombre?
No juzguis segn lo que parece, mas juzgad justo juicio.
Decan entonces unos de los de Jerusalem: No es ste al que buscan para matarlo?
Y he aqu, habla pblicamente, y no le dicen nada; si habrn entendido verdaderamente los prncipes, que ste es el Cristo?
Mas ste, sabemos de dnde es: y cuando viniere el Cristo, nadie sabr de dnde sea.
Entonces clamaba Jess en el templo, enseando y diciendo: Y  m me conocis, y sabis de dnde soy: y no he venido de m mismo; mas el que me envi es verdadero, al cual vosotros no conocis.
Yo le conozco, porque de l soy, y l me envi.
Entonces procuraban prenderle; mas ninguno puso en l mano, porque aun no haba venido su hora.
Y muchos del pueblo creyeron en l, y decan: El Cristo, cuando viniere, har ms seales que las que ste hace?
Los Fariseos oyeron  la gente que murmuraba de l estas cosas; y los prncipes de los sacerdotes y los Fariseos enviaron servidores que le prendiesen.
Y Jess dijo: Aun un poco de tiempo estar con vosotros,  ir al que me envi.
Me buscaris, y no me hallaris; y donde yo estar, vosotros no podris venir.
Entonces los Judos dijeron entre s: A dnde se ha de ir ste que no le hallemos? Se ha de ir  los esparcidos entre los Griegos, y  ensear  los Griegos?
Qu dicho es ste que dijo: Me buscaris, y no me hallaris; y donde yo estar, vosotros no podris venir?<CM>
Mas en el postrer da grande de la fiesta, Jess se pona en pie y clamaba, diciendo: Si alguno tiene sed, venga  m y beba.
El que cree en m, como dice la Escritura, ros de agua viva corrern de su vientre.
(Y esto dijo del Espritu que haban de recibir los que creyesen en l: pues aun no haba venido el Espritu Santo; porque Jess no estaba an glorificado.)
Entonces algunos de la multitud, oyendo este dicho, decan: Verdaderamente ste es el profeta.
Otros decan: Este es el Cristo. Algunos empero decan: De Galilea ha de venir el Cristo?
No dice la Escritura, que de la simiente de David, y de la aldea de Bethlehem, de donde era David, vendr el Cristo?
As que haba disensin entre la gente acerca de l.
Y algunos de ellos queran prenderle; mas ninguno ech sobre l manos.<CM>
Y los ministriles vinieron  los principales sacerdotes y  los Fariseos; y ellos les dijeron: Por qu no le trajisteis?
Los ministriles respondieron: Nunca ha hablado hombre as como este hombre.
Entonces los Fariseos les respondieron: Estis tambin vosotros engaados?
Ha credo en l alguno de los prncipes,  de los Fariseos?
Mas estos comunales que no saben la ley, malditos son.
Dceles Nicodemo (el que vino  l de noche, el cual era uno de ellos):
Juzga nuestra ley  hombre, si primero no oyere de l, y entendiere lo que ha hecho?
Respondieron y dijronle: Eres t tambin Galileo? Escudria y ve que de Galilea nunca se levant profeta.
Y fuse cada uno  su casa.<CM>
Y JESUS se fu al monte de las Olivas.
Y por la maana volvi al templo, y todo el pueblo vino  l: y sentado l, los enseaba.
Entonces los escribas y los Fariseos le traen una mujer tomada en adulterio; y ponindola en medio,
Dcenle: Maestro, esta mujer ha sido tomada en el mismo hecho, adulterando;
Y en la ley Moiss nos mand apedrear  las tales: t pues, qu dices?
Mas esto decan tentndole, para poder acusarle. Empero Jess, inclinado hacia abajo, escriba en tierra con el dedo.
Y como perseverasen preguntndole, enderezse, y djoles: El que de vosotros est sin pecado, arroje contra ella la piedra el primero.
Y volvindose  inclinar hacia abajo, escriba en tierra.
Oyendo, pues, ellos, redargidos de la conciencia, salanse uno  uno, comenzando desde los ms viejos hasta los postreros: y qued solo Jess, y la mujer que estaba en medio.
Y enderezndose Jess, y no viendo  nadie ms que  la mujer, djole: Mujer, dnde estn los que te acusaban? Ninguno te ha condenado?
Y ella dijo: Seor, ninguno. Entonces Jess le dijo: Ni yo te condeno: vete, y no peques ms.<CM>
Y hablles Jess otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo: el que me sigue, no andar en tinieblas, mas tendr la lumbre de la vida.
Entonces los Fariseos le dijeron: T de ti mismo das testimonio: tu testimonio no es verdadero.
Respondi Jess, y djoles: Aunque yo doy testimonio de m mismo, mi testimonio es verdadero, porque s de dnde he venido y  dnde voy; mas vosotros no sabis de dnde vengo, y  dnde voy.
Vosotros segn la carne juzgis; mas yo no juzgo  nadie.
Y si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy solo, sino yo y el que me envi, el Padre.
Y en vuestra ley est escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero.
Yo soy el que doy testimonio de m mismo: y da testimonio de m el que me envi, el Padre.
Y decanle: Dnde est tu Padre? Respondi Jess: Ni  m me conocis, ni  mi Padre; si  m me conocieseis,  mi Padre tambin conocierais.
Estas palabras habl Jess en el lugar de las limosnas, enseando en el templo: y nadie le prendi; porque aun no haba venido su hora.<CM>
Y djoles otra vez Jess: Yo me voy, y me buscaris, mas en vuestro pecado moriris:  donde yo voy, vosotros no podis venir.
Decan entonces los Judos: Hase de matar  s mismo, que dice: A donde yo voy, vosotros no podis venir?
Y decales: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo.
Por eso os dije que moriris en vuestros pecados: porque si no creyereis que yo soy, en vuestros pecados moriris.
Y decanle: T quin eres? Entonces Jess les dijo: El que al principio tambin os he dicho.
Muchas cosas tengo que decir y juzgar de vosotros: mas el que me envi, es verdadero: y yo, lo que he odo de l, esto hablo en el mundo.
Mas no entendieron que l les hablaba del Padre.
Djoles pues, Jess: Cuando levantareis al Hijo del hombre, entonces entenderis que yo soy, y que nada hago de m mismo; mas como el Padre me ense, esto hablo.
Porque el que me envi, conmigo est; no me ha dejado solo el Padre; porque yo, lo que  l agrada, hago siempre.
Hablando l estas cosas, muchos creyeron en l.<CM>
Y deca Jess  los Judos que le haban credo: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seris verdaderamente mis discpulos;
Y conoceris la verdad, y la verdad os libertar.
Y respondironle: Simiente de Abraham somos, y jams servimos  nadie: cmo dices t: Seris libres?
Jess les respondi: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, es siervo de pecado.
Y el siervo no queda en casa para siempre: el hijo queda para siempre.
As que, si el Hijo os libertare, seris verdaderamente libres.
S que sois simiente de Abraham, mas procuris matarme, porque mi palabra no cabe en vosotros.<CM>
Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacis lo que habis odo cerca de vuestro padre.
Respondieron y dijronle: Nuestro padre es Abraham. Dceles Jess: Si fuerais hijos de Abraham, las obras de Abraham haras.
Empero ahora procuris matarme, hombre que os he hablado la verdad, la cual he odo de Dios: no hizo esto Abraham.
Vosotros hacis las obras de vuestro padre. Dijronle entonces: Nosotros no somos nacidos de fornicacin; un padre tenemos, que es Dios.
Jess entonces les dijo: Si vuestro padre fuera Dios, ciertamente me amarais: porque yo de Dios he salido, y he venido; que no he venido de m mismo, mas l me envi.
Por qu no reconocis mi lenguaje? porque no podis oir mi palabra.
Vosotros de vuestro padre el diablo sois, y los deseos de vuestro padre queris cumplir. l, homicida ha sido desde el principio, y no permaneci en la verdad, porque no hay verdad en l. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.
Y porque yo digo verdad, no me creis.<CM>
Quin de vosotros me redarguye de pecado? Pues si digo verdad, por qu vosotros no me creis?
El que es de Dios, las palabras de Dios oye: por esto no las os vosotros, porque no sois de Dios.
Respondieron entonces los Judos, y dijronle: No decimos bien nosotros, que t eres Samaritano, y tienes demonio?
Respondi Jess: Yo no tengo demonio, antes honro  mi Padre; y vosotros me habis deshonrado.
Y no busco mi gloria: hay quien la busque, y juzgue.<CM>
De cierto, de cierto os digo, que el que guardare mi palabra, no ver muerte para siempre.
Entonces los Judos le dijeron: Ahora conocemos que tienes demonio. Abraham muri, y los profetas, y t dices: El que guardare mi palabra, no gustar muerte para siempre.
Eres t mayor que nuestro padre Abraham, el cual muri? y los profetas murieron: quin te haces  ti mismo?
Respondi Jess: Si yo me glorifico  m mismo, mi gloria es nada: mi Padre es el que me glorifica; el que vosotros decs que es vuestro Dios;
Y no le conocis: mas yo le conozco; y si dijere que no le conozco, ser como vosotros mentiroso: mas le conozco, y guardo su palabra.
Abraham vuestro padre se goz por ver mi da; y lo vi, y se goz.
Dijronle entonces los Judos: Aun no tienes cincuenta aos, y has visto  Abraham?
Djoles Jess: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.
Tomaron entonces piedras para tirarle: mas Jess se encubri, y sali del templo; y atravesando por medio de ellos, se fu.<CM>
Y PASANDO Jess, vi un hombre ciego desde su nacimiento.
Y preguntronle sus discpulos, diciendo: Rabb, quin pec, ste  sus padres, para que naciese ciego?
Respondi Jess: Ni ste pec, ni sus padres: mas para que las obras de Dios se manifiesten en l.
Convineme obrar las obrar del que me envi, entre tanto que el da dura: la noche viene, cuando nadie puede obrar.
Entre tanto que estuviere en el mundo, luz soy del mundo.
Esto dicho, escupi en tierra,  hizo lodo con la saliva, y unt con el lodo sobre los ojos del ciego,
Y djole: Ve, lvate en el estanque de Silo (que significa, si lo interpretares, Enviado). Y fu entonces, y lavse, y volvi viendo.<CM>
Entonces los vecinos, y los que antes le haban visto que era ciego, decan: no es ste el que se sentaba y mendigaba?
Unos decan: Este es; y otros: A l se parece. El deca: Yo soy.
Y dijronle: Cmo te fueron abiertos los ojos?
Respondi l y dijo: El hombre que se llama Jess, hizo lodo, y me unt los ojos, y me dijo: Ve al Silo, y lvate: y fu, y me lav, y recib la vista.
Entonces le dijeron: Dnde est aqul? El dijo: No s.<CM>
Llevaron  los Fariseos al que antes haba sido ciego.
Y era sbado cuando Jess haba hecho el lodo, y le haba abierto los ojos.
Y volvironle  preguntar tambin los Fariseos de qu manera haba recibido la vista. Y l les dijo: Psome lodo sobre los ojos, y me lav, y veo.
Entonces unos de los Fariseos decan: Este hombre no es de Dios, que no guarda el sbado. Otros decan: Cmo puede un hombre pecador hacer estas seales? Y haba disensin entre ellos.
Vuelven  decir al ciego: T, qu dices del que te abri los ojos? Y l dijo: Que es profeta.
Mas los Judos no crean de l, que haba sido ciego, y hubiese recibido la vista, hasta que llamaron  los padres del que haba recibido la vista;
Y preguntronles, diciendo: Es ste vuestro hijo, el que vosotros decs que naci ciego? Cmo, pues, ve ahora?
Respondironles sus padres y dijeron: Sabemos que ste es nuestro hijo, y que naci ciego:
Mas cmo vea ahora, no sabemos;  quin le haya abierto los ojos, nosotros no lo sabemos; l tiene edad, preguntadle  l; l hablar de s.
Esto dijeron sus padres, porque tenan miedo de los Judos: porque ya los Judos haban resuelto que si alguno confesase ser l el Mesas, fuese fuera de la sinagoga.
Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntadle  l.
As que, volvieron  llamar al hombre que haba sido ciego, y dijronle: Da gloria  Dios: nosotros sabemos que este hombre es pecador.
Entonces l respondi, y dijo: Si es pecador, no lo s: una cosa s, que habiendo yo sido ciego, ahora veo.
Y volvironle  decir: Qu te hizo? Cmo te abri los ojos?
Respondiles: Ya os lo he dicho, y no habis atendido: por qu lo queris otra vez oir? queris tambin vosotros haceros sus discpulos?
Y le ultrajaron, y dijeron: T eres su discpulo; pero nosotros discpulos de Moiss somos.
Nosotros sabemos que  Moiss habl Dios: mas ste no sabemos de dnde es.
Respondi aquel hombre, y djoles: Por cierto, maravillosa cosa es sta, que vosotros no sabis de dnde sea, y  m me abri los ojos.
Y sabemos que Dios no oye  los pecadores: mas si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad,  ste oye.
Desde el siglo no fu odo, que abriese alguno los ojos de uno que naci ciego.
Si ste no fuera de Dios, no pudiera hacer nada.
Respondieron, y dijronle: En pecados eres nacido todo, y t nos enseas? Y echronle fuera.<CM>
Oy Jess que le haban echado fuera; y hallndole, djole: Crees t en el Hijo de Dios?
Respondi l, y dijo: Quin es, Seor, para que crea en l?
Y djole Jess: Y le has visto, y el que habla contigo, l es.
Y l dice: Creo, Seor; y adorle.<CM>
Y dijo Jess: Yo, para juicio he venido  este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, sean cegados.
Y ciertos de los Fariseos que estaban con l oyeron esto, y dijronle: Somos nosotros tambin ciegos?
Djoles Jess: Si fuerais ciegos, no tuvierais pecado: mas ahora porque decs, Vemos, por tanto vuestro pecado permanece.<CM>
DE cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, mas sube por otra parte, el tal es ladrn y robador.
Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es.
A ste abre el portero, y las ovejas oyen su voz: y  sus ovejas llama por nombre, y las saca.
Y como ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.
Mas al extrao no seguirn, antes huirn de l: porque no conocen la voz de los extraos.
Esta parbola les dijo Jess; mas ellos no entendieron qu era lo que les deca.
Volviles, pues, Jess  decir: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas.
Todos los que antes de m vinieron, ladrones son y robadores; mas no los oyeron las ovejas.
Yo soy la puerta: el que por m entrare, ser salvo; y entrar, y saldr, y hallar pastos.
El ladrn no viene sino para hurtar, y matar, y destruir: yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.
Yo soy el buen pastor: el buen pastor su vida da por las ovejas.
Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve al lobo que viene, y deja las ovejas, y huye, y el lobo las arrebata, y esparce las ovejas.
As que, el asalariado, huye, porque es asalariado, y no tiene cuidado de las ovejas.
Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mas me conocen.
Como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.
Tambin tengo otras ovejas que no son de este redil; aqullas tambin me conviene traer, y oirn mi voz; y habr un rebao, y un pastor.
Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla  tomar.
Nadie me la quita, mas yo la pongo de m mismo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla  tomar. Este mandamiento recib de mi Padre.<CM>
Y volvi  haber disensin entre los Judos por estas palabras.
Y muchos de ellos decan: Demonio tiene, y est fuera de s; para qu le os?
Decan otros: Estas palabras no son de endemoniado: puede el demonio abrir los ojos de los ciegos?<CM>
Y se haca la fiesta de la dedicacin en Jerusalem; y era invierno;
Y Jess andaba en el templo por el portal de Salomn.
Y roderonle los Judos y dijronle: Hasta cundo nos has de turbar el alma? Si t eres el Cristo, dnos lo abiertamente.
Respondiles Jess: Os lo he dicho, y no creis: las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de m;
Mas vosotros no creis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho.
Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen;
Y yo les doy vida eterna y no perecern para siempre, ni nadie las arrebatar de mi mano.
Mi Padre que me las di, mayor que todos es y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.
Yo y el Padre una cosa somos.
Entonces volvieron  tomar piedras los Judos para apedrearle.
Respondiles Jess: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre, por cul obra de esas me apedreis?
Respondironle los Judos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; y porque t, siendo hombre, te haces Dios.
Respondiles Jess: No est escrito en vuestra ley: Yo dije, Dioses sois?
Si dijo, dioses,  aquellos  los cuales fu hecha palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada);
A quien el Padre santific y envi al mundo, vosotros decs: T blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy?
Si no hago obras de mi Padre, no me creis.
Mas si las hago, aunque  m no creis, creed  las obras; para que conozcis y creis que el Padre est en m, y yo en el Padre.<CM>
Y procuraban otra vez prenderle; mas l se sali de sus manos;
Y volvise tras el Jordn,  aquel lugar donde primero haba estado bautizando Juan; y estvose all.
Y muchos venan  l, y decan: Juan,  la verdad, ninguna seal hizo; mas todo lo que Juan dijo de ste, era verdad.
Y muchos creyeron all en l.<CM>
ESTABA entonces enfermo uno llamado Lzaro, de Bethania, la aldea de Mara y de Marta su hermana.
(Y Mara, cuyo hermano Lzaro estaba enfermo, era la que ungi al Seor con ungento, y limpi sus pies con sus cabellos)
Enviaron, pues, sus hermanas  l, diciendo: Seor, he aqu, el que amas est enfermo.
Y oyndolo Jess, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, mas por gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.
Y amaba Jess  Marta, y  su hermana, y  Lzaro.
Como oy pues que estaba enfermo, quedse an dos das en aquel lugar donde estaba.
Luego, despus de esto, dijo  los discpulos: Vamos  Judea otra vez.
Dcenle los discpulos: Rabb, ahora procuraban los Judos apedrearte, y otra vez vas all?
Respondi Jess: No tiene el da doce horas? El que anduviere de da, no tropieza, porque ve la luz de este mundo.
Mas el que anduviere de noche, tropieza, porque no hay luz en l.
Dicho esto, dceles despus: Lzaro nuestro amigo duerme; mas voy  despertarle del sueo.
Dijeron entonces sus discpulos: Seor, si duerme, salvo estar.
Mas esto deca Jess de la muerte de l: y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueo.
Entonces, pues, Jess les dijo claramente: Lzaro es muerto;
Y hulgome por vosotros, que yo no haya estado all, para que creis: mas vamos  l.
Dijo entonces Toms, el que se dice el Ddimo,  sus condiscpulos: Vamos tambin nosotros, para que muramos con l.<CM>
Vino pues Jess, y hall que haba ya cuatro das que estaba en el sepulcro.
Y Bethania estaba cerca de Jerusalem, como quince estadios;
Y muchos de los Judos haban venido  Marta y  Mara,  consolarlas de su hermano.
Entonces Marta, como oy que Jess vena, sali  encontrarle; mas Mara se estuvo en casa.
Y Marta dijo  Jess: Seor, si hubieses estado aqu, mi hermano no fuera muerto;
Mas tambin s ahora, que todo lo que pidieres de Dios, te dar Dios.
Dcele Jess: Resucitar tu hermano.
Marta le dice: Yo s que resucitar en la resurreccin en el da postrero.
Dcele Jess: Yo soy la resurreccin y la vida: el que cree en m, aunque est muerto, vivir.
Y todo aquel que vive y cree en m, no morir eternamente. Crees esto?
Dcele: S Seor; yo he credo que t eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.
Y esto dicho, fuse, y llam en secreto  Mara su hermana, diciendo: El Maestro est aqu y te llama.
Ella, como lo oy, levntase prestamente y viene  l.
(Que aun no haba llegado Jess  la aldea, mas estaba en aquel lugar donde Marta le haba encontrado.)
Entonces los Judos que estaban en casa con ella, y la consolaban, como vieron que Mara se haba levantado prestamente, y haba salido, siguironla, diciendo: Va al sepulcro  llorar all.
Mas Mara, como vino donde estaba Jess, vindole, derribse  sus pies, dicindole: Seor, si hubieras estado aqu, no fuera muerto mi hermano.<CM>
Jess entonces, como la vi llorando, y  los Judos que haban venido juntamente con ella llorando, se conmovi en espritu, y turbse,
Y dijo: Dnde le pusisteis? Dicenle: Seor, ven, y ve.
Y llor Jess.
Dijeron entonces los Judos: Mirad cmo le amaba.
Y algunos de ellos dijeron: No poda ste que abri los ojos al ciego, hacer que ste no muriera?
Y Jess, conmovindose otra vez en s mismo, vino al sepulcro. Era una cueva, la cual tena una piedra encima.
Dice Jess: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que se haba muerto, le dice: Seor, hiede ya, que es de cuatro das.
Jess le dice: No te he dicho que, si creyeres, vers la gloria de Dios?
Entonces quitaron la piedra de donde el muerto haba sido puesto. Y Jess, alzando los ojos arriba, dijo: Padre, gracias te doy que me has odo.
Que yo saba que siempre me oyes; mas por causa de la compaa que est alrededor, lo dije, para que crean que t me has enviado.
Y habiendo dicho estas cosas, clam  gran voz: Lzaro, ven fuera.
Y el que haba estado muerto, sali, atadas las manos y los pies con vendas; y su rostro estaba envuelto en un sudario. Dceles Jess: Desatadle, y dejadle ir.<CM>
Entonces muchos de los Judos que haban venido  Mara, y haban visto lo que haba hecho Jess, creyeron en l.
Mas algunos de ellos fueron  los Fariseos, y dijronles lo que Jess haba hecho.
Entonces los pontfices y los Fariseos juntaron concilio, y decan: Qu hacemos? porque este hombre hace muchas seales.
Si le dejamos as, todos creern en l: y vendrn los Romanos, y quitarn nuestro lugar y la nacin.
Y Caifs, uno de ellos, sumo pontfice de aquel ao, les dijo: Vosotros no sabis nada;
Ni pensis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nacin se pierda.
Mas esto no lo dijo de s mismo; sino que, como era el sumo pontfice de aquel ao, profetiz que Jess haba de morir por la nacin:
Y no solamente por aquella nacin, mas tambin para que juntase en uno los hijos de Dios que estaban derramados.
As que, desde aquel da consultaban juntos de matarle.
Por tanto, Jess ya no andaba manifiestamente entre los Judos; mas fuse de all  la tierra que est junto al desierto,  una ciudad que se llama Ephraim: y estbase all con sus discpulos
Y la Pascua de los Judos estaba cerca: y muchos subieron de aquella tierra  Jerusalem antes de la Pascua, para purificarse;
Y buscaban  Jess, y hablaban los unos con los otros estando en el templo. Qu os parece, que no vendr  la fiesta?
Y los pontfices y los Fariseos haban dado mandamiento, que si alguno supiese dnde estuviera, lo manifestase, para que le prendiesen.<CM>
Y JESUS, seis das antes de la Pascua, vino  Bethania, donde estaba Lzaro, que haba sido muerto, al cual haba resucitado de los muertos.
E hicironle all una cena y Marta serva, y Lzaro era uno de los que estaban sentados  la mesa juntamente con l.
Entonces Mara tom una libra de ungento de nardo lquido de mucho precio, y ungi los pies de Jess, y limpi sus pies con sus cabellos: y la casa se llen del olor del ungento.
Y dijo uno de sus discpulos, Judas Iscariote, hijo de Simn, el que le haba de entregar:
Por qu no se ha vendido este ungento por trescientos dineros, y se di  los pobres?
Mas dijo esto, no por el cuidado que l tena de los pobres: sino porque era ladrn, y tena la bolsa, y traa lo que se echaba en ella.
Entonces Jess dijo: Djala; para el da de mi sepultura ha guardado esto;
Porque  los pobres siempre los tenis con vosotros, mas  m no siempre me tenis.
Entonces mucha gente de los Judos entendi que l estaba all; y vinieron no solamente por causa de Jess, mas tambin por ver  Lzaro, al cual haba resucitado de los muertos.
Consultaron asimismo los prncipes de los sacerdotes, de matar tambin  Lzaro;
Porque muchos de los Judos iban y crean en Jess por causa de l.<CM>
El siguiente da, mucha gente que haba venido  la fiesta, como oyeron que Jess vena  Jerusalem,
Tomaron ramos de palmas, y salieron  recibirle, y clamaban: Hosanna, Bendito el que viene en el nombre del Seor, el Rey de Israel!
Y hall Jess un asnillo, y se sent sobre l, como est escrito:
No temas, hija de Sin: he aqu tu Rey viene, sentado sobre un pollino de asna.
Estas cosas no las entendieron sus discpulos de primero: empero cuando Jess fu glorificado, entonces se acordaron de que estas cosas estaban escritas de l, y que le hicieron estas cosas.
Y la gente que estaba con l, daba testimonio de cuando llam  Lzaro del sepulcro, y le resucit de los muertos.
Por lo cual tambin haba venido la gente  recibirle, porque haba odo que l haba hecho esta seal;
Mas los Fariseos dijeron entre s: Veis que nada aprovechis? he aqu, el mundo se va tras de l.<CM>
Y haba ciertos Griegos de los que haban subido  adorar en la fiesta:
Estos pues, se llegaron  Felipe, que era de Bethsaida de Galilea, y rogronle, diciendo: Seor, querramos ver  Jess.
Vino Felipe, y djolo  Andrs: Andrs entonces, y Felipe, lo dicen  Jess.
Entonces Jess les respondi, diciendo: La hora viene en que el Hijo del hombre ha de ser glorificado.
De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, l solo queda; mas si muriere, mucho fruto lleva.
El que ama su vida, la perder; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardar.
Si alguno me sirve, sgame: y donde yo estuviere, all tambin estar mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrar.<CM>
Ahora est turbada mi alma; y qu dir? Padre, slvame de esta hora. Mas por esto he venido en esta hora.
Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Y lo he glorificado, y lo glorificar otra vez.
Y la gente que estaba presente, y haba odo, deca que haba sido trueno. Otros decan: Angel le ha hablado.
Respondi Jess, y dijo: No ha venido esta voz por mi causa, mas por causa de vosotros.
Ahora es el juicio de este mundo: ahora el prncipe de este mundo ser echado fuera.
Y yo, si fuere levantado de la tierra,  todos traer  m mismo.
Y esto deca dando  entender de qu muerte haba de morir.
Respondile la gente: Nosotros hemos odo de la ley, que el Cristo permanece para siempre: cmo pues dices t: Conviene que el Hijo del hombre sea levantado? Quin es este Hijo del hombre?
Entonces Jess les dice: Aun por un poco estar la luz entre vosotros: andad entre tanto que tenis luz, porque no os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe dnde va.
Entre tanto que tenis la luz, creed en la luz, para que seis hijos de luz. Estas cosas habl Jess, y fuse, y escondise de ellos.<CM>
Empero habiendo hecho delante de ellos tantas seales, no crean en l.
Para que se cumpliese el dicho que dijo el profeta Isaas: Seor, quin ha credo  nuestro dicho? Y el brazo del Seor,  quin es revelado?
Por esto no podan creer, porque otra vez dijo Isaas:
Ceg los ojos de ellos, y endureci su corazn; Porque no vean con los ojos, y entiendan de corazn, Y se conviertan, Y yo los sane.
Estas cosas dijo Isaas cuando vi su gloria, y habl de l.<CM>
Con todo eso, aun de los prncipes, muchos creyeron en l; mas por causa de los Fariseos no lo confesaban, por no ser echados de la sinagoga.
Porque amaban ms la gloria de los hombres que la gloria de Dios.<CM>
Mas Jess clam y dijo: El que cree en m, no cree en m, sino en el que me envi;
Y el que me ve, ve al que me envi.
Yo la luz he venido al mundo, para que todo aquel que cree en m no permanezca en tinieblas.
Y el que oyere mis palabras, y no las creyere, yo no le juzgo; porque no he venido  juzgar al mundo, sino  salvar al mundo.
El que me desecha, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue: la palabra que he hablado, ella le juzgar en el da postrero.
Porque yo no he hablado de m mismo; mas el Padre que me envi, l me di mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.
Y s que su mandamiento es vida eterna: as que, lo que yo hablo, como el Padre me lo ha dicho, as hablo.<CM>
ANTES de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jess que su hora haba venido para que pasase de este mundo al Padre, como haba amado  los suyos que estaban en el mundo, amlos hasta el fin.
Y la cena acabada, como el diablo ya haba metido en el corazn de Judas, hijo de Simn Iscariote, que le entregase,
Sabiendo Jess que el Padre le haba dado todas las cosas en las manos, y que haba salido de Dios, y  Dios iba,
Levntase de la cena, y qutase su ropa, y tomando una toalla, cise.
Luego puso agua en un lebrillo, y comenz  lavar los pies de los discpulos, y  limpiarlos con la toalla con que estaba ceido.
Entonces vino  Simn Pedro; y Pedro le dice: Seor, t me lavas los pies?
Respondi Jess, y djole: Lo que yo hago, t no entiendes ahora; mas lo entenders despus.
Dcele Pedro: No me lavars los pies jams. Respondile Jess: Si no te lavare, no tendrs parte conmigo.
Dcele Simn Pedro: Seor, no slo mis pies, mas aun las manos y la cabeza.
Dcele Jess: El que est lavado, no necesita sino que lave los pies, mas est todo limpio: y vosotros limpios estis, aunque no todos.
Porque saba quin le haba de entregar; por eso dijo: No estis limpios todos.
As que, despus que les hubo lavado los pies, y tomado su ropa, volvindose  sentar  la mesa, djoles: Sabis lo que os he hecho?
Vosotros me llamis, Maestro, y, Seor: y decs bien; porque lo soy.
Pues si yo, el Seor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros tambin debis lavar los pies los unos  los otros.
Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros tambin hagis.
De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su seor, ni el apstol es mayor que el que le envi.
Si sabis estas cosas, bienaventurados seris, si las hiciereis.<CM>
No hablo de todos vosotros: yo s los que he elegido: mas para que se cumpla la Escritura: El que come pan conmigo, levant contra m su calcaar.
Desde ahora os lo digo antes que se haga, para que cuando se hiciere, creis que yo soy.
De cierto, de cierto os digo: El que recibe al que yo enviare,  m recibe; y el que  m recibe, recibe al que me envi.
Como hubo dicho Jess esto, fu conmovido en el espritu, y protest, y dijo: De cierto, de cierto os digo, que uno de vosotros me ha de entregar.
Entonces los discpulos mirbanse los unos  los otros, dudando de quin deca.
Y uno de sus discpulos, al cual Jess amaba, estaba recostado en el seno de Jess.
A ste, pues, hizo seas Simn Pedro, para que preguntase quin era aqul de quien deca.
El entonces recostndose sobre el pecho de Jess, dcele: Seor, quin es?
Respondi Jess: Aqul es,  quien yo diere el pan mojado. Y mojando el pan, dilo  Judas Iscariote, hijo de Simn.
Y tras el bocado Satans entr en l. Entonces Jess le dice: Lo que haces, haz lo ms presto.
Mas ninguno de los que estaban  la mesa entendi  qu propsito le dijo esto.
Porque los unos pensaban, por que Judas tena la bolsa, que Jess le deca: Compra lo que necesitamos para la fiesta: , que diese algo  los pobres.
Como l pues hubo tomado el bocado, luego sali: y era ya noche.<CM>
Entonces como l sali, dijo Jess: Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en l.
Si Dios es glorificado en l, Dios tambin le glorificar en s mismo, y luego le glorificar.
Hijitos, aun un poco estoy con vosotros. Me buscaris; mas, como dije  los Judos: Donde yo voy, vosotros no podis venir; as digo  vosotros ahora.
Un mandamiento nuevo os doy: Que os amis unos  otros: como os he amado, que tambin os amis los unos  los otros.
En esto conocern todos que sois mis discpulos, si tuviereis amor los unos con los otros.<CM>
Dcele Simn Pedro: Seor, adnde vas? Respondile Jess: Donde yo voy, no me puedes ahora seguir; mas me seguirs despus.
Dcele Pedro: Seor, por qu no te puedo seguir ahora? mi alma pondr por ti.
Respondile Jess: Tu alma pondrs por m? De cierto, de cierto te digo: No cantar el gallo, sin que me hayas negado tres veces.<CM>
NO se turbe vuestro corazn; creis en Dios, creed tambin en m.
En la casa de mi Padre muchas moradas hay: de otra manera os lo hubiera dicho: voy, pues,  preparar lugar para vosotros.
Y si me fuere, y os aparejare lugar, vendr otra vez, y os tomar  m mismo: para que donde yo estoy, vosotros tambin estis.<CM>
Y sabis  dnde yo voy; y sabis el camino.
Dcele Toms: Seor, no sabemos  dnde vas: cmo, pues, podemos saber el camino?
Jess le dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por m.
Si me conocieseis, tambin  mi Padre conocierais: y desde ahora le conocis, y le habis visto.
Dcele Felipe: Seor, mustranos el Padre, y nos basta.
Jess le dice: Tanto tiempo ha que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto, ha visto al Padre; cmo, pues, dices t: Mustranos el Padre?
No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en m? Las palabras que yo os hablo, no las hablo de m mismo: mas el Padre que est en m, l hace las obras.
Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en m: de otra manera, creedme por las mismas obras.<CM>
De cierto, de cierto os digo: El que en m cree, las obras que yo hago tambin l las har; y mayores que stas har; porque yo voy al Padre.
Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, esto har, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.
Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo har.<CM>
Si me amis, guardad mis mandamientos;
Y yo rogar al Padre, y os dar otro Consolador, para que est con vosotros para siempre:
Al Espritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce: mas vosotros le conocis; porque est con vosotros, y ser en vosotros.<CM>
No os dejar hurfanos: vendr  vosotros.
Aun un poquito, y el mundo no me ver ms; empero vosotros me veris; porque yo vivo, y vosotros tambin viviris.
En aquel da vosotros conoceris que yo estoy en mi Padre, y vosotros en m, y yo en vosotros.
El que tiene mis mandamientos, y los guarda, aqul es el que me ama; y el que me ama, ser amado de mi Padre, y yo le amar, y me manifestar  l.
Dcele Judas, no el Iscariote: Seor, qu hay porque te hayas de manifestar  nosotros, y no al mundo?
Respondi Jess, y djole: El que me ama, mi palabra guardar; y mi Padre le amar, y vendremos  l, y haremos con l morada.
El que no me ama, no guarda mis palabras: y la palabra que habis odo, no es ma, sino del Padre que me envi.<CM>
Estas cosas os he hablado estando con vosotros.
Mas el Consolador, el Espritu Santo, al cual el Padre enviar en mi nombre, l os ensear todas las cosas, y os recordar todas las cosas que os he dicho.
La paz os dejo, mi paz os doy: no como el mundo la da, yo os la doy. No se turbe vuestro corazn, ni tenga miedo.<CM>
Habis odo cmo yo os he dicho: Voy, y vengo  vosotros. Si me amaseis, ciertamente os gozarais, porque he dicho que voy al Padre: porque el Padre mayor es que yo.
Y ahora os lo he dicho antes que se haga; para que cuando se hiciere, creis.
Ya no hablar mucho con vosotros: porque viene el prncipe de este mundo; mas no tiene nada en m.
Empero para que conozca el mundo que amo al Padre, y como el Padre me di el mandamiento, as hago. Levantaos, vamos de aqu,<CM>
YO soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.
Todo pmpano que en m no lleva fruto, le quitar: y todo aquel que lleva fruto, le limpiar, para que lleve ms fruto.
Ya vosotros sois limpios por la palabra que os he hablado.
Estad en m, y yo en vosotros. Como el pmpano no puede llevar fruto de s mismo, si no estuviere en la vid; as ni vosotros, si no estuviereis en m.
Yo soy la vid, vosotros los pmpanos: el que est en m, y yo en l, ste lleva mucho fruto; porque sin m nada podis hacer.
El que en m no estuviere, ser echado fuera como mal pmpano, y se secar; y los cogen, y los echan en el fuego, y arden.
Si estuviereis en m, y mis palabras estuvieren en vosotros, pedid todo lo que quisiereis, y os ser hecho.
En esto es glorificado mi Padre, en que llevis mucho fruto, y seis as mis discpulos.<CM>
Como el Padre me am, tambin yo os he amado: estad en mi amor.
Si guardareis mis mandamientos, estaris en mi amor; como yo tambin he guardado los mandamientos de mi Padre, y estoy en su amor.
Estas cosas os he hablado, para que mi gozo est en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.
Este es mi mandamiento: Que os amis los unos  los otros, como yo os he amado.
Nadie tiene mayor amor que este, que ponga alguno su vida por sus amigos.
Vosotros sois mis amigos, si hiciereis las cosas que yo os mando.
Ya no os llamar siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su seor: mas os he llamado amigos, porque todas las cosas que o de mi Padre, os he hecho notorias.
No me elegisteis vosotros  m, mas yo os eleg  vosotros; y os he puesto para que vayis y llevis fruto, y vuestro fruto permanezca: para que todo lo que pidiereis del Padre en mi nombre, l os lo d.
Esto os mando: Que os amis los unos  los otros.<CM>
Si el mundo os aborrece, sabed que  m me aborreci antes que  vosotros.
Si fuerais del mundo, el mundo amara lo suyo; mas porque no sois del mundo, antes yo os eleg del mundo, por eso os aborrece el mundo.
Acordaos de la palabra que yo os he dicho: No es el siervo mayor que su seor. Si  m m han perseguido, tambin  vosotros perseguirn: si han guardado mi palabra, tambin guardarn la vuestra.
Mas todo esto os harn por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado.
Si no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendran pecado, mas ahora no tienen excusa de su pecado.
El que me aborrece, tambin  mi Padre aborrece.
Si no hubiese hecho entre ellos obras cuales ningn otro ha hecho, no tendran pecado; mas ahora, y las han visto, y me aborrecen  m y  mi Padre.
Mas para que se cumpla la palabra que est escrita en su ley: Que sin causa me aborrecieron.<CM>
Empero cuando viniere el Consolador, el cual yo os enviar del Padre, el Espritu de verdad, el cual procede del Padre, l dar testimonio de m.
Y vosotros daris testimonio, porque estis conmigo desde el principio.<CM>
ESTAS cosas os he hablado, para que no os escandalicis.
Os echarn de los sinagogas; y aun viene la hora, cuando cualquiera que os matare, pensar que hace servici  Dios.
Y estas cosas os harn, porque no conocen al Padre ni  m.
Mas os he dicho esto, para que cuando aquella hora viniere, os acordeis que yo os lo haba dicho. Esto empero no os lo dije al principio, porque yo estaba con vosotros.
Mas ahora voy al que me envi; y ninguno de vosotros me pregunta: Adnde vas?
Antes, porque os he hablado estas cosas, tristeza ha henchido vuestro corazn.<CM>
Empero yo os digo la verdad: Os es necesario que yo vaya: porque si yo no fuese, el Consolador no vendra  vosotros; mas si yo fuere, os le enviar.
Y cuando l viniere redargir al mundo de pecado, y de justicia, y de juicio:
De pecado ciertamente, por cuanto no creen en m;
Y de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veris ms;
Y de juicio, por cuanto el prncipe de este mundo es juzgado.
Aun tengo muchas cosas que deciros, mas ahora no las podis llevar.
Pero cuando viniere aquel Espritu de verdad, l os guiar  toda verdad; porque no hablar de s mismo, sino que hablar todo lo que oyere, y os har saber las cosas que han de venir.
El me glorificar: porque tomar de lo mo, y os lo har saber.
Todo lo que tiene el Padre, mo es: por eso dije que tomar de lo mo, y os lo har saber.<CM>
Un poquito, y no me veris; y otra vez un poquito, y me veris: porque yo voy al Padre.
Entonces dijeron algunos de sus discpulos unos  otros: Qu es esto que nos dice: Un poquito, y no me veris; y otra vez un poquito, y me veris: y, por que yo voy al Padre?
Decan pues: Qu es esto que dice: Un poquito? No entendemos lo que habla.
Y conoci Jess que le queran preguntar, y djoles: Preguntis entre vosotros de esto que dije: Un poquito, y no me veris, y otra vez un poquito, y me veris?
De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraris y lamentaris, y el mundo se alegrar: empero aunque vosotros estaris tristes, vuestra tristeza se tornar en gozo.
La mujer cuando pare, tiene dolor, porque es venida su hora; mas despus que ha parido un nio, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo.
Tambin, pues, vosotros ahora ciertamente tenis tristeza; mas otra vez os ver, y se gozar vuestro corazn, y nadie quitar de vosotros vuestro gozo.<CM>
Y aquel da no me preguntaris nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dar.
Hasta ahora nada habis pedido en mi nombre: pedid, y recibiris, para que vuestro gozo sea cumplido.
Estas cosas os he hablado en proverbios: la hora viene cuando ya no os hablar por proverbios, pero claramente os anunciar del Padre.
Aquel da pediris en mi nombre: y no os digo, que yo rogar al Padre por vosotros;
Pues el mismo Padre os ama, porque vosotros me amasteis, y habis credo que yo sal de Dios.<CM>
Sal del Padre, y he venido al mundo: otra vez dejo el mundo, y voy al Padre.
Dcenle sus discpulos: He aqu, ahora hablas claramente, y ningn proverbio dices.
Ahora entendemos que sabes todas las cosas, y no necesitas que nadie te pregunte: en esto creemos que has salido de Dios.
Respondiles Jess: Ahora creis?
He aqu, la hora viene, y ha venido, que seris esparcidos cada uno por su parte, y me dejaris solo: mas no estoy solo, porque el Padre est conmigo.
Estas cosas os he hablado, para que en m tengis paz. En el mundo tendris afliccin: mas confiad, yo he vencido al mundo.<CM>
ESTAS cosas habl Jess, y levantados los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora es llegada; glorifica  tu Hijo, para que tambin tu Hijo te glorifique  ti;
Como le has dado la potestad de toda carne, para que d vida eterna  todos los que le diste.
Esta empero es la vida eterna: que te conozcan el solo Dios verdadero, y  Jesucristo, al cual has enviado.
Yo te he glorificado en la tierra: he acabado la obra que me diste que hiciese.
Ahora pues, Padre, glorifcame t cerca de ti mismo con aquella gloria que tuve cerca de ti antes que el mundo fuese.<CM>
He manifestado tu nombre  los hombres que del mundo me diste: tuyos eran, y me los diste, y guardaron tu palabra.
Ahora han conocido que todas las cosas que me diste, son de ti;
Porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que sal de ti, y han credo que t me enviaste.
Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son:
Y todas mis cosas son tus cosas, y tus cosas son mis cosas: y he sido glorificado en ellas.<CM>
Y ya no estoy en el mundo; mas stos estn en el mundo, y yo  ti vengo. Padre santo,  los que me has dado, gurdalos por tu nombre, para que sean una cosa, como tambin nosotros.
Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre;  los que me diste, yo los guard, y ninguno de ellos se perdi, sino el hijo de perdicin; para que la Escritura se cumpliese.
Mas ahora vengo  ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en s mismos.
Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreci, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.
No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.<CM>
Santifcalos en tu verdad: tu palabra es verdad.
Como t me enviaste al mundo, tambin los he enviado al mundo.
Y por ellos yo me santifico  m mismo, para que tambin ellos sean santificados en verdad.<CM>
Mas no ruego solamente por stos, sino tambin por los que han de creer en m por la palabra de ellos.
Para que todos sean una cosa; como t, oh Padre, en m, y yo en ti, que tambin ellos sean en nosotros una cosa: para que el mundo crea que t me enviaste.
Y yo, la gloria que me diste les he dado; para que sean una cosa, como tambin nosotros somos una cosa.
Yo en ellos, y t en m, para que sean consumadamente una cosa; que el mundo conozca que t me enviaste, y que los has amado, como tambin  m me has amado.<CM>
Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, ellos estn tambin conmigo; para que vean mi gloria que me has dado: por cuanto me has amado desde antes de la constitucin del mundo.
Padre justo, el mundo no te ha conocido, mas yo te he conocido; y stos han conocido que t me enviaste;
Y yo les he manifestado tu nombre, y manifestar lo an; para que el amor con que me has amado, est en ellos, y yo en ellos.<CM>
COMO Jess hubo dicho estas cosas, salise con sus discpulos tras el arroyo de Cedrn, donde estaba un huerto, en el cual entr Jess y sus discpulos.
Y tambin Judas, el que le entregaba, saba aquel lugar; porque muchas veces Jess se juntaba all con sus discpulos.
Judas pues tomando una compaa, y ministros de los pontfices y de los Fariseos, vino all con linternas y antorchas, y con armas.
Empero Jess, sabiendo todas las cosas que haban de venir sobre l, sali delante, y djoles: A quin buscis?
Respondironle: A Jess Nazareno. Dceles Jess; Yo soy (Y estaba tambin con ellos Judas, el que le entregaba.)
Y como les dijo, Yo soy, volvieron atrs, y cayeron en tierra.
Volviles, pues,  preguntar: A quin buscis? Y ellos dijeron: A Jess Nazareno.
Respondi Jess: Os he dicho que yo soy: pues si  mi buscis, dejad ir  stos.
Para que se cumpliese la palabra que haba dicho: De los que me diste, ninguno de ellos perd.
Entonces Simn Pedro, que tena espada, sacla,  hiri al siervo del pontfice, y le cort la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco.
Jess entonces dijo  Pedro: Mete tu espada en la vaina: el vaso que el Padre me ha dado, no lo tengo de beber?
Entonces la compaa y el tribuno, y los ministros de los Judos, prendieron  Jess y le ataron,<CM>
Y llevronle primeramente  Ans; porque era suegro de Caifs, el cual era pontfice de aquel ao.
Y era Caifs el que haba dado el consejo  los Judos, que era necesario que un hombre muriese por el pueblo.
Y segua  Jess Simn Pedro, y otro discpulo. Y aquel discpulo era conocido del pontfice, y entr con Jess al atrio del pontfice;
Mas Pedro estaba fuera  la puerta. Y sali aquel discpulo que era conocido del pontfice, y habl  la portera, y meti dentro  Pedro.
Entonces la criada portera dijo  Pedro: No eres t tambin de los discpulos de este hombre? Dice l: No soy.
Y estaban en pie los siervos y los ministros que haban allegado las ascuas; porque haca fro, y calentbanse: y estaba tambin con ellos Pedro en pie, calentndose.
Y el pontfice pregunt  Jess acerca de sus discpulos y de su doctrina.
Jess le respondi: Yo manifiestamente he hablado al mundo: yo siempre he enseado en la sinagoga y en el templo, donde se juntan todos los Judos, y nada he hablado en oculto.
Qu me preguntas  m? Pregunta  los que han odo, qu les haya yo hablado: he aqu, sos saben lo que yo he dicho.
Y como l hubo dicho esto, uno de los criados que estaba all, di una bofetada  Jess, diciendo: As respondes al pontfice?
Respondile Jess: Si he hablado mal, da testimonio del mal: y si bien, por qu me hieres?
Y Ans le haba enviado atado  Caifs pontfice.
Estaba pues Pedro en pie calentndose. Y dijronle: No eres t de sus discpulos? El neg, y dijo: No soy.
Uno de los siervos del pontfice, pariente de aqul  quien Pedro haba cortado la oreja, le dice: No te vi yo en el huerto con l?
Y neg Pedro otra vez: y luego el gallo cant.<CM>
Y llevaron  Jess de Caifs al pretorio: y era por la maana: y ellos no entraron en el pretorio por no ser contaminados, sino que comiesen la pascua.
Entonces sali Pilato  ellos fuera, y dijo: Qu acusacin trais contra este hombre?
Respondieron y dijronle: Si ste no fuera malhechor, no te le habramos entregado.
Dceles entonces Pilato: Tomadle vosotros, y juzgadle segn vuestra ley. Y los Judos le dijeron: A nosotros no es lcito matar  nadie:
Para que se cumpliese el dicho de Jess, que haba dicho, dando  entender de qu muerte haba de morir.
As que, Pilato volvi  entrar en el pretorio, y llam  Jess, y djole: Eres t el Rey de los Judos?
Respondile Jess: Dices t esto de ti mismo,  te lo han dicho otros de m?
Pilato respondi: Soy yo Judo? Tu gente, y los pontfices, te han entregado  m: qu has hecho?
Respondi Jess: Mi reino no es de este mundo: si de este mundo fuera mi reino, mis servidores pelearan para que yo no fuera entregado  los Judos: ahora, pues, mi reino no es de aqu.
Djole entonces Pilato: Luego rey eres tu? Respondi Jess: Tu dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio  la verdad. Todo aqul que es de la verdad, oye mi voz.
Dcele Pilato: Qu cosa es verdad? Y como hubo dicho esto, sali otra vez  los Judos, y dceles: Yo no hallo en l ningn crimen.
Empero vosotros tenis costumbre, que os suelte uno en la Pascua: queris, pues, que os suelte al Rey de los Judos?
Entonces todos dieron voces otra vez, diciendo: No  ste, sino  Barrabs. Y Barrabs era ladrn.<CM>
ASI que, entonces tom Pilato  Jess, y le azot.
Y los soldados entretejieron de espinas una corona, y pusiron la sobre su cabeza, y le vistieron de una ropa de grana;
Y decan: Salve, Rey de los Judos! y dbanle de bofetadas.
Entonces Pilato sali otra vez fuera, y djoles: He aqu, os le traigo fuera, para que entendis que ningn crimen hallo en l.
Y sali Jess fuera, llevando la corona de espinas y la ropa de grana. Y dceles Pilato: He aqu el hombre.
Y como le vieron los prncipes de los sacerdotes, y los servidores, dieron voces diciendo: Crucifcale, crucifcale. Dceles Pilato: Tomadle vosotros, y crucificadle; porque yo no hallo en l crimen.
Respondironle los Judos: Nosotros tenemos ley, y segn nuestra ley debe morir, porque se hizo Hijo de Dios.
Y como Pilato oy esta palabra, tuvo ms miedo.
Y entr otra vez en el pretorio, y dijo  Jess: De dnde eres t? Mas Jess no le di respuesta.
Entonces dcele Pilato: A m no me hablas? no sabes que tengo potestad para crucificarte, y que tengo potestad para soltarte?
Respondi Jess: Ninguna potestad tendras contra m, si no te fuese dado de arriba: por tanto, el que  ti me ha entregado, mayor pecado tiene.
Desde entonces procuraba Pilato soltarle; mas los Judos daban voces, diciendo: Si  ste sueltas, no eres amigo de Csar: cualquiera que se hace rey,  Csar contradice.
Entonces Pilato, oyendo este dicho, llev fuera  Jess, y se sent en el tribunal en el lugar que se dice Lithstrotos, y en hebreo Gabbatha.
Y era la vspera de la Pascua, y como la hora de sexta. Entonces dijo  los Judos: He aqu vuestro Rey.
Mas ellos dieron voces: Quita, quita, crucifcale. Dceles Pilato: A vuestro Rey he de crucificar? Respondieron los pontfices: No tenemos rey sino  Csar.<CM>
As que entonces lo entreg  ellos para que fuese crucificado. Y tomaron  Jess, y le llevaron.
Y llevando su cruz, sali al lugar que se dice de la Calavera, y en hebreo, Glgotha;
Donde le crucificaron, y con l otros dos, uno  cada lado, y Jess en medio.<CM>
Y escribi tambin Pilato un ttulo, que puso encima de la cruz. Y el escrito era: JESUS NAZARENO, REY DE LOS JUDIOS.
Y muchos de los Judos leyeron este ttulo: porque el lugar donde estaba crucificado Jess era cerca de la ciudad: y estaba escrito en hebreo, en griego, y en latn.
Y decan  Pilato los pontfices de los Judos: No escribas, Rey de los Judos: sino, que l dijo: Rey soy de los Judos.
Respondi Pilato: Lo que he escrito, he escrito.
Y como los soldados hubieron crucificado  Jess, tomaron sus vestidos,  hicieron cuatro partes (para cada soldado una parte); y la tnica; mas la tnica era sin costura, toda tejida desde arriba.
Y dijeron entre ellos: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, de quin ser; para que se cumpliese la Escritura, que dice: Partieron para s mis vestidos, Y sobre mi vestidura echaron suertes. Y los soldados hicieron esto.
Y estaban junto  la cruz de Jess su madre, y la hermana de su madre, Mara mujer de Cleofas, y Mara Magdalena.
Y como vi Jess  la madre, y al discpulo que l amaba, que estaba presente, dice  su madre: Mujer, he ah tu hijo.
Despus dice al discpulo: He ah tu madre. Y desde aquella hora el discpulo la recibi consigo.
Despus de esto, sabiendo Jess que todas las cosas eran ya cumplidas, para que la Escritura se cumpliese, dijo: Sed tengo.
Y estaba all un vaso lleno de vinagre: entonces ellos hinchieron una esponja de vinagre, y rodeada  un hisopo, se la llegaron  la boca.
Y como Jess tom el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, di el espritu.<CM>
Entonces los Judos, por cuanto era la vspera de la Pascua, para que los cuerpos no quedasen en la cruz en el sbado, pues era el gran da del sbado, rogaron  Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados.
Y vinieron los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que haba sido crucificado con l.
Mas cuando vinieron  Jess, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas:
Empero uno de los soldados le abri el costado con una lanza, y luego sali sangre y agua.
Y el que lo vi, da testimonio, y su testimonio es verdadero: y l sabe que dice verdad, para que vosotros tambin creis.
Porque estas cosas fueron hechas para que se cumpliese la Escritura: Hueso no quebrantaris de l.
Y tambin otra Escritura dice: Mirarn al que traspasaron.<CM>
Despus de estas cosas, Jos de Arimatea, el cual era discpulo de Jess, mas secreto por miedo de los Judos, rog  Pilato que pudiera quitar el cuerpo de Jess: y permitiselo Pilato. Entonces vino, y quit el cuerpo de Jess.
Y vino tambin Nicodemo, el que antes haba venido  Jess de noche, trayendo un compuesto de mirra y de loes, como cien libras.
Tomaron pues el cuerpo de Jess, y envolvironlo en lienzos con especias, como es costumbre de los Judos sepultar.
Y en aquel lugar donde haba sido crucificado, haba un huerto; y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aun no haba sido puesto ninguno.
All, pues, por causa de la vspera de la Pascua de los Judos, porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron  Jess.<CM>
Y EL primer da de la semana, Mara Magdalena vino de maana, siendo an obscuro, al sepulcro; y vi la piedra quitada del sepulcro.
Entonces corri, y vino  Simn Pedro, y al otro discpulo, al cual amaba Jess, y les dice: Han llevado al Seor del sepulcro, y no sabemos dnde le han puesto.
Y sali Pedro, y el otro discpulo, y vinieron al sepulcro.
Y corran los dos juntos; mas el otro discpulo corri ms presto que Pedro, y lleg primero al sepulcro.
Y bajndose  mirar, vi los lienzos echados; mas no entr.
Lleg luego Simn Pedro siguindole, y entr en el sepulcro, y vi los lienzos echados,
Y el sudario, que haba estado sobre su cabeza, no puesto con los lienzos, sino envuelto en un lugar aparte.
Y entonces entr tambin el otro discpulo, que haba venido primero al sepulcro, y vi, y crey.
Porque aun no saban la Escritura, que era necesario que l resucitase de los muertos.
Y volvieron los discpulos  los suyos.<CM>
Empero Mara estaba fuera llorando junto al sepulcro: y estando llorando, bajse  mirar el sepulcro;
Y vi dos ngeles en ropas blancas que estaban sentados, el uno  la cabecera, y el otro  los pies, donde el cuerpo de Jess haba sido puesto.
Y dijronle: Mujer, por qu lloras? Dceles: Porque se han llevado  mi Seor, y no s dnde le han puesto.
Y como hubo dicho esto, volvise atrs, y vi  Jess que estaba all; mas no saba que era Jess.
Dcele Jess: Mujer, por qu lloras?  quin buscas? Ella, pensando que era el hortelano, dcele: Seor, si t lo has llevado, dime dnde lo has puesto, y yo lo llevar.
Dcele Jess: Mara! Volvindose ella, dcele: Rabboni! que quiere decir, Maestro.
Dcele Jess: No me toques: porque aun no he subido  mi Padre: mas ve  mis hermanos, y diles: Subo  mi Padre y  vuestro Padre,  mi Dios y  vuestro Dios.
Fu Mara Magdalena dando las nuevas  los discpulos de que haba visto al Seor, y que l le haba dicho estas cosas.<CM>
Y como fu tarde aquel da, el primero de la semana, y estando las puertas cerradas donde los discpulos estaban juntos por miedo de los Judos, vino Jess, y psose en medio, y djoles: Paz  vosotros.
Y como hubo dicho esto, mostrles las manos y el costado. Y los discpulos se gozaron viendo al Seor.
Entonces les dijo Jess otra vez: Paz  vosotros: como me envi el Padre, as tambin yo os envo.
Y como hubo dicho esto, sopl, y djoles: Tomad el Espritu Santo:
A los que remitiereis los pecados, les son remitidos:  quienes los retuviereis, sern retenidos.
Empero Toms, uno de los doce, que se dice el Ddimo, no estaba con ellos cuando Jess vino.
Dijronle pues los otros discpulos: Al Seor hemos visto. Y l les dijo: Si no viere en sus manos la seal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creer.<CM>
Y ocho das despus, estaban otra vez sus discpulos dentro, y con ellos Toms. Vino Jess, las puertas cerradas, y psose en medio, y dijo: Paz  vosotros.
Luego dice  Toms: Mete tu dedo aqu, y ve mis manos: y alarga ac tu mano, y mtela en mi costado: y no seas incrdulo, sino fiel.
Entonces Toms respondi, y djole: Seor mo, y Dios mo!
Dcele Jess: Porque me has visto, Toms, creiste: bienaventurados los que no vieron y creyeron.
Y tambin hizo Jess muchas otras seales en presencia de sus discpulos, que no estn escritas en este libro.
Estas empero son escritas, para que creis que Jess es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que creyendo, tengis vida en su nombre.<CM>
DESPUS se manifest Jess otra vez  sus discpulos en la mar de Tiberias; y manifestse de esta manera.
Estaban juntos Simn Pedro, y Toms, llamado al Ddimo, y Natanael, el que era de Can de Galilea, y los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discpulos.
Dceles Simn: A pescar voy. Dcenle: Vamos nosotros tambin contigo. Fueron, y subieron en una barca; y aquella noche no cogieron nada.
Y venida la maana, Jess se puso  la ribera: mas los discpulos no entendieron que era Jess.
Y djoles: Mozos, tenis algo de comer? Respondironle: No.
Y l les dice: Echad la red  la mano derecha del barco, y hallaris. Entonces la echaron, y no la podan en ninguna manera sacar, por la multitud de los peces.
Entonces aquel discpulo, al cual amaba Jess, dijo  Pedro: El Seor es. Y Simn Pedro, como oy que era el Seor, cise la ropa, porque estaba desnudo, y echse  la mar.
Y los otros discpulos vinieron con el barco (porque no estaban lejos de tierra sino como doscientos codos), trayendo la red de peces.
Y como descendieron  tierra, vieron ascuas puestas, y un pez encima de ellas, y pan.
Dceles Jess; Traed de los peces que cogisteis ahora.
Subi Simn Pedro, y trajo la red  tierra, llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres: y siendo tantos, la red no se rompi.
Dceles Jess: Venid, comed. Y ninguno de los discpulos osaba preguntarle: T, quin eres? sabiendo que era el Seor.
Viene pues Jess, y toma el pan, y les da; y asimismo del pez.
Esta era ya la tercera vez que Jess se manifest  sus discpulos, habiendo resucitado de los muertos.<CM>
Y cuando hubieron comido, Jess dijo  Simn Pedro: Simn, hijo de Jons, me amas ms que estos? Dcele; S Seor: t sabes que te amo. Dcele: Apacienta mis corderos.
Vulvele  decir la segunda vez: Simn, hijo de Jons, me amas? Respndele: S, Seor: t sabes que te amo. Dcele: Apacienta mis ovejas.
Dcele la tercera vez: Simn, hijo de Jons, me amas? Entristecise Pedro de que le dijese la tercera vez: Me amas? y dcele: Seor, t sabes todas las cosas; t sabes que te amo. Dcele Jess: Apacienta mis ovejas.
De cierto, de cierto te digo: Cuando eras ms mozo, te ceas,  ibas donde queras; mas cuando ya fueres viejo, extenders tus manos, y te ceir otro, y te llevar  donde no quieras.
Y esto dijo, dando  entender con qu muerte haba de glorificar  Dios. Y dicho esto, dcele: Sgueme.<CM>
Volvindose Pedro, ve  aquel discpulo al cual amaba Jess, que segua, el que tambin se haba recostado  su pecho en la cena, y le haba dicho: Seor, quin es el que te ha de entregar?
As que Pedro vi  ste, dice  Jess: Seor, y ste, qu?
Dcele Jess: Si quiero que l quede hasta que yo venga, qu  t? Sgueme t.
Sali entonces este dicho entre los hermanos, que aquel discpulo no haba de morir. Mas Jess no le dijo, No morir; sino: Si quiero que l quede hasta que yo venga qu  ti?
Este es aquel discpulo que da testimonio de estas cosas, y escribi estas cosas: y sabemos que su testimonio es verdadero.
Y hay tambin otras muchas cosas que hizo Jess, que si se escribiesen cada una por s, ni aun en el mundo pienso que cabran los libros que se habran de escribir. Amn.<CM>
EN el primer tratado, oh Tefilo, he hablado de todas las cosas que Jess comenz  hacer y  ensear,
Hasta el da en que, habiendo dado mandamientos por el Espritu Santo  los apstoles que escogi, fu recibido arriba;
A los cuales, despus de haber padecido, se present vivo con muchas pruebas indubitables, aparecindoles por cuarenta das, y hablndo les del reino de Dios.
Y estando juntos, les mand que no se fuesen de Jerusalem, sino que esperasen la promesa del Padre, que osteis, dijo, de m.
Porque Juan  la verdad bautiz con agua, mas vosotros seris bautizados con el Espritu Santo no muchos das despus de estos.<CM>
Entonces los que se haban juntado le preguntaron, diciendo: Seor, restituirs el reino  Israel en este tiempo?
Y les dijo: No toca  vosotros saber los tiempos  las sazones que el Padre puso en su sola potestad;
Mas recibiris la virtud del Espritu Santo que vendr sobre vosotros; y me seres testigos en Jerusalem, en toda Judea, y Samaria, y hasta lo ltimo de la tierra.
Y habiendo dicho estas cosas, vindo lo ellos, fu alzado; y una nube le recibi y le quit de sus ojos.
Y estando con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que l iba, he aqu dos varones se pusieron junto  ellos en vestidos blancos;
Los cuales tambin les dijeron: Varones Galileos, qu estis mirando al cielo? este mismo Jess que ha sido tomado desde vosotros arriba en el cielo, as vendr como le habis visto ir al cielo.<CM>
Entonces se volvieron  Jerusalem del monte que se llama del Olivar, el cual est cerca de Jerusalem camino de un sbado.
Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, y Juan y Andrs, Felipe y Toms, Bartolom y Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, y Simn Zelotes, y Judas hermano de Jacobo.
Todos stos perseveraban unnimes en oracin y ruego, con las mujeres, y con Mara la madre de Jess, y con sus hermanos.<CM>
Y en aquellos das, Pedro, levantndose en medio de los hermanos, dijo (y era la compaa junta como de ciento y veinte en nmero):
Varones hermanos, convino que se cumpliese la Escritura, la cual dijo antes el Espritu Santo por la boca de David, de Judas, que fu gua de los que prendieron  Jess;
El cul era contado con nosotros, y tena suerte en este ministerio.
Este, pues, adquiri un campo del salario de su iniquidad, y colgndose, revent por medio, y todas sus entraas se derramaron.
Y fu notorio  todos los moradores de Jerusalem; de tal manera que aquel campo es llamado en su propia lengua, Acldama, que es, Campo de sangre.
Porque est escrito en el libro de los salmos: Sea hecha desierta su habitacin, Y no haya quien more en ella; y: Tome otro su obispado.
Conviene, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Seor Jess entr y sali entre nosotros,
Comenzando desde el bautismo de Juan, hasta el da que fu recibido arriba de entre nosotros, uno sea hecho testigo con nosotros de su resurreccin.
Y sealaron  dos:  Jos, llamado Barsabas, que tena por sobrenombre Justo, y  Matas.
Y orando, dijeron: T, Seor, que conoces los corazones de todos, muestra cul escoges de estos dos,
Para que tome el oficio de este ministerio y apostolado, del cual cay Judas por transgresin, para irse  su lugar.
Y les echaron suertes, y cay la suerte sobre Matas; y fu contado con los once apstoles.<CM>
Y COMO se cumplieron los das de Pentecosts, estaban todos unnimes juntos;
Y de repente vino un estruendo del cielo como de un viento recio que corra, el cual hinchi toda la casa donde estaban sentados;
Y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, que se asent sobre cada uno de ellos.
Y fueron todos llenos del Espritu Santo, y comenzaron  hablar en otras lenguas, como el Espritu les daba que hablasen.<CM>
Moraban entonces en Jerusalem Judos, varones religiosos, de todas las naciones debajo del cielo.
Y hecho este estruendo, juntse la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oa hablar su propia lengua.
Y estaban atnitos y maravillados, diciendo: He aqu no son "Galileos todos estos que hablan?
Cmo, pues, les omos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en que somos nacidos?
Partos y Medos, y Elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea y en Capadocia, en el Ponto y en Asia,
En Phrygia y Pamphylia, en Egipto y en las partes de Africa que est de la otra parte de Cirene, y Romanos extranjeros, tanto Judos como convertidos,
Cretenses y Arabes, les omos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.
Y estaban todos atnitos y perplejos, diciendo los unos  los otros: Qu quiere ser esto?
Mas otros burlndose, decan: Que estn llenos de mosto.<CM>
Entonces Pedro, ponindose en pie con los once, alz su voz, y hablles diciendo: Varones Judos, y todos los que habitis en Jerusalem, esto os sea notorio, y oid mis palabras.
Porque stos no estn borrachos, como vosotros pensis, siendo la hora tercia del da;
Mas esto es lo que fu dicho por el profeta Joel:
Y ser en los postreros das, dice Dios, Derramar de mi Espritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarn; Y vuestros mancebos vern visiones, Y vuestros viejos soarn sueos:
Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos das Derramar de mi Espritu, y profetizarn.
Y dar prodigios arriba en el cielo, Y seales abajo en la tierra, Sangre y fuego y vapor de humo:
El sol se volver en tinieblas, Y la luna en sangre, Antes que venga el da del Seor, Grande y manifiesto;
Y ser que todo aquel que invocare el nombre del Seor, ser salvo.
Varones Israelitas, oid estas palabras: Jess Nazareno, varn aprobado de Dios entre vosotros en maravillas y prodigios y seales, que Dios hizo por l en medio de vosotros, como tambin vosotros sabis;
A ste, entregado por determinado consejo y providencia de Dios, prendisteis y matasteis por manos de los inicuos, crucificndole;
Al cual Dios levant, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible ser detenido de ella.
Porque David dice de l: Vea al Seor siempre delante de m: Porque est  mi diestra, no ser conmovido.
Por lo cual mi corazn se alegr, y gozse mi lengua; Y aun mi carne descansar en esperanza;
Que no dejars mi alma en el infierno, Ni dars  tu Santo que vea corrupcin.
Hicsteme notorios los caminos de la vida; Me henchirs de gozo con tu presencia.
Varones hermanos, se os puede libremente decir del patriarca David, que muri, y fu sepultado, y su sepulcro est con nosotros hasta del da de hoy.
Empero siendo profeta, y sabiendo que con juramento le haba Dios jurado que del fruto de su lomo, cuanto  la carne, levantara al Cristo que se sentara sobre su trono;
Vindolo antes, habl de la resurreccin de Cristo, que su alma no fu dejada en el infierno, ni su carne vi corrupcin.
A este Jess resucit Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.
As que, levantado por la diestra de Dios, y recibiendo del Padre la promesa del Espritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y os.
Porque David no subi  los cielos; empero l dice: Dijo el Seor  mi Seor: Sintate  mi diestra,
Hasta que ponga  tus enemigos por estrado de tus pies.
Sepa pues ciertsimamente toda la casa de Israel, que  ste Jess que vosotros crucificasteis, Dios ha hecho Seor y Cristo.<CM>
Entonces odo esto, fueron compungidos de corazn, y dijeron  Pedro y  los otros apstoles: Varones hermanos, qu haremos?
Y Pedro les dice: Arrepentos, y bautcese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdn de los pecados; y recibiris el don del Espritu Santo.
Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que estn lejos; para cuantos el Seor nuestro Dios llamare.
Y con otras muchas palabras testificaba y exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generacin.
As que, los que recibieron su palabra, fueron bautizados: y fueron aadidas  ellos aquel da como tres mil personas.<CM>
Y perseveraban en la doctrina de los apstoles, y en la comunin, y en el partimiento del pan, y en las oraciones.
Y toda persona tena temor: y muchas maravillas y seales eran hechas por los apstoles.
Y todos los que crean estaban juntos; y tenan todas las cosas comunes;
Y vendan las posesiones, y las haciendas, y repartanlas  todos, como cada uno haba menester.
Y perseverando unnimes cada da en el templo, y partiendo el pan en las casas, coman juntos con alegra y con sencillez de corazn,
Alabando  Dios, y teniendo gracia con todo el pueblo. Y el Seor aada cada da  la iglesia los que haban de ser salvos.<CM>
PEDRO y Juan suban juntos al templo  la hora de oracin, la de nona.
Y un hombre que era cojo desde el vientre de su madre, era trado; al cual ponan cada da  la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo.
Este, como vi  Pedro y  Juan que iban  entrar en el templo, rogaba que le diesen limosna.
Y Pedro, con Juan, fijando los ojos en l, dijo: Mira  nosotros.
Entonces l estuvo atento  ellos, esperando recibir de ellos algo.
Y Pedro dijo: Ni tengo plata ni oro; mas lo que tengo te doy: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levntate y anda.
Y tomndole por la mano derecha le levant: y luego fueron afirmados sus pies y tobillos;
Y saltando, se puso en pie, y anduvo; y entr con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando  Dios.
Y todo el pueblo le vi andar y alabar  Dios.
Y conocan que l era el que se sentaba  la limosna  la puerta del templo, la Hermosa: y fueron llenos de asombro y de espanto por lo que le haba acontecido.
Y teniendo  Pedro y  Juan el cojo que haba sido sanado, todo el pueblo concurri  ellos al prtico que se llama de Salomn, atnitos.<CM>
Y viendo esto Pedro, respondi al pueblo: Varones Israelitas, por qu os maravillis de esto?  por qu ponis los ojos en nosotros, como si con nuestra virtud  piedad hubisemos hecho andar  ste?
El Dios de Abraham, y de Isaac, y de Jacob, el Dios de nuestros padres ha glorificado  su Hijo Jess, al cual vosotros entregasteis, y negasteis delante de Pilato, juzgando l que haba de ser suelto.
Mas vosotros al Santo y al Justo negasteis, y pedisteis que se os diese un homicida;
Y matasteis al Autor de la vida, al cual Dios ha resucitado de los muertos; de lo que nosotros somos testigos.
Y en la fe de su nombre,  ste que vosotros veis y conocis, ha confirmado su nombre: y la fe que por l es, ha dado  este esta completa sanidad en presencia de todos vosotros.
Mas ahora, hermanos, s que por ignorancia lo habis hecho, como tambin vuestros prncipes.
Empero, Dios ha cumplido as lo que haba antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo haba de padecer.
As que, arrepentos y convertos, para que sean borrados vuestros pecados; pues que vendrn los tiempos del refrigerio de la presencia del Seor,
Y enviar  Jesucristo, que os fu antes anunciado:
Al cual de cierto es menester que el cielo tenga hasta los tiempos de la restauracin de todas las cosas, que habl Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde el siglo.
Porque Moiss dijo  los padres: El Seor vuestro Dios os levantar profeta de vuestros hermanos, como yo;  l oiris en todas las cosas que os hablare.
Y ser, que cualquiera alma que no oyere  aquel profeta, ser desarraigada del pueblo.
Y todos los profetas desde Samuel y en adelante, todos los que han hablado, han anunciado estos das.
Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios concert con nuestros padres, diciendo  Abraham: Y en tu simiente sern benditas todas las familias de la tierra.
A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado  su Hijo, le envi para que os bendijese,  fin de que cada uno se convierta de su maldad.<CM>
Y HABLANDO ellos al pueblo, sobrevinieron los sacerdotes, y el magistrado del templo, y los Saduceos,
Resentidos de que enseasen al pueblo, y anunciasen en Jess la resurreccin de los muertos.
Y les echaron mano, y los pusieron en la crcel hasta el da siguiente; porque era ya tarde.
Mas muchos de los que haban odo la palabra, creyeron; y fu el nmero de los varones como cinco mil.<CM>
Y aconteci al da siguiente, que se juntaron en Jerusalem los prncipes de ellos, y los ancianos, y los escribas;
Y Ans, prncipe de los sacerdotes, y Caifs, y Juan y Alejandro, y todos los que eran del linaje sacerdotal;
Y hacindolos presentar en medio, les preguntaron: Con qu potestad,  en qu nombre, habis hecho vosotros esto?
Entonce Pedro, lleno del Espritu Santo, les dijo: Prncipes del pueblo, y ancianos de Israel:
Pues que somos hoy demandados acerca del beneficio hecho  un hombre enfermo, de qu manera ste haya sido sanado,
Sea notorio  todos vosotros, y  todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, al que vosotros crucificasteis y Dios le resucit de los muertos, por l este hombre est en vuestra presencia sano.
Este es la piedra reprobada de vosotros los edificadores, la cual es puesta por cabeza del ngulo.
Y en ningn otro hay salud; porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado  los hombres, en que podamos ser salvos.
Entonces viendo la constancia de Pedro y de Juan, sabido que eran hombres sin letras  ignorantes, se maravillaban; y les conocan que haban estado con Jess.
Y viendo al hombre que haba sido sanado, que estaba con ellos, no podan decir nada en contra.<CM>
Mas les mandaron que se saliesen fuera del concilio; y conferan entre s,
Diciendo: Qu hemos de hacer  estos hombres? porque de cierto, seal manifiesta ha sido hecha por ellos, notoria  todos los que moran en Jerusalem, y no lo podemos negar.
Todava, porque no se divulgue ms por el pueblo, amenacmoslos, que no hablen de aqu adelante  hombre alguno en este nombre.
Y llamndolos, les intimaron que en ninguna manera hablasen ni enseasen en el nombre de Jess.
Entonces Pedro y Juan, respondiendo, les dijeron: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer antes  vosotros que  Dios:
Porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y odo.
Ellos entonces los despacharon amenazndolos, no hallando ningn modo de castigarlos, por causa del pueblo; porque todos glorificaban  Dios de lo que haba sido hecho.
Porque el hombre en quien haba sido hecho este milagro de sanidad, era de ms de cuarenta aos.<CM>
Y sueltos, vinieron  los suyos, y contaron todo lo que los prncipes de los sacerdotes y los ancianos les haban dicho.
Y ellos, habindolo odo, alzaron unnimes la voz  Dios, y dijeron: Seor, t eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, la mar, y todo lo que en ellos hay;
Que por boca de David, tu siervo, dijiste: Por qu han bramado las gentes, Y los pueblos han pensado cosas vanas?
Asistieron los reyes de la tierra, Y los prncipes se juntaron en uno Contra el Seor, y contra su Cristo.
Porque verdaderamente se juntaron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jess, al cual ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los Gentiles y los pueblos de Israel,
Para hacer lo que tu mano y tu consejo haban antes determinado que haba de ser hecho.
Y ahora, Seor, mira sus amenazas, y da  tus siervos que con toda confianza hablen tu palabra;
Que extiendas tu mano  que sanidades, y milagros, y prodigios sean hechos por el nombre de tu santo Hijo Jess.
Y como hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembl; y todos fueron llenos del Espritu Santo, y hablaron la palabra de Dios con confianza.<CM>
Y la multitud de los que haban credo era de un corazn y un alma: y ninguno deca ser suyo algo de lo que posea; mas todas las cosas les eran comunes.
Y los apstoles daban testimonio de la resurreccin del Seor Jess con gran esfuerzo; y gran gracia era en todos ellos.
Que ningn necesitado haba entre ellos: porque todos los que posean heredades  casas, vendindolas, traan el precio de lo vendido,
Y lo ponan  los pies de los apstoles; y era repartido  cada uno segn que haba menester.
Entonces Jos, que fu llamado de los apstoles por sobrenombre, Bernab, (que es interpretado, Hijo de consolacin) Levita, natural de Cipro,
Como tuviese una heredad, la vendi, y trajo el precio, y psolo  los pies de los apstoles.<CM>
MAS un varn llamado Ananas, con Safira su mujer, vendi una posesin,
Y defraud del precio, sabindolo tambin su mujer; y trayendo una parte, psola  los pies de los apstoles.
Y dijo Pedro: Ananas, por qu ha llenado Satans tu corazn  que mintieses al Espritu Santo, y defraudases del precio de la heredad?
Retenindola, no se te quedaba  ti? y vendida, no estaba en tu potestad? Por qu pusiste esto en tu corazn? No has mentido  los hombres, sino  Dios.
Entonces Ananas, oyendo estas palabras, cay y espir. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron.
Y levantndose los mancebos, le tomaron, y sacndolo, sepultronlo.
Y pasado espacio como de tres horas, sucedi que entr su mujer, no sabiendo lo que haba acontecido.
Entonces Pedro le dijo: Dime: vendisteis en tanto la heredad? Y ella dijo: S, en tanto.
Y Pedro le dijo: Por qu os concertasteis para tentar al Espritu del Seor? He aqu  la puerta los pies de los que han sepultado  tu marido, y te sacarn.
Y luego cay  los pies de l, y espir: y entrados los mancebos, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto  su marido.
Y vino un gran temor en toda la iglesia, y en todos los que oyeron estas cosas.<CM>
Y por las manos de los apstoles eran hechos muchos milagros y prodigios en el pueblo; y estaban todos unnimes en el prtico de Salomn.
Y de los otros, ninguno osaba juntarse con ellos; mas el pueblo los alababa grandemente.
Y los que crean en el Seor se aumentaban ms, gran nmero as de hombres como de mujeres;
Tanto que echaban los enfermos por las calles, y los ponan en camas y en lechos, para que viniendo Pedro,  lo menos su sombra tocase  alguno de ellos.
Y aun de las ciudades vecinas concurra multitud  Jerusalem, trayendo enfermos y atormentados de espritus inmundos; los cuales todos eran curados.<CM>
Entonces levantndose el prncipe de los sacerdotes, y todos los que estaban con l, que es la secta de los Saduceos, se llenaron de celo;
Y echaron mano  los apstoles, y pusironlos en la crcel pblica.
Mas el ngel del Seor, abriendo de noche las puertas de la crcel, y sacndolos, dijo:
Id, y estando en el templo, hablad al pueblo todas las palabras de esta vida.
Y odo que hubieron esto, entraron de maana en el templo, y enseaban. Entre tanto, viniendo el prncipe de los sacerdotes, y los que eran con l, convocaron el concilio, y  todos los ancianos de los hijos de Israel, y enviaron  la crcel para que fuesen trados.
Mas como llegaron los ministros, y no los hallaron en la crcel, volvieron, y dieron aviso,
Diciendo: Por cierto, la crcel hemos hallado cerrada con toda seguridad, y los guardas que estaban delante de las puertas; mas cuando abrimos,  nadie hallamos dentro.
Y cuando oyeron estas palabras el pontfice y el magistrado del templo y los prncipes de los sacerdotes, dudaban en qu vendra  parar aquello.
Pero viniendo uno, diles esta noticia: He aqu, los varones que echasteis en la crcel, estn en el templo, y ensean al pueblo.<CM>
Entonces fu el magistrado con los ministros, y trjolos sin violencia; porque teman del pueblo ser apedreados.
Y como los trajeron, los presentaron en el concilio: y el prncipe de los sacerdotes les pregunt,
Diciendo: No os denunciamos estrechamente, que no enseaseis en este nombre? y he aqu, habis llenado  Jerusalem de vuestra doctrina, y queris echar sobre nosotros la sangre de este hombre.
Y respondiendo Pedro y los apstoles, dijeron: Es menester obedecer  Dios antes que  los hombres.
El Dios de nuestros padres levant  Jess, al cual vosotros matasteis colgndole de un madero.
A ste ha Dios ensalzado con su diestra por Prncipe y Salvador, para dar  Israel arrepentimiento y remisin de pecados.
Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y tambin el Espritu Santo, el cual ha dado Dios  los que le obedecen.
Ellos, oyendo esto, regaaban, y consultaban matarlos.
Entonces levantndose en el concilio un Fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, venerable  todo el pueblo, mand que sacasen fuera un poco  los apstoles.
Y les dijo: Varones Israelitas, mirad por vosotros acerca de estos hombres en lo que habis de hacer.
Porque antes de estos das se levant Teudas, diciendo que era alguien; al que se agreg un nmero de hombres como cuatrocientos: el cual fu matado; y todos los que le creyeron fueron dispersos, y reducidos  nada.
Despus de ste, se levant Judas el Galileo en los das del empadronamiento, y llev mucho pueblo tras s. Pereci tambin aqul; y todos los que consintieron con l, fueron derramados.
Y ahora os digo: Dejaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo  esta obra es de los hombres, se desvanecer:
Mas si es de Dios, no la podris deshacer; no seis tal vez hallados resistiendo  Dios.
Y convinieron con l: y llamando  los apstoles, despus de azotados, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jess, y soltronlos.
Y ellos partieron de delante del concilio, gozosos de que fuesen tenidos por dignos de padecer afrenta por el Nombre.
Y todos los das, en el templo y por las casas, no cesaban de ensear y predicar  Jesucristo.<CM>
EN aquellos das, creciendo el nmero de los discpulos, hubo murmuracin de los Griegos contra los Hebreos, de que sus viudas eran menospreciadas en el ministerio cotidiano.
As que, los doce convocaron la multitud de los discpulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, y sirvamos  las mesas.
Buscad pues, hermanos, siete varones de vosotros de buen testimonio, llenos de Espritu Santo y de sabidura, los cuales pongamos en esta obra.
Y nosotros persistiremos en la oracin, y en el ministerio de la palabra.
Y plugo el parecer  toda la multitud; y eligieron  Esteban, varn lleno de fe y de Espritu Santo, y  Felipe, y  Prcoro, y  Nicanor, y  Timn, y  Parmenas, y  Nicols, proslito de Antioqua:
A estos presentaron delante de los apstoles, los cuales orando les pusieron las manos encima.
Y creca la palabra del Seor, y el nmero de los discpulos se multiplicaba mucho en Jerusalem: tambin una gran multitud de los sacerdotes obedeca  la fe.<CM>
Empero Esteban, lleno de gracia y de potencia, haca prodigios y milagros grandes en el pueblo.
Levantronse entonces unos de la sinagoga que se llama de los Libertinos, y Cireneos, y Alejandrinos, y de los de Cilicia, y de Asia, disputando con Esteban.
Mas no podan resistir  la sabidura y al Espritu con que hablaba.
Entonces sobornaron  unos que dijesen que le haban odo hablar palabras blasfemas contra Moiss y Dios.
Y conmovieron al pueblo, y  los ancianos, y  los escribas; y arremetiendo le arrebataron, y le trajeron al concilio.
Y pusieron testigos falsos, que dijesen: Este hombre no cesa de hablar palabras blasfemas contra este lugar santo y la ley:
Porque le hemos odo decir, que Jess de Nazaret destruir este lugar, y mudar las ordenanzas que nos di Moiss.
Entonces todos los que estaban sentados en el concilio, puestos los ojos en l, vieron su rostro como el rostro de un ngel.<CM>
EL prncipe de los sacerdotes dijo entonces: Es esto as?
Y l dijo: Varones hermanos y padres, oid: El Dios de la gloria apareci  nuestro padre Abraham, estando en Mesopotamia, antes que morase en Chrn,
Y le dijo: Sal de tu tierra y de tu parentela, y ven  la tierra que te mostrar.
Entonces sali de la tierra de los Caldeos, y habit en Chrn: y de all, muerto su padre, le traspas  esta tierra, en la cual vosotros habitis ahora;
Y no le di herencia en ella, ni aun para asentar un pie: mas le prometi que se la dara en posesin, y  su simiente despus de l, no teniendo hijo.
Y hablle Dios as: Que su simiente sera extranjera en tierra ajena, y que los reduciran  servidumbre y maltrataran, por cuatrocientos aos.
Mas yo juzgar, dijo Dios, la nacin  la cual sern siervos: y despus de esto saldrn y me servirn en este lugar.
Y dile el pacto de la circuncisin: y as Abraham engendr  Isaac, y le circuncid al octavo da;  Isaac  Jacob, y Jacob  los doce patriarcas.
Y los patriarcas, movidos de envidia, vendieron  Jos para Egipto; mas Dios era con l,
Y le libr de todas sus tribulaciones, y le di gracia y sabidura en la presencia de Faran, rey de Egipto, el cual le puso por gobernador sobre Egipto, y sobre toda su casa.
Vino entonces hambre en toda la tierra de Egipto y de Canan, y grande tribulacin; y nuestros padres no hallaban alimentos.
Y como oyese Jacob que haba trigo en Egipto, envi  nuestros padres la primera vez.
Y en la segunda, Jos fu conocido de sus hermanos, y fu sabido de Faran el linaje de Jos.
Y enviando Jos, hizo venir  su padre Jacob, y  toda su parentela, en nmero de setenta y cinco personas.
As descendi Jacob  Egipto, donde muri l y nuestros padres;
Los cuales fueron trasladados  Sichm, y puestos en el sepulcro que compr Abraham  precio de dinero de los hijos de Hemor de Sichm.<CM>
Mas como se acercaba el tiempo de la promesa, la cual Dios haba jurado  Abraham, el pueblo creci y multiplicse en Egipto,
Hasta que se levant otro rey en Egipto que no conoca  Jos.
Este, usando de astucia con nuestro linaje, maltrat  nuestros padres,  fin de que pusiesen  peligro de muerte sus nios, para que cesase la generacin.
En aquel mismo tiempo naci Moiss, y fu agradable  Dios: y fu criado tres meses en casa de su padre.
Mas siendo puesto al peligro, la hija de Faran le tom, y le cri como  hijo suyo.
Y fu enseado Moiss en toda la sabidura de los egipcios; y era poderoso en sus dichos y hechos.
Y cuando hubo cumplido la edad de cuarenta aos, le vino voluntad de visitar  sus hermanos los hijos de Israel.
Y como vi  uno que era injuriado, defendile,  hiriendo al Egipcio, veng al injuriado.
Pero l pensaba que sus hermanos entendan que Dios les haba de dar salud por su mano; mas ellos no lo haban entendido.
Y al da siguiente, riendo ellos, se les mostr, y los pona en paz, diciendo: Varones, hermanos sois, por que os injuriis los unos  los otros?
Entonces el que injuriaba  su prjimo, le rempuj, diciendo: Quin te ha puesto por prncipe y juez sobre nosotros?
Quieres t matarme, como mataste ayer al Egipcio?
A esta palabra Moiss huy, y se hizo extranjero en tierra de Madin, donde engendr dos hijos.<CM>
Y cumplidos cuarenta aos, un ngel le apareci en el desierto del monte Sina, en fuego de llama de una zarza.
Entonces Moiss mirando, se maravill de la visin: y llegndose para considerar, fu hecha  l voz del Seor:
Yo soy el Dios de tus padres, y el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob. Mas Moiss, temeroso, no osaba mirar.
Y le dijo el Seor: Quita los zapatos de tus pies, porque el lugar en que ests es tierra santa.
He visto, he visto la afliccin de mi pueblo que est en Egipto, y he odo el gemido de ellos, y he descendido para librarlos. Ahora pues, ven, te enviar  Egipto.
A este Moiss, al cual haban rehusado, diciendo: Quin te ha puesto por prncipe y juez?  ste envi Dios por prncipe y redentor con la mano del ngel que le apareci en la zarza.
Este los sac, habiendo hecho prodigios y milagros en la tierra de Egipto, y en el mar Bermejo, y en el desierto por cuarenta aos.
Este es el Moiss, el cual dijo  los hijos de Israel: Profeta os levantar el Seor Dios vuestro de vuestros hermanos, como yo;  l oiris.
Este es aqul que estuvo en la congregacin en el desierto con el ngel que le hablaba en el monte Sina, y con nuestros padres; y recibi las palabras de vida para darnos:
Al cual nuestros padres no quisieron obedecer; antes le desecharon, y se apartaron de corazn  Egipto,
Diciendo  Aarn: Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque  este Moiss, que nos sac de tierra de Egipto, no sabemos qu le ha acontecido.
Y entonces hicieron un becerro, y ofrecieron sacrificio al dolo, y en las obras de sus manos se holgaron.<CM>
Y Dios se apart, y los entreg que sirviesen al ejrcito del cielo; como est escrito en el libro de los profetas: Me ofrecisteis vctimas y sacrificios En el desierto por cuarenta aos, casa de Israel?
Antes, trajisteis el tabernculo de Moloch, Y la estrella de vuestro dios Remphan: Figuras que os hicisteis para adorarlas: Os transportar pues, ms all de Babilonia.
Tuvieron nuestros padres el tabernculo del testimonio en el desierto, como haba ordenado Dios, hablando  Moiss que lo hiciese segn la forma que haba visto.
El cual recibido, metieron tambin nuestros padres con Josu en la posesin de los Gentiles, que Dios ech de la presencia de nuestros padres, hasta los das de David;
El cual hall gracia delante de Dios, y pidi hallar tabernculo para el Dios de Jacob.
Mas Salomn le edific casa.
Si bien el Altsimo no habita en templos hechos de mano; como el profeta dice:
El cielo es mi trono, Y la tierra es el estrado de mis pies. Qu casa me edificaris? dice el Seor; O cul es el lugar de mi reposo?
No hizo mi mano todas estas cosas?<CM>
Duros de cerviz,  incircuncisos de corazn y de odos, vosotros resists siempre al Espritu Santo: como vuestros padres, as tambin vosotros.
A cul de los profetas no persiguieron vuestros padres? y mataron  los que antes anunciaron la venida del Justo, del cual vosotros ahora habis sido entregadores y matadores;
Que recibisteis la ley por disposicin de ngeles, y no la guardasteis.<CM>
Y oyendo estas cosas, regaaban de sus corazones, y crujan los dientes contra l.
Ms l, estando lleno de Espritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vi la gloria de Dios, y  Jess que estaba  la diestra de Dios,
Y dijo: He aqu, veo los cielos abiertos, y al Hijo del hombre que est  la diestra de Dios.
Entonces dando grandes voces, se taparon sus odos, y arremetieron unnimes contra l;
Y echndolo fuera de la ciudad, le apedreaban: y los testigos pusieron sus vestidos  los pies de un mancebo que se llamaba Saulo.
Y apedrearon  Esteban, invocando l y diciendo: Seor Jess, recibe mi espritu.
Y puesto de rodillas, clam  gran voz: Seor, no les imputes este pecado. Y habiendo dicho esto, durmi.<CM>
Y SAULO consenta en su muerte. Y en aquel da se hizo una grande persecucin en la iglesia que estaba en Jerusalem; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apstoles.
Y llevaron  enterrar  Esteban varones piadosos,  hicieron gran llanto sobre l.
Entonces Saulo asolaba la iglesia, entrando por las casas: y trayendo hombres y mujeres, los entregaba en la crcel.<CM>
Mas los que fueron esparcidos, iban por todas partes anunciando la palabra.
Entonces Felipe, descendiendo  la ciudad de Samaria, les predicaba  Cristo.
Y las gentes escuchaban atentamente unnimes las cosas que deca Felipe, oyendo y viendo las seales que haca.
Porque de muchos que tenan espritus inmundos, salan stos dando grandes voces; y muchos paralticos y cojos eran sanados:
As que haba gran gozo en aquella ciudad.
Y haba un hombre llamado Simn, el cual haba sido antes mgico en aquella ciudad, y haba engaado la gente de Samaria, dicindose ser algn grande:
Al cual oan todos atentamente desde al ms pequeo hasta el ms grande, diciendo: Este es la gran virtud de Dios.
Y le estaban atentos, porque con sus artes mgicas los haba embelesado mucho tiempo.
Mas cuando creyeron  Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres.
El mismo Simn crey tambin entonces, y bautizndose, se lleg  Felipe: y viendo los milagros y grandes maravillas que se hacan, estaba atnito.<CM>
Y los apstoles que estaban en Jerusalem, habiendo odo que Samaria haba recibido la palabra de Dios, les enviaron  Pedro y  Juan:
Los cuales venidos, oraron por ellos, para que recibiesen el Espritu Santo;
(Porque aun no haba descendido sobre ninguno de ellos, mas solamente eran bautizados en el nombre de Jess.)
Entonces les impusieron las manos, y recibieron el Espritu Santo.
Y como vi Simn que por la imposicin de las manos de los apstoles se daba el Espritu Santo, les ofreci dinero,
Diciendo: Dadme tambin  m esta potestad, que  cualquiera que pusiere las manos encima, reciba el Espritu Santo.
Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, que piensas que el don de Dios se gane por dinero.
No tienes t parte ni suerte en este negocio; porque tu corazn no es recto delante de Dios.
Arrepintete pues de esta tu maldad, y ruega  Dios, si quizs te ser perdonado el pensamiento de tu corazn.
Porque en hiel de amargura y en prisin de maldad veo que ests.
Respondiendo entonces Simn, dijo: Rogad vosotros por m al Seor, que ninguna cosa de estas que habis dicho, venga sobre m.
Y ellos, habiendo testificado y hablado la palabra de Dios, se volvieron  Jerusalem, y en muchas tierras de los Samaritanos anunciaron el evangelio.<CM>
Empero el ngel de Seor habl  Felipe, diciendo: Levntate y ve hacia el medioda, al camino que desciende de Jerusalem  Gaza, el cual es desierto.
Entonces l se levant, y fu: y he aqu un Etiope, eunuco, gobernador de Candace, reina de los Etiopes, el cual era puesto sobre todos sus tesoros, y haba venido  adorar  Jerusalem,
Se volva sentado en su carro, y leyendo el profeta Isaas.
Y el Espritu dijo  Felipe: Llgate, y jntate  este carro.
Y acudiendo Felipe, le oy que lea el profeta Isaas, y dijo: Mas entiendes lo que lees?
Y dijo: Y cmo podr, si alguno no me enseare? Y rog  Felipe que subiese, y se sentase con l.
Y el lugar de la Escritura que lea, era ste: Como oveja  la muerte fu llevado; Y como cordero mudo delante del que le trasquila, As no abri su boca:
En su humillacin su juicio fu quitado: Mas su generacin, quin la contar? Porque es quitada de la tierra su vida.
Y respondiendo el eunuco  Felipe, dijo: Rugote de quin el profeta dice esto? de s,  de otro alguno?
Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunci el evangelio de Jess.
Y yendo por el camino, llegaron  cierta agua; y dijo el eunuco: He aqu agua; qu impide que yo sea bautizado?
Y Felipe dijo: Si crees de todo corazn, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.
Y mand parar el carro: y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco; y bautizle.
Y como subieron del agua, el Espritu del Seor arrebat  Felipe; y no le vi ms el eunuco, y se fu por su camino gozoso.
Felipe empero se hall en Azoto: y pasando, anunciaba el evangelio en todas las ciudades, hasta que lleg  Cesarea.<CM>
Y SAULO, respirando an amenazas y muerte contra los discpulos del Seor, vino al prncipe de los sacerdotes,
Y demand de l letras para Damasco  las sinagogas, para que si hallase algunos hombres  mujeres de esta secta, los trajese presos  Jerusalem.
Y yendo por el camino, aconteci que llegando cerca de Damasco, sbitamente le cerc un resplandor de luz del cielo;
Y cayendo en tierra, oy una voz que le deca: Saulo, Saulo, por qu me persigues?
Y l dijo: Quin eres, Seor? Y l dijo: Yo soy Jess  quien t persigues: dura cosa te es dar coses contra el aguijn.
El, temblando y temeroso, dijo: Seor, qu quieres que haga? Y el Seor le dice: Levntate y entra en la ciudad, y se te dir lo que te conviene hacer.
Y los hombres que iban con Saul, se pararon atnitos, oyendo  la verdad la voz, mas no viendo  nadie.
Entonces Saulo se levant de tierra, y abriendo los ojos, no vea  nadie: as que, llevndole por la mano, metironle en Damasco;
Donde estuvo tres das sin ver, y no comi, ni bebi.<CM>
Haba entonces un discpulo en Damasco llamado Ananas, al cual el Seor dijo en visin: Ananas. Y l respondi: Heme aqu, Seor.
Y el Seor le dijo: Levntate, y ve  la calle que se llama la Derecha, y busca en casa de Judas  uno llamado Saulo, de Tarso: porque he aqu, l ora;
Y ha visto en visin un varn llamado Ananas, que entra y le pone la mano encima, para que reciba la vista.
Entonces Ananas respondi: Seor, he odo  muchos acerca de este hombre, cuntos males ha hecho  tus santos en Jerusalem:
Y aun aqu tiene facultad de los prncipes de los sacerdotes de prender  todos los que invocan tu nombre.
Y le dijo el Seor: Ve: porque instrumento escogido me es ste, para que lleve mi nombre en presencia de los Gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel:
Porque yo le mostrar cunto le sea menester que padezca por mi nombre.
Ananas entonces fu, y entr en la casa, y ponindole las manos encima, dijo: Saulo hermano, el Seor Jess, que te apareci en el camino por donde venas, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno de Espritu Santo.
Y luego le cayeron de los ojos como escamas, y recibi al punto la vista: y levantndose, fu bautizado.
Y como comi, fu confortado. Y estuvo Saulo por algunos das con los discpulos que estaban en Damasco.
Y luego en las sinagogas predicaba  Cristo, diciendo que ste era el Hijo de Dios.
Y todos los que le oan estaban atnitos, y decan: No es ste el que asolaba en Jerusalem  los que invocaban este nombre, y  eso vino ac, para llevarlos presos  los prncipes de los sacerdotes?
Empero Saulo mucho ms se esforzaba, y confunda  los Judos que moraban en Damasco, afirmando que ste es el Cristo.<CM>
Y como pasaron muchos das, los Judos hicieron entre s consejo de matarle;
Mas las asechanzas de ellos fueron entendidas de Saulo. Y ellos guardaban las puertas de da y de noche para matarle.
Entonces los discpulos, tomndole de noche, le bajaron por el muro en una espuerta.
Y como vino  Jerusalem, tentaba de juntarse con los discpulos; mas todos tenan miedo de l, no creyendo que era discpulo.
Entonces Bernab, tomndole, lo trajo  los apstoles, y contles cmo haba visto al Seor en el camino, y que le haba hablado, y cmo en Damasco haba hablado confiadamente en el nombre de Jess.
Y entraba y sala con ellos en Jerusalem;
Y hablaba confiadamente en el nombre del Seor: y disputaba con los Griegos; mas ellos procuraban matarle.
Lo cual, como los hermanos entendieron, le acompaaron hasta Cesarea, y le enviaron  Tarso.
Las iglesias entonces tenan paz por toda Judea y Galilea y Samaria, y eran edificadas, andando en el temor del Seor; y con consuelo del Espritu Santo eran multiplicadas.<CM>
Y aconteci que Pedro, andndolos  todos, vino tambin  los santos que habitaban en Lydda.
Y hall all  uno que se llamaba Eneas, que haca ocho aos que estaba en cama, que era paraltico.
Y le dijo Pedro: Eneas, Jesucristo te sana; levntate, y hazte tu cama. Y luego se levant.
Y vironle todos los que habitaban en Lydda y en Sarona, los cuales se convirtieron al Seor.<CM>
Entonces en Joppe haba una discpula llamada Tabita, que si lo declaras, quiere decir Dorcas. Esta era llena de buenas obras y de limosnas que haca.
Y aconteci en aquellos das que enfermando, muri;  la cual, despus de lavada, pusieron en una sala.
Y como Lydda estaba cerca de Joppe, los discpulos, oyendo que Pedro estaba all, le enviaron dos hombres, rogndole: No te detengas en venir hasta nosotros.
Pedro entonces levantndose, fu con ellos: y llegado que hubo, le llevaron  la sala, donde le rodearon todas las viudas, llorando y mostrando las tnicas y los vestidos que Dorcas haca cuando estaba con ellas.
Entonces echados fuera todos, Pedro puesto de rodillas, or; y vuelto al cuerpo, dijo: Tabita, levntate. Y ella abri los ojos, y viendo  Pedro, incorporse.
Y l le di la mano, y levantla: entonces llamando  los santos y las viudas, la present viva.
Esto fu notorio por toda Joppe; y creyeron muchos en el Seor.
Y aconteci que se qued muchos das en Joppe en casa de un cierto Simn, curtidor.<CM>
Y HABIA un varn en Cesarea llamado Cornelio, centurin de la compaa que se llamaba la Italiana,
Po y temeroso de Dios con toda su casa, y que haca muchas limosnas al pueblo, y oraba  Dios siempre.
Este vi en visin manifiestamente, como  la hora nona del da, que un ngel de Dios entraba  l, y le deca: Cornelio.
Y l, puestos en l los ojos, espantado, dijo: Qu es, Seor? Y djole: Tus oraciones y tus limosnas han subido en memoria  la presencia de Dios.
Enva pues ahora hombres  Joppe, y haz venir  un Simn, que tiene por sobrenombre Pedro.
Este posa en casa de un Simn, curtidor, que tiene su casa junto  la mar: l te dir lo que te conviene hacer.
E ido el ngel que hablaba con Cornelio, llam dos de sus criados, y un devoto soldado de los que le asistan;
A los cuales, despus de habrselo contado todo, los envi  Joppe.<CM>
Y al da siguiente, yendo ellos su camino, y llegando cerca de la ciudad, Pedro subi  la azotea  orar, cerca de la hora de sexta;
Y aconteci que le vino una grande hambre, y quiso comer; pero mientras disponan, sobrevnole un xtasis;
Y vi el cielo abierto, y que descenda un vaso, como un gran lienzo, que atado de los cuatro cabos era bajado  la tierra;
En el cual haba de todos los animales cuadrpedos de la tierra, y reptiles, y aves del cielo.
Y le vino una voz: Levntate, Pedro, mata y come.
Entonces Pedro dijo: Seor, no; porque ninguna cosa comn  inmunda he comido jams.
Y volvi la voz hacia l la segunda vez: Lo que Dios limpi, no lo llames t comn.
Y esto fu hecho por tres veces; y el vaso volvi  ser recogido en el cielo.
Y estando Pedro dudando dentro de s qu sera la visin que haba visto, he aqu, los hombres que haban sido enviados por Cornelio, que, preguntando por la casa de Simn, llegaron  la puerta.
Y llamando, preguntaron si un Simn que tena por sobrenombre Pedro, posaba all.<CM>
Y estando Pedro pensando en la visin, le dijo el Espritu: He aqu, tres hombres te buscan.
Levntate, pues, y desciende, y no dudes ir con ellos; porque yo los he enviado.
Entonces Pedro, descendiendo  los hombres que eran enviados por Cornelio, dijo: He aqu, yo soy el que buscis: cul es la causa por la que habis venido?
Y ellos dijeron: Cornelio, el centurin, varn justo y temeroso de Dios, y que tiene testimonio de toda la nacin de los Judos, ha recibido respuesta por un santo ngel, de hacerte venir  su casa, y oir de ti palabras.
Entonces metindolos dentro, los hosped. Y al da siguiente, levantndose, se fu con ellos; y le acompaaron algunos de los hermanos de Joppe.
Y al otro da entraron en Cesarea. Y Cornelio los estaba esperando, habiendo llamado  sus parientes y los amigos ms familiares.
Y como Pedro entr, sali Cornelio  recibirle; y derribndose  sus pies, ador.
Mas Pedro le levant, diciendo: Levntate; yo mismo tambin soy hombre.
Y hablando con l, entr, y hall  muchos que se haban juntado.
Y les dijo: Vosotros sabis que es abominable  un varn Judo juntarse  llegarse  extranjero; mas me ha mostrado Dios que  ningn hombre llame comn  inmundo;
Por lo cual, llamado, he venido sin dudar. As que pregunto: por qu causa me habis hecho venir?
Entonces Cornelio dijo: Cuatro das ha que  esta hora yo estaba ayuno; y  la hora de nona estando orando en mi casa, he aqu un varn se puso delante de m en vestido resplandeciente.
Y dijo: Cornelio, tu oracin es oda, y tus limosnas han venido en memoria en la presencia de Dios.
Enva pues  Joppe, y haz venir  un Simn, que tiene por sobrenombre Pedro; ste posa en casa de Simn, curtidor, junto  la mar; el cual venido, te hablar.
As que, luego envi  ti; y t has hecho bien en venir. Ahora pues, todos nosotros estamos aqu en la presencia de Dios, para oir todo lo que Dios te ha mandado.<CM>
Entonces Pedro, abriendo su boca, dijo: Por verdad hallo que Dios no hace acepcin de personas;
Sino que de cualquiera nacin que le teme y obra justicia, se agrada.
Envi palabra Dios  los hijos de Israel, anunciando la paz por Jesucristo; ste es el Seor de todos.
Vosotros sabis lo que fu divulgado por toda Judea; comenzando desde Galilea despus del bautismo que Juan predic,
Cuanto  Jess de Nazaret; cmo le ungi Dios de Espritu Santo y de potencia; el cual anduvo haciendo bienes, y sanando  todos los oprimidos del diablo; porque Dios era con l.
Y nosotros somos testigos de todas las cosas que hizo en la tierra de Judea, y en Jerusalem; al cual mataron colgndole en un madero.
A ste levant Dios al tercer da,  hizo que apareciese manifiesto,
No  todo el pueblo, sino  los testigos que Dios antes haba ordenado, es  saber,  nosotros que comimos y bebimos con l, despus que resucit de los muertos.
Y nos mand que predicsemos al pueblo, y testificsemos que l es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos.
A ste dan testimonio todos los profetas, de que todos los que en l creyeren, recibirn perdn de pecados por su nombre.<CM>
Estando an hablando Pedro estas palabras, el Espritu Santo cay sobre todos los que oan el sermn.
Y se espantaron los fieles que eran de la circuncisin, que haban venido con Pedro, de que tambin sobre los Gentiles se derramase el don del Espritu Santo.
Porque los oan que hablaban en lenguas, y que magnificaban  Dios.
Entonces respondi Pedro: Puede alguno impedir el agua, para que no sean bautizados stos que han recibido el Espritu Santo tambin como nosotros?
Y les mand bautizar en el nombre del Seor Jess. Entonces le rogaron que se quedase por algunos das.<CM>
Y OYERON los apstoles y los hermanos que estaban en Judea, que tambin los Gentiles haban recibido la palabra de Dios.
Y como Pedro subi  Jerusalem, contendan contra l los que eran de la circuncisin,
Diciendo: Por qu has entrado  hombres incircuncisos, y has comido con ellos?
Entonces comenzando Pedro, les declar por orden lo pasado, diciendo:
Estaba yo en la ciudad de Joppe orando, y vi en rapto de entendimiento una visin: un vaso, como un gran lienzo, que descenda, que por los cuatro cabos era abajado del cielo, y vena hasta m.
En el cual como puse los ojos, consider y vi animales terrestres de cuatro pies, y fieras, y reptiles, y aves del cielo.
Y o una voz que me deca: Levntate, Pedro, mata y come.
Y dije: Seor, no; porque ninguna cosa comn  inmunda entr jams en mi boca.
Entonces la voz me respondi del cielo segunda vez: Lo que Dios limpi, no lo llames t comn.
Y esto fu hecho por tres veces: y volvi todo  ser tomado arriba en el cielo.
Y he aqu, luego sobrevinieron tres hombres  la casa donde yo estaba, enviados  m de Cesarea.
Y el Espritu me dijo que fuese con ellos sin dudar. Y vinieron tambin conmigo estos seis hermanos, y entramos en casa de un varn,
El cual nos cont cmo haba visto un ngel en su casa, que se par, y le dijo: Enva  Joppe, y haz venir  un Simn que tiene por sobrenombre Pedro;
El cual te hablar palabras por las cuales sers salvo tu, y toda tu casa.
Y como comenc  hablar, cay el Espritu Santo sobre ellos tambin, como sobre nosotros al principio.
Entonces me acord del dicho del Seor, como dijo: Juan ciertamente bautiz en agua; mas vosotros seris bautizados en Espritu Santo.
As que, si Dios les di el mismo don tambin como  nosotros que hemos credo en el Seor Jesucristo, quin era yo que pudiese estorbar  Dios?
Entonces, odas estas cosas, callaron, y glorificaron  Dios, diciendo: De manera que tambin  los Gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida.<CM>
Y los que haban sido esparcidos por causa de la tribulacin que sobrevino en tiempo de Esteban, anduvieron hasta Fenicia, y Cipro, y Antioqua, no hablando  nadie la palabra, sino slo  los Judos.
Y de ellos haba unos varones Ciprios y Cirenences, los cuales como entraron en Antioqua, hablaron  los Griegos, anunciando el evangelio del Seor Jess.
Y la mano del Seor era con ellos: y creyendo, gran nmero se convirti al Seor.
Y lleg la fama de estas cosas  odos de la iglesia que estaba en Jerusalem: y enviaron  Bernab que fuese hasta Antioqua.
El cual, como lleg, y vi la gracia de Dios, regocijse; y exhort  todos  que permaneciesen en el propsito del corazn en el Seor.
Porque era varn bueno, y lleno de Espritu Santo y de fe: y mucha compaa fu agregada al Seor.
Despus parti Bernab  Tarso  buscar  Saulo; y hallado, le trajo  Antioqua.
Y conversaron todo un ao all con la iglesia, y ensearon  mucha gente; y los discpulos fueron llamados Cristianos primeramente en Antioqua.<CM>
Y en aquellos das descendieron de Jerusalem profetas  Antioqua.
Y levantndose uno de ellos, llamado Agabo, daba  entender por Espritu, que haba de haber una grande hambre en toda la tierra habitada: la cual hubo en tiempo de Claudio.
Entonces los discpulos, cada uno conforme  lo que tena, determinaron enviar subsidio  los hermanos que habitaban en Judea:
Lo cual asimismo hicieron, envindolo  los ancianos por mano de Bernab y de Saulo.<CM>
Y EN el mismo tiempo el rey Herodes ech mano  maltratar algunos de la iglesia.
Y mat  cuchillo  Jacobo, hermano de Juan.
Y viendo que haba agradado  los Judos, pas adelante para prender tambin  Pedro. Eran entonces los das de los zimos.
Y habindole preso, psole en la crcel, entregndole  cuatro cuaterniones de soldados que le guardasen; queriendo sacarle al pueblo despus de la Pascua.<CM>
As que, Pedro era guardado en la crcel; y la iglesia haca sin cesar oracin  Dios por l.
Y cuando Herodes le haba de sacar, aquella misma noche estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, preso con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta, que guardaban la crcel.
Y he aqu, el ngel del Seor sobrevino, y una luz resplandeci en la crcel;  hiriendo  Pedro en el lado, le despert, diciendo: Levntate prestamente. Y las cadenas se le cayeron de las manos.
Y le dijo el ngel: Cete, y tate tus sandalias. Y lo hizo as. Y le dijo: Rodate tu ropa, y sgueme.
Y saliendo, le segua; y no saba que era verdad lo que haca el ngel, mas pensaba que vea visin.
Y como pasaron la primera y la segunda guardia, vinieron  la puerta de hierro que va  la ciudad, la cual se les abri de suyo: y salidos, pasaron una calle; y luego el ngel se apart de l.
Entonces Pedro, volviendo en s, dijo: Ahora entiendo verdaderamente que el Seor ha enviado su ngel, y me ha librado de la mano de Herodes, y de todo el pueblo de los Judos que me esperaba.
Y habiendo considerado esto, lleg  casa de Mara la madre de Juan, el que tena por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban juntos orando.
Y tocando Pedro  la puerta del patio, sali una muchacha, para escuchar, llamada Rhode:
La cual como conoci la voz de Pedro, de gozo no abri el postigo, sino corriendo adentro, di nueva de que Pedro estaba al postigo.
Y ellos le dijeron: Ests loca. Mas ella afirmaba que as era. Entonces ellos decan: Su ngel es.
Mas Pedro perseveraba en llamar: y cuando abrieron, vironle, y se espantaron.
Mas l hacindoles con la mano seal de que callasen, les cont cmo el Seor le haba sacado de la crcel. Y dijo: Haced saber esto  Jacobo y  los hermanos. Y sali, y parti  otro lugar.
Luego que fu de da, hubo no poco alboroto entre los soldados sobre qu se haba hecho de Pedro.
Mas Herodes, como le busc y no le hall, hecha inquisicin de los guardas, los mand llevar. Despus descendiendo de Judea  Cesarea, se qued all.<CM>
Y Herodes estaba enojado contra los de Tiro y los de Sidn: mas ellos vinieron concordes  l, y sobornado Blasto, que era el camarero del rey, pedan paz; porque las tierras de ellos eran abastecidas por las del rey.
Y un da sealado, Herodes vestido de ropa real, se sent en el tribunal, y arengles.
Y el pueblo aclamaba: Voz de Dios, y no de hombre.
Y luego el ngel del Seor le hiri, por cuanto no di la gloria  Dios; y espir comido de gusanos.
Mas la palabra del Seor creca y era multiplicada.
Y Bernab y Saulo volvieron de Jerusalem cumplido su servicio, tomando tambin consigo  Juan, el que tena por sobrenombre Marcos.<CM>
HABIA entonces en la iglesia que estaba en Antioqua, profetas y doctores: Bernab, y Simn el que se llamaba Niger, y Lucio Cireneo, y Manahn, que haba sido criado con Herodes el tetrarca, y Saulo.
Ministrando pues stos al Seor, y ayunando, dijo el Espritu Santo: Apartadme  Bernab y  Saulo para la obra para la cual los he llamado.
Entonces habiendo ayunado y orado, y puesto las manos encima de ellos, despidironlos.<CM>
Y ellos, enviados as por el Espritu Santo, descendieron  Seleucia: y de all navegaron  Cipro.
Y llegados  Salamina, anunciaban la palabra de Dios en las sinagogas de los Judos: y tenan tambin  Juan en el ministerio.
Y habiendo atravesado toda la isla hasta Papho, hallaron un hombre mago, falso profeta, Judo, llamado Bar jess;
El cual estaba con el procnsul Sergio Paulo, varn prudente. Este, llamando  Bernab y  Saulo, deseaba or la palabra de Dios.
Mas les resista Elimas el encantador (que as se interpreta su nombre), procurando apartar de la fe al procnsul.
Entonces Saulo, que tambin es Pablo, lleno del Espritu Santo, poniendo en l los ojos,
Dijo: Oh, lleno de todo engao y de toda maldad, hijo del diablo, enemigo de toda justicia, no cesars de trastornar los caminos rectos del Seor?
Ahora pues, he aqu la mano del Seor es contra ti, y sers ciego, que no veas el sol por tiempo. Y luego cayeron en l obscuridad y tinieblas; y andando alrededor, buscaba quin le condujese por la mano.
Entonces el procnsul, viendo lo que haba sido hecho, crey, maravillado de la doctrina del Seor.
Y partidos de Papho, Pablo y sus compaeros arribaron  Perge de Pamphylia: entonces Juan, apartndose de ellos, se volvi  Jerusalem.<CM>
Y ellos pasando de Perge, llegaron  Antioqua de Pisidia, y entrando en la sinagoga un da de sbado, sentronse.
Y despus de la lectura de la ley y de los profetas, los prncipes de la sinagoga enviaron  ellos, diciendo: Varones hermanos, si tenis alguna palabra de exhortacin para el pueblo, hablad.
Entonces Pablo, levantndose, hecha seal de silencio con la mano, dice: Varones Israelitas, y los que temis  Dios, oid:
El Dios del pueblo de Israel escogi  nuestros padres, y ensalz al pueblo, siendo ellos extranjeros en la tierra de Egipto, y con brazo levantado los sac de ella.
Y por tiempo como de cuarenta aos soport sus costumbres en el desierto;
Y destruyendo siete naciones en la tierra de Canan, les reparti por suerte la tierra de ellas.
Y despus, como por cuatrocientos y cincuenta aos, di les jueces hasta el profeta Samuel.
Y entonces demandaron rey; y les di Dios  Sal, hijo de Cis, varn de la tribu de Benjamn, por cuarenta aos.
Y quitado aqul, levantles por rey  David, el que di tambin testimonio, diciendo: He hallado  David, hijo de Jess, varn conforme  mi corazn, el cual har todo lo que yo quiero.
De la simiente de ste, Dios, conforme  la promesa, levant  Jess por Salvador  Israel;
Predicando Juan delante de la faz de su venida el bautismo de arrepentimiento  todo el pueblo de Israel.
Mas como Juan cumpliese su carrera, dijo: Quin pensis que soy? No soy yo l; mas he aqu, viene tras m uno, cuyo calzado de los pies no soy digno de desatar.
Varones hermanos, hijos del linaje de Abraham, y los que entre vosotros temen  Dios,  vosotros es enviada la palabra de esta salud.
Porque los que habitaban en Jerusalem, y sus prncipes, no conociendo  ste, y las voces de los profetas que se leen todos los sbados, condenndo les, las cumplieron.
Y sin hallar en l causa de muerte, pidieron  Pilato que le matasen.
Y habiendo cumplido todas las cosas que de l estaban escritas, quitndolo del madero, lo pusieron en el sepulcro.
Mas Dios le levant de los muertos.
Y l fu visto por muchos das de los que haban subido juntamente con l de Galilea  Jerusalem, los cuales son sus testigos al pueblo.
Y nosotros tambin os anunciamos el evangelio de aquella promesa que fu hecha  los padres,
La cual Dios ha cumplido  los hijos de ellos,  nosotros, resucitando  Jess: como tambin en el salmo segundo est escrito: Mi hijo eres t, yo te he engendrado hoy.
Y que le levant de los muertos para nunca ms volver  corrupcin, as lo dijo: Os dar las misericordias fieles de David.
Por eso dice tambin en otro lugar: No permitirs que tu Santo vea corrupcin.
Porque  la verdad David, habiendo servido en su edad  la voluntad de Dios, durmi, y fu juntado con sus padres, y vi corrupcin.
Mas aquel que Dios levant, no vi corrupcin.
Saos pues notorio, varones hermanos, que por ste os es anunciada remisin de pecados,
Y de todo lo que por la ley de Moiss no pudisteis ser justificados, en ste es justificado todo aquel que creyere.
Mirad, pues, que no venga sobre vosotros lo que est dicho en los profetas;
Mirad, oh menospreciadores, y entonteceos, y desvaneceos; Porque yo obro una obra en vuestros das, Obra que no creeris, si alguien os la contare.<CM>
Y saliendo ellos de la sinagoga de los Judos, los Gentiles les rogaron que el sbado siguiente les hablasen estas palabras.
Y despedida la congregacin, muchos de los Judos y de los religiosos proslitos siguieron  Pablo y  Bernab; los cuales hablndoles, les persuadan que permaneciesen en la gracia de Dios.
Y el sbado siguiente se junt casi toda la ciudad  oir la palabra de Dios.
Mas los Judos, visto el gento, llenronse de celo, y se oponan  lo que Pablo deca, contradiciendo y blasfemando.
Entonces Pablo y Bernab, usando de libertad, dijeron: A vosotros  la verdad era menester que se os hablase la palabra de Dios; mas pues que la desechis, y os juzgis indignos de la vida eterna, he aqu, nos volvemos  los Gentiles.
Porque as nos ha mandado el Seor, diciendo: Te he puesto para luz de los Gentiles, Para que seas salud hasta lo postrero de la tierra.
Y los Gentiles oyendo esto, fueron gozosos, y glorificaban la palabra del Seor: y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna.
Y la palabra del Seor era sembrada por toda aquella provincia.
Mas los Judos concitaron mujeres pas y honestas, y  los principales de la ciudad, y levantaron persecucin contra Pablo y Bernab, y los echaron de sus trminos.
Ellos entonces sacudiendo en ellos el polvo de sus pies, vinieron  Iconio.
Y los discpulos estaban llenos de gozo, y del Espritu Santo.<CM>
Y ACONTECIO en Iconio, que entrados juntamente en la sinagoga de los Judos, hablaron de tal manera, que crey una grande multitud de Judos, y asimismo de Griegos.
Mas los Judos que fueron incrdulos, incitaron y corrompieron los nimos de los Gentiles contra los hermanos.
Con todo eso se detuvieron all mucho tiempo, confiados en el Seor, el cual daba testimonio  la palabra de su gracia, dando que seales y milagros fuesen hechos por las manos de ellos.
Mas el vulgo de la ciudad estaba dividido; y unos eran con los Judos, y otros con los apstoles.
Y haciendo mpetu los Judos y los Gentiles juntamente con sus prncipes, para afrentarlos y apedrearlos,
Habindolo entendido, huyeron  Listra y Derbe, ciudades de Licaonia, y por toda la tierra alrededor.
Y all predicaban el evangelio.<CM>
Y un hombre de Listra, impotente de los pies, estaba sentado, cojo desde el vientre de su madre, que jams haba andado.
Este oy hablar  Pablo; el cual, como puso los ojos en l, y vi que tena fe para ser sano,
Dijo  gran voz: Levntate derecho sobre tus pies. Y salt, y anduvo.
Entonces las gentes, visto lo que Pablo haba hecho, alzaron la voz, diciendo en lengua licanica: Dioses semejantes  hombres han descendido  nosotros.
Y  Bernab llamaban Jpiter, y  Pablo, Mercurio, porque era el que llevaba la palabra.
Y el sacerdote de Jpiter, que estaba delante de la ciudad de ellos, trayendo toros y guirnaldas delante de las puertas, quera con el pueblo sacrificar.
Y como lo oyeron los apstoles Bernab y Pablo, rotas sus ropas, se lanzaron al gento, dando voces,
Y diciendo: Varones, por qu hacis esto? Nosotros tambin somos hombres semejantes  vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, y la mar, y todo lo que est en ellos:
El cual en las edades pasadas ha dejado  todas las gentes andar en sus caminos;
Si bien no se dej  s mismo sin testimonio, haciendo bien, dndonos lluvias del cielo y tiempos fructferos, hinchiendo de mantenimiento y de alegra nuestros corazones.
Y diciendo estas cosas, apenas apaciguaron el pueblo, para que no les ofreciesen sacrificio.<CM>
Entonces sobrevinieron unos Judos de Antioqua y de Iconio, que persuadieron  la multitud, y habiendo apedreado  Pablo, le sacaron fuera de la ciudad, pensando que estaba muerto.
Mas rodendole los discpulos, se levant y entr en la ciudad y un da despus, parti con Bernab  Derbe.
Y como hubieron anunciado el evangelio  aquella ciudad, y enseado  muchos, volvieron  Listra, y  Iconio, y  Antioqua,
Confirmando los nimos de los discpulos, exhortndoles  que permaneciesen en la fe, y que es menester que por muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.
Y habindoles constitudo ancianos en cada una de las iglesias, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Seor en el cual haban credo.
Y pasando por Pisidia vinieron  Pamphylia.
Y habiendo predicado la palabra en Perge, descendieron  Atalia;
Y de all navegaron  Antioqua, donde haban sido encomendados  la gracia de Dios para la obra que haban acabado.
Y habiendo llegado, y reunido la iglesia, relataron cun grandes cosas haba Dios hecho con ellos, y cmo haba abierto  los Gentiles la puerta de la fe.
Y se quedaron all mucho tiempo con los discpulos.<CM>
ENTONCES algunos que venan de Judea enseaban  los hermanos: Que si no os circuncidis conforme al rito de Moiss, no podis ser salvos.
As que, suscitada una disensin y contienda no pequea  Pablo y  Bernab contra ellos, determinaron que subiesen Pablo y Bernab  Jerusalem, y algunos otros de ellos,  los apstoles y  los ancianos, sobre esta cuestin.
Ellos, pues, habiendo sido acompaados de la iglesia, pasaron por la Fenicia y Samaria, contando la conversin de los Gentiles; y daban gran gozo  todos los hermanos.
Y llegados  Jerusalem, fueron recibidos de la iglesia y de los apstoles y de los ancianos: y refirieron todas las cosas que Dios haba hecho con ellos.
Mas algunos de la secta de los Fariseos, que haban credo, se levantaron, diciendo: Que es menester circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moiss.<CM>
Y se juntaron los apstoles y los ancianos para conocer de este negocio.
Y habiendo habido grande contienda, levantndose Pedro, les dijo: Varones hermanos, vosotros sabis cmo ya hace algn tiempo que Dios escogi que los Gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio, y creyesen.
Y Dios, que conoce los corazones, les di testimonio, dndoles el Espritu Santo tambin como  nosotros;
Y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando con la fe sus corazones.
Ahora pues, por qu tentis  Dios, poniendo sobre la cerviz de los discpulos yugo, que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?
Antes por la gracia del Seor Jess creemos que seremos salvos, como tambin ellos.
Entonces toda la multitud call, y oyeron  Bernab y  Pablo, que contaban cun grandes maravillas y seales Dios haba hecho por ellos entre los Gentiles.
Y despus que hubieron callado, Jacobo respondi, diciendo: Varones hermanos, oidme:
Simn ha contado cmo Dios primero visit  los Gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre;
Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como est escrito:
Despus de esto volver Y restaurar la habitacin de David, que estaba cada; Y reparar sus ruinas, Y la volver  levantar;
Para que el resto de los hombres busque al Seor, Y todos los Gentiles, sobre los cuales es llamado mi nombre, Dice el Seor, que hace todas estas cosas.
Conocidas son  Dios desde el siglo todas sus obras.
Por lo cual yo juzgo, que los que de los Gentiles se convierten  Dios, no han de ser inquietados;
Sino escribirles que se aparten de las contaminaciones de los dolos, y de fornicacin, y de ahogado, y de sangre.
Porque Moiss desde los tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien le predique en las sinagogas, donde es ledo cada sbado.<CM>
Entonces pareci bien  los apstoles y  los ancianos, con toda la iglesia, elegir varones de ellos, y enviarlos  Antioqua con Pablo y Bernab:  Judas que tena por sobrenombre Barsabas, y  Silas, varones principales entre los hermanos;
Y escribir por mano de ellos: Los apstoles y los ancianos y los hermanos,  los hermanos de los Gentiles que estn en Antioqua, y en Siria, y en Cilicia, salud:
Por cuanto hemos odo que algunos que han salido de nosotros, os han inquietado con palabras, trastornando vuestras almas, mandando circuncidaros y guardar la ley,  los cuales no mandamos;
Nos ha parecido, congregados en uno, elegir varones, y enviarlos  vosotros con nuestros amados Bernab y Pablo,
Hombres que han expuesto sus vidas por el nombre de nuestro Seor Jesucristo.
As que, enviamos  Judas y  Silas, los cuales tambin por palabra os harn saber lo mismo.
Que ha parecido bien al Espritu Santo, y  nosotros, no imponeros ninguna carga ms que estas cosas necesarias:
Que os abstengis de cosas sacrificadas  dolos, y de sangre, y de ahogado, y de fornicacin; de las cuales cosas si os guardareis, bien haris. Pasadlo bien.
Ellos entonces enviados, descendieron  Antioqua; y juntando la multitud, dieron la carta.
La cual, como leyeron, fueron gozosos de la consolacin.
Judas tambin y Silas, como ellos tambin eran profetas, consolaron y confirmaron  los hermanos con abundancia de palabra.
Y pasando all algn tiempo, fueron enviados de los hermanos  los apstoles en paz.
Mas  Silas pareci bien el quedarse all.
Y Pablo y Bernab se estaban en Antioqua, enseando la palabra del Seor y anunciando el evangelio con otros muchos.<CM>
Y despus de algunos das, Pablo dijo  Bernab: Volvamos  visitar  los hermanos por todas las ciudades en las cuales hemos anunciado la palabra del Seor, cmo estn.
Y Bernab quera que tomasen consigo  Juan, el que tena por sobrenombre Marcos;
Mas  Pablo no le pareca bien llevar consigo al que se haba apartado de ellos desde Pamphylia, y no haba ido con ellos  la obra.
Y hubo tal contencin entre ellos, que se apartaron el uno del otro; y Bernab tomando  Marcos, naveg  Cipro.
Y Pablo escogiendo  Silas, parti encomendado de los hermanos  la gracia del Seor.
Y anduvo la Siria y la Cilicia, confirmando  las iglesias.<CM>
DESPUS lleg  Derbe, y  Listra: y he aqu, estaba all un discpulo llamado Timoteo, hijo de una mujer Juda fiel, mas de padre Griego.
De ste daban buen testimonio los hermanos que estaban en Listra y en Iconio.
Este quiso Pablo que fuese con l; y tomndole, le circuncid por causa de los Judos que estaban en aquellos lugares; porque todos saban que su padre era Griego.
Y como pasaban por las ciudades, les daban que guardasen los decretos que haban sido determinados por los apstoles y los ancianos que estaban en Jerusalem.
As que, las iglesias eran confirmadas en fe, y eran aumentadas en nmero cada da.<CM>
Y pasando  Phrygia y la provincia de Galacia, les fu prohibido por el Espritu Santo hablar la palabra en Asia.
Y como vinieron  Misia, tentaron de ir  Bithynia; mas el Espritu no les dej.
Y pasando  Misia, descendieron  Troas.
Y fu mostrada  Pablo de noche una visin: Un varn Macedonio se puso delante, rogndole, y diciendo: Pasa  Macedonia, y aydanos.
Y como vi la visin, luego procuramos partir  Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anuncisemos el evangelio.
Partidos pues de Troas, vinimos camino derecho  Samotracia, y el da siguiente  Nepolis;
Y de all  Filipos, que es la primera ciudad de la parte de Macedonia, y una colonia; y estuvimos en aquella ciudad algunos das.
Y un da de sbado salimos de la puerta junto al ro, donde sola ser la oracin; y sentndonos, hablamos  las mujeres que se haban juntado.
Entonces una mujer llamada Lidia, que venda prpura en la ciudad de Tiatira, temerosa de Dios, estaba oyendo; el corazn de la cual abri el Seor para que estuviese atenta  lo que Pablo deca.
Y cuando fu bautizada, y su familia, nos rog, diciendo: Si habis juzgado que yo sea fiel al Seor, entrad en mi casa, y posad: y constrinos.<CM>
Y aconteci, que yendo nosotros  la oracin, una muchacha que tena espritu pitnico, nos sali al encuentro, la cual daba grande ganancia  sus amos adivinando.
Esta, siguiendo  Pablo y  nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Alto, los cuales os anuncian el camino de salud.
Y esto haca por muchos das; mas desagradando  Pablo, se volvi y dijo al espritu: Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella. Y sali en la misma hora.
Y viendo sus amos que haba salido la esperanza de su ganancia, prendieron  Pablo y  Silas, y los trajeron al foro, al magistrado;
Y presentndolos  los magistrados, dijeron: Estos hombres, siendo Judos, alborotan nuestra ciudad,
Y predican ritos, los cuales no nos es lcito recibir ni hacer, pues somos Romanos.
Y agolpse el pueblo contra ellos: y los magistrados rompindoles sus ropas, les mandaron azotar con varas.
Y despus que los hubieron herido de muchos azotes, los echaron en la crcel, mandando al carcelero que los guardase con diligencia:
El cual, recibido este mandamiento, los meti en la crcel de ms adentro; y les apret los pies en el cepo.<CM>
Mas  media noche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos  Dios: y los que estaban presos los oan.
Entonces fu hecho de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la crcel se movan; y luego todas las puertas se abrieron, y las prisiones de todos soltaron.
Y despertado el carcelero, como vi abiertas las puertas de la crcel, sacando la espada se quera matar, pensando que los presos se haban hudo.
Mas Pablo clam  gran voz, diciendo: No te hagas ningn mal; que todos estamos aqu.
El entonces pidiendo luz, entr dentro, y temblando, derribse  los pies de Pablo y de Silas;
Y sacndolos fuera, le dice: Seores, qu es menester que yo haga para ser salvo?
Y ellos dijeron: Cree en el Seor Jesucristo, y sers salvo t, y tu casa.
Y le hablaron la palabra del Seor, y  todos los que estan en su casa.
Y tomndolos en aquella misma hora de la noche, les lav los azotes; y se bautiz luego l, y todos los suyos.
Y llevndolos  su casa, les puso la mesa: y se goz de que con toda su casa haba credo  Dios.<CM>
Y como fu, da, los magistrados enviaron los alguaciles, diciendo: Deja ir  aquellos hombres.
Y el carcelero hizo saber estas palabras  Pablo: Los magistrados han enviado  decir que ses sueltos: as que ahora salid,  id en paz.
Entonces Pablo les dijo: Azotados pblicamente sin ser condenados, siendo hombres Romanos, nos echaron en la crcel; y ahora nos echan encubiertamente? No, de cierto, sino vengan ellos y squennos.
Y los alguaciles volvieron  decir  los magistrados estas palabras: y tuvieron miedo, odo que eran Romanos.
Y viniendo, les rogaron; y sacndolos, les pidieron que se saliesen de la ciudad.
Entonces salidos de la crcel, entraron en casa de Lidia; y habiendo visto  los hermanos, los consolaron, y se salieron.<CM>
Y PASANDO por Amphpolis y Apolonia, llegaron  Tesalnica, donde estaba la sinagoga de los Judos.
Y Pablo, como acostumbraba, entr  ellos, y por tres sbados disput con ellos de las Escrituras,
Declarando y proponiendo, que convena que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que Jess, el cual yo os anuncio, deca l, ste era el Cristo.
Y algunos de ellos creyeron, y se juntaron con Pablo y con Silas; y de los Griegos religiosos grande multitud, y mujeres nobles no pocas.
Entonces los Judos que eran incrdulos, teniendo celos, tomaron consigo  algunos ociosos, malos hombres, y juntando compaa, alborotaron la ciudad; y acometiendo  la casa de Jasn, procuraban sacarlos al pueblo.
Mas no hallndolos, trajeron  Jasn y  algunos hermanos  los gobernadores de la ciudad, dando voces: Estos que alborotan el mundo, tambin han venido ac;
A los cuales Jasn ha recibido; y todos estos hacen contra los decretos de Csar, diciendo que hay otro rey, Jess.
Y alborotaron al pueblo y  los gobernadores de la ciudad, oyendo estas cosas.
Mas recibida satisfaccin de Jasn y de los dems, los soltaron.<CM>
Entonces los hermanos, luego de noche, enviaron  Pablo y  Silas  Berea; los cuales habiendo llegado, entraron en la sinagoga de los Judos.
Y fueron ests ms nobles que los que estaban en Tesalnica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriando cada da las Escrituras, si estas cosas eran as.
As que creyeron muchos de ellos; y mujeres Griegas de distincin, y no pocos hombres.
Mas como entendieron los Judos de Tesalnica que tambin en Berea era anunciada la palabra de Dios por Pablo, fueron, y tambin all tumultuaron al pueblo.
Empero luego los hermanos enviaron  Pablo que fuese como  la mar; y Silas y Timoteo se quedaron all.
Y los que haban tomado  cargo  Pablo, le llevaron hasta Atenas; y tomando encargo para Silas y Timoteo, que viniesen  l lo ms presto que pudiesen, partieron.<CM>
Y esperndolos Pablo en Atenas, su espritu se deshaca en l viendo la ciudad dada  idolatra.
As que, disputaba en la sinagoga con los Judos y religiosos; y en la plaza cada da con los que le ocurran.
Y algunos filsofos de los Epicreos y de los Esticos, disputaban con l; y unos decan: Qu quiere decir este palabrero? Y otros: Parece que es predicador de nuevos dioses: porque les predicaba  Jess y la resurreccin.
Y tomndole, le trajeron al Arepago, diciendo: Podremos saber qu sea esta nueva doctrina que dices?
Porque pones en nuestros odos unas nuevas cosas: queremos pues saber qu quiere ser esto.
(Entonces todos los Atenienses y los huspedes extranjeros, en ningun otra cosa entendan, sino  en decir  en oir alguna cosa nueva.)<CM>
Estando pues Pablo en medio del Arepago, dijo: Varones Atenienses, en todo os veo como ms superticiosos;
Porque pasando y mirando vuestros santuarios, hall tambin un altar en el cual estaba esta inscripcin: AL DIOS NO CONOCIDO. Aqul pues, que vosotros honris sin conocerle,  ste os anuncio yo.
El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en l hay, ste, como sea Seor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos de manos,
Ni es honrado con manos de hombres, necesitado de algo; pues l da  todos vida, y respiracin, y todas las cosas;
Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habitasen sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los trminos de los habitacin de ellos;
Para que buscasen  Dios, si en alguna manera, palpando, le hallen; aunque cierto no est lejos de cada uno de nosotros:
Porque en l vivimos, y nos movemos, y somos; como tambin algunos de vuestros poetas dijeron: Porque linaje de ste somos tambin.
Siendo pues linaje de Dios, no hemos de estimar la Divinidad ser semejante  oro,   plata,   piedra, escultura de artificio  de imaginacin de hombres.
Empero Dios, habiendo disimulado los tiempos de esta ignorancia, ahora denuncia  todos los hombres en todos los lugares que se arrepientan:
Por cuanto ha establecido un da, en el cual ha de juzgar al mundo con justicia, por aquel varn al cual determin; dando fe  todos con haberle levantado de los muertos.<CM>
Y as como oyeron de la resurreccin de los muertos, unos se burlaban, y otros decan: Te oiremos acerca de esto otra vez.
Y as Pablo se sali de en medio de ellos.
Mas algunos creyeron, juntndose con l; entre los cuales tambin fu Dionisio el del Arepago, y una mujer llamada Dmaris, y otros con ellos.<CM>
PASADAS estas cosas, Pablo parti de Atenas, y vino  Corinto.
Y hallando  un Judo llamado Aquila, natural del Ponto, que haca poco que haba venido de Italia, y  Priscila su mujer, (porque Claudio haba mandado que todos los Judos saliesen de Roma) se vino  ellos;
Y porque era de su oficio, pos con ellos, y trabajaba; porque el oficio de ellos era hacer tiendas.
Y disputaba en la sinagoga todos los sbados, y persuada  Judos y  Griegos.
Y cuando Silas y Timoteo vinieron de Macedonia, Pablo estaba constreido por la palabra, testificando  los Judos que Jess era el Cristo.
Mas contradiciendo y blasfemando ellos, les dijo: sacudiendo sus vestidos: Vuestra sangre sea sobre vuestra cabeza; yo, limpio; desde ahora me ir  los Gentiles.<CM>
Y partiendo de all, entr en casa de uno llamado Justo, temeroso de Dios, la casa del cual estaba junto  la sinagoga.
Y Crispo, l prepsito de la sinagoga, crey al Seor con toda su casa: y muchos de los Corintios oyendo crean, y eran bautizados.
Entonces l Seor dijo de noche en visin  Pablo: No temas, sino habla, y no calles:
Porque yo estoy contigo, y ninguno te podr hacer mal; porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad.
Y se detuvo all un ao y seis meses, ensendoles la palabra de Dios.<CM>
Y siendo Galin procnsul de Acaya, los Judos se levantaron de comn acuerdo contra Pablo, y le llevaron al tribunal,
Diciendo: Que ste persuade  los hombres  honrar  Dios contra la ley.
Y comenzando Pablo  abrir la boca, Galin dijo  los Judos: Si fuera algn agravio  algn crimen enorme, oh Judos, conforme  derecho yo os tolerara:
Mas si son cuestiones de palabras, y de nombres, y de vuestra ley, vedlo vosotros; porque yo no quiero ser juez de estas cosas.
Y los ech del tribunal.
Entonces todos los Griegos tomando  Sstenes, prepsito de la sinagoga, le heran delante del tribunal: y  Galin nada se le daba de ello.<CM>
Mas Pablo habindose detenido an all muchos das, despus se despidi de los hermanos, y naveg  Siria, y con l Priscila y Aquila, habindose trasquilado la cabeza en Cencreas, porque tena voto.
Y lleg  Efeso, y los dej all: y l entrando en la sinagoga, disput con los Judos,
Los cuales le rogaban que se quedase con ellos por ms tiempo; mas no accedi.
Sino que se despidi de ellos, diciendo: Es menester que en todo caso tenga la fiesta que viene, en Jerusalem; mas otra vez volver  vosotros, queriendo Dios. Y parti de Efeso.
Y habiendo arribado  Cesarea subi  Jerusalem; y despus de saludar  la iglesia, descendi  Antioqua.
Y habiendo estado all algn tiempo, parti, andando por orden la provincia de Galacia, y la Phrygia, confirmando  todos los discpulos.<CM>
Lleg entonces  Efeso un Judo, llamado Apolos, natural de Alejandra, varn elocuente, poderoso en las Escrituras.
Este era instrudo en el camino del Seor; y ferviente de espritu, hablaba y enseaba diligentemente las cosas que son del Seor, enseando solamente en el bautismo de Juan.
Y comenz  hablar confiadamente en la sinagoga: al cual como oyeron Priscila y Aquila, le tomaron, y le declararon ms particularmente el camino de Dios.
Y queriendo l pasar  Acaya, los hermanos exhortados, escribieron  los discpulos que le recibiesen; y venido l, aprovech mucho por la gracia  los que haban credo:
Porque con gran vehemencia convenca pblicamente  los Judos, mostrando por las Escrituras que Jess era el Cristo.<CM>
Y ACONTECIO que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, andadas las regiones superiores, vino  Efeso, y hallando ciertos discpulos,
Djoles: Habis recibido el Espritu Santo despus que cresteis? Y ellos le dijeron: Antes ni aun hemos odo si hay Espritu Santo.
Entonces dijo: En qu pues sois bautizados? Y ellos dijeron: En el bautismo de Juan.
Y dijo Pablo: Juan bautiz con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en el que haba de venir despus de l, es  saber, en Jess el Cristo.
Odo que hubieron esto, fueron bautizados en el nombre del Seor Jess.
Y habindoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban.
Y eran en todos como unos doce hombres.<CM>
Y entrando l dentro de la sinagoga, hablaba libremente por espacio de tres meses, disputando y persuadiendo del reino de Dios.
Mas endurecindose algunos y no creyendo, maldiciendo el Camino delante de la multitud, apartndose Pablo de ellos separ  los discpulos, disputando cada da en la escuela de un cierto Tyranno.
Y esto fu por espacio de dos aos; de manera que todos los que habitaban en Asia, Judos y Griegos, oyeron la palabra del Seor Jess.
Y haca Dios singulares maravillas por manos de Pablo:
De tal manera que aun se llevaban sobre los enfermos los sudarios y los pauelos de su cuerpo, y las enfermedades se iban de ellos, y los malos espritus salan de ellos.<CM>
Y algunos de los Judos, exorcistas vagabundos, tentaron  invocar el nombre del Seor Jess sobre los que tenan espritus malos, diciendo: Os conjuro por Jess, el que Pablo predica.
Y haba siete hijos de un tal Sceva, Judo, prncipe de los sacerdotes, que hacan esto.
Y respondiendo el espritu malo, dijo: A Jess conozco y s quin es Pablo: mas vosotros quines sois?
Y el hombre en quien estaba el espritu malo, saltando en ellos, y enseorendose de ellos, pudo ms que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos.
Y esto fu notorio  todos, as Judos como Griegos, los que habitaban en Efeso: y cay temor sobre todos ellos, y era ensalzado el nombre del Seor Jess.
Y muchos de los que haban credo, venan, confesando y dando cuenta de sus hechos.
Asimismo muchos de los que haban practicado vanas artes, trajeron los libros, y los quemaron delante de todos; y echada la cuenta del precio de ellos, hallaron ser cincuenta mil denarios.
As creca poderosamente la palabra del Seor, y prevaleca.<CM>
Y acabadas estas cosas, se propuso Pablo en espritu partir  Jerusalem, despus de andada Macedonia y Acaya, diciendo: Despus que hubiere estado all me ser menester ver tambin  Roma.
Y enviando  Macedonia  dos de los que le ayudaban, Timoteo y Erasto, l se estuvo por algn tiempo en Asia.
Entonces hubo un alboroto no pequeo acerca del Camino.
Porque un platero llamado Demetrio, el cual haca de plata templecillos de Diana, daba  los artfices no poca ganancia;
A los cuales, reunidos con los oficiales de semejante oficio, dijo: Varones, sabis que de este oficio tenemos ganancia;
Y veis y os que este Pablo, no solamente en Efeso, sino  muchas gentes de casi toda el Asia, ha apartado con persuasin, diciendo, que no son dioses los que se hacen con las manos.
Y no solamente hay peligro de que este negocio se nos vuelva en reproche, sino tambin que el templo de la gran diosa Diana sea estimado en nada, y comience  ser destruda su majestad, la cual honra toda el Asia y el mundo.
Odas estas cosas, llenronse de ira, y dieron alarido diciendo: Grande es Diana de los Efesios!
Y la ciudad se llen de confusin; y unnimes se arrojaron al teatro, arrebatando  Gayo y  Aristarco, Macedonios, compaeros de Pablo.
Y queriendo Pablo salir al pueblo, los discpulos no le dejaron.
Tambin algunos de los principales de Asia, que eran sus amigos, enviaron  l rogando que no se presentase en el teatro.
Y otros gritaban otra cosa; porque la concurrencia estaba confusa, y los ms no saban por qu se haban juntado.
Y sacaron de entre la multitud  Alejandro, empujndole los Judos. Entonces Alejandro, pedido silencio con la mano, quera dar razn al pueblo.
Mas como conocieron que era Judo, fu hecha un voz de todos, que gritaron casi por dos horas: Grande es Diana de los Efesios!
Entonces el escribano, apaciguado que hubo la gente, dijo: Varones Efesios y quin hay de los hombres que no sepa que la ciudad de los Efesios es honradora de la gran diosa Diana, y de la imagen venida de Jpiter?
As que, pues esto no puede ser contradicho, conviene que os apacigis, y que nada hagis temerariamente;
Pues habis trado  estos hombres, sin ser sacrlegos ni blasfemadores de vuestra diosa.
Que si Demetrio y los oficiales que estn con l tienen negocio con alguno, audiencias se hacen, y procnsules hay; acsense los unos  los otros.
Y si demandis alguna otra cosa, en legtima asamblea se pueda decidir.
Porque peligro hay de que seamos argidos de sedicin por hoy, no habiendo ninguna causa por la cual podamos dar razn de este concurso.
<WTG19-40> Y habiendo dicho esto, despidi la concurrencia.<CM>
Y DESPUS que ces el alboroto, llamando Pablo  los discpulos habindoles exhortado y abrazado, se despidi, y parti para ir  Macedonia.
Y andado que hubo aquellas partes, y exhortdoles con abundancia de palabra, vino  Grecia.
Y despus de haber estado all tres meses, y habiendo de navegar  Siria, le fueron puestas asechanzas por los Judos; y as tom consejo de volverse por Macedonia.
Y le acompaaron hasta Asia Sopater Bereense, y los Tesalonicenses, Aristarco y Segundo; y Gayo de Derbe, y Timoteo; y de Asia, Tychco y Trfimo.
Estos yendo delante, nos esperaron en Troas.
Y nosotros, pasados los das de los panes sin levadura, navegamos de Filipos y vinimos  ellos  Troas en cinco das, donde estuvimos siete das.<CM>
Y el da primero de la semana, juntos los discpulos  partir el pan, Pablo les enseaba, habiendo de partir al da siguiente: y alarg el discurso hasta la media noche.
Y haba muchas lmparas en el aposento alto donde estaban juntos.
Y un mancebo llamado Eutich que estaba sentado en la ventana, tomado de un sueo profundo, como Pablo disputaba largamente, postrado del sueo cay del tercer piso abajo, y fu alzado muerto.
Entonces descendi Pablo, y derribse sobre l, y abrazndole, dijo: No os alborotis, que su alma est en l.
Despus subiendo, y partiendo el pan, y gustando, habl largamente hasta el alba, y as parti.
Y llevaron al mozo vivo, y fueron consolados no poco.<CM>
Y nosotros subiendo en el navo, navegamos  Assn, para recibir de all  Pablo; pues as haba determinado que deba l ir por tierra.
Y como se junt con nosotros en Assn, tomndole vinimos  Mitilene.
Y navegamos de all, al da siguiente llegamos delante de Cho, y al otro da tomamos puerto en Samo: y habiendo reposado en Trogilio, al da siguiente llegamos  Mileto.
Porque Pablo se haba propuesto pasar adelante de Efeso, por no deternerse en Asia: porque se apresuraba por hacer el da de Pentecosts, si le fuese posible, en Jerusalem.<CM>
Y enviando desde Mileto  Efeso, hizo llamar  los ancianos de la iglesia.
Y cuando vinieron  l, les dijo: Vosotros sabis cmo, desde el primer da que entr en Asia, he estado con vosotros por todo el tiempo,
Sirviendo al Seor con toda humildad, y con muchas lgrimas, y tentaciones que me han venido por las asechanzas de los Judos:
Cmo nada que fuese til he rehudo de anunciaros y ensearos, pblicamente y por las casas,
Testificando  los Judos y  los Gentiles arrepentimiento para con Dios, y la fe en nuestro Seor Jesucristo.
Y ahora, he aqu, ligado yo en espritu, voy  Jerusalem, sin saber lo que all me ha de acontecer:
Mas que el Espritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo que prisiones y tribulaciones me esperan.
Mas de ninguna cosa hago caso, ni estimo mi vida preciosa para m mismo; solamente que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recib del Seor Jess, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.
Y ahora, he aqu, yo s que ninguno de todos vosotros, por quien he pasado predicando el reino de Dios, ver ms mi rostro.
Por tanto, yo os protesto el da de hoy, que yo soy limpio de la sangre de todos:
Porque no he rehudo de anunciaros todo el consejo de Dios.
Por tanto mirad por vosotros y por todo el rebao en que el Espritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Seor, la cual gan por su sangre.
Porque yo s que despus de mi partida entrarn en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarn al ganado;
Y de vosotros mismos se levantarn hombres que hablen cosas perversas, para llevar discpulos tras s.
Por tanto, velad, acordndoos que por tres aos de noche y de da, no he cesado de amonestar con lgrimas  cada uno.
Y ahora, hermanos, os encomiendo  Dios, y  la palabra de su gracia: el cual es poderoso para sobreedificar, y daros heredad con todos los santificados.
La plata,  el oro,  el vestido de nadie he codiciado.
Antes vosotros sabis que para lo que me ha sido necesario, y  los que estn conmigo, estas manos me han servido.
En todo os he enseado que, trabajando as, es necesario sobrellevar  los enfermos, y tener presente las palabras del Seor Jess, el cual dijo: Ms bienaventurada cosa es dar que recibir.<CM>
Y como hubo dicho estas cosas, se puso de rodillas, y or con todos ellos.
Entonces hubo un gran lloro de todos: y echndose en el cuello de Pablo, le besaban,
Dolindose en gran manera por la palabra que dijo, que no haban de ver ms su rostro. Y le acompaaron al navo.<CM>
Y HABIENDO partido de ellos, navegamos y vinimos camino derecho  Coos, y al da siguiente  Rhodas, y de all  Ptara.
Y hallando un barco que pasaba  Fenicia, nos embarcamos, y partimos.
Y como avistamos  Cipro, dejndola  mano izquierda, navegamos  Siria, y vinimos  Tiro: porque el barco haba de descargar all su carga.
Y nos quedamos all siete das, hallados los discpulos, los cuales decan  Pablo por Espritu, que no subiese  Jerusalem.
Y cumplidos aquellos das, salimos acompandonos todos, con sus mujeres  hijos, hasta fuera de la ciudad; y puestos de rodillas en la ribera, oramos.
Y abrazndonos los unos  los otros, subimos al barco, y ellos se volvieron  sus casas.
Y nosotros, cumplida la navegacin, vinimos de Tiro  Tolemaida; y habiendo saludado  los hermanos, nos quedamos con ellos un da.<CM>
Y otro da, partidos Pablo y los que con l estbamos, vinimos  Cesarea: y entrando en casa de Felipe el evangelista, l cual era uno de los siete, posamos con l.
Y ste tena cuatro hijas, doncellas, que profetizaban.
Y parando nosotros all por muchos das, descendi de Judea un profeta, llamado Agabo;
Y venido  nosotros, tom el cinto de Pablo, y atndose los pies y las manos, dijo: Esto dice el Espritu Santo: As atarn los Judos en Jerusalem al varn cuyo es este cinto, y le entregarn en manos de los Gentiles.
Lo cual como omos, le rogamos nosotros y los de aquel lugar, que no subiese  Jerusalem.
Entonces Pablo respondi: Qu hacis llorando y afligindome el corazn? porque yo no slo estoy presto  ser atado, mas aun  morir en Jerusalem por el nombre del Seor Jess.
Y como no le pudimos persuadir, desistimos, diciendo: Hgase la voluntad del Seor.<CM>
Y despus de estos das, apercibidos, subimos  Jerusalem.
Y vinieron tambin con nosotros de Cesarea algunos de los discpulos, trayendo consigo  un Mnasn, Cyprio, discpulo antiguo, con el cual possemos.
Y cuando llegamos  Jerusalem, los hermanos nos recibieron de buena voluntad.
Y al da siguiente Pablo entr con nosotros  Jacobo, y todos los ancianos se juntaron;
A los cuales, como los hubo saludado, cont por menudo lo que Dios haba hecho entre los Gentiles por su ministerio.
Y ellos como lo oyeron, glorificaron  Dios, y le dijeron: Ya ves, hermano, cuntos millares de Judos hay que han credo; y todos son celadores de la ley:
Mas fueron informados acerca de ti, que enseas  apartarse de Moiss  todos los Judos que estn entre los Gentiles, dicindoles que no han de circuncidar  los hijos, ni andar segn la costumbre.
Qu hay pues? La multitud se reunir de cierto: porque oirn que has venido.
Haz pues esto que te decimos: Hay entre nosotros cuatro hombres que tienen voto sobre s:
Tomando  stos contigo, purifcate con ellos, y gasta con ellos, para que rasuren sus cabezas, y todos entiendan que no hay nada de lo que fueron informados acerca de ti; sino que t tambin andas guardando la ley.
Empero cuanto  los que de los Gentiles han credo, nosotros hemos escrito haberse acordado que no guarden nada de esto; solamente que se abstengan de lo que fue sacrificado  los dolos, y de sangre, y de ahogado, y de fornicacin.
Entonces Pablo tom consigo aquellos hombres, y al da siguiente, habindose purificado con ellos, entr en el templo, para anunciar el cumplimiento de los das de la purificacin, hasta ser ofrecida ofrenda por cada uno de ellos.<CM>
Y cuando estaban para acabarse los siete das, unos Judos de Asia, como le vieron en el templo, alborotaron todo el pueblo y le echaron mano,
Dando voces: Varones Israelitas, ayudad: Este es el hombre que por todas partes ensea  todos contra el pueblo, y la ley, y este lugar; y adems de esto ha metido Gentiles en el templo, y ha contaminado este lugar Santo.
Porque antes haban visto con l en la ciudad  Trfimo, Efesio, al cual pensaban que Pablo haba metido en el templo.
As que, toda la ciudad se alborot, y agolpse el pueblo; y tomando  Pablo, hicironle salir fuera del templo, y luego las puertas fueron cerradas.
Y procurando ellos matarle, fu dado aviso al tribuno de la compaa, que toda la ciudad de Jerusalem estaba alborotada;
El cual tomando luego soldados y centuriones, corri  ellos. Y ellos como vieron al tribuno y  los soldados, cesaron de herir  Pablo.
Entonces llegando el tribuno, le prendi, y le mand atar con dos cadenas; y pregunt quin era, y qu haba hecho.
Y entre la multitud, unos gritaban una cosa, y otros otra: y como no poda entender nada de cierto  causa del alboroto, le mand llevar  la fortaleza.
Y como lleg  las gradas, aconteci que fu llevado de los soldados  causa de la violencia del pueblo;
Porque multitud de pueblo vena detrs, gritando: Mtale.
Y como comenzaron  meter  Pablo en la fortaleza, dice al tribuno: Me ser lcito hablarte algo? Y l dijo: Sabes griego?
No eres t aquel Egipcio que levantaste una sedicin antes de estos das, y sacaste al desierto cuatro mil hombres salteadores?
Entonces dijo Pablo: Yo de cierto soy hombre Judo, ciudadano de Tarso, ciudad no obscura de Cilicia: empero rugote que me permitas que hable al pueblo.
Y como l se lo permiti, Pablo, estando en pie en las gradas, hizo seal con la mano al pueblo. Y hecho grande silencio, habl en lengua hebrea, diciendo:<CM>
VARONES hermanos y padres, oid la razn que ahora os doy.
(Y como oyeron que les hablaba en lengua hebrea, guardaron ms silencio.) Y dijo:<CM>
Yo de cierto soy Judo, nacido en Tarso de Cilicia, mas criado en esta ciudad  los pies de Gamaliel, enseado conforme  la verdad de la ley de la patria, celoso de Dios, como todos vosotros sois hoy.
Que he perseguido este camino hasta la muerte, prendiendo y entregando en crceles hombres y mujeres:
Como tambin el prncipe de los sacerdotes me es testigo, y todos los ancianos; de los cuales tambin tomando letras  los hermanos, iba  Damasco para traer presos  Jerusalem aun  los que estuviesen all, para que fuesen castigados.
Mas aconteci que yendo yo, y llegando cerca de Damasco, como  medio da, de repente me rode mucha luz del cielo:
Y ca en el suelo, y o una voz que me deca: Saulo, Saulo, por qu me persigues?
Yo entonces respond: Quin eres, Seor? Y me dijo: Yo soy Jess de Nazaret,  quin t persigues.
Y los que estaban conmigo vieron  la verdad la luz, y se espantaron; mas no oyeron la voz del que hablaba conmigo.
Y dije: Qu har, Seor? Y el Seor me dijo: Levntate, y ve  Damasco, y all te ser dicho todo lo que te est sealado hacer.
Y como yo no viese por causa de la claridad de la luz, llevado de la mano por los que estaban conmigo, vine  Damasco.
Entonces un Ananas, varn po conforme  la ley, que tena buen testimonio de todos los Judos que all moraban,
Viniendo  m, y acercndose, me dijo: Hermano Saulo, recibe la vista. Y yo en aquella hora le mir.
Y l dijo: El Dios de nuestros padres te ha predestinado para que conocieses su voluntad, y vieses  aquel Justo, y oyeses la voz de su boca.
Porque has de ser testigo suyo  todos los hombres, de lo que has visto y odo.
Ahora pues, por qu te detienes? Levntate, y bautzate, y lava tus pecados, invocando su nombre.
Y me aconteci, vuelto  Jerusalem, que orando en el templo, fu arrebatado fuera de m.
Y le vi que me deca: Date prisa, y sal prestamente fuera de Jerusalem; porque no recibirn tu testimonio de m.
Y yo dije: Seor, ellos saben que yo encerraba en crcel, y hera por las sinagogas  los que crean en ti;
Y cuando se derramaba la sangre de Esteban tu testigo, yo tambin estaba presente, y consenta  su muerte, y guardaba las ropas de los que le mataban.
Y me dijo: Ve, porque yo te tengo que enviar lejos  los Gentiles.<CM>
Y le oyeron hasta esta palabra: entonces alzaron la voz, diciendo: Quita de la tierra  un tal hombre, porque no conviene que viva.
Y dando ellos voces, y arrojando sus ropas y echando polvo al aire,
Mand el tribuno que le llevasen  la fortaleza, y orden que fuese examinado con azotes, para saber por qu causa clamaban as contra l.
Y como le ataron con correas, Pablo dijo al centurin que estaba presente: Os es lcito azotar  un hombre Romano sin ser condenado?
Y como el centurin oy esto, fu y di aviso al tribuno, diciendo Qu vas  hacer? porque este hombre es Romano.
Y viniendo el tribuno, le dijo: Dime, eres t Romano? Y l dijo: S.
Y respondi el tribuno: Yo con grande suma alcanc esta ciudadana. Entonces Pablo dijo: Pero yo lo soy de nacimiento.
As que, luego se apartaron de l los que le haban de atormentar: y aun el tribuno tambin tuvo temor, entendido que era Romano, por haberle atado.
Y al da siguiente, queriendo saber de cierto la causa por qu era acusado de los Judos, le solt de las prisiones, y mand venir  los prncipes de los sacerdotes, y  todo su concilio: y sacando  Pablo, le present delante de ellos.<CM>
ENTONCES Pablo, poniendo los ojos en el concilio, dice: Varones hermanos, yo con toda buena conciencia he conversado delante de Dios hasta el da de hoy.
El prncipe de los sacerdotes, Ananas, mand entonces  los que estaban delante de l, que le hiriesen en la boca.
Entonces Pablo le dijo: Herirte ha Dios, pared blanqueada: y ests t sentado para juzgarme conforme  la ley, y contra la ley me mandas herir?
Y los que estaban presentes dijeron: Al sumo sacerdote de Dios maldices?
Y Pablo dijo: No saba, hermanos, que era el sumo sacerdote; pues escrito est: Al prncipe de tu pueblo no maldecirs.<CM>
Entonces Pablo, sabiendo que la una parte era de Saduceos, y la otra de Fariseos, clam en el concilio: Varones hermanos, yo soy Fariseo, hijo de Fariseo: de la esperanza y de la resurreccin de los muertos soy yo juzgado.
Y como hubo dicho esto, fu hecha disensin entre los Fariseos y los Saduceos; y la multitud fu dividida.
Porque los Saduceos dicen que no hay resurreccin, ni ngel, ni espritu; mas los Fariseos confiesan ambas cosas.
Y levantse un gran clamor: y levantndose los escribas de la parte de los Fariseos, contendan diciendo: Ningn mal hallamos en este hombre; que si espritu le ha hablado,  ngel, no resistamos  Dios.
Y habiendo grande disensin, el tribuno, teniendo temor de que Pablo fuese despedazado de ellos, mand venir soldados, y arrebatarle de en medio de ellos, y llevarle  la fortaleza.
Y la noche siguiente, presentndosele el Seor, le dijo: Confa, Pablo; que como has testificado de m en Jerusalem, as es menester testifiques tambin en Roma.<CM>
Y venido el da, algunos de los Judos se juntaron,  hicieron voto bajo de maldicin, diciendo que ni comeran ni beberan hasta que hubiesen muerto  Pablo.
Y eran ms de cuarenta los que haban hecho esta conjuracin;
Los cuales se fueron  los prncipes de los sacerdotes y  los ancianos, y dijeron: Nosotros hemos hecho voto debajo de maldicin, que no hemos de gustar nada hasta que hayamos muerto  Pablo.
Ahora pues, vosotros, con el concilio, requerid al tribuno que le saque maana  vosotros como que queris entender de l alguna cosa ms cierta; y nosotros, antes que l llegue, estaremos aparejados para matarle.
Entonces un hijo de la hermana de Pablo, oyendo las asechanzas, fu, y entr en la fortaleza, y di aviso  Pablo.
Y Pablo, llamando  uno de los centuriones, dice: Lleva  este mancebo al tribuno, porque tiene cierto aviso que darle.
El entonces tomndole, le llev al tribuno, y dijo: El preso Pablo, llamndome, me rog que trajese  ti este mancebo, que tiene algo que hablarte.
Y el tribuno, tomndole de la mano y retirndose aparte, le pregunt: Qu es lo que tienes que decirme?
Y l dijo: Los Judos han concertado rogarte que maana saques  Pablo al concilio, como que han de inquirir de l alguna cosa ms cierta.
Mas t no los creas; porque ms de cuarenta hombres de ellos le acechan, los cuales han hecho voto debajo de maldicin, de no comer ni beber hasta que le hayan muerto; y ahora estn apercibidos esperando tu promesa.
Entonces el tribuno despidi al mancebo, mandndole que  nadie dijese que le haba dado aviso de esto.
Y llamados dos centuriones, mand que apercibiesen para la hora tercia de la noche doscientos soldados, que fuesen hasta Cesarea, y setenta de  caballo, y doscientos lanceros;
Y que aparejasen cabalgaduras en que poniendo  Pablo, le llevasen en salvo  Flix el Presidente.
Y escribi una carta en estos trminos:
Claudio Lisias al excelentsimo gobernador Flix: Salud.
A este hombre, aprehendido de los Judos, y que iban ellos  matar, libr yo acudiendo con la tropa, habiendo entendido que era Romano.
Y queriendo saber la causa por qu le acusaban, le llev al concilio de ellos:
Y hall que le acusaban de cuestiones de la ley de ellos, y que ningn crimen tena digno de muerte  de prisin.
Mas sindome dado aviso de asechanzas que le haban aparejado los Judos, luego al punto le he enviado  ti, intimando tambin  los acusadores que traten delante de ti lo que tienen contra l. Psalo bien.
Y los soldados, tomando  Pablo como les era mandado, llevronle de noche  Antipatris.
Y al da siguiente, dejando  los de  caballo que fuesen con l, se volvieron  la fortaleza.
y como llegaron  Cesarea, y dieron la carta al gobernador, presentaron tambin  Pablo delante de l.
Y el gobernador, leda la carta, pregunt de qu provincia era; y entendiendo que de Cilicia,
Te oir, dijo, cuando vinieren tus acusadores. Y mand que le guardasen en el pretorio de Herodes.<CM>
Y CINCO das despus descendi el sumo sacerdote Ananas, con algunos de los ancianos, y un cierto Trtulo, orador; y parecieron delante del gobernador contra Pablo.
Y citado que fu, Trtulo comenz  acusar, diciendo: Como por causa tuya vivamos en grande paz, y muchas cosas sean bien gobernadas en el pueblo por tu prudencia,
Siempre y en todo lugar lo recibimos con todo hacimiento de gracias, oh excelentsimo Flix.
Empero por no molestarte ms largamente, rugote que nos oigas brevemente conforme  tu equidad.
Porque hemos hallado que este hombre es pestilencial, y levantador de sediciones entre todos los Judos por todo el mundo, y prncipe de la secta de los Nazarenos:
El cual tambin tent  violar el templo; y prendindole, le quisimos juzgar conforme  nuestra ley:
Mas interviniendo el tribuno Lisias, con grande violencia le quit de nuestras manos,
Mandando  sus acusadores que viniesen  ti; del cual t mismo juzgando, podrs entender todas estas cosas de que le acusamos.
Y contendan tambin los Judos, diciendo ser as estas cosas.<CM>
Entonces Pablo, hacindole el gobernador seal que hablase, respondi: Porque s que muchos aos ha eres gobernador de esta nacin, con buen nimo satisfar por m.
Porque t puedes entender que no hace ms de doce das que sub  adorar  Jerusalem;
Y ni me hallaron en el templo disputando con ninguno, ni haciendo concurso de multitud, ni en sinagogas, ni en la ciudad;
Ni te pueden probar las cosas de que ahora me acusan.
Esto empero te confieso, que conforme  aquel Camino que llaman hereja, as sirvo al Dios de mis padres, creyendo todas las cosas que en la ley y en los profetas estn escritas;
Teniendo esperanza en Dios que ha de haber resurreccin de los muertos, as de justos como de injustos, la cual tambin ellos esperan.
Y por esto, procuro yo tener siempre conciencia sin remordimiento acerca de Dios y acerca de los hombres.
Mas pasados muchos aos, vine  hacer limosnas  mi nacin, y ofrendas,
Cuando me hallaron purificado en el templo (no con multitud ni con alboroto) unos Judos de Asia;
Los cuales debieron comparecer delante de ti, y acusarme, si contra m tenan algo.
O digan estos mismos si hallaron en m alguna cosa mal hecha, cuando yo estuve en el concilio,
Si no sea que, estando entre ellos prorrump en alta voz: Acerca de la resurreccin de los muertos soy hoy juzgado de vosotros.<CM>
Entonces Flix, odas estas cosas, estando bien informado de esta secta, les puso dilacin, diciendo: Cuando descendiere el tribuno Lisias acabar de conocer de vuestro negocio.
Y mand al centurin que Pablo fuese guardado, y aliviado de las prisiones; y que no vedase  ninguno de sus familiares servirle,  venir  l.
Y algunos das despus, viniendo Flix con Drusila, su mujer, la cual era Juda, llam  Pablo, y oy de l la fe que es en Jesucristo.
Y disertando l de la justicia, y de la continencia, y del juicio venidero, espantado Flix, respondi: Ahora vete, mas en teniendo oportunidad te llmar:
Esperando tambin con esto, que de parte de Pablo le seran dados dineros, porque le soltase; por lo cual, hacindole venir muchas veces, hablaba con l.
Mas al cabo de dos aos recibi Flix por sucesor  Porcio Festo: y queriendo Flix ganar la gracia de los Judos, dej preso  Pablo.<CM>
FESTO pues, entrado en la provincia, tres das despus subi de Cesarea  Jerusalem.
Y vinieron  l los prncipes de los sacerdotes y los principales de los Judos contra Pablo; y le rogaron,
Pidiendo gracia contra l, que le hiciese traer  Jerusalem, poniendo ellos asechanzas para matarle en el camino.
Mas Festo respondi, que Pablo estaba guardado en Cesarea, y que l mismo partira presto.
Los que de vosotros pueden, dijo desciendan juntamente; y si hay algn crimen en este varn, acsenle.
Y detenindose entre ellos no ms de ocho  diez das, venido  Cesarea, el siguiente da se sent en el tribunal, y mand que Pablo fuese trado.
El cual venido, le rodearon los Judos que haban venido de Jerusalem, poniendo contra Pablo muchas y graves acusaciones, las cuales no podan probar;
Alegando l por su parte: Ni contra la ley de los Judos, ni contra el templo, ni contra Csar he pecado en nada.
Mas Festo, queriendo congraciarse con los Judos, respondiendo  Pablo, dijo: Quieres subir  Jerusalem, y all ser juzgado de estas cosas delante de m?
Y Pablo dijo: Ante el tribunal de Csar estoy, donde conviene que sea juzgado. A los Judos no he hecho injuria alguna, como t sabes muy bien.
Porque si alguna injuria,  cosa alguna digna de muerte he hecho, no rehuso morir; mas si nada hay de las cosas de que stos me acusan, nadie puede darme  ellos. A Csar apelo.
Entonces Festo, habiendo hablado con el consejo, respondi: A Csar has apelado?  Csar irs.<CM>
Y pasados algunos das, el rey Agripa y Bernice vinieron  Cesarea  saludar  Festo.
Y como estuvieron all muchos das, Festo declar la causa de Pablo al rey, diciendo: Un hombre ha sido dejado preso por Flix,
Sobre el cual, cuando fu  Jerusalem, vinieron  m los prncipes de los sacerdotes y los ancianos de los Judos, pidiendo condenacin contra l:
A los cuales respond: no ser costumbre de los Romanos dar alguno  la muerte antes que el que es acusado tenga presentes sus acusadores, y haya lugar de defenderse de la acusacin.
As que, habiendo venido ellos juntos ac, sin ninguna dilacin, al da siguiente, sentado en el tribunal, mand traer al hombre;
Y estando presentes los acusadores, ningn cargo produjeron de los que yo sospechaba:
Solamente tenan contra l ciertas cuestiones acerca de su supersticin, y de un cierto Jess, difunto, el cual Pablo afirmaba que estaba vivo.
Y yo, dudando en cuestin semejante, dije, si quera ir  Jerusalem, y all ser juzgado de estas cosas.
Mas apelando Pablo  ser guardado al conocimiento de Augusto, mand que le guardasen hasta que le enviara  Csar.
Entonces Agripa dijo  Festo: Yo tambin quisiera oir  ese hombre. Y l dijo: Maana le oirs.
Y al otro da, viniendo Agripa y Bernice con mucho aparato, y entrando en la audiencia con los tribunos y principales hombres de la ciudad, por mandato de Festo, fu trado Pablo.
Entonces Festo dijo: Rey Agripa, y todos los varones que estis aqu juntos con nosotros: veis  ste, por el cual toda la multitud de los Judos me ha demandado en Jerusalem y aqu, dando voces que no conviene que viva ms;
Mas yo, hallando que ninguna cosa digna de muerte ha hecho, y l mismo apelando  Augusto, he determinado enviarle:
Del cual no tengo cosa cierta que escriba al seor; por lo que le he sacado  vosotros, y mayormente  t, oh rey Agripa, para que hecha informacin, tenga yo qu escribir.
Porque fuera de razn me parece enviar un preso, y no informar de las causas.<CM>
ENTONCES Agripa dijo  Pablo: Se te permite hablar por ti mismo. Pablo entonces, extendiendo la mano, comenz  responder por s, diciendo:
Acerca de todas las cosas de que soy acusado por los Judos, oh rey Agripa, me tengo por dichoso de que haya hoy de defenderme delante de ti;
Mayormente sabiendo t todas las costumbres y cuestiones que hay entre los Judos: por lo cual te ruego que me oigas con paciencia.
Mi vida pues desde la mocedad, la cual desde el principio fu en mi nacin, en Jerusalem, todos los Judos la saben:
Los cuales tienen ya conocido que yo desde el principio, si quieren testificarlo, conforme  la ms rigurosa secta de nuestra religin he vivido Fariseo.
Y ahora, por la esperanza de la promesa que hizo Dios  nuestros padres, soy llamado en juicio;
A la cual promesa nuestras doce tribus, sirviendo constantemente de da y de noche, esperan que han de llegar. Por la cual esperanza, oh rey Agripa, soy acusado de los Judos.
Qu! Jzgase cosa increble entre vosotros que Dios resucite los muertos?
Yo ciertamente haba pensando deber hacer muchas cosas contra el nombre de Jess de Nazaret:
Lo cual tambin hice en Jerusalem, y yo encerr en crcel es  muchos de los santos, recibida potestad de los prncipes de los sacerdotes; y cuando eran matados, yo d mi voto.
Y muchas veces, castigndolos por todas las sinagogas, los forc  blasfemar; y enfurecido sobremanera contra ellos, los persegu hasta en las ciudades extraas.<CM>
En lo cual ocupado, yendo  Damasco con potestad y comisin de los prncipes de los sacerdotes,
En mitad del da, oh rey, vi en el camino una luz del cielo, que sobrepujaba el resplandor del sol, la cual me rode y  los que iban conmigo.
Y habiendo cado todos nosotros en tierra, o una voz que me hablaba, y deca en lengua hebraica: Saulo, Saulo, por qu me persigues? Dura cosa te es dar coces contra los aguijones.
Yo entonces dije: Quin eres, Seor? Y el Seor dijo: Yo soy Jess,  quien t persigues.
Mas levntate, y ponte sobre tus pies; porque para esto te he aparecido, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que aparecer  ti:
Librndote del pueblo y de los Gentiles,  los cuales ahora te envo,
Para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas  la luz, y de la potestad de Satans  Dios; para que reciban, por la fe que es en m, remisin de pecados y suerte entre los santificados.
Por lo cual, oh rey Agripa, no fu rebelde  la visin celestial:
Antes anunci primeramente  los que estn en Damasco, y Jerusalem, y por toda la tierra de Judea, y  los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen  Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento.
Por causa de esto los Judos, tomndome en el templo, tentaron matarme.
Mas ayudado del auxilio de Dios, persevero hasta el da de hoy, dando testimonio  pequeos y  grandes, no diciendo nada fuera de las cosas que los profetas y Moiss dijeron que haban de venir:
Que Cristo haba de padecer, y ser el primero de la resurreccin de los muertos, para anunciar luz al pueblo y  los Gentiles.<CM>
Y diciendo l estas cosas en su defensa, Festo  gran voz dijo: Ests loco, Pablo: las muchas letras te vuelven loco.
Mas l dijo: No estoy loco, excelentsimo Festo, sino que hablo palabras de verdad y de templanza.
Pues el rey sabe estas cosas, delante del cual tambin hablo confiadamente. Pues no pienso que ignora nada de esto; pues no ha sido esto hecho en algn rincn.
Crees, rey Agripa,  los profetas? Yo s que crees.
Entonces Agripa dijo  Pablo: Por poco me persuades  ser Cristiano.
Y Pablo dijo: Pluguiese  Dios que por poco  por mucho, no solamente t, mas tambin todos los que hoy me oyen, fueseis hechos tales cual yo soy, excepto estas prisiones!
Y como hubo dicho estas cosas, se levant el rey, y el presidente, y Bernice, y los que se haban sentado con ellos;
Y como se retiraron aparte, hablaban los unos  los otros, diciendo: Ninguna cosa digna ni de muerte, ni de prisin, hace este hombre.
Y Agripa dijo  Festo: Poda este hombre ser suelto, si no hubiera apelado  Csar.<CM>
MAS como fu determinado que habamos de navegar para Italia, entregaron  Pablo y algunos otros presos  un centurin, llamado Julio, de la compaa Augusta.
As que, embarcndonos en una nave Adrumentina, partimos, estando con nosotros Aristarco, Macedonio de Tesalnica, para navegar junto  los lugares de Asia.
Y otro da llegamos  Sidn; y Julio, tratando  Pablo con humanidad, permitile que fuese  los amigos, para ser de ellos asistido.
Y hacindonos  la vela desde all, navegamos bajo de Cipro, porque los vientos eran contrarios.
Y habiendo pasado la mar de Cilicia y Pamphylia, arribamos  Mira, ciudad de Licia.
Y hallando all el centurin una nave Alejandrina que navegaba  Italia, nos puso en ella.
Y navegando muchos das despacio, y habiendo apenas llegado delante de Gnido, no dejndonos el viento, navegamos bajo de Creta, junto  Salmn.
Y costendola difcilmente, llegamos  un lugar que llaman Buenos Puertos, cerca del cual estaba la ciudad de Lasea.
Y pasado mucho tiempo, y siendo ya peligrosa la navegacin, porque ya era pasado el ayuno, Pablo amonestaba,
Dicindoles: Varones, veo que con trabajo y mucho dao, no slo de la cargazn y de la nave, mas aun de nuestras personas, habr de ser la navegacin.
Mas el centurin crea ms al piloto y al patrn de la nave, que  lo que Pablo deca.<CM>
Y no habiendo puerto cmodo para invernar, muchos acordaron pasar an de all, por si pudiesen arribar  Fenice  invernar all, que es un puerto de Creta que mira al Nordeste y Sudeste.
Y soplando el austro, parecindoles que ya tenan lo que deseaban, alzando velas, iban cerca de la costa de Creta.
Mas no mucho despus di en ella un viento repentino, que se llama Euroclidn.
Y siendo arrebatada la nave, y no pudiendo resistir contra el viento, la dejamos, y ermos llevados.
Y habiendo corrido  sotavento de una pequea isla que se llama Clauda, apenas pudimos ganar el esquife:
El cual tomado, usaban de remedios, ciendo la nave; y teniendo temor de que diesen en la Sirte, abajadas las velas, eran as llevados.
Mas siendo atormentados de una vehemente tempestad, al siguiente da alijaron;
Y al tercer da nosotros con nuestras manos arrojamos los aparejos de la nave.
Y no pareciendo sol ni estrellas por muchos das, y viniendo una tempestad no pequea, ya era perdida toda la esperanza de nuestra salud.<CM>
Entonces Pablo, habiendo ya mucho que no comamos, puesto en pie en medio de ellos, dijo: Fuera de cierto conveniente, oh varones, haberme odo, y no partir de Creta, y evitar este inconveniente y dao.
Mas ahora os amonesto que tengis buen nimo; porque ninguna prdida habr de persona de vosotros, sino solamente de la nave.
Porque esta noche ha estado conmigo el ngel del Dios del cual yo soy, y al cual sirvo,
Diciendo: Pablo, no temas; es menester que seas presentado delante de Csar; y he aqu, Dios te ha dado todos los que navegan contigo.
Por tanto, oh varones, tened buen nimo; porque yo confo en Dios que ser as como me ha dicho;
Si bien es menester que demos en una isla.
Y venida la dcimacuarta noche, y siendo llevados por el mar Adritico, los marineros  la media noche sospecharon que estaban cerca de alguna tierra;
Y echando la sonda, hallaron veinte brazas, y pasando un poco ms adelante, volviendo  echar la sonda, hallaron quince brazas.
Y habiendo temor de dar en lugares escabrosos, echando cuatro anclas de la popa, deseaban que se hiciese de da.
Entonces procurando los marineros huir de la nave, echado que hubieron el esquife  la mar, aparentando como que queran largar las anclas de proa,
Pablo dijo al centurin y  los soldados: Si stos no quedan en la nave, vosotros no podis salvaros.
Entonces los soldados cortaron los cabos del esquife, y dejronlo perder.
Y como comenz  ser de da, Pablo exhortaba  todos que comiesen, diciendo: Este es el dcimocuarto da que esperis y permanecis ayunos, no comiendo nada.
Por tanto, os ruego que comis por vuestra salud: que ni aun un cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecer.
Y habiendo dicho esto, tomando el pan, hizo gracias  Dios en presencia de todos, y partiendo, comenz  comer.
Entonces todos teniendo ya mejor nimo, comieron ellos tambin.
Y ramos todas las personas en la nave doscientas setenta y seis.
Y satisfechos de comida, aliviaban la nave, echando el grano  la mar.
Y como se hizo de da, no conocan la tierra; mas vean un golfo que tena orilla, al cual acordaron echar, si pudiesen, la nave.
Cortando pues las anclas, las dejaron en la mar, largando tambin las ataduras de los gobernalles; y alzada la vela mayor al viento, banse  la orilla.
Mas dando en un lugar de dos aguas, hicieron encallar la nave; y la proa, hincada, estaba sin moverse, y la popa se abra con la fuerza de la mar.
Entonces el acuerdo de los soldados era que matasen los presos, porque ninguno se fugase nadando.
Mas el centurin, queriendo salvar  Pablo, estorb este acuerdo, y mand que los que pudiesen nadar, se echasen los primeros, y saliesen  tierra;
Y los dems, parte en tablas, parte en cosas de la nave. Y as aconteci que todos se salvaron saliendo  tierra.<CM>
Y CUANDO escapamos, entonces supimos que la isla se llamaba Melita.
Y los brbaros nos mostraron no poca humanidad; porque, encendido un fuego, nos recibieron  todos,  causa de la lluvia que vena, y del fro.
Entonces habiendo Pablo recogido algunos sarmientos, y pustolos en el fuego, una vbora, huyendo del calor, le acometi  la mano.
Y como los brbaros vieron la vbora colgando de su mano, decan los unos  los otros: Ciertamente este hombre es homicida,  quien, escapado de la mar, la justicia no deja vivir.
Mas l, sacudiendo la vbora en el fuego, ningn mal padeci.
Empero ellos estaban esperando cundo se haba de hinchar,  caer muerto de repente; mas habiendo esperado mucho, y viendo que ningn mal le vena, mudados, decan que era un dios.
En aquellos lugares haba heredades del principal de la isla, llamado Publio, el cual nos recibi y hosped tres das humanamente.
Y aconteci que el padre de Publio estaba en cama, enfermo de fiebres y de disentera: al cual Pablo entr, y despus de haber orado, le puso las manos encima, y le san:
Y esto hecho, tambin otros que en la isla tenan enfermedades, llegaban, y eran sanados:
Los cuales tambin nos honraron con muchos obsequios; y cuando partimos, nos cargaron de las cosas necesarias.<CM>
As que, pasados tres meses, navegamos en una nave Alejandrina que haba invernado en la isla, la cual tena por ensea  Cstor y Plux.
Y llegados  Siracusa, estuvimos all tres das.
De all, costeando alrededor, vinimos  Regio; y otro da despus, soplando el austro, vinimos al segundo da  Puteolos:
Donde habiendo hallado hermanos, nos rogaron que quedsemos con ellos siete das; y luego vinimos  Roma;
De donde, oyendo de nosotros los hermanos, nos salieron  recibir hasta la plaza de Appio, y Las Tres Tabernas:  los cuales como Pablo vi, di gracias  Dios, y tom aliento.
Y como llegamos  Roma, el centurin entreg los presos al prefecto de los ejrcitos, mas  Pablo fu permitido estar por s, con un soldado que le guardase.<CM>
Y aconteci que tres das despus, Pablo convoc  los principales de los Judos;  los cuales, luego que estuvieron juntos, les dijo: Yo, varones hermanos, no habiendo hecho nada contra el pueblo, ni contra los ritos de la patria, he sido entregado preso desde Jerusalem en manos de los Romanos;
Los cuales, habindome examinado, me queran soltar; por no haber en m ninguna causa de muerte.
Mas contradiciendo los Judos, fu forzado  apelar  Csar; no que tenga de qu acusar  mi nacin.
As que, por esta causa, os he llamado para veros y hablaros; porque por la esperanza de Israel estoy rodeado de esta cadena.
Entonces ellos le dijeron: Nosotros ni hemos recibido cartas tocante  t de Judea, ni ha venido alguno de los hermanos que haya denunciado  hablado algn mal de ti.
Mas querramos oir de ti lo que sientes; porque de esta secta notorio nos es que en todos lugares es contradicha.<CM>
Y habindole sealado un da, vinieron  l muchos  la posada,  los cuales declaraba y testificaba el reino de Dios, persuadindoles lo concerniente  Jess, por la ley de Moiss y por los profetas, desde la maana hasta la tarde.
Y algunos asentan  lo que se deca, mas algunos no crean.
Y como fueron entre s discordes, se fueron, diciendo Pablo esta palabra: Bien ha hablado el Espritu Santo por el profeta Isaas  nuestros padres,
Diciendo: Ve  este pueblo, y di les: De odo oiris, y no entenderis; Y viendo veris, y no percibiris:
Porque el corazn de este pueblo se ha engrosado, Y de los odos oyeron pesadamente, Y sus ojos taparon; Porque no vean con los ojos, Y oigan con los odos, Y entiendan de corazn, Y se conviertan, Y yo los sane.
Saos pues notorio que  los Gentiles es enviada esta salud de Dios: y ellos oirn.
Y habiendo dicho esto, los Judos salieron, teniendo entre s gran contienda.<CM>
Pablo empero, qued dos aos enteros en su casa de alquiler, y reciba  todos los que  l venan,
Predicando el reino de Dios y enseando lo que es del Seor Jesucristo con toda libertad, sin impedimento.<CM>
PABLO, siervo de Jesucristo, llamado  ser apstol, apartado para el evangelio de Dios,
Que l haba antes prometido por sus profetas en las santas Escrituras,
Acerca de su Hijo, (que fu hecho de la simiente de David segn la carne;
El cual fu declarado Hijo de Dios con potencia, segn el espritu de santidad, por la resurreccin de los muertos), de Jesucristo Seor nuestro,
Por el cual recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia de la fe en todas las naciones en su nombre,
Entre las cuales sois tambin vosotros, llamados de Jesucristo:
A todos los que estis en Roma, amados de Dios, llamados santos: Gracia y paz tengis de Dios nuestro Padre, y del Seor Jesucristo.<CM>
Primeramente, doy gracias  mi Dios por Jesucristo acerca de todos vosotros, de que vuestra fe es predicada en todo el mundo.
Porque testigo me es Dios, al cual sirvo en mi espritu en el evangelio de su Hijo, que sin cesar me acuerdo de vosotros siempre en mis oraciones,
Rogando, si al fin algn tiempo haya de tener, por la voluntad de Dios, prspero viaje para ir  vosotros.
Porque os deseo ver, para repartir con vosotros algn don espiritual, para confirmaros;
Es  saber, para ser juntamente consolado con vosotros por la comn fe vuestra y juntamente ma.
Mas no quiero, hermanos, que ingnoris que muchas veces me he propuesto ir  vosotros (empero hasta ahora he sido estorbado), para tener tambin entre vosotros algn fruto, como entre los dems Gentiles.
A Griegos y  brbaros,  sabios y  no sabios soy deudor.
As que, cuanto  m, presto estoy  anunciar el evangelio tambin  vosotros que estis en Roma.<CM>
Porque no me avergenzo del evangelio: porque es potencia de Dios para salud  todo aquel que cree; al Judo primeramente y tambin al Griego.
Porque en l la justicia de Dios se descubre de fe en fe; como est escrito: Mas el justo vivir por la fe.
Porque manifiesta es la ira de Dios del cielo contra toda impiedad  injusticia de los hombres, que detienen la verdad con injusticia:<CM>
Porque lo que de Dios se conoce,  ellos es manifiesto; porque Dios se lo manifest.
Porque las cosas invisibles de l, su eterna potencia y divinidad, se echan de ver desde la creacin del mundo, siendo entendidas por las cosas que son hechas; de modo que son inexcusables:
Porque habiendo conocido  Dios, no le glorificaron como  Dios, ni dieron gracias; antes se desvanecieron en sus discursos, y el necio corazn de ellos fu entenebrecido.
Dicindose ser sabios, se hicieron fatuos,
Y trocaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, y de aves, y de animales de cuatro pies, y de serpientes.
Por lo cual tambin Dios los entreg  inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de suerte que contaminaron sus cuerpos entre s mismos:
Los cuales mudaron la verdad de Dios en mentira, honrando y sirviendo  las criaturas antes que al Criador, el cual es bendito por los siglos. Amn.
Por esto Dios los entreg  afectos vergonzosos; pues aun sus mujeres mudaron el natural uso en el uso que es contra naturaleza:
Y del mismo modo tambin los hombres, dejando el uso natural de las mujeres, se encendieron en sus concupiscencias los unos con los otros, cometiendo cosas nefandas hombres con hombres, y recibiendo en s mismos la recompensa que convino  su extravo.
Y como  ellos no les pareci tener  Dios en su noticia, Dios los entreg  una mente depravada, para hacer lo que no conviene,
Estando atestados de toda iniquidad, de fornicacin, de malicia, de avaricia, de maldad; llenos de envidia, de homicidios, de contiendas, de engaos, de malignidades;
Murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes  los padres,
Necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia:
Que habiendo entendido el juicio de Dios que los que hacen tales cosas son dignos de muerte, no slo las hacen, ms an consienten  los que las hacen.<CM>
POR lo cual eres inexcusable, oh hombre, cuaquiera que juzgas: porque en lo que juzgas  otro, te condenas  ti mismo; porque lo mismo haces, t que juzgas.
Mas sabemos que el juicio de Dios es segn verdad contra los que hacen tales cosas.
Y piensas esto, oh hombre, que juzgas  los que hacen tales cosas, y haces las mismas, que t escapars del juicio de Dios.?
O menosprecias las riquezas de su benignidad, y fhfifhfi ignorando que su benignidad te gua  arrepentimiento?
Mas por tu dureza, y por tu corazn no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el da de la ira y de la manifestacin del justo juicio de Dios;
El cual pagar  cada uno conforme  sus obras:
A los que perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, la vida eterna.
Mas  los que son contenciosos, y no obedecen  la verdad, antes obedecen  la injusticia, enojo  ira;
Tribulacin y angustia sobre toda persona humana que obra lo malo, el Judo primeramente, y tambin el Griego.
Mas gloria y honra y paz  cualquiera que obra el bien, al Judo primeramente, y tambin al Griego.
Porque no hay acepcin de personas para con Dios.
Porque todos lo que sin ley pecaron, sin ley tambin perecern; y todos los que en la ley pecaron, por la ley sern juzgados:
Porque no los oidores de la ley son justos para con Dios, mas los hacedores de la ley sern justificados.
Porque los Gentiles que no tienen ley, naturalmente haciendo lo que es de la ley, los tales, aunque no tengan ley, ellos son ley  s mismos:
Mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio juntamente sus conciencias, y acusndose y tambin excusndose sus pensamientos unos con otros;
En el da que juzgar el Seor lo encubierto de los hombres, conforme  mi evangelio, por Jesucristo.<CM>
He aqu, t tienes el sobrenombre de Judo, y ests reposado en la ley, y te gloras en Dios,
Y sabes su voluntad, y apruebas lo mejor, instrudo por la ley;
Y confas que eres gua de los ciegos, luz de los que estn en tinieblas,
Enseador de los que no saben, maestro de nios, que tienes la forma de la ciencia y de la verdad en la ley:
T pues, que enseas  otro, no te enseas  ti mismo? T, que predicas que no se ha de hurtar, hurtas?
T, que dices que no se ha de adulterar, adulteras? T, que abominas los dolos, cometes sacrilegio?
T, que te jactas de la ley, con infraccin de la ley deshonras  Dios?
Porque el nombre de Dios es blasfemado por causa de vosotros entre los Gentiles, como est esctrito.
Porque la circuncisin en verdad aprovecha, si guardares la ley; mas si eres rebelde  la ley, tu circuncisin es hecha incircuncisin.
De manera que, si el incircunciso guardare las justicias de la ley, no ser tenida su incircuncisin por circuncisin?
Y lo que de su natural es incircunciso, guardando perfectamente la ley, te juzgar  ti, que con la letra y con la circuncisin eres rebelde  la ley.
Porque no es Judo el que lo es en manifiesto; ni la circuncisin es la que es en manifiesto en la carne:
Mas es Judo el que lo es en lo interior; y la circuncisin es la del corazn, en espritu, no en letra; la alabanza del cual no es de los hombres, sino de Dios.<CM>
QU, pues, tiene ms el Judo?  qu aprovecha la circuncisin?,
Mucho en todas maneras. Lo primero ciertamente, que la palabra de Dios les ha sido confiada.
Pues qu si algunos de ellos han sido incrdulos? la incredulidad de ellos habr hecho vana la verdad de Dios?
En ninguna manera; antes bien sea Dios verdadero, mas todo hombre mentiroso; como est escrito: Para que seas justificado en tus dichos, Y venzas cuando de ti se juzgare.
Y si nuestra iniquidad encarece la justicia de Dios, qu diremos? Ser injusto Dios que da castigo? (hablo como hombre.)
En ninguna manera: de otra suerte cmo juzgara Dios el mundo?
Empero si la verdad de Dios por mi mentira creci  gloria suya, por qu aun as yo soy juzgado como pecador?
Y por qu no decir (como somos blasfemados, y como algunos dicen que nosotros decimos): Hagamos males para que vengan bienes? la condenacin de los cuales es justa.
Qu pues? Somos mejores que ellos? En ninguna manera: porque ya hemos acusado  Judos y  Gentiles, que todos estn debajo de pecado.
Como est escrito: No hay justo, ni aun uno;
No hay quien entienda, No hay quien busque  Dios;
Todos se apartaron,  una fueron hechos intiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni aun uno:
Sepulcro abierto es su garganta; Con sus lenguas tratan engaosamente; Veneno de spides est debajo de sus labios;
Cuya boca est llena de maledicencia y de amargura;
Sus pies son ligeros  derramar sangre;
Quebrantamiento y desventura hay en sus caminos;
Y camino de paz no conocieron:
No hay temor de Dios delante de sus ojos.<CM>
Empero sabemos que todo lo que la ley dice,  los que estn en la ley lo dice, para que toda boca se tape, y que todo el mundo se sujete  Dios:
Porque por las obras de la ley ninguna carne se justificar delante de l; porque por la ley es el conocimiento del pecado.
Mas ahora, sin la ley, la justicia de Dios se ha manifestado, testificada por la ley y por los profetas:
La justicia de Dios por la fe de Jesucristo, para todos los que creen en l: porque no hay diferencia;
Por cuanto todos pecaron, y estn distitudos de la gloria de Dios;
Siendo justificados gratuitamente por su gracia por la redencin que es en Cristo Jess;
Al cual Dios ha propuesto en propiciacin por la fe en su sangre, para manifestacin de su justicia, atento  haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados,
Con la mira de manifestar su justicia en este tiempo: para que l sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jess.
Dond pues est la jactancia? Es excluda. Por cul ley? de las obras? No; mas por la ley de la fe.
As que, conclumos ser el hombre justificado por fe sin las obras de la ley.
Es Dios solamente Dios de los Judos? No es tambin Dios de los Gentiles? Cierto, tambin de los Gentiles.
Porque uno es Dios, el cual justificar por la fe la circuncisin, y por medio de la fe la incircuncisin.
Luego deshacemos la ley por la fe? En ninguna manera; antes establecemos la ley.<CM>
QU, pues, diremos que hall Abraham nuestro padre segn la carne?
Que si Abraham fu justificado por la obras, tiene de qu gloriarse; mas no para con Dios.
Porque qu dice la Escritura? Y crey Abraham  Dios, y le fu atribudo  justicia.
Empero al que obra, no se le cuenta el salario por merced, sino por deuda.
Mas al que no obra, pero cree en aqul que justifica al impo, la fe le es contada por justicia.
Como tambin David dice ser bienaventurado el hombre al cual Dios atribuye justicia sin obras,
Diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, Y cuyos pecados son cubiertos.
Bienaventurado el varn al cual el Seor no imput pecado.<CM>
Es pues esta bienaventuranza solamente en la circuncisin  tambin en la incircuncisin? porque decimos que  Abraham fu contada la fe por justicia.
Cmo pues le fu contada? en la circuncisin,  en la incircuncisin? No en la circuncisin, sino en la incircuncisin.
Y recibi la circuncisin por seal, por sello de la justicia de la fe que tuvo en la incircuncisin: para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados, para que tambin  ellos les sea contado por justicia;
Y padre de la circuncisin, no solamente  los que son de la circuncisin, ms tambin  los que siguen las pisadas de la fe que fu en nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado.
Porque no por la ley fu dada la promesa  Abraham   su simiente, que sera heredero del mundo, sino por la justicia de la fe.
Porque si los que son de la ley son los herederos, vana es la fe, y anulada es la promesa.
Porque la ley obra ira; porque donde no hay ley, tampoco hay transgresin.
Por tanto es por la fe, para que sea por gracia; para que la promesa sea firme  toda simiente, no solamente al que es de la ley, mas tambin al que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros.<CM>
(Como est escrito: Que por padre de muchas gentes te he puesto) delante de Dios, al cual crey; el cual da vida  los muertos, y llama las cosas que no son, como las que son.
El crey en esperanza contra esperanza, para venir  ser padre de muchas gentes, conforme  lo que le haba sido dicho: As ser tu simiente.
Y no se enflaqueci en la fe, ni consider su cuerpo ya muerto (siendo ya de casi cien aos,) ni la matriz muerta de Sara;
Tampoco en la promesa de Dios dud con desconfianza: antes fu esforzado en fe, dando gloria  Dios,
Plenamente convencido de que todo lo que haba prometido, era tambin poderoso para hacerlo.
Por lo cual tambin le fu atribudo  justicia.<CM>
Y no solamente por l fu escrito que le haya sido imputado;
Sino tambin por nosotros,  quienes ser imputado, esto es,  los que creemos en el que levant de los muertos  Jess Seor nuestro,
El cual fu entregado por nuestros delitos, y resucitado para nuestra justificacin<CM>
JUSTIFICADOS pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Seor Jesucristo:
Por el cual tambin tenemos entrada por la fe  esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.
Y no slo esto, mas aun nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulacin produce paciencia;
Y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza;
Y la esperanza no avergenza; porque el amor de Dios est derramado en nuestros corazones por el Espritu Santo que nos es dado.<CM>
Porque Cristo, cuando an ramos flacos,  su tiempo muri por los impos.
Ciertamente apenas muere algun por un justo: con todo podr ser que alguno osara morir por el bueno.
Mas Dios encarece su caridad para con nosotros, porque siendo an pecadores, Cristo muri por nosotros.
Luego mucho ms ahora, justificados en su sangre, por l seremos salvos de la ira.
Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliado con Dios por la muerte de su Hijo, mucho ms, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.
Y no slo esto, mas aun nos gloriamos en Dios por el Seor nuestro Jesucristo, por el cual hemos ahora recibido la reconciliacin.
De consiguiente, vino la reconciliacin por uno, as como el pecado entr en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, y la muerte as pas  todos los hombres, pues que todos pecaron.
Porque hasta la ley, el pecado estaba en el mundo; pero no se imputa pecado no habiendo ley.
No obstante, rein la muerte desde Adam hasta Moiss, aun en los que no pecaron  la manera de la rebelin de Adam; el cual es figura del que haba de venir.
Mas no como el delito, tal fu el don: porque si por el delito de aquel uno murieron los muchos, mucho ms abund la gracia de Dios  los muchos, y el don por la gracia de un hombre, Jesucristo.
Ni tampoco de la manera que por un pecado, as tambin el don: porque el juicio  la verdad vino de un pecado para condenacin, mas la gracia vino de muchos delitos para justificacin.
Porque, si por un delito rein la muerte por uno, mucho ms reinarn en vida por un Jesucristo los que reciben la abundancia de gracia, y del don de la justicia.
As que, de la manera que por un delito vino la culpa  todos los hombres para condenacin, as por una justicia vino la gracia  todos los hombres para justificacin de vida.
Porque como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constitudos pecadores, as por la obediencia de uno los muchos sern constitudos justos.
La ley empero entr para que el pecado creciese; mas cuando el pecado creci, sobrepuj la gracia;
Para que, de la manera que el pecado rein para muerte, as tambin la gracia reine por la justicia para vida eterna por Jesucristo Seor nuestro.<CM>
PUES qu diremos? Perseveraremos en pecado para que la gracia crezca?
En ninguna manera. Porque los que somos muertos al pecado, cmo viviremos an en l?
O no sabis que todos los que somos bautizados en Cristo Jess, somos bautizados en su muerte?
Porque somos sepultados juntamente con l  muerte por el bautismo; para que como Cristo resucit de los muertos por la gloria del Padre, as tambin nosotros andemos en novedad de vida.
Porque si fuimos plantados juntamente en l  la semejanza de su muerte, as tambin lo seremos  la de su resurreccin:
Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre juntamente fu crucificado con l, para que el cuerpo del pecado sea deshecho,  fin de que no sirvamos ms al pecado.
Porque el que es muerto, justificado es del pecado.
Y si morimos con Cristo, creemos que tambin viviremos con l;
Sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de entre los muertos, ya no muere: la muerte no se enseorear ms de l.
Porque el haber muerto, al pecado muri una vez; mas el vivir,  Dios vive.
As tambin vosotros, pensad que de cierto estis muertos al pecado, mas vivos  Dios en Cristo Jess Seor nuestro.
No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, para que le obedezcis en sus concupiscencias;
Ni tampoco presentis vuestros miembros al pecado por instrumento de iniquidad; antes presentaos  Dios como vivos de los muertos, y vuestros miembros  Dios por instrumentos de justicia.
Porque el pecado no se enseorear de vosotros; pues no estis bajo la ley, sino bajo la gracia.
Pues qu? Pecaremos, porque no estamos bajo de la ley, sino bajo de la gracia? En ninguna manera.
No sabis que  quien os prestis vosotros mismos por siervos para obedecer le, sois siervos de aquel  quien obedecis,  del pecado para muerte,  de la obediencia para justicia?
Empero gracias  Dios, que aunque fuistes siervos del pecado, habis obedecido de corazn  aquella forma de doctrina  la cual sois entregados;
Y libertados del pecado, sois hechos siervos de la justicia.
Humana cosa digo, por la flaqueza de vuestra carne: que como para iniquidad presentasteis vuestros miembros  servir  la inmundicia y  la iniquidad, as ahora para santidad presentis vuestros miembros  servir  la justicia.
Porque cuando fuisteis siervos del pecado, erais libres acerca de la justicia.
Qu fruto, pues, tenais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzis? porque el fin de ellas es muerte.
Mas ahora, librados del pecado, y hechos siervos  Dios, tenis por vuestro fruto la santificacin, y por fin la vida eterna.
Porque la paga del pecado es muerte: mas la ddiva de Dios es vida eterna en Cristo Jess Seor nuestro.<CM>
IGNORAIS, hermanos, (porque hablo con los que saben la ley) que la ley se enseorea del hombre entre tanto que vive?
Porque la mujer que est sujeta  marido, mientras el marido vive est obligada  la ley; mas muerto el marido, libre es de la ley del marido.
As que, viviendo el marido, se llamar adltera si fuere de otro varn; mas si su marido muriere, es libre de la ley; de tal manera que no ser adltera si fuere de otro marido.
As tambin vosotros, hermanos mos, estis muertos  la ley por el cuerpo de Cristo, para que seis de otro,  saber, del que resucit de los muertos,  fin de que fructifiquemos  Dios.
Porque mientras estbamos en la carne, los afectos de los pecados que eran por la ley, obraban en nuestros miembros fructificando para muerte.
Mas ahora estamos libres de la ley, habiendo muerto  aquella en la cual estbamos detenidos, para que sirvamos en novedad de espritu, y no en vejez de letra.<CM>
Qu pues diremos? La ley es pecado? En ninguna manera. Empero yo no conoc el pecado sino por la ley: porque tampoco conociera la concupiscencia, si la ley no dijera: No codiciars.
Mas el pecado, tomando ocasin, obr en m por el mandamiento toda concupiscencia: porque sin la ley el pecado est muerto.
As que, yo sin la ley viva por algn tiempo: mas venido el mandamiento, el pecado revivi, y yo mor.
Y hall que el mandamiento,  intimado para vida, para m era mortal:
Porque el pecado, tomando ocasin, me enga por el mandamiento, y por l me mat.
De manera que la ley  la verdad es santa, y el mandamiento santo, y justo, y bueno.
Luego lo que es bueno,  m me es hecho muerte? No; sino que el pecado, para mostrarse pecado, por lo bueno me obr la muerte, hacindose pecado sobremanera pecante por el mandamiento.<CM>
Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido  sujecin del pecado.
Porque lo que hago, no lo entiendo; ni lo que quiero, hago; antes lo que aborrezco, aquello hago.
Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena.
De manera que ya no obro aquello, sino el pecado que mora en m.
Y yo s que en m (es  saber, en mi carne) no mora el bien: porque tengo el querer, mas efectuar el bien no lo alcanzo.
Porque no hago el bien que quiero; mas el mal que no quiero, ste hago.
Y si hago lo que no quiero, ya no obro yo, sino el mal que mora en m.
As que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: Que el mal est en m.
Porque segn el hombre interior, me deleito en la ley de Dios:
Mas veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi espritu, y que me lleva cautivo  la ley del pecado que est en mis miembros.
Miserable hombre de m! quin me librar del cuerpo de esta muerte?
Gracias doy  Dios, por Jesucristo Seor nuestro. As que, yo mismo con la mente sirvo  la ley de Dios, mas con la carne  la ley del pecado.<CM>
AHORA pues, ninguna condenacin hay para los que estn en Cristo Jess, los que no andan conforme  la carne, mas conforme al espritu.
Porque la ley del Espritu de vida en Cristo Jess me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.
Porque lo que era imposible  la ley, por cuanto era dbil por la carne, Dios enviando  su Hijo en semejanza de carne de pecado, y  causa del pecado, conden al pecado en la carne;
Para que la justicia de la ley fuese cumplida en nosotros, que no andamos conforme  la carne, mas conforme al espritu.
Porque los que viven conforme  la carne, de las cosas que son de la carne se ocupan; mas los que conforme al espritu, de las cosas del espritu.
Porque la intencin de la carne es muerte; mas la intencin del espritu, vida y paz:
Por cuanto la intencin de la carne es enemistad contra Dios; porque no se sujeta  la ley de Dios, ni tampoco puede.
As que, los que estn en la carne no pueden agradar  Dios.
Mas vosotros no estis en la carne, sino en el espritu, si es que el Espritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espritu de Cristo, el tal no es de l.<CM>
Empero si Cristo est en vosotros, el cuerpo  la verdad est muerto  causa del pecado; mas el espritu vive  causa de la justicia.
Y si el Espritu de aquel que levant de los muertos  Jess mora en vosotros, el que levant  Cristo Jess de los muertos, vivificar tambin vuestros cuerpos mortales por su Espritu que mora en vosotros.
As que, hermanos, deudores somos, no  la carne, para que vivamos conforme  la carne:
Porque si viviereis conforme  la carne, moriris; mas si por el espritu mortificis las obras de la carne, viviris.
Porque todos los que son guiados por el Espritu de Dios, los tales son hijos de Dios.
Porque no habis recibido el espritu de servidumbre para estar otra vez en temor; mas habis recibido el espritu de adopcin, por el cual clamamos, Abba, Padre.
Porque el mismo Espritu da testimonio  nuestro espritu que somos hijos de Dios.<CM>
Y si hijos, tambin herederos; herederos de Dios, y coherederos de Cristo; si empero padecemos juntamente con l, para que juntamente con l seamos glorificados.
Porque tengo por cierto que lo que en este tiempo se padece, no es de comparar con la gloria venidera que en nosotros ha de ser manifestada.
Porque el continuo anhelar de las criaturas espera la manifestacin de los hijos de Dios.
Porque las criaturas sujetas fueron  vanidad, no de grado, mas por causa del que las sujet con esperanza,
Que tambin las mismas criaturas sern libradas de la servidumbre de corrupcin en la libertad gloriosa de los hijos de Dios.
Porque sabemos que todas las criaturas gimen  una, y  una estn de parto hasta ahora.
Y no slo ellas, mas tambin nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espritu, nosotros tambin gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopcin, es  saber, la redencin de nuestro cuerpo.
Porque en esperanza somos salvos; mas la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve,  qu esperarlo?
Empero si lo que no vemos esperamos, por paciencia esperamos.<CM>
Y asimismo tambin el Espritu ayuda nuestra flaqueza: porque qu hemos de pedir como conviene, no lo sabemos; sino que el mismo Espritu pide por nosotros con gemidos indecibles.
Mas el que escudria los corazones, sabe cul es el intento del Espritu, porque conforme  la voluntad de Dios, demanda por los santos.
Y sabemos que  los que  Dios aman, todas las cosas les ayudan  bien, es  saber,  los que conforme al propsito son llamados.<CM>
Porque  los que antes conoci, tambin predestin para que fuesen hechos conformes  la imagen de su Hijo, para que l sea el primognito entre muchos hermanos;
Y  los que predestin,  stos tambin llam; y  los que llam,  stos tambin justific; y  los que justific,  stos tambin glorific.<CM>
Pues qu diremos  esto? Si Dios por nosotros, quin contra nosotros?
El que aun  su propio Hijo no perdon, antes le entreg por todos nosotros, cmo no nos dar tambin con l todas las cosas?
Quin acusar  los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.
Quin es el que condenar? Cristo es el que muri; ms an, el que tambin resucit, quien adems est  la diestra de Dios, el que tambin intercede por nosotros.
Quin nos apartar del amor de Cristo? tribulacin?  angustia?  persecucin?  hambre?  desnudez?  peligro?  cuchillo?
Como est escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo: Somos estimados como ovejas de matadero.
Antes, en todas estas cosas hacemos ms que vencer por medio de aquel que nos am.
Por lo cual estoy cierto que ni la muerte, ni la vida, ni ngeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,
Ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna criatura nos podr apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jess Seor nuestro.<CM>
VERDAD digo en Cristo, no miento, dndome testimonio mi conciencia en el Espritu Santo,
Que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazn.
Porque deseara yo mismo ser apartado de Cristo por mis hermanos, los que son mis parientes segn la carne;
Que son israelitas, de los cuales es la adopcin, y la gloria, y el pacto, y la data de la ley, y el culto, y las promesas;
Cuyos son los padres, y de los cuales es Cristo segn la carne, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amn.<CM>
No empero que la palabra de Dios haya faltado: porque no todos los que son de Israel son Israelitas;
Ni por ser simiente de Abraham, son todos hijos; mas: En Isaac te ser llamada simiente.
Quiere decir: No los que son hijos de la carne, stos son los hijos de Dios; mas los que son hijos de la promesa, son contados en la generacin.
Porque la palabra de la promesa es esta: Como en este tiempo vendr, y tendr Sara un hijo.
Y no slo esto; mas tambin Rebeca concibiendo de uno, de Isaac nuestro padre,
(Porque no siendo an nacidos, ni habiendo hecho an ni bien ni mal, para que el propsito de Dios conforme  la eleccin, no por las obras sino por el que llama, permaneciese;)
Le fu dicho que el mayor servira al menor.
Como est escrito: A Jacob am, mas  Esa aborrec.<CM>
Pues qu diremos? Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera.
Mas  Moiss dice: Tendr misericordia del que tendr misericordia, y me compadecer del que me compadecer.
As que no es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.
Porque la Escritura dice de Faran: Que para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi potencia, y que mi nombre sea anunciado por toda la tierra.
De manera que del que quiere tiene misericordia; y al que quiere, endurece.
Me dirs pues: Por qu, pues, se enoja? porque quin resistir  su voluntad?
Mas antes, oh hombre, quin eres t, para que alterques con Dios? Dir el vaso de barro al que le labr: Por qu me has hecho tal?
O no tiene potestad el alfarero para hacer de la misma masa un vaso para honra, y otro para vergenza?
Y qu, si Dios, queriendo mostrar la ira y hacer notoria su potencia, soport con mucha mansedumbre los vasos de ira preparados para muerte,
Y para hacer notorias las riquezas de su gloria, mostrlas para con los vasos de misericordia que l ha preparado para gloria;
Los cuales tambin ha llamado, es  saber,  nosotros, no slo de los Judos, mas tambin de los Gentiles?<CM>
Como tambin en Oseas dice: Llamar al que no era mi pueblo, pueblo mo; Y  la no amada, amada.
Y ser, que en el lugar donde les fu dicho: Vosotros no sois pueblo mo: All sern llamados hijos del Dios viviente.
Tambin Isaas clama tocante  Israel: Si fuere el nmero de los hijos de Israel como la arena de la mar, las reliquias sern salvas:
Porque palabra consumadora y abreviadora en justicia, porque palabra abreviada, har el Seor sobre la tierra.
Y como antes dijo Isaas: Si el Seor de los ejrcitos no nos hubiera dejado simiente, Como Sodoma habramos venido  ser, y  Gomorra furamos semejantes.<CM>
Pues qu diremos? Que los Gentiles que no seguan justicia, han alcanzado la justicia, es  saber, la justicia que es por la fe;
Mas Israel que segua la ley de justicia, no ha llegado  la ley de justicia.
Por qu? Porque la seguan no por fe, mas como por las obras de la ley: por lo cual tropezaron en la piedra de tropiezo,
Como est escrito: He aqu pongo en Sin piedra de tropiezo, y piedra de cada; Y aquel que creyere en ella, no ser avergonzado.<CM>
HERMANOS, ciertamente la voluntad de mi corazn y mi oracin  Dios sobre Israel, es para salud.
Porque yo les doy testimonio que tienen celo de Dios, mas no conforme  ciencia.
Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado  la justicia de Dios.
Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia  todo aquel que cree.
Porque Moiss describe la justicia que es por la ley: Que el hombre que hiciere estas cosas, vivir por ellas.
Mas la justicia que es por la fe dice as: No digas en tu corazn: Quin subir al cielo? (esto es, para traer abajo  Cristo:)
O, quin descender al abismo? (esto es, para volver  traer  Cristo de los muertos.)
Mas qu dice? Cercana est la palabra, en tu boca y en tu corazn. Esta es la palabra de fe, la cual predicamos:
Que si confesares con tu boca al Seor Jess, y creyeres en tu corazn que Dios le levant de los muertos, sers salvo.
Porque con el corazn se cree para justicia; mas con la boca se hace confesin para salud.
Porque la Escritura dice: Todo aquel que en l creyere, no ser avergonzado.<CM>
Porque no hay diferencia de Judo y de Griego: porque el mismo que es Seor de todos, rico es para con todos los que le invocan:
Porque todo aquel que invocare el nombre del Seor, ser salvo.
Cmo, pues invocarn  aquel en el cual no han credo? y cmo creern  aquel de quien no han odo? y cmo oirn sin haber quien les predique?
Y cmo predicarn si no fueren enviados? Como est escrito: Cun hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio de la paz, de los que anuncian el evangelio de los bienes!
Mas no todos obedecen al evangelio; pues Isaas dice: Seor, quin ha credo  nuestro anuncio?
Luego la fe es por el oir; y el oir por la palabra de Dios.
Mas digo: No han odo? Antes bien, Por toda la tierra ha salido la fama de ellos, Y hasta los cabos de la redondez de la tierra las palabras de ellos.
Mas digo: No ha conocido esto Israel? Primeramente Moiss dice: Yo os provocar  celos con gente que no es ma; Con gente insensata os provocar  ira.
E Isaas determinadamente dice: Fu hallado de los que no me buscaban; Manifestme  los que no preguntaban por m.
Mas acerca de Israel dice: Todo el da extend mis manos  un pueblo rebelde y contradictor.<CM>
DIGO pues: Ha desechado Dios  su pueblo? En ninguna manera. Porque tambin yo soy Israelita, de la simiente de Abraham, de la tribu de Benjamn.
No ha desechado Dios  su pueblo, al cual antes conoci. O no sabis qu dice de Elas la Escritura? cmo hablando con Dios contra Israel dice:
Seor,  tus profetas han muerto, y tus altares han derrudo; y yo he quedado solo, y procuran matarme.
Mas qu le dice la divina respuesta? He dejado para m siete mil hombres, que no han doblado la rodilla delante de Baal.
As tambin, aun en este tiempo han quedado reliquias por la eleccin de gracia.
Y si por gracia, luego no por las obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por las obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra.
Qu pues? Lo que buscaba Israel aquello no ha alcanzado; mas la eleccin lo ha alcanzado: y los dems fueron endurecidos;
Como est escrito: Diles Dios espritu de remordimiento, ojos con que no vean, y odos con que no oigan, hasta el da de hoy.
Y David dice: Sales vuelta su mesa en lazo, y en red, Y en tropezadero, y en paga:
Sus ojos sean obscurecidos para que no vean, Y agbiales siempre el espinazo.
Digo pues: Han tropezado para que cayesen? En ninguna manera; mas por el tropiezo de ellos vino la salud  los Gentiles, para que fuesen provocados  celos.
Y si la falta de ellos es la riqueza del mundo, y el menoscabo de ellos la riqueza de los Gentiles, cunto ms el henchimiento de ellos?
Porque  vosotros hablo, Gentiles. Por cuanto pues, yo soy apstol de los Gentiles, mi ministerio honro.
Por si en alguna manera provocase  celos  mi carne, e hiciese salvos  algunos de ellos.
Porque si el extraamiento de ellos es la reconciliacin del mundo, qu ser el recibimiento de ellos, sino vida de los muertos?
Y si el primer fruto es santo, tambin lo es el todo, y si la raz es santa, tambin lo son las ramas.
Que si algunas de las ramas fueron quebradas, y t, siendo acebuche, has sido ingerido en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raz y de la grosura de la oliva;
No te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas t  la raz, sino la raz  ti.
Pues las ramas, dirs, fueron quebradas para que yo fuese ingerido.
Bien: por su incredulidad fueron quebradas, mas t por la fe ests en pie. No te ensoberbezcas, antes teme.
Que si Dios no perdon  las ramas naturales,  ti tampoco no perdone.
Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios: la severidad ciertamente en los que cayeron; mas la bondad para contigo, si permanecieres en la bondad; pues de otra manera t tambin sers cortado.
Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, sern ingeridos; que poderoso es Dios para volverlos  ingerir.
Porque si t eres cortado del natural acebuche, y contra natura fuiste ingerido en la buena oliva, cunto ms stos, que son las ramas naturales, sern ingeridos en su oliva?
Porque no quiero, hermanos, que ignoris este misterio, para que no seis acerca de vosotros mismos arrogantes: que el endurecimiento en parte ha acontecido en Israel, hasta que haya entrado la plenitud de los Gentiles;
Y luego todo Israel ser salvo; como est escrito: Vendr de Sin el Libertador, Que quitar de Jacob la impiedad;
Y este es mi pacto con ellos, Cuando quitare su pecados.
As que, cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros: mas cuanto  la eleccin, son muy amados por causa de los padres.
Porque sin arrepentimiento son las mercedes y la vocacin de Dios.
Porque como tambin vosotros en algn tiempo no cresteis  Dios, mas ahora habis alcanzado misericordia por la incredulidad de ellos;
As tambin stos ahora no ha credo, para que, por la misericordia para con vosotros, ellos tambin alcancen misericordia.
Porque Dios encerr  todos en incredulidad, para tener misericordia de todos.<CM>
Oh profundidad de las riquezas de la sabidura y de la ciencia de Dios! Cun incomprensibles son sus juicios, e inescrutables sus caminos!
Porque quin entendi la mente del Seor?  quin fu su consejero?
O quin le di  l primero, para que le sea pagado?
Porque de l, y por l, y en l, son todas las cosas. A l sea gloria por siglos. Amn.<CM>
ASI que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable  Dios, que es vuestro racional culto.
Y no os conformis  este siglo; mas reformaos por la renovacin de vuestro entendimiento, para que experimentis cul sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
Digo pues por la gracia que me es dada,  cada cual que est entre vosotros, que no tenga ms alto concepto de s que el que debe tener, sino que piense de s con templanza, conforme  la medida de la fe que Dios reparti  cada uno.
Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, empero todos los miembros no tienen la misma operacin;
As muchos somos un cuerpo en Cristo, mas todos miembros los unos de los otros.
De manera que, teniendo diferentes dones segn la gracia que nos es dada, si el de profeca, sese conforme  la medida de la fe;
si ministerio, en servir;  el que ensea, en doctrina;
El que exhorta, en exhortar; el que reparte, hgalo en simplicidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegra.
El amor sea sin fingimiento: aborreciendo lo malo, llegndoos  lo bueno;
Amndoos los unos  los otros con caridad fraternal; previnindoos con honra los unos  los otros;
En el cuidado no perezosos; ardientes en espritu; sirviendo al Seor;
Gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulacin; constantes en la oracin;
Comunicando  las necesidades de los santos; siguiendo la hospitalidad.
Bendecid  los que os persiguen: bendecid y no maldigis.
Gozaos con los que se gozan: llorad con los que lloran.
Unnimes entre vosotros: no altivos, mas acomodndoos  los humildes. No seis sabios en vuestra opinin.
No paguis  nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres.
Si se puede hacer, cuanto est en vosotros, tened paz con todos los hombres.
No os venguis vosotros mismos, amados mos; antes dad lugar  la ira; porque escrito est: Ma es la venganza: yo pagar, dice el Seor.
As que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber: que haciendo esto, ascuas de fuego amontonas sobre su cabeza.
No seas vencido de lo malo; mas vence con el bien el mal.<CM>
TODA alma se someta  las potestades superiores; porque no hay potestad sino de Dios; y las que son, de Dios son ordenadas.
Asi que, el que se opone  la potestad,  la ordenacin de Dios resiste: y los que resisten, ellos mismos ganan condenacin para s.
Porque los magistrados no son para temor al que bien hace, sino al malo. Quieres pues no temer la potestad? haz lo bueno, y tendrs alabanza de ella;
Porque es ministro de Dios para tu bien. Mas si hicieres lo malo, teme: porque no en vano lleva el cuchillo; porque es ministro de Dios, vengador para castigo al que hace lo malo.
Por lo cual es necesario que le estis sujetos, no solamente por la ira, mas aun por la conciencia.
Porque por esto pagis tambin los tributos; porque son ministros de Dios que sirven  esto mismo.<CM>
Pagad  todos lo que debis: al que tributo, tributo; al que pecho, pecho; al que temor, temor; al que honra, honra.
No debis  nadie nada, sino amaros unos  otros; porque el que ama al prjimo, cumpli la ley.
Porque: No adulterars; no matars; no hurtars; no dirs falso testimonio; no codiciars: y si hay algn otro mandamiento, en esta sentencia se comprende sumariamente: Amars  tu prjimo como  ti mismo.
La caridad no hace mal al prjimo: as que, el cumplimento de la ley es la caridad.<CM>
Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueo; porque ahora nos est ms cerca nuestra salud que cuando cremos.
La noche ha pasado, y ha llegado el da: echemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistmonos las armas de luz,
Andemos como de da, honestamente: no en glotoneras y borracheras, no en lechos y disoluciones, no en pedencias y envidia:
Mas vestos del Seor Jesucristo, y no hagis caso de la carne en sus deseos.<CM>
RECIBID al flaco en la fe, pero no para contiendas de disputas.
Porque uno cree que se ha de comer de todas cosas: otro que es dbil, come legumbres.
El que come, no menosprecie al que no come: y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha levantado.
T quin eres que juzgas al siervo ajeno? para su seor est en pie,  cae: mas se afirmar; que poderoso es el Seor para afirmarle.
Uno hace diferencia entre da y da; otro juzga iguales todos los das. Cada uno est asegurado en su nimo.
El que hace caso del da, hce lo para el Seor: y el que no hace caso del da, no lo hace para el Seor. El que come, come para el Seor, porque da gracias  Dios; y el que no come, no come para el Seor, y da gracias  Dios.
Porque ninguno de nosotros vive para s, y ninguno muere para s.
Que si vivimos, para el Seor vivimos; y si morimos, para el Seor morimos. As que,  que vivamos,  que muramos, del Seor somos.
Porque Cristo para esto muri, y resucit, y volvi  vivir, para ser Seor as de los muertos como de los que viven.
Mas t por qu juzgas  tu hermano?  t tambin, por qu menosprecias  tu hermano? porque todos hemos de estar ante el tribunal de Cristo.
Porque escrito est: Vivo yo, dice el Seor, que  m se doblar toda rodilla, Y toda lengua confesar  Dios.
De manera que, cada uno de nosotros dar  Dios razn de s.
As que, no juzguemos ms los unos de los otros: antes bien juzgad de no poner tropiezo  escndalo al hermano.
Yo s, y confo en el Seor Jess, que de suyo nada hay inmundo: mas  aquel que piensa alguna cosa ser inmunda, para l es inmunda.
Empero si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme  la caridad. No arruines con tu comida  aqul por el cual Cristo muri.
No sea pues blasfemado vuestro bien:
Que el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo por el Espritu Santo.
Porque el que en esto sirve  Cristo, agrada  Dios, y es acepto  los hombres.
As que, sigamos lo que hace  la paz, y  la edificacin de los unos  los otros.
No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. Todas las cosas  la verdad son limpias: mas malo es al hombre que come con escndalo.
Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece,  se ofenda  sea debilitado.
Tienes t fe? Tenla para contigo delante de Dios. Bienaventurado el que no se condena  s mismo con lo que aprueba.
Mas el que hace diferencia, si comiere, es condenado, porque no comi por fe: y todo lo que no es de fe, es pecado.<CM>
ASI que, los que somos ms firmes debemos sobrellevar las flaquezas de los flacos, y no agradarnos  nosotros mismos.
Cada uno de nosotros agrade  su prjimo en bien,  edificacin.
Porque Cristo no se agrad  s mismo; antes bien, como est escrito: Los vituperios de los que te vituperan, cayeron sobre m.
Porque las cosas que antes fueron escritas, para nuestra enseanza fueron escritas; para que por la paciencia, y por la consolacin de las Escrituras, tengamos esperanza.<CM>
Mas el Dios de la paciencia y de la consolacin os d que entre vosotros seis unnimes segn Cristo Jess;
Para que concordes,  una boca glorifiquis al Dios y Padre de nuestro Seor Jesucristo.<CM>
Por tanto, sobrellevaos los unos  los otros, como tambin Cristo nos sobrellev, para gloria de Dios.
Digo, pues, que Cristo Jess fu hecho ministro de la circuncisin por la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas  los padres,
Y para que los Gentiles glorifiquen  Dios por la misericordia; como est escrito: Por tanto yo te confesar entre los Gentiles, Y cantar  tu nombre.
Y otra vez dice: Alegraos, Gentiles, con su pueblo.
Y otra vez: Alabad al Seor todos los Gentiles, Y magnificadle, todos los pueblos.
Y otra vez, dice Isaas: Estar la raz de Jess, Y el que se levantar  regir los Gentiles: Los Gentiles esperarn en l.<CM>
Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz creyendo, para que abundis en esperanza por la virtud del Espritu Santo.<CM>
Empero cierto estoy yo de vosotros, hermanos mos, que aun vosotros mismos estis llenos de bodad, llenos de todo conocimiento, de tal manera que podis amonestaros los unos  los otros.
Mas os he escrito, hermanos, en parte resueltamente, como amonestdoos por la gracia que de Dios me es dada,
Para ser ministro de Jesucristo  los Gentiles, ministrando el evangelio de Dios, para que la ofrenda de los Gentiles sea agradable, santificada por el Espritu Santo.<CM>
Tengo, pues, de qu gloriarme en Cristo Jess en lo que mira  Dios.
Porque no osara hablar alguna cosa que Cristo no haya hecho por m para la obediencia de los Gentiles, con la palabra y con las obras,
Con potencia de milagros y prodigios, en virtud del Espritu de Dios: de manera que desde Jerusalem, y por los alrededores hasta Ilrico, he llenado todo del evangelio de Cristo.
Y de esta manera me esforc  predicar el evangelio, no donde antes Cristo fuese nombrado, por no edificar sobre ajeno fundamento:
Sino, como esta escrito: A los que no fu anunciado de l, vern: Y los que no oyeron, entendern.<CM>
Por lo cual aun he sido impedido muchas veces de venir  vosotros.
Mas ahora no teniendo ms lugar en estas regiones, y deseando ir  vosotros muchos aos h,
Cuando partiere para Espaa, ir  vosotros; porque espero que pasando os ver, y que ser llevado de vosotros all, si empero antes hubiere gozado de vosotros.
Mas ahora parto para Jerusalem  ministrar  los santos.
Porque Macedonia y Acaya tuvieron por bien hacer una colecta para los pobres de los santos que estn en Jerusalem.
Porque les pareci bueno, y son deudores  ellos: porque si los Gentiles han sido hechos participantes de sus bienes espirituales, deben tambin ellos servirles en los carnales.
As que, cuando hubiere concludo esto, y les hubiere consignado este fruto, pasar por vosotros  Espaa.
Y s que cuando llegue  vosotros, llegar con abundancia de la bendicin del evangelio de Cristo.<CM>
Rugoos empero, hermanos, por el Seor nuestro Jesucristo, y por la caridad del Espritu, que me ayudis con oraciones por m  Dios,
Que sea librado de los rebeldes que estn en Judea, y que la ofrenda de mi servicio  los santos en Jerusalem sea acepta;
Para que con gozo llegue  vosotros por la voluntad de Dios, y que sea recreado juntamente con vosotros.
Y el Dios de paz sea con todos vosotros. Amn.<CM>
ENCOMINDOOS empero  Febe nuestra hermana, la cual es diaconisa de la iglesia que est en Cencreas:
Que la recibis en el Seor, como es digno  los santos, y que la ayudis en cualquiera cosa en que os hubiere menester: porque ella ha ayudado  muchos, y  m mismo.
Saludad  Priscila y Aquila, mis coadjutores en Cristo Jess;
(Que pusieron sus cuellos por mi vida:  los cuales no doy gracias yo slo, mas aun todas las iglesias de los Gentiles;)
Asimismo  la iglesia de su casa. Saludad  Epeneto, amado mo, que es las primicias de Acaya en Cristo.
Saludad  Mara, la cual ha trabajado mucho con vosotros.
Saludad  Andrnico y  Junia, mis parientes, y mis compaeros en la cautividad, los que son insignes entre los apstoles; los cuales tambin fueron antes de m en Cristo.
Saludad  Amplias, amado mo en el Seor.
Saludad  Urbano, nuestro ayudador en Cristo Jess, y  Stachs, amado mo.
Saludad  Apeles, probado en Cristo. Saludad  los que son de Aristbulo.
Saludad  Herodin, mi pariente. Saludad  los que son de la casa de Narciso, los que estn en el Seor.
Saludad  Trifena y  Trifosa, las cuales trabajan en el Seor. Saludad  Prsida amada, la cual ha trabajado mucho en el Seor.
Saludad  Rufo, escogido en el Seor, y  su madre y ma.
Saludad  Asncrito, y  Flegonte,  Hermas,  Patrobas,  Hermes, y  los hermanos que estn con ellos.
Saludad  Fillogo y  Julia,  Nereo y  su hermana, y  Olimpas, y  todos los santos que estn con ellos.
Saludaos los unos  los otros con sculo santo. Os saludan todas las iglesias de Cristo.<CM>
Y os ruego hermanos, que miris los que causan disensiones y escndalos contra la doctrina que vosotros habis aprendido; y apartaos de ellos.
Porque los tales no sirven al Seor nuestro Jesucristo, sino  sus vientres; y con suaves palabras y bendiciones engaan los corazones de los simples.
Porque vuestra obediencia ha venido  ser notoria  todos; as que me gozo de vosotros; mas quiero que seis sabios en el bien, y simples en el mal.
Y el Dios de paz quebrantar presto  Satans debajo de vuestros pies. la gracia del Seor nuestro Jesucristo sea con vosotros.<CM>
Os saludan Timoteo, mi coadjutor, y Lucio y Jasn y Sosipater, mis parientes.
Yo Tercio, que escrib la epstola, os saludo en el Seor.
Saldaos Gayo, mi husped, y de toda la iglesia. Saldaos Erasto, tesorero de la ciudad, y el hermano Cuarto.
La gracia del Seor nuestro Jesucristo sea con todos vosotros. Amn.<CM>
Y al que puede confirmaros segn mi evangelio y la predicacin de Jesucristo, segun la revelacin del misterio encubierto desde tiempos eternos,
Mas manifestado ahora, y por las Escrituras de los profetas, segn el mandamiento del Dios eterno, declarado  todas las gentes para que obedezcan  la fe;
Al slo Dios sabio, sea gloria por Jesucristo para siempre. Amn. enviada por medio de Febe, diaconisa de la iglesia de Cencreas.<CM>
PABLO, llamado  ser apstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y Sstenes el hermano,
A la iglesia de Dios que est en Corinto, santificados en Cristo Jess, llamados santos, y  todos los que invocan el nombre de nuestro Seor Jesucristo en cualquier lugar, Seor de ellos y nuestro:
Gracia y paz de Dios nuestro Padre, y del Seor Jesucristo.
Gracias doy  mi Dios siempre por vosotros, por la gracia de Dios que os es dada en Cristo Jess;
Que en todas las cosas sois enriquecidos en l, en toda lengua y en toda ciencia;
As como el testimonio de Cristo ha sido confirmado en vosotros:
De tal manera que nada os falte en ningn don, esperando la manifestacin de nuestro Seor Jesucristo:
El cual tambin os confirmar hasta el fin, para que seis sin falta en el da de nuestro Seor Jesucristo.
Fiel es Dios, por el cual sois llamados  la participacin de su Hijo Jesucristo nuestro Seor.<CM>
Os ruego pues, hermanos, por el nombre de nuestro Seor Jesucristo, que hablis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros disensiones, antes seis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer.
Porque me ha sido declarado de vosotros, hermanos mos, por los que son de Clo, que hay entre vosotros contiendas;
Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo cierto soy de Pablo; pues yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo.
Est dividido Cristo? Fu crucificado Pablo por vosotros?  habis sido bautizados en el nombre de Pablo?<CM>
Doy gracias  Dios, que  ninguno de vosotros he bautizado, sino  Crispo y  Gayo;
Para que ninguno diga que habis sido bautizados en mi nombre.
Y tambin bautic la familia de Estfanas: mas no s si he bautizado algn otro.<CM>
Porque no me envi Cristo  bautizar, sino  predicar el evangelio: no en sabidura de palabras, porque no sea hecha vana la cruz de Cristo.
Porque la palabra de la cruz es locura  los que se pierden; mas  los que se salvan, es  saber,  nosotros, es potencia de Dios.
Porque est escrito: Destruir la sabidura de los sabios, Y desechar la inteligencia de los entendidos.
Qu es del sabio? qu del escriba? qu del escudriador de este siglo? no ha enloquecido Dios la sabidura del mundo?
Porque por no haber el mundo conocido en la sabidura de Dios  Dios por sabidura, agrad  Dios salvar  los creyentes por la locura de la predicacin.
Porque los Judos piden seales, y los Griegos buscan sabidura:
Mas nosotros predicamos  Cristo crucificado,  los Judos ciertamente tropezadero, y  los Gentiles locura;
Empero  los llamados, as Judos como Griegos, Cristo potencia de Dios, y sabidura de Dios.
Porque lo loco de Dios es ms sabio que los hombres; y lo flaco de Dios es ms fuerte que los hombres.
Porque mirad, hermanos, vuestra vocacin, que no sois muchos sabios segn la carne, no muchos poderosos, no muchos nobles;
Antes lo necio del mundo escogi Dios, para avergonzar  los sabios; y lo flaco del mundo escogi Dios, para avergonzar lo fuerte;
Y lo vil del mundo y lo menos preciado escogi Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es:
Para que ninguna carne se jacte en su presencia.
Mas de l sois vosotros en Cristo Jess, el cual nos ha sido hecho por Dios sabidura, y justificacin, y santificacin, y redencin:
Para que, como est escrito: El que se glora, glorese en el Seor.<CM>
ASI que, hermanos, cuando fu  vosotros, no fu con altivez de palabra,  de sabidura,  anunciaros el testimonio de Cristo.
Porque no me propuse saber algo entre vosotros, sino  Jesucristo, y  ste crucificado.
Y estuve yo con vosotros con flaqueza, y mucho temor y temblor;
Y ni mi palabra ni mi predicacin fu con palabras persuasivas de humana sabidura, mas con demostracin del Espritu y de poder;
Para que vuestra fe no est fundada en sabidura de hombres, mas en poder de Dios.<CM>
Empero hablamos sabidura de Dios entre perfectos; y sabidura, no de este siglo, ni de los prncipes de este siglo, que se deshacen:
Mas hablamos sabidura de Dios en misterio, la sabidura oculta, la cual Dios predestin antes de los siglos para nuestra gloria:
La que ninguno de los prncipes de este siglo conoci; porque si la hubieran conocido, nunca hubieran crucificado al Seor de gloria:
Antes, como est escrito: Cosas que ojo no vi, ni oreja oy, Ni han subido en corazn de hombre, Son las que ha Dios preparado para aquellos que le aman.
Empero Dios nos lo revel  nosotros por el Espritu: porque el Espritu todo lo escudria, aun lo profundo de Dios.
Porque quin de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espritu del hombre que est en l? As tampoco nadie conoci las cosas de Dios, sino el Espritu de Dios.
Y nosotros hemos recibido, no el espritu del mundo, sino el Espritu que es de Dios, para que conozcamos lo que Dios nos ha dado;
Lo cual tambin hablamos, no con doctas palabras de humana sabidura, mas con doctrina del Espritu, acomodando lo espiritual  lo espiritual.
Mas el hombre animal no percibe las cosas que son del Espritu de Dios, porque le son locura: y no las puede entender, porque se han de examinar espiritualmente.
Empero el espiritual juzga todas las cosas; mas l no es juzgado de nadie.
Porque quin conoci la mente del Seor? quin le instruy? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.<CM>
DE manera que yo, hermanos, no pude hablaros como  espirituales, sino como  carnales, como  nios en Cristo.
Os d  beber leche, y no vianda: porque aun no podais, ni aun podis ahora;
Porque todava sois carnales: pues habiendo entre vosotros celos, y contiendas, y disensiones, no sois carnales, y andis como hombres?
Porque diciendo el uno: Yo cierto soy de Pablo; y el otro: Yo de Apolos; no sois carnales?<CM>
Qu pues es Pablo? y qu es Apolos? Ministros por los cuales habis credo; y eso segn que  cada uno ha concedido el Seor.
Yo plant, Apolos reg: mas Dios ha dado el crecimiento.
As que, ni el que planta es algo, ni el que riega; sino Dios, que da el crecimiento.
Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibir su recompensa conforme  su labor.
Porque nosotros, coadjutores somos de Dios; y vosotros labranza de Dios sois, edificio de Dios sois.
Conforme  la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima: empero cada uno vea cmo sobreedifica.<CM>
Porque nadie puede poner otro fundamento que el que est puesto, el cual es Jesucristo.
Y si alguno edificare sobre este fundamento oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca;
La obra de cada uno ser manifestada: porque el da la declarar; porque por el fuego ser manifestada; y la obra de cada uno cul sea, el fuego har la prueba.
Si permaneciere la obra de alguno que sobreedific, recibir recompensa.
Si la obra de alguno fuere quemada, ser perdida: l empero ser salvo, mas as como por fuego.<CM>
No sabis que sois templo de Dios, y que el Espritu de Dios mora en vosotros?
Si alguno violare el templo de Dios, Dios destruir al tal: porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.<CM>
Nadie se engae  s mismo: si alguno entre vosotros parece ser sabio en este siglo, hgase simple, para ser sabio.
Porque la sabidura de esta mundo es necedad para con Dios; pues escrito est: El que prende  los sabios en la astucia de ellos.
Y otra vez: El Seor conoce los pensamientos de los sabios, que son vanos.<CM>
As que, ninguno se glore en los hombres; porque todo es vuestro,
Sea Pablo, sea Apolos, sea Cefas, sea el mundo, sea la vida, sea la muerte, sea lo presente, sea los por venir; todo es vuestro;
Y vosotros de Cristo; y Cristo de Dios.<CM>
TNGANNOS los hombres por ministros de Cristo, y dispensadores de los misterios de Dios.
Mas ahora se requiere en los dispensadores, que cada uno sea hallado fiel.
Yo en muy poco tengo el ser juzgado de vosotros,  de juicio humano; y ni aun yo me juzgo.
Porque aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; mas el que me juzga, el Seor es.
As que, no juzguis nada antes de tiempo, hasta que venga el Seor, el cual tambin aclarar lo oculto de las tinieblas, y manifestar los intentos de los corazones: y entonces cada uno tendr de Dios la alabanza.
Esto empero, hermanos, he pasado por ejemplo en m y en Apolos por amor de vosotros; para que en nosotros aprendis  no saber ms de lo que est escrito, hinchndoos por causa de otro el uno contra el otro.<CM>
Porque quin te distingue?  qu tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, de qu te gloras como si no hubieras recibido?
Ya estis hartos, ya estis ricos, sin nosotros reinis; y ojal reinis, para que nosotros reinemos tambin juntamente con vosotros.
Porque  lo que pienso, Dios nos ha mostrado  nosotros los apstoles por los postreros, como  sentenciados  muerte: porque somos hechos espectculo al mundo, y  los ngeles, y  los hombres.
Nosotros necios por amor de Cristo, y vosotros prudentes en Cristo; nosotros flacos, y vosotros fuertes; vosotros nobles, y nosotros viles.
Hasta esta hora hambreamos, y tenemos sed, y estamos desnudos, y somos heridos de golpes, y andamos vagabundos;
Y trabajamos, obrando con nuestras manos: nos maldicen, y bendecimos: padecemos persecucin, y sufrimos:
Somos blasfemados, y rogamos: hemos venido  ser como la hez del mundo, el desecho de todos hasta ahora.<CM>
No escribo esto para avergonzaros: mas amonstoos como  mis hijos amados.
Porque aunque tengis diez mil ayos en Cristo, no tendris muchos padres; que en Cristo Jess yo os engendr por el evangelio.
Por tanto, os ruego que me imitis.<CM>
Por lo cual os he enviado  Timoteo, que es mi hijo amado y fiel en el Seor, el cual os amonestar de mis caminos cules sean en Cristo, de la manera que enseo en todas partes en todas las iglesias.
Mas algunos estn envanecidos, como si nunca hubiese yo de ir  vosotros.
Empero ir presto  vosotros, si el Seor quisiere; y entender, no las palabras de los que andan hinchados, sino la virtud.
Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en virtud.
Qu queris? ir  vosotros con vara,  con caridad y espritu de mansedumbre?<CM>
DE cierto se oye que hay entre vosotros fornicacin, y tal fornicacin cual ni aun se nombra entre los Gentiles; tanto que alguno tenga la mujer de su padre.
Y vosotros estis hinchados, y no ms bien tuvisteis duelo, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que hizo tal obra.
Y ciertamente, como ausente con el cuerpo, mas presente en espritu, ya como presente he juzgado al que esto as ha cometido:
En el nombre del Seor nuestro Jesucristo, juntados vosotros y mi espritu, con la facultad de nuestro Seor Jesucristo,
El tal sea entregado  Satans para muerte de la carne, porque el espritu sea salvo en el da del Seor Jess.
No es buena vuestra jactancia. No sabis que un poco de levadura leuda toda la masa?<CM>
Limpiad pues la vieja levadura, para que seis nueva masa, como sois sin levadura: porque nuestra pascua, que es Cristo, fu sacrificada por nosotros.
As que hagamos fiesta, no en la vieja levadura, ni en la levadura de malicia y de maldad, sino en zimos de sinceridad y de verdad.<CM>
Os he escrito por carta, que no os envolvis con los fornicarios:
No absolutamente con los fornicarios de este mundo,  con los avaros,  con los ladrones,  con los idlatras; pues en tal caso os sera menester salir del mundo.
Mas ahora os he escrito, que no os envolvis, es  saber, que si alguno llamndose hermano fuere fornicario,  avaro,  idlatra,  maldiciente,  borracho,  ladrn, con el tal ni aun comis.
Porque qu me va  m en juzgar  los que estn fuera? No juzgis vosotros  los que estn dentro?
Porque  los que estn fuera, Dios juzgar: quitad pues  ese malo de entre vosotros.<CM>
OSA alguno de vosotros, teniendo algo con otro, ir  juicio delante de los injustos, y no delante de los santos?
O no sabis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, sois indignos de juzgar cosas muy pequeas?
O no sabis que hemos de juzgar  los angeles? cunto ms las cosas de este siglo?
Por tanto, si hubiereis de tener juicios de cosas de este siglo, poned para juzgar  los que son de menor estima en la iglesia.
Para avergonzaros lo digo. Pues qu, no hay entre vosotros sabio, ni aun uno que pueda juzgar entre sus hermanos;
Sino que el hermano con el hermano pleitea en juicio, y esto ante los infieles?
As que, por cierto es ya una falta en vosotros que tengis pleitos entre vosotros mismos. Por qu no sufrs antes la injuria? por qu no sufrs antes ser defraudados?
Empero vosotros hacis la injuria, y defraudis, y esto  los hermanos.<CM>
No sabis que los injustos no poseern el reino de Dios? No erris, que ni los fornicarios, ni los idlatras, ni los adlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones,
Ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los robadores, heredarn el reino de Dios.
Y esto erais algunos: mas ya sois lavados, mas ya sois santificados, mas ya sois justificados en el nombre del Seor Jess, y por el Espritu de nuestro Dios.<CM>
Todas las cosas me son lcitas, mas no todas convienen: todas las cosas me son lcitas, mas yo no me meter debajo de potestad de nada.
Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; empero y  l y  ellas deshar Dios. Mas el cuerpo no es para la fornicacin, sino para el Seor; y el Seor para el cuerpo:
Y Dios que levant al Seor, tambin  nosotros nos levantar con su poder.
No sabis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? Quitar pues los miembros de Cristo, y los har miembros de una ramera? Lejos sea.
O no sabis que el que se junta con una ramera, es hecho con ella un cuerpo? porque sern, dice, los dos en una carne.
Empero el que se junta con el Seor, un espritu es.
Huid la fornicacin. Cualquier otro pecado que el hombre hiciere, fuera del cuerpo es; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca.
O ignoris que vuestro cuerpo es templo del Espritu Santo, el cual est en vosotros, el cual tenis de Dios, y que no sois vuestros?
Porque comprados sois por precio: glorificad pues  Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espritu, los cuales son de Dios.<CM>
CUANTO  las cosas de que me escribisteis, bien es al hombre no tocar mujer.
Mas  causa de las fornicaciones, cada uno tenga su mujer, y cada una tenga su marido.
El marido pague  la mujer la debida benevolencia; y asimismo la mujer al marido.
La mujer no tiene potestad de su propio cuerpo, sino el marido:  igualmente tampoco el marido tiene potestad de su propio cuerpo, sino la mujer.
No os defraudis el uno al otro,  no ser por algn tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos en la oracin: y volved  juntaros en uno, porque no os tiente Satans  causa de vuestra incontinencia.
Mas esto digo por permisin, no por mandamiento.
Quisiera ms bien que todos los hombres fuesen como yo: empero cada uno tiene su propio don de Dios; uno  la verdad as, y otro as.
Digo pues  los solteros y  las viudas, que bueno les es si se quedaren como yo.
Y si no tienen don de continencia, csense; que mejor es casarse que quemarse.<CM>
Mas  los que estn juntos en matrimonio, denuncio, no yo, sino el Seor: Que la mujer no se aparte del marido;
Y si se apartare, que se quede sin casar,  reconcliese con su marido; y que el marido no despida  su mujer.
Y  los dems yo digo, no el Seor: si algn hermano tiene mujer infiel, y ella consiente en habitar con l, no la despida.
Y la mujer que tiene marido infiel, y l consiente en habitar con ella, no lo deje.
Porque el marido infiel es santificado en la mujer, y la mujer infiel en el marido: pues de otra manera vuestros hijos seran inmundos; empero ahora son santos.
Pero si el infiel se aparta, aprtese: que no es el hermano  la hermana sujeto  servidumbre en semejante caso; antes  paz nos llam Dios.
Porque de dnde sabes, oh mujer, si quiz hars salva  tu marido?  de dnde sabes, oh marido, si quiz hars salvo  tu mujer?<CM>
Empero cada uno como el Seor le reparti, y como Dios llam  cada uno, as ande: y as enseo en todas las iglesias.
Es llamado alguno circuncidado? qudese circunciso. Es llamado alguno incircuncidado? que no se circuncide.
La circuncisin nada es, y la incircuncisin nada es; sino la observancia de las mandamientos de Dios.
Cada uno en la vocacin en que fu llamado, en ella se quede.
Eres llamado siendo siervo? no se te d cuidado; mas tambin si puedes hacerte libre, procralo ms.
Porque el que en el Seor es llamado siendo siervo, liberto es del Seor: asimismo tambin el que es llamado siendo libre, siervo es de Cristo.
Por precio sois comprados; no os hagis siervos de los hombres.
Cada uno, hermanos, en lo que es llamado, en esto se quede para con Dios.<CM>
Empero de las vrgenes no tengo mandamiento del Seor; mas doy mi parecer, como quien ha alcanzado misericordia del Seor para ser fiel.
Tengo, pues, esto por bueno  causa de la necesidad que apremia, que bueno es al hombre estarse as.
Ests ligado  mujer? no procures soltarte. Estis suelto de mujer? no procures mujer.
Mas tambin si tomares mujer, no pecaste; y si la doncella se casare, no pec: pero afliccin de carne tendrn los tales; mas yo os dejo.
Esto empero digo, hermanos, que el tiempo es corto: lo que resta es, que los que tienen mujeres sean como los que no las tienen,
Y los que lloran, como los que no lloran; y los que se huelgan, como los que no se huelgan; y los que compran, como los que no poseen;
Y los que usan de este mundo, como los que no usan: porque la apariencia de este mundo se pasa.
Quisiera, pues, que estuvieseis sin congoja. El soltero tiene cuidado de las cosas que son del Seor, cmo ha de agradar al Seor:
Empero el que se cas tiene cuidado de las cosas que son del mundo, cmo ha de agradar  su mujer.
Hay asimismo diferencia entre la casada y la doncella: la doncella tiene cuidado de las cosas del Seor, para ser santa as en el cuerpo como en el espritu: mas la casada tiene cuidado de las cosas del mundo, cmo ha de agradar  su marido.
Esto empero digo para vuestro provecho; no para echaros lazo, sino para lo honesto y decente, y para que sin impedimento os lleguis al Seor.<CM>
Mas, si  alguno parece cosa fea en su hija virgen, que pase ya de edad, y que as conviene que se haga, haga lo que quisiere, no peca; csese.
Pero el que est firme en su corazn, y no tiene necesidad, sino que tiene libertad de su voluntad, y determin en su corazn esto, el guardar su hija virgen, bien hace.
As que, el que la da en casamiento, bien hace; y el que no la da en casamiento, hace mejor.<CM>
La mujer casada est atada  la ley, mientras vive su marido; mas si su marido muriere, libre es: csese con quien quisiere, con tal que sea en el Seor.
Empero ms venturosa ser si se quedare as, segn mi consejo; y pienso que tambin yo tengo Espritu de Dios.<CM>
Y POR lo que hace  lo sacrificado  los dolos, sabemos que todos tenemos ciencia. La ciencia hincha, mas la caridad edifica.
Y si alguno se imagina que sabe algo, aun no sabe nada como debe saber.
Mas si alguno ama  Dios, el tal es conocido de l.<CM>
Acerca, pues, de las viandas que son saacrificadas  los dolos, sabemos que el dolo nada es en el mundo, y que no hay ms de un Dios.
Porque aunque haya algunos que se llamen dioses,  en el cielo,  en la tierra (como hay muchos dioses y muchos seores),
Nosotros empero no tenemos ms de un Dios, el Padre, del cual son todas las cosas, y nosotros en l: y un Seor Jesucristo, por el cual son todas las cosas, y nosotros por l.<CM>
Mas no en todos hay esta ciencia: porque algunos con conciencia del dolo hasta aqu, comen como sacrificado  dolos; y su conciencia, siendo flaca, es contaminada.
Si bien la vianda no nos hace ms aceptos  Dios: porque ni que comamos, seremos ms ricos; ni que no comamos, seremos ms pobres.
Mas mirad que esta vuestra libertad no sea tropezadero  los que son flacos.
Porque si te ve alguno,  ti que tienes ciencia, que ests sentado  la mesa en el lugar de los dolos, la conciencia de aquel que es flaco, no ser adelantada  comer de lo sacrificado  los dolos?
Y por tu ciencia se perder el hermano flaco por el cual Cristo muri.
De esta manera, pues, pecando contra los hermanos,  hiriendo su flaca conciencia, contra Cristo pecis.
Por lo cual, si la comida es  mi hermano ocasin de caer, jams comer carne por no escandalizar  mi hermano.<CM>
NO soy apstol? no soy libre? no he visto  Jess el Seor nuestro? no sois vosotros mi obra en el Seor?
Si  los otros no soy apstol,  vosotros ciertamente lo soy: porque el sello de mi apostolado sois vosotros en el Seor.<CM>
Esta es mi respuesta  los que me preguntan.
Qu, no tenemos potestad de comer y de beber?
No tenemos potestad de traer con nosotros una hermana mujer tambin como los otros apstoles, y los hermanos del Seor, y Cefas?
O slo yo y Bernab no tenemos potestad de no trabajar?
Quin jams pele  sus expensas? quin planta via, y no come de su fruto?  quin apacienta el ganado, y no come de la leche del ganado?
Digo esto segn los hombres? no dice esto tambin la ley?
Porque en la ley de Moiss est escrito: No pondrs bozal al buey que trilla. Tiene Dios cuidado de los bueyes?
O dcelo enteramente por nosotros? Pues por nosotros est escrito: porque con esperanza ha de arar el que ara; y el que trilla, con esperanza de recibir el fruto.
Si nosotros os sembramos lo espiritual, es gran cosa si segremos lo vuestro carnal?
Si otros tienen en vosotros esta potestad, no ms bien nosotros? Mas no hemos usado de esta potestad: antes lo sufrimos todo, por no poner ningn obstculo al evangelio de Cristo.
No sabis que los que trabajan en el santuario, comen del santuario; y que los que sirven al altar, del altar participan?
As tambin orden el Seor  los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio.<CM>
Mas yo de nada de esto me aprovech: ni tampoco he escrito esto para que se haga as conmigo; porque tengo por mejor morir, antes que nadie haga vana esta mi gloria.
Pues bien que anuncio el evangelio, no tengo por qu gloriarme porque me es impuesta necesidad; y ay de m si no anunciare el evangelio!
Por lo cual, si lo hago de voluntad, premio tendr; mas si por fuerza, la dispensacin me ha sido encargada.
Cul, pues, es mi merced? Que predicando el evangelio, ponga el evangelio de Cristo de balde, para no usar mal de mi potestad en el evangelio.<CM>
Por lo cual, siendo libre para con todos, me he hecho siervo de todos por ganar  ms.
Heme hecho  los Judos como Judo, por ganar  los Judos;  los que estn sujetos  la ley (aunque yo no sea sujeto  la ley) como sujeto  la ley, por ganar  los que estn sujetos  la ley;
A los que son sin ley, como si yo fuera sin ley, (no estando yo sin ley de Dios, mas en la ley de Cristo) por ganar  los que estaban sin ley.
Me he hecho  los flacos flaco, por ganar  los flacos:  todos me he hecho todo, para que de todo punto salve  algunos.
Y esto hago por causa del evangelio, por hacerme juntamente participante de l.<CM>
No sabis que los que corren en el estadio, todos  la verdad corren, mas uno lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengis.
Y todo aquel que lucha, de todo se abstiene: y ellos,  la verdad, para recibir una corona corruptible; mas nosotros, incorruptible.
As que, yo de esta manera corro, no como  cosa incierta; de esta manera peleo, no como quien hiere el aire:
Antes hiero mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre; no sea que, habiendo predicado  otros, yo mismo venga  ser reprobado.<CM>
PORQUE no quiero, hermanos, que ignoris que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron la mar;
Y todos en Moiss fueron bautizados en la nube y en la mar;
Y todos comieron la misma vianda espiritual;
Y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque beban de la piedra espiritual que los segua, y la piedra era Cristo.
Mas de muchos de ellos no se agrad Dios; por lo cual fueron postrados en el desierto.<CM>
Empero estas cosas fueron en figura de nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron.
Ni seis honradores de dolos, como algunos de ellos, segn est escrito: Sentse el pueblo  comer y  beber, y se levantaron  jugar.
Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un da veinte y tres mil.
Ni tentemos  Cristo, como tambin algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes.
Ni murmuris, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor.
Y estas cosas les acontecieron en figura; y son escritas para nuestra admonicin, en quienes los fines de los siglos han parado.
As que, el que piensa estar firme, mire no caiga.
No os ha tomado tentacin, sino humana: mas fiel es Dios, que no os dejar ser tentados ms de lo que podes llevar; antes dar tambin juntamente con la tentacin la salida, para que podis aguantar.
Por tanto, amados mos, huid de la idolatra.<CM>
Como  sabios hablo; juzgad vosotros lo que digo.
La copa de bendicin que bendecimos, no es la comunin de la sangre de Cristo? El pan que partimos, no es la comunin del cuerpo de Cristo?
Porque un pan, es que muchos somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel un pan.
Mirad  Israel segn la carne: los que comen de los sacrificios no son partcipes con el altar?
Qu pues digo? Que el dolo es algo?  que sea algo lo que es sacrificado  los dolos?
Antes digo que lo que los Gentiles sacrifican,  los demonios lo sacrifican, y no  Dios: y no querra que vosotros fueseis partcipes con los demonios.
No podis beber la copa del Seor, y la copa de los demonios: no podis ser partcipes de la mesa del Seor, y de la mesa de los demonios.
O provocaremos  celo al Seor? Somos ms fuertes que l?<CM>
Todo me es lcito, mas no todo conviene: todo me es lcito, mas no todo edifica.
Ninguno busque su propio bien, sino el del otro.
De todo lo que se vende en la carnicera, comed, sin preguntar nada por causa de la conciencia;
Porque del Seor es la tierra y lo que la hinche.
Y si algn infiel os llama, y queris ir, de todo lo que se os pone delante comed, sin preguntar nada por causa de la conciencia.
Mas si alguien os dijere: Esto fu sacrificado  los dolos: no lo comis, por causa de aquel que lo declar, y por causa de la conciencia: porque del Seor es la tierra y lo que la hinche.
La conciencia, digo, no tuya, sino del otro. Pues por qu ha de ser juzgada mi libertad por otra conciencia?
Y si yo con agradecimiento participo, por qu he de ser blasfemado por lo que doy gracias?
Si pues comis,  bebis,  hacis otra cosa, haced lo todo  gloria de Dios.
Sed sin ofensa  Judos, y  Gentiles, y  la iglesia de Dios;
Como tambin yo en todas las cosas complazco  todos, no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos.<CM>
SED imitadores de m, as como yo de Cristo.
Y os alabo, hermanos, que en todo os acordis de mi, y retenis las instrucciones mas, de la manera que os ense.
Mas quiero que sepis, que Cristo es la cabeza de todo varn; y el varn es la cabeza de la mujer; y Dios la cabeza de Cristo.
Todo varn que ora  profetiza cubierta la cabeza, afrenta su cabeza.
Mas toda mujer que ora  profetiza no cubierta su cabeza, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se rayese.
Porque si la mujer no se cubre, trasqulese tambin: y si es deshonesto  la mujer trasquilarse  raerse, cbrase.
Porque el varn no ha de cubrir la cabeza, porque es imagen y gloria de Dios: mas la mujer es gloria del varn.
Porque el varn no es de la mujer, sino la mujer del varn.
Porque tampoco el varn fu criado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varn.
Por lo cual, la mujer debe tener seal de potestad sobre su cabeza, por causa de los ngeles.
Mas ni el varn sin la mujer, ni la mujer sin el varn, en el Seor.
Porque como la mujer es del varn, as tambin el varn es por la mujer: empero todo de Dios.
Juzgad vosotros mismos: es honesto orar la mujer  Dios no cubierta?
La misma naturaleza no os ensea que al hombre sea deshonesto criar cabello?
Por el contrario,  la mujer criar el cabello le es honroso; porque en lugar de velo le es dado el cabello.
Con todo eso, si alguno parece ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios.<CM>
Esto empero os denuncio, que no alabo, que no por mejor sino por peor os juntis.
Porque lo primero, cuando os juntis en la iglesia, oigo que hay entre vosotros disensiones; y en parte lo creo.
Porque preciso es que haya entre vosotros aun herejas, para que los que son probados se manifiesten entre vosotros.
Cuando pues os juntis en uno, esto no es comer la cena del Seor.
Porque cada uno toma antes para comer su propia cena; y el uno tiene hambre, y el otro est embriagado.
Pues qu, no tenis casas en que comis y bebis?  menospreciis la iglesia de Dios, y avergonzis  los que no tienen? Qu os dir? os alabar? En esto no os alabo.<CM>
Porque yo recib del Seor lo que tambin os he enseado: Que el Seor Jess, la noche que fu entregado, tom pan;
Y habiendo dado gracias, lo parti, y dijo: Tomad, comed: esto es mi cuerpo que por vosotros es partido: haced esto en memoria de m.
Asimismo tom tambin la copa, despus de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre: haced esto todas las veces que bebiereis, en memoria de m.
Porque todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Seor anunciis hasta que venga.
De manera que, cualquiera que comiere este pan  bebiere esta copa del Seor indignamente, ser culpado del cuerpo y de la sangre del Seor.
Por tanto, prubese cada uno  s mismo, y coma as de aquel pan, y beba de aquella copa.
Porque el que come y bebe indignamente, juicio come y bebe para s, no discerniendo el cuerpo del Seor.
Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros; y muchos duermen.
Que si nos examinsemos  nosotros mismos, cierto no seramos juzgados.
Mas siendo juzgados, somos castigados del Seor, para que no seamos condenados con el mundo.
As, que, hermanos mos, cuando os juntis  comer, esperaos unos  otros.
Si alguno tuviere hambre, coma en su casa, porque no os juntis para juicio. Las dems cosas ordenar cuando llegare.<CM>
Y ACERCA de los dones espirituales, no quiero, hermanos, que ignoris.
Sabis que cuando erais Gentiles, ibais, como erais llevados, a los dolos mudos.
Por tanto os hago saber, que nadie que hable por Espritu de Dios, llama anatema  Jess; y nadie puede llamar  Jess Seor, sino por Espritu Santo.
Empero hay repartimiento de dones; mas el mismo Espritu es.
Y hay repartimiento de ministerios; mas el mismo Seor es.
Y hay repartimiento de operaciones; mas el mismo Dios es el que obra todas las cosas en todos.
Empero  cada uno le es dada manifestacin del Espritu para provecho.
Porque  la verdad,  ste es dada por el Espritu palabra de sabidura;  otro, palabra de ciencia segn el mismo Espritu;
A otro, fe por el mismo Espritu, y  otro, dones de sanidades por el mismo Espritu;
A otro, operaciones de milagros, y  otro, profeca; y  otro, discrecin de espritus; y  otro, gneros de lenguas; y  otro, interpretacin de lenguas.
Mas todas estas cosas obra uno y el mismo Espritu, repartiendo particularmente  cada uno como quiere.<CM>
Porque de la manera que el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, empero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un cuerpo, as tambin Cristo.
Porque por un Espritu somos todos bautizados en un cuerpo, ora Judos  Griegos, ora siervos  libres; y todos hemos bebido de un mismo Espritu.
Pues ni tampoco el cuerpo es un miembro, sino muchos.
Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo: por eso no ser del cuerpo?
Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo: por eso no ser del cuerpo?
Si todo el cuerpo fuese ojo, dnde estara el odo? Si todo fuese odo, dnde estara el olfato?
Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como quiso.
Que si todos fueran un miembro, dnde estuviera el cuerpo?
Mas ahora muchos miembros son  la verdad, empero un cuerpo.
Ni el ojo puede decir  la mano: No te he menester: ni asimismo la cabeza  los pies: No tengo necesidad de vosotros.
Antes, mucho ms los miembros del cuerpo que parecen ms flacos, son necesarios;
Y  aquellos del cuerpo que estimamos ser ms viles,  stos vestimos ms honrosamente; y los que en nosotros son menos honestos, tienen ms compostura.
Porque los que en nosotros son ms honestos, no tienen necesidad: mas Dios orden el cuerpo, dando ms abundante honor al que le faltaba;
Para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se interesen los unos por los otros.
Por manera que si un miembro padece, todos los miembros  una se duelen; y si un miembro es honrado, todos los miembros  una se gozan.<CM>
Pues vosotros sois el cuerpo de Cristo, y miembros en parte.
Y  unos puso Dios en la iglesia, primeramente apstoles, luego profetas, lo tercero doctores; luego facultades; luego dones de sanidades, ayudas, gobernaciones, gneros de lenguas.
Son todos apstoles? son todos profetas? todos doctores? todos facultades?
Tienen todos dones de sanidad? hablan todos lenguas? interpretan todos?
Empero procurad los mejores dones; mas aun yo os muestro un camino ms excelente.<CM>
SI yo hablase lenguas humanas y anglicas, y no tengo caridad, vengo  ser como metal que resuena,  cmbalo que retie.
Y si tuviese profeca, y entendiese todos los misterios y toda ciencia; y si tuviese toda la fe, de tal manera que traspasase los montes, y no tengo caridad, nada soy.
Y si repartiese toda mi hacienda para dar de comer a pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo caridad, de nada me sirve.<CM>
La caridad es sufrida, es benigna; la caridad no tiene envidia, la caridad no hace sinrazn, no se ensancha;
No es injuriosa, no busca lo suyo, no se irrita, no piensa el mal;
No se huelga de la injusticia, mas se huelga de la verdad;
Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.<CM>
La caridad nunca deja de ser: mas las profecas se han de acabar, y cesarn las lenguas, y la ciencia ha de ser quitada;
Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos;
Mas cuando venga lo que es perfecto, entonces lo que es en parte ser quitado.
Cuando yo era nio, hablaba como nio, pensaba como nio, juzgaba como nio, mas cuando ya fu hombre hecho, dej lo que era de nio.
Ahora vemos por espejo, en obscuridad; mas entonces veremos cara  cara: ahora conozco en parte; mas entonces conocer como soy conocido.
Y ahora permanecen la fe, la esperanza, y la caridad, estas tres: empero la mayor de ellas es la caridad.<CM>
SEGUID la caridad; y procurad los dones espirituales, mas sobre todo que profeticis.
Porque el que habla en lenguas, no habla  los hombres, sino  Dios; porque nadie le entiende, aunque en espritu hable misterios.
Mas el que profetiza, habla  los hombres para edificacin, y exhortacin, y consolacin.
El que habla lengua extraa,  s mismo se edifica; mas el que porfetiza, edifica  la iglesia.
As que, quisiera que todos vosotros hablaseis lenguas, empero ms que profetizaseis: porque mayor es el que profetiza que el que habla lenguas, si tambin no interpretare, para que la iglesia tome edificacin.<CM>
Ahora pues, hermanos, si yo fuere  vosotros hablando lenguas, qu os aprovechar, si no os hablare,  con revelacin,  con ciencia,  con profeca,  con doctrina?
Ciertamente las cosas inanimadas que hacen sonidos, como la flauta  la vihuela, si no dieren distincin de voces, com se sabr lo que se tae con la flauta,  con la vihuela?
Y si la trompeta diere sonido incierto, quin se apercibir  la batalla?
As tambin vosotros, si por la lengua no diereis palabra bien significante, cmo se entender lo que se dice? porque hablaris al aire.
Tantos gneros de voces, por ejemplo, hay en el mundo, y nada hay mudo;
Mas si yo ignorare el valor de la voz, ser brbaro al que habla, y el que habla ser brbaro para m.
As tambin vosotros; pues que anhelis espirituales dones, procurad ser excelentes para la edificacin de la iglesia.
Por lo cual, el que habla lengua extraa, pida que la interprete.
Porque si yo orare en lengua desconocida, mi espritu ora; mas mi entendimiento es sin fruto.<CM>
Qu pues? Orar con el espritu, mas orar tambin con entendimiento; cantar con el espritu, mas cantar tambin con entendimiento.
Porque si bendijeres con el espritu, el que ocupa lugar de un mero particular, cmo dir amn  tu accin de gracias? pues no sabe lo que has dicho.
Porque t,  la verdad, bien haces gracias; mas el otro no es edificado.
Doy gracias  Dios que hablo lenguas ms que todos vosotros:
Pero en la iglesia ms quiero hablar cinco palabras con mi sentido, para que ensee tambin  los otros, que diez mil palabras en lengua desconocida.
Hermanos, no seis nios en el sentido, sino sed nios en la malicia: empero perfectos en el sentido.<CM>
En la ley est escrito: En otras lenguas y en otros labios hablar  este pueblo; y ni aun as me oirn, dice el Seor.
As que, las lenguas por seal son, no  los fieles, sino  los infieles: mas la profeca, no  los infieles, sino  los fieles.
De manera que, si toda la iglesia se juntare en uno, y todos hablan lenguas, y entran indoctos  infieles, no dirn que estis locos?
Mas si todos profetizan, y entra algn infiel  indocto, de todos es convencido, de todos es juzgado;
Lo oculto de su corazn se hace manifiesto: y as, postrndose sobre el rostro, adorar  Dios, declarando que verdaderamente Dios est en vosotros.<CM>
Qu hay pues, hermanos? Cuando os juntis, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelacin, tiene interpretacin: hagse todo para edificacin.
Si hablare alguno en lengua extraa, sea esto por dos,   lo ms tres, y por turno; mas uno interprete.
Y si no hubiere intrprete, calle en la iglesia, y hable  s mismo y  Dios.
Asimismo, los profetas hablen dos  tres, y los dems juzguen.
Y si  otro que estuviere sentado, fuere revelado, calle el primero.
Porque podis todos profetizar uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados.
Y los espritus de los que profetizaren, sujtense  los profetas;
Porque Dios no es Dios de disensin, sino de paz; como en todas las iglesias de los santos.<CM>
Vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estn sujetas, como tambin la ley dice.
Y si quieren aprender alguna cosa, pregunten en casa  sus maridos; porque deshonesta cosa es hablar una mujer en la congregacin.<CM>
Qu, ha salido de vosotros la palabra de Dios?   vosotros solos ha llegado?
Si alguno  su parecer, es profeta,  espiritual, reconozca lo que os escribo, porque son mandamientos del Seor.
Mas el que ignora, ignore.
As que, hermanos, procurad profetizar; y no impidis el hablar lenguas.
Empero hagse todo decentemente y con orden.<CM>
ADEMAS os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual tambin recibisteis, en el cual tambin perseveris;
Por el cual asimismo, si retenis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no cresteis en vano.
Porque primeramente os he enseado lo que asimismo recib: Que Cristo fu muerto por nuestros pecados conforme  las Escrituras;
Y que fu sepultado, y que resucit al tercer da, conforme  las Escrituras;
Y que apareci  Cefas, y despus  los doce.
Despus apareci  ms de quinientos hermanos juntos; de los cuales muchos viven an, y otros son muertos.
Despus apareci  Jacobo; despus  todos los apstoles.
Y el postrero de todos, como  un abortivo, me apareci  m.
Porque yo soy el ms pequeo de los apstoles, que no soy digno de ser llamado apstol, porque persegu la iglesia de Dios.
Empero por la gracia de Dios soy lo que soy: y su gracia no ha sido en vano para conmigo; antes he trabajado ms que todos ellos: pero no yo, sino la gracia de Dios que fu conmigo.
Porque,  sea yo  sean ellos, as predicamos, y as habis credo.<CM>
Y si Cristo es predicado que resucit de los muertos cmo dicen algunos entre vosotros que no hay resurreccin de muertos?
Porque si no hay resurreccin de muertos, Cristo tampoco resucit:
Y si Cristo no resucit, vana es entonces nuestra predicacin, vana es tambin vuestra fe.
Y aun somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que l haya levantado  Cristo; al cual no levant, si en verdad los muertos no resucitan.
Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucit.
Y si Cristo no resucit, vuestra fe es vana; aun estis en vuestros pecados.
Entonces tambin los que durmieron en Cristo son perdidos.
Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, los ms miserables somos de todos los hombres.<CM>
Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho.
Porque por cuanto la muerte entr por un hombre, tambin por un hombre la resurreccin de los muertos.
Porque as como en Adam todos mueren, as tambin en Cristo todos sern vivificados.
Mas cada uno en su orden: Cristo las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida.
Luego el fin; cuando entregar el reino  Dios y al Padre, cuando habr quitado todo imperio, y toda potencia y potestad.
Porque es menester que l reine, hasta poner  todos sus enemigos debajo de sus pies.
Y el postrer enemigo que ser deshecho, ser la muerte.
Porque todas las cosas sujet debajo de sus pies. Y cuando dice: Todas las cosas son sujetadas  l, claro est exceptuado aquel que sujet  l todas las cosas.
Mas luego que todas las cosas le fueren sujetas, entonces tambin el mismo Hijo se sujetar al que le sujet  l todas las cosas, para que Dios sea todas las cosas en todos.
De otro modo, qu harn los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? Por qu pues se bautizan por los muertos?
Y por qu nosotros peligramos  toda hora?
S, por la gloria que en orden  vosotros tengo en Cristo Jess Seor nuestro, cada da muero.
Si como hombre batall en Efeso contra las bestias, qu me aprovecha? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, que maana moriremos.
No erris: las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres.
Velad debidamente, y no pequis; porque algunos no conocen  Dios: para vergenza vuestra hablo.<CM>
Mas dir alguno: Cmo resucitarn los muertos? Con qu cuerpo vendrn?
Necio, lo que t siembras no se vivifica, si no muriere antes.
Y lo que siembras, no siembras el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, acaso de trigo,  de otro grano:
Mas Dios le da el cuerpo como quiso, y  cada simiente su propio cuerpo.
Toda carne no es la misma carne; mas una carne ciertamente es la de los hombres, y otra carne la de los animales, y otra la de los peces, y otra la de las aves.
Y cuerpos hay celestiales, y cuerpos terrestres; mas ciertamente una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrestres:
Otra es la gloria del sol, y otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas: porque una estrella es diferente de otra en gloria.
As tambin es la resurreccin de los muertos. Se siembra en corrupcin se levantar en incorrupcin;
Se siembra en vergenza, se levantar con gloria; se siembra en flaqueza, se levantar con potencia;
Se siembra cuerpo animal, resucitar espiritual cuerpo. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual.
As tambin est escrito: Fu hecho el primer hombre Adam en nima viviente; el postrer Adam en espritu vivificante.
Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual.
El primer hombre, es de la tierra, terreno: el segundo hombre que es el Seor, es del cielo.
Cual el terreno, tales tambin los terrenos; y cual el celestial, tales tambin los celestiales.
Y como trajimos la imagen del terreno, traeremos tambin la imagen del celestial.
Esto empero digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios; ni la corrupcin hereda la incorrupcin.<CM>
He aqu, os digo un misterio: Todos ciertamente no dormiremos, mas todos seremos transformados.
En un momento, en un abrir de ojo,  la final trompeta; porque ser tocada la trompeta, y los muertos sern levantados sin corrupcin, y nosotros seremos transformados.
Porque es menester que esto corruptible sea vestido de incorrupcin, y esto mortal sea vestido de inmortalidad.
Y cuando esto corruptible fuere vestido de incorrupcin, y esto mortal fuere vestido de inmortalidad, entonces se efectuar la palabra que est escrita: Sorbida es la muerte con victoria.
Dnde est, oh muerte, tu aguijn? dnde, oh sepulcro, tu victoria?
Ya que el aguijn de la muerte es el pecado, y la potencia del pecado, la ley.
Mas  Dios gracias, que nos da la victoria por el Seor nuestro Jesucristo.<CM>
As que, hermanos mos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Seor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Seor no es vano.<CM>
CUANTO  la colecta para los santos, haced vosotros tambin de la manera que orden en las iglesias de Galacia.
Cada primer da de la semana cada uno de vosotros aparte en su casa, guardando lo que por la bondad de Dios pudiere; para que cuando yo llegare, no se hagan entonces colectas.
Y cuando habr llegado, los que aprobareis por cartas,  stos enviar que lleven vuestro beneficio  Jerusalem.
Y si fuere digno el negocio de que yo tambin vaya, irn conmigo.<CM>
Y  vosotros ir, cuando hubiere pasado por Macedonia, porque por Macedonia tengo de pasar.
Y podr ser que me quede con vosotros,  invernar tambin, para que vosotros me llevis  donde hubiere de ir.
Porque no os quiero ahora ver de paso; porque espero estar con vosotros algn tiempo, si el Seor lo permitiere.
Empero estar en Efeso hasta Pentecosts;
Porque se me ha abierto puerta grande y eficaz, y muchos son los adversarios.<CM>
Y si llegare Timoteo, mirad que est con vosotros seguramente; porque la obra del Seor hace tambin como yo.
Por tanto, nadie le tenga en poco; antes, llevadlo en paz, para que venga  m: porque lo espero con los hermanos.
Acerca del hermano Apolos, mucho le he rogado que fuese  vosotros con los hermanos; mas en ninguna manera tuvo voluntad de ir por ahora; pero ir cuando tuviere oportunidad.<CM>
Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos.
Todas vuestras cosas sean hechas con caridad.
Y os ruego, hermanos, (ya sabis que la casa de Estfanas es las primicias de Acaya, y que se han dedicado al ministerio de los santos,)
Que vosotros os sujetis  los tales, y  todos los que ayudan y trabajan.
Hulgome de la venida de Estfanas y de Fortunato y de Achico: porque stos suplieron lo que  vosotros faltaba.
Porque recrearon mi espritu y el vuestro: reconoced pues  los tales.<CM>
Las iglesias de Asia os saludan. Os saludan mucho en el Seor Aquila y Priscila, con la iglesia que est en su casa.
Os saludan todos los hermanos. Saludaos los unos  los otros con sculo santo.
La salutacin de m, Pablo, de mi mano.
El que no amare al Seor Jesucristo, sea anatema. Maranatha.
La gracia del Seor Jesucristo sea con vosotros.
Mi amor en Cristo Jess sea con todos vosotros. Amn.<CM>
PABLO, apstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y Timoteo el hermano,  la iglesia de Dios que est en Corinto, juntamente con todos los santos que estn por toda la Acaya:
Gracia y paz  vosotros de Dios nuestro Padre, y del Seor Jesucristo.<CM>
Bendito sea el Dios y Padre del Seor Jesucristo, el Padre de misericordias, y el Dios de toda consolacin,
El cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos tambin nosotros consolar  los que estn en cualquiera angustia, con la consolacin con que nosotros somos consolados de Dios.
Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, as abunda tambin por el mismo Cristo nuestra consolacin.
Mas si somos atribulados, es por vuestra consolacin y salud; la cual es obrada en el sufrir las mismas aflicciones que nosotros tambin padecemos:  si somos consolados, es por vuestra consolacin y salud;<CM>
Y nuestra esperanza de vosotros es firme; estando ciertos que como sois compaeros de las aflicciones, as tambin lo sois de la consolacin.
Porque hermanos, no queremos que ignoris de nuestra tribulacin que nos fu hecha en Asia; que sobremanera fuimos cargados sobre nuestras fuerzas de tal manera que estuvisemos en duda de la vida.
Mas nosotros tuvimos en nosotros mismos respuesta de muerte, para que no confiemos en nosotros mismos, sino en Dios que levanta los muertos:
El cual nos libr y libra de tanta muerte; en el cual esperamos que aun nos librar;
Ayudndonos tambin vosotros con oracin por nosotros, para que por la merced hecha  nos por respeto de muchos, por muchos sean hechas gracias por nosotros.<CM>
Porque nuestra gloria es esta: el testimonio de nuestra conciencia, que con simplicidad y sinceridad de Dios, no con sabidura carnal, mas con la gracia de Dios, hemos conversado en el mundo, y muy ms con vosotros.
Porque no os escribimos otras cosas de las que leis,  tambin conocis: y espero que aun hasta el fin las conoceris:
Como tambin en parte habis conocido que somos vuestra gloria, as como tambin vosotros la nuestra, para el da del Seor Jess.<CM>
Y con esta confianza quise primero ir  vosotros, para que tuvieseis una segunda gracia;
Y por vosotros pasar  Macedonia, y de Macedonia venir otra vez  vosotros, y ser vuelto de vosotros  Judea.
As que, pretendiendo esto, us quiz de liviandad?  lo que pienso hacer, pinsolo segn la carne, para que haya en m S y No?
Antes, Dios fiel sabe que nuestra palabra para con vosotros no es S y No.
Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, que por nosotros ha sido entre vosotros predicado, por m y Silvano y Timoteo, no ha sido S y No; mas ha sido S en l.
Porque todas las promesas de Dios son en l S, y en l Amn, por nosotros  gloria de Dios.
Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungi, es Dios;
El cual tambin nos ha sellado, y dado la prenda del Espritu en nuestros corazones.
Mas yo llamo  Dios por testigo sobre mi alma, que por ser indulgente con vosotros no he pasado todava  Corinto.
No que nos enseoreemos de vuestra fe, mas somos ayudadores de vuestro gozo: porque por la fe estis firmes.<CM>
ESTO pues determin para conmigo, no venir otra vez  vosotros con tristeza.
Porque si yo os contristo, quin ser luego el que me alegrar, sino aquel  quien yo contristare?
Y esto mismo os escrib, porque cuando llegare no tenga tristeza sobre tristeza de los que me debiera gozar; confiando en vosotros todos que mi gozo es el de todos vosotros.
Porque por la mucha tribulacin y angustia del corazn os escrib con muchas lgrimas; no para que fueseis contristados, mas para que supieseis cunto ms amor tengo para con vosotros.<CM>
Que si alguno me contrist, no me contrist  m, sino en parte, por no cargaros,  todos vosotros.
Bstale al tal esta reprensin hecha de muchos;
As que, al contrario, vosotros ms bien lo perdonis y consolis, porque no sea el tal consumido de demasiada tristeza.
Por lo cual os ruego que confirmis el amor para con l.
Porque tambin por este fin os escrib, para tener experiencia de vosotros si sois obedientes en todo.
Y al que vosotros perdonareis, yo tambin: porque tambin yo lo que he perdonado, si algo he perdonado, por vosotros lo he hecho en persona de Cristo;
Porque no seamos engaados de Satans: pues no ignoramos sus maquinaciones.<CM>
Cuando vine  Troas para el evangelio de Cristo, aunque me fu abierta puerta en el Seor,
No tuve reposo en mi espritu, por no haber hallado  Tito mi hermano: as, despidindome de ellos, part para Macedonia.
Mas  Dios gracias, el cual hace que siempre triunfemos en Cristo Jess, y manifiesta el olor de su conocimiento por nosotros en todo lugar.
Porque para Dios somos buen olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden:
A stos ciertamente olor de muerte para muerte; y  aqullos olor de vida para vida. Y para estas cosas quin es suficiente?
Porque no somos como muchos, mercaderes falsos de la palabra de Dios: antes con sinceridad, como de Dios, delante de Dios, hablamos en Cristo.<CM>
COMENZAMOS otra vez  alabarnos  nosotros mismos?  tenemos necesidad, como algunos, de letras de recomendacin para vosotros,  de recomendacin de vosotros?
Nuestras letras sois vosotros, escritas en nuestros corazones, sabidas y ledas de todos los hombres;
Siendo manifiesto que sois letra de Cristo administrada de nosotros, escrita no con tinta, mas con el Espritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazn.
Y tal confianza tenemos por Cristo para con Dios:
No que seamos suficientes de nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra suficiencia es de Dios;<CM>
El cual asimismo nos hizo ministros suficientes de un nuevo pacto: no de la letra, mas del espritu; porque la letra mata, mas el espritu vivifica.
Y si el ministerio de muerte en la letra grabado en piedras, fu con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudiesen poner los ojos en la faz de Moiss  causa de la gloria de su rostro, la cual haba de perecer,
Cmo no ser ms bien con gloria el ministerio del espritu?
Porque si el ministerio de condenacin fu con gloria, mucho ms abundar en gloria el ministerio de justicia.
Porque aun lo que fu glorioso, no es glorioso en esta parte, en comparacin de la excelente gloria.
Porque si lo que perece tuvo gloria, mucho ms ser en gloria lo que permanece.<CM>
As que, teniendo tal esperanza, hablamos con mucha confianza;
Y no como Moiss, que pona un velo sobre su faz, para que los hijos de Israel no pusiesen los ojos en el fin de lo que haba de ser abolido.
Empero los sentidos de ellos se embotaron; porque hasta el da de hoy les queda el mismo velo no descubierto en la leccin del antiguo testamento, el cual por Cristo es quitado.
Y aun hasta el da de hoy, cuando Moiss es ledo, el velo est puesto sobre el corazn de ellos.
Mas cuando se convirtieren al Seor, el velo se quitar.
Porque el Seor es el Espritu; y donde hay el Espritu del Seor, all hay libertad.
Por tanto, nosotros todos, mirando  cara descubierta como en un espejo la gloria del Seor, somos transformados de gloria en gloria en la misma semejanza, como por el Espritu del Seor.<CM>
POR lo cual teniendo nosotros esta administracin segn la misericordia que hemos alcanzado, no desmayamos;
Antes quitamos los escondrijos de vergenza, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por manifestacin de la verdad encomendndonos  nosotros mismos  toda conciencia humana delante de Dios.
Que si nuestro evangelio est an encubierto, entre los que se pierden est encubierto:
En los cuales el dios de este siglo ceg los entendimientos de los incrdulos, para que no les resplandezca la lumbre del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.
Porque no nos predicamos  nosotros mismos, sino  Jesucristo, el Seor; y nosotros vuestros siervos por Jess.
Porque Dios, que mand que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeci en nuestros corazones, para iluminacin del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.
Tenemos empero este tesoro en vasos de barro, para que la alteza del poder sea de Dios, y no de nosotros:<CM>
Estando atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperamos;
Perseguidos, mas no desamparados; abatidos, mas no perecemos;
Llevando siempre por todas partes la muerte de Jess en el cuerpo, para que tambin la vida de Jess sea manifestada en nuestros cuerpos.
Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados  muerte por Jess, para que tambin la vida de Jess sea manifestada en nuestra carne mortal.
De manera que la muerte obra en nosotros, y en vosotros la vida.
Empero teniendo el mismo espritu de fe, conforme  lo que est escrito: Cre, por lo cual tambin habl: nosotros tambin creemos, por lo cual tambin hablamos;
Estando ciertos que el que levant al Seor Jess,  nosotros tambin nos levantar por Jess, y nos pondr con vosotros.
Porque todas estas cosas padecemos por vosotros, para que abundando la gracia por muchos, en el hacimiento de gracias sobreabunde  gloria de Dios.
Por tanto, no desmayamos: antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior empero se renueva de da en da.
Porque lo que al presente es momentneo y leve de nuestra tribulacin, nos obra un sobremanera alto y eterno peso de gloria;
No mirando nosotros  las cosas que se ven, sino  las que no se ven: porque las cosas que se ven son temporales, mas las que no se ven son eternas.<CM>
PORQUE sabemos, que si la casa terrestre de nuestra habitacin se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna en los cielos.
Y por esto tambin gemimos, deseando ser sobrevestidos de aquella nuestra habitacin celestial;
Puesto que en verdad habremos sido hallados vestidos, y no desnudos.
Porque asimismo los que estamos en este tabernculo, gemimos agravados; porque no quisiramos ser desnudados; sino sobrevestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida.
Mas el que nos hizo para esto mismo, es Dios; el cual nos ha dado la prenda del Espritu.
As que vivimos confiados siempre, y sabiendo, que entre tanto que estamos en el cuerpo, peregrinamos ausentes del Seor;
(Porque por fe andamos, no por vista;)
Mas confiamos, y ms quisiramos partir del cuerpo, y estar presentes al Seor.
Por tanto procuramos tambin,  ausentes,  presentes, serle agradables:
Porque es menester que todos nosotros parezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba segn lo que hubiere hecho por medio del cuerpo, ora sea bueno  malo.
Estando pues posedos del temor del Seor, persuadimos  los hombres, mas  Dios somos manifiestos; y espero que tambin en vuestras conciencias somos manifiestos.<CM>
No nos encomendamos pues otra vez  vosotros, sino os damos ocasin de gloriaros por nosotros, para que tengis qu responder contra los que se gloran en las apariencias, y no en el corazn.
Porque si loqueamos, es para Dios; y si estamos en seso, es para vosotros.
Porque el amor de Cristo nos constrie, pensando esto: Que si uno muri por todos, luego todos son muertos;
Y por todos muri, para que los que viven, ya no vivan para s, mas para aquel que muri y resucit por ellos.<CM>
De manera que nosotros de aqu adelante  nadie conocemos segn la carne: y aun si  Cristo conocimos segn la carne, empero ahora ya no le conocemos.
De modo que si alguno est en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; he aqu todas son hechas nuevas.
Y todo esto es de Dios, el cual nos reconcili  s por Cristo; y nos di el ministerio de la reconciliacin.
Porque ciertamente Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo  s, no imputndole sus pecados, y puso en nosotros la palabra de la reconciliacin.
As que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio nuestro; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.
Al que no conoci pecado, hizo pecado por nosotros, para que nosotros fusemos hechos justicia de Dios en l.<CM>
Y ASI nosotros, como ayudadores juntamente con l, os exhortamos tambin  que no recibis en vano la gracia de Dios,
En tiempo aceptable te he odo, Y en da de salud te he socorrido: he aqu ahora el tiempo aceptable; he aqu ahora el da de salud:)
No dando  nadie ningn escndalo, porque el ministerio nuestro no sea vituperado:
Antes habindonos en todas cosas como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias;
En azotes, en crceles, en alborotos, en trabajos, en vigilias, en ayunos;
En castidad, en ciencia, en longanimidad, en bondad, en Espritu Santo, en amor no fingido;
En palabra de verdad, en potencia de Dios, en armas de justicia  diestro y  siniestro;
Por honra y por deshonra, por infamia y por buena fama; como engaadores, mas hombres de verdad;
Como ignorados, mas conocidos; como muriendo, mas he aqu vivimos; como castigados, mas no muertos;
Como doloridos, mas siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo  muchos; como no teniendo nada, mas poseyndolo todo.<CM>
Nuestra boca est abierta  vosotros, oh Corintios: nuestro corazn es ensanchado.
No estis estrechos en nosotros, mas estis estrechos en vuestras propias entraas.
Pues, para corresponder al propio modo (como  hijos hablo), ensanchaos tambin vosotros.
No os juntis en yugo con los infieles: porque qu compaa tienes la justicia con la injusticia? y qu comunin la luz con las tinieblas?
Y qu concordia Cristo con Belial?  qu parte el fiel con el infiel?
Y qu concierto el templo de Dios con los dolos? porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitar y andar en ellos; y ser el Dios de ellos, y ellos sern mi pueblo.
Por lo cual Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Seor, Y no toquis lo inmundo; Y yo os recibir,
Y ser  vosotros Padre, Y vosotros me seris  m hijos  hijas, dice el Seor Todopoderoso.<CM>
ASI que, amados, pues tenemos tales promesas, limpimonos de toda inmundicia de carne y de espritu, perfeccionando la santificacin en temor de Dios.
Admitidnos:  nadie hemos injuriado,  nadie hemos corrompido,  nadie hemos engaado.
No para condenar os lo digo; que ya he dicho antes que estis en nuestros corazones, para morir y para vivir juntamente.
Mucha confianza tengo de vosotros, tengo de vosotros mucha gloria; lleno estoy de consolacin, sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones.<CM>
Porque aun cuando vinimos  Macedonia, ningn reposo tuvo nuestra carne; antes, en todo fuimos atribulados: de fuera, cuestiones; de dentro, temores.
Mas Dios, que consuela  los humildes, nos consol con la venida de Tito:
Y no slo con su venida, sino tambin con la consolacin con que l fu consolado acerca de vosotros, hacindonos saber vuestro deseo grande, vuestro lloro, vuestro celo por m, para que as me gozase ms.
Porque aunque os contrist por la carta, no me arrepiento, bien que me arrepent; porque veo que aquella carta, aunque por algn tiempo os contrist,
Ahora me gozo, no porque hayis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habis sido contristados segn Dios, para que ninguna prdida padecieseis por nuestra parte.
Porque el dolor que es segn Dios, obra arrepentimiento saludable, de que no hay que arrepentirse; mas el dolor del siglo obra muerte.
Porque he aqu, esto mismo que segn Dios fuisteis contristados, cunta solicitud ha obrado en vosotros, y aun defensa, y aun enojo, y aun temor, y aun gran deseo, y aun celo, y aun vindicacin. En todo os habis mostrado limpios en el negocio.<CM>
As que, aunque os escrib, no fu por causa del que hizo la injuria, ni por causa del que la padeci, mas para que os fuese manifiesta nuestra solicitud que tenemos por vosotros delante de Dios.
Por tanto, tomamos consolacin de vuestra consolacin: empero mucho ms nos gozamos por el gozo de Tito, que haya sido recreado su espritu de todos vosotros.
Pues si algo me he gloriado para con l de vosotros, no he sido avergonzado; antes, como todo lo que habamos dicho de vosotros era con verdad, as tambin nuestra gloria delante de Tito fu hallada verdadera.
Y sus entraas son ms abundantes para con vosotros, cuando se acuerda de la obediencia de todos vosotros, de cmo lo recibisteis con temor y temblor.
Me gozo de que en todo estoy confiado de vosotros.<CM>
ASIMISMO, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que ha sido dada  las iglesias de Macedonia:
Que en grande prueba de tribulacin, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su bondad.
Pues de su grado han dado conforme  sus fuerzas, yo testifico, y aun sobre sus fuerzas;
Pidindonos con muchos ruegos, que aceptsemos la gracia y la comunicacin del servicio para los santos.
Y no como lo esperbamos, mas aun  s mismos se dieron primeramente al Seor, y  nosotros por la voluntad de Dios.
De manera que exhortamos  Tito, que como comenz antes, as tambin acabe esta gracia entre vosotros tambin.<CM>
Por tanto, como en todo abundis, en fe, y en palabra, y en ciencia, y en toda solicitud, y en vuestro amor para con nosotros, que tambin abundis en esta gracia.
No hablo como quien manda, sino para poner  prueba, por la eficacia de otros, la sinceridad tambin de la caridad vuestra.
Porque ya sabis la gracia de nuestro Seor Jesucristo, que por amor de vosotros se hizo pobre, siendo rico; para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.
Y en esto doy mi consejo; porque esto os conviene  vosotros, que comenzasteis antes, no slo  hacerlo, mas aun  quererlo desde el ao pasado.
Ahora pues, llevad tambin  cabo el hecho, para que como estuvisteis prontos  querer, as tambin lo estis en cumplir conforme  lo que tenis.
Porque si primero hay la voluntad pronta, ser acepta por lo que tiene, no por lo que no tiene.
Porque no digo esto para que haya para otros desahogo, y para vosotros apretura;
Sino para que en este tiempo, con igualdad, vuestra abundancia supla la falta de ellos, para que tambin la abundancia de ellos supla vuestra falta, porque haya igualdad;
Como est escrito: El que recogi mucho, no tuvo ms; y el que poco, no tuvo menos.<CM>
Empero gracias  Dios que di la misma solicitud por vosotros en el corazn de Tito.
Pues  la verdad recibi la exhortacin; mas estando tambin muy solcito, de su voluntad parti para vosotros.
Y enviamos juntamente con l al hermano cuya alabanza en el evangelio es por todas las iglesias;
Y no slo esto, mas tambin fu ordenado por las iglesias el compaero de nuestra peregrinacin para llevar esta gracia, que es administrada de nosotros para gloria del mismo Seor, y para demostrar vuestro pronto nimo:
Evitando que nadie nos vitupere en esta abundancia que ministramos;
Procurando las cosas honestas, no slo delante del Seor, mas aun delante de los hombres.
Enviamos tambin con ellos  nuestro hermano, al cual muchas veces hemos experimentado diligente, mas ahora mucho ms con la mucha confianza que tiene en vosotros.
Ora en orden  Tito, es mi compaero y coadjutor para con vosotros;  acerca de nuestros hermanos, los mensajeros son de las iglesias, y la gloria de Cristo.
Mostrad pues, para con ellos  la faz de las iglesias la prueba de vuestro amor, y de nuestra gloria acerca de vosotros.<CM>
PORQUE cuanto  la suministracin para los santos, por dems me es escribiros;
Pues conozco vuestro pronto nimo, del cual me gloro yo entre los de Macedonia, que Acaya est apercibida desde el ao pasado; y vuestro ejemplo ha estimulado  muchos.
Mas he enviado los hermanos, porque nuestra gloria de vosotros no sea vana en esta parte; para que, como lo he dicho, estis apercibidos;
No sea que, si vinieren conmigo Macedonios, y os hallaren desapercibidos, nos avergoncemos nosotros, por no decir vosotros, de este firme gloriarnos.
Por tanto, tuve por cosa necesaria exhortar  los hermanos que fuesen primero  vosotros, y apresten primero vuestra bendicin antes prometida para que est aparejada como de bendicin, y no como de mezquindad.<CM>
Esto empero digo: El que siembra escasamente, tambin segar escasamente; y el que siembra en bendiciones, en bendiciones tambin segar.
Cada uno d como propuso en su corazn: no con tristeza,  por necesidad; porque Dios ama el dador alegre.
Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia;  fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo que basta, abundis para toda buena obra:
Como est escrito: Derram, di  los pobres; Su justicia permanece para siempre.
Y el que da simiente al que siembra, tambin dar pan para comer, y multiplicar vuestra sementera, y aumentar los crecimientos de los frutos de vuestra justicia;
Para que estis enriquecidos en todo para toda bondad, la cual obra por nosotros hacimiento de gracias  Dios.
Porque la suministracin de este servicio, no solamente suple lo que  los santos falta, sino tambin abunda en muchos hacimientos de gracias  Dios:
Que por la experiencia de esta suministracin glorifican  Dios por la obediencia que profesis al evangelio de Cristo, y por la bondad de contribuir para ellos y para todos;
Asimismo por la oracin de ellos  favor vuestro, los cuales os quieren  causa de la eminente gracia de Dios en vosotros.
Gracias  Dios por su don inefable.<CM>
EMPERO yo Pablo, os ruego por la mansedumbre y modestia de Cristo, yo que presente ciertamente soy bajo entre vosotros, mas ausente soy confiado entre vosotros:
Ruego pues, que cuando estuviere presente, no tenga que ser atrevido con la confianza con que estoy en nimo de ser resuelto para con algunos, que nos tienen como si anduvisemos segn la carne.
Pues aunque andamos en la carne, no militamos segn la carne.
(Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destruccin de fortalezas;)
Destruyendo consejos, y toda altura que se levanta contra la ciencia de Dios, y cautivando todo intento  la obediencia, de Cristo;
Y estando prestos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia fuere cumplida.<CM>
Miris las cosas segn la apariencia. Si alguno est confiado en s mismo que es de Cristo, esto tambin piense por s mismo, que como l es de Cristo, as tambin nosotros somos de Cristo.
Porque aunque me glori aun un poco de nuestra potestad (la cual el Seor nos di para edificacin y no para vuestra destruccin), no me avergonzar;
Porque no parezca como que os quiero espantar por cartas.
Porque  la verdad, dicen, las cartas son graves y fuertes; mas la presencia corporal flaca, y la palabra menospreciable.
Esto piense el tal, que cuales somos en la palabra por cartas estando ausentes, tales seremos tambin en hechos, estando presentes.<CM>
Porque no osamos entremeternos  compararnos con algunos que se alaban  s mismos: mas ellos, midindose  s mismos por s mismos, y comparndose consigo mismos no son juiciosos.
Nosotros empero, no nos gloriaremos fuera de nuestra medida, sino conforme  la medida de la regla, de la medida que Dios nos reparti, para llegar aun hasta vosotros.
Porque no nos extendemos sobre nuestra medida, como si no llegsemos hasta vosotros: porque tambin hasta vosotros hemos llegado en el evangelio de Cristo:
No glorindonos fuera de nuestra medida en trabajos ajenos; mas teniendo esperanza del crecimiento de vuestra fe, que seremos muy engrandecidos entre vosotros, conforme  nuestra regla.
Y que anunciaremos el evangelio en los lugares ms all de vosotros, sin entrar en la medida de otro para gloriarnos en lo que ya estaba aparejado.
Mas el que se glora, glorese en el Seor.
Porque no el que se alaba  s mismo, el tal es aprobado; mas aquel  quien Dios alaba.<CM>
OJALA toleraseis un poco mi locura; empero toleradme.
Pues que os celo con celo de Dios; porque os he desposado  un marido, para presentaros como una virgen pura  Cristo.
Mas temo que como la serpiente engao  Eva con su astucia, sean corrompidos as vuestros sentidos en alguna manera, de la simplicidad que es en Cristo.
Porque si el que viene, predicare otro Jess que el que hemos predicado,  recibiereis otro espritu del que habis recibido,  otro evangelio del que habis aceptado, lo sufrierais bien.<CM>
Cierto pienso que en nada he sido inferior  aquellos grandes apstoles.
Porque aunque soy basto en la palabra, empero no en la ciencia: mas en todo somos ya del todo manifiestos  vosotros.
Pequ yo humillndome  m mismo, para que vosotros fueseis ensalzados, porque os he predicado el evangelio de Dios de balde?
He despojado las otras iglesias, recibiendo salario para ministraros  vosotros.
Y estando con vosotros y teniendo necesidad,  ninguno fu carga; porque lo que me faltaba, suplieron los hermanos que vinieron de Macedonia: y en todo me guard de seros gravoso, y me guardar.
Es la verdad de Cristo en m, que esta gloria no me ser cerrada en las partes de Acaya.
Por qu? porque no os amo? Dios lo sabe.
Mas lo que hago, har an, para cortar la ocasin de aquellos que la desean,  fin de que en aquello que se gloran, sean hallados semejantes  nosotros.
Porque stos son falsos apstoles, obreros fraudulentos, trasfigurndose en apstoles de Cristo.
Y no es maravilla, porque el mismo Satans se transfigura en ngel de luz.
As que, no es mucho si tambin sus ministros se transfiguran como ministros de justicia; cuyo fin ser conforme  sus obras.<CM>
Otra vez digo: Que nadie me estime ser loco; de otra manera, recibidme como  loco, para que aun me glore yo un poquito.
Lo que hablo, no lo hablo segn el Seor, sino como en locura, con esta confianza de gloria.
Pues que muchos se gloran segn la carne, tambin yo me gloriar.
Porque de buena gana toleris los necios, siendo vosotros sabios:
Porque toleris si alguno os pone en servidumbre, si alguno os devora, si alguno toma, si alguno se ensalza, si alguno os hiere en la cara.
Dgolo cuanto  la afrenta, como si nosotros hubisemos sido flacos. Empero en lo que otro tuviere osada (hablo con locura), tambin yo tengo osada.<CM>
Son Hebreos? yo tambin. Son Israelitas? yo tambin. Son simiente de Abraham? tambin yo.
Son ministros de Cristo? (como poco sabio hablo) yo ms: en trabajos ms abundante; en azotes sin medida; en crceles ms; en muertes, muchas veces.
De los judos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno.
Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un da he estado en lo profundo de la mar;
En caminos muchas veces, peligros de ros, peligros de ladrones, peligros de los de mi nacin, peligros de los Gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en la mar, peligros entre falsos hermanos;
En trabajo y fatiga, en muchas vigilias, en hambre y sed, en muchos ayunos, en fro y en desnudez;
Sin otras cosas adems, lo que sobre m se agolpa cada da, la solicitud de todas las iglesias.
Quin enferma, y yo no enfermo? Quin se escandaliza, y yo no me quemo?
Si es menester gloriarse, me gloriar yo de lo que es de mi flaqueza.
El Dios y Padre del Seor nuestro Jesucristo, que es bendito por siglos, sabe que no miento.
En Damasco, el gobernador de la provincia del rey Aretas guardaba la ciudad de los Damascenos para prenderme;
Y fu descolgado del muro en un sern por una ventana, y escap de sus manos.<CM>
CIERTO no me es conveniente gloriarme; mas vendr  las visiones y  las revelaciones del Seor.
Conozco  un hombre en Cristo, que hace catorce aos (si en el cuerpo, no lo s; si fuera del cuerpo, no lo s: Dios lo sabe) fu arrebatado hasta el tercer cielo.
Y conozco tal hombre, (si en el cuerpo,  fuera del cuerpo, no lo s: Dios lo sabe,)
Que fu arrebatado al paraso, donde oy palabras secretas que el hombre no puede decir.
De este tal me gloriar, mas de m mismo nada me gloriar, sino en mis flaquezas.
Por lo cual si quisiere gloriarme, no ser insensato: porque dir verdad: empero lo dejo, porque nadie piense de m ms de lo que en m ve,  oye de m.
Y porque la grandeza de las revelaciones no me levante descomedidamente, me es dado un aguijn en mi carne, un mensajero de Satans que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera.
Por lo cual tres veces he rogado al Seor, que se quite de m.
Y me ha dicho: Bstate mi gracia; porque mi potencia en la flaqueza se perfecciona. Por tanto, de buena gana me gloriar ms bien en mis flaquezas, porque habite en m la potencia de Cristo.
Por lo cual me gozo en las flaquezas, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias por Cristo; porque cuando soy flaco, entonces soy poderoso.<CM>
Heme hecho un necio en gloriarme: vosotros me constreisteis; pues yo haba de ser alabado de vosotros: porque en nada he sido menos que los sumos apstoles, aunque soy nada.
Con todo esto, las seales de apstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, en seales, y en prodigios, y en maravillas.
Porque qu hay en que habis sido menos que las otras iglesias, sino en que yo mismo no os he sido carga? Perdonadme esta injuria.
He aqu estoy aparejado para ir  vosotros la tercera vez, y no os ser gravoso; porque no busco vuestras cosas, sino  vosotros: porque no han de atesorar los hijos para los padres sino los padres para los hijos.
Empero yo de muy buena gana despender y ser despendido por vuestras almas, aunque amndoos ms, sea amado menos.
Mas sea as, yo no os he agravado: sino que, como soy astuto, os he tomado por engao.
Acaso os he engaado por alguno de los que he enviado  vosotros?
Rogu  Tito, y envi con l al hermano. Os enga quiz Tito? no hemos procedido con el mismo espritu y por las mismas pisadas?
Pensis an que nos excusamos con vosotros? Delante de Dios en Cristo hablamos: mas todo, muy amados, por vuestra edificacin.
Porque temo que cuando llegare, no os halle tales como quiero, y yo sea hallado de vosotros cual no queris; que haya entre vosotros contiendas, envidias, iras, disensiones, detracciones, murmuaciones, elaciones, bandos:
Que cuando volviere, me humille Dios entre vosotros, y haya de llorar por muchos de los que antes habrn pecado, y no se han arrepentido de la inmundicia y fornicacin y deshonestidad que han cometido.<CM>
ESTA tercera vez voy  vosotros. En la boca de dos  de tres testigos consistir todo negocio.
He dicho antes, y ahora digo otra vez como presente, y ahora ausente lo escribo  los que antes pecaron, y  todos los dems, que si voy otra vez, no perdonar;
Pues buscis una prueba de Cristo que habla en m, el cual no es flaco para con vosotros, antes es poderoso en vosotros.
Porque aunque fu crucificado por flaqueza, empero vive por potencia de Dios. Pues tambin nosotros somos flacos con l, mas viviremos con l por la potencia de Dios para con vosotros.
Examinaos  vosotros mismos si estis en fe; probaos  vosotros mismos. No os conocis  vosotros mismos, que Jesucristo est en vosotros? si ya no sois reprobados.
Mas espero que conoceris que nosotros no somos reprobados.<CM>
Y oramos  Dios que ninguna cosa mala hagis; no para que nosotros seamos hallados aprobados, mas para que vosotros hagis lo que es bueno, aunque nosotros seamos como reprobados.
Porque ninguna cosas podemos contra la verdad, sino por la verdad.
Por lo cual nos gozamos que seamos nosotros flacos, y que vosotros estis fuertes; y aun deseamos vuestra perfeccin.
Por tanto os escribo esto ausente, por no tratar presente con dureza, conforme  la potestad que el Seor me ha dado para edificacin, y no para destruccin.<CM>
Resta, hermanos, que tengis gozo, seis perfectos, tengis consolacin, sintis una misma cosa, tengis paz; y el Dios de paz y de caridad ser con vosotros.
Saludaos los unos  los otros con sculo santo.
<WTG13-12> Todos los santos os saludan.
<WTG13-13> La gracia del Seor Jesucristo, y el amor de Dios, y la participacin del Espritu Santo sea con vosotros todos. Amn. Epstola  los Corintios fu enviada de Filipos de Macedonia con Tito y Lucas.<CM>
PABLO, apstol, (no de los hombres ni por hombre, mas por Jesucristo y por Dios el Padre, que lo resucit de los muertos),
Y todos los hermanos que estn conmigo,  las iglesias de Galacia:
Gracia sea  vosotros, y paz de Dios el Padre, y de nuestro Seor Jesucristo,
El cual se di  s mismo por nuestros pecados para librarnos de este presente siglo malo, conforme  la voluntad de Dios y Padre nuestro;
Al cual sea la gloria por siglos de siglos. Amn.<CM>
Estoy maravillado de que tan pronto os hayis traspasado del que os llam  la gracia de Cristo,  otro evangelio:
No que hay otro, sino que hay algunos que os inquietan, y quieren pervertir el evangelio de Cristo.
Mas aun si nosotros  un ngel del cielo os anunciare otro evangelio del que os hemos anunciado, sea anatema.
Como antes hemos dicho, tambin ahora decimos otra vez: Si alguno os anunciare otro evangelio del que habis recibido, sea anatema.<CM>
Porque, persuado yo ahora  hombres   Dios?  busco de agradar  hombres? Cierto, que si todava agradara  los hombres, no sera siervo de Cristo.
Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio que ha sido anunciado por m, no es segn hombre;
Pues ni yo lo recib, ni lo aprend de hombre, sino por revelacin de Jesucristo.
Porque ya habis odo acerca de mi conducta otro tiempo en el Judaismo, que persegua sobremanera la iglesia de Dios, y la destrua;
Y aprovechaba en el Judaismo sobre muchos de mis iguales en mi nacin, siendo muy ms celador que todos de las tradiciones de mis padres.
Mas cuando plugo  Dios, que me apart desde el vientre de mi madre, y me llam por su gracia,
Revelar  su Hijo en m, para que le predicase entre los Gentiles, luego no confer con carne y sangre;
Ni fu  Jerusalem  los que eran apstoles antes que yo; sino que me fu  la Arabia, y volv de nuevo  Damasco.
Depus, pasados tres aos, fu  Jerusalem  ver  Pedro, y estuve con l quince das.
Mas  ningn otro de los apstoles vi, sino  Jacobo el hermano del Seor.
Y en esto que os escribo, he aqu delante de Dios, no miento.
Despus fu  las partes de Siria y de Cilicia;
Y no era conocido de vista  las iglesias de Judea, que eran en Cristo;
Solamente haban odo decir: Aquel que en otro tiempo nos persegua, ahora anuncia la fe que en otro tiempo destrua.
Y glorificaban  Dios en m.<CM>
DESPUS, pasados catorce aos, fu otra vez  Jerusalem juntamente con Bernab, tomando tambin conmigo  Tito.
Empero fu por revelacin, y comuniqules el evangelio que predico entre los Gentiles; mas particularmente  los que parecan ser algo, por no correr en vano,  haber corrido.
Mas ni aun Tito, que estaba conmigo, siendo Griego, fu compelido  circuncidarse.
Y eso por causa de los falsos hermanos, que se entraban secretamente para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jess, para ponernos en servidumbre;
A los cuales ni aun por una hora cedimos sujetndonos, para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros.
Empero de aquellos que parecan ser algo (cules hayan sido algn tiempo, no tengo que ver; Dios no acepta apariencia de hombre),  m ciertamente los que parecan ser algo, nada me dieron.
Antes por el contrario, como vieron que el evangelio de la incircuncisin me era encargado, como  Pedro el de la circuncisin,
(Porque el que hizo por Pedro para el apostolado de la circuncisin, hizo tambin por m para con los Gentiles;)
Y como vieron la gracia que me era dada, Jacobo y Cefas y Juan, que parecan ser las columnas, nos dieron las diestras de compaa  m y  Bernab, para que nosotros fusemos  los Gentiles, y ellos  la circuncisin.
Solamente nos pidieron que nos acordsemos de los pobres; lo mismo que fu tambin solcito en hacer.<CM>
Empero viniendo Pedro  Antioqua, le resist en la cara, porque era de condenar.
Porque antes que viniesen unos de parte de Jacobo, coma con los Gentiles; mas despus que vinieron, se retraa y apartaba, teniendo miedo de los que eran de la circuncisin.
Y  su disimulacin consentan tambin los otros Judos; de tal manera que aun Bernab fu tambin llevado de ellos en su simulacin.
Mas cuando vi que no andaban derechamente conforme  la verdad del evangelio, dije  Pedro delante de todos: Si t, siendo Judo, vives como los Gentiles y no como Judo, por qu constries  los Gentiles  judaizar?
Nosotros Judos naturales, y no pecadores de los Gentiles,
Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros tambin hemos credo en Jesucristo, para que fusemos justificados por la fe de Cristo, y no por las obras de la ley; por cuanto por las obras de la ley ninguna carne ser justificada.
Y si buscando nosotros ser justificados en Cristo, tambin nosotros somos hallados pecadores, es por eso Cristo ministro de pecado? En ninguna manera.
Porque si las cosas que destru, las mismas vuelvo  edificar, transgresor me hago.
Porque yo por la ley soy muerto  la ley, para vivir  Dios.
Con Cristo estoy juntamente crucificado, y vivo, no ya yo, mas vive Cristo en m: y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me am, y se entreg  s mismo por m.
No desecho la gracia de Dios: porque si por la ley fuese la justicia, entonces por dems muri Cristo.<CM>
OH Glatas insensatos! quin os fascin, para no obedecer  la verdad, ante cuyos ojos Jesucristo fu ya descrito como crucificado entre vosotros?
Esto solo quiero saber de vosotros: Recibisteis el Espritu por las obras de la ley,  por el oir de la fe?
Tan necios sois? habiendo comenzado por el Espritu, ahora os perfeccionis por la carne?
Tantas cosas habis padecido en vano? si empero en vano.
Aquel, pues, que os daba el Espritu, y obraba maravillas entre vosotros hacalo por las obras de la ley,  por el oir de la fe?<CM>
Como Abraham crey  Dios, y le fu imputado  justicia.
Sabis por tanto, que los que son de fe, los tales son hijos de Abraham.
Y viendo antes la Escritura que Dios por la fe haba de justificar  los Gentiles, evangeliz antes  Abraham, diciendo: En ti sern benditas todas las naciones.
Luego los de la fe son benditos con el creyente Abraham.
Porque todos los que son de las obras de la ley, estn bajo de maldicin. Porque escrito est: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas que estn escritas en el libro de la ley, para hacerlas.
Mas por cuanto por la ley ninguno se justifica para con Dios, queda manifiesto: Que el justo por la fe vivir.
La ley tambin no es de la fe; sino, El hombre que los hiciere, vivir en ellos.
Cristo nos redimi de la maldicin de la ley, hecho por nosotros maldicin; (porque est escrito: Maldito cualquiera que es colgado en madero:)
Para que la bendicin de Abraham fuese sobre los Gentiles en Cristo Jess; para que por la fe recibamos la promesa del Espritu.
Hermanos, hablo como hombre: Aunque un pacto sea de hombre, con todo, siendo confirmado, nadie lo cancela,  le aade.
A Abraham fueron hechas las promesas, y  su simiente. No dice: Y  las simientes, como de muchos; sino como de uno: Y  tu simiente, la cual es Cristo.
Esto pues digo: Que el contrato confirmado de Dios para con Cristo, la ley que fu hecha cuatrocientos treinta aos despus, no lo abroga, para invalidar la promesa.
Porque si la herencia es por la ley, ya no es por la promesa: empero Dios por la promesa hizo la donacin  Abraham.<CM>
Pues de qu sirve la ley? Fu puesta por causa de las rebeliones, hasta que viniese la simiente  quien fu hecha la promesa, ordenada aqulla por los ngeles en la mano de un mediador.
Y el mediador no es de uno, pero Dios es uno.
Luego la ley es contra las promesas de Dios? En ninguna manera: porque si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley.
Mas encerr la Escritura todo bajo pecado, para que la promesa fuese dada  los creyentes por la fe de Jesucristo.
Empero antes que viniese la fe, estbamos guardados bajo la ley, encerrados para aquella fe que haba de ser descubierta.
De manera que la ley nuestro ayo fu para llevarnos  Cristo, para que fusemos justificados por la fe.
Mas venida la fe, ya no estamos bajo ayo;
Porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jess.
Porque todos los que habis sido bautizados en Cristo, de Cristo estis vestidos.
No hay Judo, ni Griego; no hay siervo, ni libre; no hay varn, ni hembra: porque todos vosotros sois uno en Cristo Jess.
Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente la simiente de Abraham sois, y conforme  la promesa los herederos.<CM>
TAMBIN digo: Entre tanto que el heredero es nio, en nada difiere del siervo, aunque es seor de todo;
Mas est debajo de tutores y curadores hasta el tiempo sealado por el padre.
As tambin nosotros, cuando ramos nios, ramos siervos bajo los rudimentos del mundo.
Mas venido el cumplimiento del tiempo, Dios envi su Hijo, hecho de mujer, hecho sbdito  la ley,
Para que redimiese  los que estaban debajo de la ley,  fin de que recibisemos la adopcin de hijos.
Y por cuanto sois hijos, Dios envi el Espritu de su Hijo en vuestros corazones, el cual clama: Abba, Padre.
As que ya no eres ms siervo, sino hijo, y si hijo, tambin heredero de Dios por Cristo.<CM>
Antes, en otro tiempo, no conociendo  Dios, servais  los que por naturaleza no son dioses:
Mas ahora, habiendo conocido  Dios,  ms bien, siendo conocidos de Dios, cmo os volvis de nuevo  los flacos y pobres rudimentos, en los cuales queris volver  servir?
Guardis los das, y los meses, y los tiempos, y los aos.
Temo de vosotros, que no haya trabajado en vano en vosotros.<CM>
Hermanos, os ruego, sed como yo, porque yo soy como vosotros: ningn agravio me habis hecho.
Que vosotros sabis que por flaqueza de carne os anunci el evangelio al principio:
Y no desechasteis ni menospreciasteis mi tentacin que estaba en mi carne: antes me recibisteis como  un ngel de Dios, como  Cristo Jess.
Dnde est pues vuestra bienaventuranza? porque yo os doy testimonio que si se pudiera hacer, os hubierais sacado vuestros ojos para drmelos.
Heme pues hecho vuestro enemigo, dicindoos la verdad?<CM>
Tienen celos de vosotros, pero no bien: antes os quieren echar fuera para que vosotros los celis  ellos.
Bueno es ser celosos en bien siempre; y no solamente cuando estoy presente con vosotros.<CM>
Hijitos mos, que vuelvo otra vez  estar de parto de vosotros, hasta que Cristo sea formado en vosotros;
Querra cierto estar ahora con vosotros, y mudar mi voz; porque estoy perplejo en cuanto  vosotros.<CM>
Decidme, los que queris estar debajo de la ley, no habis odo la ley?
Porque escrito est que Abraham tuvo dos hijos; uno de la sierva, el otro de la libre.
Mas el de la sierva naci segn la carne; pero el de la libre naci por la promesa.
Las cuales cosas son dichas por alegora: porque estas mujeres son los dos pactos; el uno ciertamente del monte Sina, el cual engendr para servidumbre, que es Agar.
Porque Agar  Sina es un monte de Arabia, el cual es conjunto  la que ahora es Jerusalem, la cual sirve con sus hijos.
Mas la Jerusalem de arriba libre es; la cual es la madre de todos nosotros.
Porque est escrito: Algrate, estril, que no pares: Prorrumpe y clama, la que no ests de parto; Porque ms son los hijos de la dejada, que de la que tiene marido.
As que, hermanos, nosotros como Isaac somos hijos de la promesa.
Empero como entonces el que era engendrado segn la carne, persegua al que haba nacido segn el Espritu, as tambin ahora.
Mas qu dice la Escritura? Echa fuera  la sierva y  su hijo; porque no ser heredero el hijo de la sierva con el hijo de la libre.
De manera, hermanos, que no somos hijos de la sierva, mas de la libre.<CM>
ESTAD, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no volvis otra vez  ser presos en el yugo de servidumbre.
He aqu yo Pablo os digo, que si os circuncidareis, Cristo no os aprovechar nada.
Y otra vez vuelvo  protestar  todo hombre que se circuncidare, que est obligado  hacer toda la ley.
Vacos sois de Cristo los que por la ley os justificis; de la gracia habis cado.
Porque nosotros por el Espritu esperamos la esperanza de la justicia por la fe.
Porque en Cristo Jess ni la circuncisin vale algo, ni la incircuncisin; sino la fe que obra por la caridad.
Vosotros corrais bien: quin os embaraz para no obedecer  la verdad?
Esta persuasin no es de aquel que os llama.
Un poco de levadura leuda toda la masa.
Yo confo de vosotros en el Seor, que ninguna otra cosa sentiris: mas el que os inquieta, llevar el juicio, quienquiera que l sea.
Y yo, hermanos, si aun predico la circuncisin, por qu padezco pesecucin todava? pues que quitado es el escndalo de la cruz.
Ojal fuesen tambin cortados los que os inquietan.<CM>
Porque vosotros, hermanos,  libertad habis sido llamados; solamente que no usis la libertad como ocasin  la carne, sino servos por amor los unos  los otros.
Porque toda la ley en aquesta sola palabra se cumple: Amars  tu prjimo como  ti mismo.
Y si os mordis y os comis los unos  los otros, mirad que tambin no os consumis los unos  los otros.
Digo pues: Andad en el Espritu, y no satisfagis la concupiscencia de la carne.
Porque la carne codicia contra el Espritu, y el Espritu contra la carne: y estas cosas se oponen la una  la otra, para que no hagis lo que quisieres.
Mas si sois guiados del Espritu, no estis bajo la ley.
Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicacin, inmundicia, disolucin,
Idolatra, hechiceras, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejas,
Envidias, homicidios, borracheras, banqueteos, y cosas semejantes  stas: de las cuales os denuncio, como ya os he anunciado, que los que hacen tales cosas no heredarn el reino de Dios.
Mas el fruto del Espritu es: caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe,
Mansedumbre, templanza: contra tales cosas no hay ley.
Porque los que son de Cristo, han crucificado la carne con los afectos y concupiscencias.
Si vivimos en el Espritu, andemos tambin en el Espritu.
No seamos codiciosos de vana gloria, irritando los unos  los otros, envidindose los unos  los otros.<CM>
HERMANOS, si alguno fuere tomado en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restaurad al tal con el espritu de mansedumbre; considerndote  ti mismo, porque t no seas tambin tentado.
Sobrellevad los unos las cargas de los otros; y cumplid as la ley de Cristo.
Porque el que estima de s que es algo, no siendo nada,  s mismo se engaa.
As que cada uno examine su obra, y entonces tendr gloria slo respecto de s mismo, y no en otro.
Porque cada cual llevar su carga.
Y el que es enseado en la palabra, comunique en todos los bienes al que lo instruye.
No os engaeis: Dios no puede ser burlado: que todo lo que el hombre sembrare, eso tambin segar.
Porque el que siembra para su carne, de la carne segar corrupcin; mas el que siembra para el Espritu, del Espritu segar vida eterna.
No nos cansemos, pues, de hacer bien; que  su tiempo segaremos, si no hubiremos desmayado.
As que, entre tanto que tenemos tiempo, hagamos bien  todos, y mayormente  los domsticos de la fe.<CM>
Mirad en cun grandes letras os he escrito de mi mano.
Todos los que quieren agradar en al carne, stos os constrien  que os circuncidis, solamente por no padecer persecucin por la cruz de Cristo.
Porque ni aun los mismos que se circuncidan guardan la ley; sino que quieren que vosotros seis circuncidados, para gloriarse en vuestra carne.
Mas lejos est de m gloriarme, sino en la cruz de nuestro Seor Jesucristo, por el cual el mundo me es crucificado  m, y yo al mundo.
Porque en Cristo Jess, ni la circuncisin vale nada, ni la incircuncisin, sino la nueva criatura.
Y todos los que anduvieren conforme  esta regla, paz sobre ellos, y misericordia, y sobre el Israel de Dios.
De aqu adelante nadie me sea molesto; porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Seor Jess.
Hermanos, la gracia de nuestro Seor Jesucristo sea con vuestro espritu. Amn.<CM>
PABLO, apstol de Jesucristo por la voluntad de Dios,  los santos y fieles en Cristo Jess que estn en Efeso:
Gracia sea  vosotros, y paz de Dios Padre nuestro, y del Seor Jesucristo.<CM>
Bendito el Dios y Padre del Seor nuestro Jesucristo, el cual nos bendijo con toda bendicin espiritual en lugares celestiales en Cristo:
Segn nos escogi en l antes de la fundacin del mundo, para que fusemos santos y sin mancha delante de l en amor;
Habindonos predestinado para ser adoptados hijos por Jesucristo  s mismo, segn el puro afecto de su voluntad,
Para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado:
En el cual tenemos redencin por su sangre, la remisin de pecados por las riquezas de su gracia,
Que sobreabund en nosotros en toda sabidura  inteligencia;
Descubrindonos el misterio de su voluntad, segn su beneplcito, que se haba propuesto en s mismo,
De reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensacin del cumplimiento de los tiempos, as las que estn en los cielos, como las que estn en la tierra:
En l digo, en quien asimismo tuvimos suerte, habiendo sido predestinados conforme al propsito del que hace todas las cosas segn el consejo de su voluntad,
Para que seamos para alabanza de su gloria, nosotros que antes esperamos en Cristo.
En el cual esperasteis tambin vosotros en oyendo la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salud: en el cual tambin desde que cresteis, fuisteis sellados con el Espritu Santo de la promesa,
Que es las arras de nuestra herencia, para la redencin de la posesin adquirida para alabanza de su gloria.<CM>
Por lo cual tambin yo, habiendo odo de vuestra fe en el Seor Jess, y amor para con todos los santos,
No ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones;
Que el Dios del Seor nuestro Jesucristo, el Padre de gloria, os d espritu de sabidura y de revelacin para su conocimiento;
Alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepis cul sea la esperanza de su vocacin, y cules las riquezas de la gloria de su herencia en los santos,
Y cul aquella supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, por la operacin de la potencia de su fortaleza,
La cual obr en Cristo, resucitndole de los muertos, y colocndole  su diestra en los cielos,
Sobre todo principado, y potestad, y potencia, y seoro, y todo nombre que se nombra, no slo en este siglo, mas aun en el venidero:
Y someti todas las cosas debajo de sus pies, y dilo por cabeza sobre todas las cosas  la iglesia,
La cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que hinche todas las cosas en todos.<CM>
Y DE ella recibisteis vosotros, que estabais muertos en vuestros delitos y pecados,
En que en otro tiempo anduvisteis conforme  la condicin de este mundo, conforme al prncipe de la potestad del aire, el espritu que ahora obra en los hijos de desobediencia:
Entre los cuales todos nosotros tambin vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos; y ramos por naturaleza hijos de ira, tambin como los dems.<CM>
Empero Dios, que es rico en misericordia, por su mucho amor con que nos am,
Aun estando nosotros muertos en pecados, nos di vida juntamente con Cristo; por gracia sois salvos;
Y juntamente nos resucit, y asimismo nos hizo sentar en los cielos con Cristo Jess,
Para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jess.
Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios:
No por obras, para que nadie se glore.
Porque somos hechura suya, criados en Cristo Jess para buenas obras, las cuales Dios prepar para que anduvisemos en ellas.<CM>
Por tanto, acordaos que en otro tiempo vosotros los Gentiles en la carne, que erais llamados incircuncisin por la que se llama circuncisin, hecha con mano en la carne;
Que en aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la repblica de Israel, y extranjeros  los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.
Mas ahora en Cristo Jess, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.<CM>
Porque l es nuestra paz, que de ambos hizo uno, derribando la pared intermedia de separacin;
Dirimiendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos en orden  ritos, para edificar en s mismo los dos en un nuevo hombre, haciendo la paz,
Y reconciliar por la cruz con Dios  ambos en un mismo cuerpo, matando en ella las enemistades.
Y vino, y anunci la paz  vosotros que estabais lejos, y  los que estaban cerca:
Que por l los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espritu al Padre.
As que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino juntamente ciudadanos con los santos, y domsticos de Dios;
Edificados sobre el fundamento de los apstoles y profetas, siendo la principal piedra del ngulo Jesucristo mismo;
En el cual, compaginado todo el edificio, va creciendo para ser un templo santo en el Seor:
En el cual vosotros tambin sois juntamente edificados, para morada de Dios en Espritu.<CM>
POR esta causa yo Pablo, prisionero de Cristo Jess por vosotros los Gentiles,
Si es que habis odo la dispensacin de la gracia de Dios que me ha sido dada para con vosotros,
A saber, que por revelacin me fu declarado el misterio, como antes he escrito en breve;
Leyendo lo cual podis entender cul sea mi inteligencia en el misterio de Cristo:
El cual misterio en los otros siglos no se di  conocer  los hijos de los hombres como ahora es revelado  sus santos apstoles y profetas en el Espritu:
Que los Gentiles sean juntamente herederos,  incorporados, y consortes de su promesa en Cristo por el evangelio:
Del cual yo soy hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dado segn la operacin de su potencia.
A m, que soy menos que el ms pequeo de todos los santos, es dada esta gracia de anunciar entre los Gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo,
Y de aclarar  todos cul sea la dispensacin del misterio escondido desde los siglos en Dios, que cri todas las cosas.
Para que la multiforme sabidura de Dios sea ahora notificada por la iglesia  los principados y potestades en los cielos,
Conforme  la determinacin eterna, que hizo en Cristo Jess nuestro Seor:
En el cual tenemos seguridad y entrada con confianza por la fe de l.
Por tanto, pido que no desmayis  causa de mis tribulaciones por vosotros, las cuales son vuestra gloria.<CM>
Por esta causa doblo mis rodillas al Padre de nuestro Seor Jesucristo,
Del cual es nombrada toda la parentela en los cielos y en la tierra,
Que os d, conforme  las riquezas de su gloria, el ser corroborados con potencia en el hombre interior por su Espritu.
Que habite Cristo por la fe en vuestros corazones; para que, arraigados y fundados en amor,
Podis bien comprender con todos los santos cul sea la anchura y la longura y la profundidad y la altura,
Y conocer el amor de Cristo, que excede  todo conocimiento, para que seis llenos de toda la plenitud de Dios.
Y  Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho ms abundantemente de lo que pedimos  entendemos, por la potencia que obra en nosotros,
A l sea gloria en la iglesia por Cristo Jess, por todas edades del siglo de los siglos. Amn.<CM>
YO pues, preso en el Seor, os ruego que andis como es digno de la vocacin con que sois llamados;<CM>
Con toda humildad y mansedumbre, con paciencia soportando los unos  los otros en amor;
Solcitos  guardar la unidad del Espritu en el vnculo de la paz.
Un cuerpo, y un Espritu; como sois tambin llamados  una misma esperanza de vuestra vocacin:
Un Seor, una fe, un bautismo,
Un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todas las cosas, y por todas las cosas, y en todos vosotros.
Empero  cada uno de nosotros es dada la gracia conforme  la medida del don de Cristo.
Por lo cual dice: Subiendo  lo alto, llev cautiva la cautividad, Y di dones  los hombres.
(Y que subi, qu es, sino que tambin haba descendido primero  las partes ms bajas de la tierra?
El que descendi, l mismo es el que tambin subi sobre todos los cielos para cumplir todas las cosas.)
Y l mismo di unos, ciertamente apstoles; y otros, profetas; y otros, evangelistas; y otros, pastores y doctores;
Para perfeccin de los santos, para la obra del ministerio, para edificacin del cuerpo de Cristo;
Hasta que todos lleguemos  la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios,  un varn perfecto,  la medida de la edad de la plenitud de Cristo:
Que ya no seamos nios fluctuantes, y llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que, para engaar, emplean con astucia los artificios del error:
Antes siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todas cosas en aquel que es la cabeza, a saber, Cristo;
Del cual, todo el cuerpo compuesto y bien ligado entre s por todas las junturas de su alimento, que recibe segn la operacin, cada miembro conforme  su medida toma aumento de cuerpo edificndose en amor.<CM>
Esto pues digo, y requiero en el Seor, que no andis ms como los otros Gentiles, que andan en la vanidad de su sentido.
Teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazn:
Los cuales despus que perdieron el sentido de la conciencia, se entregaron  la desvergenza para cometer con avidez toda suerte de impureza.
Mas vosotros no habis aprendido as  Cristo:
Si empero lo habis odo, y habis sido por l enseados, como la verdad est en Jess,
A que dejis, cuanto  la pasada manera de vivir; el viejo hombre que est viciado conforme  los deseos de error;
Y  renovarnos en el espritu de vuestra mente,
Y vestir el nuevo hombre que es criado conforme  Dios en justicia y en santidad de verdad.
Por lo cual, dejada la mentira, hablad verdad cada uno con su prjimo; porque somos miembros los unos de los otros.
Airaos, y no pequis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo;
Ni deis lugar al diablo.
El que hurtaba, no hurte ms; antes trabaje, obrando con sus manos lo que es bueno, para que tenga de qu dar al que padeciere necesidad.
Ninguna palabra torpe salga de vuestra boca, sino la que sea buena para edificacin, para que d gracia  los oyentes.
Y no contristis al Espritu Santo de Dios, con el cual estis sellados para el da de la redencin.
Toda amargura, y enoj,  ira, y voces, y maledicencia sea quitada de vosotros, y toda malicia:
Antes sed los unos con los otros benignos, misericordiosos, perdnandoos los unos  los otros, como tambin Dios os perdon en Cristo.<CM>
SED, pues, imitadores de Dios como hijos amados:
Y andad en amor, como tambin Cristo nos am, y se entreg  s mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio  Dios en olor suave.<CM>
Pero fornicacin y toda inmundicia,  avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene  santos;
Ni palabras torpes, ni necedades, ni truhaneras, que no convienen; sino antes bien acciones de gracias.
Porque sabis esto, que ningn fornicario,  inmundo,  avaro, que es servidor de dolos, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios.
Nadie os engae con palabras vanas; porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia.
No seis pues aparceros con ellos;
Porque en otro tiempo erais tinieblas; mas ahora sois luz en el Seor: andad como hijos de luz,
(Porque el fruto del Espritu es en toda bondad, y justicia, y verdad;)
Aprobando lo que es agradable al Seor.
Y no comuniquis con las obras infructuosas de las tinieblas; sino antes bien redargidlas.
Porque torpe cosa es aun hablar de lo que ellos hacen en oculto.
Mas todas las cosas cuando son redargidas, son manifestadas por la luz; porque lo que manifiesta todo, la luz es.
Por lo cual dice: Despirtate, t que duermes, y levntate de los muertos, y te alumbrar Cristo.
Mirad, pues, cmo andis avisadamente; no como necios, mas como sabios;
Redimiendo el tiempo, porque los das son malos.
Por tanto, no seis imprudentes, sino entendidos de cul sea la voluntad del Seor.
Y no os embriaguis de vino, en lo cual hay disolucin; mas sed llenos de Espritu;
Hablando entre vosotros con salmos, y con himnos, y canciones espirituales, cantando y alabando al Seor en vuestros corazones;
Dando gracias siempre de todo al Dios y Padre en el nombre de nuestro Seor Jesucristo:<CM>
Sujetados los unos  los otros en el temor de Dios.
Las casadas estn sujetas  sus propios maridos, como al Seor.
Porque el marido es cabeza de la mujer, as como Cristo es cabeza de la iglesia; y l es el que da la salud al cuerpo.
As que, como la iglesia est sujeta  Cristo, as tambin las casadas lo estn  sus maridos en todo.
Maridos, amad  vuestras mujeres, as como Cristo am  la iglesia, y se entreg  s mismo por ella,
Para santificarla limpindola en el lavacro del agua por la palabra,
Para presentrsela gloriosa para s, una iglesia que no tuviese mancha ni arruga, ni cosa semejante; sino que fuese santa y sin mancha.
As tambin los maridos deben amar  sus mujeres como  sus mismos cuerpos. El que ama  su mujer,  s mismo se ama.
Porque ninguno aborreci jams  su propia carne, antes la sustenta y regala, como tambin Cristo  la iglesia;
Porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos.
Por esto dejar el hombre  su padre y  su madre, y se allegar  su mujer, y sern dos en una carne.
Este misterio grande es: mas yo digo esto con respecto  Cristo y  la iglesia.
Cada uno empero de vosotros de por s, ame tambin  su mujer como  s mismo; y la mujer reverencie  su marido.<CM>
HIJOS, obedeced en el Seor  vuestros padres; porque esto es justo.
Honra  tu padre y  tu madre, que es el primer mandamiento con promesa,
Para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.
Y vosotros, padres, no provoquis  ira  vuestros hijos; sino fhhijos; sino fh amonestacin del Seor.
Siervos, obedeced  vuestros amos segn la carne con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazn, como  Cristo;
No sirviendo al ojo, como los que agradan  los hombres; sino como siervos de Cristo, haciendo de nimo la voluntad de Dios;
Sirviendo con buena voluntad, como al Seor, y no  los hombres;
Sabiendo que el bien que cada uno hiciere, esto recibir del Seor, sea siervo  sea libre.
Y vosotros, amos, haced  ellos lo mismo, dejando las amenazas: sabiendo que el Seor de ellos y vuestro est en los cielos, y que no hay acepcin de personas con l.<CM>
Por lo dems, hermanos mos, confortaos en el Seor, y en la potencia de su fortaleza.
Vestos de toda la armadura de Dios, para que podis estar firmes contra las asechanzas del diablo.
Porque no tenemos lucha contra sangre y carne; sino contra principados, contra potestades, contra seores del mundo, gobernadores de estas tinieblas, contra malicias espirituales en los aires.
Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podis resistir en el da malo, y estar firmes, habiendo acabado todo.
Estad pues firmes, ceidos vuestros lomos de verdad, y vestidos de la cota de justicia.
Y calzados los pies con el apresto del evangelio de paz;
Sobre todo, tomando el escudo de la fe, con que podis apagar todos los dardos de fuego del maligno.
Y tomad el yelmo de salud, y la espada del Espritu; que es la palabra de Dios;
Orando en todo tiempo con toda deprecacin y splica en el Espritu, y velando en ello con toda instancia y suplicacin por todos los santos,<CM>
Y por m, para que me sea dada palabra en el abrir de mi boca con confianza, para hacer notorio el misterio del evangelio,
Por el cual soy embajador en cadenas; que resueltamente hable de l, como debo hablar.
Mas para que tambin vosotros sepis mis negocios, y cmo lo paso, todo os lo har saber Tichco, hermano amado y fiel ministro en el Seor:
Al cual os he enviado para esto mismo, para que entendis lo tocante  nosotros, y que consuele vuestros corazones.
Paz sea  los hermanos y amor con fe, de Dios Padre y del Seor Jesucristo.
Gracia sea con todos los que aman  nuestro Seor Jesucristo en sinceridad. Amn.<CM>
PABLO y Timoteo, siervos de Jesucristo,  todos los santos en Cristo Jess que estn en Filipos, con los obispos y diconos
Gracia sea  vosotros, y paz de Dios nuestro Padre y del Seor Jesucristo.<CM>
Doy gracias  mi Dios en toda memoria de vosotros,
Siempre en todas mis oraciones haciendo oracin por todos vosotros con gozo,
Por vuestra comunin en el evangelio, desde el primer da hasta ahora:
Estando confiado de esto, que el que comenz en vosotros la buena obra, la perfeccionar hasta el da de Jesucristo;<CM>
Como me es justo sentir esto de todos vosotros, por cuanto os tengo en el corazn; y en mis prisiones, y en la defensa y confirmacin del evangelio, sois todos vosotros compaeros de mi gracia.
Porque Dios me es testigo de cmo os amo  todos vosotros en las entraas de Jesucristo.<CM>
Y esto ruego, que vuestro amor abunde aun ms y ms en ciencia y en todo conocimiento,
Para que discernis lo mejor; que seis sinceros y sin ofensa para el da de Cristo;
Llenos de frutos de justicia, que son por Jesucristo,  gloria y loor de Dios.<CM>
Y quiero, hermanos, que sepis que las cosas que me han sucedido, han redundado ms en provecho del evangelio;
De manera que mis prisiones han sido clebres en Cristo en todo el pretorio, y  todos los dems;
Y muchos de los hermanos en el Seor, tomando nimo con mis prisiones, se atreven mucho ms  hablar la palabra sin temor.
Y algunos,  la verdad, predican  Cristo por envidia y porfa; mas algunos tambin por buena voluntad.
Los unos anuncian  Cristo por contencin, no sinceramente, pensando aadir afliccin  mis prisiones;
Pero los otros por amor, sabiendo que soy puesto por la defensa del evangelio.
Qu pues? Que no obstante, en todas maneras,  por pretexto  por verdad, es anunciado Cristo; y en esto me huelgo, y aun me holgar.
Porque s que esto se me tornar  salud, por vuestra oracin, y por la suministracin del Espritu de Jesucristo;
Conforme  mi mira y esperanza, que en nada ser confundido; antes bien con toda confianza, como siempre, ahora tambin ser engrandecido Cristo en mi cuerpo,  por vida,  por muerte.<CM>
Porque para m el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.
Mas si el vivir en la carne, esto me ser para fruto de la obra, no s entonces qu escoger;
Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de ser desatado, y estar con Cristo, lo cual es mucho mejor:
Empero quedar en la carne es ms necesario por causa de vosotros.
Y confiado en esto, s que quedar, que aun permanecer con todos vosotros, para provecho vuestro y gozo de la fe;
Para que crezca vuestra gloria de m en Cristo Jess por mi venida otra vez  vosotros.<CM>
Solamente que conversis como es digno del evangelio de Cristo; para que,  sea que vaya  veros,  que est ausente, oiga de vosotros que estis firmes en un mismo espritu, unnimes combatiendo juntamente por la fe del evangelio,
Y en nada intimidados de los que se oponen: que  ellos ciertamente es indicio de perdicin, mas  vosotros de salud; y esto de Dios;
Porque  vosotros es concedido por Cristo, no slo que creis en l, sino tambin que padezcis por l,
Teniendo el mismo conflicto que habis visto en m, y ahora os estar en m.<CM>
POR tanto, si hay alguna consolacin en Cristo; si algn refrigerio de amor; si alguna comunin del Espritu; si algunas entraas y misericordias,
Cumplid mi gozo; que sintis lo mismo, teniendo el mismo amor, unnimes, sintiendo una misma cosa.
Nada hagis por contienda  por vanagloria; antes bien en humildad, estimndoos inferiores los unos  los otros:
No mirando cada uno  lo suyo propio, sino cada cual tambin  lo de los otros.
Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo tambin en Cristo Jess:
El cual, siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpacin ser igual  Dios:
Sin embargo, se anonad  s mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante  los hombres;
Y hallado en la condicin como hombre, se humill  s mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
Por lo cual Dios tambin le ensalz  lo sumo, y dile un nombre que es sobre todo nombre;
Para que en el nombre de Jess se doble toda rodilla de los que estn en los cielos, y de los que en la tierra, y de los que debajo de la tierra;
Y toda lengua confiese que Jesucristo es el Seor,  la gloria de Dios Padre.<CM>
Por tanto, amados mos, como siempre habis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho ms ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvacin con temor y temblor;
Porque Dios es el que en vosotros obra as el querer como el hacer, por su buena voluntad.<CM>
Haced todo sin murmuraciones y contiendas,
Para que seis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin culpa en medio de la nacin maligna y perversa, entre los cuales resplandecis como luminares en el mundo;
Reteniendo la palabra de vida para que yo pueda gloriarme en el da de Cristo, que no he corrido en vano, ni trabajado en vano.
Y aun si soy derramado en libacin sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me gozo y congratulo por todos vosotros.
Y asimismo gozaos tambin vosotros, y regocijaos conmigo.
Mas espero en el Seor Jess enviaros presto  Timoteo, para que yo tambin est de buen nimo, entendido vuestro estado.
Porque  ninguno tengo tan unnime, y que con sincera aficin est solcito por vosotros.
Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jess.
Pero la experiencia de l habis conocido, que como hijo  padre ha servido conmigo en el evangelio.
As que  ste espero enviaros, luego que yo viere cmo van mis negocios;
Y confo en el Seor que yo tambin ir presto  vosotros.
Mas tuve por cosa necesaria enviaros  Epafrodito, mi hermano, y colaborador y compaero de milicia, y vuestro mensajero, y ministrador de mis necesidades;
Porque tena gran deseo de ver  todos vosotros, y gravemente se angusti porque habais odo que haba enfermado.
Pues en verdad estuvo enfermo  la muerte: mas Dios tuvo misericordia de l; y no solamente de l, sino aun de m, para que yo no tuviese tristeza sobre tristeza.
As que le envo ms presto, para que vindole os volvis  gozar, y yo est con menos tristeza.
Recibidle pues en el Seor con todo gozo; y tened en estima  los tales:
Porque por la obra de Cristo estuvo cercano  la muerte, poniendo su vida para suplir vuestra falta en mi servicio.<CM>
RESTA, hermanos, que os gocis en el Seor. A m,  la verdad, no es molesto el escribiros las mismas cosas, y para vosotros es seguro.
Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos del cortamiento.
Porque nosotros somos la circuncisin, los que servimos en espritu  Dios, y nos gloriamos en Cristo Jess, no teniendo confianza en la carne.<CM>
Aunque yo tengo tambin de qu confiar en la carne. Si alguno parece que tiene de qu confiar en la carne, yo ms:
Circuncidado al octavo da, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamn, Hebreo de Hebreos; cuanto  la ley, Fariseo;
Cuanto al celo, perseguidor de la iglesia; cuanto  la justicia que es en la ley, irreprensible.
Pero las cosas que para m eran ganancias, helas reputado prdidas por amor de Cristo.
Y ciertamente, aun reputo todas las cosas prdida por el eminente conocimiento de Cristo Jess, mi Seor, por amor del cual lo he perdido todo, y tngolo por estircol, para ganar  Cristo,<CM>
Y ser hallado en l, no teniendo mi justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe;
A fin de conocerle, y la virtud de su resurreccin, y la participacin de sus padecimientos, en conformidad  su muerte,
Si en alguna manera llegase  la resurreccin de los muertos.
No que ya haya alcanzado, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si alcanzo aquello para lo cual fu tambin alcanzado de Cristo Jess.
Hermanos, yo mismo no hago cuenta de haber lo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrs, y extendindome  lo que est delante,
Prosigo al blanco, al premio de la soberana vocacin de Dios en Cristo Jess.<CM>
As que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos: y si otra cosa sents, esto tambin os revelar Dios.
Empero en aquello  que hemos llegado, vamos por la misma regla, sintamos una misma cosa.<CM>
Hermanos, sed imitadores de m, y mirad los que as anduvieren como nos tenis por ejemplo.
Porque muchos andan, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo:
Cuyo fin ser perdicin, cuyo dios es el vientre, y su gloria es en confusin; que sienten lo terreno.
Mas nuestra vivienda es en los cielos; de donde tambin esperamos al Salvador, al Seor Jesucristo;
El cual transformar el cuerpo de nuestra bajeza, para ser semejante al cuerpo de su gloria, por la operacin con la cual puede tambin sujetar  s todas las cosas.<CM>
ASI que, hermanos mos amados y deseados, gozo y corona ma, estad as firmes en el Seor, amados.
A Euodias ruego, y  Syntych exhorto, que sientan lo mismo en el Seor.
Asimismo te ruego tambin  ti, hermano compaero, ayuda  las que trabajaron juntamente conmigo en el evangelio, con Clemente tambin, y los dems mis colaboradores, cuyos nombres estn en el libro de la vida.
Gozaos en el Seor siempre: otra vez digo: Que os gocis.
Vuestra modestia sea conocida de todos los hombres. El Seor est cerca.
Por nada estis afanosos; sino sean notorias vuestras peticiones delante de Dios en toda oracin y ruego, con hacimiento de gracias.
Y la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, guardar vuestros corazones y vuestros entendimientos en Cristo Jess.
Por lo dems, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si alguna alabanza, en esto pensad.
Lo que aprendisteis y recibisteis y osteis y visteis en m, esto haced; y el Dios de paz ser con vosotros.<CM>
Mas en gran manera me goc en el Seor de que ya al fin ha reflorecido vuestro cuidado de m; de lo cual aun estabais solcitos, pero os faltaba la oportunidad.
No lo digo en razn de indigencia, pues he aprendido  contentarme con lo que tengo.
S estar humillado, y s tener abundancia: en todo y por todo estoy enseado, as para hartura como para hambre, as para tener abundancia como para padecer necesidad.
Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.
Sin embargo, bien hicisteis que comunicasteis juntamente  mi tribulacin.
Y sabis tambin vosotros, oh Filipenses, que al principio del evangelio, cuando part de Macedonia, ninguna iglesia me comunic en razn de dar y recibir, sino vosotros solos.
Porque aun  Tesalnica me enviasteis lo necesario una y dos veces.
No porque busque ddivas; mas busco fruto que abunde en vuestra cuenta.
Empero todo lo he recibido, y tengo abundancia: estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis, olor de suavidad, sacrificio acepto, agradable  Dios.
Mi Dios, pues, suplir todo lo que os falta conforme  sus riquezas en gloria en Cristo Jess.<CM>
Al Dios pues y Padre nuestro sea gloria por los siglos de los siglos. Amn.
Saludad  todos los santos en Cristo Jess. Los hermanos que estn conmigo os saludan.
Todos los santos os saludan, y mayormente los que son de casa de Csar.
La gracia de nuestro Seor Jesucristo sea con todos vosotros. Amn.<CM>
PABLO, apstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo,
A los santos y hermanos fieles en Cristo que estn en Colosas: Gracia y paz  vosotros de Dios Padre nuestro, y del Seor Jesucristo.<CM>
Damos gracias al Dios y Padre del Seor nuestro Jesucristo, siempre orando por vosotros:
Habiendo odo vuestra fe en Cristo Jess, y el amor que tenis  todos los santos,
A causa de la esperanza que os est guardada en los cielos, de la cual habis odo ya por la palabra verdadera del evangelio:
El cual ha llegado hasta vosotros, como por todo el mundo; y fructifica y crece, como tambin en vosotros, desde el da que osteis y conocisteis la gracia de Dios en verdad,
Como habis aprendido de Epafras, nuestro consiervo amado, el cual es un fiel ministro de Cristo  favor vuestro;
El cual tambin nos ha declarado vuestro amor en el Espritu.<CM>
Por lo cual tambin nosotros, desde el da que lo omos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seis llenos del conocimiento de su voluntad, en toda sabidura y espiritual inteligencia;
Para que andis como es digno del Seor, agradndo le en todo, fructificando en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios:
Corroborados de toda fortaleza, conforme  la potencia de su gloria, para toda tolerancia y largura de nimo con gozo;<CM>
Dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la suerte de los santos en luz:
Que nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo;
En el cual tenemos redencin por su sangre, la remisin de pecados:
El cual es la imagen del Dios invisible, el primognito de toda criatura.
Porque por l fueron criadas todas las cosas que estn en los cielos, y que estn en la tierra, visibles  invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fu criado por l y para l.
Y l es antes de todas las cosas, y por l todas las cosas subsisten:
Y l es la cabeza del cuerpo que es la iglesia; l que es el principio, el primognito de los muertos, para que en todo tenga el primado.
Por cuanto agrad al Padre que en l habitase toda plenitud,
Y por l reconciliar todas las cosas  s, pacificando por la sangre de su cruz, as lo que est en la tierra como lo que est en los cielos.
A vosotros tambin, que erais en otro tiempo extraos y enemigos de nimo en malas obras, ahora empero os ha reconciliado
En el cuerpo de su carne por medio de muerte, para haceros santos, y sin mancha,  irreprensibles delante de l:
Si empero permanecis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habis odo; el cual es predicado  toda criatura que est debajo del cielo; del cual yo Pablo soy hecho ministro.
Que ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia;
De la cual soy hecho ministro, segn la dispensacin de Dios que me fu dada en orden  vosotros, para que cumpla la palabra de Dios;
A saber, el misterio que haba estado oculto desde los siglos y edades, mas ahora ha sido manifestado  sus santos:
A los cuales quiso Dios hacer notorias las riquezas de la gloria de este misterio entre los Gentiles; que es Cristo en vosotros la esperanza de gloria:
El cual nosotros anunciamos, amonestando  todo hombre, y enseando en toda sabidura, para que presentemos  todo hombre perfecto en Cristo Jess:
En lo cual aun trabajo, combatiendo segn la operacin de l, la cual obra en m poderosamente.<CM>
PORQUE quiero que sepis cun gran solicitud tengo por vosotros, y por los que estn en Laodicea, y por todos los que nunca vieron mi rostro en carne;
Para que sean confortados sus corazones, unidos en amor, y en todas riquezas de cumplido entendimiento para conocer el misterio de Dios, y del Padre, y de Cristo;
En el cual estn escondidos todos los tesoros de sabidura y conocimiento.<CM>
Y esto digo, para que nadie os engae con palabras persuasivas.
Porque aunque estoy ausente con el cuerpo, no obstante con el espritu estoy con vosotros, gozndome y mirando vuestro concierto, y la firmeza de vuestra fe en Cristo.
Por tanto, de la manera que habis recibido al Seor Jesucristo, andad en l:
Arraigados y sobreedificados en l, y confirmados en la fe, as como habis aprendido, creciendo en ella con hacimiento de gracias.
Mirad que ninguno os engae por filosofas y vanas sustilezas, segn las tradiciones de los hombres, conforme  los elementos del mundo, y no segn Cristo:
Porque en l habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente:
Y en l estis cumplidos, el cual es la cabeza de todo principado y potestad:
En el cual tambin sois circuncidados de circuncisin no hecha con manos, con el despojamiento del cuerpo de los pecados de la carne, en la circuncisin de Cristo;
Sepultados juntamente con l en la bautismo, en el cual tambin resucitasteis con l, por la fe de la operacin de Dios que le levant de los muertos.<CM>
Y  vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisin de vuestra carne, os vivific juntamente con l, perdonndoos todos los pecados,
Rayendo la cdula de los ritos que nos era contraria, que era contra nosotros, quitndola de en medio y enclavndola en la cruz;
Y despojando los principados y las potestades, saclos  la vergenza en pblico, triunfando de ellos en s mismo.<CM>
Por tanto, nadie os juzgue en comida,  en bebida,  en parte de da de fiesta,  de nueva luna,  de sbados:
Lo cual es la sombra de lo por venir; mas el cuerpo es de Cristo.
Nadie os prive de vuestro premio, afectando humildad y culto  los ngeles, metindose en lo que no ha visto, vanamente hinchado en el sentido de su propia carne,
Y no teniendo la cabeza, de la cual todo el cuerpo, alimentado y conjunto por las ligaduras y conjunturas, crece en aumento de Dios.
Pues si sois muertos con Cristo cuanto  los rudimentos del mundo, por qu como si vivieseis al mundo, os sometis  ordenanzas,
Tales como, No manejes, ni gustes, ni aun toques,
(Las cuales cosas son todas para destruccin en el uso mismo), en conformidad  mandamientos y doctrinas de hombres?
Tales cosas tienen  la verdad cierta reputacin de sabidura en culto voluntario, y humildad, y en duro trato del cuerpo; no en alguna honra para el saciar de la carne.<CM>
SI habis pues resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde est Cristo sentado  la diestra de Dios.
Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.
Porque muertos sois, y vuestra vida est escondida con Cristo en Dios.
Cuando Cristo, vuestra vida, se manifestare, entonces vosotros tambin seris manifestados con l en gloria.<CM>
Amortiguad, pues, vuestros miembros que estn sobre la tierra: fornicacin, inmundicia, molicie, mala concupiscencia, y avaricia, que es idolatra:
Por las cuales cosas la ira de Dios viene sobre los hijos de rebelin.
En las cuales vosotros tambin anduvisteis en otro tiempo viviendo en ellas.<CM>
Mas ahora, dejad tambin vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, maledicencia, torpes palabras de vuestra boca.
No mintis los unos  los otros, habindoos despojado del viejo hombre con sus hechos,
Y revestdoos del nuevo, el cual por el conocimiento es renovado conforme  la imagen del que lo cri;
Donde no hay Griego ni Judo, circuncisin ni incircuncisin, brbaro ni Scytha, siervo ni libre; mas Cristo es el todo, y en todos.<CM>
Vestos pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entraas de misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de tolerancia;
Sufrindoos los unos  los otros, y perdonndoos los unos  los otros si alguno tuviere queja del otro: de la manera que Crito os perdon, as tambin hacedlo vosotros.
Y sobre todas estas cosas vestos de caridad, la cual es el vnculo de la perfeccin.
Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones,  la cual asimismo sois llamados en un cuerpo; y sed agradecidos.
La palabra de Cristo habite en vosotros en abundancia en toda sabidura, ensendoos y exhortndoos los unos  los otros con salmos  himnos y canciones espirituales, con gracia cantando en vuestros corazones al Seor.
Y todo lo que hacis, sea de palabra,  de hecho, hacedlo todo en el nombre del Seor Jess, dando gracias  Dios Padre por l.<CM>
Casadas, estad sujetas  vuestros maridos, como conviene en el Seor.
Maridos, amad  vuestras mujeres, y no seis desapacibles con ellas.
Hijos, obedeced  vuestros padres en todo; porque esto agrada al Seor.
Padres, no irritis  vuestros hijos, porque no se hagan de poco nimo.
Siervos, obedeced en todo  vuestros amos carnales, no sirviendo al ojo, como los que agradan  los hombres, sino con sencillez de corazn, temiendo  Dios:
Y todo lo que hagis, hacedlo de nimo, como al Seor, y no  los hombres;
Sabiendo que del Seor recibiris la compensacin de la herencia: porque al Seor Cristo servs.
Mas el que hace injuria, recibir la injuria que hiciere; que no hay acepcin de personas.<CM>
AMOS, haced lo que es justo y derecho con vuestros siervos, sabiendo que tambin vosotros tenis amo en los cielos.<CM>
Perseverad en oracin, velando en ella con hacimiento de gracias:
Orando tambin juntamente por nosotros, que el Seor nos abra la puerta de la palabra, para hablar el misterio de Cristo, por el cual aun estoy preso,
Para que lo manifieste como me conviene hablar.<CM>
Andad en sabidura para con los extraos, redimiendo el tiempo.
Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal; para que sepis cmo os conviene responder  cada uno.<CM>
Todos mis negocios os har saber Tichco, hermano amado y fiel ministro y consiervo en el Seor:
El cual os he enviado  esto mismo, para que entienda vuestros negocios, y consuele vuestros corazones;
Con Onsimo, amado y fiel hermano, el cual es de vosotros. Todo lo que ac pasa, os harn saber.
Aristarch, mi compaero en la prisin, os saluda, y Marcos, el sobrino de Bernab (acerca del cual habis recibido mandamientos; si fuere  vosotros, recibidle),
Y Jess, el que se llama Justo; los cuales son de la circuncisin: stos solos son los que me ayudan en el reino de Dios, y me han sido consuelo.
Os saluda Epafras, el cual es de vosotros, siervo de Cristo, siempre solcito por vosotros en oraciones, para que estis firmes, perfectos y cumplidos en todo lo que Dios quiere.
Porque le doy testimonio, que tiene gran celo por vosotros, y por los que estn en Laodicea, y los que en Hierpolis.
Os saluda Lucas, el mdico amado, y Demas.
Saludad  los hermanos que estn en Laodicea, y  Nimfas, y  la iglesia que est en su casa.
Y cuando esta carta fuere leda entre vosotros, haced que tambin sea leda en la iglesia de los Laodicenses; y la de Laodicea que la leis tambin vosotros.
Y decid  Archpo: Mira que cumplas el ministerio que has recibido del Seor.
La salutacin de mi mano, de Pablo. Acordaos de mis prisiones. La gracia sea con vosotros. Amn. enviada con Tichco y Onsimo.<CM>
PABLO, y Silvano, y Timoteo,  la iglesia de los Tesalonicenses que es en Dios Padre y en el Seor Jesucristo: Gracia y paz  vosotros de Dios nuestro Padre y del Seor Jesucristo.<CM>
Damos siempre gracias  Dios por todos vosotros, haciendo memoria de vosotros en nuestras oraciones;
Sin cesar acordndonos delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, y del trabajo de amor, y de la tolerancia de la esperanza del Seor nuestro Jesucristo:
Sabiendo, hermanos amados de Dios, vuestra eleccin:
Por cuanto nuestro evangelio no fu  vosotros en palabra solamente, mas tambin en potencia, y en Espritu Santo, y en gran plenitud; como sabis cules fuimos entre vosotros por amor de vosotros.<CM>
Y vosotros fuisteis hechos imitadores de nosotros, y del Seor, recibiendo la palabra con mucha tribulacin, con gozo del Espritu Santo:
En tal manera que habis sido ejemplo  todos los que han credo en Macedonia y en Acaya.
Porque de vosotros ha sido divulgada la palabra del Seor no slo en Macedonia y en Acaya, mas aun en todo lugar vuestra fe en Dios se ha extendido; de modo que no tenemos necesidad de hablar nada.
Porque ellos cuentan de nosotros cul entrada tuvimos  vosotros; y cmo os convertisteis de los dolos  Dios, para servir al Dios vivo y verdadero.
Y esperar  su Hijo de los cielos, al cual resucit de los muertos;  Jess, el cual nos libr de la ira que ha de venir.<CM>
PORQUE, hermanos, vosotros mismos sabis que nuestra entrada  vosotros no fu vana:
Pues aun habiendo padecido antes, y sido afrentados en Filipos, como sabis, tuvimos denuedo en Dios nuestro para anunciaros el evangelio de Dios con gran combate.
Porque nuestra exhortacin no fu de error, ni de inmundicia, ni por engao;
Sino segn fuimos aprobados de Dios para que se nos encargase el evangelio, as hablamos; no como los que agradan  los hombres, sino  Dios, el cual prueba nuestros corazones.
Porque nunca fuimos lisonjeros en la palabra, como sabis, ni tocados de avaricia; Dios es testigo;
Ni buscamos de los hombres gloria, ni de vosotros, ni de otros, aunque podamos seros carga como apstoles de Cristo.<CM>
Antes fuimos blandos entre vosotros como la que cra, que regala  sus hijos:
Tan amadores de vosotros, que quisiramos entregaros no slo el evangelio de Dios, mas aun nuestras propias almas; porque nos erais carsimos.
Porque ya, hermanos, os acordis de nuestro trabajo y fatiga: que trabajando de noche y de da por no ser gravosos  ninguno de vosotros, os predicamos el evangelio de Dios.
Vosotros sois testigos, y Dios, de cun santa y justa  irreprensiblemente nos condujimos con vosotros que cresteis:
As como sabis de qu modo exhortbamos y consolbamos  cada uno de vosotros, como el padre  sus hijos,
Y os protestbamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llam  su reino y gloria.<CM>
Por lo cual, tambin nosotros damos gracias  Dios sin cesar, de que habiendo recibido la palabra de Dios que osteis de nosotros, recibisteis no palabra de hombres, sino segn es en verdad, la palabra de Dios, el cual obra en vosotros los que cresteis.
Porque vosotros, hermanos, habis sido imitadores de las iglesias de Dios en Cristo Jess que estn en Judea; pues habis padecido tambin vosotros las mismas cosas de los de vuestra propia nacin, como tambin ellos de los Judos;
Los cuales aun mataron al Seor Jess y  sus propios profetas, y  nosotros nos han perseguido; y no agradan  Dios, y se oponen  todos los hombres;
Prohibindonos hablar  los Gentiles,  fin de que se salven, para henchir la medida de sus pecados siempre: pues vino sobre ellos la ira hasta el extremo.<CM>
Mas nosotros, hermanos, privados de vosotros por un poco de tiempo, de vista, no de corazn, tanto ms procuramos con mucho deseo ver vuestro rostro.
Por lo cual quisimos ir  vosotros, yo Pablo  la verdad, una vez y otra; mas Satans nos embaraz.
Porque cul es nuestra esperanza,  gozo,  corona de que me glore? No sois vosotros, delante de nuestro Seor Jesucristo en su venida?
Que vosotros sois nuestra gloria y gozo.<CM>
POR lo cual, no pudiendo esperar ms, acordamos quedarnos solos en Atenas,
Y enviamos  Timoteo, nuestro hermano, y ministro de Dios, y colaborador nuestro en el evangelio de Cristo,  confirmaros y exhortaros en vuestra fe,
Para que nadie se conmueva por estas tribulaciones; porque vosotros sabis que nosotros somos puestos para esto.
Que aun estando con vosotros, os predecamos que habamos de pasar tribulaciones, como ha acontecido y sabis.
Por lo cual, tambin yo, no esperando ms, he enviado  reconocer vuestra fe, no sea que os haya tentado el tentador, y que nuestro trabajo haya sido en vano.<CM>
Empero volviendo de vosotros  nosotros Timoteo, y hacindonos saber vuestra fe y caridad, y que siempre tenis buena memoria de nosotros, deseando vernos, como tambin nosotros  vosotros,
En ello, hermanos, recibimos consolacin de vosotros en toda nuestra necesidad y afliccin por causa de vuestra fe:
Porque ahora vivimos, si vosotros estis firmes en el Seor.
Por lo cual, qu hacimiento de gracias podremos dar  Dios por vosotros, por todo el gozo con que nos gozamos  causa de vosotros delante de nuestro Dios,
Orando de noche y de da con grande instancia, que veamos vuestro rostro, y que cumplamos lo que falta  vuestra fe?<CM>
Mas el mismo Dios y Padre nuestro, y el Seor nuestro Jesucristo, encamine nuestro viaje  vosotros.
Y  vosotros multiplique el Seor, y haga abundar el amor entre vosotros, y para con todos, como es tambin de nosotros para con vosotros;
Para que sean confirmados vuestros corazones en santidad, irreprensibles delante de Dios y nuestro Padre, para la venida de nuestro Seor Jesucristo con todos sus santos.<CM>
RESTA pues, hermanos, que os roguemos y exhortemos en el Seor Jess, que de la manera que fuisteis enseados de nosotros de cmo os conviene andar, y agradar  Dios, as vayis creciendo.
Porque ya sabis qu mandamientos os dimos por el Seor Jess.
Porque la voluntad de Dios es vuestra santificacin: que os apartis de fornicacin;
Que cada uno de vosotros sepa tener su vaso en santificacin y honor;
No con afecto de concupiscencia, como los Gentiles que no conocen  Dios:
Que ninguno oprima, ni engae en nada  su hermano: porque el Seor es vengador de todo esto, como ya os hemos dicho y protestado.
Porque no nos ha llamado Dios  inmundicia, sino  santificacin.
As que, el que menosprecia, no menosprecia  hombre, sino  Dios, el cual tambin nos di su Espritu Santo.<CM>
Mas acerca de la caridad fraterna no habis menester que os escriba: porque vosotros mismos habis aprendido de Dios que os amis los unos  los otros;
Y tambin lo hacis as con todos los hermanos que estn por toda Macedonia. Empero os rogamos, hermanos, que abundis ms;
Y que procuris tener quietud, y hacer vuestros negocios, y obris de vuestras manos de la manera que os hemos mandado;
A fin de que andis honestamente para con los extraos, y no necesitis de nada.<CM>
Tampoco, hermanos, queremos que ignoris acerca de los que duermen, que no os entristezcis como los otros que no tienen esperanza.
Porque si creemos que Jess muri y resucit, as tambin traer Dios con l  los que durmieron en Jess.
Por lo cual, os decimos esto en palabra del Seor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Seor, no seremos delanteros  los que durmieron.
Porque el mismo Seor con aclamacin, con voz de arcngel, y con trompeta de Dios, descender del cielo; y los muertos en Cristo resucitarn primero:
Luego nosotros, los que vivimos, los que quedamos, juntamente con ellos seremos arrebatados en las nubes  recibir al Seor en el aire, y as estaremos siempre con el Seor.
Por tanto, consolaos los unos  los otros en estas palabras.<CM>
EMPERO acerca de los tiempos y de los momentos, no tenis, hermanos, necesidad de que yo os escriba:
Porque vosotros sabis bien, que el da del Seor vendr as como ladrn de noche,
Que cuando dirn, Paz y seguridad, entonces vendr sobre ellos destruccin de repente, como los dolores  la mujer preada; y no escaparn.
Mas vosotros, hermanos, no estis en tinieblas, para que aquel da os sobrecoja como ladrn;
Porque todos vosotros sois hijos de luz,  hijos del da; no somos de la noche, ni de las tinieblas.<CM>
Por tanto, no durmamos como los dems; antes velemos y seamos sobrios.
Porque los que duermen, de noche duermen; y los que estn borrachos, de noche estn borrachos.
Mas nosotros, que somos del da, estemos sobrios, vestidos de cota de fe y de caridad, y la esperanza de salud por yelmo.
Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salud por nuestro Seor Jesucristo;
El cual muri por nosotros, para que  que velemos,  que durmamos, vivamos juntamente con l.<CM>
Por lo cual, consolaos los unos  los otros, y edificaos los unos  los otros, as como lo hacis.
Y os rogamos, hermanos, que reconozcis  los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Seor, y os amonestan:
Y que los tengis en mucha estima por amor de su obra. Tened paz los unos con los otros.
Tambin os rogamos, hermanos, que amonestis  los que andan desordenadamente, que consolis  los de poco nimo, que soportis  los flacos, que seis sufridos para con todos.
Mirad que ninguno d  otro mal por mal; antes seguid lo bueno siempre los unos para con los otros, y para con todos.<CM>
Estad siempre gozosos.
Orad sin cesar.
Dad gracias en todo; porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jess.
No apaguis el Espritu.
No menospreciis las profecas.
Examinadlo todo; retened lo bueno.
Apartaos de toda especie de mal.<CM>
Y el Dios de paz os santifique en todo; para que vuestro espritu y alma y cuerpo sea guardado entero sin reprensin para la venida de nuestro Seor Jesucristo.
Fiel es el que os ha llamado; el cual tambin lo har.
Hermanos, orad por nosotros.
Saludad  todos los hermanos en sculo santo.
Conjroos por el Seor, que esta carta sea leda  todos los santos hermanos.
La gracia de nuestro Seor Jesucristo sea con vosotros. Amn. espstola  los Tesalonicenses fu escrita de Atenas.<CM>
PABLO, y Silvano, y Timoteo,  la iglesia de los Tesalonicenses que es en Dios nuestro Padre y en el Seor Jesucristo:
Gracia y paz  vosotros de Dios nuestro Padre y del Seor Jesucristo.
Debemos siempre dar gracias  Dios de vosotros, hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo, y la caridad de cada uno de todos vosotros abunda entre vosotros;
Tanto, que nosotros mismos nos gloriamos de vosotros en las iglesias de Dios, de vuestra paciencia y en todas vuestras persecuciones y tribulaciones que sufrs:<CM>
Una demostracin del justo juicio de Dios, para que seis tenidos por dignos del reino de Dios, por el cual asimismo padecis.
Porque es justo para con Dios pagar con tribulacin  los que os atribulan;
Y  vosotros, que sois atribulados, dar reposo con nosotros, cuando se manifestar el Seor Jess del cielo con los ngeles de su potencia,
En llama de fuego, para dar el pago  los que no conocieron  Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Seor Jesucristo;
Los cuales sern castigados de eterna perdicin por la presencia del Seor, y por la gloria de su potencia,
Cuando viniere para ser glorificado en sus santos, y  hacerse admirable en aquel da en todos los que creyeron: (por cuanto nuestro testimonio ha sido credo entre vosotros.)<CM>
Por lo cual, asimismo oramos siempre por vosotros, que nuestro Dios os tenga por dignos de su vocacin, e hincha de bondad todo buen intento, y toda obra de fe con potencia,
Para que el nombre, de nuestro Seor Jesucristo sea glorificado en vosotros, y vosotros en l, por la gracia de nuestro Dios y del Seor Jesucristo.<CM>
EMPERO os rogamos, hermanos, cuanto  la venida de nuestro Seor Jesucristo, y nuestro recogimiento  l,
Que no os movis fcilmente de vuestro sentimiento, ni os conturbis ni por espritu, ni por palabra, ni por carta como nuestra, como que el da del Seor est cerca.<CM>
No os engae nadie en ninguna manera; porque no vendr sin que venga antes la apostasa, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdicin,
Oponindose, y levantndose contra todo lo que se llama Dios,  que se adora; tanto que se asiente en el templo de Dios como Dios, hacindose parecer Dios.
No os acordis que cuando estaba todava con vosotros, os deca esto?
Y ahora vosotros sabis lo que impide, para que  su tiempo se manifieste.
Porque ya est obrando el misterio de iniquidad: solamente espera hasta que sea quitado de en medio el que ahora impide;
Y entonces ser manifestado aquel inicuo, al cual el Seor matar con el espritu de su boca, y destruir con el resplandor de su venida;
A aquel inicuo, cuyo advenimiento es segn operacin de Satans, con grande potencia, y seales, y milagros mentirosos,
Y con todo engao de iniquidad en los que perecen; por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos.
Por tanto, pues, les enva Dios operacin de error, para que crean  la mentira;
Para que sean condenados todos los que no creyeron  la verdad, antes consintieron  la iniquidad.<CM>
Mas nosotros debemos dar siempre gracias  Dios por vosotros, hermanos amados del Seor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salud, por la santificacin del Espritu y fe de la verdad:
A lo cual os llam por nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Seor Jesucristo.
As que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habis aprendido, sea por palabra,  por carta nuestra.<CM>
Y el mismo Seor nuestro Jesucristo, y Dios y Padre nuestro, el cual nos am, y nos di consolacin eterna, y buena esperanza por gracia,
Consuele vuestros corazones, y os confirme en toda buena palabra y obra.<CM>
RESTA, hermanos, que oris por nosotros, que la palabra del Seor corra y sea glorificada as como entre vosotros:
Y que seamos librados de hombres importunos y malos; porque no es de todos la fe.
Mas fiel es el Seor, que os confirmar y guardar del mal.
Y tenemos confianza de vosotros en el Seor, que hacis y haris lo que os hemos mandado.
Y el Seor enderece vuestros corazones en el amor de Dios, y en la paciencia de Cristo.<CM>
Empero os denunciamos, hermanos, en el nombre de nuestro Seor Jesucristo, que os apartis de todo hermano que anduviere fuera de orden, y no conforme  la doctrina que recibieron de nosotros:
Porque vosotros mismos sabis de qu manera debis imitarnos: porque no anduvimos desordenadamente entre vosotros,
Ni comimos el pan de ninguno de balde; antes, obrando con trabajo y fatiga de noche y de da, por no ser gravosos  ninguno de vosotros;
No porque no tuvisemos potestad, sino por daros en nosotros un dechado, para que nos imitaseis.
Porque aun estando con vosotros, os denuncibamos esto: Que si alguno no quisiere trabajar, tampoco coma.
Porque omos que andan algunos entre vosotros fuera de orden, no trabajando en nada, sino ocupados en curiosear.
Y  los tales requerimos y rogamos por nuestro Seor Jesucristo, que, trabajando con reposo, coman su pan.
Y vosotros, hermanos, no os cansis de hacer bien.
Y si alguno no obedeciere  nuestra palabra por carta, notad al tal, y no os juntis con l, para que se avergence.
Mas no lo tengis como  enemigo, sino amonestadle como  hermano.<CM>
Y el mismo Seor de paz os d siempre paz en toda manera. El Seor sea con todos vosotros.
Salud de mi mano, Pablo, que es mi signo en toda carta ma: as escribo.
La gracia de nuestro Seor Jesucristo sea con todos vosotros. Amn. Epstola  los Tesalonicenses fu escrita de Atenas.<CM>
PABLO, apstol de Jesucristo por la ordenacin de Dios nuestro Salvador, y del Seor Jesucristo, nuestra esperanza;
A Timoteo, verdadero hijo en la fe: Gracia, misericordia y paz de Dios nuestro Padre, y de Cristo Jess nuestro Seor.
Como te rogu que te quedases en Efeso, cuando part para Macedonia, para que requirieses  algunos que no enseen diversa doctrina,
Ni presten atencin  fbulas y genealogas sin trmino, que antes engendran cuestiones que la edificacin de Dios que es por fe; as te encargo ahora.<CM>
Pues el fin del mandamiento es la caridad nacida de corazn limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida:
De lo cual distrayndose algunos, se apartaron  vanas plticas;
Queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan, ni lo que afirman.
Sabemos empero que la ley es buena, si alguno usa de ella legtimamente;
Conociendo esto, que la ley no es puesta para el justo, sino para los injustos y para los desobedientes, para los impos y pecadores, para los malos y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas,
Para los fornicarios, para los sodomitas, para los ladrones de hombres, para los mentirosos y ladrones de hombres, para los mentirosos y fjperjuros, y si hay alguna otra cosa contraria  la sana doctrina;
Segn el evangelio de la gloria del Dios bendito, el cual  m me ha sido encargado.<CM>
Y doy gracias al que me fortific,  Cristo Jess nuestro Seor, de que me tuvo por fiel, ponindome en el ministerio:
Habiendo sido antes blasfemo y perseguidor  injuriador: mas fu recibido  misericordia, porque lo hice con ignorancia en incredulidad.
Mas la gracia de nuestro Seor fu ms abundante con la fe y amor que es en Cristo Jess.
Palabra fiel y digna de ser recibida de todos: que Cristo Jess vino al mundo para salvar  los pecadores, de los cuales yo soy el primero.
Mas por esto fu recibido  misericordia, para que Jesucristo mostrase en m el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que haban de creer en l para vida eterna.
Por tanto, al Rey de siglos, inmortal, invisible, al solo sabio Dios sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amn.<CM>
Este mandamiento, hijo Timoteo, te encargo, para que, conforme  las profecas pasadas de ti, milites por ellas buena milicia;
Manteniendo la fe y buena conciencia, la cual echando de s algunos, hicieron naufragio en la fe:
De los cuales son Himeneo y Alejandro, los cuales entregu  Satans, para que aprendan  no blasfemar.<CM>
AMONESTO pues, ante todas cosas, que se hagan rogativas, oraciones, peticiones, hacimientos de gracias, por todos los hombres;
Por los reyes y por todos los que estn en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad.
Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador;
El cual quiere que todos los hombres sean salvos, y que vengan al conocimiento de la verdad.
Porque hay un Dios, asimismo un mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre;
El cual se di  s mismo en precio del rescate por todos, para testimonio en sus tiempos:
De lo que yo soy puesto por predicador y apstol, (digo verdad en Cristo, no miento) doctor de los Gentiles en fidelidad y verdad.
Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos limpias, sin ira ni contienda.<CM>
Asimismo tambin las mujeres, atavindose en hbito honesto, con vergenza y modestia; no con cabellos encrespados, u oro,  perlas,  vestidos costosos.
Sino de buenas obras, como conviene  mujeres que profesan piedad.
La mujer aprenda en silencio, con toda sujecin.
Porque no permito  la mujer ensear, ni tomar autoridad sobre el hombre, sino estar en silencio.
Porque Adam fu formado el primero, despus Eva;
Y Adam no fu engaado, sino la mujer, siendo seducida, vino  ser envuelta en transgresin:
Empero se salvar engendrando hijos, si permaneciere en la fe y caridad y santidad, con modestia.<CM>
PALABRA fiel: Si alguno apetece obispado, buena obra desea.
Conviene, pues, que el obispo sea irreprensible, marido de una mujer, solcito, templado, compuesto, hospedador, apto para ensear;
No amador del vino, no heridor, no codicioso de torpes ganancias, sino moderado, no litigioso, ajeno de avaricia;
Que gobierne bien su casa, que tenga sus hijos en sujecin con toda honestidad;
(Porque el que no sabe gobernar su casa, cmo cuidar de la iglesia de Dios?)
No un nefito, porque inflndose no caiga en juicio del diablo.
Tambin conviene que tenga buen testimonio de los extraos, porque no caiga en afrenta y en lazo del diablo.<CM>
Los diconos asimismo, deben ser honestos, no bilinges, no dados  mucho vino, no amadores de torpes ganancias;
Que tengan el misterio de la fe con limpia conciencia.
Y stos tambin sean antes probados; y as ministren, si fueren sin crimen.
Las mujeres asimismo, honestas, no detractoras, templadas, fieles en todo.
Los diconos sean maridos de una mujer, que gobiernen bien sus hijos y sus casas.
Porque los que bien ministraren, ganan para s buen grado, y mucha confianza en la fe que es en Cristo Jess.<CM>
Esto te escribo con esperanza que ir presto  ti:
Y si no fuere tan presto, para que sepas cmo te conviene conversar en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios vivo, columna y apoyo de la verdad.
Y sin cotradiccin, grande es el misterio de la piedad: Dios ha sido manifestado en carne; ha sido justificado con el Espritu; ha sido visto de los ngeles; ha sido predicado  los Gentiles; ha sido credo en el mundo; ha sido recibido en gloria.<CM>
EMPERO el Espritu dice manifiestamente, que en los venideros tiempos alguno apostatarn de la fe escuchando  espritus de error y  doctrinas de demonios;
Que con hipocresa hablarn mentira, teniendo cauterizada la conciencia.
Que prohibirn casarse, y mandarn abstenerse de las viandas que Dios cri para que con hacimiento de gracias participasen de ellas los fieles, y los que han conocido la verdad.
Porque todo lo que Dios cri es bueno, y nada hay que desechar, tomndose con hacimiento de gracias:
Porque por la palabra de Dios y por la oracin es santificado.<CM>
Si esto propusieres  los hermanos, sers buen ministro de Jesucristo, criado en las palabras de la fe y de la buena doctrina, la cual has alcanzado.
Mas las fbulas profanas y de viejas desecha, y ejerctate para la piedad.
Porque el ejercicio corporal para poco es provechoso; mas la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera.
Palabra fiel es esta, y digna de ser recibida de todos.
Que por esto aun trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios viviente, el cual es Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen.
Esto manda y ensea.
Ninguno tenga en poco tu juventud; pero s ejemplo de los fieles en palabra, en conversacin, en caridad, en espritu, en fe, en limpieza.
Entre tanto que voy, ocpate en leer, en exhortar, en ensear.
No descuides el don que est en ti, que te es dado por profeca con la imposicin de las manos del presbiterio.
Medita estas cosas; ocpate en ellas; para que tu aprovechamiento sea manifiesto  todos.
Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello; pues haciendo esto,  ti mismo salvars y  los que te oyeren.<CM>
NO reprendas al anciano, sino exhrtale como  padre:  los ms jvenes, como  hermanos;
A las ancianas, como  madres;  las jovencitas, como  hermanas, con toda pureza.<CM>
Honra  las viudas que en verdad son viudas.
Pero si alguna viuda tuviere hijos,  nietos, aprendan primero  gobernar su casa piadosamente, y  recompensar  sus padres: porque esto es lo honesto y agradable delante de Dios.
Ahora, la que en verdad es viuda y solitaria, espera en Dios, y es diligente en suplicaciones y oraciones noche y da.
Pero la que vive en delicias, viviendo est muerta.
Denuncia pues estas cosas, para que sean sin reprensin.
Y si alguno no tiene cuidado de los suyos, y mayormente de los de su casa, la fe neg, y es peor que un infiel.
La viuda sea puesta en clase especial, no menos que de sesenta aos, que haya sido esposa de un solo marido.
Que tenga testimonio en buenas obras; si cri hijos; si ha ejercitado la hospitalidad; si ha lavado los pies de los santos; si ha socorrido  los afligidos; si ha seguido toda buena obra.
Pero viudas ms jvenes no admitas: porque despus de hacerse licenciosas contra Cristo, quieren casarse.
Condenadas ya, por haber falseado la primera fe.
Y aun tambin se acostrumbran  ser ociosas,  andar de casa en casa; y no solamente ociosas, sino tambin parleras y curiosas, hablando lo que no conviene.
Quiero pues, que las que son jvenes se casen, cren hijos, gobiernen la casa; que ninguna ocasin den al adversario para maldecir.
Porque ya algunas han vuelto atrs en pos de Satans.
Si algn fiel  alguna fiel tiene viudas, mantngalas, y no sea gravada la iglesia;  fin de que haya lo suficiente para las que de verdad son viudas.<CM>
Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doblada honra; mayormente los que trabajan en predicar y ensear.
Porque la Escritura dice: No embozars al buey que trilla; y: Digno es el obrero de su jornal.
Contra el anciano no recibas acusacin sino con dos  tres testigos.
A los que pecaren, reprndelos delante de todos, para que los otros tambin teman.
Te requiero delante de Dios y del Seor Jesucristo, y de sus ngeles escogidos, que guardes estas cosas sin perjuicio de nadie, que nada hagas inclinndote  la una parte.
No impongas de ligero las manos  ninguno, ni comuniques en pecados ajenos: consrvate en limpieza.
No bebas de aqu adelante agua, sino usa de un poco de vino por causa del estmago, y de tus continuas enfermedades.
Los pecados de algunos hombres, antes que vengan ellos  juicio, son manifiestos; mas  otros les vienen despus.
Asimismo las buenas obras antes son manifiestas; y las que son de otra manera, no pueden esconderse.<CM>
TODOS los que estn debajo del yugo de servidumbre, tengan  sus seores por dignos de toda honra, porque no sea blasfemado el nombre del Seor y la doctrina.
Y los que tienen amos fieles, no los tengan en menos, por ser hermanos; antes srvanles mejor, por cuanto son fieles y amados, y partcipes del beneficio. Esto ensea y exhorta.
Si alguno ensea otra cosa, y no asiente  sanas palabras de nuestro Seor Jesucristo, y  la doctrina que es conforme  la piedad;
Es hinchado, nada sabe, y enloquece acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, maledicencias, malas sospechas,
Porfas de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que tienen la piedad por granjera: aprtate de los tales.<CM>
Empero grande granjera es la piedad con contentamiento.
Porque nada hemos trado  este mundo, y sin duda nada podremos sacar.
As que, teniendo sustento y con qu cubrirnos, seamos contentos con esto.
Porque los que quieren enriquecerse, caen en tentacin y lazo, y en muchas codicias locas y daosas, que hunden  los hombres en perdicin y muerte.
Porque el amor del dinero es la raz de todos los males: el cual codiciando algunos, se descaminaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.
Mas t, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, la caridad, la paciencia, la mansedumbre.
Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna,  la cual asimismo eres llamado, habiendo hecho buena profesin delante de muchos testigos.<CM>
Te mando delante de Dios, que da vida  todas las cosas, y de Jesucristo, que testific la buena profesin delante de Poncio Pilato,
Que guardes el mandamiento sin mcula ni reprensin, hasta la aparicin de nuestro Seor Jesucristo:
La cual  su tiempo mostrar el Bienaventurado y solo Poderoso, Rey de reyes, y Seor de seores;
Quien slo tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible;  quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver: al cual sea la honra y el imperio sempiterno. Amn.
A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en la incertidumbre de las riquezas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia de que gocemos:
Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, que con facilidad comuniquen;
Atesorando para s buen fundamento para lo por venir, que echen mano  la vida eterna.
Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, evitando las profanas plticas de vanas cosas, y los argumentos de la falsamente llamada ciencia:
La cual profesando algunos, fueron descaminados acerca de la fe. La gracia sea contigo. Amn. espstola  Timoteo fu escrita de Laodicea, que es metrpoli de la Frigia Pacatiana.<CM>
PABLO, apstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, segn la promesa de la vida que es en Cristo Jess,
A Timoteo, amado hijo: Gracia, misericordia, y paz de Dios el Padre y de Jesucristo nuestro Seor.
Doy gracias  Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar tengo memoria de ti en mis oraciones noche y da;
Deseando verte, acordndome de tus lgrimas, para ser lleno de gozo;
Trayendo  la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual residi primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice; y estoy cierto que en ti tambin.<CM>
Por lo cual te aconsejo que despiertes el don de Dios, que est en ti por la imposicin de mis manos.
Porque no nos ha dado Dios el espritu de temor, sino el de fortaleza, y de amor, y de templanza.
Por tanto no te avergences del testimonio de nuestro Seor, ni de m, preso suyo; antes s participante de los trabajos del evangelio segn la virtud de Dios,
Que nos salv y llam con vocacin santa, no conforme  nuestras obras, mas segn el intento suyo y gracia, la cual nos es dada en Cristo Jess antes de los tiempos de los siglos,
Mas ahora es manifestada por la aparicin de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quit la muerte, y sac  la luz la vida y la inmortalidad por el evangelio;
Del cual yo soy puesto predicador, y apstol, y maestro de los Gentiles.
Por lo cual asimismo padezco esto: mas no me avergenzo; porque yo s  quien he credo, y estoy cierto que es poderoso para guardar mi depsito para aquel da.
Retn la forma de las sanas palabras que de mi oste, en la fe y amor que es en Cristo Jess.
Guarda el buen depsito por el Espritu Santo que habita en nosotros.<CM>
Ya sabes esto, que me han sido contrarios todos los que son en Asia, de los cuales son Figello y Hermgenes.
D el Seor misericordia  la casa de Onesforo; que muchas veces me refriger, y no se avergonz de mi cadena:
Antes, estando l en Roma, me busc solcitamente, y me hall.
Dle el Seor que halle misericordia cerca del Seor en aquel da. Y cunto nos ayud en Efeso, t lo sabes mejor.<CM>
PUES t, hijo mo, esfurzate en la gracia que es en Cristo Jess.
Y lo que has odo de m entre muchos testigos, esto encarga  los hombres fieles que sern idneos para ensear tambin  otros.
T pues, sufre trabajos como fiel soldado de Jesucristo.
Ninguno que milita se embaraza en los negocios de la vida;  fin de agradar  aquel que lo tom por soldado.
Y aun tambin el que lidia, no es coronado si no lidiare legtimamente.
El labrador, para recibir los frutos, es menester que trabaje primero.
Considera lo que digo; y el Seor te d entendimiento en todo.<CM>
Acurdate que Jesucristo, el cual fu de la simiente de David, resucit de los muertos conforme  mi evangelio;
En el que sufro trabajo, hasta las prisiones  modo de malhechor; mas la palabra de Dios no est presa.
Por tanto, todo lo sufro por amor de los escogidos, para que ellos tambin consigan la salud que es en Cristo Jess con gloria eterna.
Es palabra fiel: Que si somos muertos con l, tambin viviremos con l:
Si sufrimos, tambin reinaremos con l: si negremos, l tambin nos negar:
Si furemos infieles, l permanece fiel: no se puede negar  s mismo.<CM>
Recurdales esto, protestando delante del Seor que no contiendan en palabras, lo cual para nada aprovecha, antes trastorna  los oyentes.
Procura con diligencia presentarte  Dios aprobado, como obrero que no tiene de qu avergonzarse, que traza bien la palabra de verdad.
Mas evita profanas y vanas parleras; porque muy adelante irn en la impiedad.
Y la palabra de ellos carcomer como gangrena: de los cuales es Himeneo y Fileto;
Que se han descaminado de la verdad, diciendo que la resurreccin es ya hecha, y trastornan la fe de algunos.<CM>
Pero el fundamento de Dios est firme, teniendo este sello: Conoce el Seor  los que son suyos; y: Aprtese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo.
Mas en una casa grande, no solamente hay vasos de oro y de plata, sino tambin de madera y de barro: y asimismo unos para honra, y otros para deshonra.
As que, si alguno se limpiare de estas cosas, ser vaso para honra, santificado, y til para los usos del Seor, y aparejado para todo buena obra.<CM>
Huye tambin los deseos juveniles; y sigue la justicia, la fe, la caridad, la paz, con los que invocan al Seor de puro corazn.
Empero las cuestiones necias y sin sabidura desecha, sabiendo que engendran contiendas.
Que el siervo del Seor no debe ser litigioso, sino manso para con todos, apto para ensear, sufrido;
Que con mansedumbre corrija  los que se oponen: si quiz Dios les d que se arrepientan para conocer la verdad,
Y se zafen del lazo del diablo, en que estn cuativos  voluntad de l.<CM>
ESTO tambin sepas, que en los postreros das vendrn tiempos peligrosos:
Que habr hombres amadores de s mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, detractores, desobedientes  los padres, ingratos, sin santidad,
Sin afecto, desleales, calumniadores, destemplados, crueles, aborrecedores de lo bueno,
Traidores, arrebatados, hinchados, amadores de los deleites ms que de Dios;
Teniendo apariencia de piedad, mas habiendo negado la eficacia de ella: y  stos evita.
Porque de stos son los que se entran por las casas, y llevan cautivas las mujercillas cargadas de pecados, llevadas de diversas concupiscencias;
Que siempre aprenden, y nunca pueden acabar de llegar al conocimiento de la verdad.
Y de la manera que Jannes y Jambres resistieron  Moiss, as tambin estos resisten  la verdad; hombres corruptos de entendimiento, rprobos acerca de la fe.
Mas no prevalecern; porque su insensatez ser manifiesta  todos, como tambin lo fu la de aqullos.<CM>
Pero t has comprendido mi doctrina, instruccin, intento, fe, largura de nimo, caridad, paciencia,
Persecuciones, aflicciones, cuales me sobrevinieron en Antioqua, en Iconio, en Listra, cuales persecuciones he sufrido; y de todas me ha librado el Seor.
Y tambin todos los que quieren vivir pamente en Cristo Jess, padecern persecucin.
Mas los malos hombres y los engaadores, irn de mal en peor, engaando y siendo engaados.
Empero persiste t en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quin has aprendido;
Y que desde la niez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salud por la fe que es en Cristo Jess.
Toda Escritura es inspirada divinamente y til para ensear, para redargir, para corregir, para instituir en justicia,
Para que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente instrudo para toda buena obra.<CM>
REQUIERO yo pues delante de Dios, y del Seor Jesucristo, que ha de juzgar  los vivos y los muertos en su manifestacin y en su reino.
Que prediques la palabra; que instes  tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende; exhorta con toda paciencia y doctrina.
Porque vendr tiempo cuando ni sufrirn la sana doctrina; antes, teniendo comezn de oir, se amotonarn maestros conforme  sus concupiscencias,
Y apartarn de la verdad el odo y se volvern  las fbulas.
Pero t vela en todo, soporta las aflicciones, haz la obra de evangelista, cumple tu ministerio.
Porque yo ya estoy para ser ofrecido, y el tiempo de mi partida est cercano.
He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.
Por lo dems, me est guardada la corona de justicia, la cual me dar el Seor, juez justo, en aquel da; y no slo  m, sino tambin  todos los que aman su venida.<CM>
Procura venir presto  m:
Porque Demas me ha desamparado, amando este siglo, y se ha ido  Tesalnica; Crescente  Galacia, Tito  Dalmacia.
Lucas solo est conmigo. Toma  Marcos, y trale contigo; porque me es til para el ministerio.
A Tychco envi  Efeso.
Trae, cuando vinieres, el capote que dej en Troas en casa de Carpo: y los libros, mayormente los pergaminos.
Alejandro el calderero me ha causado muchos males: el Seor le pague conforme  sus hechos.
Gurdate t tambin de l; que en grande manera ha resistido  nuestras palabras.<CM>
En mi primera defensa ninguno me ayud, antes me desampararon todos: no les sea imputado.
Mas el Seor me ayud, y me esforz para que por m fuese cumplida la predicacin, y todos los Gentiles oyesen; y fu librado de la boca del len.
Y el Seor me librar de toda obra mala, y me preservar para su reino celestial: al cual sea gloria por los siglos de los siglos. Amn.
Saluda  Prisca y  Aquila, y  la casa de Onesforo.
Erasto se qued en Corinto; y  Trfimo dej en Mileto enfermo.
Procura venir antes del invierno. Eubulo te saluda, y Pudente, y Lino, y Claudia, y todos los hermanos.
El Seor Jesucristo sea con tu espritu. La gracia sea con vosotros. Amn. epstola  Timoteo, el cual fu el primer obispo ordenado en Efeso, fu escrita de Roma, cuando Pablo fu presentado la segunda vez  Csar Nern.<CM>
PABLO, siervo de Dios, y apstol de Jesucristo, segn la fe de los escogidos de Dios, y el conocimiento de la verdad que es segn la piedad,
Para la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no puede mentir, prometi antes de los tiempos de los siglos,
Y manifest  sus tiempos su palabra por la predicacin, que me es  m encomendada por mandamiento de nuestro Salvador Dios;
A Tito, verdadero hijo en la comn fe: Gracia, misericordia, y paz de Dios Padre, y del Seor Jesucristo Salvador nuestro.<CM>
Por esta causa te dej en Creta, para que corrigieses lo que falta, y pusieses ancianos por las villas, as como yo te mand:<CM>
El que fuere sin crimen, marido de una mujer, que tenga hijos fieles que no estn acusados de disolucin,  contumaces.
Porque es menester que el obispo sea sin crimen, como dispensador de Dios; no soberbio, no iracundo, no amador del vino, no heridor, no codicioso de torpes ganancias;
Sino hospedador, amador de lo bueno, templado, justo, santo, continente;
Retenedor de la fiel palabra que es conforme  la doctrina: para que tambin pueda exhortar con sana doctrina, y convencer  los que contradijeren.
Porque hay an muchos contumaces, habladores de vanidades, y engaadores de las almas, mayormente los que son de la circuncisin,
A los cuales es preciso tapar la boca; que trastornan casas enteras; enseando lo que no conviene, por torpe ganancia.
Dijo uno de ellos, propio profeta de ellos: Los Cretenses, siempre mentirosos, malas bestias, vientres perezosos.
Este testimonio es verdadero: por tanto, reprndelos duramente, para que sean sanos en la fe,
No atendiendo  fbulas judaicas, y  mandamientos de hombres que se apartan de la verdad.
Todas las cosas son limpias  los limpios; mas  los contaminados  infieles nada es limpio: antes su alma y conciencia estn contaminadas.
Profsanse conocer  Dios; mas con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados para toda buena obra.<CM>
EMPERO t, habla lo que conviene  la sana doctrina:
Que los viejos sean templados, graves, prudentes, sanos en la fe, en la caridad, en la paciencia.
Las viejas, asimismo, se distingan en un porte santo; no calumniadoras, no dadas  mucho vino, maestras de honestidad:
Que enseen  las mujeres jvenes  ser predentes,  que amen  sus maridos,  que amen  sus hijos,
A ser templadas, castas, que tengan cuidado de la casa, buenas, sujetas  sus maridos: porque la palabra de Dios no sea blasfemada.
Exhorta asimismo  los mancebos  que sean comedidos;
Mostrndote en todo por ejemplo de buenas obras; en doctrina haciendo ver integridad, gravedad,
Palabra sana,  irreprensible; que el adversario se avergence, no teniendo mal ninguno que decir de vosotros.
Exhorta  los siervos  que sean sujetos  sus seores, que agraden en todo, no respondones;
No defraudando, antes mostrando toda buena lealtad, para que adornen en todo la doctrina de nuestro Salvador Dios.<CM>
Porque la gracia de Dios que trae salvacin  todos los hombres, se manifest.
Ensendonos que, renunciando  la impiedad y  los deseos mundanos, vivamos en este siglo templada, y justa, y pamente,
Esperando aquella esperanza bienaventurada, y la manifestacin gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo.
Que se di  s mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad, y limpiar para s un pueblo propio, celoso de buenas obras.<CM>
Esto habla y exhorta, y reprende con toda autoridad. Nadie te desprecie.<CM>
AMONSTALES que se sujeten  los prncipes y potestades, que obedezcan, que estn prontos  toda buena obra.
Que  nadie infamen, que no sean pendencieros, sino modestos, mostrando toda mansedumbre para con todos los hombres.
Porque tambin ramos nosotros necios en otro tiempo, rebeldes, extraviados, sirviendo  concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y en envidia, aborrecibles, aborreciendo los unos  los otros.
Mas cuando se manifest la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres,
No por obras de justicia que nosotros habamos hecho, mas por su misericordia nos salv, por el lavacro de la regeneracin, y de la renovacin del Espritu Santo;
El cual derram en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador,
Para que, justificados por su gracia, seamos hechos herederos segn la esperanza de la vida eterna.
Palabra fiel, y estas cosas quiero que afirmes, para que los que creen  Dios procuren gobernarse en buenas obras. Estas cosas son buenas y tiles  los hombres.<CM>
Mas las cuestiones necias, y genealogas, y contenciones, y debates acerca de la ley, evita; porque son sin provecho y vanas.
Rehusa hombre hereje, despus de una y otra amonestacin;
Estando cierto que el tal es trastornado, y peca, siendo condenado de su propio juicio.
Cuando enviare  ti  Artemas,   Tichco, procura venir  m,  Nicpolis: porque all he determinado invernar.
A Zenas doctor de la ley, y  Apolos, enva delante, procurando que nada les falte.
Y aprendan asimismo los nuestros  gobernarse en buenas obras para los usos necesarios, para que no sean sin fruto.
Todos los que estn conmigo te saludan. Saluda  los que nos aman en la fe. La gracia sea con todos vosotros. Amn.<CM>
PABLO, prisionero de Jesucristo, y el hermano Timoteo,  Filemn amado, y coadjutor nuestro;
Y  la amada Apphia, y  Archpo, compaero de nuestra milicia, y  la iglesia que est en tu casa:
Gracia  vosotros y paz de Dios nuestro Padre, y del Seor Jesucristo.
Doy gracias  mi Dios, haciendo siempre memoria de ti en mis oraciones.
Oyendo tu caridad, y la fe que tienes en el Seor Jess, y para con todos los santos;
Para que la comunicacin de tu fe sea eficaz, en el conocimiento de todo el bien que est en vosotros, por Cristo Jess.
Porque tenemos gran gozo y consolacin de tu caridad, de que por ti, oh hermano, han sido recreadas las entraas de los santos.<CM>
Por lo cual, aunque tengo mucha resolucin en Cristo para mandarte lo que conviene,
Rugo te ms bien por amor, siendo tal cual soy, Pablo viejo, y aun ahora prisionero de Jesucristo:
Rugote por mi hijo Onsimo, que he engendrado en mis prisiones,
El cual en otro tiempo te fu intil, mas ahora  ti y  m es til;
El cual te vuelvo  enviar; tu pues, recbele como  mis entraas.
Yo quisiera detenerle conmigo, para que en lugar de ti me sirviese en las prisiones del evangelio;
Mas nada quise hacer sin tu consejo, porque tu beneficio no fuese como de necesidad, sino voluntario.
Porque acaso por esto se ha apartado de ti por algn tiempo, para que le recibieses para siempre;
No ya como siervo, antes ms que siervo, como hermano amado, mayormente de m, pero cunto ms de ti, en la carne y en el Seor.
As que, si me tienes por compaero, recbele como  mi.
Y si en algo te da,  te debe, ponlo  mi cuenta.
Yo Pablo lo escrib de mi mano, yo lo pagar: por no decirte que aun  ti mismo te me debes dems.
S, hermano, gceme yo de ti en el Seor; recrea mis entraas en el Seor.
Te he escrito confiando en tu obediencia, sabiendo que aun hars ms de lo que digo.
Y asimismo preprame tambin alojamiento; porque espero que por vuestras oraciones os tengo de ser concedido.
Te saludan Epafras, mi compaero en la prisin por Cristo Jess,
Marcos, Aristarco, Demas y Lucas, mis cooperadores.
La gracia de nuestro Seor Jesucristo sea con vuestro espritu. Amn.<CM>
DIOS, habiendo hablado muchas veces y en muchas maneras en otro tiempo  los padres por los profetas,
En estos porstreros das nos ha hablado por el Hijo, al cual constituy heredero de todo, por el cual asimismo hizo el universo:
El cual siendo el resplandor de su gloria, y la misma imagen de su sustancia, y sustentando todas las cosas con la palabra de su potencia, habiendo hecho la purgacin de nuestros pecados por s mismo, se sent  la diestra de la Majestad en las alturas,<CM>
Hecho tanto ms excelente que los ngeles, cuanto alcanz por herencia ms excelente nombre que ellos.
Porque  cul de los ngeles dijo Dios jams: Mi hijo eres t, Hoy yo te he engendrado? Y otra vez: Yo ser  l Padre, Y l me ser  m hijo?
Y otra vez, cuando introduce al Primognito en la tierra, dice: Y adrenle todos los ngeles de Dios.
Y ciertamente de los ngeles dice: El que hace  sus ngeles espritus, Y  sus ministros llama de fuego.
Mas al hijo: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; Vara de equidad la vara de tu reino;
Has amado la justicia, y aborrecido la maldad; Por lo cual te ungi Dios, el Dios tuyo, Con leo de alegra ms que  tus compaeros.
Y: T, oh Seor, en el principio fundaste la tierra; Y los cielos son obras de tus manos:
Ellos perecern, mas t eres permanente; Y todos ellos se envejecern como una vestidura;
Y como un vestido los envolvers, y sern mudados; Empero t eres el mismo, Y tus aos no acabarn.
Pues,  cul de los ngeles dijo jams: Sintate  mi diestra, Hasta que ponga  tus enemigos por estrado de tus pies?
No son todos espritus administradores, enviados para servicio  favor de los que sern herederos de salud?<CM>
POR tanto, es menester que con ms diligencia atendamos  las cosas que hemos odo, porque acaso no nos escurramos.
Porque si la palabra dicha por los ngeles fu firme, y toda rebelion y desobediencia recibi justa paga de retribucin,
Cmo escaparemos nosotros, si tuviremos en poco una salud tan grande? La cual, habiendo comenzado  ser publicada por el Seor, ha sido confirmada hasta nosotros por los que oyeron;
Testificando juntamente con ellos Dios, con seales y milagros, y diversas maravillas, y repartimientos del Espritu Santo segn su voluntad.<CM>
Porque no sujet  los ngeles el mundo venidero, del cual hablamos.
Testific empero uno en cierto lugar, diciendo: Qu es el hombre, que te acuerdas de l? O el hijo del hombre, que le visitas?
T le hiciste un poco menor que los ngeles, Coronstele de gloria y de honra, Y pusstete sobre las obras de tus manos;
Todas las cosas sujetaste debajo de sus pies. Porque en cuanto le sujet todas las cosas, nada dej que no sea sujeto  l; mas aun no vemos que todas las cosas le sean sujetas.
Empero vemos coronado de gloria y de honra, por el padecimiento de muerte,  aquel Jess que es hecho un poco menor que los ngeles, para que por gracia de Dios gustase la muerte por todos.<CM>
Porque convena que aquel por cuya causa son todas las cosas, y por el cual todas las cosas subsisten, habiendo de llevar  la gloria  muchos hijos, hiciese consumado por aflicciones al autor de la salud de ellos.
Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos: por lo cual no se avergenza de llamarlos hermanos,
Diciendo: Anunciar  mis hermanos tu nombre, En medio de la congregacin te alabar.
Y otra vez: Yo confiar en l. Y otra vez: He aqu, yo y los hijos que me di Dios.<CM>
As que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, l tambin particip de lo mismo, para destruir por la muerte al que tena el imperio de la muerte, es  saber, al diablo,
Y librar  los que por el temor de la muerte estaban por toda la vida sujetos  servidumbre.
Porque ciertamente no tom  los ngeles, sino  la simiente de Abraham tom.
Por lo cual, deba ser en todo semejante  los hermanos, para venir  ser misericordioso y fiel Pontfice en lo que es para con Dios, para expiar los pecados del pueblo.
Porque en cuanto l mismo padeci siendo tentado, es poderoso para socorrer  los que son tentados.<CM>
POR tanto, hermanos santos, participantes de la vocacin celestial, considerad al Apstol y Pontfice de nuestra profesin, Cristo Jess;
El cual es fiel al que le constituy, como tambin lo fu Moiss sobre toda su casa.
Porque de tanto mayor gloria que Moiss ste es estimado digno, cuanto tiene mayor dignidad que la casa el que la fabric.
Porque toda casa es edificada de alguno: mas el que cri todas las cosas es Dios.
Y Moiss  la verdad fu fiel sobre toda su casa, como siervo, para testificar lo que se haba de decir;
Mas Cristo como hijo, sobre su casa; la cual casa somos nosotros, si hasta el cabo retuviremos firme la confianza y la gloria de la esperanza.<CM>
Por lo cual, como dice el Espritu Santo: Si oyereis hoy su voz,
No endurezcis vuestros corazones Como en la provocacin, en el da de la tentacin en el desierto,
Donde me tentaron vuestros padres; me probaron, Y vieron mis obras cuarenta aos.
A causa de lo cual me enemist con esta generacin, Y dije: Siempre divagan ellos de corazn, Y no han conocido mis caminos.
Jur, pues, en mi ira: No entrarn en mi reposo.
Mirad, hermanos, que en ninguno de vosotros haya corazn malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo:
Antes exhortaos los unos  los otros cada da, entre tanto que se dice Hoy; porque ninguno de vosotros se endurezca con engao de pecado:
Porque participantes de Cristo somos hechos, con tal que conservemos firme hasta el fin el principio de nuestra confianza;
Entre tanto que se dice: Si oyereis hoy su voz, No endurezcis vuestros corazones, como en la provocacin.
Porque algunos de los que haban salido de Egipto con Moiss, habiendo odo, provocaron, aunque no todos.
Mas con cules estuvo enojado cuarenta aos? No fu con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto?
Y  quines jur que no entraran en su reposo, sino  aquellos que no obedecieron?
Y vemos que no pudieron entrar  causa de incredulidad.<CM>
TEMAMOS, pues, que quedando an la promesa de entrar en su reposo, parezca alguno de vosotros haberse apartado.
Porque tambin  nosotros se nos ha evangelizado como  ellos; mas no les aprovech el oir la palabra  los que la oyeron sin mezclar fe.
Empero entramos en el reposo los que hemos credo, de la manera que dijo: Como jur en mi ira, No entrarn en mi reposo: aun acabadas las obras desde el principio del mundo.
Porque en un cierto lugar dijo as del sptimo da: Y repos Dios de todas sus obras en el sptimo da.
Y otra vez aqu: No entrarn en mi reposo.
As que, pues que resta que algunos han de entrar en l, y aquellos  quienes primero fu anunciado no entraron por causa de desobediencia,
Determina otra vez un cierto da, diciendo por David: Hoy, despus de tanto tiempo; como est dicho: Si oyereis su voz hoy, No endurezcis vuestros corazones.
Porque si Josu les hubiera dado el reposo, no hablara despus de otro da.
Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios.
Porque el que ha entrado en su reposo, tambin l ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas.<CM>
Procuremos pues de entrar en aquel reposo; que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia.
Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y ms penetrante que toda espada de dos filos: y que alcanza hasta partir el alma, y aun el espritu, y las coyunturas y tutanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazn.
Y no hay cosa criada que no sea manifiesta en su presencia; antes todas las cosas estn desnudas y abiertas  los ojos de aquel  quien tenemos que dar cuenta.
Por tanto, teniendo un gran Pontfice, que penetr los cielos, Jess el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesin.
Porque no tenemos un Pontfice que no se pueda compadecer de nuestras flaquezas; mas tentado en todo segn nuestra semejanza, pero sin pecado.
Llegumonos pues confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia, y hallar gracia para el oportuno socorro.<CM>
PORQUE todo pontfice, tomado de entre los hombres, es constitudo  favor de los hombres en lo que  Dios toca, para que ofrezca presentes y sacrificios por los pecados:
Que se pueda compadecer de los ignorantes y extraviados, pues que l tambin est rodeado de flaqueza;
Y por causa de ella debe, como por s mismo, as tambin por el pueblo, ofrecer por los pecados.
Ni nadie toma para s la honra, sino el que es llamado de Dios, como Aarn.
As tambin Cristo no se glorific  s mismo hacindose Pontfice, mas el que le dijo: T eres mi Hijo, Yo te he engendrado hoy;
Como tambin dice en otro lugar: T eres sacerdote eternamente, Segn el orden de Melchsedec.
El cual en los das de su carne, ofreciendo ruegos y splicas con gran clamor y lgrimas al que le poda librar de la muerte, fu odo por su reverencial miedo.
Y aunque era Hijo, por lo que padeci aprendi la obediencia;
Y consumado, vino  ser causa de eterna salud  todos los que le obedecen;<CM>
Nombrado de Dios pontfice segn el orden de Melchsedec.
Del cual tenemos mucho que decir, y dificultoso de declarar, por cuanto sois flacos para oir.
Porque debiendo ser ya maestros  causa del tiempo, tenis necesidad de volver  ser enseados cules sean los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habis llegado  ser tales que tengis necesidad de leche, y no de manjar slido.
Que cualquiera que participa de la leche, es inhbil para la palabra de la justicia, porque es nio;
Mas la vianda firme es para los perfectos, para los que por la costumbre tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.<CM>
POR tanto, dejando la palabra del comienzo en la doctrina de Cristo, vamos adelante  la perfeccin; no echando otra vez el fundamento; no arrepentimiento de obras muertas, y de la fe en Dios,
De la doctrina de bautismos, y de la imposicin de manos, y de la resurreccin de los muertos, y del juicio eterno.
Y esto haremos  la verdad, si Dios lo permitiere.
Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron el don celestial, y fueron hechos partcipes del Espritu Santo.
Y asimismo gustaron la buena palabra de Dios, y las virtudes del siglo venidero,
Y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para s mismos al Hijo de Dios, y exponindole  vituperio.
Porque la tierra que embebe el agua que muchas veces vino sobre ella, y produce hierba provechosa  aquellos de los cuales es labrada, recibe bendicin de Dios:
Mas la que produce espinas y abrojos, es reprobada, y cercana de maldicin; cuyo fin ser el ser abrasada.<CM>
Pero de vosotros, oh amados, esperamos mejores cosas, y ms cercanas  salud, aunque hablamos as.
Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habis mostrado  su nombre, habiendo asistido y asistiendo an  los santos.
Mas deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el cabo, para cumplimiento de la esperanza:
Que no os hagis perezosos, mas imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.
Porque prometiendo Dios  Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, jur por s mismo,
Diciendo: De cierto te bendecir bendiciendo, y multiplicando te multiplicar.
Y as, esperando con largura de nimo, alcanz la promesa.
Porque los hombres ciertamente por el mayor que ellos juran: y el fin de todas sus controversias es el juramento para confirmacin.
Por lo cual, queriendo Dios mostrar ms abundantemente  los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento;
Para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortsimo consuelo, los que nos acogemos  trabarnos de la esperanza propuesta:
La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que entra hasta dentro del velo;
Donde entr por nosotros como precursor Jess, hecho Pontfice eternalmente segn el orden de Melchsedec.<CM>
PORQUE este Melchsedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altsimo, el cual sali  recibir  Abraham que volva de la derrota de los reyes, y le bendijo,
Al cual asimismo di Abraham los diezmos de todo, primeramente l se interpreta Rey de justicia; y luego tambin Rey de Salem, que es, Rey de paz;
Sin padre, sin madre, sin linaje; que ni tiene principio de das, ni fin de vida, mas hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre.
Mirad pues cun grande fu ste, al cual aun Abraham el patriarca di diezmos de los despojos.
Y ciertamente los que de los hijos de Lev toman el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos segn la ley, es  saber, de sus hermanos aunque tambin hayan salido de los lomos de Abraham.
Mas aqul cuya genealoga no es contada de ellos, tom de Abraham los diezmos, y bendijo al que tena las promesas.
Y sin contradiccin alguna, lo que es menos es bendecido de lo que es ms.
Y aqu ciertamente los hombres mortales toman los diezmos: mas all, aquel del cual est dado testimonio que vive.
Y, por decirlo as, en Abraham fu diezmado tambin Lev, que recibe los diezmos;
Porque aun estaba en los lomos de su padre cuando Melchsedec le sali al encuentro.<CM>
Si pues la perfeccin era por el sacerdocio Levtico (porque debajo de l recibio el pueblo la ley) qu necesidad haba an de que se levantase otro sacerdote segn el orden de Melchsedec, y que no fuese llamado segn el orden de Aarn?
Pues mudado el sacerdocio, necesario es que se haga tambin mudanza de la ley.
Porque aquel del cual esto se dice, de otra tribu es, de la cual nadie asisti al altar.
Porque notorio es que el Seor nuestro naci de la tribu de Jud, sobre cuya tribu nada habl Moiss tocante al sacerdocio.
Y aun ms manifiesto es, si  semejanza de Melchsedec se levanta otro sacerdote,
El cual no es hecho conforme  la ley del mandamiento carnal, sino segn la virtud de vida indisoluble;
Pues se da testimonio de l: T eres sacerdote para siempre, Segn el orden de Melchsedec.
El mandamiento precedente, cierto se abroga por su flaqueza  inutilidad;
Porque nada perfeccion la ley; mas hzolo la introduccin de mejor esperanza, por la cual nos acercamos  Dios.
Y por cuanto no fu sin juramento,
(Porque los otros cierto sin juramento fueron hechos sacerdotes; mas ste, con juramento por el que le dijo: Jur el Seor, y no se arrepentir: T eres sacerdote eternamente Segn el orden de Melchsedec:)
Tanto de mejor testamento es hecho fiador Jess.
Y los otros cierto fueron muchos sacerdotes, en cuanto por la muerte no podan permanecer.
Mas ste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable:
Por lo cual puede tambin salvar eternamente  los que por l se allegan  Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.
Porque tal pontfice nos convena: santo, inocente, limpio, apartado de los pecadores, y hecho ms sublime de los cielos;
Que no tiene necesidad cada da, como los otros sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus pecados, y luego por los del pueblo: porque esto lo hizo una sola vez, ofrecindose  s mismo.
Porque la ley constituye sacerdotes  hombres flacos; mas la palabra del juramento, despus de la ley, constituye al Hijo, hecho perfecto para siempre.<CM>
ASI que, la suma acerca de lo dicho es: Tenemos tal pontfice que se asent  la diestra del trono de la Majestad en los cielos;
Ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernculo que el Seor asent, y no hombre.
Porque todo pontfice es puesto para ofrecer presentes y sacrificios; por lo cual es necesario que tambin ste tuviese algo que ofrecer.
As que, si estuviese sobre la tierra, ni aun sera sacerdote, habiendo an los sacerdotes que ofrecen los presentes segn la ley;
Los cuales sirven de bosquejo y sombre de las cosas celestiales, como fu respondido  Moiss cuando haba de acabar el tabernculo: Mira, dice, haz todas las cosas conforme al dechado que te ha sido mostrado en el monte.<CM>
Mas ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, el cual ha sido formado sobre mejores promesas.
Porque si aquel primero fuera sin falta, cierto no se hubiera procurado lugar de segundo.
Porque reprendindolos dice: He aqu vienen das, dice el Seor, Y consumar para con la casa de Israel y para con la casa de Jud un nuevo pacto;
No como el pacto que hice con sus padres El da que los tom por la mano para sacarlos de la tierra de Egipto: Porque ellos no permanecieron en mi pacto, Y yo los menospreci, dice el Seor.
Por lo cual, este es el pacto que ordenar  la casa de Israel Despus de aquellos das, dice el Seor: Dar mis leyes en el alma de ellos, Y sobre el corazn de ellos las escribir; Y ser  ellos por Dios, Y ellos me sern  m por pueblo:
Y ninguno enesear  su prjimo, Ni ninguno  su hermano, diciendo: Conoce al Seor: Porque todos me conocern, Desde el menor de ellos hasta el mayor.
Porque ser propicio  sus injusticias, Y de sus pecados y de sus iniquidades no me acordar ms.
Diciendo, Nuevo pacto, di por viejo al primero; y lo que es dado por viejo y se envejece, cerca est de desvanecerse.<CM>
TENIA empero tambin el primer pacto reglamentos del culto, y santuario mundano.
Porque el tabernculo fu hecho: el primero, en que estaban las lmparas, y la mesa, y los panes de la proposicin; lo que llaman el Santuario.
Tras el segundo velo estaba el tabernculo, que llaman el Lugar Santsimo;
El cual tena un incensario de oro, y el arca del pacto cubierta de todas partes alrededor de oro; en la que estaba una urna de oro que contena el man, y la vara de Aarn que reverdeci, y las tablas del pacto;
Y sobre ella los querubines de gloria que cubran el propiciatorio; de las cuales cosas no se puede ahora hablar en particular.
Y estas cosas as ordenadas, en el primer tabernculo siempre entraban los sacerdotes para hacer los oficios del culto;
Mas en el segundo, slo el pontfice una vez en el ao, no sin sangre, la cual ofrece por s mismo, y por los pecados de ignorancia del pueblo:<CM>
Dando en esto  entender el Espritu Santo, que aun no estaba descubierto el camino para el santuario, entre tanto que el primer tabernculo estuviese en pie.
Lo cual era figura de aquel tiempo presente, en el cual se ofrecan presentes y sacrificios que no podan hacer perfecto, cuanto  la conciencia, al que serva con ellos;
Consistiendo slo en viandas y en bebidas, y en diversos lavamientos, y ordenanzas acerca de la carne, impuestas hasta el tiempo de la correccin.
Mas estando ya presente Cristo, pontfice de los bienes que haban de venir, por el ms amplio y ms perfecto tabernculo, no hecho de manos, es  saber, no de esta creacin;
Y no por sangre de machos cabros ni de becerros, mas por su propia sangre, entr una sola vez en el santuario, habiendo obtenido eterna redencin.
Porque si la sangre de los toros y de los machos cabros, y la ceniza de la becerra, rociada  los inmundos, santifica para la purificacin de la carne,
Cunto ms la sangre de Cristo, el cual por el Espritu eterno se ofreci  s mismo sin mancha  Dios, limpiar vuestras conciencias de las obras de muerte para que sirvis al Dios vivo?<CM>
As que, por eso es mediador del nuevo testamento, para que interviniendo muerte para la remisin de las rebeliones que haba bajo del primer testamento, los que son llamados reciban la promesa de la herencia eterna.
Porque donde hay testamento, necesario es que intervenga muerte del testador.
Porque el testamento con la muerte es confirmado; de otra manera no es vlido entre tanto que el testador vive.
De donde vino que ni aun el primero fu consagrado sin sangre.
Porque habiendo ledo Moiss todos los mandamientos de la ley  todo el pueblo, tomando la sangre de los becerros y de los machos cabros, con agua, y lana de grana,  hisopo, roci al mismo libro, y tambin  todo el pueblo,
Diciendo: Esta es la sangre del testamento que Dios os ha mandado.
Y adems de esto roci tambin con la sangre el tabernculo y todos los vasos del ministerio.
Y casi todo es purificado segn la ley con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisin.<CM>
Fu, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas con estas cosas; empero las mismas cosas celestiales con mejores sacrificios que stos.
Porque no entr Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el mismo cielo para presentarse ahora por nosotros en la presencia de Dios.
Y no para ofrecerse muchas veces  s mismo, como entra el pontfice en el santuario cada ao con sangre ajena;
De otra manera fuera necesario que hubiera padecido muchas veces desde el principio del mundo: mas ahora una vez en la consumacin de los siglos, para deshacimiento del pecado se present por el sacrificio de s mismo.
Y de la manera que est establecido  los hombres que mueran una vez, y despus el juicio;
As tambin Cristo fu ofrecido una vez para agotar los pecados de muchos; y la segunda vez, sin pecado, ser visto de los que le esperan para salud.<CM>
PORQUE la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que ofrecen continuamente cada ao, hacer perfectos  los que se allegan.
De otra manera cesaran de ofrecerse; porque los que tributan este culto, limpios de una vez, no tendran ms conciencia de pecado.
Empero en estos sacrificios cada ao se hace conmemoracin de los pecados.
Porque la sangre de los toros y de los machos cabros no puede quitar los pecados.
Por lo cual, entrando en el mundo, dice: sacrificio y presente no quisiste; Mas me apropiaste cuerpo:
Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron.<CM>
Entonces dije: Heme aqu (En la cabecera del libro est escrito de m) Para que haga, oh Dios, tu voluntad.
Diciendo arriba: Sacrificio y presente, y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron, (las cuales cosas se ofrecen segn la ley,)
Entonces dijo: Heme aqu para que haga, oh Dios, tu voluntad. Quita lo primero, para establecer lo postrero.
En la cual voluntad somos santificados por la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una sola vez.
As que, todo sacerdote se presenta cada da ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados:
Pero ste, habiendo ofrecido por los pecados un solo sacrificio para siempre, est sentado  la diestra de Dios,
Esperando lo que resta, hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies.
Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre  los santificados.
Y atestguanos lo mismo el Espritu Santo; que despus que dijo:
Y este es el pacto que har con ellos Despus de aquellos das, dice el Seor: Dar mis leyes en sus corazones, Y en sus almas las escribir:
Aade: Y nunca ms me acordar de sus pecados  iniquidades.
Pues donde hay remisin de stos, no hay ms ofrenda por pecado.<CM>
As que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el santuario por la sangre de Jesucristo,
Por el camino que l nos consagr nuevo y vivo, por el velo, esto es, por su carne;
Y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios,
Llegumonos con corazn verdadero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua limpia.
Mantengamos firme la profesin de nuestra fe sin fluctuar; que fiel es el que prometi:
Y considermonos los unos  los otros para provocarnos al amor y  las buenas obras;
No dejando nuestra congregacin, como algunos tienen por costumbre, mas exhortndonos; y tanto ms, cuanto veis que aquel da se acerca.
Porque si pecremos voluntariamente despus de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio por el pecado,
Sino una horrenda esperanza de juicio, y hervor de fuego que ha de devorar  los adversarios.
El que menospreciare la ley de Moiss, por el testimonio de dos  de tres testigos muere sin ninguna misericordia:
Cunto pensis que ser ms digno de mayor castigo, el que hollare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del testamento, en la cual fu santificado,  hiciere afrenta al Espritu de gracia?
Sabemos quin es el que dijo: Ma es la venganza, yo dar el pago, dice el Seor. Y otra vez: El Seor juzgar su pueblo.
Horrenda cosa es caer en las manos del Dios vivo.
Empero traed  la memoria los das pasados, en los cuales, despus de haber sido iluminados, sufristeis gran combate de aflicciones:
Por una parte, ciertamente, con vituperios y tribulaciones fuisteis hechos espectculo; y por otra parte hechos compaeros de los que estaban en tal estado.
Porque de mis prisiones tambin os resentisteis conmigo, y el robo de vuestros bienes padecisteis con gozo, conociendo que tenis en vosotros una mejor sustancia en los cielos, y que permanece.
No perdis pues vuestra confianza, que tiene grande remuneracin de galardn:
Porque la paciencia os es necesaria; para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengis la promesa.
Porque aun un poquito, Y el que ha de venir vendr, y no tardar.
Ahora el justo vivir por fe; Mas si se retirare, no agradar  mi alma.
Pero nosotros no somos tales que nos retiremos para perdicin, sino fieles para ganancia del alma.<CM>
ES pues la fe la sustancia de las cosas que se esperan, la demostracin de las cosas que no se ven.
Porque por ella alcanzaron testimonio los antiguos.
Por la fe entendemos haber sido compuestos los siglos por la palabra de Dios, siendo hecho lo que se ve, de lo que no se vea.<CM>
Por la fe Abel ofreci  Dios mayor sacrificio que Can, por la cual alcanz testimonio de que era justo, dando Dios testimonio  sus presentes; y difunto, aun habla por ella.
Por la fe Enoc fu traspuesto para no ver muerte, y no fu hallado, porque lo traspuso Dios. Y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado  Dios.
Empero sin fe es imposible agradar  Dios; porque es menester que el que  Dios se allega, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.
Por la fe No, habiendo recibido respuesta de cosas que aun no se vean, con temor aparej el arca en que su casa se salvase: por la cual fe conden al mundo, y fu hecho heredero de la justicia que es por la fe.
Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeci para salir al lugar que haba de recibir por heredad; y sali sin saber dnde iba.
Por fe habit en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en cabaas con Isaac y Jacob, herederos juntamente de la misma promesa:
Porque esperaba ciudad con fundamentos, el artfice y hacedor de la cual es Dios.
Por la fe tambin la misma Sara, siendo estril, recibi fuerza para concebir simiente; y pari aun fuera del tiempo de la edad, porque crey ser fiel el que lo haba prometido.
Por lo cual tambin, de uno, y se ya amortecido, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena inmunerable que est  la orilla de la mar.
Conforme  la fe murieron todos stos sin haber recibido las promesas, sino mirndolas de lejos, y creyndolas, y saludndolas, y confesando que eran peregrinos y advenedizos sobre la tierra.
Porque los que esto dicen, claramente dan  entender que buscan una patria.
Que si se acordaran de aquella de donde salieron, cierto tenan tiempo para volverse:
Empero deseaban la mejor, es  saber, la celestial; por lo cual Dios no se avergenza de llamarse Dios de ellos: porque les haba aparejado ciudad.
Por fe ofreci Abraham  Isaac cuando fu probado, y ofreca al unignito el que haba recibido las promesas,
Habindole sido dicho: En Isaac te ser llamada simiente:
Pensando que aun de los muertos es Dios poderoso para levantar; de donde tambin le volvi  recibir por figura.
Por fe bendijo Isaac  Jacob y  Esa respecto  cosas que haban de ser.
Por fe Jacob, murindose, bendijo  cada uno de los hijos de Jos, y ador estribando sobre la punta de su bordn.
Por fe Jos, murindose, se acord de la partida de los hijos de Israel; y di mandamiento acerca de sus huesos.
Por fe Moiss, nacido, fu escondido de sus padres por tres meses, porque le vieron hermoso nio; y no temieron el mandamiento del rey.
Por fe Moiss, hecho ya grande, rehus ser llamado hijo de la hija de Faran;
Escogiendo antes ser afligido con el pueblo de Dios, que gozar de comodidades temporales de pecado.
Teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los Egipcios; porque miraba  la remuneracin.
Por fe dej  Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible.
Por fe celebr la pascua y el derramamiento de la sangre, para que el que mataba los primognitos no los tocase.
Por fe pasaron el mar Bermejo como por tierra seca: lo cual probando los Egipcios, fueron sumergidos.
Por fe cayeron los muros de Jeric con rodearlos siete das.
Por fe Rahab la ramera no pereci juntamente con los incrdulos, habiendo recibido  los espas con paz.<CM>
Y qu ms digo? porque el tiempo me faltar contando de Geden, de Barac, de Samsn, de Jepht, de David, de Samuel, y de los profetas:
Que por fe ganaron reinos, obraron justicia, alcanzaron promesas, taparon las bocas de leones,
Apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de cuchillo, convalecieron de enfermedades, fueron hechos fuertes en batallas, trastornaron campos de extraos.
Las mujeres recibieron sus muertos por resurreccin; unos fueron estirados, no aceptando el rescate, para ganar mejor resurreccin;
Otros experimentaron vituperios y azotes; y  ms de esto prisiones y crceles;
Fueron apedreados, aserrados, tentados, muertos  cuchillo; anduvieron de ac para all cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados;
De los cuales el mundo no era digno; perdidos por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra.
Y todos stos, aprobados por testimonio de la fe, no recibieron la promesa;
Proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen perfeccionados sin nosotros.<CM>
POR tanto nosotros tambin, teniendo en derredor nuestro una tan grande nube de testigos, dejando todo el peso del pecado que nos rodea, corramos con paciencia la carrera que nos es propuesta,
Puestos los ojos en al autor y consumador de la fe, en Jess; el cual, habindole sido propuesto gozo, sufri la cruz, menospreciando la vergenza, y sentse  la diestra del trono de Dios.
Reducid pues  vuestro pensameinto  aquel que sufri tal contradiccin de pecadores contra s mismo, porque no os fatiguis en vuestros nimos desmayando.<CM>
Que aun no habis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado:
Y estis ya olvidados de la exhortacin que como con hijos habla con vosotros, diciendo: Hijo mo, no menosprecies el castigo del Seor, Ni desmayes cuando eres de l reprendido.
Porque el Seor al que ama castiga, Y azota  cualquiera que recibe por hijo.
Si sufrs el castigo, Dios se os presenta como  hijos; porque qu hijo es aquel  quien el padre no castiga?
Mas si estis fuera del castigo, del cual todos han sido hechos participantes, luego sois bastardos, y no hijos.
Por otra parte, tuvimos por castigadores  los padres de nuestra carne, y los reverencibamos, por qu no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espritus, y viviremos?
Y aqullos,  la verdad, por pocos das nos castigaban como  ellos les pareca, mas ste para lo que nos es provechoso, para que recibamos su santificacin.
Es verdad que ningn castigo al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; mas despus da fruto apacible de justicia  los que en l son ejercitados.
Por lo cual alzad las manos cadas y las rodillas paralizadas;
Y haced derechos pasos  vuestros pies, porque lo que es cojo no salga fuera de camino, antes sea sanado.
Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie ver al Seor:
Mirando bien que ninguno se aparte de la gracia de Dios, que ninguna raz de amargura brotando os impida, y por ella muchos sean contaminados;
Que ninguno sea fornicario,  profano, como Esa, que por una vianda vendi su primogenitura.
Porque ya sabis que aun despus, deseando heredar la bendicin, fue reprobado (que no hall lugar de arrepentimiento), aunque la procur con lgrimas.<CM>
Porque no os habis llegado al monte que se poda tocar, y al fuego encendido, y al turbin, y  la oscuridad, y  la tempestad,
Y al sonido de la trompeta, y  la voz de las palabras, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase ms;
Porque no podan tolerar lo que se mandaba: Si bestia tocare al monte, ser apedreada,  pasada con dardo.
Y tan terrible cosa era lo que se vea, que Moiss dijo: Estoy asombrado y temblando.
Mas os habis llegado al monte de Sin, y  la ciudad del Dios vivo, Jerusalem la celestial, y  la compaa de muchos millares de ngeles,
Y  la congregacin de los primognitos que estn alistados en los cielos, y  Dios el Juez de todos, y  los espritus de los justos hechos perfectos,
Y  Jess el Mediador del nuevo testamento, y  la sangre del esparcimiento que habla mejor que la de Abel.
Mirad que no desechis al que habla. Porque si aquellos no escaparon que desecharon al que hablaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desechramos al que habla de los cielos.
La voz del cual entonces conmovi la tierra; mas ahora ha denunciado, diciendo: Aun una vez, y yo conmover no solamente la tierra, mas aun el cielo.
Y esta palabra, Aun una vez, declara la mudanza de las cosas movibles, como de cosas que son firmes.
As que, tomando el reino inmvil, vamos  Dios agradndole con temor y reverencia;
Porque nuestro Dios es fuego consumidor.<CM>
PERMANEZCA el amor fraternal.
No olvidis la hospitalidad, porque por sta algunos, sin saberlo, hospedaron ngeles.
Acordaos de los presos, como presos juntamente con ellos; y de los afligidos, como que tambin vosotros mismos sois del cuerpo.
Honroso es en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; mas  los fornicarios y  los adlteros juzgar Dios.
Sean las costumbres vuestras sin avaricia; contentos de lo presente; porque l dijo: No te desamparar, ni te dejar.
De tal manera que digamos confiadamente: El Seor es mi ayudador; no temer Lo que me har el hombre.
Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; la fe de los cuales imitad, considerando cul haya sido el xito de su conducta.
Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.
No seis llevados de ac para all por doctrinas diversas y extraas; porque buena cosa es afirmar el corazn en la gracia, no en viandas, que nunca aprovecharon  los que anduvieron en ellas.
Tenemos un altar, del cual no tienen facultad de comer los que sirven al tabernculo.
Porque los cuerpos de aquellos animales, la sangre de los cuales es metida por el pecado en el santuario por el pontfice, son quemados fuera del real.
Por lo cual tambin Jess, para santificar al pueblo por su propia sangre, padeci fuera de la puerta.
Salgamos pues  l fuera del real, llevando su vituperio.
Porque no tenemos aqu ciudad permanente, mas buscamos la por venir.
As que, ofrezcamos por medio de l  Dios siempre sacrificio de alabanza, es  saber, fruto de labios que confiesen  su nombre.
Y de hacer bien y de la comunicacin no os olvidis: porque de tales sacrificios se agrada Dios.
Obedeced  vuestros pastores, y sujetaos  ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como aquellos que han de dar cuenta; para que lo hagan con alegra, y no gimiendo; porque esto no os es til.<CM>
Orad por nosotros: porque confiamos que tenemos buena conciencia, deseando conversar bien en todo.
Y ms os ruego que lo hagis as, para que yo os sea ms presto restitudo.
Y el Dios de paz que sac de los muertos  nuestro Seor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del testamento eterno,
Os haga aptos en toda obra buena para que hagis su voluntad, haciendo l en vosotros lo que es agradable delante de l por Jesucristo: al cual sea gloria por los siglos de los siglos. Amn.
Empero os ruego, hermanos, que soportis la palabra de exhortacin; porque os he escrito en breve.
Sabed que nuestro hermano Timoteo est suelto; con el cual, si viniere ms presto, os ir  ver.
Saludad  todos vuestros pastores, y  todos los santos. Los de Italia os saludan.
La gracia sea con todos vosotros. Amn.<CM>
JACOBO, siervo de Dios y del Seor Jesucristo,  las doce tribus que estn esparcidas, salud.<CM>
Hermanos mos, tened por sumo gozo cuando cayereis en diversas tentaciones;
Sabiendo que la prueba de vuestra fe obra paciencia.
Mas tenga la paciencia perfecta su obra, para que seis perfectos y cabales, sin faltar en alguna cosa.
Y si alguno de vosotros tiene falta de sabidura, demndela  Dios, el cual da  todos abundantemente, y no zahiere; y le ser dada.
Pero pida en fe, no dudando nada: porque el que duda es semejante  la onda de la mar, que es movida del viento, y echada de una parte  otra.
No piense pues el tal hombre que recibir ninguna cosa del Seor.
El hombre de doblado nimo es inconstante en todos sus caminos.
El hermano que es de baja suerte, glorese en su alteza:
Mas el que es rico, en su bajeza; porque l se pasar como la flor de la hierba.
Porque salido el sol con ardor, la hierba se sec, y su flor se cay, y pereci su hermosa apariencia: as tambin se marchitar el rico en todos sus caminos.
Bienaventurado el varn que sufre la tentacin; porque cuando fuere probado, recibir la corona de vida, que Dios ha prometido  los que le aman.<CM>
Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de Dios: porque Dios no puede ser tentado de los malos, ni l tienta  alguno:
Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atrado, y cebado.
Y la concupiscencia, despus que ha concebido, pare el pecado: y el pecado, siendo cumplido, engendra muerte.
Amados hermanos mos, no erris.
Toda buena ddiva y todo don perfecto es de lo alto, que desciende del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variacin.
El, de su voluntad nos ha engendrado por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.<CM>
Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oir, tardo para hablar, tardo para airarse:
Porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.
Por lo cual, dejando toda inmundicia y superfluidad de malicia, recibid con mansedumbre la palabra ingerida, la cual puede hacer salvas vuestras almas.
Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engandoos  vosotros mismos.
Porque si alguno oye la palabra, y no la pone por obra, este tal es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural.
Porque l se consider  s mismo, y se fu, y luego se olvid qu tal era.
Mas el que hubiere mirado atentamente en la perfecta ley, que es la de la libertad, y perseverado en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, este tal ser bienaventurado en su hecho.
Si alguno piensa ser religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino engaando su corazn, la religin del tal es vana.
La religin pura y sin mcula delante de Dios y Padre es esta: Visitar los hurfanos y las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha de este mundo.<CM>
HERMANOS mos, no tengis la fe de nuestro Seor Jesucristo glorioso en acepcin de personas.
Porque si en vuestra congregacin entra un hombre con anillo de oro, y de preciosa ropa, y tambin entra un pobre con vestidura vil,
Y tuviereis respeto al que trae la vestidura preciosa, y le dijereis: Sintate t aqu en buen lugar: y dijereis al pobre: Estte t all en pie;  sintate aqu debajo de mi estrado:
No juzguis en vosotros mismos, y vens  ser jueces de pensamientos malos?
Hermanos mos amados, oid: No ha elegido Dios los pobres de este mundo, ricos en fe, y herederos del reino que ha prometido  los que le aman?
Mas vosotros habis afrentado al pobre. No os oprimen los ricos, y no son ellos los mismos que os arrastran  los juzgados?
No blasfeman ellos el buen nombre que fu invocado sobre vosotros?<CM>
Si en verdad cumpls vosotros la ley real, conforme  la Escritura: Amars  tu prjimo como  ti mismo, bien hacis:
Mas si hacis acepcin de personas, cometis pecado, y sois reconvenidos de la ley como transgresores.
Porque cualquiera que hubiere guardado toda la ley, y ofendiere en un punto, es hecho culpado de todos.
Porque el que dijo: No cometers adulterio, tambin ha dicho: No matars. Ahora bien, si no hubieres matado, ya eres hecho transgresor de la ley.
As hablad, y as obrad, como los que habis de ser juzgados por la ley de libertad.
Porque juicio sin misericordia ser hecho con aquel que no hiciere misericordia: y la misericordia se glora contra el juicio.<CM>
Hermanos mos, qu aprovechar si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? Podr la fe salvarle?
Y si el hermano  la hermana estn desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada da,
Y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y hartaos; pero no les diereis las cosas que son necesarias para el cuerpo: qu aprovechar?
As tambin la fe, si no tuviere obras, es muerta en s misma.
Pero alguno dir: T tienes fe, y yo tengo obras: mustrame tu fe sin tus obras, y yo te mostrar mi fe por mis obras.
T crees que Dios es uno; bien haces: tambin los demonios creen, y tiemblan.
Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?
No fu justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreci  su hijo Isaac sobre el altar?
No ves que la fe obr con sus obras, y que la fe fu perfecta por las obras?
Y fu cumplida la Escritura que dice: Abraham crey  Dios, y le fu imputado  justicia, y fu llamado amigo de Dios.
Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe.
Asimismo tambin Rahab la ramera, no fu justificada por obras, cuando recibi los mensajeros, y los ech fuera por otro camino?
Porque como el cuerpo sin espritu est muerto, as tambin la fe sin obras es muerta.<CM>
HERMANOS mos, no os hagis muchos maestros, sabiendo que recibiremos mayor condenacin.
Porque todos ofendemos en muchas cosas. Si alguno no ofende en palabra, ste es varn perfecto, que tambin puede con freno gobernar todo el cuerpo.
He aqu nosotros ponemos frenos en las bocas de los caballos para que nos obedezcan, y gobernamos todo su cuerpo.
Mirad tambin las naves: aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeo timn por donde quisiere el que las gobierna.
As tambin, la lengua es un miembro pequeo, y se glora de grandes cosas. He aqu, un pequeo fuego cun grande bosque enciende!
Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. As la lengua est puesta entre nuestros miembros, la cual contamina todo el cuerpo,  inflama la rueda de la creacin, y es inflamada del infierno.
Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres de la mar, se doma y es domada de la naturaleza humana:
Pero ningn hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado; llena de veneno mortal.
Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos  los hombres, los cuales son hechos  la semejanza de Dios.
De una misma boca proceden bendicin y maldicin. Hermanos mos, no conviene que estas cosas sean as hechas.
Echa alguna fuente por una misma abertura agua dulce y amarga?
Hermanos mos, puede la higuera producir aceitunas,  la vid higos? As ninguna fuente puede hacer agua salada y dulce.<CM>
Quin es sabio y avisado entre vosotros? muestre por buena conversacin sus obras en mansedumbre de sabidura.
Pero si tenis envidia amarga y contencin en vuestros corazones, no os gloris, ni seis mentirosos contra la verdad:
Que esta sabidura no es la que desciende de lo alto, sino terrena, animal, diablica.
Porque donde hay envidia y contencin, all hay perturbacin y toda obra perversa.
Mas la sabidura que es de lo alto, primeramente es pura, despus pacfica, modesta, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, no juzgadora, no fingida.
Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen paz.<CM>
DE dnde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? No son de vuestras concupiscencias, las cuales combaten en vuestros miembros?
Codiciis, y no tenis; matis y ardis de envidia, y no podis alcanzar; combats y gerreis, y no tenis lo que deseis, porque no peds.
Peds, y no recibs, porque peds mal, para gastar en vuestros deleites.
Adlteros y adlteras, no sabis que la amistad del mundo es enemistad con Dios? Cualquiera pues que quisiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.
Pensis que la Escritura dice sin causa: Es espritu que mora en nosotros codicia para envidia?
Mas l da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste  los soberbios, y da gracia  los humildes.
Someteos pues  Dios; resistid al diablo, y de vosotros huir.
Allegaos  Dios, y l se allegar  vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros de doblado nimo, purificad los corazones.
Afligos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza.
Humillaos delante del Seor, y l os ensalzar.<CM>
Hermanos, no murmuris los unos de los otros. El que murmura del hermano, y juzga  su hermano, este tal murmura de la ley, y juzga  la ley; pero si t juzgas  la ley, no eres guardador de la ley, sino juez.
Uno es el dador de la ley, que puede salvar y perder: quin eres t que juzgas  otro?
Ea ahora, los que decs: Hoy y maana iremos  tal ciudad, y estaremos all un ao, y compraremos mercadera, y ganaremos:
Y no sabis lo que ser maana. Porque qu es vuestra vida? Ciertamente es un vapor que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.
En lugar de lo cual deberais decir: Si el Seor quisiere, y si viviremos, haremos esto  aquello.
Mas ahora os jactis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala.
El pecado, pues, est en aquel que sabe hacer lo bueno, y no lo hace.<CM>
EA ya ahora, oh ricos, llorad aullando por vuestras miserias que os vendrn.
Vuestras riquezas estn podridas: vuestras ropas estn comidas de polilla.
Vuestro oro y plata estn corrompidos de orn; y su orn os ser testimonio, y comer del todo vuestras carnes como fuego. Os habis allegado tesoro para en los postreros das.
He aqu, el jornal de los obreros que han segado vuestras tierras, el cual por engao no les ha sido pagado de vosotros, clama; y los clamores de los que haban segado, han entrado en los odos del Seor de los ejrcitos.
Habis vivido en deleites sobre la tierra, y sido disolutos; habis cebado vuestros corazones como en el da de sacrificios.
Habis condenado y muerto al justo; y l no os resiste.
Pues, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Seor. Mirad cmo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia, hasta que reciba la lluvia temprana y tarda.
Tened tambin vosotros paciencia; confirmad vuestros corazones: porque la venida del Seor se acerca.
Hermanos, no os quejis unos contra otros, porque no seis condenados; he aqu, el juez est delante de la puerta.
Hermanos mos, tomad por ejemplo de afliccin y de paciencia,  los profetas que hablaron en nombre del Seor.
He aqu, tenemos por bienaventurados  los que sufren. Habis odo la paciencia de Job, y habis visto el fin del Seor, que el Seor es muy misericordioso y piadoso.<CM>
Mas sobre todo, hermanos mos, no juris, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por otro cualquier juramento; sino vuestro s sea s, y vuestro no sea no; porque no caigis en condenacin.
Est alguno entre vosotros afligido? haga oracin. Est alguno alegre? cante salmos.
Est alguno enfermo entre vosotros? llame  los ancianos de la iglesia, y oren por l, ungindole con aceite en el nombre del Seor.
Y la oracin de fe salvar al enfermo, y el Seor lo levantar; y si estuviere en pecados, le sern perdonados.
Confesaos vuestras faltas unos  otros, y rogad los unos por los otros, para que seis sanos; la oracin del justo, obrando eficazmente, puede mucho.
Elas era hombre sujeto  semejantes pasiones que nosotros, y rog con oracin que no lloviese, y no llovi sobre la tierra en tres aos y seis meses.
Y otra vez or, y el cielo di lluvia, y la tierra produjo su fruto.
Hermanos, si alguno de entre vosotros ha errado de la verdad, y alguno le convirtiere,
Sepa que el que hubiere hecho convertir al pecador del error de su camino, salvar un alma de muerte, y cubrir multitud de pecados.<CM>
PEDRO, apstol de Jesucristo,  los extranjeros esparcidos en Ponto, en Galacia, en Capadocia, en Asia, y en Bithinia,
Elegidos segn la presciencia de Dios Padre en santificacin del Espritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sea multiplicada.<CM>
Bendito el Dios y Padre de nuestro Seor Jesucristo, que segn su grande misericordia nos ha regenerado en esperanza viva, por la resurreccin de Jesucristo de los muertos,
Para una herencia incorruptible, y que no puede contaminarse, ni marchitarse, reservada en los cielos
Para nosotros que somos guardados en la virtud de Dios por fe, para alcanzar la salud que est aparejada para ser manifestada en el postrimero tiempo.<CM>
En lo cual vosotros os alegris, estando al presente un poco de tiempo afligidos en diversas tentaciones, si es necesario,
Para que la prueba de vuestra fe, mucho ms preciosa que el oro, el cual perece, bien que sea probado con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra, cuando Jesucristo fuera manifestado:
Al cual, no habiendo visto, le amis; en el cual creyendo, aunque al presente no lo veis, os alegris con gozo inefable y glorificado;
Obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salud de vuestras almas.<CM>
De la cual salud los profetas que profetizaron de la gracia que haba de venir  vosotros, han inquirido y diligentemente buscado,
Escudriando cundo y en qu punto de tiempo significaba el Espritu de Cristo que estaba en ellos, el cual prenunciaba las aflicciones que haban de venir  Cristo, y las glorias despus de ellas.
A los cuales fu revelado, que no para s mismos, sino para nosotros administraban las cosas que ahora os son anunciadas de los que os han predicado el evangelio por el Espritu Santo enviado del cielo; en las cuales desean mirar los ngeles.<CM>
Por lo cual, teniendo los lomos de vuestro entendimiento ceidos, con templanza, esperad perfectamente en la gracia que os es presentada cuando Jesucristo os es manifestado:
Como hijos obedientes, no conformndoos con los deseos que antes tenais estando en vuestra ignorancia;
Sino como aquel que os ha llamado es santo, sed tambin vosotros santos en toda conversacin:
Porque escrito est: Sed santos, porque yo soy santo.
Y si invocis por Padre  aquel que sin acepcin de personas juzga segn la obra de cada uno, conversad en temor todo el tiempo de vuestra peregrinacin:
Sabiendo que habis sido rescatados de vuestra vana conversacin, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro  plata;
Sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminacin:
Ya ordenado de antes de la fundacin del mundo, pero manifestado en los postrimeros tiempos por amor de vosotros,
Que por l creis  Dios, el cual le resucit de los muertos, y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sea en Dios.
Habiendo purificado vuestra almas en la obediencia de la verdad, por el Espritu, en caridad hermanable sin fingimiento, amaos unos  otros entraablemente de corazn puro:
Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios, que vive y permanece para siempre.<CM>
Porque Toda carne es como la hierba, Y toda la gloria del hombre como la flor de la hierba: Secse la hierba, y la flor se cay;
Mas la palabra del Seor permanece perpetuamente. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada.<CM>
DEJANDO pues toda malicia, y todo engao, y fingimientos, y envidias, y todas las detracciones,
Desead, como nios recin nacidos, la leche espiritual, sin engao, para que por ella crezcis en salud:
Si empero habis gustado que el Seor es benigno;<CM>
Al cual allegndoos, piedra viva, reprobada cierto de los hombres, empero elegida de Dios, preciosa,
Vosotros tambin, como piedras vivas, sed edificados una casa espitirual, y un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, agradables  Dios por Jesucristo.
Por lo cual tambin contiene la Escritura: He aqu, pongo en Sin la principal piedra del ngulo, escogida, preciosa; Y el que creyere en ella, no ser confundido.
Ella es pues honor  vosotros que creis: mas para los desobedientes, La piedra que los edificadores reprobaron, Esta fu hecha la cabeza del ngulo;
Y Piedra de tropiezo, y roca de escndalo  aquellos que tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; para lo cual fueron tambin ordenados.
Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, gente santa, pueblo adquirido, para que anunciis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas  su luz admirable.
Vosotros, que en el tiempo pasado no erais pueblo, mas ahora sois pueblo de Dios; que en el tiempo pasado no habais alcanzado misericordia.
Amados, yo os ruego como  extranjeros y peregrinos, os abstengis de los deseos carnales que batallan contra el alma,
Teniendo vuestra conversacin honesta entre los Gentiles; para que, en lo que ellos murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen  Dios en el da de la visitacin, estimndoos por las buenas obras.<CM>
Sed pues sujetos  toda ordenacin humana por respeto  Dios: ya sea al rey, como  superior,
Ya  los gobernadores, como de l enviados para venganza de los malhechores, y para loor de los que hacen bien.
Porque esta es la voluntad de Dios; que haciendo bien, hagis callara la ignorancia de los hombres vanos:
Como libres, y no como teniendo la libertad por cobertura de malicia, sino como siervos de Dios.
Honrad  todos. Amad la fraternidad. Temed  Dios. Honrad al rey.
Siervos, sed sujetos con todo temor  vuestros amos; no solamente  los buenos y humanos, sino tambin  los rigurosos.
Porque esto es agradable, si alguno  causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente.
Porque qu gloria es, si pecando vosotros sois abofeteados, y lo sufrs? mas si haciendo bien sois afligidos, y lo sufrs, esto ciertamente es agradable delante de Dios.
Porque para esto sois llamados; pues que tambin Cristo padeci por nosotros, dejndonos ejemplo, para que vosotros sigis sus pisadas:
El cual no hizo pecado; ni fu hallado engao en su boca:
Quien cuando le maldecan no retornaba maldicin: cuando padeca, no amenazaba, sino remita la causa al que juzga justamente:
El cual mismo llev nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros siendo muertos  los pecados, vivamos  la justicia: por la herida del cual habis sido sanados.
Porque vosotros erais como ovejas descarriadas; mas ahora habis vuelto al Padre y Obispo de vuestras almas.<CM>
ASIMISMO vosotras, mujeres, sed sujetas  vuestros maridos; para que tambin los que no creen  la palabra, sean ganados sin palabra por la conversacin de sus mujeres,
Considerando vuestra casta conversacin, que es en temor.
El adorno de las cuales no sea exterior con encrespamiento del cabello, y atavo de oro, ni en compostura de ropas;
Sino el hombre del corazn que est encubierto, en incorruptible ornato de espritu agradable y pacfico, lo cual es de grande estima delante de Dios.
Porque as tambin se ataviaban en el tiempo antiguo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, siendo sujetas  sus maridos:
Como Sara obedeca  Abraham, llamndole seor; de la cual vosotras sois hechas hijas, haciendo bien, y no sois espantadas de ningn pavor.
Vosotros maridos, semejantemente, habitad con ellas segn ciencia, dando honor  la mujer como  vaso ms frgil, y como  herederas juntamente de la gracia de la vida; para que vuestras oraciones no sean impedidas.<CM>
Y finalmente, sed todos de un mismo corazn, compasivos, amndoos fraternalmente, misericordiosos, amigables;
No volviendo mal por mal, ni maldicin por maldicin, sino antes por el contrario, bendiciendo; sabiendo que vosotros sois llamados para que poseis bendicin en herencia.
Porque El que quiere amar la vida, Y ver das buenos, Refrene su lengua de mal, Y sus labios no hablen engao;
Aprtase del mal, y haga bien; Busque la paz, y sgala.
Porque los ojos del Seor estn sobre los justos, Y sus odos atentos  sus oraciones: Pero el rostro del Seor est sobre aquellos que hacen mal.
Y quin es aquel que os podr daar, si vosotros segus el bien?
Mas tambin si alguna cosa padecis por hacer bien, sois bienaventurados. Por tanto, no temis por el temor de ellos, ni seis turbados;
Sino santificad al Seor Dios en vuestros corazones, y estad siempre aparejados para responder con masedumbre y reverencia  cada uno que os demande razn de la esperanza que hay en vosotros:<CM>
Teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean confundidos los que blasfeman vuestra buena conversacin en Cristo.
Porque mejor es que padezcis haciendo bien, si la voluntad de Dios as lo quiere, que haciendo mal.<CM>
Porque tambin Cristo padeci una vez por los injustos, para llevarnos  Dios, siendo  la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espritu;
En el cual tambin fu y predic  los espritus encarcelados;
Los cuales en otro tiempo fueron desobedientes, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los das de No, cuando se aparejaba el arca; en la cual pocas, es  saber, ocho personas fueron salvas por agua.<CM>
A la figura de la cual el bautismo que ahora corresponde nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como demanda de una buena conciencia delante de Dios,) por la resurreccin de Jesucristo:
El cual est  la diestra de Dios, habiendo subido al cielo; estando  l sujetos los ngeles, y las potestades, y virtudes.<CM>
PUES que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros tambin estad armados del mismo pensamiento: que el que ha padecido en la carne, ces de pecado;
Para que ya el tiempo que queda en carne, viva, no  las concupiscencias de los hombres, sino  la voluntad de Dios.
Porque nos debe bastar que el tiempo pasado de nuestra vida hayamos hecho la voluntad de los Gentiles, cuando conversbamos en lascivias, en concupiscencias, en embriagueces, abominables idolatras.<CM>
En lo cual les parece cosa extraa que vosotros no corris con ellos en el mismo desenfrenamiento de disolucin, ultrajndoos:
Los cuales darn cuenta al que est aparejado para juzgar los vivos y los muertos.
Porque por esto tambin ha sido predicado el evangelio  los muertos; para que sean juzgados en carne segn los hombres, y vivan en espritu segn Dios.<CM>
Mas el fin de todas las cosas se acerca: sed pues templados, y velad en oracin.
Y sobre todo, tened entre vosotros ferviente caridad; porque la caridad cubrir multitud de pecados.
Hospedaos los unos  los otros sin murmuraciones.
Cada uno segn el don que ha recibido, adminstrelo  los otros, como buenos dispensadores de las diferentes gracias de Dios.
Si alguno habla, hable conforme  las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme  la virtud que Dios suministra: para que en todas cosas sea Dios glorificado por Jesucristo, al cual es gloria  imperio para siempre jams. Amn.<CM>
Carsimos, no os maravillis cuando sois examinados por fuego, lo cual se hace para vuestra prueba, como si alguna cosa peregrina os aconteciese;
Antes bien gozaos en que sois participantes de las aflicciones de Cristo; para que tambin en la revelacin de su gloria os gocis en triunfo.
Si sois vituperados en el nombre de Cristo, sois bienaventurados; porque la gloria y el Espritu de Dios reposan sobre vosotros. Cierto, segn ellos, l es blasfemado, mas segn vosotros es glorificado.
As que, ninguno de vosotros padezca como homicida,  ladrn,  malhechor,  por meterse en negocios ajenos.
Pero si alguno padece como Cristiano, no se avergence; antes glorifique  Dios en esta parte.
Porque es tiempo de que el juicio comience de la casa de Dios: y si primero comienza por nosotros, qu ser el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?
Y si el justo con dificultad se salva;  dnde aparecer el infiel y el pecador?
Y por eso los que son afligidos segn la voluntad de Dios, encomindenle sus almas, como  fiel Criador, haciendo bien.<CM>
RUEGO  los ancianos que estn entre vosotros, yo anciano tambin con ellos, y testigo de las afliciciones de Cristo, que soy tambin participante de la gloria que ha de ser revelada:
Apacentad la grey de Dios que est entre vosotros, teniendo cuidado de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino de un nimo pronto;
Y no como teniendo seoro sobre las heredades del Seor, sino siendo dechados de la grey.
Y cuando apareciere el Prncipe de los pastores, vosotros recibiris la corona incorruptible de gloria.<CM>
Igualmente, mancebos, sed sujetos  los ancianos; y todos sumisos unos  otros, revestos de humildad; porque Dios resiste  los soberbios, y da gracia  los humildes.
Humillaos pues bajo la poderosa mano de Dios, para que l os ensalce cuando fuere tiempo;
Echando toda vuestra solicitud en l, porque l tiene cuidado de vosotros.<CM>
Sed templados, y velad; porque vuestro adversario el diablo, cual len rugiente, anda alrededor buscando  quien devore:
Al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que las mismas aflicciones han de ser cumplidas en la compaa de vuestros hermanos que estn en el mundo.<CM>
Mas el Dios de toda gracia, que nos ha llamado  su gloria eterna por Jesucristo, despus que hubiereis un poco de tiempo padecido, l mismo os perfeccione, coforme, corrobore y establezca.
A l sea gloria  imperio para siempre. Amn.
Por Silvano, el hermano fiel, segn yo pienso, os he escrito brevemente, amonestndo os, y testificando que sta es la verdadera gracia de Dios, en la cual estis.
La iglesia que est en Babilonia, juntamente elegida con vosotros, os saluda, y Marcos mi hijo.
Saludaos unos  otros con sculo de caridad. Paz sea con todos vosotros los que estis en Jesucristo. Amn.<CM>
SIMON Pedro, siervo y apstol de Jesucristo,  los que habis alcanzado fe igualmente preciosa con nosotros en la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo:
Gracia y paz os sea multiplicada en el conocimiento de Dios, y de nuestro Seor Jess.
Como todas las cosas que pertenecen  la vida y  la piedad nos sean dadas de su divina potencia, por el conocimiento de aquel que nos ha llamado por su gloria y virtud:
Por las cuales nos son dadas preciosas y grandsimas promesas, para que por ellas fueseis hechos participantes de la naturaleza divina, habiendo hudo de la corrupcin que est en el mundo por concupiscencia.<CM>
Vosotros tambin, poniendo toda diligencia por esto mismo, mostrad en vuestra fe virtud, y en la virtud ciencia;
Y en la ciencia templanza, y en la templanza paciencia, y en la paciencia temor de Dios;
Y en el temor de Dios, amor fraternal, y en el amor fraternal caridad.
Porque si en vosotros hay estas cosas, y abundan, no os dejarn estar ociosos, ni estriles en el conocimiento de nuestro Seor Jesucristo.
Mas el que no tiene estas cosas, es ciego, y tiene la vista muy corta, habiendo olvidado la purificacin de sus antiguos pecados.
Por lo cual, hermanos, procurad tanto ms de hacer firme vuestra vocacin y eleccin; porque haciendo estas cosas, no caeris jams.
Porque de esta manera os ser abundantemente administrada la entrada en el reino eterno de nuestro Seor y Salvador Jesucristo.<CM>
Por esto, yo no dejar de amonestaros siempre de estas cosas, aunque vosotros las sepis, y estis confirmados en la verdad presente.
Porque tengo por justo, en tanto que estoy en este tabernculo, de incitaros con amonestacin:
Sabiendo que brevemente tengo de dejar mi tabernculo, como nuestro Seor Jesucristo me ha declarado.
Tambin yo procurar con diligencia, que despus de mi fallecimiento, vosotros podis siempre tener memoria de estas cosas.<CM>
Porque no os hemos dado  conocer la potencia y la venida de nuestro Seor Jesucristo, siguiendo fbulas por arte compuestas; sino como habiendo con nuestros propios ojos visto su majestad.
Porque l haba recibido de Dios Padre honra y gloria, cuando una tal voz fu  l enviada de la magnfica gloria: Este es el amado Hijo mo, en el cual yo me he agradado.
Y nosotros omos esta voz enviada del cielo, cuando estbamos juntamente con l en el monte santo.<CM>
Tenemos tambin la palabra proftica ms permanente,  la cual hacis bien de estar atentos como  una antorcha que alumbra en lugar oscuro hasta que el da esclarezca, y el lucero de la maana salga en vuestros corazones:
Entendiendo primero esto, que ninguna profeca de la Escritura es de particular interpretacin;
Porque la profeca no fu en los tiempos pasados trada por voluntad humana, sino los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados del Espritu Santo.<CM>
PERO hubo tambin falsos profetas en el pueblo, como habr entre vosotros falsos doctores, que introducirn encubiertamente herejas de perdicin, y negarn al Seor que los rescat, atrayendo sobre s mismos perdicin acelerada.
Y muchos seguirn sus disoluciones, por los cuales el camino de la verdad ser blasfemado;<CM>
Y por avaricia harn mercadera de vosotros con palabras fingidas, sobre los cuales la condenacin ya de largo tiempo no se tarda, y su perdicin no se duerme.
Porque si Dios no perdon  los ngeles que haban pecado, sino que habindolos despeado en el infierno con cadenas de oscuridad, los entreg para ser reservados al juicio;
Y si no perdon al mundo viejo, mas guard  No, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de malvados;
Y si conden por destruccin las ciudades de Sodoma y de Gomorra, tornndolas en ceniza, y ponindolas por ejemplo  los que haban de vivir sin temor y reverencia de Dios,<CM>
Y libr al justo Lot, acosado por la nefanda conducta de los malvados;
(Porque este justo, con ver y oir, morando entre ellos, afliga cada da su alma justa con los hechos de aquellos injustos;)
Sabe el Seor librar de tentacin  los pos, y reservar  los injustos para ser atormentados en el da del juicio;<CM>
Y principalmente  aquellos que, siguiendo la carne, andan en concupiscencia  inmundicia, y desprecian la potestad; atrevidos, contumaces, que no temen decir mal de las potestades superiores:
Como quiera que los mismos ngeles, que son mayores en fuerza y en potencia, no pronuncian juicio de maldicin contra ellas delante del Seor.
Mas stos, diciendo mal de las cosas que no entienden, como bestias brutas, que naturalmente son hechas para presa y destruccin, perecern en su perdicin,
Recibiendo el galardn de su injusticia, ya que reputan por delicia poder gozar de deleites cada da. Estos son suciedades y manchas, los cuales comiendo con vosotros, juntamente se recrean en sus errores;
Teniendo los ojos llenos de adulterio, y no saben cesar de pecar; cebando las almas inconstantes; teniendo el corazn ejercitado en codicias, siendo hijos de maldicin;
Que han dejado el camino derecho, y se han extraviado, siguiendo el camino de Balaam, hijo de Bosor, el cual am el premio de la maldad.
Y fu reprendido por su iniquidad: una muda bestia de carga, hablando en voz de hombre, refren la locura del profeta.
Estos son fuentes sin agua, y nubes tradas de torbellino de viento: para los cuales est guardada la oscuridad de las tinieblas para siempre.
Porque hablando arrogantes palabras de vanidad, ceban con las concupiscencias de la carne en disoluciones  los que verdaderamente haban hudo de los que conversan en error;
Prometindoles libertad, siendo ellos mismos siervos de corrupcin. Porque el que es de alguno vencido, es sujeto  la servidumbre del que lo venci.
Ciertamente, si habindose ellos apartado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Seor y Salvador Jesucristo, y otra vez envolvindose en ellas, son vencidos, sus postrimeras les son hechas peores que los principios.
Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que despus de haberlo conocido, tornarse atrs del santo mandamiento que les fu dado.
Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro se volvi  su vmito, y la puerca lavada  revolcarse en el cieno.<CM>
CARISIMOS, yo os escribo ahora esta segunda carta, por las cuales ambas despierto con exhortacin vuestro limpio entendimiento;
Para que tengis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y de nuestro mandamiento, que somos apstoles del Seor y Salvador:<CM>
Sabiendo primero esto, que en los postrimeros das vendrn burladores, andando segn sus propias concupiscencias,
Y diciendo: Dnde est la promesa de su advenimiento? porque desde el da en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen as como desde el principio de la creacin.
Cierto ellos ignoran voluntariamente, que los cielos fueron en el tiempo antiguo, y la tierra que por agua y en agua est asentada, por la palabra de Dios;
Por lo cual el mundo de entonces pereci anegado en agua:
Mas los cielos que son ahora, y la tierra, son conservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el da del juicio, y de la perdicin de los hombres impos.<CM>
Mas, oh amados, no ignoris esta una cosa: que un da delante del Seor es como mil aos y mil aos como un da.<CM>
El Seor no tarda su promesa, como algunos la tienen por tardanza; sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.
Mas el da del Seor vendr como ladrn en la noche; en el cual los cielos pasarn con grande estruendo, y los elementos ardiendo sern deshechos, y la tierra y las obras que en ella estn sern quemadas.<CM>
Pues como todas estas cosas han de ser deshechas, qu tales conviene que vosotros seis en santas y pas conversaciones,
Esperando y apresurndoos para la venida del da de Dios, en el cual los cielos siendo encendidos sern deshechos, y los elementos siendo abrasados, se fundirn?
Bien que esperamos cielos nuevos y tierra nueva, segn sus promesas, en los cuales mora la justicia.
Por lo cual, oh amados, estando en esperanza de estas cosas, procurad con diligencia que seis hallados de l sin mcula, y sin reprensin, en paz.
Y tened por salud la paciencia de nuestro Seor; como tambin nuestro amado hermano Pablo, segn la sabidura que le ha sido dada, os ha escrito tambin;
Casi en todas sus epstolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difciles de entender, las cuales los indoctos  inconstantes tuercen, como tambin las otras Escrituras, para perdicin de s mismos.
As que vosotros, oh amados, pues estis amonestados, guardaos que por el error de los abominables no seis juntamente extraviados, y caigis de vuestra firmeza.
Mas creced en la gracia y conocimiento de nuestro Seor y Salvador Jesucristo. A l sea gloria ahora y hasta el da de la eternidad. Amn.<CM>
LO que era desde el principio, lo que hemos odo, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos mirado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida;
(Porque la vida fu manifestada, y vimos, y testificamos, y os anunciamos aquella vida eterna, la cual estaba con el Padre, y nos ha aparecido;)
Lo que hemos visto y odo, eso os anunciamos, para que tambin vosotros tengis comunin con nosotros: y nuestra comunin verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo.
Y estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido.<CM>
Y este es el mensaje que omos de l, y os anunciamos: Que Dios es luz, y en l no hay ningunas tinieblas.
Si nosotros dijremos que tenemos comunin con l, y andamos en tinieblas, mentimos, y no hacemos la verdad;
Mas si andamos en luz, como l est en luz, tenemos comunin entre nosotros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.<CM>
Si dijremos que no tenemos pecado, nos engaamos  nosotros mismos, y no hay verdad en nosotros.
Si confesamos nuestros pecados, l es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad.
Si dijremos que no hemos pecado, lo hacemos  l mentiroso, y su palabra no est en nosotros.<CM>
HIJITOS mos, estas cosas os escribo, para que no pequis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre,  Jesucristo el justo;
Y l es la propiciacin por nuestros pecados: y no solamente por los nuestros, sino tambin por los de todo el mundo.<CM>
Y en esto sabemos que nosotros le hemos conocido, si guardamos sus mandamientos.
El que dice, Yo le he conocido, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y no hay verdad en l;
Mas el que guarda su palabra, la caridad de Dios est verdaderamente perfecta en l: por esto sabemos que estamos en l.
El que dice que est en l, debe andar como l anduvo.<CM>
Hermanos, no os escribo mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que habis tenido desde el principio: el mandamiento antiguo es la palabra que habis odo desde el principio.
Otra vez os escribo un mandamiento nuevo, que es verdadero en l y en vosotros; porque las tinieblas son pasadas, y la verdadera luz ya alumbra.
El que dice que est en luz, y aborrece  su hermano, el tal aun est en tinieblas todava.
El que ama  su hermano, est en luz, y no hay tropiezo en l.
Mas el que aborrece  su hermano, est en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe  donde va; porque las tinieblas le han cegado los ojos.<CM>
Os escribo  vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os son perdonados por su nombre.
Os escribo  vosotros, padres, porque habis conocido  aquel que es desde el principio. Os escribo  vosotros, mancebos, porque habis vencido al maligno. Os escribo  vosotros, hijitos, porque habis conocido al Padre.
Os he escrito  vosotros, padres, porque habis conocido al que es desde el principio. Os he escrito  vosotros, mancebos, porque sois fuertes, y la palabra de Dios mora en vosotros, y habis vencido al maligno.
No amis al mundo, ni las cosas que estn en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no est en l.
Porque todo lo que hay en el mundo, la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos, y la soberbia de la vida, no es del Padre, mas es del mundo.
Y el mundo se pasa, y su concupiscencia; mas el que hace la voluntad de Dios, permanece para siempre.<CM>
Hijitos, ya es el ltimo tiempo: y como vosotros habis odo que el anticristo ha de venir, as tambin al presente han comenzado  ser muchos anticristos; por lo cual sabemos que es el ltimo tiempo.
Salieron de nosotros, mas no eran de nosotros; porque si fueran de nosotros, hubieran cierto permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que todos no son de nosotros.<CM>
Mas vosotros tenis la uncin del Santo, y conocis todas las cosas.
No os he escrito como si ignoraseis la verdad, sino como  los que la conocis, y que ninguna mentira es de la verdad.
Quin es mentiroso, sino el que niega que Jess es el Cristo? Este tal es anticristo, que niega al Padre y al Hijo.
Cualquiera que niega al Hijo, este tal tampoco tiene al Padre. Cualquiera que confiese al Hijo tiene tambin al Padre.
Pues lo que habis odo desde el principio, sea permaneciente en vosotros. Si lo que habis odo desde el principio fuere permaneciente en vosotros, tambin vosotros permaneceris en el Hijo y en el Padre.
Y esta es la promesa, la cual l nos prometi, la vida eterna.
Os he escrito esto sobre los que os engaan.
Pero la uncin que vosotros habis recibido de l, mora en vosotros, y no tenis necesidad que ninguno os ensee; mas como la uncin misma os ensea de todas cosas, y es verdadera, y no es mentira, as como os ha enseado, perseveraris en l.<CM>
Y ahora, hijitos, perseverad en l; para que cuando apareciere, tengamos confianza, y no seamos confundidos de l en su venida.
Si sabis que l es justo, sabed tambin que cualquiera que hace justicia, es nacido de l.<CM>
MIRAD cul amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios: por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoce  l.
Muy amados, ahora somos hijos de Dios, y aun no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando l apareciere, seremos semejantes  l, porque le veremos como l es.
Y cualquiera que tiene esta esperanza en l, se purifica, como l tambin es limpio.<CM>
Cualquiera que hace pecado, traspasa tambin la ley; pues el pecado es transgresin de la ley.
Y sabis que l apareci para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en l.
Cualquiera que permanece en l, no peca; cualquiera que peca, no le ha visto, ni le ha conocido.
Hijitos, no os engae ninguno: el que hace justicia, es justo, como l tambin es justo.
El que hace pecado, es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareci el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.
Cualquiera que es nacido de Dios, no hace pecado, porque su simiente est en l; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.
En esto son manifiestos los hijos de Dios, y los hijos del diablo: cualquiera que no hace justicia, y que no ama  su hermano, no es de Dios.<CM>
Porque, este es el mensaje que habis odo desde el principio: Que nos amemos unos  otros.
No como Can, que era del maligno, y mat  su hermano. Y por qu causa le mat? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas.
Hermanos mos, no os maravillis si el mundo os aborrece.<CM>
Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte  vida, en que amamos  los hermanos. El que no ama  su hermano, est en muerte.
Cualquiera que aborrece  su hermano, es homicida; y sabis que ningn homicida tiene vida eterna permaneciente en s.
En esto hemos conocido el amor, porque l puso su vida por nosotros: tambin nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.
Mas el que tuviere bienes de este mundo, y viere  su hermano tener necesidad, y le cerrare sus entraas, cmo est el amor de Dios en l?
Hijitos mos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de obra y en verdad.
Y en esto conocemos que somos de la verdad, y tenemos nuestros corazones certificados delante de l.<CM>
Porque si nuestro corazn nos reprendiere, mayor es Dios que nuestro corazn, y conoce todas las cosas.
Carsimos, si nuestro corazn no nos reprende, confianza tenemos en Dios;
Y cualquier cosa que pidiremos, la recibiremos de l, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de l.<CM>
Y ste es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos  otros como nos lo ha mandado.
Y el que guarda sus mandamientos, est en l, y l en l. Y en esto sabemos que l permanece en nosotros, por el Espritu que nos ha dado.<CM>
AMADOS, no creis  todo espritu, sino probad los espritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas son salidos en el mundo.
En esto conoced el Espritu de Dios: todo espritu que confiesa que Jesucristo es venido en carne es de Dios:
Y todo espritu que no confiesa que Jesucristo es venido en carne, no es de Dios: y ste es el espritu del anticristo, del cual vosotros habis odo que ha de venir, y que ahora ya est en el mundo.<CM>
Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habis vencido; porque el que en vosotros est, es mayor que el que est en el mundo.
Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye.
Nosotros somos de Dios: el que conoce  Dios, nos oye: el que no es de Dios, no nos oye. Por esto conocemos el espritu de verdad y el espritu de error.<CM>
Carsimos, ammonos unos  otros; porque el amor es de Dios. Cualquiera que ama, es nacido de Dios, y conoce  Dios.
El que no ama, no conoce  Dios; porque Dios es amor.
En esto se mostr el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envi  su Hijo unignito al mundo, para que vivamos por l.
En esto consiste el amor: no que nosotros hayamos amado  Dios, sino que l nos am  nosotros, y ha enviado  su Hijo en propiciacin por nuestros pecados.
Amados, si Dios as nos ha amado, debemos tambin nosotros amarnos unos  otros.
Ninguno vi jams  Dios. Si nos amamos unos  otros, Dios est en nosotros, y su amor es perfecto en nosotros:
En esto conocemos que estamos en l, y l en nosotros, en que nos ha dado de su Espritu.<CM>
Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo para ser Salvador del mundo.
Cualquiera que confesare que Jess es el Hijo de Dios, Dios est en l, y l en Dios.
Y nosotros hemos conocido y credo el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que vive en amor, vive en Dios, y Dios en l.<CM>
En esto es perfecto el amor con nosotros, para que tengamos confianza en el da del juicio; pues como l es, as somos nosotros en este mundo.
En amor no hay temor; mas el perfecto amor echa fuera el temor: porque el temor tiene pena. De donde el que teme, no est perfecto en el amor.
Nosotros le amamos  l, porque l nos am primero.
Si alguno dice, Yo amo  Dios, y aborrece  su hermano, es mentiroso. Porque el que no ama  su hermano al cual ha visto, cmo puede amar  Dios  quien no ha visto?
Y nosotros tenemos este mandamiento de l: Que el que ama  Dios, ame tambin  su hermano.<CM>
TODO aquel que cree que Jess es el Cristo, es nacido de Dios: y cualquiera que ama al que ha engendrado, ama tambin al que es nacido de l.
En esto conocemos que amamos  los hijos de Dios, cuando amamos  Dios, y guardamos sus mandamientos.
Porque este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son penosos.
Porque todo aquello que es nacido de Dios vence al mundo: y esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe.
Quin es el que vence al mundo, sino el que cree que Jess es el Hijo de Dios?<CM>
Este es Jesucristo, que vino por agua y sangre: no por agua solamente, sino por agua y sangre. Y el Espritu es el que da testimonio: porque el Esprtiu es la verdad.
Porque tres son los que dan testimonio en el cielo, el Padre, el Verbo, y el Espritu Santo: y estos tres son uno.
Y tres son los que dan testimonio en la tierra, el Espritu, y el agua, y la sangre: y estos tres concuerdan en uno.
Si recibimos el testimonio de los hombres, el testimonio de Dios es mayor; porque ste es el testimonio de Dios, que ha testificado de su Hijo.<CM>
El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en s mismo: el que no cree  Dios, le ha hecho mentiroso; porque no ha credo en el testimonio que Dios ha testificado de su Hijo.
Y este es el testimonio: Que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida est en su Hijo.
El que tiene al Hijo, tiene al vida: el que no tiene la Hijo de Dios, no tiene la vida.
Estas cosas he escrito  vosotros que creis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepis que tenis vida eterna, y para que creis en el nombre del Hijo de Dios.<CM>
Y esta es la confianza que tenemos en l, que si demandremos alguna cosa conforme  su voluntad, l nos oye.
Y si sabemos que l nos oye en cualquiera cosa que demandremos, sabemos que tenemos las peticiones que le hubiremos demandado.
Si alguno viere cometer  su hermano pecado no de muerte, demandar y se le dar vida; digo  los que pecan no de muerte. Hay pecado de muerte, por el cual yo no digo que ruegue.
Toda maldad es pecado; mas hay pecado no de muerte.<CM>
Sabemos que cualquiera que es nacido de Dios, no peca; mas el que es engendrado de Dios, se guarda  s mismo, y el maligno no le toca.
Sabemos que somos de Dios, y todo el mundo est puesto en maldad.
Empero sabemos que el Hijo de Dios es venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero: y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.
Hijitos, guardaos de los dolos. Amn.<CM>
EL anciano  la seora elegida y  sus hijos,  los cuales yo amo en verdad y no yo solo, sino tambin todos los que han conocido la verdad,
Por la verdad que est en nosotros, y ser perpetuamente con nosotros:
Sea con vosotros gracia, misericordia, y paz de Dios Padre, y del Seor Jesucristo, Hijo del Padre, en verdad y en amor.
Mucho me he gozado, porque he hallado de tus hijos, que andan en verdad, como nosotros hemos recibido el mandamiento del Padre.<CM>
Y ahora te ruego, seora, no como escribindote un nuevo mandamiento, sino aquel que nosotros hemos tenido desde el principio, que nos amemos unos  otros.
Y este es amor, que andemos segn sus mandamientos. Este es el mandamiento: Que andis en l, como vosotros habis odo desde el principio.<CM>
Porque muchos engaadores son entrados en el mundo, los cuales no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Este tal el engaador es, y el anticristo.
Mirad por vosotros mismos, porque no perdamos las cosas que hemos obrado, sino que recibamos galardn cumplido.
Cualquiera que se rebela, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene  Dios: el que persevera en la doctrina de Cristo, el tal tiene al Padre y al Hijo.<CM>
Si alguno viene  vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibis en casa, ni le digis: bienvenido!
Porque el que le dice bienvenido, comunica con sus malas obras.<CM>
Aunque tengo muchas cosas que escribiros, no he querido comunicarlas por medio de papel y tinta; mas espero ir  vosotros, y hablar boca  boca, para que nuestro gozo sea cumplido.
Los hijos de tu hermana elegida te saludan. Amn.<CM>
EL anciano al muy amado Gaio, al cual yo amo en verdad.
Amado, yo deseo que t seas prosperado en todas cosas, y que tengas salud, as como tu alma est en prosperidad.<CM>
Ciertamente me goc mucho cuando vinieron los hermanos y dieron testimonio de tu verdad, as como t andas en la verdad.
No tengo yo mayor gozo que ste, el oir que mis hijos andan en la verdad.
Amado, fielmente haces todo lo que haces para con los hermanos, y con los extranjeros,
Los cuales han dado testimonio de tu amor en presencia de la iglesia:  los cuales si ayudares como conviene segn Dios, hars bien.
Porque ellos partieron por amor de su nombre, no tomando nada de los Gentiles.
Nosotros, pues, debemos recibir  los tales, para que seamos cooperadores  la verdad.<CM>
Yo he escrito  la iglesia: mas Ditrefes, que ama tener el primado entre ellos, no nos recibe.
Por esta causa, si yo viniere, recordar las obras que hace parlando con palabras maliciosas contra nosotros; y no contento con estas cosas, no recibe  los hermanos, y prohibe  los que los quieren recibir, y los echa de la iglesia.
Amado, no sigas lo que es malo, sino lo que es bueno. El que hace bien es de Dios: mas el que hace mal, no ha visto  Dios.<CM>
Todos dan testimonio de Demetrio, y aun la misma verdad: y tambin nosotros damos testimonio; y vosotros habis conocido que nuestro testimonio es verdadero.
Yo tena muchas cosas que escribirte; empero no quiero escribirte por tinta y pluma:
Porque espero verte en breve, y hablaremos boca  boca. sea contigo. Los amigos te saludan. Saluda t  los amigos por nombre.<CM>
JUDAS, siervo de Jesucristo, y hermano de Jacobo,  los llamados, santificados en Dios Padre, y conservados en Jesucristo:
Misericordia, y paz, y amor os sean multiplicados.<CM>
Amados, por la gran solicitud que tena de escribiros de la comn salud, me ha sido necesario escribiros amonestndoos que contendis eficazmente por la fe que ha sido una vez dada  los santos.
Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los cuales desde antes haban estado ordenados para esta condenacin, hombres impos, convirtiendo la gracia de nuestro Dios en disolucin, y negando  Dios que solo es el que tiene dominio, y  nuestro Seor Jesucristo.
Os quiero pues amonestar, ya que alguna vez habis sabido esto, que el Seor habiendo salvado al pueblo de Egipto, despus destruy  los que no crean:
Y  los ngeles que no guardaron su dignidad, mas dejaron su habitacin, los ha reservado debajo de oscuridad en prisiones eternas hasta el juicio del gran da:
Como Sodoma y Gomorra, y las ciudades comarcanas, las cuales de la misma manera que ellos haban fornicado, y haban seguido la carne extraa, fueron puestas por ejemplo: sufriendo el juicio del fuego eterno.<CM>
De la misma manera tambin estos soadores amancillan la carne, y menosprecian la potestad, y vituperan las potestades superiores.
Pero cuando el arcngel Miguel contenda con el diablo, disputando sobre el cuerpo de Moiss, no se atrevi  usar de juicio de maldicin contra l, sino que dijo: El Seor te reprenda.
Pero stos maldicen las cosas que no conocen; y las cosas que naturalmente conocen, se corrompen en ellas, como bestias brutas.
Ay de ellos! porque han seguido el camino de Can, y se lanzaron en el error de Balaam por recompensa, y perecieron en la contradiccin de Cor.
Estos son manchas en vuestros convites, que banquetean juntamente, apacentndose  s mismos sin temor alguno: nubes sin agua, las cuales son llevadas de ac para all de los vientos: rboles marchitos como en otoo, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados;
Fieras ondas de la mar, que espuman sus mismas abominaciones; estrellas errticas,  las cuales es reservada eternalmente la oscuridad de las tinieblas.
De los cuales tambin profetiz Enoc, sptimo desde Adam, diciendo: He aqu, el Seor es venido con sus santos millares,<CM>
A hacer juicio contra todos, y  convencer  todos los impos de entre ellos tocante  todas sus obras de impiedad que han hecho impamente, y  todas las cosas duras que los pecadores impos han hablado contra l.
Estos son murmuradores, querellosos, andando segn sus deseos; y su boca habla cosas soberbias, teniendo en admiracin las personas por causa del provecho.
Mas vosotros, amados, tened memoria de las palabras que antes han sido dichas por los apstoles de nuestro Seor Jesucristo;
Como os decan: Que en el postrer tiempo habra burladores, que andaran segn sus malvados deseos.
Estos son los que hacen divisiones, sensuales, no teniendo el Espritu.
Mas vosotros, oh amados, edificndoos sobre vuestra santsima fe, orando por el Espritu Santo.
Conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Seor Jesucristo, para vida eterna.
Y recibid  los unos en piedad, discerniendo:
Mas haced salvos  los otros por temor, arrebatndolos del fuego; aborreciendo aun la ropa que es contaminada de la carne.
A aquel, pues, que es poderoso para guardaros sin cada, y presentaros delante de su gloria irreprensibles, con grande alegra,
Al Dios solo sabio, nuestro Salvador, sea gloria y magnificencia, imperio y potencia, ahora y en todos los siglos. Amn.<CM>
LA revelacin de Jesucristo, que Dios le di, para manifestar  sus siervos las cosas que deben suceder presto; y la declar, envindo la por su ngel  Juan su siervo,
El cual ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto.<CM>
Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profeca, y guardan las cosas en ella escritas: porque el tiempo est cerca.
Juan  las siete iglesias que estn en Asia: Gracia sea con vosotros, y paz del que es y que era y que ha de venir, y de los siete Espritus que estn delante de su trono;
Y de Jesucristo, el testigo fiel, el primognito de los muertos, y prncipe de los reyes de la tierra. Al que nos am, y nos ha lavado de nuestros pecados con su sangre,
Y nos ha hecho reyes y sacerdotes para Dios y su Padre;  l sea gloria  imperio para siempre jams. Amn.
He aqu que viene con las nubes, y todo ojo le ver, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra se lamentarn sobre l. As sea. Amn.
Yo soy el Alpha y la Omega, principio y fin, dice el Seor, que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.<CM>
Yo Juan, vuestro hermano, y participante en la tribulacin y en el reino, y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla que es llamada Patmos, por la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo.
Yo fu en el Espritu en el da del Seor, y o detrs de m una gran voz como de trompeta,
Que deca: Yo soy el Alpha y Omega, el primero y el ltimo. Escribe en un libro lo que ves, y enva lo  las siete iglesias que estn en Asia;  Efeso, y  Smirna, y  Prgamo, y  Tiatira, y  Sardis, y  Filadelfia, y  Laodicea.
Y me volv  ver la voz que hablaba conmigo: y vuelto, vi siete candeleros de oro;
Y en medio de los siete candeleros, uno semejante al Hijo del hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceido por los pechos con una cinta de oro.
Y su cabeza y sus cabellos eran blancos como la lana blanca, como la nieve; y sus ojos como llama de fuego;
Y sus pies semejantes al latn fino, ardientes como en un horno; y su voz como ruido de muchas aguas.
Y tena en su diestra siete estrellas: y de su boca sala una espada aguda de dos filos. Y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza.
Y fpicuando yo le vi, ca como muerto  sus pies. Y l puso su diestra sobre m, dicindome: No temas: yo soy el primero y el ltimo;
Y el que vivo, y he sido muerto; y he aqu que vivo por siglos de siglos, Amn. Y tengo las llaves del infierno y de la muerte.
Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser despus de stas:
El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y los siete candeleros de oro. Las siete estrellas son los ngeles de las siete iglesias; y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias.<CM>
ESCRIBE al ngel de la iglesia en EFESO: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el cual anda en medio de los siete candeleros de oro, dice estas cosas:
Yo s tus obras, y tu trabajo y paciencia; y que t no puedes sufrir los malos, y has probado  los que se dicen ser apstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos;
Y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado por mi nombre, y no has desfallecido.
Pero tengo contra ti que has dejado tu primer amor.
Recuerda por tanto de dnde has cado, y arrepintete, y haz las primeras obras; pues si no, vendr presto  ti, y quitar tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido.
Mas tienes esto, que aborreces los hechos de los Nicolatas; los cuales yo tambin aborrezco.
El que tiene odo, oiga lo que el Espritu dice  las iglesias. Al que venciere, dar  comer del rbol de la vida, el cual est en medio del paraso de Dios.<CM>
Y escribe al ngel de la iglesia en SMIRNA: El primero y postrero, que fu muerto, y vivi, dice estas cosas:
Yo s tus obras, y tu tribulacion, y tu pobreza (pero t eres rico), y la blasfemia de los que se dicen ser Judos, y no lo son, mas son sinagoga de Satans.
No tengas ningn temor de las cosas que has de padecer. He aqu, el diablo ha de enviar algunos de vosotros  la crcel, para que seis probados, y tendris tribulacin de diez das. S fiel hasta la muerte, y yo te dar la corona de la vida.
El que tiene odo, oiga lo que el Espritu dice  las iglesias. El que venciere, no recibir dao de la muerte segunda.<CM>
Y escribe al ngel de la iglesia en PRGAMO: El que tiene la espada aguda de dos filos, dice estas cosas:
Yo s tus obras, y dnde moras, donde est la silla de Satans; y retienes mi nombre, y no has negado mi fe, aun en los das en que fu Antipas mi testigo fiel, el cual ha sido muerto entre vosotros, donde Satans mora.
Pero tengo unas pocas cosas contra ti: porque t tienes ah los que tienen la doctrina de ah los que tienen la doctrina de Fcbalaam, el cual enseaba  Balac  poner escndalo delante de los hijos de Israel,  comer de cosas sacrificadas  los dolos, y  cometer fornicacin.
As tambin t tienes  los que tienen la doctrina de los Nicolatas, lo cual yo aborrezco.
Arrepintete, porque de otra manera vendr  ti presto, y pelear contra ellos con la espada de mi boca.
El que tiene odo, oiga lo que el Espritu dice  las iglesias. Al que venciere, dar  comer del man escondido, y le dar una piedrecita blanca, y en la piedrecita un nombre nuevo escrito, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe.<CM>
Y escribe al ngel de la iglesia en TIATIRA: El Hijo de Dios, que tiene sus ojos como llama de fuego, y sus pies semejantes al latn fino, dice estas cosas:
Yo he conocido tus obras, y caridad, y servicio, y fe, y tu paciencia, y que tus obras postreras son ms que las primeras.
Mas tengo unas pocas cosas contra ti: porque permites aquella mujer Jezabel (que se dice profetisa) ensear, y engaar  mis siervos,  fornicar, y  comer cosas ofrecidas  los dolos.
Y le he dado tiempo para que se arrepienta de la fornicacin; y no se ha arrepentido.
He aqu, yo la echo en cama, y  los que adulteran con ella, en muy grande tribulacin, si no se arrepintieren de sus obras:
Y matar  sus hijos con muerte; y todas las iglesias sabrn que yo soy el que escudrio los riones y los corazones: y dar  cada uno de vosotros segn sus obras.
Pero yo digo  vosotros, y  los dems que estis en Tiatira, cualesquiera que no tienen esta doctrina, y que no han conocido las profundidades de Satans, como dicen: Yo no enviar sobre vosotros otra carga.
Empero la que tenis, tenedla hasta que yo venga.
Y al que hubiere vencido, y hubiere guardado mis obras hasta el fin, yo le dar potestad sobre las gentes;
Y las regir con vara de hierro, y sern quebrantados como vaso de alfarero, como tambin yo he recibido de mi Padre:
Y le dar la estrella de la maana.
El que tiene odo, oiga lo que el Espritu dice  las iglesias.<CM>
Y ESCRIBE al ngel de la iglesia en SARDIS: El que tiene los siete Espritus de Dios, y las siete estrellas, dice estas cosas: Yo conozco tus obras que tienes nombre que vives, y ests muerto.
S vigilante y confirma las otras cosas que estn para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios.
Acurdate pues de lo que has recibido y has odo, y gurda lo, y arrepintete. Y si no velares, vendr  ti como ladrn, y no sabrs en qu hora vendr  ti.
Mas tienes unas pocas personas en Sardis que no han ensuciado sus vestiduras: y andarn conmigo en vestiduras blancas; porque son dignos.
El que venciere, ser vestido de vestiduras blancas; y no borrar su nombre del libro de la vida, y confesar su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ngeles.
El que tiene odo, oiga lo que el Espritu dice  las iglesias.<CM>
Y escribe al ngel de la iglesia en FILADELFIA: Estas cosas dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre:
Yo conozco tus obras: he aqu, he dado una puerta abierta delante de ti, la cual ninguno puede cerrar; porque tienes un poco de potencia, y has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre.
He aqu, yo doy de la sinagoga de Satans, los que se dicen ser Judos, y no lo son, mas mienten; he aqu, yo los constreir  que vengan y adoren delante de tus pies, y sepan que yo te he amado.
Porque has guardado la palabra de mi paciencia, yo tambin te guardar de la hora de la tentacin que ha de venir en todo el mundo, para probar  los que moran en la tierra.
He aqu, yo vengo presto; retn lo que tienes, para que ninguno tome tu corona.
Al que venciere, yo lo har columna en el templo de mi Dios, y nunca ms saldr fuera; y escribir sobre l el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalem, la cual desciende del cielo de con mi Dios, y mi nombre nuevo.
El que tiene odo, oiga lo que el Espritu dice  las iglesias.<CM>
Y escribe al ngel de la iglesia en LAODICEA: He aqu dice el Amn, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creacin de Dios:
Yo conozco tus obras, que ni eres fro, ni caliente. Ojal fueses fro,  caliente!
Mas porque eres tibio, y no fro ni caliente, te vomitar de mi boca.
Porque t dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa; y no conoces que t eres un cuitado y miserable y pobre y ciego y desnudo;
Yo te amonesto que de m compres oro afinado en fuego, para que seas hecho rico, y seas vestido de vestiduras blancas, para que no se descubra la vergenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas.
Yo reprendo y castigo  todos los que amo: s pues celoso, y arrepintete.
He aqu, yo estoy  la puerta y llamo: si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entrar  l, y cenar con l, y l conmigo.
Al que venciere, yo le dar que se siente conmigo en mi trono; as como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.
El que tiene odo, oiga lo que el Espritu dice  las iglesias.<CM>
DESPUS de estas cosas mir, y he aqu una puerta abierta en el cielo: y la primera voz que o, era como de trompeta que hablaba conmigo, diciendo: Sube ac, y yo te mostrar las cosas que han de ser despus de stas.
Y luego yo fu en Espritu: y he aqu, un trono que estaba puesto en el cielo, y sobre el trono estaba uno sentado.
Y el que estaba sentado, era al parecer semejante  una piedra de jaspe y de sardio: y un arco celeste haba alrededor del trono, semejante en el aspecto  la esmeralda.
Y alrededor del trono haba veinticuatro sillas: y vi sobre las sillas veinticuatro ancianos sentados, vestidos de ropas blancas; y tenan sobre sus cabezas coronas de oro.
Y del trono salan relmpagos y truenos y voces: y siete lmparas de fuego estaban ardiendo delante del trono, las cuales son los siete Espritus de Dios.
Y delante del trono haba como un mar de vidrio semejante al cristal; y en medio del trono, y alrededor del trono, cuatro animales llenos de ojos delante y detrs.
Y el primer animal era semejante  un len; y el segundo animal, semejante  un becerro; y el tercer animal tena la cara como de hombre; y el cuarto animal, semejante  un guila volando.<CM>
Y los cuatro animales tenan cada uno por s seis alas alrededor, y de dentro estaban llenos de ojos; y no tenan reposo da ni noche, diciendo: Santo, santo, santo el Seor Dios Todopoderoso, que era, y que es, y que ha de venir.
Y cuando aquellos animales daban gloria y honra y alabanza al que estaba sentado en el trono, al que vive para siempre jams,
Los veinticuatro ancianos se postraban delante del que estaba sentado en el trono, y adoraban al que vive para siempre jams, y echaban sus coronas delante del trono, diciendo:
Seor, digno eres de recibir gloria y honra y virtud: porque t criaste todas las cosas, y por tu voluntad tienen ser y fueron criadas.<CM>
Y VI en la mano derecha del que estaba sentado sobre el trono un libro escrito de dentro y de fuera, sellado con siete sellos.
Y vi un fuerte ngel predicando en alta voz: Quin es digno de abrir el libro, y de desatar sus sellos?
Y ninguno poda, ni en el cielo, ni en la tierra, ni debajo de la tierra, abrir el libro, ni mirarlo.
Y yo lloraba mucho, porque no haba sido hallado ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo.
Y uno de los ancianos me dice: No llores: he aqu el len de la tribu de Jud, la raz de David, que ha vencido para abrir el libro, y desatar sus siete sellos.<CM>
Y mir; y he aqu en medio del trono y de los cuatro animales, y en medio de los ancianos, estaba un Cordero como inmolado, que tena siete cuernos, y siete ojos, que son los siete Espritus de Dios enviados en toda la tierra.
Y l vino, y tom el libro de la mano derecha de aquel que estaba sentado en el trono.
Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro animales y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero, teniendo cada uno arpas, y copas de oro llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos:
Y cantaban un nuevo cntico, diciendo: Digno eres de tomar el libro, y de abrir sus sellos; porque t fuiste inmolado, y nos has redimido para Dios con tu sangre, de todo linaje y lengua y pueblo y nacin;
Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.
Y mir, y o voz de muchos ngeles alrededor del trono, y de los animales, y de los ancianos; y la multitud de ellos era millones de millones,
Que decan en alta voz: El Cordero que fu inmolado es digno de tomar el poder y riquezas y sabidura, y fortaleza y honra y gloria y alabanza.
Y o  toda criatura que est en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y que est en el mar, y todas las cosas que en ellos estn, diciendo: Al que est sentado en el trono, y al Cordero, sea la bendicin, y la honra, y la gloria, y el poder, para siempre jams.
Y los cuatro animales decan: Amn. Y los veinticuatro ancianos cayeron sobre sus rostros, y adoraron al que vive para siempre jams.<CM>
Y MIR cuando el Cordero abri uno de los sellos, y o  uno los cuatro animales diciendo como con una voz de trueno: Ven y ve.
Y mir, y he aqu un caballo blanco: y el que estaba sentado encima de l, tena un arco; y le fu dada una corona, y sali victorioso, para que tambin venciese.<CM>
Y cuando l abri el segundo sello, o al segundo animal, que deca: Ven y ve.
Y sali otro caballo bermejo: y al que estaba sentado sobre l, fu dado poder de quitar la paz de la tierra, y que se maten unos  otros: y fule dada una grande espada.
Y cuando l abri el tercer sello, o al tercer animal, que deca: Ven y ve. Y mir, y he aqu un caballo negro: y el que estaba sentado encima de l, tena un peso en su mano.
Y o una voz en medio de los cuatro animales, que deca: Dos libras de trigo por un denario, y seis libras de cebada por un denario: y no hagas dao al vino ni al aceite.
Y cuando l abri el cuarto sello, o la voz del cuarto animal, que deca: Ven y ve.
Y mir, y he aqu un caballo amarillo: y el que estaba sentado sobre l tena por nombre Muerte; y el infierno le segua: y le fu dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las bestias de la tierra.<CM>
Y cuando l abri el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los que haban sido muertos por la palabra de Dios y por el testimonio que ellos tenan.
Y clamaban en alta voz diciendo: Hasta cundo, Seor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre de los que moran en la tierra?
Y les fueron dadas sendas ropas blancas, y fules dicho que reposasen todava un poco de tiempo, hasta que se completaran sus consiervos y sus hermanos, que tambin haban de ser muertos como ellos.
Y mir cuando l abri el sexto sello, y he aqu fu hecho un gran terremoto; y el sol se puso negro como un saco de cilicio, y la luna se puso toda como sangre;
Y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera echa sus higos cuando es movida de gran viento.
Y el cielo se apart como un libro que es envuelto; y todo monte y las islas fueron movidas de sus lugares.
Y los reyes de la tierra, y los prncipes, y los ricos, y los capitanes, y los fuertes, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peas de los montes;
Y decan  los montes y  las peas: Caed sobre nosotros, y escondednos de la cara de aqul que est sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero:
Porque el gran da de su ira es venido; y quin podr estar firme?<CM>
Y DESPUS de estas cosas vi cuatro ngeles que estaban sobre los cuatro ngulos de la tierra, deteniendo los cuatro vientos de la tierra, para que no soplase viento sobre la tierra, ni sobre la mar, ni sobre ningn rbol.
Y vi otro ngel que suba del nacimiento del sol, teniendo el sello del Dios vivo: y clam con gran voz  los cuatro ngeles,  los cuales era dado hacer dao  la tierra y  la mar,
Diciendo: No hagis dao  la tierra, ni al mar, ni  los rboles, hasta que sealemos  los siervos de nuestro Dios en sus frentes.
Y o el nmero de los sealados: ciento cuarenta y cuatro mil sealados de todas las tribus de los hijos de Israel.
De la tribu de Jud, doce mil sealados. De la tribu de Rubn, doce mil sealados. De la tribu de Gad, doce mil sealados.
De la tribu de Aser, doce mil sealados. De la tribu de Neftal, doce mil sealados. De la tribu de Manass, doce mil sealados.
De la tribu de Simen, doce mil sealados. De la tribu de Lev, doce mil sealados. De la tribu de Issachr, doce mil sealados.
De la tribu de Zabuln, doce mil sealados. De la tribu de Jos, doce mil sealados. De la tribu de Benjamn, doce mil sealados.
Despus de estas cosas mir, y he aqu una gran compaa, la cual ninguno poda contar, de todas gentes y linajes y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y palmas en sus manos;
Y clamaban en alta voz, diciendo: Salvacin  nuestro Dios que est sentado sobre el trono, y al Cordero.
Y todos los ngeles estaban alrededor del trono, y de los ancianos y los cuatro animales; y postrronse sobre sus rostros delante del trono, y adoraron  Dios,
Diciendo: Amn: La bendicin y la gloria y la sabidura, y la accin de gracias y la honra y la potencia y la fortaleza, sean  nuestro Dios para siempre jams. Amn.<CM>
Y respondi uno de los ancianos, dicindome: Estos que estn vestidos de ropas blancas, quines son, y de dnde han venido?
Y yo le dije: Seor, t lo sabes. Y l me dijo: Estos son los que han venido de grande tribulacin, y han lavado sus ropas, y las han blanqueado en la sangre del Cordero.
Por esto estn delante del trono de Dios, y le sirven da y noche en su templo: y el que est sentado en el trono tender su pabelln sobre ellos.
No tendrn ms hambre, ni sed, y el sol no caer ms sobre ellos, ni otro ningn calor.
Porque el Cordero que est en medio del trono los pastorear, y los guiar  fuentes vivas de aguas: y Dios limpiar toda lgrima de los ojos de ellos.<CM>
Y CUANDO l abri el sptimo sello, fu hecho silencio en el cielo casi por media hora.
Y vi los siete ngeles que estaban delante de Dios; y les fueron dadas siete trompetas.
Y otro ngel vino, y se par delante del altar, teniendo un incensario de oro; y le fu dado mucho incienso para que lo aadiese  las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro que estaba delante del trono.
Y el humo del incienso subi de la mano del ngel delante de Dios, con las oraciones de los santos.
Y el ngel tom el incensario, y lo llen del fuego del altar, y echlo en la tierra; y fueron hechos truenos y voces y relmpagos y terremotos.
Y los siete ngeles que tenan las siete trompetas, se aparejaron para tocar.<CM>
Y el primer ngel toc la trompeta, y fu hecho granizo y fuego, mezclado con sangre, y fueron arrojados  la tierra; y la tercera parte de los rboles fu quemada, y quemse toda la hierba verde.
Y el segundo ngel toc la trompeta, y como un grande monte ardiendo con fuego fu lanzado en la mar; y la tercera parte de la mar se torn en sangre.
Y muri la tercera parte de las criaturas que estaban en la mar, las cuales tenan vida; y la tercera parte de los navos pereci.
Y el tercer ngel toc la trompeta, y cay del cielo una grande estrella, ardiendo como una antorcha, y cay en la tercera parte de los rios, y en las fuentes de las aguas.
Y el nombre de la estrella se dice Ajenjo. Y la tercera parte de las aguas fu vuelta en ajenjo: y muchos murieron por las aguas, porque fueron hechas amargas.
Y el cuarto ngel toc la trompeta, y fu herida la tercera parte del sol, y la tercera parte de la luna, y la tercera parte de las estrellas; de tal manera que se oscureci la tercera parte de ellos, y no alumbraba la tercera parte del da, y lo mismo de la noche.
Y mir, y o un ngel volar por medio del cielo, diciendo en alta voz: Ay! ay! ay! de los que moran en la tierra, por razn de las otras voces de trompeta de los tres ngeles que han de tocar!<CM>
Y EL quinto ngel toc la trompeta, y vi una estrella que cay del cielo en la tierra; y le fu dada la llave del pozo del abismo.
Y abri el pozo del abismo, y subi humo del pozo como el humo de un gran horno; y oscurecise el sol y el aire por el humo del pozo.
Y del humo salieron langostas sobre la tierra; y fueles dada potestad, como tienen potestad los escorpiones de la tierra.
Y les fu mandado que no hiciesen dao  la hierba de la tierra, ni  ninguna cosa verde, ni  ningn rbol, sino solamente  los hombres que no tienen la seal de Dios en sus frentes.
Y le fu dado que no los matasen, sino que los atormentasen cinco meses; y su tormento era como tormento de escorpin, cuando hiere al hombre.
Y en aquellos das buscarn los hombres la muerte, y no la hallarn; y desearn morir, y la muerte huir de ellos.
Y el parecer de las langostas era semejante  caballos aparejados para la guerra: y sobre sus cabezas tenan como coronas semejantes al oro; y sus caras como caras de hombres.
Y tenan cabellos como cabellos de mujeres: y sus dientes eran como dientes de leones.
Y tenan corazas como corazas de hierro; y el estruendo de sus alas, como el ruido de carros que con muchos caballos corren  la batalla.
Y tenan colas semejantes  las de los escorpiones, y tenan en sus colas aguijones; y su poder era de hacer dao  los hombres cinco meses.
Y tienen sobre s por rey al ngel del abismo, cuyo nombre en hebraico es Abaddon, y en griego, Apollyon.
El primer Ay! es pasado: he aqu, vienen an dos ayes despus de estas cosas.<CM>
Y el sexto ngel toc la trompeta; y o una voz de los cuatro cuernos del altar de oro que estaba delante de Dios,
Diciendo al sexto ngel que tena la trompeta: Desata los cuatro ngeles que estn atados en el gran ro Eufrates.
Y fueron desatados los cuatro ngeles que estaban aparejados para la hora y da y mes y ao, para matar la tercera parte de los hombres.
Y el nmero del ejrcito de los de  caballo era doscientos millones. Y o el nmero de ellos.
Y as vi los caballos en visin, y los que sobre ellos estaban sentados, los cuales tenan corazas de fuego, de jacinto, y de azufre. Y las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones; y de la boca de ellos sala fuego y humo y azufre.
De estas tres plagas fu muerta la tercera parte de los hombres: del fuego, y del humo, y del azufre, que salan de la boca de ellos.
Porque su poder est en su boca y en sus colas: porque sus colas eran semejantes  serpientes, y tenan cabezas, y con ellas daan.
Y los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, aun no se arrepintieron de las obras de sus manos, para que no adorasen  los demonios, y  las imgenes de oro, y de plata, y de metal, y de piedra, y de madera; las cuales no pueden ver, ni oir, ni andar:
Y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechiceras, ni de su fornicacin, ni de sus hurtos.<CM>
Y VI otro ngel fuerte descender del cielo, cercado de una nube, y el arco celeste sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego.
Y tena en su mano un librito abierto: y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra;
Y clam con grande voz, como cuando un len ruge: y cuando hubo clamado, siete truenos hablaron sus voces.
Y cuando los siete truenos hubieron hablado sus voces, yo iba  escribir, y o una voz del cielo que me deca: Sella las cosas que los siete truenos han hablado, y no las escribas.
Y el ngel que vi estar sobre el mar y sobre la tierra, levant su mano al cielo,
Y jur por el que vive para siempre jams, que ha criado el cielo y las cosas que estn en l, y la tierra y las cosas que estn en ella, y el mar y las cosas que estn en l, que el tiempo no ser ms.
Pero en los das de la voz del sptimo ngel, cuando l comenzare  tocar la trompeta, el misterio de Dios ser consumado, como l lo anunci  sus siervos los profetas.<CM>
Y la voz que o del cielo hablaba otra vez conmigo, y deca: Ve, y toma el librito abierto de la mano del ngel que est sobre el mar y sobre la tierra.
Y fu al ngel, dicindole que me diese el librito, y l me dijo: Toma, y trgalo; y l te har amargar tu vientre, pero en tu boca ser dulce como la miel.
Y tom el librito de la mano del ngel, y lo devor; y era dulce en mi boca como la miel; y cuando lo hube devorado, fu amargo mi vientre.
Y l me dice: Necesario es que otra vez profetices  muchos pueblos y gentes y lenguas y reyes.<CM>
Y ME fu dada una caa semejante  una vara, y se me dijo: Levntate, y mide el templo de Dios, y el altar, y  los que adoran en l.
Y echa fuera el patio que est fuera del templo, y no lo midas, porque es dado  los Gentiles; y hollarn la ciudad santa cuarenta y dos meses.<CM>
Y dar  mis dos testigos, y ellos profetizarn por mil doscientos y sesenta das, vestidos de sacos.
Estas son las dos olivas, y los dos candeleros que estn delante del Dios de la tierra.
Y si alguno les quisiere daar, sale fuego de la boca de ellos, y devora  sus enemigos: y si alguno les quisiere hacer dao, es necesario que l sea as muerto.
Estos tienen potestad de cerrar el cielo, que no llueva en los das de su profeca, y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y para herir la tierra con toda plaga cuantas veces quisieren.
Y cuando ellos hubieren acabado su testimonio, la bestia que sube del abismo har guerra contra ellos, y los vencer, y los matar.
Y sus cuerpos sern echados en las plazas de la grande ciudad, que espiritualmente es llamada Sodoma y Egipto, donde tambin nuestro Seor fu crucificado.
Y los de los linajes, y de los pueblos, y de las lenguas, y de los Gentiles vern los cuerpos de ellos por tres das y medio, y no permitirn que sus cuerpos sean puestos en sepulcros.
Y los moradores de la tierra se gozarn sobre ellos, y se alegrarn, y se enviarn dones los unos  los otros; porque estos dos profetas han atormentado  los que moran sobre la tierra.
Y despus de tres das y medio el espritu de vida enviado de Dios, entr en ellos, y se alzaron sobre sus pies, y vino gran temor sobre los que los vieron.
Y oyeron una grande voz del cielo, que les deca: Subid ac. Y subieron al cielo en una nube, y sus enemigos los vieron.
Y en aquella hora fu hecho gran temblor de tierra, y la dcima parte de la ciudad cay, y fueron muertos en el temblor de tierra en nmero de siete mil hombres: y los dems fueron espantados, y dieron gloria al Dios del cielo.<CM>
El segundo Ay! es pasado: he aqu, el tercer Ay! vendr presto.
Y el sptimo ngel toc la trompeta, y fueron hechas grandes voces en el cielo, que decan: Los reinos del mundo han venido  ser los reinos de nuestro Seor, y de su Cristo: y reinar para siempre jams.
Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus sillas, se postraron sobre sus rostros, y adoraron  Dios,
Diciendo: Te damos gracias, Seor Dios Todopoderoso, que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu grande potencia, y has reinado.
Y se han airado las naciones, y tu ira es venida, y el tiempo de los muertos, para que sean juzgados, y para que des el galardn  tus siervos los profetas, y  los santos, y  los que temen tu nombre,  los pequeitos y  los grandes, y para que destruyas los que destruyen la tierra.
Y el templo de Dios fu abierto en el cielo, y el arca de su testamento fu vista en su templo. Y fueron hechos relmpagos y voces y truenos y terremotos y grande granizo.<CM>
Y UNA grande seal apareci en el cielo: una mujer vestida del sol, y la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas.
Y estando preada, clamaba con dolores de parto, y sufra tormento por parir.
Y fu vista otra seal en el cielo: y he aqu un grande dragn bermejo, que tena siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas.
Y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las ech en tierra. Y el dragn se par delante de la mujer que estaba para parir,  fin de devorar  su hijo cuando hubiese parido.
Y ella pari un hijo varn, el cual haba de regir todas las gentes con vara de hierro: y su hijo fu arrebatado para Dios y  su trono.
Y la mujer huy al desierto, donde tiene lugar aparejado de Dios, para que all la mantengan mil doscientos y sesenta das.
Y fu hecha una grande batalla en el cielo: Miguel y sus ngeles lidiaban contra el dragn; y lidiaba el dragn y sus ngeles.
Y no prevalecieron, ni su lugar fu ms hallado en el cielo.
Y fu lanzado fuera aquel gran dragn, la serpiente antigua, que se llama Diablo y Satans, el cual engaa  todo el mundo; fu arrojado en tierra, y sus ngeles fueron arrojados con l.
Y o una grande voz en el cielo que deca: Ahora ha venido la salvacin, y la virtud, y el reino de nuestro Dios, y el poder de su Cristo; porque el acusador de nuestros hermanos ha sido arrojado, el cual los acusaba delante de nuestro Dios da y noche.
Y ellos le han vencido por la sangre del Cordero, y por la palabra de su testimonio; y no han amado sus vidas hasta la muerte.<CM>
Por lo cual alegraos, cielos, y los que moris en ellos. Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido  vosotros, teniendo grande ira, sabiendo que tiene poco tiempo.
Y cuando vi el dragn que l haba sido arrojado  la tierra, persigui  la mujer que haba parido al hijo varn.
Y fueron dadas  la mujer dos alas de grande guila, para que de la presencia de la serpiente volase al desierto,  su lugar, donde es mantenida por un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo.
Y la serpiente ech de su boca tras la mujer agua como un ro,  fin de hacer que fuese arrebatada del ro.
Y la tierra ayud  la mujer, y la tierra abri su boca, y sorbi el ro que haba echado el dragn de su boca.
Entonces el dragn fu airado contra la mujer; y se fu  hacer guerra contra los otros de la simiente de ella, los cuales guardan los mandamientos de Dios, y tienen el testimonio de Jesucristo.<CM>
Y YO me par sobre la arena del mar, y vi una bestia subir del mar, que tena siete cabezas y diez cuernos; y sobre sus cuernos diez diademas; y sobre las cabezas de ella nombre de blasfemia.
Y la bestia que vi, era semejante  un leopardo, y sus pies como de oso, y su boca como boca de len. Y el dragn le di su poder, y su trono, y grande potestad.
Y vi una de sus cabezas como herida de muerte, y la llaga de su muerte fu curada: y se maravill toda la tierra en pos de la bestia.
Y adoraron al dragn que haba dado la potestad  la bestia, y adoraron  la bestia, diciendo: Quin es semejante  la bestia, y quin podr lidiar con ella?
Y le fu dada boca que hablaba grandes cosas y blasfemias: y le fu dada potencia de obrar cuarenta y dos meses.
Y abri su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar su nombre, y su tabernculo, y  los que moran en el cielo.
Y le fu dado hacer guerra contra los santos, y vencerlos. Tambin le fu dada potencia sobre toda tribu y pueblo y lengua y gente.
Y todos los que moran en la tierra le adoraron, cuyos nombres no estn escritos en el libro de la vida del Cordero, el cual fu muerto desde el principio del mundo.
Si alguno tiene odo, oiga.
El que lleva en cautividad, va en cautividad: el que  cuchillo matare, es necesario que  cuchillo sea muerto. Aqu est la paciencia y la fe de los santos.<CM>
Despus vi otra bestia que suba de la tierra; y tena dos cuernos semejantes  los de un cordero, mas hablaba como un dragn.
Y ejerce todo el poder de la primera bestia en presencia de ella; y hace  la tierra y  los moradores de ella adorar la primera bestia, cuya llaga de muerte fu curada.
Y hace grandes seales, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo  la tierra delante de los hombres.
Y engaa  los moradores de la tierra por las seales que le ha sido dado hacer en presencia de la bestia, mandando  los moradores de la tierra que hagan la imagen de la bestia que tiene la herida de cuchillo, y vivi.
Y le fu dado que diese espritu  la imagen de la bestia, para que la imagen de la bestia hable; y har que cualesquiera que no adoraren la imagen de la bestia sean muertos.
Y haca que  todos,  los pequeos y grandes, ricos y pobres, libres y siervos, se pusiese una marca en su mano derecha,  en sus frentes:
Y que ninguno pudiese comprar  vender, sino el que tuviera la seal,  el nombre de la bestia,  el nmero de su nombre.
Aqu hay sabidura. El que tiene entendimiento, cuente el nmero de la bestia; porque es el nmero de hombre: y el nmero de ella, seiscientos sesenta y seis.<CM>
Y MIR, y he aqu, el Cordero estaba sobre el monte de Sin, y con l ciento cuarenta y cuatro mil, que tenan el nombre de su Padre escrito en sus frentes.
Y o una voz del cielo como ruido de muchas aguas, y como sonido de un gran trueno: y o una voz de taedores de arpas que taan con sus arpas:
Y cantaban como un cntico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro animales, y de los ancianos: y ninguno poda aprender el cntico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil, los cuales fueron comprados de entre los de la tierra.
Estos son los que con mujeres no fueron contaminados; porque son vrgenes. Estos, los que siguen al Cordero por donde quiera que fuere. Estos fueron comprados de entre los hombres por primicias para Dios y para el Cordero.
Y en sus bocas no ha sido hallado engao; porque ellos son sin mcula delante del trono de Dios.<CM>
Y vi otro ngel volar por en medio del cielo, que tena el evangelio eterno para predicarlo  los que moran en la tierra, y  toda nacin y tribu y lengua y pueblo,
Diciendo en alta voz: Temed  Dios, y dadle honra; porque la hora de su juicio es venida; y adorad  aquel que ha hecho el cielo y la tierra y el mar y las fuentes de las aguas.
Y otro ngel le sigui, diciendo: Ha cado, ha cado Babilonia, aquella grande ciudad, porque ella ha dado  beber  todas las naciones del vino del furor de su fornicacin.
Y el tercer ngel los sigui, diciendo en alta voz: Si alguno adora  la bestia y  su imagen, y toma la seal en su frente,  en su mano,
Este tambin beber del vino de la ira de Dios, el cual est echado puro en el cliz de su ira; y ser atormentado con fuego y azufre delante de los santos ngeles, y delante del Cordero:
Y el humo del tormento de ellos sube para siempre jams. Y los que adoran  la bestia y  su imagen, no tienen reposo da ni noche, ni cualquiera que tomare la seal de su nombre.
Aqu est la paciencia de los santos; aqu estn los que guardan los mandamientos de Dios, y la fe de Jess.<CM>
Y o una voz del cielo que me deca: Escribe: Bienaventurados los muertos que de aqu adelante mueren en el Seor. S, dice el Espritu, que descansarn de sus trabajos; porque sus obras con ellos siguen.
Y mir, y he aqu una nube blanca; y sobre la nube uno sentado semejante al Hijo del hombre, que tena en su cabeza una corona de oro, y en su mano una hoz aguda.
Y otro ngel sali del templo, clamando en alta voz al que estaba sentado sobre la nube: Mete tu hoz, y siega; porque la hora de segar te es venida, porque la mies de la tierra est madura.
Y el que estaba sentado sobre la nube ech su hoz sobre la tierra, y la tierra fu segada.
Y sali otro ngel del templo que est en el cielo, teniendo tambin una hoz aguda.
Y otro ngel sali del altar, el cual tena poder sobre el fuego, y clam con gran voz al que tena la hoz aguda, diciendo: Mete tu hoz aguda, y vendimia los racimos de la tierra; porque estn maduras sus uvas.
Y el ngel ech su hoz aguda en la tierra, y vendimi la via de la tierra, y ech la uva en el grande lagar de la ira de Dios.
Y el lagar fu hollado fuera de la ciudad, y del lagar sali sangre hasta los frenos de los caballos por mil y seiscientos estadios.<CM>
Y VI otra seal en el cielo, grande y admirable, que era siete ngeles que tenan las siete plagas postreras; porque en ellas es consumada la ira de Dios.
Y vi as como un mar de vidrio mezclado con fuego; y los que haban alcanzado la victoria de la bestia, y de su imagen, y de su seal, y del nmero de su nombre, estar sobre el mar de vidrio, teniendo las arpas de Dios.
Y cantan el cntico de Moiss siervo de Dios, y el cntico del Cordero, diciendo: Grandes y maravillosas son tus obras, Seor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos.
Quin no te temer, oh Seor, y engrandecer tu nombre? porque t slo eres santo; por lo cual todas las naciones vendrn, y adorarn delante de ti, porque tus juicios son manifestados.<CM>
Y despus de estas cosas mir, y he aqu el templo del tabernculo del testimonio fu abierto en el cielo;
Y salieron del templo siete ngeles, que tenan siete plagas, vestidos de un lino limpio y blanco, y ceidos alrededor de los pechos con bandas de oro.
Y uno de los cuatro animales di  los siete ngeles siete copas de oro, llenas de la ira de Dios, que vive para siempre jams.
Y fu el templo lleno de humo por la majestad de Dios, y por su potencia; y ninguno poda entrar en el templo, hasta que fuesen consumadas las siete plagas de los siete ngeles.<CM>
Y OI una gran voz del templo, que deca  los siete ngeles: Id, y derramad las siete copas de la ira de Dios sobre la tierra.
Y fu el primero, y derram su copa sobre la tierra; y vino una plaga mala y daosa sobre los hombres que tenan la seal de la bestia, y sobre los que adoraban su imagen.
Y el segundo ngel derram su copa sobre el mar, y se convirti en sangre como de un muerto; y toda alma viviente fu muerta en el mar.
Y el tercer ngel derram su copa sobre los ros, y sobre las fuentes de las aguas, y se convirtieron en sangre.
Y o al ngel de las aguas, que deca: Justo eres t, oh Seor, que eres y que eras, el Santo, porque has juzgado estas cosas:
Porque ellos derramaron la sangre de los santos y de los profetas, tambin t les has dado  beber sangre; pues lo merecen.
Y o  otro del altar, que deca: Ciertamente, Seor Dios Todopoderoso, tus juicios son verdaderos y justos.<CM>
Y el cuarto ngel derram su copa sobre el sol; y le fu dado quemar  los hombres con fuego.
Y los hombres se quemaron con el grande calor, y blasfemaron el nombre de Dios, que tiene potestad sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria.
Y el quinto ngel derram su copa sobre la silla de la bestia; y su reino se hizo tenebroso, y se mordan sus lenguas de dolor;
Y blasfemaron del Dios del cielo por sus dolores, y por sus plagas, y no se arrepintieron de sus obras.<CM>
Y el sexto ngel derram su copa sobre el gran ro Eufrates; y el agua de l se sec, para que fuese preparado el camino de los reyes del Oriente.
Y vi salir de la boca del dragn, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espritus inmundos  manera de ranas:
Porque son espritus de demonios, que hacen seales, para ir  los reyes de la tierra y de todo el mundo, para congregarlos para la batalla de aquel gran da del Dios Todopoderoso.
He aqu, yo vengo como ladrn. Bienaventurado el que vela, y guarda sus vestiduras, para que no ande desnudo, y vean su vergenza.
Y los congreg en el lugar que en hebreo se llama Armagedn.<CM>
Y el sptimo ngel derram su copa por el aire; y sali una grande voz del templo del cielo, del trono, diciendo: Hecho es.
Entonces fueron hechos relmpagos y voces y truenos; y hubo un gran temblor de tierra, un terremoto tan grande, cual no fu jams desde que los hombres han estado sobre la tierra.
Y la ciudad grande fu partida en tres partes, y las ciudades de las naciones cayeron; y la grande Babilonia vino en memoria delante de Dios, para darle el cliz del vino del furor de su ira.
Y toda isla huy, y los montes no fueron hallados.
Y cay del cielo sobre los hombres un grande granizo como del peso de un talento: y los hombres blasfemaron de Dios por la plaga del granizo; porque su plaga fu muy grande.<CM>
Y VINO uno de los siete ngeles que tenan las siete copas, y habl conmigo, dicindome: Ven ac, y te mostrar la condenacin de la grande ramera, la cual est sentada sobre muchas aguas:
Con la cual han fornicado los reyes de la tierra, y los que moran en la tierra se han embriagado con el vino de su fornicacin.
Y me llev en Espritu al desierto; y vi una mujer sentada sobre una bestia bermeja llena de nombres de blasfemia y que tena siete cabezas y diez cuernos.
Y la mujer estaba vestida de prpura y de escarlata, y dorada con oro, y adornada de piedras preciosas y de perlas, teniendo un cliz de oro en su mano lleno de abominaciones y de la suciedad de su fornicacin;
Y en su frente un nombre escrito: MISTERIO, BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS FORNICACIONES Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA.
Y vi la mujer embriagada de la sangre de los santos, y de la sangre de los mrtires de Jess: y cuando la vi, qued maravillado de grande admiracin.<CM>
Y el ngel me dijo: Por qu te maravillas? Yo te dir el misterio de la mujer, y de la bestia que la trae, la cual tiene siete cabezas y diez cuernos.
La bestia que has visto, fu, y no es; y ha de subir del abismo, y ha de ir  perdicin: y los moradores de la tierra, cuyos nombres no estn escritos en el libro de la vida desde la fundacin del mundo, se maravillarn viendo la bestia que era y no es, aunque es.
Y aqu hay mente que tiene sabidura. Las siete cabezas son siete montes, sobre los cuales se asienta la mujer.
Y son siete reyes. Los cinco son cados; el uno es, el otro aun no es venido; y cuando viniere, es necesario que dure breve tiempo.
Y la bestia que era, y no es, es tambin el octavo, y es de los siete, y va  perdicin.
Y los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aun no han recibido reino; mas tomarn potencia por una hora como reyes con la bestia.
Estos tienen un consejo, y darn su potencia y autoridad  la bestia.<CM>
Ellos pelearn contra el Cordero, y el Cordero los vencer, porque es el Seor de los seores, y el Rey de los reyes: y los que estn con l son llamados, y elegidos, y fieles.
Y l me dice: Las aguas que has visto donde la ramera se sienta, son pueblos y muchedumbres y naciones y lenguas.
Y los diez cuernos que viste en la bestia, stos aborrecern  la ramera, y la harn desolada y desnuda: y comern sus carnes, y la quemarn con fuego:
Porque Dios ha puesto en sus corazones ejecutar lo que le plugo, y el ponerse de acuerdo, y dar su reino  la bestia, hasta que sean cumplidas las palabras de Dios.
Y la mujer que has visto, es la grande ciudad que tiene reino sobre los reyes de la tierra.<CM>
Y DESPUS de estas cosas vi otro ngel descender del cielo teniendo grande potencia; y la tierra fu alumbrada de su gloria.
Y clam con fortaleza en alta voz, diciendo: Cada es, cada es la grande Babilonia, y es hecha habitacin de demonios, y guarida de todo espritu inmundo, y albergue de todas aves sucias y aborrecibles.
Porque todas las gentes han bebido del vino del furor de su fornicacin; y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus deleites.
Y o otra voz del cielo, que deca: Salid de ella, pueblo mo, porque no seis participantes de sus pecados, y que no recibis de sus plagas;
Porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades.
Tornadle  dar como ella os ha dado, y pagadle al doble segn sus obras; en el cliz que ella os di  beber, dadle  beber doblado.
Cuanto ella se ha glorificado, y ha estado en deleites, tanto dadle de tormento y llanto; porque dice en su corazn: Yo estoy sentada reina, y no soy viuda, y no ver llanto.
Por lo cual en un da vendrn sus plagas, muerte, llanto y hambre, y ser quemada con fuego; porque el Seor Dios es fuerte, que la juzgar.<CM>
Y llorarn y se lamentarn sobre ella los reyes de la tierra, los cuales han fornicado con ella y han vivido en deleites, cuando ellos vieren el humo de su incendio,
Estando lejos por el temor de su tormento, diciendo: Ay, ay, de aquella gran ciudad de Babilonia, aquella fuerte ciudad; porque en una hora vino tu juicio!
Y los mercaderes de la tierra lloran y se lamentan sobre ella, porque ninguno compra ms sus mercaderas:
Mercadera de oro, y de plata, y de piedras preciosas, y de margaritas, y de lino fino, y de escarlata, y de seda, y de grana, y de toda madera olorosa, y de todo vaso de marfil, y de todo vaso de madera preciosa, y de cobre, y de hierro, y de mrmol;
Y canela, y olores, y ungentos, y de incienso, y de vino, y de aceite; y flor de harina y trigo, y de bestias, y de ovejas; y de caballos, y de carros, y de siervos, y de almas de hombres.
Y los frutos del deseo de tu alma se apartaron de ti; y todas las cosas gruesas y excelentes te han faltado, y nunca ms las hallars.
Los mercaderes de estas cosas, que se han enriquecido, se pondrn lejos de ella por el temor de su tormento, llorando y lamentando,
Y diciendo: Ay, ay, aquella gran ciudad, que estaba vestida de lino fino, y de escarlata, y de grana, y estaba dorada con oro, y adornada de piedras preciosas y de perlas!
Porque en una hora han sido desoladas tantas riquezas. Y todo patrn, y todos los que viajan en naves, y marineros, y todos los que trabajan en el mar, se estuvieron lejos;
Y viendo el humo de su incendio, dieron voces, diciendo: Qu ciudad era semejante  esta gran ciudad?
Y echaron polvo sobre sus cabezas; y dieron voces, llorando y lamentando, diciendo: Ay, ay, de aquella gran ciudad, en la cual todos los que tenan navos en la mar se haban enriquecido de sus riquezas; que en una hora ha sido desolada!
Algrate sobre ella, cielo, y vosotros, santos, apstoles, y profetas; porque Dios ha vengado vuestra causa en ella.
Y un ngel fuerte tom una piedra como una grande piedra de molino, y la ech en la mar, diciendo: Con tanto mpetu ser derribada Babilonia, aquella grande ciudad, y nunca jams ser hallada.
Y voz de taedores de arpas, y de msicos, y de taedores de flautas y de trompetas, no ser ms oda en ti; y todo artfice de cualquier oficio, no ser ms hallado en ti; y el sonido de muela no ser ms en ti odo:
Y luz de antorcha no alumbrar ms en ti; y voz de esposo ni de esposa no ser ms en ti oda; porque tus mercaderes eran los magnates de la tierra; porque en tus hechiceras todas las gentes han errado.
Y en ella fu hallada la sangre de los profetas y de los santos, y de todos los que han sido muertos en la tierra.<CM>
DESPUS de estas cosas o una gran voz de gran compaa en el cielo, que deca: Aleluya: Salvacin y honra y gloria y potencia al Seor Dios nuestro
Porque sus juicios son verdaderos y justos; porque l ha juzgado  la grande ramera, que ha corrompido la tierra con su fornicacin, y ha vengado la sangre de sus siervos de la mano de ella.
Y otra vez dijeron: Aleluya. Y su humo subi para siempre jams.
Y los veinticuatro ancianos y los cuatro animales se postraron en tierra, y adoraron  Dios que estaba sentado sobre el trono, diciendo: Amn: Aleluya.<CM>
Y sali una voz del trono, que deca: Load  nuestro Dios todos sus siervos, y los que le temis, as pequeos como grandes.
Y o como la voz de una grande compaa, y como el ruido de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que deca: Aleluya: porque rein el Seor nuestro Dios Todopoderoso.
Gocmonos y alegrmonos y dmosle gloria; porque son venidas las bodas del Cordero, y su esposa se ha aparejado.
Y le fu dado que se vista de lino fino, limpio y brillante: porque el lino fino son las justificaciones de los santos.
Y l me dice: Escribe: Bienaventurados los que son llamados  la cena del Cordero. Y me dijo: Estas palabras de Dios son verdaderas.
Y yo me ech  sus pies para adorarle. Y l me dijo: Mira que no lo hagas: yo soy siervo contigo, y con tus hermanos que tienen el testimonio de Jess: adora  Dios; porque el testimonio de Jess es el espritu de la profeca.<CM>
Y vi el cielo abierto; y he aqu un caballo blanco, y el que estaba sentado sobre l, era llamado Fiel y Verdadero, el cual con justicia juzga y pelea.
Y sus ojos eran como llama de fuego, y haba en su cabeza muchas diademas; y tena un nombre escrito que ninguno entenda sino l mismo.
Y estaba vestido de una ropa teida en sangre: y su nombre es llamado EL VERBO DE DIOS.
Y los ejrcitos que estn en el cielo le seguan en caballos blancos, vestidos de lino finsimo, blanco y limpio.
Y de su boca sale una espada aguda, para herir con ella las gentes: y l los regir con vara de hierro; y l pisa el lagar del vino del furor, y de la ira del Dios Todopoderoso.
Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEOR DE SEORES.
Y vi un ngel que estaba en el sol, y clam con gran voz, diciendo  todas las aves que volaban por medio del cielo: Venid, y congregaos  la cena del gran Dios,
Para que comis carnes de reyes, y de capitanes, y carnes de fuertes, y carnes de caballos, y de los que estn sentados sobre ellos; y carnes de todos, libres y siervos, de pequeos y de grandes
Y vi la bestia, y los reyes de la tierra y sus ejrcitos, congregados para hacer guerra contra el que estaba sentado sobre el caballo, y contra su ejrcito.
Y la bestia fu presa, y con ella el falso profeta que haba hecho las seales delante de ella, con las cuales haba engaado  los que tomaron la seal de la bestia, y haban adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego ardiendo en azufre.
Y los otros fueron muertos con la espada que sala de la boca del que estaba sentado sobre el caballo, y todas las aves fueron hartas de las carnes de ellos.<CM>
Y VI un ngel descender del cielo, que tena la llave del abismo, y una grande cadena en su mano.
Y prendi al dragn, aquella serpiente antigua, que es el Diablo y Satans, y le at por mil aos;
Y arrojlo al abismo, y le encerr, y sell sobre l, porque no engae ms  las naciones, hasta que mil aos sean cumplidos: y despus de esto es necesario que sea desatado un poco de tiempo.
Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos, y les fu dado juicio; y vi las almas de los degollados por el testimonio de Jess, y por la palabra de Dios, y que no haban adorado la bestia, ni  su imagen, y que no recibieron la seal en sus frentes, ni en sus manos, y vivieron y reinaron con Cristo mil aos.
Mas los otros muertos no tornaron  vivir hasta que sean cumplidos mil aos. Esta es la primera resurreccin.
Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurreccin; la segunda muerte no tiene potestad en stos; antes sern sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarn con l mil aos.
Y cuando los mil aos fueren cumplidos, Satans ser suelto de su prisin,
Y saldr para engaar las naciones que estn sobre los cuatro ngulos de la tierra,  Gog y  Magog,  fin de congregarlos para la batalla; el nmero de los cuales es como la arena del mar.
Y subieron sobre la anchura de la tierra, y circundaron el campo de los santos, y la ciudad amada: y de Dios descendi fuego del cielo, y los devor.
Y el diablo que los engaaba, fu lanzado en el lago de fuego y azufre, donde est la bestia y el falso profeta; y sern atormentados da y noche para siempre jams.<CM>
Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado sobre l, de delante del cual huy la tierra y el cielo; y no fu hallado el lugar de ellos.
Y vi los muertos, grandes y pequeos, que estaban delante de Dios; y los libros fueron abiertos: y otro libro fu abierto, el cual es de la vida: y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, segn sus obras.
Y el mar di los muertos que estaban en l; y la muerte y el infierno dieron los muertos que estaban en ellos; y fu hecho juicio de cada uno segn sus obras.
Y el infierno y la muerte fueron lanzados en el lago de fuego. Esta es la muerte segunda.
Y el que no fu hallado escrito en el libro de la vida, fu lanzado en el lago de fuego.<CM>
Y VI un cielo nuevo, y una tierra nueva: porque el primer cielo y la primera tierra se fueron, y el mar ya no es.
Y yo Juan vi la santa ciudad, Jerusalem nueva, que descenda del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido.
Y o una gran voz del cielo que deca: He aqu el tabernculo de Dios con los hombres, y morar con ellos; y ellos sern su pueblo, y el mismo Dios ser su Dios con ellos.
Y limpiar Dios toda lgrima de los ojos de ellos; y la muerte no ser ms; y no habr ms llanto, ni clamor, ni dolor: porque las primeras cosas son pasadas.
Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aqu, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.
Y djome: Hecho es. Yo soy Alpha y Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le dar de la fuente del agua de vida gratuitamente.
El que venciere, poseer todas las cosas; y yo ser su Dios, y l ser mi hijo.
Mas  los temerosos  incrdulos,  los abominables y homicidas,  los fornicarios y hechiceros, y  los idlatras, y  todos los mentirosos, su parte ser en el lago ardiendo con fuego y azufre, que es la muerte segunda.<CM>
Y vino  m uno de los siete ngeles que tenan las siete copas llenas de las siete postreras plagas, y habl conmigo, diciendo: Ven ac, yo te mostrar la esposa, mujer del Cordero.
Y llevme en Espritu  un grande y alto monte, y me mostr la grande ciudad santa de Jerusalem, que descenda del cielo de Dios,
Teniendo la claridad de Dios: y su luz era semejante  una piedra preciossima, como piedra de jaspe, resplandeciente como cristal.
Y tena un muro grande y alto con doce puertas; y en las puertas, doce ngeles, y nombres escritos, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel.
Al oriente tres puertas; al norte tres puertas; al mediodi tres puertas; al poniente tres puertas.
Y el muro de la ciudad tena doce fundamentos, y en ellos los doce nombres de los doce apstoles del Cordero.
Y el que hablaba conmigo, tena una medida de una caa de oro para medir la ciudad, y sus puertas, y su muro.
Y la ciudad est situada y puesta en cuadro, y su largura es tanta como su anchura: y l midi la ciudad con la caa, doce mil estadios: la largura y la altura y la anchura de ella son iguales.
Y midi su muro, ciento cuarenta y cuatro codos, de medida de hombre, la cual es del ngel.
Y el material de su muro era de jaspe: mas la ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio.
Y los fundamentos del muro de la ciudad estaban adornados de toda piedra preciosa. El primer fundamento era jaspe; el segundo, zafiro; el tercero, calcedonia; el cuarto, esmeralda;
El quinto, sardnica; el sexto, sardio; el sptimo, crislito; el octavo, berilo; el nono, topacio; el dcimo, crisopraso; el undcimo, jacinto; el duodcimo, amatista.
Y las doce puertas eran doce perlas, en cada una, una; cada puerta era de una perla. Y la plaza de la ciudad era de oro puro como vidrio trasparente.
Y no vi en ella templo; porque el Seor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero.
Y la ciudad no tena necesidad de sol, ni de luna, para que resplandezcan en ella: porque la claridad de Dios la ilumin, y el Cordero era su lumbrera.
Y las naciones que hubieren sido salvas andarn en la lumbre de ella: y los reyes de la tierra traern su gloria y honor  ella
Y sus puertas nunca sern cerradas de da, porque all no habr noche.
Y llevarn la gloria y la honra de las naciones  ella.
No entrar en ella ninguna cosa sucia,  que hace abominacin y mentira; sino solamente los que estn escritos en el libro de la vida del Cordero.<CM>
DESPUS me mostr un ro limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que sala del trono de Dios y del Cordero.
En el medio de la plaza de ella, y de la una y de la otra parte del ro, estaba el rbol de la vida, que lleva doce frutos, dando cada mes su fruto: y las hojas del rbol eran para la sanidad de las naciones.
Y no habr ms maldicin; sino que el trono de Dios y del Cordero estar en ella, y sus siervos le servirn.
Y vern su cara; y su nombre estar en sus frentes.
Y all no habr ms noche; y no tienen necesidad de lumbre de antorcha, ni de lumbre de sol: porque el Seor Dios los alumbrar: y reinarn para siempre jams.<CM>
Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Seor Dios de los santos profetas ha enviado su ngel, para mostrar  sus siervos las cosas que es necesario que sean hechas presto.
Y he aqu, vengo presto. Bienaventurado el que guarda las palabras de la profeca de este libro.
Yo Juan soy el que ha odo y visto estas cosas. Y despus que hube odo y visto, me postr para adorar delante de los pies del ngel que me mostraba estas cosas.
Y l me dijo: Mira que no lo hagas: porque yo soy siervo contigo, y con tus hermanos los profetas, y con los que guardan las palabras de este libro. Adora  Dios.
Y me dijo: No selles las palabras de la profeca de este libro; porque el tiempo est cerca.
El que es injusto, sea injusto todava: y el que es sucio, ensciese todava: y el que es justo, sea todava justificado: y el santo sea santificado todava.
Y he aqu, yo vengo presto, y mi galardn conmigo, para recompensar  cada uno segn fuere su obra.
Yo soy Alpha y Omega, principio y fin, el primero y el postrero.
Bienaventurados los que guardan sus mandamientos, para que su potencia sea en el rbol de la vida, y que entren por las puertas en la ciudad.
Mas los perros estarn fuera, y los hechiceros, y los disolutos, y los homicidas, y los idlatras, y cualquiera que ama y hace mentira.
Yo Jess he enviado mi ngel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raz y el linaje de David, la estrella resplandeciente, y de la maana.
Y el Espritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga: y el que quiere, tome del agua de la vida de balde.
Porque yo protesto  cualquiera que oye las palabras de la profeca de este libro: Si alguno aadiere  estas cosas, Dios pondr sobre l las plagas que estn escritas en este libro.
Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profeca, Dios quitar su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad, y de las cosas que estn escritas en este libro.<CM>
El que da testimonio de estas cosas, dice: Ciertamente, vengo en breve. Amn, sea as. Ven: Seor Jess.
La gracia de nuestro Seor Jesucristo sea con todos vosotros. Amn.
